Lamine Yamal y la Champions: "Me siento más libre y más feliz"

Lamine Yamal y la Champions: “Me siento más libre y más feliz”

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Lamine Yamal fue otra vez el gran argumento del Barça para acabar por remontar a lo grande un duelo frente al Copenhague que se envenenó muy pronto. El joven crack azulgrana le dio a Lewandowski la asistencia que le permitió a su equipo poner la igualada en el luminoso y anotó, poco después y con algo de fortuna, el tanto que abrió una remontada que acabarían por culminar su buen amigo Raphinha y Marcus Rashford.

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El rival, cómo no, le sometió a un férreo marcaje. Muchas veces, con ayudas. Pero eso no evitó que el de Rocafonda disfrutara sobre el terreno de juego. "En Champions me siento más libre y más feliz. Nunca estoy uno contra uno, pero sí uno contra dos. Es lo de cada día, ya me estoy acostumbrando", aseguró el delantero al término del encuentro en declaraciones a Movistar. El Copenhague puso las cosas difíciles. Y, de hecho, se fue al descanso mandando por 0-1 en el marcador. Algo que, no obstante, no le tomó por sorpresa.

"Cuando te marcan un gol en la Champions es muy difícil remontar, todos los equipos son muy buenos, pero hemos demostrado que en las segundas partes nos hacemos muy fuertes", analizó la estrella azulgrana, quien insistió que lo fundamental, por encima de todo, en este caso era el resultado. "Lo más importante era entrar entre los ocho primeros y estoy muy contento por la victoria", recalcó un Lamine Yamal que se mostró también más que contento por el hecho de que el equipo pueda ahorrarse una eliminatoria extra con un calendario tan cargado. "Descansar te da la vida, el hecho de contar con dos partidos menos por delante te permite tener tambien más tranquilidad. Por eso me siento muy feliz", insistió.

La reacción azulgrana también provocó que el gesto adusto de Hansi Flick en los primeros minutos del duelo cambiara diametralmente. "El partido ha estado bien en general. En el inicio de la primera parte no estaba contento, pero en la segunda hemos estado mucho mejor. Tenemos que seguir así", aseguró el técnico barcelonista también ante los micrófonos de Movistar al término del encuentro. Quien dio el susto en el partido fue un Eric García que tuvo que ser sustituido por Marc Bernal en la segunda parte a causa de un mareo. El defensa recibió un fuerte golpe en la cabeza en el arranque del encuentro, pero en principio no peligra su presencia en los próximos compromisos del equipo azulgrana.

El apoyo emocional de Araujo en la conquista del título: "El discurso que dio antes de salir al campo nos emocionó a todos"

El apoyo emocional de Araujo en la conquista del título: “El discurso que dio antes de salir al campo nos emocionó a todos”

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Aunque no saltó al césped hasta el añadido del segundo tiempo, para dar descanso a un Lamine Yamal que acusaba ya el esfuerzo y para reforzar a un equipo que se había quedado con diez por la expulsión de Frenkie de Jong, Ronald Araujo fue un jugador absolutamente trascendental para que el Barcelona disputara por segundo año consecutivo la Supercopa de España. Y los azulgrana, por supuesto, están más que encantados de que pueda volver a estar sobre un terreno de juego. Por todo lo que es capaz de dar, tanto dentro como fuera del campo.

Pedri, de hecho, confesó ante las cámaras nada más acabar el partido que el uruguayo tuvo una intervención en el vestuario, minutos antes de que el balón empezara a rodar sobre el césped, que resultó tremendamente motivadora. "Ronald nos aporta mucho, tanto dentro como fuera del campo. El discurso que dio antes de salir al campo nos ha ilusionado a todos", desveló el canario.

Araujo levantó la Supercopa en solitario, después de que Joan Laporta, con los ojos llorosos, se emocionara al felicitarlo en la ceremonia de entrega de galardones, a pesar de que el trofeo de Copa, conquistado el año pasado en La Cartuja, lo alzó junto con Marc-André ter Stegen. El primer capitán estuvo sin problemas en la convocatoria después de que unas molestias en su rodilla operada le dieran un buen susto, pero todos quisieron reforzar el protagonismo del uruguayo. E, incluso, lo mantearon de manera festiva en el propio terreno de juego.

