'Prima facie': ¿Por qué la UEFA sanciona a Prestianni por racismo contra Vinicius si la investigación sigue abierta?

‘Prima facie’: ¿Por qué la UEFA sanciona a Prestianni por racismo contra Vinicius si la investigación sigue abierta?

Prima facie. Apréndanse esta expresión porque es la clave de la sanción de un partido a Gianluca Prestianni, jugador del Benfica, tras las acusaciones de racismo hacia Vinicius Júnior durante el partido de ida del playoff de la Champions League entre el conjunto lisboeta y el Real Madrid. «Me ha llamado mono», le repitió el delantero brasileño al árbitro del encuentro y a todo el mundo. «Le llamó mono cinco veces», aseguró Kylian Mbappé en la zona mixta del estadio Da Luz. Pero el futbolista argentino se tapó la boca con la camiseta y no hay pruebas de su insulto, por lo que la UEFA, ante el riesgo de vivir una nueva polémica y de mucho más ruido este miércoles en el partido de vuelta que se celebrará en el Santiago Bernabéu, ha tirado por el carril del medio.

Prima facie quiere decir «presunta» o «basado en una primera impresión». Es decir, la UEFA, y así lo anunció en el comunicado publicado en la tarde del lunes, deja sin jugar a Prestianni por «la presunta violación del artículo 14 del Reglamento Disciplinario de la UEFA relacionado con un comportamiento discriminatorio».

Después de la denuncia de Vinicius y de las declaraciones posteriores de varios compañeros, entre ellos Mbappé, la UEFA nombró a un inspector de su departamento de Ética y Disciplina para que investigara todas las acusaciones hacia el argentino y todo lo sucedido durante la segunda parte del encuentro del pasado martes. Y «a petición» de dicho inspector, la UEFA ha decidido «suspender provisionalmente» a Prestianni con un partido al futbolista del Benfica.

No se trata de una sanción definitiva, porque el organismo que rige el fútbol europeo todavía mantiene abierta la investigación de los hechos, pero la sanción provisional evita que la presunta víctima y el presunto agresor se crucen en el terreno de juego de Chamartín. «Esto se entiende sin perjuicio de cualquier decisión que los órganos disciplinarios de la UEFA puedan tomar posteriormente tras la conclusión de la investigación en curso», señala el comunicado de UEFA. Prestianni podría perderse el duelo y luego ser absuelto, sancionado o la causa archivada.

Una situación que el Benfica apelará pero que al llegar a 48 horas del partido deja sin tiempo a la dirección del equipo portugués para conseguir que Prestianni juegue. «El club apelará esta decisión de la UEFA, aunque los plazos en cuestión apenas tengan efecto práctico para la vuelta», anunció el conjunto de Da Luz, que aterrizará este martes a mediodía en Madrid con Jose Mourinho al mando de la expedición. El técnico, eso sí, no se sentará en la rueda de prensa previa, que se celebrará por la tarde en el Bernabéu. El luso fue expulsado en la ida y aunque eso no le impedía aparecer ante los medios, ha declinado la opción. Tampoco se le espera en Chamartín, donde no podría acercarse al banquillo y debería ver el duelo desde uno de los palcos. Su regreso al Bernabéu, por tanto, queda aplazado para otra ocasión menos polémica.

El precedente

Fuentes consultadas por este periódico en el conjunto portugués aseguran que la sanción provisional es un «precedente peligroso», pero no es la primera vez que la UEFA toma una decisión de este calado. En 2021, el jugador del Slavia Praga Ondrej Kudela fue sancionado con un partido por insultar de forma racista a Glen Kamara, del Rangers. Tampoco existían imágenes ni sonido sobre el momento, pero la UEFA aplicó la sanción tras la declaración de Bongani Zungu, compañero de Kamara, que aseguró haber escuchado el insulto. Algo similar a lo sucedido con las declaraciones de Mbappé en las que reconocía haber escuchado «cinco veces» el insulto de Prestianni a Vinicius.

Según el artículo 14 de la UEFA, si la investigación termina declarando culpable al argentino, éste se enfrenta a un mínimo de diez partidos de sanción, aunque ambas partes, tanto el Benfica como fuentes del Real Madrid, reconocen a EL MUNDO que todo va camino del archivo de la denuncia ante la falta de pruebas. Aún así, Prestianni se perderá el decisivo duelo de vuelta y la UEFA evitará más ruido en uno de sus encuentros.

Vinicius liquida al Benfica en medio de otra polémica racista

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No sucumbe el Real Madrid en el caos, sólido y bien armado, aunque tampoco saca ventaja. Benfica salió demasiado vivo de un duelo dominado por el equipo de Arbeloa que abrió y cerró Vinicius. Marcó el brasileño un tanto de bandera y, justo después, el racismo se cruzó en su camino para adueñarse de un duelo que queda abierto para el Bernabéu. Y eso que la superioridad blanca fue indudable. [Narración y estadísticas: 0-1]

El Real Madrid jugó hasta el minuto 50 sin apresurarse lo más mínimo. Dejó que el Benfica descorchara el partido con unos minutos locos que encendieron a la grada y que fue apaciguando conforme pasaban los minutos. Aquel equipo que se descosió hace tres semanas ya no existe. Lo advirtió Mourinho y no se equivocó. No tembló ante las diabluras que le propusieron Dedic y Prestianni, con apariciones fugaces de Rafa Silva y los intentos de Aursnes de lanzar transiciones demoledoras. Les fue imposible. Este Madrid se ha transmutado en un equipo solidario, que se sacudió cualquier duda conforme iba madurando y adueñándose de la pelota. Lo único que le faltó fue colmillo. Mbappé fue el primero en probar a Trubin con un disparo que nació de la sociedad perfecta que formaron Carreras y Camavinga en la orilla izquierda. El francés como sombra del lateral, convertido en un puñal. Respondió Benfica con un testarazo de Araújo a centro lateral que atrapó Courtois.

