Reproduce la red que tuvo en el Madrid, con los ‘Joaos’, Balde, Yamal y la relación con su ex Deco. El técnico toma aire ante el Atlético pero se siente muy criticado
El personaje cinematográfico más longevo es un agente secreto: “Bond, James Bond”. Desde 1962 hasta nuestros días, el miembro del MI6 creado por Ian Fleming no sólo ha cambiado de piel, desde Sean Connery a Daniel Craig, sino que se ha adaptado a los
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La 'matrioshka' es la muñeca tradicional rusa, aunque su origen pudo estar en juguetes similares creados en Japón, que habrían sido adquiridos por comerciantes rusos a finales del siglo XIX. Una muñeca sucede a otra cuando se abren, por lo que la 'matrioshka' se ha convertido en una metáfora en madera de la sucesión, con modelos aplicados incluso a la caricaturización de la política que durante tantos años podía costar una vida en el Gulag, desde
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El Bernabéu ha conocido a pocos enemigos como Guardiola, que en otro tiempo era Atila sobre su hierba arrasada. Ahora es un general herido, descompuesto, que habla consigo mismo en la zona técnica del campo como lo hace un preso en su celda. Esa imagen no es ya la del Atila implacable, más cercana a la de Napoleón en Santa Elena, lejos de la gloria, lejos de un imperio perdido. En esa situación también sabe Guardiola que no hay peor enemigo que el Madrid, un equipo impío. Mbappé es su nueva arma, un futbolista de mirada y disparo en el mismo movimiento. Tres veces lo hizo, tres goles que resumen el catálogo de un prodigio.A la primera, el francés ejecutó al anticristo del Bernabéu, por el que el madridismo siente una extraña mezcla de odio y admiración. Guardiola cayó al alba para observar en su agonía la eternidad blanca personificada en un futbolista hecho a la medida de su historia. [3-1: Narración y estadísticas]
El gol de desventaja con el que llegaba el City después de la ida era una ventaja con trampa para el Madrid cuando lo que se juega es un partido de la aristocracia, aunque sea en estos extraños playoffs de una extraña Champions. Ancelotti no se fiaba. Nadie. El fútbol de Guardiola es envolvente, por lo que el peligro crece con el pasar de los minutos que es el pasar de la pelota. Para eso hizo un equipo, con Nico titular, pero acompañado por Bernardo Silva y Gündogan, dos vacas sagradas en el ocaso. Pedirles presión es pedir lo imposible. Por ahí empieza la descomposición que esta temporada es como un desplome. Ningún gran imperio cae poco a poco. Se derrumban en proporción a lo que han sido.
El gran pase de Asencio
El Madrid lo sabía, sentía el rastro de la sangre con la que llegaba al Bernabéu, porque la había olido en Manchester, donde sólo el destino le privó de una goleada de escándalo. Partió, pues, a cumplirla ante su gente. A la primera, lo consiguió. Asencio lanzó un pase vertical que recordó el que le dio a Bellingham en su debut. El receptor fue Mbappé, que ganó la posición entre Ruben Días y Stones, y lanzó una vaselina sobre Ederson. La conexión del gol tiene una interesante lectura, pues enlaza al último de la cantera con el gran fichaje del año. Los Zidanes y Pavones son, hoy, Asencio y Mbappé.
El primer eslogan de Florentino Pérez parece superado, pero el anclaje del central canario es un mensaje al club y a Ancelotti. Con Rüdiger de vuelta, el italiano no lo sentó y pasó a Tchouaméni al centro del campo para dar su sitio al canterano. Asenció respondió en modo Sergio Ramos, inyectado, rápido en los cortes y preciso no sólo en el pase del primero gol, sino en los pases verticales para romper líneas.
Mbappé, ante Ederson.OSCAR DEL POZOAFP
Fred Astaire y John Wayne a la vez
La maniobra sentó, asimismo, mejor a Tchouaméni, junto a Ceballos, hiperactivo, y Bellingham en el centro del campo, a los que se unía Valverde desde el lateral. El uruguayo tiene físico para estar en todas partes. Rodrygo y Vinicius acompañaron a Mbappé, siempre en movimiento, en vertical o en horizontal. El francés es capaz de correr sin mirar el balón pero con el conocimiento de donde llegará, como si llevara un GPS. Lo hizo en el primer tanto al espacio abierto. Del mismo modo, puede dar pasos de claqué en espacios cortos sin pisar a nadie, sólo el balón, y encontrar la salida. Sucedió en el segundo de sus tantos, después de un recorrido coral que conectó a todos sus atacantes, como una ola de lado a lado del estadio hasta llegar a la orilla. Era la red de Ederson. Mbappé fue Fred Astaire y John Wayne en la misma acción: claqué y disparo. En el tercero, ya en el segundo tiempo, colocó el balón en la esquina de Ederson tras una bicicleta y cambio de ritmo sobre su defensor. Ooh la, la!!!
