Mi generación hace listas. De todo y para todo. No sé si es culpa del manual aspiracional que fue Alta fidelidad, donde de Top 5 en Top 5 Nick Hornby nos explicó la música, el amor y la vida, o porque, sencillamente, nos hacemos viejos y es una buena forma de recordar las cosas. El caso es que siempre he tenido claro que los mejores entrenadores que he visto en mis casi 40 años de consciencia futbolera se dividen en dos grupos bien definidos. Y e
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A las 18:10 de la tarde del sábado, Iglesias Villanueva pitó el final del Real Madrid - Cádiz y comenzaron las 2 horas y 20 minutos de espera en el Santiago Bernabéu. El conjunto blanco había hecho los deberes venciendo al equipo andaluz (3-0) y sólo necesitaba que el Barça no ganara ante el Girona para celebrar su 36º Liga. Una celebración extraña, en diferido, sin aficionados y por televisión, como en 1967, cuando el Madrid fue campeón tras una derrota del Barça en Las Palmas.
El club dejó claro el viernes que los jugadores no acudirían a Cibeles. Querían centrar los esfuerzos en lo importante: ganar al Cádiz y ganar el miércoles al Bayern. Sin despistes. Hace dos años, el Madrid ganó al Espanyol un sábado por la tarde, levantó el título, acudió a Cibeles y el miércoles siguiente disputó la vuelta de semifinales contra el City en el Bernabéu, en la que ganó.
Este año, sin embargo, "la situación es diferente", admitía Carlo Ancelotti desde la sala de prensa. "Hace dos años estaba en nuestra mano. Ahora no merece la pena esperar, si tenemos que celebrar, celebraremos el próximo domingo. Nuestra afición lo entenderá", explicaba ayer sobre la ausencia del equipo en Cibeles.
La realidad es que el cuerpo técnico y la dirección del club preferían centrarse al 100% en el Bayern aunque hace dos años el partido del City saliera bien. Haber acudido ayer a Cibeles después del partido del Barça hubiera influido en el entrenamiento de este domingo, planeado para las 11 de la mañana. Ni cena de equipo ni celebración con la afición. El staff lo descartó, aunque muchos jugadores tenían la ilusión de acudir por primera vez a la famosa plaza.
La situación, entonces, dejó una imagen curiosa. Dentro del Bernabéu, los jugadores y el cuerpo técnico se unieron para ver el Girona-Barça en el palco junto a sus familiares y amigos más cercanos. Ni siquiera hubo zona mixta. Nadie quería hablar sin saber lo que pasaba en Montilivi. Y fuera les aguardaban unos 200 aficionados que seguían el encuentro por el móvil.
"¡Campeones! ¡Campeones!"
A las 20.30, el título. La victoria del Girona desató los gritos por toda Concha Espina y retumbó en Sagrados Corazones. Dentro del estadio, tímida fiesta. Jugadores y cuerpo técnico, con Ancelotti a la cabeza, lo festejaron entre abrazos, gritos y muchas collejas, algo que es tradición desde que llegara Rüdiger al club. Sonó el clásico "¡Campeones! ¡Campeones!" y las cabezas comenzaron a pensar en el Bayern.
A las 20:45, sólo 15 minutos después del final en Girona, Toni Kroos apareció por la puerta del estadio iniciando el camino de vuelta a casa. Los aficionados habían acudido en masa tras el final del Barça y rozaban el millar. Fue todo un poco descontrol, con la gente cruzando de un lado a otro de la plaza mientras los coches de los jugadores pasaban por ella.
Modric abandonó el recinto en taxi y los nuevos, como Brahim o Güler, se pararon durante más tiempo con los aficionados, igual que Rodrygo y Vinicius, que tenían ganas de celebrar con la gente y detuvieron su coche para sacarse fotos. "La nueva era", tuiteó Vini, compartiendo una publicación que recordaba el número de títulos de los jugadores jóvenes del Madrid. Esa misma frase es la que mencionó Araujo cuando el Barça le ganó la Supercopa de España al Madrid en 2023...
A las 21:20, 35 minutos después de Kroos, salió el último: Jude Bellingham. Sacando la cabeza y el brazo por la ventanilla mientras su madre conducía el coche, el inglés gritó a los aficionados y se paró durante unos segundos con ellos. Es su primera Liga. Será su gran recuerdo.
