Emery engorda su historia europea haciendo campeón de la Europa League al Aston Villa

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Unai Emery no es un mago, pero no es descabellado pensar que tiene poderes. Al menos cuando disputa la Europa League. Final que juega, título que gana. Tras Sevilla y Villarreal, ahora ha llevado al Aston Villa a la gloria. Una sequía de cuatro décadas se rompió bajo el cielo de Estambul, triturando al Friburgo hasta desdibujarlo para ser campeón. No es magia, es disección de rivales hasta la obsesión, concentración, esfuerzo, mentalidad ganadora. Es el reto permanente para él mismo y sus jugadores, que comprueban que sus herramientas les hacen mejores. Todo eso es Emery, Mr. Europa League.

En esta final, durante muchos minutos pareció que no pasaba nada. El Friburgo necesitaba sacudirse los nervios de novato y el susto que le provocó que, en el minuto 2, Atubolu tuviera que volar para despejar un peligroso disparo de Morgan Rogers. El Aston Villa no tenía prisa. Mandaba y consiguió instalarse en el borde del área de los alemanes, donde Watkins se batía en duelo con Lienhart, pero aparecían poco sus mejores escuderos: Emi Buendía y el capitán John McGinn. Se acercaban los villanos y Rogers fue el siguiente que probó con un tiro lejano que no pudo ajustar entre los tres palos.

Necesitaba el Friburgo subirse al partido y lo hizo a balón parado, un arma que manejan los dos equipos y que tardó en aparecer para acabar siendo decisiva. En el minuto 17, Grifo puso una falta al corazón del área y el rechazo de Lindelöf lo cazó Höfler, en su despedida del fútbol profesional, con un disparo que rozó el palo del Dibu Martínez. No habían amenazado ni el veterano Grifo ni Beste. Pocas ocasiones y poco riesgo en la primera media hora, aunque todo empezó a cambiar.

El equipo de Julian Schuster se soltó y Matanovic, correoso, le robó el balón a Tielemans para asistir a Manzambi, que se precipitó con un tiro lejano que atajó el meta argentino con comodidad. La réplica la dio Oli Watkins, que se empachó de recortes y no vio cómo McGinn aparecía solo por el costado izquierdo del área. Solo era cuestión de elegir bien, porque al Aston Villa le costaba muy poco armar peligro. Antes de que se desataran sus minutos más voraces, Manzambi rompió a Cash por la orilla izquierda y puso un centro perfecto que no encontró rematador.

Cuando el descanso asomaba, los villanos inclinaron la final. Digne, sujetado en defensa durante demasiados minutos, provocó el primer córner en el minuto 40. Oro puro para Unai Emery, que tiene una pizarra mágica. La varita, en realidad, la maneja su ayudante, Austin McAfee, que le ha dado hasta 25 goles en una temporada. En Estambul, encarriló el primer trofeo europeo en 44 años. Digne se apoyó en corto en Morgan Rogers y, cuando todos esperaban un centro al área, la puso en el pico contrario, donde apareció Tielemans para marcar con un golpeo seco en diagonal. Ahí comenzó un agobio que llevó al Friburgo a pedir la hora. Se temía lo que pasó. En el añadido, Buendía amplió el marcador con un zurdazo de rosca imparable.

Volvió a demostrar Emery que maneja como nadie el arte de maniatar a los rivales, porque los alemanes no lograron recomponerse en el inicio de la segunda parte. Ni cuando Watkins estuvo a punto de cazar el tercero, que no tardó en caer.

Ocurrió cuando Buendía quiso. Apareció por la banda, quebró dos veces a Kübler y asistió a Rogers que apareció en el primer palo para empujar la pelota donde el cancerbero alemán ya no llegaba. No había dudas de que la Europa League iba a viajar a Birmingham. No solo por el abultado resultado, sino por las pobres sensaciones del Friburgo, que suspiró aliviado cuando ni Waltkins ni Buendía ni McGinn fallaron el cuarto. Era suficiente para enloquecer hasta al Príncipe Guillermo, un villano más en el palco.

kpd