Las críticas tras el partido ante el Chelsea

"Creo que en esta situación, que juegue y gane el título es muy importante. Me alegra verlo de vuelta, es un futbolista que tiene mucho peso en el vestuario", señaló Hansi Flick en su rueda de prensa posterior al duelo. El uruguayo, tras las fuertes críticas que recibió por la derrota frente al Chelsea, partido en el que fue expulsado por doble amarilla, decidió dar un paso al costado hace poco más de un mes. Aunque primero se argumentaron molestias intestinales y otras circunstancias para justificar su ausencia, el propio técnico fue quien acabó desvelando que no se sentía bien a título personal y pidió respeto para él.

Poco a poco, tras llevar a cabo también un viaje espiritual a Israel, justificado por sus profundas creencias cristianas del, Araujo ha vuelto a encontrar su centro. Ha evidenciado que el bienestar psicológico es tan importante como el físico. Algo que ha sido muy valorado por propios y extraños. Incluso, más allá de la fiera rivalidad deportiva que pueden tener dos equipos tan contrapuestos como el Barça y el Real Madrid.

Al término del primer tiempo, Vinicius Junior, con quien ha protagonizado duelos de altísimo voltaje sobre el césped, quiso interesarse por el estado del central. Tras unos instantes de conversación, el brasileño incluso le dedicó varios gestos de cariño. El capitán madridista, Dani Carvajal, también quiso hablar con él para saber de primera mano cómo estaba. Ambos evidenciaron que las personas son mucho más importantes que los escudos.

Y Xabi Alonso... seguirá

Y Xabi Alonso… seguirá

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La peor noticia no es que el Madrid perdiera la final. El drama es que el club tendrá que seguir con Xabi Alonso. No hay excusa para echarlo. Y siempre se podrá decir que fue cuestión de mala suerte perder la final.

Pero uno cree que Alonso no es entrenador para el equipo de Florentino Pérez. Todos felicitan al vasco por su enjambre defensivo que equivocó a los futbolistas del Barça, que cayeron como moscas en él. Pero el gran Real Madrid no puede jugar como un equipo pobre, miedoso ante un rival que indiscutiblemente tiene peor plantilla. Pero juega con Flick como entrenador.

En el minuto 65 vi al Barcelona fiambre. Ni De Jong ni Pedri podían con las botas. Raphinha, cansado y Lamine Yamal, tan ineficaz como casi siempre, inútil para hacer un gol en su vida.

Ese minuto era decisivo, porque hasta Rodrygo y Vinicius pudieron poner al Madrid por delante en el marcador, pero erraron. En ese momento, sacas a Mbappé, ya que ha jugado al gato y al ratón dantescamente y le metes un susto al Barça y le das lo del cachetero en los toros.

El precario Xabi, que había planteado un partido como ya le hizo al Bayern, cuando era entrenador del Leverkusen, no sacó Mbappé y dio la suerte que una jugada de Raphinha de churro, media manga y mangotero, propició que el Barcelona, con la misma suerte de siempre, se pusiera por delante. Sí, digo la suerte, porque se ha cambiado de bando, el Madrid ya no la tiene. Ya es un poco cenizo.

Sacar a Mbappé a los 78 minutos. ¿Para qué? Sólo propició que al despótico De Jong le expulsaran. Desde hace 20 años, el árbitro pita algo en contra del Barça y los azulgrana se comen al juez. No le tienen miedo. Viven en la impunidad desde hace tantos años.

Curiosamente, tengo apuntadas más jugadas de gol para el Madrid que para el Barcelona. Las dos primeras en el primer tiempo de Vini y Gonzalo, aunque luego el brasileño hiciera una obra maestra.

En el segundo tiempo, de Rodrygo, pero le pegó muy flojo y mientras que al final, el Madrid se tiraba de los pelos y se oía el crujir de dientes, Carreras falló el gol del empate y, más tarde, Asencio, con la cabeza tenía también el 3-3. Un gol a las nubes y se acabó.

Hay misterios todavía por descubrir que acaba de suceder en el Madrid. Primero, el de Mbappé, con ese viaje fantasma o esa disponibilidad. Siempre se pone malo en los grades partidos.

El otro misterio fue el de Arda Güler, que estaba previsto que jugara de inicio y alguien dijo que jugara Gonzalo, no el turco. No hace falta tener mucha imaginación para saber de quién era el dedo del destino. Ya dije que el Madrid tiene una crisis más profunda de lo que se creen la Casa Blanca. Y Xabi Alonso no manda nada.