A los 20 minutos, el conjunto blanco estaba ya engrasado para armar un ataque casi perfecto. Trent filtró un pase a Valverde al lateral del área, el uruguayo se la puso a Vinicius para que, a la media vuelta, la golpeara rozando el palo. Enseñaban el colmillo, pero no asestaban el bocado. Lo mismo que le ocurrió al Benfica cuando una diablura de Prestianni dejó a Aursnes un tiro franco desde la frontal que salvó la mano, un día más, milagrosa de Courtois. Para entonces, el partido se estaba vistiendo de madridista y, justo antes del descanso, pudo caer definitivamente a su favor con hasta cuatro ocasiones consecutivas. Desató un vendaval que todos los quilates de la delantera no pudieron aprovechar.

Trent se soltó por el carril derecho para dibujarle un centro raso a Mbappé que el francés, en el punto de penalti, no llegó a empujar por milímetros. Primer aviso. El segundo llegó por el otro costado, con Carreras asociado con Vinicius y el brasileño dando un pase atrás a Kylian, que no engancha portería. En el tercero apareció Trubin para frenar otro disparo del francés tras una conducción espléndida de Camavinga.

En la segunda mitad, el partido acabó en Vinicius, en una secuencia demasiado repetida. El brasileño cruzó un disparo soberbio para batir a Trubin en el minuto 50 y se fue a celebrarlo al banderín del córner. Encendió el estadio, vio una amarilla, pero también a Prestianni. Se tapó la boca el argentino, pero salió Vini como una exhalación a buscar al colegiado Letexier para denunciar que le había llamado «mono». Le creyó el francés, activó el protocolo antirracismo, bloqueó el duelo diez minutos y amagó el brasileño con quedarse en el banquillo. Lo calmaron las palabras de Mourinho y el sosiego que le pidió Arbeloa, aunque tuvo que volver al campo bajo una constante pitada.

El partido se descolocó... y cambió el guion porque, sin perder la solidez, el Real Madrid no supo cómo hundir más al Benfica con el marcador a favor y con un Vini que no se arrugó en ningún momento y a quien su entrenador, lo dejó en el campo sin miedo. Buscaban correr los portugueses y Tchouaméni, que se multiplicó barriendo todo el centro del campo sin permitir que crecieran las águilas a la carrera, como tanto les gusta, empezó a verse solo. Se acercaron los lusos buscando un empate que les diera vida en los instantes finales, en especial con una falta en el 85 que, protestada por Mou, le costó la expulsión. No estará en la banda del Santiago Bernabéu.

La prueba del sofá gris en Lisboa: el partido que mide el futuro de Arbeloa en el Real Madrid

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El sofá gris, el cambio de estructura en el campo, la mayor implicación de todos sus jugadores o la también mayor confianza que dan los resultados para tomar decisiones, por complicadas que parezcan. Álvaro Arbeloa tiene esta noche en Lisboa ante el Benfica de su mentor Mourinho una prueba de madurez. En Liga, el equipo ha respondido con pleno de victorias, más o menos vistosas, pero suficientes para seguir acosando al Barça, esperando el momento de asestar el zarpazo. El descalabro en la Copa del Rey en el estreno no tiene arreglo, pero el varapalo de esquivar esta repesca en Champions, sí.

Nadie espera un Real Madrid como el que dejó en la lona Trubin hace apenas unas semanas. «El partido no va a ser una copia. El entrenador ha tenido la capacidad de adaptar su equipo, salir de una derrota contra Benfica y sumar tres victorias consecutivas. La estructura que vi contra el Valencia y con la Real es distinta, vi una mentalidad táctica distinta», aseguró Mourinho, deshecho en elogios hacia Arbeloa -«entiende lo que es el Real Madrid, que no es fácil»- y hacia el que fue su equipo hace más de una década. «Espero al Real Madrid que es el candidato número uno para ganarla Champion», dijo poniéndose la piel de cordero un rato.

Esa estructura táctica pasa por el centro del campo, donde Tchouaméni, Camavinga y Valverde están consolidándose y fortaleciendo al equipo. Incluso partiendo de reconocer sus propias limitaciones tras pasar por el sofá gris de Arbeloa. «He ido muchas veces», bromeaba Camavinga, que quiere ser el faro que guíe la salida de juego del Real Madrid. «Me gusta jugar de 6, aunque me falta la regularidad y estar más focalizado en el campo, porque a veces tengo errores. Eso es lo que me falta. Pero soy capaz de hacer ese papel de organizador. Sé que los madridistas aún no han visto a un Camavinga completo», confesaba.

