Hubo pitos en las gradas cuando acabo el partido. No mayoritarios, pero fueron ahogados por el himno triunfal madridista. El Manchester City no hizo ninguna exhibición. No es siquiera la mitad de aquel fabuloso equipo campeón de la Champions. Lo cierto es que no mereció ganar, pero perdió el Madrid.
Ahora el veredicto de culpar a Xabi y que se vaya a la calle sería injusto. Con cinco defensas lesionados, sin centro del campo por despropósito de los que mandan y...sin Mbappé, perder como perdió, no sería justo echarle la culpa. El equipo murió de sangre y sudor en el terreno de juego. Fue como un jabato, aunque luchaba contra un equipo fabricado con cientos y cientos de millones de euros .
Lo peor es que Bellingham perdió el gol y menos mal que apareció el que es un inútil para hacer goles, nada menos que Rodrygo. Fue un gol de enorme calidad y Guardiola debió escupir al infierno, porque es un jugador que siempre le hace daño al City.
El Madrid no se relajó nunca. Agotó sus posibilidades hasta el final. Siguió corriendo como un poseso, pero tienen un estilo de correr insuficiente. Y Haaland, ¿cómo puedes parar a ese vikingo asesino del área? Lo tienes que detener a base de paradas de rugby como la que hizo Rudiger, aunque luego le costó un penalti que fraguó la remontada citizen.
De verdad que no se rindió nunca el Madrid de Xabi, la mayor parte por el empuje del corazón más que de calidad. Incluso Bellingham tuvo una gran ocasión para empatar. Por no rematar a la primera, sino a la segunda, se le fue el santo a las nubes.
Y no quiero castigar más a Vinicius, del que mucha gente aún no se ha convencido de que el Madrid ha perdido. El que iba a ganar el Balón de oro y platino. Sin Mbappé este equipo nunca hace goles. Y Mbappé estaba en los cielos, escondido entre las nubes, en el momento más inoportuno, cuando más lo necesitaba el equipo.
He escrito drama y cisma. Primero, porque el Madrid creo que de los diez últimos partidos ha ganado sólo dos. Y lo segundo, porque existe un cisma entre los que creen que Xabi Alonso no es entrenador para el Madrid o los que culpan a los jugadores. Hay incluso una tercera vía y es de las que le echan la culpa a Florentino.
Me acuerdo a principios de temporada que me fiaba poco de Xabi Alonso y que el Madrid, a pesar de los fichajes, no tenía plantilla candidata a ganar algún torneo. Desgraciadamente, no me he equivocado.Y lo siento, algo tendrán que hacer.
En cada visita al Santiago Bernabéu, el gran villano Guardiolasiempre «mea con la suya». Pero son tantas veces que ya le ha salido el chorro para todos lados. Ayer le tocó sacar del pozo a balón parado un inicio de partido en el que se estaba llevando un buen revolcón de este Madrid que es como Dory en Buscando a Nemo, sin memoria ni para el éxito ni para el desastre. Podía esperarse cualquier cosa y sucedió lo más probable: que a los jugadores les entrara un poco de vergüenza torera, que se agitaran, que Gonzalo lo ordenara todo un poco, que volviera a pasar la órbita del cometa Goes por la capital pero que acabase diluyéndose el asunto sin mucha explicación y con cierta fatalidad. Escalofriantes síntomas de empequeñecimiento general.
Como el Madrid nunca entendió del todo por qué ganaba, no es fácil tampoco entender ahora por qué pierde. Sirve a medias la intuición general del club: el ecosistema español conduce a la ruina. Pero ni el Florentino de los 2000, me temo, sería capaz de evitar que el camino de argentinización imparable del país se lleve todo por delante. También al fútbol y también a Real Madrid y Barcelona, como se llevó a Boca y River. Cada vez que encaraba Doku tomaba sentido el Brexit y se achicaba la UE.
Los jugadores parecen conscientes de que el fatalismo no les salvará. Y no son tan estúpidos como para pensar que podrán salir indemnes de formar parte de la plantilla que transformó al Real Madrid más ganador de la historia en un perdedor patológico. El reto de triunfar aquí es tan grande porque después del Madrid no hay nada. A quien lo logra, en su carrera ya sólo le espera el declive. A quien no, el arrepentimiento. No hay tabla de salvación: quien tenga la intención de hundir el barco, debe saber que morirá dentro.