Raphinha hace supercampeón al Barça en un clásico de oxígeno y piernas ante un Madrid peleón

Raphinha hace supercampeón al Barça en un clásico de oxígeno y piernas ante un Madrid peleón

El Barça, dominante con balón, contundente en el área de Courtois y afortunado en el gol decisivo, reinó en la calurosa batalla de Yeda ante un Madrid peleón, con más entrega y corazón que fútbol, y se llevó una nueva Supercopa de España en suelo saudí. El caos de la primera parte, con dos goles para cada equipo, dejó paso al frenético final después del tanto de Raphinha, con los blancos perdonando el empate ante 10 futbolistas tras la expulsión de De Jong. [Narración y estadísticas (3-2)]

Xabi Alonso se jugó su destino en el Madrid con una carta inesperada. El técnico vasco asumió las condiciones de su equipo, lastrado físicamente por las lesiones en defensa y la duda de Mbappé, y condicionó su once al Barcelona de una manera tan descarada como por momentos efectiva. Contuvo la constante posesión culé (80% en la primera parte) con un muro de tres centrales, con Tchouaméni entre Asencio y Huijsen, dos carrileros en Valverde y Carreras, un doble pivote clavado delante (Camavinga y Bellingham) y Gonzalo suelto entre líneas para tapar todo lo que pudiera. Sólo Vinicius respiró para los contraataques.

La carta del de Tolosa fue conservadora, pero surtió efecto el tiempo que duró la solidaridad defensiva de los suyos, lo que Bellingham aguantó detrás de Pedri y Gonzalo a la sombra de De Jong. Mientras eso duró, el clásico saudí tuvo más miedo en la portería de Joan García que en la de Courtois a pesar del dominio azulgrana del balón.

Pérdida letal

Vinicius, en su mejor partido de la temporada, lo fue todo en el ataque del Madrid. Su arranque fue el de los blancos, que perdonaron varias ocasiones antes de la media hora en las botas del brasileño y de Gonzalo, flojos en el remate ante el guardameta catalán.

Pero a partir de la media hora, el Madrid tembló y el Barça lo aprovechó. Una pérdida de Rodrygo en salida pilló a sus compañeros lejos de su marca y Fermín encontró a Raphinha, que había perdonado tras una pérdida de Valverde un minuto antes, al espacio, amagó el brasileño y definió cruzado ante Courtois para el 1-0.

El Madrid se tambaleó durante unos minutos y el belga tuvo que aparecer ante Fermín y Lamine para evitar el segundo mientras su equipo se mareaba. Con el físico al límite, no buscaba, esperaba demasiado, y el Barça, con el viento a favor, terminaba encontrando un espacio.

Vinicius conduce el balón ante Koundé y Pedri.

Vinicius conduce el balón ante Koundé y Pedri.AFP

Hasta que una contra madridista descubrió a Vinicius en la izquierda y el brasileño volvió a mayo de 2024. Encaró a Koundé hasta el área, le tiró un caño extraordinario cuando venía la ayuda de un compañero, evitó la llegada de Cubarsí y empató el duelo ante Joan. Era el minuto 47 de un final de primer tiempo que entró en caos.

En la jugada siguiente, Lewandowski aprovechó las dudas de Tchouaméni y Huijsen en el marcaje, recibió de Pedri, siempre atento, dentro del área y picó la pelota ante la salida de Courtois. Era un posible golpe anímico al que el Madrid respondió de inmediato en un córner, ya en el 50. Huijsen cabeceó al palo y Gonzalo aprovechó el rechace para mandar el clásico a vestuarios con empate.

El descanso construyó las ideas del Barça, consciente de su superioridad física en Arabia ante un Madrid limitado que creyó en el título todo lo que confió Vinicius. El brasileño dio sus últimos suspiros en el inicio del segundo tiempo, fabricando las opciones blancas y perdonando el tercero ante Joan García. Tampoco estuvo fino Rodrygo, definiendo flojo ante el portero tras otra buena jugada de Vini.

Dos ocasiones clarísimas

Con los minutos, el Madrid desfalleció. Valverde, lesionado, pidió el cambio, Courtois salvó una mano clara ante Lamine y la suerte se alió con el Barça cuando Asencio desvió un disparo de Raphinha mientras el belga ya se vencía hacia un lado. Era el minuto 72 la orilla parecía lejos para el Madrid de Alonso, que recurrió a Mbappé e incluso a Alaba, único central disponible para sustituir a un Huijsen que tampoco pudo seguir.

