Endrick renace de sus cenizas en Lyon: una llamada de Ancelotti y una charla con Florentino

Endrick renace de sus cenizas en Lyon: una llamada de Ancelotti y una charla con Florentino

El pasado diciembre, Carlo Ancelotti mantuvo una conversación con Endrick, un chico que siempre había escuchado sus consejos durante la temporada que compartieron en el Real Madrid. Durante esa charla, el actual seleccionador de Brasil convenció al delantero de que la mejor opción para su futuro sería encontrar un equipo donde pudiese disputar minutos. De otro modo, su presencia en el Mundial 2026, se antojaba imposible, dada la feroz competencia que suponen Matheus Cunha o Joao Pedro para el puesto de '9' en la canarinha. Lo que quizá no podía esperar Carletto, sólo seis semanas después de aquella llamada, era una explosión tan fulgurante.

En sus tres primeros partidos con el Olympique de Lyon, Endrick suma cuatro goles y una asistencia. Durante sus 31 compromisos de Liga y Champions con el Madrid, su registro se redujo a dos tantos y un pase de gol. Este curso, la situación se había vuelto tan desesperada que el propio delantero no dudó en pedir permiso a Florentino Pérez para buscar nuevos horizontes. El presidente, que en principio no lo tenía del todo claro, dio finalmente el visto bueno a la cesión.

El pasado domingo, Endrick anotó el primer hat-trick de su carrera ante el Metz, colista de la Ligue 1, incapaz de sujetar sus arrancadas por el perfil derecho del ataque (2-5). Esas aceleraciones de 50 metros que en 2022 ya cautivaron a los ojeadores de los mejores clubes del planeta. «Hemos hablado con su padre. Ojalá pueda venir porque es un jugador que necesitamos», admitió Xavi Hernández, técnico por entonces del Barça. Endrick apenas había jugado un par de partidos con el Palmeiras, pero ya asombraba por la potencia de su zancada, su disparo con la zurda desde la frontal y su infatigable intensidad en cada acción.

Viaje a Estados Unidos

Esas virtudes se diluyeron a las órdenes de Ancelotti, siempre atento a las jerarquías del vestuario. La verticalidad de Endrick tampoco enamoró este verano a Xabi Alonso, que buscaba a alguien más asociativo en el ataque. Su lesión en los isquiotibiales de la pierna derecha, que le dejaba fuera del Mundial de clubes, iba a coincidir con las apariciones de Franco Mastantuono y Gonzalo García. De modo que unos días después del inicio del torneo, Endrick no dudó en viajar a Estados Unidos para hablar en persona con el preparador donostiarra. En diciembre, la recuperación para la causa de Rodrygo redujo a cenizas sus opciones.

Endrick terminó decantándose por Lyon tras una llamada de Paulo Fonseca, que le prometió un hueco fijo en su ataque. Todo un regalo de Reyes para el técnico portugués, que ha tenido que lidiar con la crítica situación financiera del Olympique, descendido provisionalmente el pasado agosto por una deuda superior a los 500 millones de euros. Incluso en esta tesitura, Les Gones acordaron pagar un millón de euros -la mitad de su salario- hasta junio.

Tras un arranque titubeante, con tres derrotas en las ocho primeras jornadas de Ligue 1, el Lyon enlaza ahora ocho victorias consecutivas en las tres competiciones. De hecho, se perfila como un firme candidato al título en la Coupe de France, donde el PSG ya ha caído eliminado, y la Europa League, donde ocupa el liderato tras su triunfo del pasado jueves ante el Young Boys (0-1).

Endrick, el domingo, ante Colin y Fischer en el Stade Saint-Symphorien.

Endrick, el domingo, ante Colin y Fischer en el Stade Saint-Symphorien.AFP

Buena parte de este salto cualitativo debe atribuirse a Endrick. Sus cifras anotadoras son las mejores en el Stade Gerland desde agosto de 2017, fecha de la irrupción de Mariano Díaz, otro ex madridista. Incluso cuando no marca, la influencia del '9' en el juego resulta apabullante. Contra el Brest, por ejemplo, dejó nueve regates completados, 13 duelos ganados, 12 toques en el área rival y cinco pases que acabaron con disparo de un compañero.

En caso de repetir estos números de un modo regular, Ancelotti podría abrirle por primera vez un hueco en las convocatorias. Porque en sus 14 partidos previos con Brasil, a las órdenes de Fernando Diniz y Dorival Junior, Endrick sólo disputó uno como titular, en los cuartos de la Copa América 2024 ante Uruguay. Sin embargo, hoy vuelve a mostrar todo su potencial con apenas 19 años. Durante este siglo, sólo Jérémy Ménez (17 años y 260 días en enero de 2005), Kylian Mbappé (18 años y 53 días en febrero de 2017) y Ousmane Dembélé (18 años y 296 días en marzo de 2016) anotaron un hat-trick a una edad más temprana en la Ligue 1.

El reencuentro con Mourinho para los nostálgicos de la irreverencia, el orgullo y la ira: herencia, ocaso y conexión con el presidente

El reencuentro con Mourinho para los nostálgicos de la irreverencia, el orgullo y la ira: herencia, ocaso y conexión con el presidente

«Nunca amamos a alguien en concreto. Amamos tan sólo la idea que nos formamos de alguien». El madridismo que ama a José Mourinho, y que empieza por su presidente, lo hace por lo que dejó escrito Fernando Pessoa: ama lo que Mou significó en una etapa crítica. Un tiempo que fue de los aplausos en el Bernabéu a Ronaldinho por parte de un señor con bigote a ver el propio estadio arrasado por el paso de un Atila con zapatillas de ballet. Era Pep Guardiola. Mourinho también lo padeció, pero acabó por llevar a la implosión a su antónimo hasta derrotarlo, hecho que inflamó el orgullo de buena parte del madridismo, aunque fuera a costa de minar el campo con la irreverencia y la ira. El portugués se marchó, desgastado por su propia cruzada, pero la ira se quedó entre nosotros. La nostalgia no siempre es por amor.

