El rescatador Carreras y el eterno Mbappé sostienen al Madrid en la persecución por LaLiga

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Un rescatador inesperado y el héroe de siempre. El Real Madrid no necesitó mucho más para seguir firme en el mano a mano con el Barça por la Liga. Le bastó acelerarse un poco mediada la segunda parte y soltar a Carreras por la única grieta que dejó un Valencia tan serio y voluntarioso como plano. Si el fútbol tiene memoria, en Mestalla solo vive en la grada. Con el marcador en contra y la parroquia encendida contra su entrenador, solo era cuestión de tiempo que Mbappé se encontrara con un buen asistente como Brahim para cerrar un duelo que fue gris pero provechoso. [Narración y estadísticas: 0-2]

Le costó mucho al Real Madrid hallar cómo hincarle el diente a un rival cuya principal preocupación era que la noche se le viniera encima. Corberán no quería una humillación y amuralló a su equipo tras una presión alta y líneas muy ordenadas que nadie en las filas blancas salvo Mbappé tenía claro cómo agrietar. Se movió el francés por todo el frente de ataque buscando las cosquillas en una misión compleja. Unai Núñez, Cömert y Copete le vigilaron y, sin veneno desde los costados y con Güler asfixiado, no era fácil generar peligro.

El Valencia intentaba estirarse buscando a Courtois pero, sobre todo, se esforzó en hacerse espeso y en morder los tobillos, aprovechando cada duda de Camavinga cuando cogía el mando. Aun así, el Madrid soltó dos zarpazos en dos minutos. Güler con un disparo ajustado al palo y otro de Mbappé que salvó Dimitrievski a bocajarro. Al francés lo había encontrado en boca de gol por primera vez Valverde y se asomaba otro partido en el que se presentaba como salvador. Antes tenía que derribar el muro o facilitar, como así hizo, que probara a hacerlo el joven canterano David Jiménez en su única incorporación al ataque.

No era fácil con Danjuma y Gayà amenazando, Beltrán multiplicado castigando cada error y Hugo Duro en perpetuo duelo con Asencio y Huijsen. Mestalla, volcado en empujar las piernas de sus jugadores, sabe lo que les cuesta marcar goles, porque se asoman al área, pero sin letalidad. Por eso sobrevivió el equipo de Arbeloa durante toda la primera parte, sin mostrar chispa, anclado en ataques tan estáticos como estériles. Sin verticalidad, quizá echando de menos a Vinicius.

Si alguien pensaba en sepultar a este Valencia sin que opusiera resistencia, se equivocó. Regresó del vestuario en la segunda parte dispuesto a asustar. Seguía sin juego, pero sí intensidad para que el Madrid no se sintiera cómodo. Encaró dos veces Danjuma, una para que Lucas Beltrán probara con un tímido disparo de espuela, y otra para encadenar dos quiebros más vistosos que efectivos. Fueron diez minutos que obligaron al Real Madrid a espabilar, al menos en la intensidad con que atacaba el castillo construido por Corberán si no querían dejarse media Liga en Mestalla. Lo entendió Carreras, que se escapó por el carril izquierdo que vigilaba Rioja buscando el área. Un quiebro, dos y un tercero a trompicones ante el mar de piernas para armar un disparo que sorprendió a Dimitrievski. Un destello que ponía en ventaja al equipo de Arbeloa. Un goleador inesperado que le tiene tomada la medida a este rival, al que ya golpeó en el Bernabéu.

Lejos de bajar los brazos, el Valencia siguió con su plan y Beltrán mandó un centro de Ugrinic a lamer el poste de la meta de Courtois. Había intención, pero faltaban fuerzas. Arbeloa buscó más colmillo con Brahim, Trent y Mastantuono, mientras Corberán deshizo su defensa y trató de insuflar aire a su equipo cuando toda la grada le pedía la dimisión por mandar a Beltrán y a Ugrinic, la sala de máquinas, al banquillo. El único que la parroquia veía necesario era Sadiq.

Con el partido roto, Mbappé puso la sentencia y al Valencia, plano, ya no le quedaron ni carreras alocadas que encendieran a una afición hastiada que fue perdiendo la fe en la remontada.

El abanico que se abre sin Bellingham en el Madrid de los intocables

El abanico que se abre sin Bellingham en el Madrid de los intocables

La última vez que Jude Bellingham estuvo de baja por lesión, el Real Madrid ganó seis partidos de forma consecutiva. El dato es tan oportunista como objetivo, y explica que a veces no son necesarias todas las estrellas para hacer funcionar un universo. Lo supo el conjunto blanco en el Mundial de clubes, cuando llegó hasta semifinales sin contar con Mbappé como titular. La falta de uno de sus principales futbolistas es una desgracia, pero a la vez una oportunidad para el sistema, para sus secundarios y para las rotaciones del entrenador. En Estados Unidos le tocó a Gonzalo y durante la baja del inglés a comienzos de curso explotó Arda Güler. Ahora, con un mes por delante sin el británico y habiendo recuperado a algunos lesionados, a Álvaro Arbeloa se le abren todas las opciones que no ha tenido durante enero.

