El entrenamiento de ayer en Valdebebas, abierto un cuarto de hora a la prensa, se inauguró con una conversación entre Álvaro Arbeloa y Vinicius. Un breve diálogo, justo delante de los numerosos micrófonos y cámaras que les apuntaban, donde el capitán y el entrenador del Real Madrid discutían sobre la conveniencia de las multas para acabar con algunos actos de indisciplina en el vestuario. Una hora más tarde, durante su rueda de prensa, Arbeloa quitó toda importancia a lo sucedido. «Ha sido una anécdota graciosa y nada más», zanjó, con una sonrisa, alegando que algunos de sus jugadores habían tardado más de la cuenta en saltar a la sesión preparatoria «porque estaban peinándose o echándose colonia».
Hubiese o no una excesiva dramatización por parte de Arbeloa, que en las horas previas de su debut frente al Levante ya había posado absorto junto a las 15 Champions, no parece buen momento para el excesivo celo en los cuidados faciales. Son días de aguas turbulentas y el Bernabéu sabe del poder de su dedo acusador. Hoy, frente al Mónaco, la afición no sólo volverá a pasar revista a sus futbolistas, sino que calibrará también el grado de responsabilidad de Florentino Pérez. Las escenas de máxima tensión vividas el sábado podrían repetirse en caso de que hoy vengan mal dadas frente al Mónaco. Sin embargo, Arbeloa no quiere saber nada de esa fractura en el madridismo.
«Sé cómo es el público del Bernabéu. Si hay algo que es, es justo y nos toca a nosotros cambiar esos pitos por aplausos. Que vean el esfuerzo, la calidad y el juego que les gusta. Estamos trabajando en ello y sabemos que van a estar de nuestro lado. El público quiere que su equipo transmita la emoción y pasión que siente por el Real Madrid», reveló el ex técnico del Castilla. Poco importa ahora que el Mónaco haya perdido siete de sus últimos ocho partidos en la Ligue 1. La única prioridad son los tres puntos con los que consolidarse en el top-8 y evitar una eliminatoria previa antes de los octavos de final.
"No me van a engañar"
Para alcanzar ese objetivo, Arbeloa tampoco va a renunciar a algunas maniobras de distracción, como las que ya apuntó tras el 2-0 del sábado, a propósito de quienes reclamaban la dimisión de Florentino. «Sé que hay campañas para debilitar al Real Madrid y sé por quién están organizadas. No me van a engañar. El máximo respeto y agradecimiento al Bernabéu, porque conmigo siempre se han portado excepcional y quieren lo mismo que yo, ganar títulos», subrayó ayer, sin hacer mención a las voces contra el presidente. Cuando le reclamaron más detalles sobre esa presuntas maniobras orquestadas optó por una excursión por la tangente: «Los periodistas sois vosotros».
Hoy, el preparador blanco no podrá contar con Rodrygo, aún renqueante de sus molestias musculares, Brahim Díaz, tras su derrota en la final de la Copa de África, el sancionado Álvaro Carreras, y los lesionados Trent Alexander-Arnold, Eder Militao, Antonio Rüdiger y Ferland Mendy.
El regreso Champions, el martes ante el Mónaco (21:00 horas), servirá otra vez como termómetro para medir el nivel de furia del Bernabéu contra los futbolistas del Real Madrid y contra su presidente, Florentino Pérez. Un plebiscito que Kylian Mbappé comprende en su justa medida. "Es algo que entiendo. Entiendo a la gente. Yo mismo lo hacía de joven, cuando acudía a un estadio. La única oportunidad de expresar su sentimiento es ir al estadio y pitar. Pero si pitan, que nos piten a toda la plantilla, no sólo a algunos futbolistas", relató el delantero durante su rueda de prensa.
Se refería Mbappé a las broncas dirigidas contra Vinicius, Jude Bellingham y Fede Valverde durante el triunfo ante el Levante. "Antes que nada pienso en Vini. No es su culpa cómo jugamos. Es culpa de toda la plantilla. Entiendo perfectamente que piten, pero a toda la plantilla"; reiteró el '10'. Cuando le insistieron sobre si debía dar algún consejo a su compañero brasileño, optó simplemente por el elogio. "Mi responsabilidad es cuidarle y protegerle para que se sienta bien y feliz, porque cuando es así, es un jugador totalmente diferente".