La saudade, la nostalgia, es un sentimiento muy portugués. Está presente en los personajes de Pessoa como en los de Eça de Queiros u otros grandes escritores lusos, aunque Mourinho tenga poco que ver con el introspectivo Bernardo Soares, protagonista del Libro del desasosiego. Mou es The Special One, el mejor actor del fútbol, aunque ya sólo un gran entrenador en su invierno.

La nostalgia por el pasado de blanco es mayor por parte de una legión de fieles madridistas que por el propio técnico, cuya saudade es únicamente de sus tiempos de gloria. La realidad es que no los vivió en el Bernabéu, y no sólo por los títulos. También por el feeling. Mou se sintió en su salsa en la Premier, porque en Inglaterra era el personaje de una comedia. Aquí lo convertimos en el personaje de una tragedia, algo muy español. El error fue nuestro.

La superioridad moral del Barça

La era de Mourinho en el Madrid no fue únicamente la de los insultos o el juego extremo y duro. También la de la rebelión frente a un Barça que, además de dominar en el campo, se había situado en una posición moral de superioridad. Era el marketing de los valors. El caso Negreira y los audios de Piqué con Rubiales para repartir el oro de Arabia demostrarían que quienes predican desde atalayas morales suelen tener los pies en las cloacas.

El reencuentro del Madrid con Mou, el miércoles en Lisboa, evoca, pues, esa nostalgia en un tiempo que se asemeja en algunos aspectos al momento en el que llegó el portugués al banquillo del Bernabéu. La crisis deportiva y el dominio del Barcelona durante la temporada pasada invocan la necesidad de invertir la tendencia, aunque para ello haya que «poner una bomba». Es lo que dijo Mou en privado ante la superioridad, entonces, de los azulgrana. La puso. Los resultados fueron evidentes, al destruir al rival, aunque sin conseguir todos los objetivos esperados. Los efectos colaterales, con deterioro de la imagen del club y división, también.

El Madrid ha escogido para salir de su crisis actual a un mourinhito, después de destituir a otro de los entrenadores que, como futbolista, más conexión tuvo con el portugués. Sin embargo, como dijo Arbeloa en la más atinada de sus declaraciones, si intentara imitar a Mou, fracasaría. En lo suyo es único, el «puto amo».

Mourinho, durante un partido del Benfica.

Mourinho, durante un partido del Benfica.ALESSANDRO DI MARCOEFE

Veremos a ese Mourinho antes, durante y después del partido de Champions, porque el personaje necesita más que nunca de sus artes, dado el desequilibrio que existe, hoy, entre el Benfica y el Madrid, por irregular que esté el conjunto blanco. La primera indirecta la dejó al expresar su sorpresa por el hecho de que entrenadores sin experiencia accedieran al banquillo de grandes clubes. Arbeloa no respondió. Acertó.

Asesor en la distancia

«No cuenten conmigo para telenovelas», manifestó el portugués cuando le preguntaron si estaba entre las soluciones para el Madrid, después de la destitución de Xabi Alonso. La realidad es que no ha estado en el debate de las alternativas, aunque jamás haya dejado de ser como un sueño húmedo para Florentino Pérez, en especial en noches de tormenta. El contacto entre ambos ha permanecido, en ocasiones hasta como un asesor en la distancia.

Florentino encontró el éxito después de Mou. De hecho, el mayor de su era, con las tres Champions de Ancelotti, en dos etapas, y las tres de Zidane, dos apuestas suyas y dos personajes de su cabecera. Pero ni el francés ni el italiano hicieron seguidismo de su línea argumental en las guerras del presidente y el club. Tampoco en el maniqueísmo y la división. La que aparecía entre madridistas y «pseudomadridistas» fue acuñada por Mou.

Al portugués le ha ido peor desde que dejó el Madrid. Lo mejor de su carrera, las Champions con Oporto e Inter, fueron anteriores. Volvió a ganar la Premier con el Chelsea, un club con una afición a fuego, donde su estilo encajaba a la perfección, pero no alcanzó la gloria en uno de sus destinos más esperados, Old Trafford, y tampoco encontró el momento para ocupar el banquillo de Portugal. La Eurocopa conquistada en 2016 habría sido uno de sus grandes hits. En cambio, la conquistó alguien que no se parece en nada a Mou. Fernando Santos se había escapado, realmente, de un libro de Pessoa.

Arbeloa, entrenador del Madrid.

Arbeloa, entrenador del Madrid.J.J.GuillénEFE

El Benfica es su último destino, por el momento, pero no un destino más, porque Mou es benfiquista de corazón. Se trata del club de sus orígenes, en el que se formó. El entrenador, que hoy cumple 63 años, fue la baza electoral del actual presidente del Benfica, el ex jugador Rui Costa. Una gran figura para el banquillo del club que más estado de opinión crea en el país. Los resultados no han llegado, lejos del Oporto, líder. Las lesiones han minado a un Benfica en el que Mou hizo voto de prudencia al llegar, pero nadie puede ir contra su naturaleza.

Eso es lo que dijo Arbeloa con respecto a sus futbolistas tras la victoria en La Cerámica, un test de calidad que salvó el técnico. La declaración tiene una parte de sensatez y otra de capitulación para un entrenador que quiera desarrollar su obra. Como si el Madrid fuera El libro de la selva, aunque Vinicius no se parezca en nada a Mowgli ni en esa selva resuene, hoy, un grito como el de Mou, para lo bueno y para lo malo.

Un panenka de Mbappé dedicado a Brahim y un registro por encima de Ronaldo Nazario

Un panenka de Mbappé dedicado a Brahim y un registro por encima de Ronaldo Nazario

La energía, la actitud y la concentración fueron otra vez las señas distintivas del Real Madrid. Apenas cuatro días después, frente a un rival con mucha más enjundia que el Mónaco, el equipo de Álvaro Arbeloa volvió a ofrecer un fútbol preciso, intenso, severo en su área y letal en sus transiciones. «No puedo ir contra la naturaleza de mis futbolistas. Todo lo contrario, tengo que aprovecharla», explicó el técnico en la sala de prensa de La Cerámica, en referencia a la velocidad de sus delanteros.