Valverde, Bellingham, Vinicius y Mbappé han sido intocables para el técnico desde su llegada. En la teoría y en la práctica. En sala de prensa ha repetido una y otra vez que "son los líderes del equipo" y que "quiero que estén en el campo siempre", una reflexión contraria a lo que veíamos con Alonso durante los primeros meses de la temporada, hasta que Vinicius protagonizó un enfado mayúsculo en el clásico que terminó con las rotaciones y sustituciones que estaba haciendo el tolosarra. A partir de ese momento, los cuatro se convirtieron en insustituibles. Valverde por necesidad en el lateral, lesionados Carvajal y Alexander-Arnold, y los otros tres por decisión de los técnicos a pesar de la multitud de opciones que había en su banquillo.

Con Arbeloa, salvo en Albacete donde no convocó a Bellingham ni a Mbappé, los cuatro han jugado todos los minutos hasta que el inglés se lesionó en el último encuentro ante el Rayo. "Cuantos más minutos puedan estar, mejor. Son capaces de desequilibrar un partido en cualquier minuto. Habrá gente que no sea del Madrid que no quiera que estén en el campo, pero imagino que los aficionados querrán que sus jugadores estén siempre en el campo. Vinicius, Mbappé, Bellingham y Valverde a nivel mundial puede que estén entre los 10 mejores y tienen toda mi confianza", dijo en rueda de prensa.

Seis partidos sin cambio

Esas decisiones tan rotundas han dejado la rotación ofensiva del Madrid bajo mínimos y cuando los cuatro delanteros, Bellingham incluido, no han hecho un buen trabajo defensivo, han partido al equipo en las transiciones, asentando la idea de que el sistema agradece la falta de una de las cuatro piezas ofensivas y la inclusión de un centrocampista más, como Güler, o de otra pieza distinta que se sacrifique más, como Gonzalo.

En estos seis partidos de Arbeloa, Mastantuono y Rodrygo -que estará ausente dos semanas por lesión- se han repartido la banda derecha, Brahim ha actuado como interior cuando ha salido y Güler ha sido el gran sacrificado en las segundas partes de la mayoría de encuentros, haciendo público su enfado en Lisboa: "Siempre yo, siempre yo", repetía hacia el banquillo. Todo porque Vinicius, Bellingham y Mbappé eran insustituibles. Sin el inglés, y con la recuperación de varios defensas, el abanico se abre como nunca.

La primera oportunidad aparece en Mestalla, donde parece que Fede Valverde volverá al centro del campo tras el regreso de Alexander-Arnold y la mejoría de Carvajal, que insiste en Valdebebas que está "listo" para aportar a pesar de la cautela que piden los servicios médicos del club. El uruguayo vuelve al eje del equipo junto a Tchouaméni, que no necesitará ser central porque Rüdiger regresa a la rotación de la defensa junto a Asencio y Huijsen. Teniendo ahí al sudamericano y al francés, se empuja a Güler hacia la mediapunta, donde brilló en las primeras semanas de la temporada asistiendo a Mbappé, y se le aleja del doble pivote, donde ha sufrido en transiciones defensivas.

Arbeloa, durante su rueda de prensa del sábado en Valdebebas.

Arbeloa, durante su rueda de prensa del sábado en Valdebebas.EFE

Queda por ver qué hace Arbeloa con el lateral izquierdo. El Madrid rechazó la cesión de Fran García al Bournemouth en los últimos días del mercado de invierno y lo hizo casi como mensaje a su entrenador. La dirección le quiere como suplente de Carreras y prefiere ver a Camavinga, que jugó en el carril zurdo ante el Mónaco y el Rayo, en el centro del campo, una situación que sin Bellingham es más fácil de gestionar para Arbeloa.

En Mestalla tampoco estará Vinicius, sancionado, así que el técnico podría juntar a sus cuatro centrocampistas estrella sin miedo a sentar a nadie que tenga excesivo peso en el grupo: Tchouaméni, Valverde, Güler y Camavinga, tres de los defensas del equipo ante el Rayo, podría estar en el rombo del centro del campo, con Mbappé arriba acompañado por Brahim, Gonzalo o Mastantuono.

Tarde de silbidos al Madrid de Arbeloa en el Bernabéu: "No soy Gandalf El Blanco"

Tarde de silbidos al Madrid de Arbeloa en el Bernabéu: “No soy Gandalf El Blanco”

En El Señor de los Anillos, el mago Gandalf aparece al amanecer en el Abismo de Helm junto a los jinetes de Rohan cuando las fuerzas de Saruman estaban a punto de vencer a las tropas del rey Théoden. «Un mago nunca llega tarde ni pronto, llega cuando tiene que llegar», había dicho un tiempo antes. Le gustará a Álvaro Arbeloa el personaje del mago, porque en la rueda de prensa posterior a la sufrida victoria contra el Rayo, el entrenador del Real Madrid se animó a decir «tampoco soy Gandalf El Blanco» al explicar qué quería de sus futbolistas. El salmantino admitía no poder hacer magia con su equipo, incapaz de crear fútbol con continuidad ante los vallecanos y silbado durante gran parte del encuentro por la grada del Bernabéu.

«Lo que quería de mis jugadores es lo que estoy viendo, compromiso y actitud. No vale sólo con la calidad, la constancia es clave y trabajaremos para tenerla, porque debemos hacer más que los demás para vencer a nuestros rivales», reflexionó ante los medios.