También Xabi Alonso, que necesita captar el mensaje del estadio, por fin con algo que decir. Los pitos a la triste intención de llenar el equipo de jugadores-peonza fueron un pequeño brote verde. Endrick, el jugador-dardo por excelencia, mucho mejor.
Es probable que el Athletic no logré meterse entre los 24 mejores de esta Liga de Campeones. A falta de dos partidos, y con tan sólo cinco puntos, sus opciones quedaron definitivamente mermadas tras el empate de este miércoles ante el PSG. Pero lo cierto es que su actuación ante el campeón de Europa debería servirle de estímulo para prosperar en otros objetivos esta temporada, sin renunciar a una clasificación que aún no es imposible.
Al igual que en el primer partido de la competición, ante el Arsenal, el conjunto vasco derrochó energía y convicción en la primera mitad, sin complejo alguno, y, gracias a los cambios de Valverde, supo sofocar el gran arranque de su rival en la reanudación, cuando el tanto visitante parecía irremediable.
Empezó el Athletic defendiendo arriba, sin consentir que el PSG pudiera desplegarse en ataque. Con aplicación, orden y actitud sujetó a los franceses, que necesitaron su tiempo para plasmar las virtudes que les han encaramado al cielo continental.
Quiso estar el Athletic a la altura de un partido que despertó el lógico entusiasmo en la grada. Sereno, paciente, el conjunto galo buscaba alternativas en la construcción del juego ante la dificultad para superar la ordenada y tenaz presión. Luis Enrique cambió posiciones y la fluidez empezó a llegar cuando Barcola se desplazó a la banda izquierda y Kvarastkelia viajó al centro. Las piezas rotaban con la armonía acostumbrada, siempre alrededor de Vitinha, en un grupo capaz de improvisar y de manejar distintos automatismos. Unai salvó en la frontera del descanso una ocasión clara de Mayulu en el interior del área y volvió a neutralizar su remate recién iniciada la segunda mitad. Su actuación fue crucial a la hora de entender el marcador.
Si algo le faltó en el primer tiempo al Athletic fue inquietar más a Safonov, cuya mayor dificultad fue rechazar un golpe franco botado desde la izquierda por Berenguer. El panorama cambió sustancialmente en la segunda parte, donde el PSG marcó diferencias y menudeó el área rojiblanca con serio peligro, con un disparo de Barcola al larguero y nuevas intervenciones del guardameta. Mermada la energía física, Valverde tiró de banquillo en busca del oxígeno que le empezaba a faltar al equipo.
Resistió el Athletic e incluso se estiró en el tramo final del partido, haciendo soñar a una hinchada indesmayable. Le faltó aliento a Nico Williams, cuya pubalgia sigue sin permitirle encontrar su mejor versión.
El Athletic viajará el 21 de enero al estadio del Atalanta y cerrará una semana después en San Mamés ante el Sporting de Portugal. Necesitará ganar los dos partidos, sin depender de sí mismo. La Liga de Campeones está calibrando la capacidad de una plantilla exigida en tres torneos, pues la próxima semana espera el Ourense en el estreno de la Copa del Rey, una competición que siempre ha gustado mucho en Bilbao y que volvió a ganar después de cuatro décadas hace dos temporadas. Tras caer ante el Real Madrid en la Liga y derrotar al Atlético, el equipo de Valverde culminó ante el PSG su semana grande. Y lo hizo sin victoria, pero con honor.