«El compromiso de los jugadores es innegable», reiteró Arbeloa sobre el líder provisional de LaLiga protagonista de cinco triunfos consecutivos. «No diría que hay un cambio muy grande, pero algo ha encajado ahora», analizó Thibaut Courtois. Por cuarta jornada liguera consecutiva, el belga no tuvo siquiera que intervenir antes del descanso. Algo insólito en las cinco grandes ligas europeas en este arranque de 2026. Cumplido el tiempo reglamentario, Courtois únicamente tuvo que blocar un disparo de Alberto Moleiro y despejar un balón aéreo.

Kylian Mbappé había pasado desapercibido durante la primera mitad, víctima de algún desafortunado resbalón, mientras Pape Gueye gobernaba en la medular con su esplendoroso despliegue. El senegalés había recibido en la previa el tributo de La Cerámica por ese gol que había valido un título de la Copa África, mientras Brahim Díaz hacía todo lo posible para esquivar las cámaras desde el banquillo. Por una de esas extravagancias del fútbol tuvo que ser Gueye quien fallase estrepitosamente en la acción del 0-1 de Mbappé. No conforme, el francés provocó y transformó a lo panenka un penalti en el añadido. «Para ti, para ti», espetó al internacional marroquí durante la piña de los festejos. Arbeloa sólo dio minutos a Brahim y Gonzalo García, dejando en paso sus otras tres opciones de refresco.

Güler y Asencio

A ver quién da un mínimo descanso a Mbappé, que acumula 21 goles en sus 20 partidos en el torneo doméstico. A los 27 años, el capitán de los bleus acumula ya 416 tantos en su carrera, dos más que otra leyenda como Ronaldo Nazario.

No tuvo acierto el Villarreal, que este curso no da la talla ante la elite de LaLiga. Tampoco en las botas de Gerard Moreno, impreciso tras una pícara acción a balón parado de Dani Parejo. Fue cumplida la hora de juego, cuando el delantero había dejado ya incontables muestras de la calidad de su pie izquierdo. El único despiste de la zaga visitante a lo largo de la noche.

A la mejoría de Dean Huijsen hubo que sumar la contribución Arda Güler. En sus 80 minutos, el zurdo no sólo apareció con peligro por el balcón del área, sino que ganó seis duelos a ras de césped y sumó otras tres recuperaciones. Se notaba el buen pie de Arda, como los cambios de orientación de Fede Valverde y Raúl Asencio, que permitían situaciones de uno contra uno para Vinicius.

Brahim Díaz y Pape Gueye, tras el pitido final en La Cerámica.

Brahim Díaz y Pape Gueye, tras el pitido final en La Cerámica.EFE

Otra mención de honor merece Asencio, que ahora acierta incluso cuando yerra. Como en ese desliz a cinco minutos para el final, cuando la hinchada amarilla reclamó una mano en el área que no fue tal. Durante más de una hora, el central se sobrepuso a las molestias en su renqueante pierna derecha. Impuso su potencia y colocación en un par de acciones al límite, sin resentirse de una tibia afectada por el estrés traumático.

Mucho más terrible resultó el infortunio de Juan Foyth, el gran pilar de la zaga. El argentino, establecido esta vez como central, se marchó en el minuto 23 con lo que parecía un grave daño en el tendón de Aquiles. De confirmarse, esta desgracia aumentaría la leyenda negra de Foyth, que en los últimos tiempos ya sufrió dos graves lesiones en la rodilla y otra más en el hombro derecho. Pau Navarro tuvo que hacerse cargo de Vinicius desde el inicio. Fue un duelo vibrante, uno de esos piques al límite tan del gusto del brasileño.

Los desaires con Soto Grado empezaron a acentuarse a propósito de un simple saque de banda, aunque cualquier excusa parecía válida frente al árbitro que hace un año le enseñó la roja en Mestalla, tras una presunta agresión sobre Stole Dimitrievski. El asunto vino a empeorar poco antes del descanso, cuando el '7' echó a perder una magnífica oportunidad para el contragolpe por un absurdo empujón sobre Moleiro. Pero no se descentró Vinicius, cuidado hasta la extenuación por Arbeloa. «Mbappé y Vini son los dos mejores jugadores del mundo. Yo sólo puedo agradecer su trabajo», concluyó el ex preparador del Castilla.

Mbappé se basta para llevar a un esforzado Real Madrid al liderato

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Los campeones pueden construirse desde la brillantez o desde la efectividad. El Real Madrid eligió dormir líder de la Liga arremangándose en La Cerámica, esforzándose en sujetar los latigazos del Villarreal, que no cesaron en todo el duelo, y castigándole con goles de Mbappé. Fue suficiente. Todo lo que apretó los dientes en defensa para proteger su área, lo falló en la local. Demasiado perdón que, esta vez, no lamentó. [Narración y estadísticas: 0-2]

Propuso el Villarreal un duelo de vértigo, que bailó de un área a otra, con amenazas que, poco a poco, se fueron acercando mucho al gol, aunque no llegó ninguno en la primera parte. Intentó el Real Madrid hundir al equipo de Marcelino y se encontró con que en los planes del asturiano estaba resistir y buscar velocidad. La verticalidad más absoluta como estrategia de ataque bajo el mando de Gerard Moreno. Durante muchos minutos fue una pesadilla, incomodando a Camavinga con robos para buscar a Moleiro y Buchanan, incluso las incorporaciones de Pedraza por la orilla izquierda. Pero no era bastante. El Real Madrid no se agrietaba lo suficiente. Si bien no tenía fluidez, nunca se descompuso. Fueron 20 minutos de pura adrenalina con centros que salvó Carreras o simplemente Mikautadze no atinó a mandar entre los tres palos.

Desde esos primeros golpes de fogueo, el Madrid buscó los suyos. El requiebro de Güler en una baldosa para sacar un disparo fue la primera ocasión que salvó Luiz Junior. Vinicius aún no había podido aparecer y la solidaridad en defensa había evitado que Mbappé pudiera armar su pierna. Era cuestión de tener paciencia porque el duelo estaba muy abierto. Eso mismo pensaba el Villarreal, que se encontró con el golpe anímico de la lesión de Juan Foyth. El argentino se fue al suelo en el minuto 20, con la mano en el tendón de Aquiles. El beso de Mastantuono cuando se retiraba sin poder caminar era síntoma de malas noticias.