Había salido Mbappé con las ideas muy claras ante los periodistas, sin rehuir el choque y muy consciente del mensaje de unidad que quería transmitir. De modo que cuando le preguntaron por la situación de Bellingham tampoco titubeó a la hora repetirse, aunque fuese en inglés. "Nadie duda de la calidad de Jude, es un momento complicado para él, como para todos. Podemos aceptar que no estén contentos con nosotros, pero tienen que tratar a todos por igual, que no se centren en uno", insistió, antes de lanzar un par de vaticinios. "Si la gente ve que nos estamos esforzando, van a volver con nosotros y en el futuro nos reiremos cuando recordemos estos momentos", presagió.
Respecto a la situación del vestuario tras el despido de Xabi Alonso, el capitán de la selección francesa admitió la crisis, aunque también lanzó sus pullas contra la prensa. "Claro que han pasado cosas, pero hay muchas también que no son verdad. A veces se dice algo que es cierto, pero el 90% restante lo inventan", advirtió.
Ese clima tan enrarecido con todo lo que rodea al vestuario también ha servido de argumento para Álvaro Arbeloa. Justo después del 2-0 al Levante, el nuevo técnico ya advirtió de que los pitos contra el presidente provenían de "gente que no quiere" al Madrid. Esta vez reincidió en su análisis, aunque sin extenderse en detalles. "Las pitadas debilitan al equipo. Lo que dije el sábado es que sé que hay campañas para debilitar al club y sé por quién están organizadas, pero no me van a engañar", expresó el ex preparador del Castilla.
Respecto a la situación de Vinicius y Bellingham, Arbeloa considera que ambos no deben hacer "nada diferente" al sábado, sino también "correr, esforzarse y mostrar una grandísima actitud como durante la segunda parte ante el cuadro granota. "Ellos también necesitan a la afición para sacar su mejor versión", subrayó.
Quo vadis, Domine? «¿Adónde va, señor?», preguntó Pedro a Jesús mientras intentaba huir de Roma para ponerse a salvo de la persecución de los cristianos ordenada por el emperador Nerón. «Voy a ser crucificado en Roma por segunda vez, porque mis discípulos me abandonan», respondió Jesús. Avergonzado, Pedro le siguió para afrontar el martirio. La expresión Quo Vadis fue utilizada por Henryk Sienkiewicz para escribir la gran novela sobre la decadencia de Roma durante el autodestructivo periodo de Nerón, más tarde llevada al cine por Meryn LeRoy y convertida en uno de los grandes éxitos de taquilla de la historia de Hollywood. Muchos quisieron ver en la obra del escritor polaco, publicada a finales del siglo XIX, una metáfora de las calamidades y falta de rumbo de su propio país: ¿Adónde vas, Roma? ¿Adónde vas, Polonia? La expresión podría servir para preguntarse, hoy, adónde va el Real Madrid.
Florentino Pérez no es Nerón, tampoco Augusto, el fundador del imperio. Es Trajano, con el que Roma alcanzó su máximo esplendor territorial y se realizaron algunas de sus grandes obras públicas. Florentino, que ya lleva al mando del Madrid más tiempo de lo que lo hizo el emperador nacido en la Bética, no pretende quemar el Madrid, como Nerón. Una crisis deportiva, como la que el equipo atraviesa en la actualidad, es un hecho coyuntural, cíclico. Sin embargo, la forma de afrontarla, como el resto de las guerras en las que están inmersos club y presidente, hoy una unidad de destino, tienen tintes autodestructivos. Como si Trajano, al final de su tiempo, hubiera tenido la tentación de ser Nerón.
Miedo al estadio
El Coliseo se edificó después de la era de Nerón, precisamente en los terrenos de los que se había apropiado tras el incendio de Roma que, según algunos historiadores, el propio emperador habría provocado. Florentino ha hecho lo contrario: reedificar el coliseo blanco. Dirigente de amplio consenso entre los socios, como demuestran sus mayorías electorales, afronta a partir de ahora un escenario desconocido, después de escuchar los gritos de «¡Florentino, dimisión!» Nada teme tanto un presidente, desde Núñez a Jesús Gil o Florentino, como la voz de la grada, una voz insobornable, diga lo que diga Arbeloa, acerca de presuntas campañas, como si el último pretoriano del emperador.
Florentino Pérez, en el palco en el partido contra el Levante.JAvier LizónEFE
El maniqueísmo que mostró el entrenador después de la pitada y la balsámica victoria ante el Levante, al decir que sabía de dónde venían los pitos, es, en realidad, una marca de la casa, un rasgo del Madrid de los últimos años, donde cualquier discrepancia se entiende como un ataque. Arbeloa se comportó como uno más en el núcleo duro, una tendencia nociva porque aplasta la masa crítica en el fiel entorno del líder, algo que apenas ejerce uno de sus primeros ejecutivos. Un mal asunto en cualquier sociedad o corporación.