Cuando corren, tampoco. Es la conclusión fácil para abrir la base del cadalso sobre el que han situado a Xabi Alonso, con la soga anudada al cuello. La conclusión tiene una trampa, y es que no es lo mismo correr contra el Celta que contra el City. Un Madrid atónico, lento y errático frente a un Madrid intenso, presionante, veloz y sufriente. Un Madrid de jugadores dimitidos en una derrota sin perdón contra un Madrid de futbolistas entregados en una caída con honra ante un grande de Europa. La pregunta es cuál de los dos pertenece a su entrenador y cuál a la idiosincrasia desnuda que anida, como una musa, en el Bernabéu. En la respuesta está la solución: Xabi Alonso, si; Xabi Alonso, no. Ese es el dilema. [Narración y estadísticas (1-2)]
A Florentino Pérez le toca resolverlo, pero hacerlo de verdad, en una u otra dirección, no con la indefinición que sucedió al numerito de Vinicius en el clásico. Que Xabi Alonso es un buen entrenador lo dice el mercado, su brillante pasado reciente en Alemania. Que Xabi Alonso es o no un entrenador idóneo para el Madrid lo tienen que decir los resultados, hasta ahora irregulares, pero en el top-8 de la Champions y a cuatro puntos del líder en la Liga. Jamás podrá serlo, sin embargo, sin la autoridad debida, algo que no siempre ha sentido bajo un fuego que puede ser tan peligroso como el fuego del City. Es el fuego amigo.
La entrega de los futbolistas desde la salida del vestuario tampoco es la más indicativa de si están a full con su entrenador, porque la Champions invoca siempre algo especial en el Bernabéu, algo que trasciende las batallitas familiares, incluso las cuentas pendientes, en una atmósfera de eucaristía colectiva. Rodrygo las tiene, con el técnico y consigo mismo, pero apareció como si hubiera soltado todo el lastre, camino de su primer gol en nueve meses. Pasó del ostracismo a ser lo mejor del Madrid, frente a un Vinicius desenfocado y un Mbappé quebrado en el banco. Después del tanto se abrazó a Xabi Alonso en la banda. O el brasileño es un actor de primera o se trata de un gesto difícil de entender en un contexto de guerra soterrada contra el entrenador.
Sobrehumano Courtois
Rodrygo concluyó una contra sacada del álbum de fotos del Madrid, un prodigio en el que intervinieron la presión, la velocidad y la precisión. Carreras robó a Bernardo Silva, Gonzalo fue el vértice en la transición y Rodrygo cruzó lejos de la envergadura del gigante Donnarumma.
Era el arranque que siempre se espera del Madrid, a fuego, pero de un Madrid mermado, globalmente en defensa y especialmente por la ausencia de Mbappé, el mástil del equipo en este arranque de temporada. Al Madrid, al menos, le quedaba la quilla. Courtois volvió a sostener a los suyos, con intervenciones sobrehumanas, como una doble parada ante Haaland y Cherki, cuando llegó la ola del City, contemplativo y pasivo primero, pero persistente y profundo después, con Doku como un cuchillo en su izquierda. El fútbol de los ingleses es como un caldo, empieza a fuego lento, a veces demasiado lento, más de lo que le gustaría a Guardiola. Sólo había que ver cómo gesticulaba en la primera parte.
Ese City sin profundidad, en cambio, consiguió equilibrar el partido en una acción que señala al trabajo de Xabi Alonso y a la plaga de lesiones en la defensa, a la que se ha unido la del mejor en la zona, Militao. Mal defendido el balón parado, Gvardiol cabeceó y O'Reilly remató desde la salita de estar de Courtois sin que el portero tuviera visión. Cuando el Madrid necesitaba el descanso, Rüdiger agarró a Haaland con disimulo, pero no hay disimulo posible en el VAR, que nada más empezar sacó un penalti a Vinicius fuera del área. En ambas acertó.
Rodygo, ante Bernardo Silva, el miércoles en el Bernabéu.AFP
Ser objeto de la pena máxima y acertar en el lanzamiento fue toda la contribución del ogro noruego, suficiente para cualquier delantero, pero escasa para lo que se espera de un personaje de su talla. Con mucho tiempo por delante, Guardiola lo sustituyó, al refrescar todo su ataque, puesto que también se marcharon Foden y Cherki.
Xabi Alonso lo hizo por necesidad en una segunda parte de riesgos, no había otra. Si en el once había prescindido de Güler en favor de Ceballos, llamó entonces al turco, como también a Brahim o hasta Endrick, que estaba en el último estante del armario para el tolosarra. Suya fue la mejor ocasión del partido, salvo el gol de Rodrygo, en un remate al larguero.