El regreso de Trent al lateral libera a Valverde y permite que la sala de máquinas vaya engrasándose y se aporte un equilibrio que da solidez. «Los tres lo están haciendo realmente bien, pero cuando un equipo es sólido es porque todos trabajan», advirtió Arbeloa, que no quiso establecer en qué porcentaje el paso adelante del equipo pasa por esa nueva estructura o por la mentalidad de sus futbolistas, aunque los elogios fueron a la plantilla.

«Desde que he llegado, he visto predisposición de los jugadores. Siempre es más fácil ser entrenador, porque es más fácil decir lo que hay que hacer que entrar en el campo. Lo que está ocurriendo es gracias a su trabajo. Con esa mentalidad, exigencia y trabajo están llegando los resultados», analizó, no sin advertir que Mourinho no se lo pondrá fácil: «Para ganar hay que jugar muy bien al fútbol. 90 minutos de concentración máxima para hacer un partido completo. El alma del Benfica será parecida porque su líder le marca: intensidad y competitividad. Aunque saliera con el equipo de Youth League sería así».

Pese a que el Real Madrid está inmerso en la pelea por la Liga, la Champions es una competición fetiche en la que no puede tropezar. De hecho, es la espina clavada de Mou, que no la logró ganar en aquellos «años violentos», como él los denominó, que vivió en el banquillo del Santiago Bernabéu. Arbeloa lo sabe. «No es una venganza, nuestro objetivo es ganar la Champions», aseguró. Cualquier otra cosa sería un doloroso tropezón que, quizá, complicaría su futuro como entrenador acabada la temporada.

Mou, siempre en el horizonte

En ese horizonte, la figura del carismático portugués emerge, satisfecho con su etapa como madridista. «Yo le di al Real Madrid todo lo que tenía. He hecho cosas buenas, cosas malas, pero cuando un profesional sale de un club con esa sensación, existe una conexión. Siento respeto y, en general, creo que me quieren. Pero con eso no quiero alimentar historias que no existen», aclaró el luso antes de volver a sembrar dudas. «Lo único que existe es que tengo un año más en Benfica. Firmado en una situación especial, que es que estamos en año electoral y el presidente Rui Costa y yo hemos acordado proteger por si hay una nueva presidencia. Por eso hay una cláusula para salir por las dos partes», desveló. Y volvió a cerrarse la puerta: «A Florentino se le puede decir que no».

De momento, su prioridad es poner a prueba el crecimiento del proyecto de Arbeloa en una eliminatoria que pasa por el infierno da luz, pero que tendrá, esta vez sí, una segunda parte en el Santiago Bernabéu dentro de una semana.

Mourinho y su ‘regreso’ a Madrid: “No quiero alimentar historias. Se le puede decir ‘no’ a Florentino”

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Jose Mourinho ni puede ni parece querer desprenderse del nexo que une al Real Madrid. Mantiene relación de amistad con Florentino Pérez y su familia, se siente respetado por todos los aficionados y le desea a Álvaro Arbeloa que sea capaz de ganar la Liga. Ni siquiera oculta que para Benfica será una tarea titánica tratar de evitar que el "candidato número uno para ganar la Champions" se quede en el camino. Eso sí, mientras advierte de que no quiere alimentar "historias" sobre su posible vuelta al banquillo del Bernabéu, dejar claro que tiene una cláusula para salir de Lisboa en junio. Y también que "se le puede decir que 'no' a Florentino", con quien no esconde su "amistad" y que le felicitó por llegar al Benfica, "un club grande". Una forma de dejar la puerta entornada.

"Debo de ser de los pocos entrenadores que han salido del Real Madrid sin ser despedido. Por mi voluntad, con el alma limpia. El presidente y José Ángel me dijeron que ahora venía lo bueno, lo fácil, lo difícil está hecho. Fueron tres años intensos, casi violentos y nos separamos en el momento justo", argumentó un Mourinho, satisfecho con su etapa como madridista. "Yo he dado todo al Real Madrid, todo lo que tenía. He hecho cosas buenas, cosas malas, pero cuando un profesional sale de un club con esa sensación, existe una conexión. Siento respeto y, en general, creo que me quieren. Pero con eso no quiero alimentar historias que no existen", añadió.

"Lo único que existe es que tengo un año más en Benfica. Firmado en una situación especial, que es estamos en año electoral y el presidente Rui Costa y yo hemos acordado proteger por si hay una nueva presidencia y hay una cláusula para salir", desveló.

Acto seguido, elogió a Arbeloa: "Me gustaría mucho eliminar al Real Madrid, pero me gustaría mucho que Álvaro ganara la Liga y se quedara muchos años. Es un entrenador con capacidad y con mucho madridismo dentro, con personalidad para entender al Real Madrid, que no es fácil".