"Aquí hay 17 campeones de Europa"

Los primeros 15 días de Arbeloa como técnico del Madrid se cerraron este domingo con cuatro triunfos y dos derrotas en seis partidos, con una eliminación copera en Albacete y con el desastre de Lisboa, donde el duelo ante el Benfica les obligará a pasar por el peaje del playoff. «Perdimos en Lisboa, pero veníamos de tres partidos buenos. Ganar al tercero (Villarreal), al Mónaco y a un Levante que, visto lo visto (por el empate ante el Atlético), no parece ser tan mal rival. No se mejora sin que haya picos y estos jugadores han demostrado una mentalidad muy fuerte, aquí hay 17 futbolistas que han sido campeones de Europa hace 18 meses, que parece que a veces se olvida. Con ellos sacaremos adelante las situaciones que lleguen», insistió, volviendo a enfocar su mensaje hacia el elogio al vestuario. Un planteamiento que parece inquebrantable en su discurso.

Esos 15 días de enero con Arbeloa de entrenador también han estado marcados por los tres recibimientos que le ha hecho Chamartín a su equipo: ante el Levante y el Mónaco después del fracaso en Copa y ayer durante el duelo contra el Rayo tras caer en Lisboa. Tres días de pitos, especialmente a jugadores como Vinicius y Bellingham, de menciones a Florentino Pérez y al propio Arbeloa. El día del Levante, el técnico fue extenso en su reflexión sobre los silbidos de la grada y declaró que los que pitaban al presidente «no quieren al Real Madrid», pero en la rueda de prensa tras vencer al Rayo se limitó a decir que «respeto mucho al público del Bernabéu y siempre les voy a pedir su apoyo».

"Son mejores con el público de su lado"

Cuestionado de nuevo por los silbidos, constantes durante todo el partido, tanto en el inicio como en el descanso y después del empate de De Frutos, Arbeloa negó esa visión. «Respeto todas las opiniones, pero he visto un público que nos ha llevado a la victoria. Sin ellos no habría llegado ese gol. Lo digo siempre, los jugadores son mejores con el público de su lado. Y hoy se ha vuelto a demostrar», declaró.

Bellingham, un mes fuera

El Madrid entra ahora en un terreno valle. Eliminado de Copa, tendrá 15 días sin encuentros entre semana hasta la eliminatoria de Champions contra el Benfica. Bellingham se perderá el cruce por la lesión muscular que le tendrá un mes fuera. Un momento que el vestuario espera enfocar para «trabajar física y tácticamente». Así lo reconoció Fede Valverde: «Lo que viene ahora es lo más importante, así que tenemos que escuchar y trabajar al máximo. Tenemos que seguir mejorando estos días».

En la misma línea se mostró Arbeloa: «En estas semanas intentaremos que el equipo trabaje y vaya hacia donde queremos. Es hora de trabajar y mejorar. Tenemos que trabajar en todas las fases del juego y para mejorar eso necesitamos horas de entrenamiento», expresó el técnico salmantino.

Arbeloa pide al Bernabéu que esté con el equipo: "No es tiempo para el desencanto ni la euforia"

Arbeloa pide al Bernabéu que esté con el equipo: “No es tiempo para el desencanto ni la euforia”

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El Madrid regresa este domingo al Bernabéu, y eso, en las últimas semanas, es noticia. Después de la histórica bronca que el público le regaló al equipo en el choque contra el Levante, el primero tras la destitución de Xabi Alonso y la debacle en Copa frente al Albacete, el equipo, de la mano de Arbeloa, parecía haber enderezado el rumbo, pero el revolcón del pasado miércoles contra el Benfica abre la incógnita sobre el recibimiento que tendrán los jugadores antes de medirse al Rayo.

El técnico ha comparecido este sábado para analizar eso y el resto de cuestiones de la actualidad del equipo. Respecto a la posibilidad de encontrarse con otra pitada, fue claro: "Yo espero un Bernabéu que esté con el equipo, como estuvo el último partido en casa y como saben que necesitamos", afirmó.

"Siempre al Bernabéu le pido su apoyo porque con ellos somos mucho más fuertes. Saben que nuestro objetivo, evidentemente, es ganar, seguir en la lucha por la Liga, que estamos peleando muy fuertemente, con muchísimas ganas. Y si queremos seguir ahí, les necesitamos", ha insistido.

También fue cuestionado por las palabras de Kylian Mbappé después del choque de Lisboa. El francés habló de "vergüenza" por el último gol, el del portero, y puso el foco en la falta de compromiso, de ganas, del equipo, que se quedó fuera de los ocho primeros puestos de la liguilla de la Champions.

"Estamos trabajando para encontrar la constancia. No es tiempo para el desencanto ni la euforia. Es tiempo para el trabajo, solo eso", se limitó a responder, consciente de que no ha venido para polemizar con nadie, y menos con la estrella del equipo.

El entrenador salmantino,, informa AFP, también fue cuestionado sobre si hay jugadores intocables. "Entiendo los debates, pero quiero tener a los mejores dentro del campo. Cuantos más minutos puedan estar, mejor", explicó el exjugador del Real Madrid, que sustituyó a Xabi Alonso a principios de enero.

"Son jugadores capaces de desequilibrar y habrá gente que no son del Madrid que no quieren que estén en el campo, pero los del Madrid querrán que estén siempre", prosiguió.

También recalcó que el equipo está trabajando para analizar y encontrar la constancia con el objetivo de revertir la situación. "Vienen dos semanas en las que podremos trabajar a todos los niveles. Es lo que estamos buscando para mejorar e ir a más", subrayó.