Sin cena oficial, los futbolistas se desperdigaron por la capital. Alguno compartió cena con otros compañeros, pero "a las 11, a entrenar" como les recordó Carletto.
Nacho, capitán, explicaba la decisión de no celebrar: "Lo primero, felicitar a todo el madridismo. Gracias por el apoyo que hemos tenido durante toda la temporada, que ha sido fundamental. Y lo segundo, un mensaje de tranquilidad, que esto se va a celebrar como se merece el fin de semana que viene. Ellos saben lo competitivos que somos y las ganas que tenemos del partido contra el Bayern. Entiendo que tienen muchas ganas de celebrarlo, pero hay que esperar una semana, que lo vamos a celebrar a lo grande". Hasta el domingo, agua.
Todo comenzó en el Rose Bowl de Pasadena, monumento histórico nacional en Estados Unidos. Allí donde Baggio mandó a las nubes las esperanzas italianas en el Mundial del 94 nació el nuevo Real Madrid de Carlo Ancelotti, el tercero de su vida. Porque aunque el italiano se ha sentado en el banquillo del Bernabéu en dos épocas diferentes, son tres los tipos de equipos que ha entrenado. El primero, el de la BBC, entre 2013 y 2015, con la Champions de Lisboa como guinda; el segundo, el del 4-3-3 con Vinicius, Benzema y Valverde (y Rodrygo), héroes de la 14ª en París; y el tercero, este Madrid de Jude Bellingham, convertido en campeón de Liga con un sistema creado a la medida del inglés, Pichichi madridista a partir de un rombo que ha potenciado sus virtudes.
En el Rose Bowl debutó Bellingham como futbolista blanco. Fue un amistoso contra el Milán que el Madrid remontó, cómo no, con un tanto de Vinicius en los últimos minutos. El inglés estrenó ahí su nuevo puesto: punta del rombo del centro del campo, papel de histórico '10' por detrás de los dos delanteros.
Los resultados no fueron del todo perfectos en Estados Unidos, pero el cuerpo técnico de Carlo Ancelotti estaba convencido de la idea, especialmente Davide, segundo e hijo de Carlo, y Francesco Mauri, 'capos' del staff tras el entrenador y grandes culpables del buen ambiente entre el cuerpo técnico y el vestuario: «Davide, Francesco, Mino... El cuerpo técnico es muy joven y me aporta mucho entusiasmo, lo que yo no siempre soy capaz de tener porque empiezo a ser un poco mayor, aunque no mucho», bromeó este sábado ante la prensa.
Pruebas en pretemporada
En la pretemporada, Bellingham fue titular en los cuatro encuentros disputados en Estados Unidos y acumuló 270 minutos, sólo superado por Vinicius (280). Los técnicos valoraron otras opciones tras la salida de Benzema y la llegada del inglés, como colocar a Rodrygo de falso nueve, mantener a Valverde en la derecha y situar a Bellingham en el tridente del centro delc ampo, pero a base de analizar las acciones del jugador en el Borussia Dortmund observaron que era un excelente llegador. Los resultados de las primeras semanas de Liga hablan por sí solos.
Bellingham marcó 5 goles en las primeras 4 jornadas y 13 en las primeras 17, empujando al Madrid a un liderato que ya no soltaría, ni siquiera con las lesiones graves de Courtois, Militao o Alaba ni con los problemas físicos que tuvieron Tchouaméni, Camavinga o Vinicius.
El fondo de armario
Otra de las claves la merece un fondo de armario que respondió cuando Ancelotti necesitó de sus servicios. Brahim (6 goles y 4 asistencias), Joselu (9 y 2) o Lucas (2 y 4) han servido a la causa más allá de la columna vertebral, manteniendo un vestuario que sigue sorprendiendo a aquellos que lo viven día a día: «El mejor en el que he estado», repite Ancelotti. Curiosamente, ante el Cádiz, Brahim sumó un gol y una asistencia y Joselu anotó el tercero.