Xabi Alonso también perdió la oportunidad de mostrar su personalidad y acabó devorado y superado por la dimensión del Madrid. El aficionado que esperaba al hombre duro que se enfrentó a Hacienda acabó por encontrarse únicamente con el que anunciaba trajes de El Corte Inglés. Nunca meó con la suya, como dijo Guardiola, que siempre muerde un chile antes de hablar del Madrid. Le pone.
Xabi Alonso abraza a Mbappé tras un cambio.Manu FernandezAP
La preparación física es el mantra que siempre aparece cuando se buscan razones a una crisis, en el Madrid como en el Barça u otros equipos. Junto con el nombramiento de Arbeloa, el regreso de Antonio Pintus, al que algunos en Valdebebas ven como un mago y otros, obsoleto, va a significar mayor control por parte del club de lo que sucede en el día a día del equipo, una aspiración de todo presidente. Arbeloa es, además, uno de los representados por la agencia 'Best of You', bien relacionada con la cúpula del Madrid.
Declaración amor a Vinicius
En el pasado, algunos jugadores llegaron a creer que sólo si fichaban por dicha agencia serían titulares. Estaban equivocados, pero sólo el hecho de que lo pensaran plantea un peligro para el hábitat del equipo. Como también lo es que los futbolistas, con el instinto de los supervivientes, observen al entrenador como alguien que no obra de forma independiente. No hay peor mal para el principio de autoridad en un vestuario. Arbeloa bien lo sabe. Por ahora no se ha separado de la línea oficial, con una declaración de amor a Vinicius, el bien a proteger.
Arbeloa aplaude a sus jugadores desde la banda.Javier LizónEFE
La enmienda de cualquier aspecto respecto del Madrid es interpretada intramuros como una enmienda a la totalidad no sólo cuando se ejerce desde la Liga, la Federación o la UEFA, sino también desde los propios socios. La clasificación que acuñó Mourinho entre madridistas y pseudomadridistas está más vigente que entonces, con una diferencia: Arbeloa no es 'Special One', como el propio técnico del Madrid reconoció.
En varias de las disputas que mantiene el club con los organismos le asiste la razón, pero la guerra contra todo y contra todos le lleva a un aislamiento peligroso en el largo plazo, incluso si se tiene el músculo del Madrid. Acercarse a la FIFA de Infantino como forma de equilibrar su posición en el tablero dado su enfrentamiento con la UEFA tiene sentido, pero sin olvidar que el marco regulatorio en el que residen la mayor parte de sus intereses, sean en la Champions o en la agonizante Superliga, pertenece al organismo de Ceferin.
Malas estrategias contra Tebas y Laporta
El poder suele cometer los pecados de la suficiencia y la impunidad, y pocos se han sentido tan poderosos como Florentino. El caso de los problemas con los conciertos del Bernabéu por incumplir las normas de insonorización es un ejemplo. Difícilmente ocurriría algo así en ACS. La impunidad y la suficiencia menoscaban el sentido de la estrategia. Le faltó al dirigente en el lanzamiento de la Superliga y le falta en la guerra contra Javier Tebas, incluso para testar y recabar el descontento de otros clubes que se reúnen en silencio, cansados de una norma de control económico que consideran «enquistada en el tiempo y utilizada como medida de coacción».
Florentino hizo en la última Asamblea un ejercicio de 'laportismo' con un discurso populista que no se corresponde con el prohombre de la economía. En ese terreno siempre será mejor Laporta, que no sonríe únicamente por las carreras de Lamine Yamal o Raphinha, sino porque en este escenario de hiperactuaciones y rotura de relaciones con el Madrid se siente en su salsa, es el mejor. Con el 'caso Negreira' en el varadero judicial, la guerra frontal da más réditos a Laporta, pendiente de elecciones, que a Florentino. A no ser que Florentino no sea ya el de antes, no sea Trajano.
El "principio de ordinalidad", explicado por la ministra de Hacienda en "monteronés", una variante dialectal del castellano, se traduce básicamente en que, por eso, por orden, reciban más las Comunidades que más aporten. Se ahonda así en las desigualdades insolidarias entre territorios, con el consiguiente y exclusivo beneficio para la discordante, levantisca y rapiñadora Cataluña.