El partido de Mbappé es el partido que se espera de quien ha llegado al Bernabéu para ser el nuevo icono del fútbol, con permiso de Vinicius. Lejos queda aquel penalti errado, el colapso de Anfiled. El partido de Mbappé, con su hat-trick, fue, no obstante, el partido más redondo esta temporada del Madrid, el gran Madrid de la Champions, que ahora deberá verse en octavos ante el Atlético o el Bayer Leverkusen de Xabi Alonso. El viernes lo sabremos. Después de este acto, el Madrid cambia su paso tras una primera fase deficiente. Ningún equipo es capaz de pasar de cero a 100 como los blancos, reyes de la Champions y reyes de las emociones. Es el que da miedo al resto.
A 100 por hora siguió en un partido que el Bernabéu no quería que se acabara, como esas series que se siguen hasta la madrugada, aunque con Mbappé ya aplaudido y sustituido. Haaland, lesionado, lo observó todo desde el banquillo. Sólo el agonizante Guardiola quería darle al off, porque ni el gol de Nico evitaba lo que había empezado con el primer disparo al alba.
La irrupción de Léon Marchand en el olimpismo ha sido tan brutal e incontestable que parecería exagerado decir que, en una sola semana, este francés de 22 años ha entrado en el Olimpo de la natación. En realidad, es cierto, porque los cuatro oros con los que deja París como ídolo local y como estrella de estos Juegos, rendido a su eclosión en el cuarto el propio Emmanuel Macron, en la grada de La Défense, son comparables a las hazañas de algunos de los grandes de la historia, como Michael Phelps, Mark Spitz, Ian Thorpe o Alexander Popov.
Es cierto que las cosechas de los mencionados son mayores, porque compitieron en varias citas olímpicas, pero también lo es que todos hicieron granero al nadar las pruebas de relevos, algo que Marchand no ha realizado en París. Francia, que se emociona con el regreso a la natación y al podio de Florent Manaudou, a sus 33 años, no tiene un relevo ganador que ofrecerle. Colectivamente, no son sus mejores tiempos, pese a Marchand, no le sucede como a la ejemplar natación italiana. Que España tome nota.
Cuando Phelps ganó ocho oros en Pekín 2008 o Spitz siete en Múnich 1972, tres y dos, respectivamente, llegaron en los relevos y cinco fueron individuales. Marchand ha empezado por cuatro sin ayuda de nadie, las cuatro victorias que mostraba en su mano tras alcanzar la última meta, en los 200 estilos, a ritmo de récord del mundo hasta las tres últimas brazadas. Llegará. También más victorias.
El libre, estilo por explorar
Marchand confirmó en su última participación que es un nadador de estilos colosal, algo que le acerca a Phelps, con el que comparte entrenador, Bob Bowman. Si algo le diferencia de otros de los grandes nadadores de la historia es que no acomete las pruebas individuales del estilo libre, un terreno por explorar junto a Bowman. El último 50 de los estilos, el del libre, apunta a un nivel altísimo. El futuro lo dirá. En cambio, ha dominado la braza de una forma asombrosa. Un estilo en el que se prodigan nadadores más compactos físicamente. Marchand es longilíneo, con un cuerpo púber, hecho que favorece su nado subacuático, básico para establecer diferencias.
El francés ha nadado los 200 y 400 estilos, los 200 braza y los 200 mariposa más rápidos de la historia de los Juegos. Los récords olímpicos parecen devaluados, debido a unos años de locos, entre bañadores de poliuretano, los que usaba Phelps, y textiles, pero lo conseguido por este nadador de 22 años son palabras mayores. Ha nadado más rápido que Phelps en Pekín. En los 400 estilos ya arrebató el récord a Phelps (4.02.50). En el 200 estuvo en tiempos de conseguirlo en los tres giros. Para batirlo le faltó oposición. Acabó en 1.54.06, a seis centésimas de la plusmarca de Ryan Lochte (1.54.00), un nadador imponente que tuvo la mala suerte de coincidir con la era Phelps. Era su eterno segundo. El Olimpo de la natación también debería tenerle reservado un sitio, pese a verse privado habitualmente del oro, salvo en los relevos.
La siguiente pregunta es hasta dónde podrá llegar Marchand después de París, donde ha contado con un apoyo poco común en la natación, con un público que jadeaba en cada una de sus brazadas. París necesitaba un héroe y lo ha encontrado en el joven de Toulouse. La responsabilidad, sin embargo, también era un peso en los Juegos en su país, algo que sufrió Thorpe en Sidney, pese a las medallas. Marchand, en cambio, ha demostrado una concentración excepcional. Ni siquiera el desafío del 200 mariposa frente a Kristof Milak, mejor en las series, las semifinales y hasta los primeros 150 metros de la final, lo hundieron. Emergió como una orca asesina y voraz para transformarse fuera de la piscina, con su rostro dulce y aniñado, y los cabellos de un dios griego. El Olimpo es su lugar.