En esa comunión también tiene mucho que ver Bellingham. «Que aterrizara con humildad y profesionalidad ayudó», cuentan desde Valdebebas, donde sitúan como clave las primeras semanas en Estados Unidos. Ahí se fraguó la amistad entre Camavinga, Tchouaméni, Bellingham, Vinicius, Rodrygo y Valverde, núcleo duro de los jóvenes, que han compartido cenas y viajes durante estos meses. Han olvidado el coste de sus fichajes y los focos mediáticos y han buscado la amistad y el fútbol. Eso, unido a la buena predisposición de veteranos como Kroos, Modric, Rüdiger, Carvajal y Lucas a actuar como maestros en algunos momentos, han terminado de construir un vestuario «sin egos», admiten desde el club. «Son un ejemplo».
«Lo hemos hecho tan bien que no hay muchos 'peros'. Bueno, hemos marcado solo 100 goles, no jugamos muy bien... Entonces, repito: háblame del mar, marinero», vaciló Ancelotti en sala de prensa.
En pleno proceso de reconstrucción de la plantilla, con salidas tan importantes como las de Marcelo, Casemiro o Benzema, el italiano ha conseguido seguir ganando mientras potencia la evolución de los jóvenes fichajes del club. «A mí me piden ganar partidos, no dar minutos a los jóvenes», recuerda él. Pero hace ambas gracias a su gran labor táctica y de gestión: «Ha salido bien porque los jóvenes progresan y los veteranos mantienen el nivel».
La Liga del Madrid empezó como la Liga de Bellingham, en formato Cristiano, y los que tenían que saltar del banquillo. Lo hizo ya en San Mamés, en la primera jornada, donde marcó el inglés y se lesionó Militao. Una estrella que asomaba y un banquillo que no fallaba, la ecuación perfecta para un equipo, siempre que sea manejada con temple, como es el caso de Ancelotti. Los resultados avalan al italiano, el tipo que mejor convive con la crítica con
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La cabeza erguida buscaba el contacto visual con Vinicius. La curva del cuerpo no parecía presagiar nada, pero la mano ya indicaba dónde llegaría el pase al brasileño. Los rivales le habían concedido un par de metros y Toni Kroos no desperdició la oportunidad. Suya fue ayer la majestuosa asistencia para el 0-1, obra cumbre de otra gran noche para el Real Madrid. «No hay palabras para definirle. Es un jugador top, crucial para nuestro juego, por el modo en que controla los tiempos y por sus pases», admitió Carlo Ancelotti.
La felicidad de Carletto, como la de la mayoría de sus futbolistas, no sólo se ceñía al empate que había enfriado el cráter del Allianz. Se trataba, más bien, de la satisfacción por haber hecho emerger de nuevo ese temple competitivo con el que salir a flote tras una situación límite. Porque después de tres triunfos consecutivos en Múnich, el 14 veces campeón volvió a sudar ayer como corresponde en unas semifinales. El 2-2 no sólo le otorga cierta ventaja para el Bernabéu, sino que también le permite igualar su propio récord en Champions, donde ya suma 11 partidos sin perder, igualando el registro de la temporada 2016-17. Otro motivo de celebración para los 4.000 madridistas que lo vivieron en directo en Múnich. Los que disfrutaron de las virguerías de Vinicius y los errores groseros de Kim Minjae. Los que corearon la maestría de Kroos durante los 76 minutos que pisó la hierba.
«Me ha regalado un gol. Le conozco muy bien. Y él a mí», sonrió Vinicius, con ese brillo tan peculiar en los ojos. Aún parecía saborear el placer del balón al espacio ante Manuel Neuer y el desdichado Minjae. Una cortesía de Kroos, que durante la primera parte cerró una asombrosa estadística. Según la contabilidad de OPTA, 15 de sus pases lograron romper una línea de presión rival. El mejor rival en ese aspecto, Leon Goretzka, sólo pudo filtrar cinco.