En nuestro fútbol, que tampoco se rige por criterios de equidad, compensación y equilibrio entre equipos, el Madrid supone el mayor ejemplo del "principio de ordinalidad". Es el que más aporta audiovisualmente, el más visto, y, por lo tanto, el que más dinero ha recibido de LaLiga en la temporada 2024-25.
En el Bernabéu se produjo el sábado un amago de ruptura del "principio de ordinalidad" jerárquica cuando parte del público pidió la dimisión de Florentino. Un hecho insólito y hasta impensable que supone un cierto punto de inflexión en el club. Una especie de plebiscito que responsabiliza al presidente de la confección de la plantilla, le culpa del menosprecio a Xabi y le expresa su oposición o sus reservas al cambio de naturaleza societaria de la casa que se viene cocinando en la penumbra.
Hizo mal Arbeloa en criticar a los críticos, de acusar de antimadridistas a madridistas. El socio, equivocado o no, olvidadizo o no, desagradecido o no, es soberano. A él se debe y ante él responde la entidad en su conjunto. No hace falta que ningún subordinado saque la cara por el presidente. La lealtad puede confundirse con el servilismo o la adulación. Aunque nadie es perfecto, a Florentino lo defiende el colosal conjunto de sus actos, obras y títulos.
A Arbeloa no le renta hacer méritos. No es realmente una apuesta de Florentino, sino una medida urgente, una solución temporal, para una situación de emergencia. La definición de la interinidad. Álvaro, con sus reconocidos méritos, no es el entrenador soñado por Pérez, si es que hay alguno (¿Klopp?) en libre disponibilidad y con predisposición. Ha firmado por lo que queda de temporada y por una más. La prolongación no significa una muestra de confianza presidencial, sino una fórmula de compromiso para que no resulte demasiado evidente que Álvaro es un ave de paso en un nido de tránsito.
Sea como fuere, en el banquillo del Madrid, un club sin asignaturas pendientes, pero en la obligación de sacar sobresaliente cada año en todas, impera, raramente desmentido, el "principio de provisionalidad". Los jugadores, especialmente con un Florentino en exceso paternal, caminan por la pasarela. Los entrenadores, por el alambre. En un análisis de mínimos y máximos, la plantilla y el técnico actuales equidistan del desastre y de la Champions. Desorientados, confusos, inseguros, se hallan de momento en mitad de ninguna parte.
Todavía sonaban los pitos de los aficionados contra este Real Madrid contaminado. Incluso se oyeron gritos, nuevamente, de "Florentino, dimisión". Obviamente, ni el minúsculo triunfo del equipo blanco ante un casi colista podía contener la rabia y la furia que se ha instalado en el Bernabéu.
Algunos tenían mucha razón, porque el primer periodo del Madrid fue patético. Sin corazón, sin la sangre que debe correr por las venas, el equipo que ya es de Arbeloa no creaba ocasiones ni tiros a portería ni siquiera mostraba imaginación para doblegar la defensa de cinco del Levante. Hasta Mbappé estuvo regular.
Pero es que comparar a Mbappé con el esto de jugadores es casi escatológico. Es como si el francés jugase en un equipo de Segunda División. Y no de los buenos. Así que hubo muchos silbidos para Vinicius, para Bellingham, que ahora parece una sombra de lo que fue, y hasta para Camavinga, que hizo una primera parte detestable. También se oyeron gritos de "Florentino, dimisión" y me fijé en el gesto del presidente. Esbozó una sonrisa sardónica y cruzó las piernas, como un acto de protesta contenida.
Mientras, el Levante se empeñó en pasar el balón y equivocar al Madrid defensivamente. Huijsen ya dije que no esta para jugar en el Madrid. Tiene miedo, mucho miedo al fracaso y el Levante llegó a propinarle casi dos oportunidades de gol.
La aparición de Arda Güler fue la resurrección de un Madrid más aguerrido, más rápido y pensando que no podía jugar como antes. Se fue hacia arriba para robar balones y descomponer a la defensa levantina con Mantastuono, que no estuvo tan mal como en otras ocasiones, y sobre todo con el brillo angular de Arda.
De todas formas, siempre es recurrente eso de Mbappé y diez más. Cuando ya se ponía el muro levantino, el galo fabricó un penalti y marcó su decimonoveno gol en la Liga. Algo estratosférico. Y como Arda Güler ponía como un maestro los córners, el "vehemente" Asencio logró un gran cabezazo para hacer el segundo gol del Madrid y navegar por el mar de la tranquilidad. Hasta pudo golear.