Mastantuono y Ceballos fueron soluciones de emergencia ante el evidente cansancio de Vinicius y Camavinga, y el Madrid murió como pudo. Compitió, que era lo que la zona noble pedía en estas condiciones al equipo, pero le faltaron piernas y fútbol para aprovechar la superioridad numérica tras la expulsión de De Jong por una entrada con los tacos a Mbappé. Aun así, Carreras y Asencio tuvieron dos ocasiones clarísimas dentro del área para provocar los penaltis decisivos, pero remataron flojo, casi sin fuerza, a las manos de Joan García.

El Barça volvió a conquistar Yeda y la entrega del Madrid en cuanto a las sensaciones y lo apretado del marcador otorgan a Alonso su continuidad en el banquillo del Bernabéu.

Las adolescencias cruzadas de Vinicius y Lamine, entre la presión mediática y el peso de Cristiano y Messi: títulos, millones, insultos, dudas físicas…

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Lamine Yamal cumplió en julio 18 años, los mismos que tenía Vinicius Júnior cuando aterrizó en Valdebebas para jugar en el Real Madrid. El conjunto blanco pagó 45 millones por él a los 16, la edad a la que Lamine se hizo gigante en la Eurocopa. Son dos adolescencias cruzadas, marcadas por el foco mediático de los dos clubes más grandes del mundo, por la presión de las críticas y de los grandes escenarios. Se llevan siete años de diferencia, pero en sus caminos hay similitudes evidentes y también diferencias. Todo eso choca hoy de nuevo en el King Abdullah de Yeda, en otro clásico para definir la Supercopa.

Vinicius y Lamine representan dos caras de la misma moneda: el talento precoz sometido al escrutinio mediático, la construcción de su fútbol a la vez que la necesaria coraza ante el ruido exterior, las grandes marcas, el dinero, el entorno familiar... La presión casi hunde al primero durante unos primeros años de irregularidad en la capital, pero Vinicius lo solventó con una explosión mundial de la mano de Ancelotti y con dos goles en dos finales de Champions.

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Yamal, por su parte, dinamitó todos los registros, se consolidó en el primer escalón del planeta con apenas 16 años, se transformó en epicentro de las esperanzas del Barça posterior a Messi y se echó a sus hombros a la selección. Golpeó con fuerza el primer muro de la presión, pero una vez tocado el cielo de la Liga y la Eurocopa, en los últimos meses de 2025 ha experimentado las luces constantes del foco mediático. La polémica le ha acompañado por su cumpleaños, por su pareja sentimental, por su padre, por la pubalgia que inició una guerra entre su club y la selección... Meses en los que ha sentido el análisis sobre cada paso que daba, condicionando, como le pasó a Vinicius, su personalidad.

Las dos estrellas no rechazan la confrontación. El brasileño no se ha callado ante los insultos racistas que ha ido recibiendo en diferentes campos de España, como el Metropolitano, el Camp Nou o Son Moix, e incluso ha protagonizado un documental sobre el tema. Tampoco lo ha hecho Lamine, que los sufrió en el Bernabéu. Han sido la diana de la rabia y la mala educación de algunos aficionados, pero no se han alejado del foco, incluso les gusta. Yamal forma parte del día a día de la Kings League, aparece en sus tertulias y pica a los madridistas de la liga. Vinicius no sale en un programa así, pero también utiliza las redes sociales para responder a quien considera, como sucedió tras el pique con Simeone.

"Un entorno ajustado"

«Los adultos normalmente ya tenemos formada nuestra personalidad y sabemos aceptar mejor las situaciones. Si soy un jugador joven que de repente me ponen ahí con toda la exigencia, necesito ayuda para hacerle frente», explica el psicólogo deportivo David Peris. «La prensa, las expectativas, los aduladores del alrededor. Hay que mantener un entorno lo más ajustado posible, los amigos de toda la vida, la familia, una red que le ayude a funcionar», añade.

En los últimos meses, ambas estrellas han llegado a un punto límite a nivel físico y mental. Un punto que parece de inflexión. Desde que perdiera el Balón de Oro ante Rodrigo Hernández, Vinicius ha ido cuesta abajo, todavía no ha cerrado su renovación con el Madrid, ha vivido una relación tensa con Xabi Alonso y hay cada vez más rumores sobre una posible salida. Cinco goles y ocho asistencias en 26 partidos, pero cero goles y tres pases de gol en los últimos 16, es su balance de esta temporada, cifras discretas para un futbolista que llevaba tres años siendo de los mejores del mundo y que ahora debe definir su rol en el futuro del club tras la llegada de Mbappé. Tras los abucheos contra el Sevilla, el brasileño se quitó la foto de perfil con la camiseta del Madrid en sus redes sociales y acrecentó todavía más la polémica. A mitad de su carrera, con 25 años y después de siete temporadas en la elite, podría buscar un cambio.