«Nos faltaba para ganar los duelos»
«Durante la primera parte hemos defendido con poca intensidad y les dimos la posibilidad de controlar el juego. Nos faltaba para ganar los duelos, pero tras el descanso hemos presionado más, hemos sido más agresivos», analizó Ancelotti, sin pudor a la hora de señalar los defectos de su equipo. Antes de que se cumpliese el minuto 23, el Bayern había rematado ya siete veces ante Andriy Lunin, incluidos dos saques de esquina. Un fuego graneado al compás de sus tambores. La atronadora artillería de siempre en el Allianz Arena, la guarida de un equipo que, a estas alturas de la temporada, suma en la Bundesliga cuatro puntos y seis goles más que el año pasado. Cualquier menosprecio al Bayern en la Champions debería pagarse con la excomunión. Tan intolerable como conceder un par de metros de más a Kroos.
Desde aquella cesión en el Leverkusen, cuando apenas había cumplido la mayoría de edad, Toni había jugado ocho veces contra el Bayern, pero nunca logró siquiera un pase de gol. Ni siquiera en las dos últimas eliminatorias de cuartos y semifinales (2017 y 2018), ya en su plenitud madridista. Quizá por ello, ese gesto con el que indicó el camino para el 0-1 dejó tan boquiabierto a Rodrygo. «¡Qué pase, increíble!», exclamó el delantero, víctima de un clamoroso penalti por parte de Minjae. «Siempre le decimos que siga. No un año, sino muchos más. Me encanta jugar con él», añadió el brasileño. El recital del 8 en Múnich se antojaba ayer el preludio de algo grande en el Bernabéu. «Aún habrá que sufrir, pero ahora en un ambiente que todo el mundo conoce», anticipó Ancelotti. Vinicius, más conciso, presagió una «noche mágica».
Más le vale al Bayern recuperar pronto a Matthijs de Ligt, baja ayer de última hora. Su ausencia como central diestro dejaba un poco más desguarnecida la zona donde Vinicius revolotearía ante Joshua Kimmich. Así que Thomas Tuchel recurrió a Minjae, un central fichado este año del Nápoles. Sin el poderío físico del neerlandés, con ciertos problemas a campo abierto, el coreano al menos aportaría el buen criterio ofrecido durante la primera mitad de curso, donde se había consolidado como el mejor defensa del Bayern.
150 partidos para Müller
Los peligros del Real Madrid, máximo anotador de la Champions al contragolpe con seis goles, se basaban en las transiciones, pero Minjae nunca supo cómo perfilarse para sujetar a Vinicius a campo abierto. Esa debilidad en los dominios de Neuer frustró cualquier amago de épica para Tuchel. «El Madrid ya lo ha hecho antes: marcar dos goles en dos ocasiones. No somos el primer equipo que lo sufre. Deberíamos haber anotado el 3-1, pero luego les regalamos un penalti», admitió el ex técnico del PSG.
Desde aquella liguilla de 2016 con el Dortmund, hasta la inolvidable eliminatoria de 2022 al frente del Chelsea, Tuchel siempre había sabido poner al Madrid ante el desfiladero. Por eso, una situación tan desesperada como la actual convertía a su equipo en un rival aún más peligroso. La elección inicial por Thomas Müller, en detrimento de Serge Gnabry, supuso una apuesta algo nostálgica, con la que el capitán pudo celebrar su 150º partido de Champions. Un hito de la competición, igualando el registro de Iker Casillas en el Madrid. El récord absoluto de partidos en un mismo club aún lo ostenta Xavi Hernández (151).
La influencia de Müller, relegado en los últimos tiempos a un papel casi residual, sólo pudo interpretarse desde lo emotivo. Porque Tuchel se reservaba la baza de Raphael Guerreiro, uno de los futbolistas más infravalorados de la Champions. La mera presencia del portugués ordenó la ofensiva del Bayern, que pudo orientar a Jamal Musiala y Leroy Sané hacia el gol. La diferencia entre jugar a pie natural o pie cambiado giró radicalmente el partido.
Mazraoui y Rodrygo, en dura pugna por un balón.AFP
Había que remontarse a octubre, ante el Darmstadt 98 en la novena jornada de la Bundesliga, para asistir al último gol de Sané. Pero como de talento anda sobrado, el canterano del City aprovechó la escasa implicación de Rodrygo para silenciar a los críticos. Desde el otro perfil, Musiala andaba ya abusando de Lucas Vázquez. Con apenas 21 años ya se siente capaz de dominar una semifinal de Champions.