Cambios que llevaban el mensaje de la carga ante un equipo al que el Madrid no podía dominar, ni al principio ni al final, porque no tiene la madurez colectiva ni el juego necesario. El primero que lo sabe es Xabi Alonso, por eso decidió esperar y salir a la contra en el primer tiempo hasta que la desventaja le hizo descoserse a la desesperada ante un City que jamás se exprimió. A la desesperada espera, hoy, decisiones para saber si, como dice Guardiola, puede mear en el Madrid con la suya.
El Arsenal de Mikel Arteta es el único equipo que mantiene su hoja de servicios inmaculada en la máxima competición continental. Con la victoria de ayer en Brujas, los gunners llevan seis de seis en Champions y son el líder indiscutible y máximo favorito para el título.
La victoria del equipo de londres tuvo gran protagonismo español, ya que el asistente de uno de los tantos del británico Madueke fue Zubimendi, un mediocentro que ha caído de pie en el equipo de la Premier League. La victoria y la contundencia en el juego de los pupilos de Arteta, que marcaron un tercero por medio de Martinelli (3-0), muestran una autoridad imposible de meter mano en lo que vamos de campeonato.
Sin embargo, el Benfica, ahora de Mourinho, ha ido de más a menos en la competición. Las águilas encadenan dos triunfos consecutivos aunque tienen complicada la clasificación. Su victoria ante el Nápoles (2-0), con una exhibición del colombiano Richard Ríos, les abre una ventana de esperanza para entrar entre los 24 elegidos.
La Juventus se ha deshecho del débil Pafos (2-0). El equipo chipriota fue el que arruinó las opciones del Villarreal en la Champions, pero no pudieron contra unos italianos que, en Turín, les ganaron con comodidad, aunque los tantos llegaron mediado el segundo tiempo.
La noche se cerró con sendos empates que no valen a ninguno de los contendientes. Bayer Leverkusen y Newcastle (2-2) igualaron a dos al igual que el Bodo Glimt y el Borussia Dortmund (2-2). Los amarillos perdieron la oportunidad de afianzarse en el top-8 aprovechándose de la derrota del Real Madrid ante el City.
Cabe destacar la primera victoria del Ajax en esta fase de grupos de la Champions League. Fue en el turno de las 18.45 horas, pero los neerlandeses consiguieron por fin una victoria y lo hicieron en el feudo de un débil Qarabag (2-4)
En una de las habituales encuestas de comienzo de temporada, los mánagers generales de los clubes de Euroliga no incluyeron al Valencia Basket entre los que acabarían ni siquiera entre los 10 primeros que, al menos, disputarían el play-in por el título. Y eso que acababa de conquistar la Supercopa ACB. Y eso que en unos días iba a estrenar el flamante Roig Arena. Y eso que a los mandos seguía Pedro Martínez. Pero nadie daba un duro por un equipo poco habitual de la máxima competición continental, de vuelta tras la ampliación a 20 de este verano. Hoy, 15 jornadas después, los taronjas pueden asaltar el liderato.
Enfrente estará el Anadolu Efes del recién fichado Pablo Laso y en las tribunas habrá más de 10.000 personas, pues presume de 11.000 abonados en un recinto estrenado en octubre después de una inversión de más de 400 millones de euros y que ya ha superado varias veces los 14.000 espectadores. Y que se suma a las impresionantes instalaciones de L'Alqueria. De ganar, sería su 10º triunfo en 15 partidos. Más otros ocho en ACB -sólo se vieron sorprendidos en Granada-, donde comparten primer puesto con el Real Madrid. En lo deportivo y en lo estructural, es el equipo de moda. «El nivel de autoexigencia es altísimo, empezando por Pedro y siguiendo por Enric Carbonell (Director General). Lo estamos disfrutando, pero siempre pensando en el siguiente partido», explica Luis Arbalejo, director deportivo desde hace tres temporadas.
El Valencia asombra y arrasa a partes iguales. Capaz de ganar en la misma semana, la pasada, en el OAKA de Atenas (sin la participación de su máximo anotador, Jean Montero) y en el Buesa Arena donde nadie lo había hecho en ACB, con una canasta sobre la bocina de Kameron Taylor. Que no deja de ser uno de sus refuerzos estrella, birlado al Unicaja. Un tipo que cumplía los requisitos. De los que Arbalejo, en completa sintonía con Pedro Martínez, rastrea en el feroz mercado Euroliga. «Jóvenes, atléticos y con buena mentalidad. Y que sean buenas personas», expone el director deportivo sobre el «perfil». Como Omari Moore, Darius Thompson, Neal Sako, Braxton Key, Yankuba Sima y el prometedor Isaac Nogués. Las caras nuevas que, unidas al bloque anterior, con fuerte presencia nacional (Jaime Pradilla, De Larrea, López-Arostegui, Josep Puerto...), han elevado las prestaciones de un equipo hoy por hoy temido por todos los rivales.