Bellingham falló tres goles, que antes los metía. Lo que pasa por la cabeza de la inglés no lo sabe nadie, pero disimula muy bien eso de ser una anterior versión de sí mismo. En cuanto a Vini: no dio ni una, aunque lo intentara. Además, ya está certificado que es el único jugador de la Liga que ha sido silbado en todos campos de fútbol. Espantoso. Algo inaudito. Irremediablemente, el Madrid tiene que hacer algo con el brasileño. Lo mejor es el prudente traspaso, incluso en este mes de enero. Pero la pregunta es: ¿Alguien lo quiere?.
En fin una tarde de compasión para el Madrid, pero el mar de dudas sigue tormentoso y no sabemos lo que ocurrirá el martes con el Mónaco en Champions. El Madrid es una olla de explosión a punto de estallar.
Florentino Pérez se ha quedado sin escudo, desnudo frente a una crisis que no cierra una simple victoria. Es profunda. Arbeloa no sirve como escudo. No tiene la suficiente estirpe ni el acero. La pitada muestra que su predicamento entre los aficionados es nulo. Se equivocó el nuevo entrenador, refugiado en absurdas hiperactuaciones, al citar a Juanito, un estandarte del madridismo en carne y hueso, para sugerir lo que los socios debían hacer. Son soberanos.
Aunque los socios ya no siempre compongan el decorado mayoritario del Bernabéu, poblado de turistas, turistas ricos, a la hora del aperitivo estaban donde entendieron que tenían que estar e hicieron lo que creían que debían hacer. Pitaron a los jugadores que consideran responsables de la crisis, Vinicius, Bellingham y Valverde, principalmente, justo los que mayor oposición hicieron a Xabi Alonso, y pidieron la dimisión de Florentino. Miraron al palco y una gran parte se fue antes de que acabara el partido. La asunto.
La victoria ante el Levante cauteriza la crisis, no la resuelve, y al menos permite al equipo blanco seguir donde estaba en la Liga, a la espera de lo que haga el Barcelona. Podría haber sido peor, en una atmósfera bajo la que era complicado jugar al fútbol. Para alguno de los más jóvenes, como Huijsen, fue un martirio. El descenso en el rendimiento del central es un síntoma de lo que sucede en el Madrid.
Los pitados corrieron todo lo que pudieron, mientras el público coreaba el nombre de Gonzalo, futbolista de la cantera que dio vida al Madrid en Albacete, hasta que Arbeloa lo sustituyó en el descanso. Los siguientes aplausos fueron para Asencio, y no por el segundo gol. Quieren reconocerse en los valores de la casa y, hoy, únicamente lo hacen en la cantera, olvidada cantera.
Fue en Albacete donde todos los cálculos del Madrid estallaron. Después de la Supercopa, entendieron en el club que era el momento del cambio de entrenador, con la cuesta abajo ya para Arbeloa: Albacete, Levante, Mónaco... El club hizo un mal análisis de la situación o, al menos, un análisis incompleto. La cuesta abajo era un precipicio.
De ese modo lo entiende el Bernabéu, cuyo plebiscito es unívoco. Los culpables son los jugadores y el presidente, lo que apunta a falta de compromiso y errores en la planificación. El Madrid debería haberlo interpretado correctamente cuando la grada pitó a los jugadores al final del partido con el City, que se impuso por 1-2. Ese hecho reveló ya el distanciamiento entre el sentir de la afición con el de la cúpula del club, que calló ante los reproches de Vinicius a Xabi Alonso en el clásico.
Como el desaparecido Juanito, Vini lleva el 7 a la espalda, pero no representa nada de lo que encarnó un futbolista que después de muerto todavía pone en pie a los socios cuando se corea su nombre. El de Florentino se coreó en otra dirección. La petición de dimisión no fue tan mayoritaria como el castigo a los jugadores, es cierto, pero abre un periodo nuevo, cargado de incertidumbres, con el presidente al desnudo.
El Madrid resolvió a balón parado una de las tardes de más tensión en el Santiago Bernabéu. Los goles de Mbappé, de penalti, y de Asencio, a la salida de un córner, dieron los tres puntos a los blancos ante el Levante en un partido marcado por los constantes silbidos de la grada a su equipo por la crisis de resultados de las últimas semanas, que derivó en el despido de Xabi Alonso.
Y como respuesta a una de las broncas más importantes de los últimos años, la plantilla dirigida ahora por Álvaro Arbeloa ofreció una gran dosis de irrelevancia. El técnico sacó a su once de gala, con Mbappé, Bellingham, Tchouaméni y Carreras de vuelta al once tras su ausencia en Albacete, con Valverde en el lateral derecho y Gonzalo en el extremo, lejos de su área de influencia.