Sobre el primero de los duelos, el portugués no espera un equipo igual al que venció hace unas semanas. "Ganar al Real Madrid es muy difícil, hacerlo dos, más difícil y en una eliminatoria aún más. La mentalidad del Real Madrid no es ganar al Benfica, es ganar la Champions. Nosotros sabemos por qué ganamos, pero el partido no va a ser una copia. El Real Madrid ha crecido. El entrenador ha tenido la capacidad de adaptar su equipo y salir de una derrota contra Benfica y sumar tres victorias consecutivas. Ante Valencia y Real Sociedad vi una mentalidad y una estructura táctica diferente", analizó, defendiendo, aún así, que "no hace falta un milagro para ganar"."Solo quiero que mi equipo no juegue como quiere el Real Madrid".

El portero Trubin culmina el desastre del Madrid en Da Luz, fuera del Top8 de la Champions tras caer ante Mourinho

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Allí donde gritó en 2014, en el escenario de la mayor alegría del Real Madrid en su era moderna, al conjunto de Arbeloa le pasó por encima la lluvia incesante de Lisboa y las ganas de un Benfica que con los tres puntos y los cuatro goles, especialmente el cuarto del portero Trubin, coronó su remontada hacia el playoff. Los goles portugueses condenaron al Madrid en Da Luz, dejándole noveno, fuera de los ochos mejores, obligado a jugar el playoff ante el Bodo Glimt noruego o el propio Benfica. Un desastre de última hora.

Quiso Arbeloa mantener el bloque que había dejado buenas sensaciones en La Cerámica, continuando Mastantuono en la derecha y Güler en el centro del campo, pero Lisboa fue mucho más duro que Villarreal. La tormenta Kristin entró con fuerza por una de las esquinas de Da Luz e incidió en un duelo marcado por el coraje lisboeta y la pasividad merengue. Mourinho advertía en la previa que «esto es matar o morir» y el Benfica, fuera de los 24 mejores antes del inicio de la octava jornada, no se dejó ni un poco de aire en sus pulmones.

Los lusos mordieron la apática salida de balón del Madrid, con los pies en el agua de Da Luz pero la cabeza pensando en el calor del vestuario. Los blancos dominaron la posesión pero de forma estéril, recordando por momentos algunos de los peores instantes de la recta final de Xabi Alonso. No apareció esa supuesta resurrección mental, y eso que a la media hora Mbappé puso por delante a los suyos en el primer tiro a puerta del equipo en todo el encuentro.

Antes, todo sucedió en el área de Courtois, de vuelta a Da Luz tras caer con el Atlético hace 12 años. El belga, como es costumbre en los últimos años, evitó lo que parecía casi inevitable hasta que no tuvo manos y piernas suficientes para detener toda la avalancha lisboeta.

El bajito argentino Prestianni fue un incordio para Carreras, errático en la marca de la banda que un día fue su casa. Por ese lado llegaron las mejores ocasiones del Benfica, siempre con Pavlidis activo en la frontal del área para repartir juego y buscar la portería rival.

En el minuto 14, Davide Massa pitó penalti de Bellingham sobre Prestianni, pero se arrepintió al ver la repetición en la pantalla del VAR. Un aviso que no despertó al Madrid, volando de nuevo Courtois ante la rosca de Prestianni en el 19. El Benfica ganaba duelos y aceleraba en transiciones ante un Madrid permeable.

El gol de Mbappé, libre de marca para cabecear un buen centro de Asencio, relajó todavía más al Madrid y enrabietó a los portugueses, muertos en Europa con ese resultado. En el 35, Asencio se resbaló dos veces en una contra dejando libre a Pavlidis, que puso un centro medido para el cabezazo de Schjelderup por debajo de las piernas de Courtois.

Empate merecido y asedio continuado. Barreiro perdonó el segundo, de cabeza al lateral de la red, Valverde salvó bajo palos el disparo de Schjelderup y en el 48, rozando el descanso, Tchouaméni agarró a Otamendi en un córner y Massa pitó un nuevo penalti, esta vez confirmado tras la revisión. Pavlidis marcó desde los once metros y el intermedio encontró al Madrid en problemas.

La segunda parte no despertó a los blancos, inexplicablemente ausentes en Da Luz en mitad de la guerra de 18 partidos de la última jornada de la Champions. En el 54, Schjelderup, que llevaba un gol este curso, anotó el segundo de su noche tras una contra mal defendida para poner al Madrid al borde de los ocho primeros.

Arbeloa apostó por Rodrygo y Camavinga y el equipo reaccionó para poner el 3-2 con Mbappé, pero no quemó las naves ni apretó. Asencio y Rodrygo terminaron expulsados y el Benfica, al que le faltaba un gol para consumar su heroicidad, encontró premio en la cabeza milagrosa del portero Trubin, ídolo local en el minuto 98. El Madrid se obliga a jugar el playoff ante Bodo o Benfica.

Mourinho-Arbeloa, 13 años de fidelidad, cambios de móvil y “mucha influencia”: “Le cambió la vida”

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El 1 de junio de 2013, durante el último entrenamiento de José Mourinho y su cuerpo técnico al mando del Real Madrid, Álvaro Arbeloa quiso recordar el momento con una foto con el entrenador portugués y sus asistentes. Se los llevó al banquillo del campo 3 de la ciudad deportiva y demostró con una imagen la fuerte influencia que habían tenido sobre él en esas últimas tres temporadas. «Nos vemos pronto, amigos», escribió en sus redes sociales. «La amistad no se negocia, son mis amigos porque se lo han ganado», explicó. Casi 13 años después de aquella imagen, Arbeloa y Mourinho se reencontrarán por primera vez en el césped en un Benfica - Real Madrid que puede condenar a los portugueses y enviar a los blancos a los octavos de final de la Champions. Un reencuentro en persona tras años de contacto en la distancia, de charlas por teléfono a pesar de los cambios de número del portugués, y de influencia, mucha influencia. «Le cambió la vida, es su gran referente», admiten a este periódico los que mejor conocen a Arbeloa.