Porque los taronjas, que manejan «el tercer presupuesto en la ACB pero uno de los tres o cuatro más bajos de la Euroliga», encandilan por su propuesta. Nadie juega tan rápido y con tanto vértigo. Nadie en Europa lanza tantos triples (es el cuarto máximo anotador de la competición) ni en ACB mete tantos puntos, casi 97 por duelo. La idea de Pedro Martínez enamora hasta en la NBA. «Hay jugadas que robamos de él», admitía Kenny Atkinson, entrenador de los Cavaliers hace unos días: «Todos los entrenadores de la NBA aprendemos de Pedro, sus equipos son siempre innovadores. Tiene una gran influencia en el baloncesto global».
De Larrea celebra una canasta, ante Pedro Martínez.
Conjugar éxito en la cancha y en los despachos no siempre va de la mano. Mientras el club crecía con el inestimable impulso del propietario Juan Roig, máximo accionista de Mercadona, el equipo masculino -el femenino, campeón de las tres últimas ligas, es la otra gran apuesta- lidiaba con la tiranía nacional de Madrid y Barça (el año que viene cumple 40 años y en sus vitrinas sólo luce la Copa de 1998 y la Liga de 2017) y con la ferocidad continental (cuatro títulos de la Eurocup), donde no siempre tuvo abiertas las puertas de la Euroliga en la que ha garantizado su presencia tres años más. Tras el paso por el banquillo de entrenadores como Joan Peñarroya o Alex Mumbrú, Arbalejo supo que el hombre indicado era el veterano Martínez. «Para mí lo más importante en un deporte colectivo es el entrenador. Es increíble trabajar con él. Tiene obsesión por hacernos mejores a todos, no sólo a los jugadores. Huye de protagonismos. Y, además, tenemos un estilo súper reconocible», destaca el joven director deportivo sobre una forma de frenética de plantear el baloncesto en la que «juegan todos, rota cada dos o tres minutos, cargamos el rebote ofensivo, tiramos mucho de tres, vamos a más de 100 puntos... Eso hace que seamos muy competitivos y capaces de ganar a cualquiera. Y, además. Es una de las cosas que nos ayuda a llenar».
En el Valencia hablan de «proyecto ambicioso» y se separan de la idea de «club de fútbol con la marca Madrid o Barça». «Va más allá del baloncesto. Con el Roig Arena, somos casi una empresa de entretenimiento. Es un pabellón cercano a los NBA», presume Arbalejo. Instalado, como todos, en la idea del «partido a partido», pero que no niega lo que apetece la Copa en casa de febrero. «No hay presión, pero sí somos ambiciosos. Aunque cuando sea el sorteo, sólo hablaremos del duelo de cuartos».
El Villarreal agotó definitivamente sus opciones de seguir vivo en la Champions tras encajar una nueva derrota, la quinta en seis partidos de una liguilla para olvidar. Tampoco al modesto pero valiente Copenhague pudo vencer el equipo de Marcelino, al que le quedan dos jornadas de trámite para intentar hacer algo de caja y maquillar su decepcionante regreso a la máxima competición continental. [Narración y estadísticas (2-3)]
Fue, quizás, premonitorio que sonara por error por megafonía el himno de la Europa League en lugar del de la Champions antes de arrancar un partido que se le torció al Villarreal nada más empezar. En su primera llegada, el Copenhague transitó con rapidez y López puso un buen balón al área para Elyounoussi, que se coló totalmente libre de marca entre los dos centrales y solo tuvo que empujar con el interior del pie para abrir el marcador. No fue fruto de la casualidad sino de la valiente propuesta del conjunto danés, que sorprendió a los de Marcelino en el arranque.