Lamine, de momento, asienta su lugar en el nuevo Barça. Perdió el Balón de Oro ante Dembélé, ha heredado el '10' de Messi y renovó hasta 2031, un movimiento similar al que hizo el Madrid cuando explotó Vinicius. En 2023, con 23 años, los blancos le dieron el '7' de Cristiano Ronaldo y le renovaron hasta 2027 con una cláusula de 1.000 millones. Acumula nueve goles y 11 asistencias en 22 encuentros y lidia con una pubalgia persistente desde hace meses que, entre otros partidos, le limitó en el último clásico de Liga. El club y el jugador optaron por una gestión conservadora que no requiriera pasar por el quirófano, y Flick le dosifica como puede. Después de ser titular en 16 partidos seguidos con el Barça y de perderse los dos últimos parones internacionales con la selección, el de Rocafonda fue suplente en semifinales, aunque parece que volverá al once en la final.

Luis Enrique, el coreógrafo audaz que llevó al PSG hacia el infinito

Luis Enrique, el coreógrafo audaz que llevó al PSG hacia el infinito

En los tiempos del culto al ego y del retroceso de la acción colectiva, en la era del narcisismo y la hipertrofia del yo, Luis Enrique Martínez (Gijón, 1970), en su segunda temporada en el Paris Saint Germain, consiguió aunar talento y voluntades para suscribir el gran logro ambicionado obsesivamente por Nasser Al-Khelaifi, quien había buscado la Copa de Europa por vías que acabaron revelándose estériles. La noche del 31 de mayo, en el Allianz Arena de Múnich, el PSG vencía 5-0 al Inter para hacerse con su primera Champions con la mayor goleada en una final de la competición.

Ya no estaban Messi, Neymar ni siquiera Kylian Mbappé, a quien la prensa deportiva madrileña había recomendado fichar de una vez por todas por el Real Madrid si quería hacerse con el máximo torneo continental. Después de sucesivos proyectos frustrados, el magnate catarí otorgó plenos poderes al ex seleccionador de España y tuvo la paciencia suficiente tras el curso de debut y los serios apuros con el nuevo formato de la competición, cuando no fueron pocas las soflamas mediáticas en contra del nuevo entrenador a medida que el equipo volvía a quedar lejos del objetivo.

A diferencia de lo que sucede con otros grandes equipos, sólo los muy aficionados al fútbol recitarían la alineación del PSG, un grupo caracterizado por su armonía sobre el terreno de juego y su solidaridad en el desempeño del oficio. Buenos jugadores, algunos de ellos excelentes, pero ninguno eximido de las responsabilidades impuestas por su entrenador en aras del bien común.

Con Luis Enrique llegó la mejor versión de Ousmane Dembélé, consagrado con el Balón de Oro tras cinco temporadas decepcionantes en el FC Barcelona. El internacional francés suscribió 37 goles y 15 asistencias en un curso excepcional, en el que su equipo ganó también la Supercopa de Europa, la Copa Intercontinental, la Liga y la Copa de Francia, además de disputar la final del Mundial de Clubes.

El triunfo por penaltis logrado este 17 de diciembre ante el Flamengo en la Intercontinental, después de que el partido concluyese con empate a uno, fue el colofón a un año difícilmente mejorable del PSG. Paralelamente al asombro que provocaron durante la temporada el vértigo y la ferocidad de Dembélé, quien, convalenciente de una lesión, sólo pudo disputar los últimos 12 minutos y la prórroga ante los brasileños, impresionó observarle siempre implicado como el que más, en la primera línea del frente a la hora de iniciar la atrevida y extenuante presión que distingue al mejor equipo del mundo.

El crecimiento de Vitinha

Otro de quienes han alcanzado de su mano la expresión más rica de su fútbol es Vitinha, alzado al podio del Balón de Oro, detrás de Dembélé y Lamine Yamal. Junto al guardameta, ahora Chevalier, o también Safonov, determinante el ruso en la Intercontinental al detener cuatro lanzamientos en la tanda de penaltis, antes Donnaruma, el medio centro portugués es el hombre más fácil de ubicar en un elenco donde todos los actores pueden interpretar varios papeles a lo largo de la función. Vitinha maneja la partitura, ordena, dirige y enmienda, sin perder nunca el rumbo, tan diestro al volante como a la hora de manejar el freno o pisar el acelerador.