«No habrá nadie como José. Es un espejo. Ha tenido mucha influencia en mí. Sentó las bases de lo que sucedió después en el Madrid con Ancelotti y Zidane. Y sé que el club se lo ha valorado estos años. Fue, es y será uno di noi», dijo el salmantino en la sala de prensa del Estadio Da Luz, donde el Madrid consiguió la ansiada décima Copa de Europa en 2014. Unas horas antes, cruzando el puente 25 de abril hacia la otra orilla del río Tajo, Mourinho se emocionaba al recordar a «mi niño» Arbeloa. «Es mi Arbeloa, antes y después del partido. Es mi niño, uno de los mejores hombres que tuve en el Madrid, uno de mis favoritos», dijo el de Setúbal en la sala de prensa de la ciudad deportiva de Seixal, a apenas media hora en coche del pueblo natal del entrenador portugués.

Ahí entrenó el Benfica 24 horas antes del encuentro ante los blancos y ahí se emocionó el portugués al recordar a Arbeloa y Xabi Alonso, cuestionado en cinco ocasiones por los medios españoles. «Son mis chicos. Me emocioné cuando jugué contra Xabi, cuando estaba en Leverkusen, y me emociona pensar en jugar contra Álvaro», dijo, serio y preocupado por la situación de su equipo, al borde de la eliminación continental. «En cómo terminó lo de Xabi no entro, no me interesa. En el fútbol es muy difícil que algo me sorprenda», declaró, sin entrar tampoco en el caso Negreira: «No me interesa».

"Una manera de hacer las cosas"

Esa relación entre Mourinho, Arbeloa y Alonso creció durante las tres temporadas del técnico en el Bernabéu, durísimas a nivel deportivo y emocional, con una grieta importante en aquel vestuario pero con los mimbres de un Madrid que terminaría ganando cuatro de las siguientes cinco Champions que disputó entre 2014 y 2018. «Ser mourinhista es una manera de ser y de hacer las cosas, de ir siempre de frente, defender tus ideas a muerte, ser honesto e íntegro, y no tener miedo a ser como eres», reflexionó Arbeloa un par de años más tarde sobre una palabra que terminó dividiendo al madridismo, a su afición y a algunos de sus jugadores, y que enfrentó más que nunca a varios futbolistas y al entrenador con parte de la prensa.

Mientras la polémica crecía en los clásicos y en la selección española, Arbeloa se convirtió en uno de los grandes defensores de Mourinho, tanto en público como en privado. «Hay un sector de la prensa que está cogiendo un camino equivocado. El club debe apoyar a Mourinho a muerte y ojalá que así sea», dijo en 2011, entre el Mundial y la Eurocopa y en mitad de la guerra de clásicos contra el cuadro de Guardiola, con la final de la Copa en Mestalla como uno de los puntos de inflexión.

"Puedo llamarle a las tres de la mañana"

La selección terminaría ganando el torneo, el siguiente año sería el último de Mourinho y Arbeloa ganaría la Copa de Europa con el Madrid, pero aquellos meses crearon una relación que dura hasta hoy. «Es la persona más valiente que he conocido en el mundo del fútbol», admitió años después el futbolista. Las carreras de ambos les separaron, pero la tecnología les mantuvo «cerca», cuentan en sus entornos, a pesar de la distancia.

Mourinho se fue unos años a Inglaterra y después a Italia, Turquía y ahora Portugal, cambiando «mucho» de número de móvil, pero manteniendo el contacto con «sus chicos», Arbeloa entre ellos: «He intentado molestarle poco porque sé quién es, que ha cambiado de teléfono varias veces, pero hemos mantenido el contacto. Sé que puedo llamarle a las tres de la mañana».

El reencuentro con Mourinho para los nostálgicos de la irreverencia, el orgullo y la ira: herencia, ocaso y conexión con el presidente

El reencuentro con Mourinho para los nostálgicos de la irreverencia, el orgullo y la ira: herencia, ocaso y conexión con el presidente

«Nunca amamos a alguien en concreto. Amamos tan sólo la idea que nos formamos de alguien». El madridismo que ama a José Mourinho, y que empieza por su presidente, lo hace por lo que dejó escrito Fernando Pessoa: ama lo que Mou significó en una etapa crítica. Un tiempo que fue de los aplausos en el Bernabéu a Ronaldinho por parte de un señor con bigote a ver el propio estadio arrasado por el paso de un Atila con zapatillas de ballet. Era Pep Guardiola. Mourinho también lo padeció, pero acabó por llevar a la implosión a su antónimo hasta derrotarlo, hecho que inflamó el orgullo de buena parte del madridismo, aunque fuera a costa de minar el campo con la irreverencia y la ira. El portugués se marchó, desgastado por su propia cruzada, pero la ira se quedó entre nosotros. La nostalgia no siempre es por amor.