El equipo de Jacob Neestrup, no tan necesitado como los amarillos gracias a los cuatro puntos que han sumado tras lograr su primera victoria la pasada jornada, salió dispuesto a plantar cara, yendo arriba con todo cuando lograba recuperar el balón. Zague, casi más extremo que lateral, mantenía un bonito duelo con Pedraza, el más entonado del Villarreal en el arranque, multipiplicándose para tapar agujeros en defensa y generando a la vez peligro con sus subidas.
Generando ocasiones
El Copenhague daba sensación de peligro cada vez que se acercaba por el área local, con el jovencísimo Dadason como referencia arriba, bajando el balón y generando segundas jugadas. Rafa Marín desvió con el tacón un disparo de Robert tras un peligroso contragolpe y estuvo también providencial para cortar un peligroso pase de Zague desde la línea de fondo.
Al Villarreal le costó entrar en el partido, quizás por el escaso protagonismo de Moleiro, pero con el paso de los minutos fue entrando en calor y generando ocasiones. La primera la tuvo Comesaña, tras recuperar él mismo un mal pase de Pereira en la salida del balón, pero el gallego no pudo rematar bien en boca de gol el pase de Pepe, que también rozó el gol en un cabezazo salvado por Kotarski. El portero volvió a tirar de reflejos para sacar un remate de Rafa Marín ya al filo del descanso, al que el equipo de Marcelino llegó con mejores sensaciones que su rival.
Lo confirmó el arranque del segundo tiempo, al que el Villarreal salió con casi toda la artillería que le quedaba en el banquillo. Akhomach, uno de los recambios de Marcelino puso un balón en el área que no pudo rematar Oluwaseyi pero sí Comesaña lanzándose en el segundo palo en pugna con su marcador.
Marcelino consuela a sus futbolistas tras el pitido final.EFE
La alegría le duró un suspiro al Villarreal, que vio cómo el Copenhague volvía a adelantarse nada más sacar de centro tras la enésima internada de Zague y el centro de este que remató Achouri en el segundo palo. Pudo ser peor la cosa si Dadason llega a dirigir mejor un cabezazo que se perdió fuera por poco.
Perdonó el Copenhague y lo castigó el Villarreal, que volvió a igualar en la siguiente jugada, tras una recuperación de Pedraza, una contra marca de la casa y la buena definición de Oluwaseyi.
Con tiempo suficiente, los de Marcelino trataron de completar la remontada pero les faltó acierto en el remate, el que no tuvieron Akhomach o Ayoze en las dos mejores ocasiones amarillas y el que sí mostró Cornelius en el 90 para liquidar definitivamente las opciones del Villarreal de alcanzar las eliminatorias de una Champions para olvidar.
No por ser algo que se repita una y otra vez pierde verdad:el fútbol es un deporte caprichoso. Jules Koundé, que podría haber sido el gran villano de la noche para el Barça con un par de desconexiones defensivas que podrían haber salido carísimas y que, además, quedó bastante retratado en el primer gol del Eintracht, acabó por erigirse como el héroe de la noche con un triple estreno salvador. Por un lado, marcó por fin en la Champions con la elástica azulgrana. Por el otro, fueron sus primeros goles en el Camp Nou. Y, finalmente, lo hizo además con el primer doblete europeo de su carrera, con dos tantos que llegaron tras un remate de cabeza inapelable a centro de Marcus Rashford y otro, como mínimo afortunado, tras un balón colgado por Lamine Yamal.
"Estoy seguro que en el segundo no quería rematar, pero se lo preguntaré", señaló Pedri en Movistar Plus. "Koundé trabaja mucho, se lo merece, le va a venir bien y estoy muy contento por él", apostilló. "Queríamos empezar en el Camp Nou ganando y nos lo han puesto difícil. En la primera parte han encontrado ese gol y metían a mucha gente atrás, pero ajustamos cosas, sobre todo con gente por dentro. En la segunda parte hemos salido mejor y hemos encontrado los goles", analizó el canario. "Intento hacerlo lo mejor posible para que el juego sea lo más fluido. Ahora mismo me encuentro bien físicamente y ojalá sea así toda la temporada", recalcó el '8'.