Pitada del Bernabéu al Real Madrid.El Mundo
Entre silbidos y abucheos, el Madrid ofreció una de sus peores versiones. Sin una idea futbolística, sin un plan, sin cabeza y sin personalidad para contestar al enfado de su grada. Constaría ver a Kroos, Modric o Cristiano Ronaldo alejarse del balón cuando éste más quema.
Así sucedió ante el Levante, con un Madrid lento y sin ofrecer desmarques en ataque. Dominó la posesión por pura inercia, pero se apagó al llegar al área de Ryan.
Atrás, el mismo sufrimiento de siempre en las transiciones. Carlos Álvarez, Etta Eyong e IvanRomero se encontraron con varias situaciones de espacio hacia el área de Courtois, pero no terminaron de conectar entre ellos para poner en peligro la meta del belga.
El nuevo desastre del Madrid encendió todavía más a una grada que con sus silbidos puso en la diana a Vinicius y Bellingham, los más señalados por el aficionado. E incluso una parte del público se atrevió con el palco coreando «¡Florentino, dimisión!» hacia el presidente.
El descanso llegó sin ningún tiro a puerta del Madrid, que sólo se acercó con algún disparo lejano de Camavinga o Vinicius y con un buen balón largo de Asencio que Mbappé remató desviado de primeras. Nada más para una grada que volvió a abuchear con fuerza a su equipo.
El intermedio no calmó los ánimos del público y Arbeloa respondió retirando a Camavinga y Gonzalo para dar entrada a Güler y Mastantuono. Unos cambios que también fueron silbados por la afición para defender al canterano, ovacionado en algunos momentos del primer tiempo.
Güler, eso sí, reactivó al Madrid. Le puso cabeza y pie, el izquierdo en su caso, y fue el mejor del duelo en los segundos 45 minutos. Realizó el primer disparo a puerta de los blancos en toda la tarde y asistió a Mbappé en la acción del penalti, clave en el desenlace del partido. El galo recibió del turco entre líneas, encaró a De la Fuente y éste le zancadilleó dentro del área. Pena máxima clara y alivio para el club.
Desde los once metros, el delantero, entre algodones esta semana, engañó a Ryan, estrenó el marcador y provocó los primeros aplausos del estadio a su equipo. Un bálsamo para Arbeloa, que más allá de las sensaciones necesita victorias para levantar la moral de la institución.
El técnico, este sábado sí, sacó a Ceballos del banquillo y le dio media hora para tratar de generar más fútbol desde el centro del campo, no como en Albacete, donde el andaluz fue suplente y ni siquiera calentó en la banda.
En cinco minutos llegó el 2-0, de nuevo con Güler como protagonista. El turco lanzó con precisión un córner y Asencio se anticipó a su marcador para rematar con firmeza ante Ryan. Un golazo que el canterano celebró con rabia.
El tramo final, con un Levante sin oxígeno para mucho más, fue cómodo para los blancos y para el público, que siguió silbando tímidamente a Vinicius. Mastantuono se encontró con el palo y Bellingham en dos intentos de ampliar el marcador, pero se quedó en 2-0. El Madrid duerme a un punto del Barça en mitad de su mayor crisis de este lustro.
El Santiago Bernabéu ha respondido a la crisis del Real Madrid con una de las broncas más grandes de los últimos años. La afición abucheó al equipo tanto en la llegada del autobús como en la salida de los jugadores al calentamiento y en la posterior vuelta a vestuarios para el partido ante el Levante, pero amplió todavía más el volumen de sus quejas cuando la megafonía dio la alineación y cuando el partido empezó, incluyendo un sector de la grada que gritó "¡Florentino, dimisión!".
Vinicius Júnior y Jude Bellingham, por ese orden, fueron los más señalados por la grada, tanto en el anuncio de la alineación como en el partido, silbando la grada cada vez que cogían el balón. El estadio les culpa de la rebelión del vestuario que terminó en el despido de Xabi Alonso y de la mala racha de resultados del equipo en las últimas semanas.
Los pañuelos hicieron acto de presencia antes del pitido inicial y cuando la Grada Fans, el sector de animación del Bernabéu, comenzó a animar al equipo. En ese momento, el resto del público respondió con cánticos de "¡Fuera, fuera!".
No sirvió de nada la petición de Arbeloa en la rueda de prensa previa, en la que pidió el apoyo de la afición citando a Juanito: "Juanito dijo '90 minuti en el Bernabéu son molto longo', no dijo '90 minuti contra llos jugadores'".