La saudade, la nostalgia, es un sentimiento muy portugués. Está presente en los personajes de Pessoa como en los de Eça de Queiros u otros grandes escritores lusos, aunque Mourinho tenga poco que ver con el introspectivo Bernardo Soares, protagonista del Libro del desasosiego. Mou es The Special One, el mejor actor del fútbol, aunque ya sólo un gran entrenador en su invierno.

La nostalgia por el pasado de blanco es mayor por parte de una legión de fieles madridistas que por el propio técnico, cuya saudade es únicamente de sus tiempos de gloria. La realidad es que no los vivió en el Bernabéu, y no sólo por los títulos. También por el feeling. Mou se sintió en su salsa en la Premier, porque en Inglaterra era el personaje de una comedia. Aquí lo convertimos en el personaje de una tragedia, algo muy español. El error fue nuestro.

La superioridad moral del Barça

La era de Mourinho en el Madrid no fue únicamente la de los insultos o el juego extremo y duro. También la de la rebelión frente a un Barça que, además de dominar en el campo, se había situado en una posición moral de superioridad. Era el marketing de los valors. El caso Negreira y los audios de Piqué con Rubiales para repartir el oro de Arabia demostrarían que quienes predican desde atalayas morales suelen tener los pies en las cloacas.

El reencuentro del Madrid con Mou, el miércoles en Lisboa, evoca, pues, esa nostalgia en un tiempo que se asemeja en algunos aspectos al momento en el que llegó el portugués al banquillo del Bernabéu. La crisis deportiva y el dominio del Barcelona durante la temporada pasada invocan la necesidad de invertir la tendencia, aunque para ello haya que «poner una bomba». Es lo que dijo Mou en privado ante la superioridad, entonces, de los azulgrana. La puso. Los resultados fueron evidentes, al destruir al rival, aunque sin conseguir todos los objetivos esperados. Los efectos colaterales, con deterioro de la imagen del club y división, también.

El Madrid ha escogido para salir de su crisis actual a un mourinhito, después de destituir a otro de los entrenadores que, como futbolista, más conexión tuvo con el portugués. Sin embargo, como dijo Arbeloa en la más atinada de sus declaraciones, si intentara imitar a Mou, fracasaría. En lo suyo es único, el «puto amo».

Mourinho, durante un partido del Benfica.

Mourinho, durante un partido del Benfica.ALESSANDRO DI MARCOEFE

Veremos a ese Mourinho antes, durante y después del partido de Champions, porque el personaje necesita más que nunca de sus artes, dado el desequilibrio que existe, hoy, entre el Benfica y el Madrid, por irregular que esté el conjunto blanco. La primera indirecta la dejó al expresar su sorpresa por el hecho de que entrenadores sin experiencia accedieran al banquillo de grandes clubes. Arbeloa no respondió. Acertó.

Asesor en la distancia

«No cuenten conmigo para telenovelas», manifestó el portugués cuando le preguntaron si estaba entre las soluciones para el Madrid, después de la destitución de Xabi Alonso. La realidad es que no ha estado en el debate de las alternativas, aunque jamás haya dejado de ser como un sueño húmedo para Florentino Pérez, en especial en noches de tormenta. El contacto entre ambos ha permanecido, en ocasiones hasta como un asesor en la distancia.

Florentino encontró el éxito después de Mou. De hecho, el mayor de su era, con las tres Champions de Ancelotti, en dos etapas, y las tres de Zidane, dos apuestas suyas y dos personajes de su cabecera. Pero ni el francés ni el italiano hicieron seguidismo de su línea argumental en las guerras del presidente y el club. Tampoco en el maniqueísmo y la división. La que aparecía entre madridistas y «pseudomadridistas» fue acuñada por Mou.

Al portugués le ha ido peor desde que dejó el Madrid. Lo mejor de su carrera, las Champions con Oporto e Inter, fueron anteriores. Volvió a ganar la Premier con el Chelsea, un club con una afición a fuego, donde su estilo encajaba a la perfección, pero no alcanzó la gloria en uno de sus destinos más esperados, Old Trafford, y tampoco encontró el momento para ocupar el banquillo de Portugal. La Eurocopa conquistada en 2016 habría sido uno de sus grandes hits. En cambio, la conquistó alguien que no se parece en nada a Mou. Fernando Santos se había escapado, realmente, de un libro de Pessoa.

Arbeloa, entrenador del Madrid.

Arbeloa, entrenador del Madrid.J.J.GuillénEFE

El Benfica es su último destino, por el momento, pero no un destino más, porque Mou es benfiquista de corazón. Se trata del club de sus orígenes, en el que se formó. El entrenador, que hoy cumple 63 años, fue la baza electoral del actual presidente del Benfica, el ex jugador Rui Costa. Una gran figura para el banquillo del club que más estado de opinión crea en el país. Los resultados no han llegado, lejos del Oporto, líder. Las lesiones han minado a un Benfica en el que Mou hizo voto de prudencia al llegar, pero nadie puede ir contra su naturaleza.