Desde ese momento, el Madrid se asomó con más intensidad al área amarilla. En una contra, Bellingham habilitó de nuevo a Güler para que golpeara desde la frontal, por encima de la portería. Tras el turco aparecieron tirándose una pared Vinicius y Mbappé, una sociedad con mucho que decir en La Cerámica. Su primera conexión acabó con un disparo del francés a las manos del guardameta brasileño a la media hora del partido.

El ritmo se aceleró porque el Villarreal sostenía su valentía y, por eso, también el riesgo. Casi se lo hace pagar al filo del descanso Vinicius con un zurdazo cruzado desde la medialuna que rozó el poste. Había tenido que encontrar nuevos huecos porque en la banda estaba bien vigilado por Pau Navarro. La respuesta a esa clara ocasión la dio el campeón de África Pape Gueye, con un misil tras un ataque comandado por Pedraza y Moleiro, estiletes por el carril izquierdo.

Fue tras el descanso cuando el partido se rompió. Justo cuando Vinicius le ganó el primer duelo claro a Pau Navarro, se coló hasta la línea de fondo y buscó un pase atrás que Gueye no pudo salvar, desde el suelo, y cazó Mbappé para abrir el marcador.

La ventaja dio algo de pausa y comodidad al equipo de Arbeloa, pero no podía dejar de controlar alas del Submarino. Porque por allí se coló Pedraza, lo derribó Mastantuono y la falta se la sirvió Parejo al punto de penalti a Gerard, que mandó su golpeo por encima del larguero. Fue recordatorio de que el marcador era corto y el enemigo, insistente aunque no pisara el área.

Quiso zarandear Marcelino su once buscando más fuelle, aunque al Villarreal le siguió costando pisar el área mientras la sensación es que el Madrid, cómodo, solo tenía que dejar pasar los minutos. Eso sí, con el arma de Gonzalo para balones parados y con Brahim, aún herido. Quien volvió a aparecer fue Mbappé, derribado en el área por Pedraza en el añadido. El francés no falló. Lo tiró a lo panenka, en homenaje a su compañero. La tarea, aunque fuera sin brillo, estaba hecha.

Pau Navarro, un estudiante de ADE para frenar a Vinicius: "Esta temporada se complica poder ir a clase"

Pau Navarro, un estudiante de ADE para frenar a Vinicius: “Esta temporada se complica poder ir a clase”

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A Pau Navarro lo descubrió el Villarreal de casualidad. Uno de sus ojeadores tenía programados algunos partidos en varias localidades cercanas, pero el aplazamiento de uno de ellos hizo que se acercara a la Vilavella, un pueblo de unos 3.000 habitantes, para hacer tiempo hasta su próximo destino. Allí se encontró sin esperarlo con un niño de ocho años con gafas que destacaba sobre el resto.

Para saber más

«En mi casa no son muy futboleros pero a mí me gustaba jugar en el patio del cole y empecé en el equipo del pueblo. Dos o tres años después me vio el Villarreal y me vine aquí», explica Navarro.

Aquello fue en 2014 y, tras ir subiendo escalones en la cantera, 12 años después está ya asentado en el primer equipo y con un contrato hasta 2030. Fue el verano de 2024 cuando se produjo el gran salto, tras decirle el club que se iba a hacer la pretemporada a las órdenes de Marcelino. «Es algo que nunca te esperas. Ves al primer equipo entrenando al lado y no te imaginas que podrás estar. Es un sueño», añade.

Rápida evolución

Lo fue también el debut en Primera, en el campo del Espanyol; su renovación unos meses después; el debut con la selección española, con la que esta temporada disputó el Mundial sub-20; el estreno en Champions, nada menos que en el Westfalenstadion... «Jugar en Champions, con el Villarreal, en aquel campo. No me hubiera imaginado ninguna de las tres cosas y si lo juntas todo es algo increíble. Queda el mal sabor de boca del resultado, pero es algo que siempre recordaré. Estoy muy agradecido de lo que estoy viviendo en el Villarreal», comenta.

Reconoce Pau Navarro que le ha cambiado la vida este último año, aunque no se ve demasiado diferente a cualquier chico de 20 años. «Está claro que no todo el mundo puede entrenar con un equipo que juega Champions pero, al margen de eso, aún estoy estudiando. Mi día a día es venir a entrenar, volver a casa, estudiar, estar con la familia y la pareja y nada del otro mundo que no haga cualquier chico de mi edad. La gente te conoce más, pero tampoco lo veo como algo negativo», cuenta el jugador, que ha dado el paso de marcharse de casa.

«Vivía con mis padres pero quería dar el paso de ir a vivir con mi pareja y creo que me está ayudando a aprender cosas nuevas. Independizarse va bien para avanzar y mejorar. Es un paso que hay que dar antes o después y estoy muy contento», añade Navarro.

El paso al profesionalismo le ha complicado, eso sí, compatibilizar el fútbol con la carrera de Administración y Dirección de Empresas que estudia en la Universitat Jaume I de Castellón. «Hasta ahora era más fácil porque podía ir a clase, pero este año se ha complicado porque cada dos por tres viajamos entre semana. No hago todas las asignaturas y eso me quita un poco de trabajo. Poco a poco voy haciendo algo en casa. Mi foco principal está en el fútbol pero también me va bien poner la atención en otro sitio. No tengo la idea de dejarlo, sino de ir poco a poco», explica.

Le espera un duro examen en el caso de que le toque, hoy, frenar a Vinicius, algo probable teniendo en cuenta que Santiago Mouriño es baja por sanción. «Vinicius es uno de los mejores jugadores del mundo, es muy rápido, ágil y no para de encarar una y otra vez. Si me toca jugar intentaré defenderlo como a cualquier jugador de su estilo», dice Navarro, que ya fue titular ante el Barça.

