Un Madrid sin cerebro, sin saber como se juega al fútbol, al final derrumbó la voluntad del Espanyol, gracias al poder técnico de sus futbolistas, que continuamente resuelven los conflictos del equipo. Lo imposible sucedió cuando el Espanyol logró un tanto gracias a un error increíble de Courtois. La suerte es que pocos minutos después, otro fallo grosero de Joan García le regalo a los madridistas el empate.
Desde ese momento, el equipo blanquiazu
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"Hablad despacio, está un poco nervioso". Y ahí sale Arda Güler, con la sonrisa tímida de quien se estrena en una zona mixta, rodeado de preguntas y cámaras. Lleva dos temporadas en el Real Madrid, pero para el turco de 20 años este Mundial de clubes está siendo una pequeña revelación dentro y fuera del campo. La llegada de Xabi Alonso parece haberle convertido en el nuevo centro de gravedad del conjunto blanco, sumando una segunda parte consistente ante el Al Hilal, y el club, consciente de la pasión turca que se genera en redes sociales, le abrió en la previa del Pachuca las puertas del foco mediático por primera vez desde la rueda de prensa de su presentación y repitió presencia tras su gol a los mexicanos.
"In english", pide a los periodistas. Sus respuestas son concretas, cortas y en un acento fácil de entender, manteniendo las manos detrás de la espalda. Posición recta para calmar la tensión. "¿Qué quieres?", bromea en castellano cuando le piden alguna palabra en el idioma. "Con míster todo bien ahora. Vamos a ver", se ríe por su español. "Mejor centro que banda", analiza, y cuando el periodista insiste por su puesto, mezcla idiomas por el nerviosismo lógico del momento: "Ahora... I don't know. No sabe, no sabe. Yo quiero sólo jugar. Buen feeling". Y se va, agradeciendo a los medios el trato en su debut como portavoz del Madrid.
Unas horas después, Alonso le dio la titularidad en el segundo duelo del Mundial, Güler brilló, marcó su primer gol en el torneo, fue el eje del Madrid y volvió a zona mixta más relajado, haciendo un gesto y riéndose al ver de nuevo a los periodistas. "¿In spanish?", bromeó de primeras. "Muy bien pase de Trent, muy bien pase Gonzalo, muy bien entrado... Y muy bien", respondió sobre su gol, también entre risas. "Más contento porque yo en el medio", vuelve a analizar en tímido castellano.
Alaba y Rüdiger, claves
Con estas dos zonas mixtas de Arda Güler se entienden algunas cosas de los dos años que ha vivido en el Madrid. Meses de no jugar, de aguantar, de mejorar físicamente y de momentos en los que parecía no entenderse con Ancelotti: "Veo a un jugador que trabaja, aprende y quiere jugar. Esto es una pequeña parte del tiempo que yo paso con él y él pasa mucho tiempo con otras personas. Esto es una falta de comunicación", declaró el italiano en febrero de este año, cuando el caso Güler estaba en las portadas.
Esa falta de comunicación se plasmó en el inicio del día a día de Arda, que llegó al club con 18 años, hablando poco inglés y sin idea de español. Se pegó a David Alaba y a Antonio Rüdiger, que hablaban algo de turco al crecer con inmigrantes en Viena y Berlín, y a Thibaut Courtois, que jugó con Arda Turan en el Atlético y sabía algunas palabras, pero le costó.
El remate de Güler que valió el 2-0 ante el Pachuca en Charlotte.AP
En el vestuario le llaman "Arda Abi" también por otro problema de comunicación. El turco, "un chico muy muy educado", cuentan en Valdebebas, empezó llamando 'Abi' a veteranos como Luka Modric, una palabra que en turco significa "hermano mayor", y algunos en el vestuario creían que se usaba para todo el mundo. "Buenos días, Arda Abi", le dicen ahora.
Así que después de dos años, 'Arda Abi' ha saltado del banquillo al campo y del vestuario a las zonas mixtas. Asume el foco del Madrid y Xabi Alonso lo agradece: "Es de esos jugadores que debe estar cerca del balón. Cuantos más toques dé, mejor va a jugar. El otro día firmó un gran partido", aseguró el técnico.
"Queda mucho Arda", respondió Güler en sus últimas palabras ante los medios. Un fin de semana que le empuja hacia los focos.
Vivimos tiempos extraños. La verdad se ha convertido en un concepto tan demodé que los terraplanistas campan a sus anchas por los platós, las ondas y las redes. Unos te intentan convencer de que el agua de los océanos no se curva y otros de que existe una conspiración arbitral contra el Real Madrid. Cosas veredes, amigo Sancho.
Lo único bueno es que, una vez digerido el estupor inicial, los defensores de lo indefendible nos regalan altas dosis de comedia. Lo que estamos viviendo con la roja a Bellingham es antológico. Resulta que el sector conspiranoico del madridismo, alentado por sus medios oficiales y no oficiales, lleva desde el sábado defendiendo que el inglés dijo «fuck off!» y no «fuck you!», como escribió Munuera Montero en el acta. De repente, un montón de gente que aún dice «furgol» es capaz de interpretarte una letra de Bob Dylan con precisión cirujana.
Bien, asumamos que vivimos en un país plagado de lectores de labios y que partes claramente no interesadas como el propio jugador y su entrenador dicen la verdad, aceptemos que dijo «fuck off!» y no «fuck you!». Sea. Comprado. Es decir, en vez de mandar al colegiado a tomar por culo, lo mandó a la mierda. ¿En qué mundo soltarle un «¡vete a la mierda!» al árbitro no es roja? ¿De qué diablos está hablando esta gente? ¿Están esos fantasmas en esta habitación con nosotros?
Cabe recordar que todo esto sucede una semana después de que Bellingham le gritara al linier dos «fuck you!» como dos soles en el derbi, perfectamente registrados por el micro de ambiente y sin castigo. Tal vez al Madrid debería preocuparle, más que la expulsión, cómo este ambiente enloquecido que promueve está convirtiendo a un chaval que llegó siendo un gentleman en un hooligan.
Si me preguntan a mí, los penaltis por los que claman, el de Camavinga en Pamplona y el de Tchouaméni contra el Atleti, no deberían serlo. Pero si me preguntan a mí también deberían estar prohibidas las camisas de manga corta, la quinoa y Arde Bogotá, pero aquí estoy buscando un festival donde no toquen este verano. ¿Qué quiero decir con esto? Que lo que ustedes y yo opinemos importa una mierda porque la ley es la ley. Los pisotones son penalti, la tierra es redonda y no doy crédito a tener que escribir esta frase. Tiempos extraños, en efecto.
Qué forma tan cojonuda de perder, ha dicho Guardiola. Y en esa frase viaja toda una preceptiva literaria que delata a los malos escritores, que son cuantos ignoran que se escribe con los verbos y no con los adjetivos, del mismo modo que se gana metiendo goles y no amontonando saques de esquina. Conste que sé apreciar esta versión madurada de Pep, más preocupado de profesar el debido respeto al rey de Europa que de construir una nación imaginaria;
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