Eso es lo que dijo Arbeloa con respecto a sus futbolistas tras la victoria en La Cerámica, un test de calidad que salvó el técnico. La declaración tiene una parte de sensatez y otra de capitulación para un entrenador que quiera desarrollar su obra. Como si el Madrid fuera El libro de la selva, aunque Vinicius no se parezca en nada a Mowgli ni en esa selva resuene, hoy, un grito como el de Mou, para lo bueno y para lo malo.

El Athletic logra su primera victoria después de sufrir mucho ante el Qarabag

El Athletic logra su primera victoria después de sufrir mucho ante el Qarabag

El gol de Leandro Andrade a los 52 segundos incrementó la dificultad del partido para el Athletic, que ya llegaba con deberes pendientes y sufrió lo suyo ante el Qarabag. Los vizcaínos se presentaban urgidos tras sendas derrotas en las dos primeras jornadas, ambas dentro de la lógica, al tratarse del Arsenal, que se confirma como uno de los favoritos del torneo, y de la visita al Borussia Dortmund, saldada con un 4-1. [Narración y estadísticas (3-1)]

Lo ha pasado mal el equipo de Ernesto Valverde sin Nico Williams, cuyo regreso había tenido un efecto revitalizador en un equipo que empezó bien la temporada en el torneo doméstico para entrar en crisis antes de la victoria ante el Mallorca y el empate del pasado domingo contra el Elche. Todos los triunfos rojiblancos llegaron con él sobre el campo, aunque este miércoles estuvo muy por debajo de sus habituales prestaciones.

Reaccionaron bien los locales al desencuentro entre Laporte y Paredes que provocó el 0-1. Plantado en cancha rival, aunque sin demasiado juego, el Athletic vio cómo se sucedían las ocasiones para empatar. La tuvo Sancet tras un pase filtrado de Rego, brillante en la medular, pero no anduvo fino en el remate. Un disparo de Guruzeta, también a pase del joven centrocampista, lo rechazó el guardameta Kochalski. Nico lo intentó desde fuera del área, pero sus buenas intenciones quedaron desbaratadas por la bota de un defensor.

Falta de acierto

Frente a la corriente de esperanza que generaban las apariciones del Athletic por el área del Qarabag pesaba uno de los males recurrentes en este comienzo de temporada, como es la falta de eficacia ante el marco. La lesión de Iñaki Williams en el minuto 37 fue un quebranto más, poco antes de que Guruzeta levantase el ánimo de la hinchada al rentabilizar un formidable pase de Jauregizar, colosal de principio a fin, dejando en evidencia el entramado defensivo del equipo azerí.

Escaso de cualquier vitola, el Qarabag se presentó en San Mamés con el sorprendente balance de dos triunfos en la máxima competición continental, uno de ellos tan llamativo como el logrado en el estadio del Benfica, tras sobreponerse a un 2-0 adverso. El equipo de Gurban Gurbanov explota el carácter lúdico de su presencia en la Liga de Campeones, invitado por derecho a una fiesta donde ni mucho menos se cuenta con él para los mejores bailes.

El Athletic percutió una y otra vez en busca de tres puntos obligatorios. En el horizonte europeo le aguarda viajar a Newcastle y Praga para recibir después al hegemónico Paris Saint Germain. Casi nada. Había indicios más que suficientes para pensar en el segundo tanto, pero el tiempo pasaba y no faltaba alguna inquietante transición del Qarabag, imprevisible y algo caótico.

Nico Williams, ante Pedro Bicalho, el miércoles en San Mamés.

Nico Williams, ante Pedro Bicalho, el miércoles en San Mamés.EFE

Valverde retiró a Gorosabel, Rego y Nico Williams. Su relevo natural, Robert Navarro, se sacó un derechazo a la escuadra desde la frontal del área para hacer el 2-1 a falta de 20 minutos para la conclusión. Navarro mejoró a Nico, como Berenguer había hecho con el lesionado Iñaki. No fue la mejor tarde de los Williams.

Aún tuvo que sacar una pelota de la línea Yuri, quien antes estuvo cerca de cometer penalti. De nuevo Guruzeta, con un remate desde fuera del área, puso fin a la incertidumbre. Tres de los cuatro goles del Athletic en esta Champions son suyos. El puesto de delantero centro tiene dueño.

El Real Madrid confirma el fichaje de Álvaro Carreras

El Real Madrid confirma el fichaje de Álvaro Carreras

Actualizado Lunes, 14 julio 2025 - 19:55

El lateral del Benfica, Álvaro Carreras, ficha por el Real Madrid para las próximas seis temporadas. El que fuera canterano blanco entre 2017 y 2020, retorna a la disciplina de Chamartín tras el acuerdo alcanzado con el club lisboeta, donde militaba desde julio de 2024.

Carreras firma hasta el 30 de junio de 2031 y viene a reforzar el lateral izquierdo, pese al buen rendimiento de Fran García en esa demarcación durante el Mundial de clubes. El otro jugador para ese puesto, Ferland Mendy, ha sufrido numerosas lesiones y su rendimiento es irregular, lo que ha forzado a la directiva blanca a realizar este movimiento.