Los viejos y nuevos problemas del Madrid: los enfados en el vestuario, la pretemporada de Pintus y el "no" a fichar en enero

Los viejos y nuevos problemas del Madrid: los enfados en el vestuario, la pretemporada de Pintus y el “no” a fichar en enero

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La de Lisboa fue la séptima derrota del Real Madrid esta temporada. Siete ocasiones en las que se quedó lejos de su rival y de su propia historia. Atlético, Liverpool, Celta, City, Barcelona, Albacete y Benfica han podido con el conjunto blanco, dejándole sin Supercopa de España, sin Copa del Rey, sin liderato en Liga y ahora sin Top8 en la Champions League, obligado a disputar el playoff ante Benfica o Bodo/Glimt (el sorteo será hoy) en las dos últimas semanas de febrero. Y todo, según las fuentes consultadas por este periódico, sin fichar en el mercado de invierno y mientras en el grupo se reabre las heridas y los problemas de hace unas semanas.

Decía Carlo Ancelotti que «el empate es la antesala de la crisis en el Bernabéu» y con tantas noches negras en pocos meses es normal que el estadio prepare una nueva pitada a su equipo antes del duelo ante el Rayo Vallecano, este domingo a las dos de la tarde. «Da un poco de vergüenza», admitía Kylian Mbappé en la zona mixta del Estadio Da Luz. El francés, que marcó dos goles, fue otra vez el portavoz de la plantilla, como en Atenas y antes del duelo contra el Mónaco. Molesto por la actitud del grupo, el galo parece elevarse como nuevo líder del vestuario.

«Uno sí y uno no... Eso no es de un equipo campeón», declaró el delantero. Tener al Pichichi de la Champions (13 goles) y al segundo portero con más paradas no le ha servido al Madrid para ser uno de los ocho mejores. El belga, el otro líder sin brazalete, se enfadó con sus compañeros por no saludar a los aficionados después del encuentro y sólo sus gestos y gritos llamaron la atención de algunos para acercarse a la grada madridista.

No fue el único enfado de la noche, porque Arda Güler se fue repitiendo «siempre yo, siempre yo» al ser sustituido en la segunda parte, generando un nuevo caso de rebeldía en el vestuario.

Pintus y febrero

En el área técnica, Antonio Pintus, de vuelta a la jefatura de la preparación física del primer equipo tras la salida de Xabi Alonso y la llegada de Arbeloa, analizaba ya los problemas del futuro a corto plazo. El italiano veía en el mes de febrero el momento ideal para intentar una minipretemporada que empujara la condición de su plantilla. Sin Copa del Rey y con el Top8 encarrilado antes de Lisboa, febrero aparecía sin partidos entre semana y sólo con las jornadas de Liga como preocupación. Al caer en Lisboa ya no será así, y el Madrid deberá viajar en la semana del 16 al Círculo Polar Ártico o a la capital de Portugal, y siete días después se jugará su futuro continental en el Bernabéu.

Eso se sabrá en el sorteo de este mediodía, que también dibujará el camino hacia la final de Budapest. En caso de pasar la eliminatoria, al Madrid le tocará cruzarse con el Sporting de Portugal o el Manchester City.

Una situación que ahora queda muy lejana en Valdebebas, donde se piensa en el día a día y en ganar el partido del domingo al Rayo para seguir en la pelea por la Liga. Es la realidad de un vestuario con errores claros en su configuración y de una organización que espera al verano para tomar decisiones importantes. El Madrid nunca ha sido amigo de recurrir al mercado de invierno, y a pesar de la crisis de resultados de esta temporada y de los síntomas que se llevan viendo en el día a día durante los últimos meses, este enero tampoco será diferente.

Ofrecimientos y bajas

Al Bernabéu han llegado varios ofrecimientos, especialmente para la posición de mediocentro y la de central, pero la negativa del club ha sido constante. El único movimiento previsto en el mercado es la cesión de Endrick al Olympique de Lyon, una operación que surgió a petición del futbolista por su falta de minutos con Alonso y que el Madrid ha permitido a pesar de que prefería que siguiera en plantilla. No habrá más, salvo que lleguen ofertas de momento inesperadas por jugadores que no cuentan demasiado, como Alaba o Ceballos, dejando para verano la reflexión sobre el futuro de varios jugadores con más peso en el equipo.

En la zona noble del Bernabéu se empiezan a deslizar nombres en la lista de bajas que hasta hace unos meses parecían intocables, escritos ahora en tinta roja después de unos meses que han dinamitado parte del proyecto construido en los últimos años. Los constantes problemas de actitud y de fútbol del equipo tendrán consecuencias, pero no en este mes de enero.

El peor Madrid desde la era Mou

El peor Madrid desde la era Mou

El peor baño que sufrió el Madrid en Lisboa no fue de agua ni de fútbol. Fue de realidad. Después de los brotes verdes ante Mónaco y Villarreal, el equipo regresó a Albacete, aunque con una lectura peor. Si en la Copa pudo sufrir falta de motivación, en la Champions el problema fue más grave, al tratarse de falta de recursos, individuales y colectivos. Courtois y Mbappé no bastan, y de Vinicius nunca se sabe si va a coger el teléfono. El belga y el francés son el sur y norte del Madrid, hoy el único modo de orientarse con seguridad para los aficionados y hasta para el entrenador. Entre ambos, un Madrid hipotenso, pero también lejos, muy lejos, de la calidad de sus mejores tiempos.