Este 8 de diciembre, en la cuarta jornada de esta edición de la Liga de Campones, en la que su equipo ganó 5-3 al Tottenham Hotspur, destacó en una faceta infrecuente, al conseguir por primera vez marcar tres tantos en un partido.

Luis Enrique ha encontrado en el fútbol, su pasión de toda la vida, una vía de rescate emocional a la pérdida de su hija Xana, fallecida en 2019 a los nueve años como consecuencia de un osteosarcoma. Después de su controvertido paso por la selección española, en el que pesó la eliminación ante Marruecos en los octavos de final del Mundial de Catar, y del obligado receso ante la tragedia personal, disfruta en París del punto álgido de una trayectoria brillante en los banquillos, en la que suma 18 títulos.

El mejor de la lista

Unai Emery, Thomas Tuchel, Mauricio Pochettino, Christophe Galtier... Han sido unos cuantos los técnicos con quienes ha probado Al-Khelaifi, así como fueron muchas las estrellas rimbombantes que pasaron por el equipo. Pero ningún entrenador supo ganarse la independencia y el exclusivo liderazgo con la personalidad y la sabiduría que lo ha hecho Luis Enrique.

Feliz en la dificultad, como confiesa en No tenéis ni p... idea, la serie documental emitida el pasado 2024 en Movistar Plus, y retroalimentado por la confrontación, a través de una beligerancia constante con los medios, su éxito no admite debate. Mientras persigue de nuevo los máximos objetivos, se exprime en cuerpo y alma a lomos de su bicicleta y corriendo descalzo. Siempre en busca de sus propios límites.

La broma de Pedri con el 2-0 de Koundé: "Estoy seguro de que no quería rematar"

La broma de Pedri con el 2-0 de Koundé: “Estoy seguro de que no quería rematar”

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No por ser algo que se repita una y otra vez pierde verdad:el fútbol es un deporte caprichoso. Jules Koundé, que podría haber sido el gran villano de la noche para el Barça con un par de desconexiones defensivas que podrían haber salido carísimas y que, además, quedó bastante retratado en el primer gol del Eintracht, acabó por erigirse como el héroe de la noche con un triple estreno salvador. Por un lado, marcó por fin en la Champions con la elástica azulgrana. Por el otro, fueron sus primeros goles en el Camp Nou. Y, finalmente, lo hizo además con el primer doblete europeo de su carrera, con dos tantos que llegaron tras un remate de cabeza inapelable a centro de Marcus Rashford y otro, como mínimo afortunado, tras un balón colgado por Lamine Yamal.

"Estoy seguro que en el segundo no quería rematar, pero se lo preguntaré", señaló Pedri en Movistar Plus. "Koundé trabaja mucho, se lo merece, le va a venir bien y estoy muy contento por él", apostilló. "Queríamos empezar en el Camp Nou ganando y nos lo han puesto difícil. En la primera parte han encontrado ese gol y metían a mucha gente atrás, pero ajustamos cosas, sobre todo con gente por dentro. En la segunda parte hemos salido mejor y hemos encontrado los goles", analizó el canario. "Intento hacerlo lo mejor posible para que el juego sea lo más fluido. Ahora mismo me encuentro bien físicamente y ojalá sea así toda la temporada", recalcó el '8'.

"Estoy contento por la victoria, son tres puntos muy importantes. En cuanto a los goles, a veces toca y era mi día. Hemos controlado la primera parte, nos marcan en la única que tienen, nos faltó arriesgar más con balón, pero en la segunda parte hemos metido esa marcha más y han llegado los goles. Nos ha tocado sufrir, pero son tres puntos vitales", explicó Koundé.

"a veces hay que tener suerte"

"El primero es algo que habíamos trabajado en los entrenamientos. Mi trabajo era llegar, porque sabía que a Rashford le gusta poner esta clase de balones. El segundo, con la rosca, trato de meterlo en la zona, pero se va a la red. Me quedé un poco sorprendido, pero a veces hay que tener suerte", señaló el defensa, dándole así la razón a Pedri.

"Son tres puntos muy importantes. Hemos controlado el partido, ha sido un encuentro muy difícil, porque han defendido muy abajo", analizó Hansi Flick. "Ahora, tenemos que centrarnos en nosotros y sacar seis puntos más", arengó el alemán, quien se mostró comprensivo con la reacción de fastidio de Lamine Yamal cuando decidió cambiarlo para darle entrada a Roony. "Lamine ha tenido una pequeña decepción en el cambio, pero tenía amarilla y necesitaba piernas frescas", se justificó el técnico.