Desde que el pasado martes se presentó ante la prensa como nuevo entrenador del Real Madrid, Álvaro Arbeloa se ha convertido en el escudo del vestuario del conjunto blanco. A veces en exceso. La plantilla está en la diana por la crisis de resultados de las últimas semanas, con la derrota en Albacete como desastre final, y por los problemas que derivaron en el despido de Alonso. Muchos jugadores, como Vinicius o Bellingham, son los señalados por la grada en esa rebelión interna que provocó la salida del vasco, pero la estrategia de Arbeloa frente a los rumores ha sido clara: proteger, quizás demasiado, a la plantilla, asumir, quizás demasiado, las culpas de todo lo que suceda y pedir a la afición, apelando al espíritu deJuanito, que no pite a los futbolistas en el duelo liguero de esta tarde ante el Levante.
«Respeto la opinión del Bernabéu y la entiendo, pero les pido apoyo. Juanito dijo que '90 minuti en el Bernabéu son molto longo', no dijo '90 minuti en el Bernabéu contra los jugadores'», declaró el técnico ayer por la mañana en Valdebebas.
Arbeloa ha dado tres ruedas de prensa como entrenador del Madrid y en las tres ha repetido la misma reflexión, centrada en el elogio a sus estrellas y a Antonio Pintus y en la crítica a la preparación física como punto principal de la crisis de las últimas semanas. Su plantilla es, según él, «extraordinaria» y el vestuario necesita «disfrutar», con Vinicius como ejemplo de lo que debe ser «un líder del Madrid» por su participación en el Carlos Belmonte.
«Cuando quise valorar el esfuerzo de Vini en Albacete es porque sabía de dónde venía, de una semana muy dura. Eso es lo que necesito de él, eso es ser un líder», dijo, y recordó que «no estoy diciendo que los que se quedaran no querían venir, todo lo contario. Todos los que estaban disponibles, vinieron con nosotros. Decidí que no quería asumir riesgos y lo volvería a hacer», señaló, de nuevo protegiendo a jugadores como Bellingham, Mbappé o Tchouaméni, que no entraron en la lista para Albacete y que fueron criticados por el entorno por ello.
Esta serie de declaraciones han puesto a Arbeloa como el escudo de la plantilla, buscando el salmantino la reacción positiva de un grupo descompuesto por la turbulenta relación con el cuerpo técnico de Xabi Alonso. «Si alguien quiere que mis palabras sean una crítica hacia Xabi, no las van a encontrar. Lo que pasó en Albacete fue una falta de ideas y de físico... de muchas cosas de las que el responsable soy yo», repitió.
Pero la realidad es que muy poco se le puede atribuir a un entrenador que aterriza un martes de lo que pase un miércoles. «Hemos tocado fondo y los responsables somos nosotros», aseguró Carvajal, más lógico, en la zona mixta de Albacete. «Todo lo que pasa en el terreno de juego es responsabilidad mía», respondió ayer Arbeloa, cuestionado por las palabras del capitán. De nuevo, el escudo delante del vestuario. «No necesito nada, lo único que necesito son a unos jugadores tan fantásticos como los que tengo», finalizó. Pues eso.
"Hemos hecho una plantilla de grandes jugadores de la que soy el único responsable. Les he maleducado y se han confundido. He actuado como un padre por darle lo mejor a los niños y eso hace que se confundan. Soy el único culpable". En poco más de un mes se cumplen 20 años de la dimisión de Florentino Pérez, un momento clave en la historia moderna del Real Madrid. Después de caer contra el Arsenal en la ida de los octavos de Champions y ante el Mallorca en Son Moix, el presidente del conjunto blanco decidió poner fin a la primera era Galáctica del Bernabéu. Lo hizo con una Copa de Europa, la de 2002, como techo de una galaxia convertida en el club con mayores ingresos del mundo. Pérez terminó echándose a un lado "para que los jugadores vean que lo único importante es el Madrid". Esas reflexiones del presidente sobre el vestuario tienen su eco ahora, en la realidad actual del club tras los últimos meses y el desastre de Albacete.