El Benfica no es mejor que este Madrid, pero su nivel de agresividad, no juego sucio, concentración y ambición desbordaron a un equipo con los nombres de siempre en el terreno de juego, aunque sin plan ni alternativa. La situación no puede achacarse a Arbeloa, que acaba de llegar al banquillo, y coloca a los mismos jugadores, aunque un enfoque distinto al de Xabi Alonso. El resultado, sin embargo, es el mismo. No. Peor. El tolosarra fue destituido, de "mutuo acuerdo", con el Madrid en la Copa y el Top 8 de la Champions, y, hoy, está fuera de la competición doméstica y de la 'first class' europea. La realidad no para ponerse susceptible, como le ocurrió a Arbeloa.

Sin embargo, hay que profundizar en el calado de las causas, en el diseño de una plantilla con carencias estructurales. En concreto, en la creación de juego, además de en posiciones sin el nivel de tiempos pasados, como la defensa, más allá de las lesiones. De eso hay que pedir responsabilidades en otra ventanilla, en el piso de arriba.

Mourinho las detectó bien y mandó a sus jugadores a castigar las zonas más débiles del Madrid, con continuas cargas del área. Lejos de la etiqueta defensiva del portugués, su Benfica fue tremendamente ofensivo, no sólo por las necesidades de su equipo, también por las carencias ajenas. Una de las virtudes de Mou es hacer peor al contrario. Al Madrid lo llevó a una de sus peores versiones europeas en mucho tiempo.

Observar la mediocridad del Madrid y la intensidad de un Benfica pletórico ha vuelto a activar la nostalgia que una buena parte del madridismo siente por el portugués. El tiempo blanco de Mou es pasado, como él mismo ha dicho. Un tiempo controvertido y polémico, en lucha contra el mejor Barça de la historia, pero con un Madrid cuya calidad no tenía nada que ver con la del actual, con Casillas o no, Sergio Ramos, Pepe, Marcelo, Xabi Alonso, Modric, Benzema, Cristiano o Di María, los futuros campeones de muchas Champions. El Madrid del presente es el peor Madrid desde entonces, con permiso de Courtois y Mbappé.

Mourinho, reventado por su propia autodestrucción, no sobrevivió para vivir en el banquillo blanco el cabezazo de Sergio Ramos en Da Luz, llave de la Décima. Al menos, en el mismo lugar celebró el de Trubin para seguir en esta Champions. Sin una plantilla como la que tuvo en su etapa, el Madrid necesita un mensaje parecido al que recibió el Benfica antes del partido. Eso no quiere decir que necesite a Mou ni a un Mou de marca blanca.

El "perdón" de Mourinho a Arbeloa por su celebración y la crítica de Mbappé: "Da un poco de vergüenza"

El “perdón” de Mourinho a Arbeloa por su celebración y la crítica de Mbappé: “Da un poco de vergüenza”

"Da un poco de vergüenza...". En la zona mixta volvió a aparecer Kylian Mbappé. Como en Atenas, en el último viaje del Real Madrid en la Liga de Campeones, y como en la previa del duelo ante el Mónaco. El francés fue de nuevo el portavoz del vestuario madridista en otra noche negra para el equipo, fuera ahora del Top8 de laChampions y obligado a jugar el playoff en las dos últimas semanas de febrero ante el Bodo/Glimt noruego o el propio Benfica tras la calamitosa derrota de Da Luz, 4-2, incluido un último gol anotado por el portero lisboeta, el ucraniano Trubin.

"Hemos jugado fatal, eso es una verdad. Pero el cuarto gol para nosotros ya no cambiaba nada... Da un poco de vergüenza, sí, por encajar otro gol, pero de manera matemática no cambiaba nada. Ya éramos novenos así. Pero es algo que tenemos que cambiar, tener más continuidad en nuestro juego porque la semana pasada jugamos tres partidos de buen nivel y hoy no hemos estado con esa actitud. Tenemos que trabajar", reflexionó el delantero francés, reflexionó el delantero francés, autor de dos goles en Da Luz, insuficientes para vencer o empatar.

El Madrid sabrá en el sorteo del viernes si se enfrenta al Benfica o al Bodo/Glimt y conocerá también su posible rival en octavos: el Sporting de Portugal o el Manchester City. Todo después de la segunda derrota dura de la etapa Arbeloa tras la eliminación en la Copa del Rey contra el Albacete.

"No tengo una explicación clara. Es la verdad. No es lo mismo que en Villarreal y ese es el problema, no tenemos continuidad en nuestro juego y lo tenemos que solucionar. No podemos estar un día sí y un día no, eso no es un equipo campeón. Merecemos estar en la posición que estamos, el Benfica ha merecido ganar. Ahora tenemos dos partidos más en el playoff y ya está", insistió Mbappé.

El domingo a las dos de la tarde, el Madrid volverá al Bernabeú para jugar ante el Rayo, en lo que será un nuevo juicio del estadio a su equipo tras la importante pitada del día del Levante. Arbeloa había aliviado la crisis con varias victorias y con elogios a su plantilla, pero tras la derrota en Da Luz aseguró que "no me arrepiento de esos mensajes". "Si esa es tu conclusión, no es así", contestó a un periodista.