La otra opción es que Marcelino pase a Foyth al lateral, con el que Navarro comparte la polivalencia de poder jugar en banda o de central. «Tenemos características parecidas y siempre me fijo en él para mejorar».

Arbeloa: "Sabéis lo que significa Mourinho para mí"

Arbeloa: “Sabéis lo que significa Mourinho para mí”

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Álvaro Arbeloa, técnico del Real Madrid, aseguró que el partido ante el Villarreal es "una de las salidas más complicadas" de lo que resta de temporada, y la encara con el "deseo" de que la goleada europea al Mónaco (6-1), "sea un punto de inflexión".

Sin mirar el pasado, siempre con la intención de no dejar palabras que puedan interpretarse como críticas a su predecesor, su amigo Xabi Alonso, Arbeloa marcó el triunfo ante el Mónaco como un momento de despegue del Real Madrid que debe confirmar en Villarreal.

"Hablo de los 10 días que llevo como entrenador, que es de lo que me toca, de lo que he visto desde que he llegado. Deseo que el partido contra el Mónaco sea un punto de inflexión. Tenemos mucho que mejorar y mucho que trabajar, pero desde el primer día he visto un grupo de jugadores con muchas ganas de trabajar, y eso es lo que me da confianza", dijo en rueda de prensa.

"El Villarreal es un grandísimo rival que nos va a exigir nuestro mayor nivel. Es muy importante el partido por lo que supone, por el rival. Serían tres puntos que darían muchísima confianza. Es una de lasa salidas más complicadas que tenemos en LaLiga y tenemos que dar nuestra mejor versión si queremos conseguir los tres puntos", añadió enfocando únicamente el partido.

Críticas

No entró a valorar Arbeloa las críticas que ha recibido desde que fue nombrado técnico del primer equipo y se mostró tranquilo antes de medirse al Villarreal, descartando que sea un examen personal a su figura. "Con respecto a las críticas estoy muy tranquilo y concentrado en lo que me toca: en mi trabajo, en ayudar a los jugadores y en sacar el máximo de ellos", afirmó. "No me preocupa mucho, solo me preocupa hacer un gran partido mañana, conseguir los tres puntos, luchar y que los jugadores tengan un gran rendimiento individual y colectivo".

Por encima del juego, el técnico madridista puso en valor la actitud de sus jugadores para levantarse del varapalo de perder la Supercopa de España y tres días después caer eliminados de la Copa del Rey. "Queremos ver a un Real Madrid como el del otro día, más allá de todas las ideas tácticas, de sistema y organización, quiero a un equipo con el carácter y la mentalidad del otro día. Eso no puede faltar nunca. Representa muy bien el Real Madrid esa ambición, las ganas, la pasión, ir todos juntos a una. Son valores nuestros que nos tienen que representar. Después vendrán todas las ideas futbolísticas", admitió.

"Ojalá el partido contra el Mónaco sea el punto de inflexión que necesitamos. Lo dijo Kylian, era el momento de los jugadores de dar un paso adelante, demostrar al público lo que quieren hacer, brindarles alegrías, luchar juntos... y lo hicieron. Con esfuerzo, trabajo y unidad", ensalzó con el deseo de que se extienda en La Cerámica.

Valverde y Camavinga

Agradeció Arbeloa "la predisposición de todos", y especialmente la de Fede Valverde y Eduardo Camavinga, que ante el Mónaco jugador en los laterales tras reconocer en el pasado ambos que no estaban cómodos fuera del centro del campo. "No es que no hayan puesto ningún problema, todo lo contrario. Hicieron un partidazo con un rendimiento sensacional y es lo que quiero ver, jugadores implicados que quieren ayudar y están a disposición del equipo".

Nuevamente recalcó el técnico que no espera ningún refuerzo en el mercado invernal y reivindicó a la cantera con su mensaje. "Tengo una plantilla extraordinaria de la que estoy muy contento, y si alguna vez hace falta algo, tenemos una grandísima cantera que nos va a echar una mano, como ya está sucediendo y como ha sucedido otras veces en la historia del Real Madrid", manifestó.

Un 'refuerzo' del que ya dispondrá Arbeloa ante el Villarreal es Brahim Díaz, tras regresar de la Copa África. "Es el Real Madrid ha demostrado sus capacidades. Genera mucho desequilibrio, puede jugar entre líneas y nos puede dar mucho en diferentes posiciones. Le veo bien, tiene madurez y profesionalidad", valoró tras dos días en los que tanto técnico como compañeros han intentado levantar el ánimo del jugador tras fallar un penalti decisivo en la final del torneo.

También puso en valor Arbeloa a Jude Bellingham, tras la curiosa celebración del futbolista inglés en su gol al Mónaco, dedicada a los que le criticaban por sus teóricas salidas nocturnas. "En los partidos que ha jugado y en entrenamientos Jude me ha demostrado desde el primer día sus capacidades técnicas, su liderazgo, su personalidad y su carácter. El esfuerzo que hizo el otro día fue tremendo, de un jugador con mentalidad ganadora que reúne todo lo que necesita un futbolista del Real Madrid", ensalzó.

Por último, no entró a valorar unas declaraciones de su gran maestro, Jose Mourinho, que realizó tras la última jornada de la Liga de Campeones, orientadas a técnicos que llegan al fútbol inglés sin experiencia y que algunos interpretaron como un mensaje hacia Arbeloa. "Sabéis lo que significa José Mourinho para mí, y cuando un entrenador con esa experiencia y esa historia habla, especialmente tratándose de él, siempre intento escuchar y analizarlo", zanjó.

Vinicius, tras unos días "muy complicados" por los pitos: "No quiero que me abucheen en casa"

Vinicius, tras unos días “muy complicados” por los pitos: “No quiero que me abucheen en casa”

Hubo que esperar a la séptima jornada para disfrutar del primer gol de Vinicius en la presente Champions. Sus dos asistencias frente al Mónaco le allanaron el camino para el MVP de una noche donde redondeó sus números en el gran torneo continental: 30 goles y 30 asistencias en 72 partidos. Tras el caluroso abrazo con Álvaro Arbeloa, la amplia sonrisa frente a los micrófonos, donde admitió haber pasado "unos días muy complicados por los pitos".