Dos décadas después, la nueva galaxia del Madrid (basta cambiar a Beckham, Zidane, Ronaldo o Robinho por Vinicius, Bellingham o Mbappé) afronta algunos de los problemas que tuvo la primera. Pérez regresó en 2009 con los errores aprendidos e inició una segunda etapa extraordinaria e irrepetible, con seis Champions y decenas de títulos que le han puesto por encima de Bernabéu en la historia de la institución, situado de nuevo el club como la organización futbolística con mayores beneficios, remodelado el estadio y ganando Balones de Oro más allá de Cristiano Ronaldo. Pero el paso de esa segunda galaxia (Cristiano era su rostro visible) a la tercera acumula 18 meses con más defectos que virtudes. Sin Modric, Kroos, Benzema, Marcelo o Casemiro, jugadores que fueron parte de la etapa dorada y sirvieron de puente entre galaxias (y que, por cierto, no responden al estereotipo de galácticos fuera del campo), el vestuario parece descompuesto.
La eliminación ante el Albacete, 17º clasificado en Segunda División, en los octavos de la Copa del Rey es un ejemplo más de esa situación. Una derrota que ha puesto en el punto de mira, más que nunca, a los futbolistas. No a Xabi Alonso, tampoco al recién llegado Álvaro Arbeloa, que intentó asumir la culpa del fracaso en la Mancha a pesar de llevar 24 horas en el cargo y quiso proteger a la plantilla, quizá no con las frases adecuadas. "Hay que agradecer a Vini que haya querido estar aquí", dijo exhibiendo, por un lado, pleitesía ante lo que debería ser normal y, por otro, abriendo la opción de pensar en cuál fue la postura de otros jugadores ante el partido de Albacete. No viajaron, sin aparente problema físico (el jueves entrenaron con normalidad) Bellingham, Mbappé, Tchouaméni y Carreras. Unos futbolistas que, más allá de la táctica de quien les dirige, llevan mucho tiempo lejos de su mayor nivel técnico, físico y mental.
El enfado de Vinicius, "un antes y un después"
Según fuentes cercanas a la plantilla del Madrid, el enfado de Vinicius en el clásico fue "un antes y un después" en Valdebebas. La protección de la dirección del club al brasileño, que no mencionó a Alonso en su comunicado de disculpas, provocó una catarata de actitudes en el día a día que agrietaron la relación con el entrenador y dieron mucho mando en plaza a los futbolistas. "Ahí supieron que tenían mucho poder", admiten en el entorno de uno de los pesos pesados de la plantilla. "En los años anteriores no había esa sensación", insisten, a pesar de que en el mes de diciembre, en plena crisis de resultados después de las derrotas contra el Celta y el City, el club les advirtió que serían los próximos señalados si no mejoraban su actitud.
El presidente, durante la última asamblea de socios.GETTY
Para la zona noble del Madrid, los jugadores siempre han sido más importantes que los entrenadores. Es un hecho y la forma en la que se han construido los éxitos dentro y fuera del campo de la era reciente del club. Un éxito rotundo a nivel futbolístico y económico. Las estrellas marcan goles, venden camisetas, consiguen patrocinios y llenan el estadio. Son activos económicos que generan trofeos y riqueza. Mientras, los técnicos son temporales. Van y vienen, con más o menos tiempo en el cargo, pero son prescindibles. Aún así, el Madrid de los últimos años solo ha ganado en Europa con dos: Ancelotti y Zidane.
Entrenadores que han tenido una buena relación con las estrellas, que dejaban hacer pero que también eran duros cuando había que serlo... Y lo eran porque el club también lo era. Los casos de Cristiano o Ramos, a los que Florentino abrió la puerta cuando tantearon con su futuro en el Madrid, muestran la dureza del presidente en determinados momentos.
"Hemos tocado fondo"
Ahora, la salida de Alonso parece algo diferente. El vasco llegó como una apuesta a medio-largo plazo para liderar la transición entre galaxias después de triunfar en Alemania con el Leverkusen. Era una leyenda del club, un caso distinto al de Benítez o Lopetegui, pero ha durado seis meses. Parte del vestuario se rebeló frente a las altas esferas del Bernabéu por sus métodos y Florentino decidió elegir a Arbeloa, que ha admitido a Pintus a su lado y en Albacete rechazó criticar a sus nuevos jugadores: "No puedo reprocharnada. Han querido ganar".
El Madrid ha pasado del vestuario "más sano al que he entrenado", como admitía Ancelotti en 2024, a uno que parece corrompido por el prematuro éxito. "Hemos tocado fondo estrepitosamente. Tenemos que hacer autocrítica a nivel individual y colectivo", reconoció Carvajal en Albacete. El capitán es el único superviviente de la segunda galaxia dentro de una plantilla joven que ha ganado una o dos Champions al abrigo de futbolistas que son leyenda de la institución. "Estamos a tiempo de reaccionar, quedan dos títulos", admiten en el club. La sombra de la primera galaxia es alargada.