"Asumo la responsabilidad"

Arbeloa reconoció que "hemos estado lejos de la exigencia del partido, de lo que nos jugábamos. Nos queda mucho por hacer y tenemos que mirar para adelante, al partido del Rayo". El técnico volvió a asumir la "responsabilidad" de la derrota y liberó de la culpa a los futbolistas. "Cuando las cosas no salen la responsabilidad es siempre y absolutamente mía", contestó, y en la pregunta siguiente se lo volvió a recordar a otro periodista: "Lo acabo de decir, no sé si me has escuchado, me siento totalmente responsable cuando las cosas no salen bien. Nos han faltado muchas cosas, también argumentos futbolísticos".

El salmantino, eso sí, puntualizó la situación clasificatoria del Madrid: "No es que nos hayan eliminado, ni mucho menos. Tenemos dos partidos y el objetivo de pasar a la siguiente ronda".

Unos minutos más tarde, Jose Mourinho entró emocionado en la sala de prensa. Saludó a los periodistas portugueses, pidió "respeto" para sus futbolistas tras la victoria y pidió perdón a Arbeloa y al Madrid por su celebración después del pitido final.

Mourinho: "Me olvidé de todo"

Tras el gol de Trubin, el entrenador portugués invadió el área técnica del Madrid dando saltos de alegría y señalando al público mientras Arbeloa miraba hacia el suelo. Cuando el árbitro pitó el final, Mourinho seguía ahí, así que Arbeloa se acercó a saludarle y estuvieron hablando unos segundos.

"Le he pedido disculpas a Álvaro por cómo he celebrado, pero Álvaro es un hombre de fútbol y ha entendido que en ese momento olvidas que es el Madrid el que está enfrente, que está Álvaro, que está Chendo... Olvidas todo", admitió el técnico del Benfica.

El de Setúbal, curiosamente, se medirá en el playoff al Madrid y al Inter, sus dos equipos del alma, y podría volver por primera vez al Bernabéu. "Hemos tenido suerte", vaciló. "No he estado en el Bernabéu nunca más desde mi salida. El fin de semana que iba a ir, que estaba organizado todo con mi amigo Óscar Ribot, me llamó el Benfica".

Mourinho-Arbeloa, 13 años de fidelidad, cambios de móvil y “mucha influencia”: “Le cambió la vida”

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El 1 de junio de 2013, durante el último entrenamiento de José Mourinho y su cuerpo técnico al mando del Real Madrid, Álvaro Arbeloa quiso recordar el momento con una foto con el entrenador portugués y sus asistentes. Se los llevó al banquillo del campo 3 de la ciudad deportiva y demostró con una imagen la fuerte influencia que habían tenido sobre él en esas últimas tres temporadas. «Nos vemos pronto, amigos», escribió en sus redes sociales. «La amistad no se negocia, son mis amigos porque se lo han ganado», explicó. Casi 13 años después de aquella imagen, Arbeloa y Mourinho se reencontrarán por primera vez en el césped en un Benfica - Real Madrid que puede condenar a los portugueses y enviar a los blancos a los octavos de final de la Champions. Un reencuentro en persona tras años de contacto en la distancia, de charlas por teléfono a pesar de los cambios de número del portugués, y de influencia, mucha influencia. «Le cambió la vida, es su gran referente», admiten a este periódico los que mejor conocen a Arbeloa.

«No habrá nadie como José. Es un espejo. Ha tenido mucha influencia en mí. Sentó las bases de lo que sucedió después en el Madrid con Ancelotti y Zidane. Y sé que el club se lo ha valorado estos años. Fue, es y será uno di noi», dijo el salmantino en la sala de prensa del Estadio Da Luz, donde el Madrid consiguió la ansiada décima Copa de Europa en 2014. Unas horas antes, cruzando el puente 25 de abril hacia la otra orilla del río Tajo, Mourinho se emocionaba al recordar a «mi niño» Arbeloa. «Es mi Arbeloa, antes y después del partido. Es mi niño, uno de los mejores hombres que tuve en el Madrid, uno de mis favoritos», dijo el de Setúbal en la sala de prensa de la ciudad deportiva de Seixal, a apenas media hora en coche del pueblo natal del entrenador portugués.

Ahí entrenó el Benfica 24 horas antes del encuentro ante los blancos y ahí se emocionó el portugués al recordar a Arbeloa y Xabi Alonso, cuestionado en cinco ocasiones por los medios españoles. «Son mis chicos. Me emocioné cuando jugué contra Xabi, cuando estaba en Leverkusen, y me emociona pensar en jugar contra Álvaro», dijo, serio y preocupado por la situación de su equipo, al borde de la eliminación continental. «En cómo terminó lo de Xabi no entro, no me interesa. En el fútbol es muy difícil que algo me sorprenda», declaró, sin entrar tampoco en el caso Negreira: «No me interesa».

"Una manera de hacer las cosas"

Esa relación entre Mourinho, Arbeloa y Alonso creció durante las tres temporadas del técnico en el Bernabéu, durísimas a nivel deportivo y emocional, con una grieta importante en aquel vestuario pero con los mimbres de un Madrid que terminaría ganando cuatro de las siguientes cinco Champions que disputó entre 2014 y 2018. «Ser mourinhista es una manera de ser y de hacer las cosas, de ir siempre de frente, defender tus ideas a muerte, ser honesto e íntegro, y no tener miedo a ser como eres», reflexionó Arbeloa un par de años más tarde sobre una palabra que terminó dividiendo al madridismo, a su afición y a algunos de sus jugadores, y que enfrentó más que nunca a varios futbolistas y al entrenador con parte de la prensa.