"No quiero que me abucheen en mi casa, donde me siento muy cómodo. En los últimos partidos no me sentí cómodo porque cada vez que hacía algo mal me abucheaban", reveló Vinicius ante las cámaras de Movistar. "No siempre estaré en mi mejor nivel técnico, pero siempre lo he dado todo. Si a otros les falta gol, intento asistir; si tengo que defender, intento defender", agregó, en referencia tanto a sus pases a Kylian Mbappé y Franco Mastantuono para el 2-0 y el 3-0 como a sus cinco recuperaciones.

No obstante, para calibrar la influencia del brasileño resulta siempre más pertinente revisar otra estadística. La que Arbeloa ya había mencionado en la previa. Y esta vez fueron cinco regates, cuatro de ellos resueltos con éxito. "Siempre estoy en el centro de todo y no quiero estarlo por cosas fuera del campo. Quiero estarlo por lo que he hecho por este club", zanjó el '7' blanco.

"a todo el madridismo"

"Cuando está feliz es el más desequilibrante", reiteró, por su parte, Arbeloa, desbordante de felicidad en la sala de prensa. "Ese abrazo que me ha dado, no era tanto al entrenador, sino a todo el madridismo", refrendó el ex técnico del Castilla. Cuando le mencionaron que hace ahora una década, Zinedine Zidane tomó las riendas para terminar alzando tres Champions consecutivas, extremó la prudencia. Primero recordando el complicado compromiso del sábado en Villarreal y después la visita de la última jornada a Da Luz, donde debería cerrarse el pase al top-8.

Tras el ridículo en Copa del Rey ante el Albacete y la mala primera parte contra el Levante, el Madrid recuperó algunas de esas señas de identidad que tanto había buscado Xabi Alonso. De hecho, Mbappé cautivó al Bernabéu con una carrera de 60 metros hacia atrás que evitó el gol del rival. Aunque ni siquiera así Arbeloa parece dispuesto a cambiar sus prioridades. Ninguna tan decisiva como tener felices a sus estrellas. "Kylian y Vini están haciendo un gran esfuerzo, aunque tampoco te voy a engañar. Quiero que hagan un buen trabajo, ver un equipo que corra junto, pero que luego puedan estar frescos para marcar las diferencias", subrayó.

Esa capacidad para el desequilibrio resulta aterradora en el caso de Mbappé, quien con sus 11 goles en seis partidos igualó un récord de Cristiano Ronaldo. El portugués ya había anotado esa cifra en la primera fase de la temporada 2015-16. Su sucesor aún puede desbancarle el próximo miércoles si marca al Benfica de José Mourinho. De momento, el Mónaco se ha confirmado como una de sus víctimas favoritas, ya que acumula 16 intervenciones de gol ante su ex equipo, sólo por detrás de sus datos contra el Lille (17) y el Montpellier (21).

La celebración de Bellingham, tras el 6-1.

La celebración de Bellingham, tras el 6-1.AP

En cualquier caso, el Madrid aún cuenta con mucho margen para confirmar su mejoría. De hecho, en una noche tan plácida recibió 20 disparos y Thibaut Courtois tuvo que realizar seis paradas, las mismas que hace un par de meses frente al Manchester City. Por no mencionar que los locales, pese a su mayor intensidad, cubrieron menos campo: 111,2 km frente a 113,5 del equipo dirigido por Sébastien Pocognoli.

Quien no suele economizar esfuerzos es Jude Bellingham, protagonista por su extraña celebración del 6-1. "Mucha gente dice muchas cosas. Puedes llorar o disfrutarlo. Les devolví la broma a los aficionados. Yo sé la verdad", explicó el internacional inglés, a propósito de su gesto, a modo de brindis. Apenas 72 horas después de ser obsequiado con varias broncas, el ex centrocampista del Dortmund pudo redimirse con el Bernabéu. "Siempre he dicho que los aficionados trabajan toda la semana, pagan para venir aquí y tienen derecho a hacer lo que quieran", finalizó.

Vinicius revive en un partido redondo ante el Mónaco bajo el efecto balsámico de la Champions

Vinicius revive en un partido redondo ante el Mónaco bajo el efecto balsámico de la Champions

La Champions trajo su bálsamo a un Bernabéu con las heridas en carne viva. Un bálsamo con componentes muy indicados para los males del Madrid. En primer lugar, porque el regreso a la competición que da sentido a su historia siempre impone solemnidad, y en la solemnidad no encajan los pitos. En segundo, porque no todos los que pitan estaban, con un público más heterogéneo en el paisaje europeo que en la Liga. Como si el tendido del 7 de las Ventas se llenara de "guiris". El equipo necesitaba esa atmósfera esponjosa tanto como los espacios que dejó un Mónaco naif, atrevido en ataque pero hipotenso en defensa, que no está como cuando empezó el torneo. Para Vinicius, Mbappé y el resto fue como volver al paraíso perdido.

Cuajó, pues, el Madrid un partido redondo (5-1) y en paz que consolida al equipo en el 'Top 8'. Es donde lo dejó Xabi Alonso, pero después de lo de Albacete cualquier cosa podía ocurrir. El Madrid pudo correr, como le gusta. Lo hizo con muchísima precisión, como demuestran los dos primeros goles, en transiciones precisas, con interactuación de la mayor parte de los futbolistas de ataque y finalización de Mbappé. Eran los episodios de juego más brillantes del Madrid en tiempo, y eso debe ser un punto de partida para Arbeloa, enredado en sus declaraciones. Si lo que sucedió ante el Mónaco se debe ya a su trabajo, que calle y continúe. Serio en la banda, observó, aplaudió, abrazó a Vinicius y dio sus primeros minutos al canterano Meso.