La designación de Clement Turpin, con quien el Madrid había ganado sus seis partidos, levantó cierto malestar en Alemania. Sin embargo, nada pudo objetarse al francés, que señaló sin dudar los 11 metros tras el derribo de Lucas a Musiala y el de Minjae sobre Rodrygo. «Para la vuelta tenemos que ser más clínicos. Será un partido abierto. Hay que mejorar en las defensas individuales y ser más fuertes», finalizó Tuchel.
«Fue una amenaza y como tal se la tomaron en el vestuario». Ayer, el aterrizaje del Real Madrid en Múnich trajo muchos recuerdos en la expedición. Hace justo 10 años, el 29 de abril de 2014, la ciudad en la que iban a «arder hasta los árboles», como había avisado Rummenigge, vio cómo el conjunto blanco conseguía una de las grandes victorias de su historia en la Copa de Europa, la primera en el campo del Bayern, la que abría el portal hacia La Décima y la que «cambió todo», admiten ahora en el club, en el camino de una década prodigiosa.
De aquella plantilla sólo siguen Carvajal, Nacho, Modric y un Lucas Vázquez que aunque no disputó ningún partido oficial ese curso sí entrenaba con el primer equipo, pero el espíritu de esa noche sigue presente en el cuerpo técnico y en la dirección madridista. «Dice Rummenigge que van a arder los árboles, pero ahora mismo yo veo que está lloviendo», ironizaba Carlo Ancelotti en la previa de aquel partido de vuelta. Curiosamente, ambos guardan una gran amistad desde la época del alemán en el Inter, en los ochenta, y el directivo acabó en lágrimas cuando tuvo que despedir a Carletto del Bayern en 2017.
Hoy, diez años y cinco Champions después del 0-4, el transalpino vuelve a guiar a los blancos al asalto de la ciudad alemana. Antes infierno para el Madrid, ahora rival «respetado», pero sin las filias y fobias de otras épocas. Todo gracias a esa goleada.
La losa emocional
Los blancos llegaron a aquella eliminatoria después de perder tres años seguidos en semifinales. Una losa emocional que terminó con la etapa de Mourinho. La primera fue contra el Barça, pero las dos últimas, contra Bayern y Dortmund, fueron las más dolorosas. El lector recordará aquella tanda de penaltis en el Bernabéu, en 2012. Los lanzadores eran Cristiano, Kaká, Xabi Alonso y Ramos. Sólo marcó el donostiarra. Cosas del destino. Mourinho, de rodillas en el césped, no se lo creía.
En 2013, el Madrid perdió 4-1 en Dortmund e intentó la épica en casa, pero el fútbol se la negó. Al año siguiente, ya con Ancelotti al mando, el azar le volvió a cruzar con el Bayern, al que le unía una eterna condena de enfrentamientos en Europa: derrota en las semifinales de la 75-76 y la 86-87, victoria en los cuartos de la 87-88, victoria en las semifinales de la 99-00, derrota en las semifinales de la 00-01, victoria en los cuartos de la 01-02, victoria en los octavos de la 03-04, derrota en los octavos de la 06-07 y derrota en las semis de la 11-12. Es decir, de las nueve eliminatorias, el Madrid pasó en cuatro y quedó fuera en cinco. Podría no ser un porcentaje dramático, pero la fobia llegaba al analizar los duelos en suelo alemán. Los blancos no habían ganado ninguno de los diez partidos en Múnich.
"Aquella frase llegó al alma"
Quizás por eso, por saberse con la estadística a favor, en 2014 Rummenigge soltó una frase que quedó pegada en la mente de aquel vestuario. «Debemos darles un baño caliente. En Múnich se van a quemar hasta los árboles». Baño e incendio. «Esa frase, esa amenaza, llegó al alma de la plantilla», recuerdan hoy en Valdebebas, donde la presión por conseguir La Décima era gigante.
La «obsesión», así lo definen, por aquella Champions, la frase de Rummenigge, los comentarios de Guardiola llamándoles «atletas» y las tres semifinales perdidas con Mourinho enrabietaron a una plantilla llena de hambre que consumó su venganza, contra el Bayern y contra la suerte, el 29 de abril de 2014 en el Allianz Arena. Dos goles de Ramos y dos de Cristiano, dos de los que habían fallado en aquella tanda de 2012.