La presentación se celebrará este martes en la Ciudad Deportiva de Valdebebas a las 13.00 horas. No obstante, por su participación también en el torneo internacional con el Benfica, su incorporación a las órdenes de Xabi Alonso se retrasará hasta la vuelta de las vacaciones estivales.

Cláusula de rescisión

Carreras dejó La Fábrica en 2020 para irse al Manchester United, donde no llegó a debutar. El equipo de Old Trafford, de hecho, mantenía una cláusula de compra de 18 millones que ha decidido no hacer efectiva. Se estima que el precio pagado ahora es el de la cláusula de rescisión, cifrada en 50 millones de euros. Algo que se confirmará en los próximos días, ya que al ser una sociedad con presencia en bolsa, el Benfica deberá hacer públicas las cifras del traspaso.

El lateral se convierte en el tercer fichaje del verano para el Real Madrid, tras la llegada de Dean Huijsen y Trent Alexander-Arnold. Curiosamente, los tres refuerzos han sido para la zaga, una de las líneas más castigadas por las lesiones en los últimos años.

El defensa llegó al Benfica en el último mercado estival y consiguió ganarse la titularidad tanto en liga como en Champions. Durante el último curso marcó cuatro goles y dio cinco asistencias. El Real Madrid seguía la progresión del que fuera su jugador y ahora lo recompra, ya que había otros rivales interesados.

Olise apaga el sueño de la Bombonera de Miami y Boca Juniors necesitará un milagro en la última jornada

Actualizado Sábado, 21 junio 2025 - 05:12

El Bayern Múnich, y en concreto Michael Olise, apagó el sueño de la Bombonera de Miami, nombre con el que se conoce estos días al Hard Rock Stadium de los Dolphins de la NFL, inundado una noche más por decenas de miles de aficionados de Boca Juniors. Una fiesta xeneize al grito de "Dale Boca" que contra el Benfica empujó al equipo al empate y que ante los alemanes aguantó hasta el minuto 84, momento en el que el delantero galo anotó el definitivo 2-1. Boca necesitará un milagro en la última jornada: golear al Auckland City por más de seis goles y esperar un triunfo alemán ante Benfica.

Boca gritó, lo hizo su gente, sin parar durante los 90 minutos, en la previa y en el post, pero en el verde, donde se decide el fútbol, el Bayern fue superior durante gran parte del duelo. Después del 10-0 al Auckland City, los alemanes no bajaron el ritmo, asentaron su juego sobre el regate y la velocidad de Coman y Olise, siempre al son de Kimmich, y vio por fin cómo Harry Kane se estrenaba como goleador en el torneo.

La primera parte se disputó en el campo de Boca, especialmente cerca de la meta de Marchesín. Olise anotó un gol olímpico al poco de empezar el partido, pero el colegiado lo anuló, tras revisión de VAR, por falta al portero.

Antes del minuto 20, Harry Kane encontraba un rechace en el área tras un centro y definía de zurda, forzado pero efectivo, al palo izquierdo de Marchesín. El tanto fue un golpe a Boca, que no pudo reaccionar.

Los de Russo apenas pasaron del círculo central en los primeros 45 minutos y Coman casi puso el segundo un minuto más tarde. Olise no dejaba de hacer daño a la espalda de la defensa, siempre en un uno contra uno contra su par. Demasiado fácil para el francés, talentoso y técnico.

El galo tuvo la más clara de la primera parte cuando se plantó solo ante Marchesín tras un buen pase en largo. Trato de regatear al guardameta, pero el portero estuvo ágil para agarrar el balón.

Reaccionó Boca por un instante, con una ocasión de Zenon que despejó Neuer. Un espejismo en los 45 primeros minutos. Al descanso se llegó tras dos intentos de falta de Olise y Kane y con la misma superioridad germana.

El intermedio encontró a Boca en plena reflexión. El Benfica venía de ganar 6-0, por lo que más allá de los puntos eran importantes los goles. En la última jornada los lusos se miden al Bayern y los argentinos al débil Auckland City, por lo que cada gol era importante en el desenlace del grupo.

Despertó Boca, empujado por su gente, y Merentiel se inventó el golazo de la noche en el 66. El delantero recibió un pase al espacio, dobló con un autopase a Tah y definió con clase ante Neuer para hacer estallar al Hard Rock Stadium.

El empate no detuvo a Boca, que se vio superior por momentos a un Bayern tocado. Kompany metió a Musiala en el campo, pero el mediapunta alemán se volvió a lesionar. Y cuando parecía que Boca llegaba al Dorado del empate, Olise culminó una buena jugada colectiva, aprovechó un balón muerto en el área y de zurda completó un extraordinario partido.

Las cuentas de Boca son tan simples como difíciles en la última jornada: debe esperar un triunfo del Bayern contra el Benfica (los alemanes tienen los octavos asegurados pero necesitan una victoria o un empate para ser líderes de grupo) y golear al Auckland City para recuperar la diferencia de goles con los lusos. Ahora mismo Benfica tiene +6 y Boca -1. Si Benfica pierde por un gol, por ejemplo, Boca necesitaría ganar por siete, porque en el empate a diferencia de goles, las tarjetas amarillas perjudican a los xeneizes.