Buena presión

El Madrid corrió pero también presionó, de principio a fin. El Mónaco no lo soportó. El conjunto del Principado está en la zona templada de la Champions, pero muy lejos de sus buenas épocas. Llegaba al Bernabéu después de cuatro derrotas consecutivas. El regreso de Pogba debía ser el mástil de su proyecto. Ausente en el Bernabéu, de momento es un fiasco. La apuesta por Ansu Fati, situado detrás de Balogun, un delantero físico e incómodo, apenas devuelve la sombra del futbolista que asombró con su irrupción en el Barcelona. La rodilla ha sido el peor de sus rivales.

Arbeloa volvió a utilizar a Valverde como lateral y colocó a Camavinga en la banda izquierda. Las bajas obligan a maniobras que no gustaban en el pasado, ni en la hierba ni más arriba. Güler regresó al centro del campo con Bellingham y Tchouaméni, y Mastantuono apareció junto a Mbappé y Vini. Del centro del campo en adelante, idéntico a lo elegido por Xabi Alonso. Mbappé estuvo en su papel, con dos goles, Vinicius ofreció dos asistencias, al francés y a Mastantuono, y de su centro llegó el cuarto tanto, al introducir el balón en su portería Keher.

El abrazo a Arbeloa

Al brasileño le faltaba su gol, aunque con semejante producción como había hecho, nadie se lo iba a reclamar. Sin embargo, estaba ante una gran oportunidad de redimirse, con más espacios que nunca. Cuando pudo maniobrar en la frontal del área, buscó el instante y colocó el balón en la escuadra. Se giró y apenas lo celebró. Fue en busca de sus compañeros y de Arbeloa, al que abrazó. Nadie le ha dicho tantas veces «te quiero» en los últimos días. La vida de Vini es como vivir permanentemente en un puente. De un lado, el amor; del otro, el odio.

El alto rendimiento fue global, porque, además de Vini y Mbappé, Mastantuono hizo uno de sus mejores partidos como madridista, clave en la acción del primer gol y autor del tercero. Valverde, Mastantuono, Valverde y Mbappé fue la secuencia de ese tanto, impecable. El segundo empezó en la espuela de Camavinga, con Güler y Vini en el trámite antes del tanto del francés. Mejor aún.

El preludio llenó los depósitos de autoestima del Madrid ante un Mónaco que se acercó a Courtois, pero sólo encontró el gol por una frivolidad de Ceballos. En cada paso adelante, dejó su campo lleno de minas ante un Madrid insaciable, que no dejó de robar hasta el gol de Bellingham, sexto en un día de redención.

El Bernabéu, del desencanto a la reconciliación tras el abrazo entre Vinicius y Arbeloa

El Bernabéu, del desencanto a la reconciliación tras el abrazo entre Vinicius y Arbeloa

Cuando vio el balón en la escuadra, Vinicius se giró como si nada, dio media vuelta y se abrazó con Aurelien Tchouaméni. A su lado, Kylian Mbappé reclamaba unidad en la piña, en el festejo del equipo. Una vez bien apretados todos, el autor del 5-0 acudió a la zona técnica para reunirse en el abrazo con Álvaro Arbeloa, que le recibió no como a un amigo, sino como al hijo pródigo. De la recuperación de Vinicius depende el futuro del técnico. Bien lo sabe el Bernabéu, que seguirá exigiendo cada noche lo suyo al astro brasileño.

Fue un martes feliz de Champions, que falta hacía por Chamartín. Una goleada vital para acceder al top-8, culminada por el clamoroso reconocimiento a Jude Bellingham, autor del 6-1. Quién lo iba a imaginar en la previa, cuando sólo cundía el desencanto. Desde las siete y media, mientras el autobús del equipo descendía por Concha Espina, se sentía ya el frío de este enero poco propicio para el gran torneo. El gélido ambiente derivó en la indiferencia cuando el equipo de Arbeloa inició el calentamiento. Entre el escaso público que ya se había acomodado apenas pudieron distinguirse los aislados silbidos de los tímidos aplausos.

Llegado el turno de las alineaciones, el atronador volumen de la megafonía dejó escaso margen para emitir un veredicto. Desde la grada de animación, situada en el Fondo Sur, se desplegó una pancarta en recuerdo de las víctimas del accidente de Adamuz, por las que además se guardó un minuto de silencio. No de los altavoces, por supuesto, que ni siquiera conocen el descanso en un instante tan sagrado.

Arbeloa, impávido

La resolución definitiva quedaba pospuesta, pues, a cuando echase a rodar el balón. Y desde ese minuto uno quedó en el olvido aquel ambiente hostil del sábado frente al Levante. Nada de broncas cada vez que recibían Fede Valverde o Bellingham. Apenas unos pitos para Vinicius, atenuados por el madrugador 1-0, por el que Mbappé pidió disculpas a la afición del Mónaco, que colmaba sus butacas en un rincón del Fondo Norte.

Desde una esquina de la zona técnica, las manos en el bolsillo del pantalón, Arbeloa asistía impávido a la victoria. En la misma actitud contemplativa de sus dos primeros partidos, economizando cada gesto, cada una de esas órdenes que dice guardarse porque no alcanzan en la lejanía a sus futbolistas. El más apartado de su zona era Vinicius, tan habituado últimamente a que le regalen los oídos.

El brasileño, para lo bueno y para lo malo, juega ajeno a todo. A su ritmo, sin importarle el qué dirán. Ni le pesó errar una buena ocasión en el minuto 8, ni se le vio eufórico tras servir el 2-0, ni pareció arrepentido tras su disparatado error que casi aprovecha Folarin Balogun. Quedaba poco para el descanso y el madridismo tuvo que dividirse entre la protesta y el aliento.

Bellingham, ante Caio Henrique, el martes en el Bernabéu.

Bellingham, ante Caio Henrique, el martes en el Bernabéu.AFP

Por mucho que se empeñe el club, desde todos sus estamentos, la gente sigue sin comprender la falta de actitud de Vinicius en tareas defensivas. Sobre todo en comparación con Mbappé, a quien ahora se le ve en la obligación de dar ejemplo, como buen capitán in pectore. En más de una ocasión quiso animar el francés a sus compañeros de ataque a acompañarle en el esfuerzo. Sin ningún éxito, por otra parte.