«La Champions me debía una después de aquellos penaltis. Tenía la inquietud porque estaba apercibido, pero es un sueño jugar la final», advertía, sin saber lo que le tenía preparado el destino.
La petición de Ancelotti a Bale
«Es mejor no decir nada», contestaba en la grada Rummenigge. «Ha sido una debacle». Los medios internacionales hablaron de «humillación» y «ridículo». En Valdebebas, el cuerpo técnico todavía recuerda la petición de Ancelotti a Bale: «90 minutos de sacrificio para Lisboa». El italiano cambió el sistema con respecto a la ida y pasó al 4-4-2 con Bale y Di María en bandas y Cristiano y Benzema de nueves. El esfuerzo del galés ayudando a Carvajal fue clave.
Un par de años más tarde, Guardiola admitió que ese partido de vuelta fue «mi mayor cagada como entrenador». Un partido que provocó el fichaje de Kroos por el Madrid ese verano y que se convirtió en punto de inflexión hacia una década gloriosa, con las tres Champions consecutivas como culmen.
Fue también un palo gigante para el Bayern, que durante estos años no ha podido con el Madrid. Después de cuatro partidos y dos eliminatorias, acumulan 12 años sin ganar a los blancos, que han vencido en sus últimas tres visitas al Allianz (0-4, 1-2 en la 16-17 y 1-2 en la 17-18).
El problema no es que el Madrid gane la Champions, el problema es saber que va a ganarla. La inevitabilidad. Vivir el proceso día tras día durante el mes y medio que va desde el milagro de Manchester hasta la final de Wembley, la frustración de que no exista Bayern ni Mbappé que te hagan dudar y ver los partidos con cierta esperanza. Mejor irse al cine.
Todos los antis supimos que el Madrid iba a ganar La Enésima en el mismo momento en que resisti
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Mano derecha al corazón y mano izquierda al cielo, con el dedo índice levantado. La celebración de Arda Güler lo tiene todo para hacerse conocida. También su fútbol, que a base de pequeñas gotas va rellenando el frasco de su primera temporada en el Real Madrid. Ante la Real Sociedad lideró a la segunda unidad del conjunto blanco, que dio un paso de gigante por la Liga gracias a su gol. Carrera de Carvajal, pase milimétrico de primeras y definición con la zurda del ex del Fenerbahce. 0-1 para que los de Ancelotti se pongan a 14 puntos del Barça a la espera del duelo de los azulgrana ante el Valencia. Después quedarán sólo 5 jornadas, 15 puntos.
"No hay duda de que se quedará aquí el próximo año", respondió Carlo Ancelotti. Claro y conciso. Ante los rumores de los últimos días, que deslizaban la posibilidad de que el joven de 19 años saliera cedido la próxima temporada, el técnico italiano no pudo ser más contundente. "Me ha gustado mucho su gran actitud, luchando y peleando cada balón. Va a ser muy importante en el futuro", añadió.
Güler se llevó el MVP de un duelo en el que el Madrid no mostró todo su potencial. El turco ha disputado el 1% de los minutos posibles este año, pero los va aprovechando. Ante la Real acumuló 67 sobre el césped, fue el que más lanzó a puerta en el conjunto blanco (3 tiros), el tercero con mejor acierto de pase (93,8%) y el que mejor nota media se llevó en la maleta: 7,55. Incluso recibió una amarilla por protestar. Sabía que se jugaba mucho y no bajó la tensión.
Suma 98 minutos el Liga (31 de ellos antes del encuentro de este viernes), 59 en Copa y 8 en Supercopa de España. Ninguno en Champions. En total, 165 minutos en los que ha marcado dos goles: ante la Real y ante el Celta, cuando anotó en apenas un minuto de juego.
"Tiene cosas diferentes", admitió Fran García. Y la realidad es que regateó dos veces, más que nadie en el Madrid, y fue el mejor de su equipo en ataque, aunque en defensa le costó algo más. "Posee una calidad extraordinaria, tiene mucho talento. Sin balón debe mejorar y lo está haciendo. Lleva mucho tiempo trabajando de manera espectacular y, sí, podría haber jugado antes, porque entrenar ha entrenado muy bien, pero es muy joven y llegará su protagonismo", explicó el transalpino. "Hablamos de un chico que lleva más goles que minutos jugados y eso sólo puede ser un don", bromeó.