Mientras la polémica crecía en los clásicos y en la selección española, Arbeloa se convirtió en uno de los grandes defensores de Mourinho, tanto en público como en privado. «Hay un sector de la prensa que está cogiendo un camino equivocado. El club debe apoyar a Mourinho a muerte y ojalá que así sea», dijo en 2011, entre el Mundial y la Eurocopa y en mitad de la guerra de clásicos contra el cuadro de Guardiola, con la final de la Copa en Mestalla como uno de los puntos de inflexión.

"Puedo llamarle a las tres de la mañana"

La selección terminaría ganando el torneo, el siguiente año sería el último de Mourinho y Arbeloa ganaría la Copa de Europa con el Madrid, pero aquellos meses crearon una relación que dura hasta hoy. «Es la persona más valiente que he conocido en el mundo del fútbol», admitió años después el futbolista. Las carreras de ambos les separaron, pero la tecnología les mantuvo «cerca», cuentan en sus entornos, a pesar de la distancia.

Mourinho se fue unos años a Inglaterra y después a Italia, Turquía y ahora Portugal, cambiando «mucho» de número de móvil, pero manteniendo el contacto con «sus chicos», Arbeloa entre ellos: «He intentado molestarle poco porque sé quién es, que ha cambiado de teléfono varias veces, pero hemos mantenido el contacto. Sé que puedo llamarle a las tres de la mañana».

Arbeloa: “Veíamos las ruedas de prensa de Mourinho en el vestuario. No habrá nadie como él. Ha sido, es y será ‘uno di noi'”

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Día de elogios cruzados entre Álvaro Arbeloa y José Mourinho en Lisboa. Por la mañana, el técnico portugués le dedicó unas bonitas palabras en la sala de prensa de la ciudad deportiva del Benfica, diciendo que el entrenador del Real Madrid era "uno de mis niños". "Uno de los mejores hombres que tuve en el Madrid". Por la tarde, el nuevo técnico del conjunto blanco repitió los elogios hacia el luso. "No habrá nadie como él. Las bases de lo que llegó esos años de Ancelotti y Zidane las puso José Mourinho. Y dentro del club se lo han valorado así. Ha sido, es y será uno di noi", declaró.

"Tenemos un partido importantísimo contra un gran equipo, ya les he dicho, que incluso si vinieran con el equipo de la Youth League el Benfica tendría el mejor líder posible. Les he avisado, venimos con una humildad tremenda", advirtió Arbeloa en la primera respuesta. No le habían preguntado por Mourinho, pero el técnico blanco ya puso su nombre sobre la mesa.

Desde la parte deportiva a la personal, Arbeloa recordó la etapa que estuvo al cargo del portugués. "No me he perdido la rueda de prensa del míster esta mañana, no me las perdí como jugador y tampoco ahora. Poníamos en el vestuario sus ruedas de prensa y es un orgullo tremendo escuchar todo lo que ha dicho de mí. Ha sido mucho más que un entrenador para mí tanto a nivel deportivo como personal. Es un espejo, no habrá nadie como él, cualquiera que quiera intentarlo fracasará. La influencia que tuvo en mí y lo que pude aprender a nivel táctico y comunicativo fue increíble".

"Un grupo muy comprometido"

En cuanto al Madrid, que si gana confirmaría su presencia entre los ocho primeros de la Champions, Arbeloa aseguró que "he visto un grupo muy comprometido, predispuesto a escuchar y trabajar, predispuestos a hacer en el césped lo que hemos hablado". "Tiene mucho mérito todo lo que están haciendo los jugadores", añadió.

El Madrid entrenó esta tarde en Da Luz, en contra de la idea que tenía Xabi Alonso en su etapa, cuando entrenaba en Valdebebas y viajaba después a la ciudad de su rival sólo para dormir en el hotel. "No es Xabi el único entrenador que prepara en su ciudad deportiva. Me parecía importante venir hoy aquí, a un estadio que nos trae buenos recuerdos, entrenar, sentir la importancia del partido... Para los jugadores era bueno. No creo que sea ni mejor ni peor que las decisiones de otros entrenadores", dijo Arbeloa.

El reencuentro con Mourinho para los nostálgicos de la irreverencia, el orgullo y la ira: herencia, ocaso y conexión con el presidente

El reencuentro con Mourinho para los nostálgicos de la irreverencia, el orgullo y la ira: herencia, ocaso y conexión con el presidente

«Nunca amamos a alguien en concreto. Amamos tan sólo la idea que nos formamos de alguien». El madridismo que ama a José Mourinho, y que empieza por su presidente, lo hace por lo que dejó escrito Fernando Pessoa: ama lo que Mou significó en una etapa crítica. Un tiempo que fue de los aplausos en el Bernabéu a Ronaldinho por parte de un señor con bigote a ver el propio estadio arrasado por el paso de un Atila con zapatillas de ballet. Era Pep Guardiola. Mourinho también lo padeció, pero acabó por llevar a la implosión a su antónimo hasta derrotarlo, hecho que inflamó el orgullo de buena parte del madridismo, aunque fuera a costa de minar el campo con la irreverencia y la ira. El portugués se marchó, desgastado por su propia cruzada, pero la ira se quedó entre nosotros. La nostalgia no siempre es por amor.