Koundé se viste de héroe y salva al Barça ante el Eintracht

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Koundé fue el héroe de la epopeya que escribió el Barça ante el Eintracht. Durante muchos minutos, los alemanes fueron los protagonistas de loque apuntaba a ser otra tragedia europea. Dos goles en tres minutos permitieron respirar a los azulgranas, que siguen con pocas opciones de estar en el top-8. Tienen que dejar de temblar y afilarse. [Narración y estadísticas (2-1)]

No se encontró el Barça al equipo más goleado de la Bundesliga y al segundo que más ha encajado también en la Champions, sino a uno que se amuralló con la intención de sobrevivir y se encontró con la posibilidad de ganar. No le hizo falta jugar ni siquiera quitarle la pelota a los azulgrana más de una o dos veces, porque les inyectaba el veneno suficiente para plantarse ante Joan Garcia con opciones de hacer mucho daño.

Y eso que comenzó amenazando Lewandowski para afinar la puntería en un pase de Raphinha que acabó en gol anulado por un fuera de juego de la punta de la bota del brasileño. Amasaba Pedri el fútbol del Barça buscando el hueco en una defensa bien armada y, si en el área no se podía, había que probar desde fuera, como hizo Gerard Martín con un disparo que salvó Zetterer. Fue la única parada del meta alemán.

Demasiadas prisas

Poco más hizo el equipo de Flick en la primera parte, atosigado, sin que apenas apareciera Lamine, con Raphinha intentando multiplicarse por todos los perfiles y Fermín ahogado. Lewandowski solo era un espectador.

Estaba cómodo el Eintracht porque tenía claro el plan, y le salió a los 20 minutos. Un robo del central Brown y una cabalgada para asistir a Knauff, colándose a la espalda de Gerard Martín, y que batiera la portería azulgrana. Desde ese momento, el Barça se ofuscó. Había demasiada prisa por empatar. Volcado en campo alemán, ni el periscopio de Pedri fue capaz de encontrar la grieta en el muro, a lo que se unió una gran imprecisión. A Fermín le arrebató la igualada Koch y, desde esa suficiencia, el Eintracht pudo irse al descanso con más ventaja si Eric García no hubiera frenado otra carrera de Knauff, que incluso asistió a Skhiri para un cañonazo que rozó la madera en el añadido.

Tenía que revolucionar Flick a su equipo y le encargó la tarea a Rashford. Se acostó el inglés en la banda izquierda para dejar que Raphinha fuera una amenaza en la media punta. Parecía que iba a costar levantar el partido, con Joan Garcia de nuevo frenando a Knauff, pero el remedio tuvo efecto, con Koundé de protagonista.

Doan, tras errar una ocasión en el Camp Nou.

Doan, tras errar una ocasión en el Camp Nou.AFP

Al borde del área pequeña cabeceó un centro dibujado de Rashford desde la orilla izquierda y, apenas dos minutos después, Lamine hizo que lloviera un balón al segundo palo que el francés, de otro testarazo, cruzó al fondo de la portería de un atónito portero germano. No entendía el Eintracht qué demonios había pasado para verse con el marcador en contra en dos zarpazos.

Para no perder la efervescencia, saltó al campo Ferran Torres. Sus dos primeras jugadas hicieron contener la respiración al banquillo de Dino Toppmöller. La idea era seguir amenazando, pero sin arriesgar el orden que podía permitir al Eintracht correr con peligro, como intentó. En esa tarea tenía que aparecer De Jong. Al Barça le había costado aprender la lección, pero se agarró con uñas y dientes a otra remontada.

Flick mea colonia y Xabi no echa ni gota

Flick mea colonia y Xabi no echa ni gota

No hace mucho tiempo, a lo más que podía aspirar el Barça en un partido contra el Eintracht de Frankfurt, era a que el Camp Nou no se le llenara de alemanes vestidos de blanco. No era fácil ver al Barça de Xavi, quien se acababa de apuntar a entrenador. Ese ser en el que Michael Robinson no creía desde el día que llegó a Osasuna, y descubrió que el gerente de su hotel y su entrenador eran la misma persona, Pedro Mari Zabalza, y le confesó a su mujer que bajaban seguro.