Enfado en la Real
En cuanto al duelo, la Real Sociedad, en voz de Kubo, Zubimendi u Oyarzabal, reclamó que "merecimos ganar". "Una pena por la afición por el cambio de horario y toda esta mierda que ha habido", añadió el japonés, que recalcó que el Madrid había tenido "suerte". "En 90 minutos han llegado una o dos veces", dijo, molesto por el gol anulado a su equipo tras una falta de Barrenetxea a Tchouaméni: Gol anulado: "Barrene va a robar y yo lo único que puedo comentar es que el jugador (Tchouameni) que pierde el balón se duerme. Esto en Champions seguro que no se lo van a pitar".
En sala de prensa, Ancelotti sacó pecho de su 'unidad B'. "Entiendo que la gente se pensase que veníamos a pasearnos, pero los jugadores no lo han hecho ni por un momento. Estoy muy orgulloso de ellos, por su compromiso, actitud, ganas e ilusión por seguir ganado. Han querido mantener la buena dinámica y se lo quiero agradecer. En este sentido, han sido espectaculares", comentó, en referencia a la 20ª portería a cero en Liga esta temporada.
Superada la euforia por la victoria en los penaltis contra el Manchester City, Carlo Ancelotti apareció en la sala de prensa de la ciudad deportiva de Valdebebas un día antes de enfrentarse al Barcelona en un duelo vital por la Liga. Así, sin tiempo para mayores preocupaciones. "Estamos muy cerca... Será el clásico de siempre", admitió, sobre un rival al que ahora tiene a 8 puntos y podría enviar a 11 si consigue ganar.
"El pastel está preparado, falta poner la guinda este mes", reflexionó. Sobre el conjunto azulgrana, elogió la mezcla de juventud y experiencia tras la explosión de Yamal y Cubarsí. "Es importante, como hemos hecho nosotros, mezclar bien juventud y veteranía".
Recordando los penaltis y las sensaciones vividas en el Etihad Stadium, Ancelotti quiso salir al paso de las críticas por ser demasiado defensivo ante el City: "No me sorprende. Cada uno es libre de opinar. Hay que manejar bien tener la pelota y no tenerla y lo hicimos muy bien. No he encontrado ningún madridista triste todavía. Hay un dicho en España que me gusta mucho y voy a decir: 'háblame del mar, marinero...'", bromeó, y más tarde añadió sobre el sistema defensivo: "¿Cinco defensas? Lo descartamos de inicio, pero no durante el partido. Si hacen falta seis, siete, o jugar con dos porteros pues se hace. No descartamos nada".
Sobre la tanda, destacó a su cuerpo técnico, que siempre le hace "dudar" en su toma de decisiones, algo que es "positivo" y fruto de la "juventud". "Aportan mucho todos en el cuerpo técnico. Mucho entusiasmo, lo que es importante para mi edad".
De cara al clásico, Ancelotti confirmó que Militao "puede ser titular" y está pendiente de la situación de Ferland Mendy, que no se entrenó con el resto de sus compañeros por una sobrecarga. Viendo la cercanía del duelo ante el Bayern, en apenas 10 días, el italiano podría no forzar al francés. "Le falta algún día más", explicó.
Otro de los protagonistas del día fue Nacho, foco de varias noticias en las últimas horas por su futuro. Cuenta Marca que el defensa habría decidido dejar el conjunto blanco a final de esta temporada. "Su futuro lo decide él. Hizo un partido espectacular, del defensa de primer nivel que es. Hay que respetar sus decisiones, ya sabe lo que pensamos", respondió Ancelotti.
Qué forma tan cojonuda de perder, ha dicho Guardiola. Y en esa frase viaja toda una preceptiva literaria que delata a los malos escritores, que son cuantos ignoran que se escribe con los verbos y no con los adjetivos, del mismo modo que se gana metiendo goles y no amontonando saques de esquina. Conste que sé apreciar esta versión madurada de Pep, más preocupado de profesar el debido respeto al rey de Europa que de construir una nación imaginaria;
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