La saudade, la nostalgia, es un sentimiento muy portugués. Está presente en los personajes de Pessoa como en los de Eça de Queiros u otros grandes escritores lusos, aunque Mourinho tenga poco que ver con el introspectivo Bernardo Soares, protagonista del Libro del desasosiego. Mou es The Special One, el mejor actor del fútbol, aunque ya sólo un gran entrenador en su invierno.

La nostalgia por el pasado de blanco es mayor por parte de una legión de fieles madridistas que por el propio técnico, cuya saudade es únicamente de sus tiempos de gloria. La realidad es que no los vivió en el Bernabéu, y no sólo por los títulos. También por el feeling. Mou se sintió en su salsa en la Premier, porque en Inglaterra era el personaje de una comedia. Aquí lo convertimos en el personaje de una tragedia, algo muy español. El error fue nuestro.

La superioridad moral del Barça

La era de Mourinho en el Madrid no fue únicamente la de los insultos o el juego extremo y duro. También la de la rebelión frente a un Barça que, además de dominar en el campo, se había situado en una posición moral de superioridad. Era el marketing de los valors. El caso Negreira y los audios de Piqué con Rubiales para repartir el oro de Arabia demostrarían que quienes predican desde atalayas morales suelen tener los pies en las cloacas.

El reencuentro del Madrid con Mou, el miércoles en Lisboa, evoca, pues, esa nostalgia en un tiempo que se asemeja en algunos aspectos al momento en el que llegó el portugués al banquillo del Bernabéu. La crisis deportiva y el dominio del Barcelona durante la temporada pasada invocan la necesidad de invertir la tendencia, aunque para ello haya que «poner una bomba». Es lo que dijo Mou en privado ante la superioridad, entonces, de los azulgrana. La puso. Los resultados fueron evidentes, al destruir al rival, aunque sin conseguir todos los objetivos esperados. Los efectos colaterales, con deterioro de la imagen del club y división, también.

El Madrid ha escogido para salir de su crisis actual a un mourinhito, después de destituir a otro de los entrenadores que, como futbolista, más conexión tuvo con el portugués. Sin embargo, como dijo Arbeloa en la más atinada de sus declaraciones, si intentara imitar a Mou, fracasaría. En lo suyo es único, el «puto amo».

Mourinho, durante un partido del Benfica.

Mourinho, durante un partido del Benfica.ALESSANDRO DI MARCOEFE

Veremos a ese Mourinho antes, durante y después del partido de Champions, porque el personaje necesita más que nunca de sus artes, dado el desequilibrio que existe, hoy, entre el Benfica y el Madrid, por irregular que esté el conjunto blanco. La primera indirecta la dejó al expresar su sorpresa por el hecho de que entrenadores sin experiencia accedieran al banquillo de grandes clubes. Arbeloa no respondió. Acertó.

Asesor en la distancia

«No cuenten conmigo para telenovelas», manifestó el portugués cuando le preguntaron si estaba entre las soluciones para el Madrid, después de la destitución de Xabi Alonso. La realidad es que no ha estado en el debate de las alternativas, aunque jamás haya dejado de ser como un sueño húmedo para Florentino Pérez, en especial en noches de tormenta. El contacto entre ambos ha permanecido, en ocasiones hasta como un asesor en la distancia.

Florentino encontró el éxito después de Mou. De hecho, el mayor de su era, con las tres Champions de Ancelotti, en dos etapas, y las tres de Zidane, dos apuestas suyas y dos personajes de su cabecera. Pero ni el francés ni el italiano hicieron seguidismo de su línea argumental en las guerras del presidente y el club. Tampoco en el maniqueísmo y la división. La que aparecía entre madridistas y «pseudomadridistas» fue acuñada por Mou.

Al portugués le ha ido peor desde que dejó el Madrid. Lo mejor de su carrera, las Champions con Oporto e Inter, fueron anteriores. Volvió a ganar la Premier con el Chelsea, un club con una afición a fuego, donde su estilo encajaba a la perfección, pero no alcanzó la gloria en uno de sus destinos más esperados, Old Trafford, y tampoco encontró el momento para ocupar el banquillo de Portugal. La Eurocopa conquistada en 2016 habría sido uno de sus grandes hits. En cambio, la conquistó alguien que no se parece en nada a Mou. Fernando Santos se había escapado, realmente, de un libro de Pessoa.

Arbeloa, entrenador del Madrid.

Arbeloa, entrenador del Madrid.J.J.GuillénEFE

El Benfica es su último destino, por el momento, pero no un destino más, porque Mou es benfiquista de corazón. Se trata del club de sus orígenes, en el que se formó. El entrenador, que hoy cumple 63 años, fue la baza electoral del actual presidente del Benfica, el ex jugador Rui Costa. Una gran figura para el banquillo del club que más estado de opinión crea en el país. Los resultados no han llegado, lejos del Oporto, líder. Las lesiones han minado a un Benfica en el que Mou hizo voto de prudencia al llegar, pero nadie puede ir contra su naturaleza.

Eso es lo que dijo Arbeloa con respecto a sus futbolistas tras la victoria en La Cerámica, un test de calidad que salvó el técnico. La declaración tiene una parte de sensatez y otra de capitulación para un entrenador que quiera desarrollar su obra. Como si el Madrid fuera El libro de la selva, aunque Vinicius no se parezca en nada a Mowgli ni en esa selva resuene, hoy, un grito como el de Mou, para lo bueno y para lo malo.