"Estoy contento por la victoria, son tres puntos muy importantes. En cuanto a los goles, a veces toca y era mi día. Hemos controlado la primera parte, nos marcan en la única que tienen, nos faltó arriesgar más con balón, pero en la segunda parte hemos metido esa marcha más y han llegado los goles. Nos ha tocado sufrir, pero son tres puntos vitales", explicó Koundé.
"a veces hay que tener suerte"
"El primero es algo que habíamos trabajado en los entrenamientos. Mi trabajo era llegar, porque sabía que a Rashford le gusta poner esta clase de balones. El segundo, con la rosca, trato de meterlo en la zona, pero se va a la red. Me quedé un poco sorprendido, pero a veces hay que tener suerte", señaló el defensa, dándole así la razón a Pedri.
"Son tres puntos muy importantes. Hemos controlado el partido, ha sido un encuentro muy difícil, porque han defendido muy abajo", analizó Hansi Flick. "Ahora, tenemos que centrarnos en nosotros y sacar seis puntos más", arengó el alemán, quien se mostró comprensivo con la reacción de fastidio de Lamine Yamal cuando decidió cambiarlo para darle entrada a Roony. "Lamine ha tenido una pequeña decepción en el cambio, pero tenía amarilla y necesitaba piernas frescas", se justificó el técnico.
El Atlético de Madrid de Diego Simeone vive en una situación quizás paradójica respecto a su rendimiento. Una situación que le valió cuatro de siete preguntas en la previa del duelo ante el PSV, en el que finalmente consiguió romper la dinámica. Se trata, claro, del desempeño de su equipo lejos del Metropolitano. Y lo cierto es que seguidores y detractores tienen argumentos en un sentido o en otro. "Alivio no, me pone contento. El equipo está trabajando bien. Hay dos maneras de jugar: hacerlo bien o hacerlo mal, de una nadie te asegura ganar y de otra casi seguro que pierdes", apuntó Simeone tras su triunfo en Eindhoven.
Igualmente, poca defensa tienen los resultados del equipo esta temporada. "Falta contundencia" transmite el Cholo en cada rueda de prensa, "la mayoría tiene problemas cuando juega fuera de casa, y bueno, nosotros tenemos los nuestros", expresó tras la última derrota en Bilbao. Los suyos son, principalmente, que sólo ha sacado nueve puntos de los 24 posibles en liga lejos del Metropolitano, un 37,5%, y sólo tres de nueve posibles en Champions League, los del ayer.
Lo curioso de todo es que en siete de los ocho duelos de este curso en la competición doméstica, el Atlético comenzó mandando en el marcador. Sólo en Bilbao se mantuvo el empate hasta que Berenguer lo rompió a cinco minutos del final del tiempo reglamentario. Lo que indica que el equipo no supo conservar la ventaja sea porque dio un paso atrás o porque los jugadores de los que dispone el Cholo tienen otras características de los que dispuso en sus primeros años en la entidad rojiblanca. Como ante el PSV que a punto estuvo de desperdiciar una ventaja de 1-3 en el marcador.
De hecho, esta sequía fuera de casa es quizás un mal relativamente nuevo y que contrasta más porque el equipo tiene en el Metropolitano un fortín. El curso pasado el estadio rojiblanco vivió 28 partidos sin perder, racha que rompió precisamente Berenguer con un gol de penalti para el Athletic, aunque fue en Copa del Rey. Sin embargo, lejos de él, el equipo en Liga sólo sumó 30 puntos de los 57 posibles. Si sumamos este año, de los últimos 27 duelos a domicilio los colchoneros han conseguido 10 victorias, seis empates y ocho derrotas. Si hablamos de Champions, de los tres duelos este curso son dos derrotas y una victoria.
El contraste, claro, viene con los datos históricos de Simeone, el entrenador de Primera División con más victorias a domicilio, 125 de 255 duelos, un 49%. Lógicamente, es uno de los más longevos tras 14 temporadas en el cargo. Su desempeño en Champions es parecido ya que ha vencido en 61 duelos de 120. De los 61 partidos que ha jugado lejos del Metropolitano, ha ganado en 21, un 34,4%.
