Hay que jugarla, supongo. Te clasificas, da mucho dinero, te permite atraer estrellas y mantiene a la afición ilusionada hasta primavera. Hay que jugarla, supongo, pero si me dieran a elegir… ojalá el Atleti renunciara a la Champions cada año. El odio es mutuo. Yo ahora podría estar en el cine. O bebiendo. Eso aún no lo descarto. Y estoy aquí escribiendo con cara de (aún más) idiota.
Una vez más, el sueño se rompió en un accidente en el peor momento, dos rechaces en el área, un despiste defensivo, gol de Saka en el 44. Ni un guiño del destino. Hasta ahí, más allá de creerse su leyenda y celebrar cada córner como un penalti, el extremadamente mezquino Arsenal no había tirado a puerta y el Atleti estaba cómodo y con la sensación de que, antes o después, iba a cazar una, pero los rebotes que le castigaron en su área nunca le sonrieron en la inglesa.
La segunda parte fue un orgulloso quiero y no puedo de un equipo que se estaba moviendo a alturas que por talento y dinero no le correspondían. Y se notó. Giuliano tuvo la más clara y, a puerta vacía, le faltaron vuelo y recursos. No es culpa suya, es la diferencia de nivel individual. Y un penalti clamoroso a Griezmann se perdió en el limbo por una inexistente falta previa de Pubill. En la larga colección de delirios arbitrales que ha sufrido el Atleti en este torneo odioso, este se coloca muy arriba. La Champions odia al Atleti, ya saben. Nosotros a ella, más.
Tiempo habrá, y es indispensable hacerlo, para sacar conclusiones sobre esta extraña temporada. Mediocre en su trabajo diario de la Liga, brillante en las bodas y bautizos de las eliminatorias y fallido en el desenlace. Es difícil juzgar un curso así, de cinco aunque a dos detalles de ser de 10, pero hay que aclarar si el proyecto crece o se marchita. Ese análisis requiere enfriar las emociones y no es el día.
Hoy corresponde elogiar el carácter de Pubill, el despliegue de Llorente y el liderazgo de Koke; lamentar que Julián Álvarez, medio cojo, no pudiera ser la estrella que es y, sobre todo, dar las gracias a Griezmann tras su último gran partido en el Atleti, uno donde estaba evitando goles del Arsenal en un instante, organizando el juego al siguiente y siendo el más peligroso para Raya mientras le duró la gasolina. No es el final que merecía el mejor jugador de la historia del club, pero sí el tipo de actuación que ratifica esa afirmación.
La Champions odia al Atleti, pero la ganará. Cuando menos se lo espere, logrará esa maldita copa y la tirará al río. Ese día podremos descansar. Mientras, sólo queda seguir persiguiendo ese imposible hasta que se rinda.