La plantilla que no le llegaba a Xavi ni con el balón de oro Ousmane Dembélé, ni siquiera para ganarle al Eintracht en la Europa League, a Flick parece que le sobra. Tras varias temporadas gastando millones en buscarle un sustituto a Sergio Busquets, cuando se acabó el dinero a Flick ya sólo le ofrecieron poner a un canterano, y descubrimos a un tal Bernal, que lo hizo tan bien que cuando se lesionó pudimos descubrir a un tal Casadó.

Todo lo demás ya es historia del Barça. Desde convencer a un portero retirado para dejar de fumar. A poner a Lamine Yamal por el centro sin haberlo entrenado nunca, como quien tira a canasta con los ojos cerrados, sólo para probar los límites de su suerte. Ahora, a falta de centrales, se ha inventado poner a Gerard Martín y resulta que también funciona. Lo llega a intentar Xavi, y su marca, el primer día, nos mete cuatro.

A Xabi Alonso le pasa un poco lo mismo, que el Bernabéu se le está llenando de demasiada gente vestida de blanco, y encima son de los suyos. A Ancelotti no le salía un partido y lo resolvía cambiando los laterales. Casi sin ocultar que lo hacía sin ningún motivo aparente. A Xabi no le sale un partido y de repente le sobra Vinicius. En el Madrid están tan desquiciados que ya suena hasta Mourinho, no tanto pensando en ganar, como en tocarle las narices a los jugadores, para que al menos corran cabreados.

Michael Robinson confesó alguna vez que no creía mucho en los entrenadores, como si el fútbol se jugara en el campo, y me da que Ancelotti y Flick tampoco. Quizá por ello Guardiola le recomienda a su amigo Xabi que no mee colonia, como decíamos que meaba él, y que así le irá bien. El problema es que llega con el renacido City, y Xabi ya está en ese punto en el que han estado tantos entrenadores del Real Madrid, en el que mea y no echa ni gota.

Barcelona-Atlético: si esto es lo mejor que puede ofrecer la Liga, tenemos un problema

Barcelona-Atlético: si esto es lo mejor que puede ofrecer la Liga, tenemos un problema

Hace años ya que el Atleti dejó de ser lo que el cliché dicta que es un "Atleti de Simeone", pero no por ello deja de repetirse el tópico en análisis y tertulias. No es que ya no sea un equipo conservador, es que hace tiempo que, directamente, no sabe defender. Lo sostienen a duras penas Oblak y Giménez, cuando está sano, pero el Cholo lleva tiempo acumulando planteamientos valientes, incluso en el Camp Nou. Queda la duda de si lo hace más por necesidad que por convencimiento porque, a veces, cuando se ve en ventaja, se le olvida que la actual plantilla, plagada de recursos ofensivos, no ganaría un sólo pulso a la de hace 10 años y recula directo al harakiri.

Le pasó con el Inter hasta regalar el momentáneo empate, pero no tanto ante el Barça. Tras el 0-1, fueron Pedri, Lamine y Raphinha los que le empujaron a donde no quería estar. No hay pecado en que tres de los diez mejores del mundo te encierren un rato, pero lo pagó, claro. Atrás es transparente, casi tanto como los de Flick, que sobrevivieron porque Baena, Giuliano, Almada y Griezmann no aprovecharon los regalos en el duelo de despropósitos defensivos y Olmo y Ferrán, sí. Ahí se decidió un partido que era de empate.

El encuentro, más divertido que bueno, mostró el actual nivel de la Liga española. Es bajo. El Atleti, que llegaba como equipo más en forma, está en proceso de transformación y tiene aún más talento que identidad. Ante rivales grandes le cuesta sentirse un igual cuando, a menudo, es superior. Le falta una hora de horno y un socio para Barrios.

Y el Barça, más líder hoy, vive de tres futbolistas mayúsculos. Lo que les rodea, excepto Joan García, está lejos de lo que debe ser un candidato a todo. Especialmente preocupante es su mediocampo, tantos años la joya de la corona. Si van a decirme que faltaba De Jong, dejémoslo en que su opinión sobre el neerlandés y la mía son muy distintas.

No es casual lo que estamos viviendo en la Champions. Excepto la milagrosa victoria culé en Newcastle, los equipos de la Liga han jugado ocho partidos contra la Premier y los han perdido todos con un marcador global de 18-2. Son dos universos distintos y, mientras el británico se expande, el nuestro amenaza con encaminarse hacia la destrucción. Ninguno de los tres grandes españoles parece en condiciones de competir pronto contra los gigantes ingleses y este Barça-Atleti fue buena prueba. Los dos están lejos de ser quien fueron.