Resurgir de los delanteros
Si hay un perfil que representa bien los problemas que está teniendo el Atlético fuera de casa es Julián Álvarez. El argentino llevaba 10 tantos esta temporada y sólo uno lo hizo a domicilio, una preciosa falta en el duelo que arrancaba este curso ante el Espanyol en Cornellá, aunque luego los rojiblancos terminarían perdiendo. Ayer se desquitó con el tanto que empataba el duelo en Países Bajos. "Son cosas que tenemos que mejorar. A veces por detalles se definen las cosas. Estamos trabajando bien. Los detalles marcan la diferencia, pero hay que estar en todos", explicó el argentino.
Un mal que afectaba por igual a Sorloth, sus cuatro tantos son en el Metropolitano aunque ayer hizo el quinto en Países Bajos, y a Griezmann, que le pasa lo propio en sus cinco dianas. "Hoy nos echó una mano enorme en un encuentro muy difícil. Arriba ganó todo y eso da un respiro al equipo", alabó al ariete noruego que se llevó el MVP del duelo.
Koundé fue el héroe de la epopeya que escribió el Barça ante el Eintracht. Durante muchos minutos, los alemanes fueron los protagonistas de loque apuntaba a ser otra tragedia europea. Dos goles en tres minutos permitieron respirar a los azulgranas, que siguen con pocas opciones de estar en el top-8. Tienen que dejar de temblar y afilarse. [Narración y estadísticas (2-1)]
No se encontró el Barça al equipo más goleado de la Bundesliga y al segundo que más ha encajado también en la Champions, sino a uno que se amuralló con la intención de sobrevivir y se encontró con la posibilidad de ganar. No le hizo falta jugar ni siquiera quitarle la pelota a los azulgrana más de una o dos veces, porque les inyectaba el veneno suficiente para plantarse ante Joan Garcia con opciones de hacer mucho daño.
Y eso que comenzó amenazando Lewandowski para afinar la puntería en un pase de Raphinha que acabó en gol anulado por un fuera de juego de la punta de la bota del brasileño. Amasaba Pedri el fútbol del Barça buscando el hueco en una defensa bien armada y, si en el área no se podía, había que probar desde fuera, como hizo Gerard Martín con un disparo que salvó Zetterer. Fue la única parada del meta alemán.
Demasiadas prisas
Poco más hizo el equipo de Flick en la primera parte, atosigado, sin que apenas apareciera Lamine, con Raphinha intentando multiplicarse por todos los perfiles y Fermín ahogado. Lewandowski solo era un espectador.
Estaba cómodo el Eintracht porque tenía claro el plan, y le salió a los 20 minutos. Un robo del central Brown y una cabalgada para asistir a Knauff, colándose a la espalda de Gerard Martín, y que batiera la portería azulgrana. Desde ese momento, el Barça se ofuscó. Había demasiada prisa por empatar. Volcado en campo alemán, ni el periscopio de Pedri fue capaz de encontrar la grieta en el muro, a lo que se unió una gran imprecisión. A Fermín le arrebató la igualada Koch y, desde esa suficiencia, el Eintracht pudo irse al descanso con más ventaja si Eric García no hubiera frenado otra carrera de Knauff, que incluso asistió a Skhiri para un cañonazo que rozó la madera en el añadido.
Tenía que revolucionar Flick a su equipo y le encargó la tarea a Rashford. Se acostó el inglés en la banda izquierda para dejar que Raphinha fuera una amenaza en la media punta. Parecía que iba a costar levantar el partido, con Joan Garcia de nuevo frenando a Knauff, pero el remedio tuvo efecto, con Koundé de protagonista.
Doan, tras errar una ocasión en el Camp Nou.AFP
Al borde del área pequeña cabeceó un centro dibujado de Rashford desde la orilla izquierda y, apenas dos minutos después, Lamine hizo que lloviera un balón al segundo palo que el francés, de otro testarazo, cruzó al fondo de la portería de un atónito portero germano. No entendía el Eintracht qué demonios había pasado para verse con el marcador en contra en dos zarpazos.
Para no perder la efervescencia, saltó al campo Ferran Torres. Sus dos primeras jugadas hicieron contener la respiración al banquillo de Dino Toppmöller. La idea era seguir amenazando, pero sin arriesgar el orden que podía permitir al Eintracht correr con peligro, como intentó. En esa tarea tenía que aparecer De Jong. Al Barça le había costado aprender la lección, pero se agarró con uñas y dientes a otra remontada.