La tibia de Asencio

Aunque en realidad sí hubo un instante, nada más sacarse de centro tras el 2-0, en que el Madrid se volcó en campo rival con esas ganas que le exige su gente. Un episodio aislado, anecdótico y que, por tanto, resulta aún más significativo. En la actual dinámica tanto da que sea Antonio Pintus quien active a los muchachos en el calentamiento. No hay piernas frescas, por mucho que sean jóvenes. De hecho, el once inicial de Arbeloa, con 24 años y 152 días de promedio, fue el más tierno del Madrid en Champions desde diciembre de 2018.

Esa edad media se elevó tras el descanso, por culpa de la sustitución de Raúl Asencio, víctima de un fuerte golpe en la tibia derecha. El rol de Dani Ceballos como mediocentro pasó más desapercibido que el primer gol de Mastantuono en Chamartín, saludado por el inevitable: "Franco, Franco". No hubo más coros cuando retiraron al argentino, sólo el inevitable runrún contra Ceballos por la absurda pérdida que facilitó el gol de Jordan Teze.

El estadio aún tuvo tiempo de lamentar el excesivo egoísmo de Vinicius, sólo él capaz de desperdiciar una clamorosa ocasión para el 7-1. Muchos desfilaron satisfechos camino al hogar cuando el '7' recogía el galardón de MVP. Mbappé, siempre atento a cada detalle, le premió con un formidable empujón para celebrarlo.

El Erasmus de Mbappé en Mónaco: la elección de papá, la compañía de Falcao y Bernardo Silva, y una graduación ante el City de Guardiola

El Erasmus de Mbappé en Mónaco: la elección de papá, la compañía de Falcao y Bernardo Silva, y una graduación ante el City de Guardiola

El Erasmus de Kyllian Mbappé no fue un pasatiempo, aunque lo cierto es que se divirtió mucho, junto a Bernardo Silva, Falcao o Fabinho. Mónaco era el lugar ideal, según decidió su padre, Wilfried Mbappé, para que su hijo evolucionara lejos del ruido de París. Tiempo habría de regresar y de marcharse, en una carrera que ha estado perfectamente diseñada desde el principio, en lo económico y lo futbolístico. Todo empezó en el Principado, a los 14 años.

Enfrentarse al Mónaco será, pues, para Mbappé como abrir el álbum de fotos. Lo ha hecho hasta 12 veces desde que dejó el equipo de sus principios, pero esta vez es diferente. Es en la Champions, el torneo más deseado y que acechó, por primera vez, cuando estrenaba su mayoría de edad. La Juventus impidió entonces que se hubiera jugado el título ante el Madrid de Zidane, en Cardiff. Contra su alter ego, aunque fuera en el banquillo. Para entonces las comparaciones lo acercaban a Thierry Henry, veloz, desbordante y goleador, más que a ZZ.

Había debutado con 16 años en el primer equipo, en 2015, pero la temporada de su explosión fue la 2016/17, en la que logró 29 goles y 16 asistencias en 60 partidos. El Mónaco, que había conocido días de gloria en los años 60 y 80, volvía a ganar la Ligue 1 después de 17 años. Antes de regresar a París, Mbappé rompía la hegemonía del que sería su futuro club. Fue como robar al rey en el mismísimo Palacio de Versalles.

Un fútbol a la medida

El estadio Luis II volvía a recodar los tiempos del Mónaco dirigido por Arsène Wenger, con Scifo o Klinsmann, pero en una clave muy distinta. El portugués Leonardo Jardim era mucho más pragmático que el romántico Wenger, con un equipo que no dudaba en replegarse y explotar el contraataque, los espacios desde las bandas. En pocas palabras, un fútbol a la medida de Mbappé.

Un duelo, sin embargo, marcó el salto de calidad del equipo. Fue en octavos de la Champions ante el City de Pep Guardiola. Después de perder por 5-3 en Manchester, el equipo de Mbappé remontó en la vuelta. El francés marcó un gol en cada uno de los partidos. Lo mismo hizo en cuartos, con un doblete ante el Borussia Dortmund. La experiencia de la Juve frenó un sueño pendiente antes del salto al PSG, donde las frustraciones en el gran torneo se acumularon.

Es imposible saber qué habría sucedido si entonces, en 2017, papá Mbappé, que dirigía la carrera de su hijo en lo deportivo, hubiera optado por el Madrid en lugar del conjunto parisino. Tres Champions ganaría el equipo blanco desde entonces, una más de la mano de Zinedine Zidane y dos con Carlo Ancelotti.

El Madrid, en la puja

El club de Florentino Pérez estuvo en la puja ante su salida del Mónaco, pero el primer destino de Mbappé era el dinero, en el momento de las grandes inversiones de Qatar en el fútbol, con el Mundial 2022 a la espera. Un fichaje de 180 millones de euros camuflado el primer año de cesión para no vulnerar las normas del Fair Play Financiero de la UEFA, acabó con el joven Mbappé en París. Ni el Madrid iba a alcanzar semejante cifra por el francés ni estaba dispuesto a pagar el salario que le esperaba en el Parque de los Príncipes.

La impresión es que el jugador no se hace ya esa pregunta, o al menos la disimula. Apareció ante los medios antes de enfrentarse, hoy, a su ex equipo, y no para hablar del Mónaco, sino para cerrar filas en torno a la crisis. Defendió a Vinicius y reconoció el derecho del público del Bernabéu a pitar a los futbolistas, algo que también dijo haber hecho de niño, como aficionado. Pero hizo una petición: «Que nos piten a todos, no sólo a Vini».

El francés no habló como ex jugador monegasco, pese a la oportunidad, sino como un futbolista maduro. Una voz que pesa mucho más que la de Álvaro Arbeloa, un entrenador circunstancial, y que suena a independiente. Para muestra, lo que dijo de Xabi Alonso: «Va a ser un grandísimo entrenador. Tengo una relación espectacular con él y le deseo lo mejor. Conoce mucho del fútbol moderno, es una decisión del club que hay que respetar». No dijo si la compartía. No lo necesita, ya no está de Erasmus.