Los hermanos Williams hielan Mestalla para llevar al Athletic a semifinales y Oskarsson rescata a la Real Sociedad en Vitoria

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Dicen que a Nico el pubis le lleva a maltraer, que le merma y condiciona su juego y que a Iñaki le cuesta hacer goles, tanto como que solo había marcado uno. Se dibujaba una temporada gris, con pocos fogonazos de los Williams. Sin embargo, en Mestalla, les bastó un destello para mandar a la lona al Valencia y al Athletic a semifinales. Apenas jugaron media hora, porque Valverde les mandó al campo de la mano, pero fue suficiente. El pequeño centró y el mayor rebañó para marcar el 1-2 en el 90+5 que daba la victoria a los rojiblancos.

Mientras, en Vitoria, a la Real Sociedad también le tocó rehacerse ante un contestón Alavés que le tuvo contra las cuerdas hasta el minuto 88. Fueron los donostiarras siempre a remolque, con Oyarzabal igualando el gol tempranero de Abde, con Remiro parando a Toni Martínez el segundo penalti que le tiraba, porque el primero lo marcó el murciano. Fue Guedes quien empató para darles vida en el 76 y Oskarsson quien heló Mendizorroza con el 2-3 porque se les habían escapado las semifinales.

En Mestalla, la grada se había vestido de gala y no cesó recordarle a su equipo que quería la Copa. Valverde parecía haber renunciado desde el once, sin un titular y con el debut de Iker Monreal junto a Laporte en el centro de la defensa. Para pareja para bailar con Sadiq, un chaval y un veterano recién salido de lesión. La parroquia se relamía esperando, con paciencia, que el Valencia, que no tardó en buscar el primer balón en largo al nigeriano, engrasara su ataque. Mientras veía cómo Luis Rioja se iba convirtiendo en un problema para Lekue en la orilla derecha. Era incapaz el capitán de frenarle y encima el fuerte viento le jugaba malas pasadas. Permitió que el sevillano se le escapara para pisar área y cruzar un disparo que salvó Padilla.

La respuesta del Athletic fue solo una entre los tres palos en toda la primera parte y llegó por la incapacidad de los valencianistas para despejar un balón que el Athletic pudo sobar rondando el área hasta que Nico Serrano soltó un latigazo que obligó a Dimitrievski a sacar los puños.

La sensación era de que el Valencia estaba más cerca de abrir el marcador en cuanto Sadiq se afinara. Y lo hizo, pero en la portería que no tocaba. Una falta que Robert Navarro, desde casi la línea de banda, la cabeceó el delantero, solo en el pico del área, como si fuera el goleador del Athletic. Nadie entendió qué cortocircuito le llevó a perpetrar ese testarazo. Como si se hubiera quedado grogui, poco después falló en el remate de un centro de Rioja a un metro de la meta de Padilla. Sin embargo, se sacudió la culpa y lo enmendó cuando vio que Rioja -siempre Rioja- probó con un tiro desde el carril derecho que al meta del Athletic, en su intento por embolsarlo, se le escapó. Apareció como un rayo el nigeriano para rebañarla y poner el empate.

La igualdad espoleó al equipo de Corberán que se instaló en el área bilbaína, con Danjuma intentando castigar por la izquierda y Rioja siendo una pesadilla en la derecha. El Athletic solo intentaba estirarse para, al menos, llevar con vida al descanso. Esa estrategia le permitió tener el partido en la mano.

Valverde mandó a los Williams, a Nico y a Iñaki, al césped y Corberán respondió sacando a Sadiq, tras enviar alta una asistencia de Pepelu, y recompuso su defensa por la lesión de Copete. Creció y mucho el Athletic, que pudo marcar con un remate de media volea de Nico Serrano que estrelló en el lateral del área. Enlazó otra ocasión el extremo antes de que Foulquier, silbado todo el duelo, estirara al Valencia hasta la línea de fondo para estampar su tiro en el palo. Hasta ahí se mantuvieron los valencianistas en los cuartos de final. Y eso que Dimitrievski paró un penalti a Jauregizar que el VAR vio por mano de Tárrega. Ni Ramazani, ni Diego López, ni Hugo Duro ni Guido Rodríguez sacaron a su equipo del atasco, cada vez más romo y más parecido al que sufre mucho en Liga.

En el añadido, cuando se visualizaba la prórroga, apareció Nico Williams por el carril derecho para, desde el pico del área, regalarle a Iñaki un balón que solo tuvo que rebañar para llevar al Athletic a las semifinales de la Copa.

Sorloth pone el gol en el tedio del Atlético que escuchó pitos en su cerrojazo final

Sorloth pone el gol en el tedio del Atlético que escuchó pitos en su cerrojazo final

36 días después el Atlético volvía a casa. Esto del calendario asimétrico tiene loco al público, pese a que más de 60.000 tipos vieran al Atlético ganar con el gancho a un Alavés inofensivo que se mete con la derrota en un serio problema. Mala pinta para los de Coudet el futuro cercano y media sonrisa rojiblanca por igualar al tercero de la Liga aunque se mantengan aún lejos del liderato. Sólo el gol de Sorloth se salvó en un duelo anodino. El noruego se está reivindicando en esta ausencia de Julián. Lo necesita el equipo porque el cerrojazo final le valió algunos pitos de su público. [Narración y estadísticas, 1-0]

Parecía que Simeone iba a realizar una revolución en el once de cara a asegurar el top'8 europeo en Estambul, pero los cambios fueron cosméticos. Johnny y Almada reemplazaron en el once a Koke y Baena y el resto, los habituales con una pareja de centrales que parecía de circunstancias y que comienza a ser inamovible. Pubill salió de las sombras hace apenas un mes y Hancko parece haberse asentado por delante de Le Normand. Ambos se complementan bien y obligan a "esperar", como dijo el Cholo, a sus compañeros.

El interior argentino y el mediocentro brasileño, en cambio, eran dos que comenzaron el año como titulares y las lesiones y la mala suerte sacaron del césped. Cardoso lo tiene todo, aún, para triunfar en el Atlético. Buen desplazamiento de balón, siempre bien colocado e inteligente en el campo. Además, con mucho mayor despliegue que Koke, el gran capitán rojiblanco. Almada es una auténtica pesadilla entre líneas, movilidad constante y giro rápido para mover el ataque rojiblanco, quizás interpreta mejor que el propio Baena cómo pivotar el ataque rojiblanco desde el costado izquierdo.

No obstante, el duelo transcurrió cerrado, aburrido e impreciso. Los dos equipos esperaban el error del contrario. La paciencia iba por barrios, claro. El Alavés de Coudet necesitaba los puntos ya que comenzaba esta jornada en descenso, mientras que el Atlético quería aprovechar el tropezón del Villarreal en Sevilla para recuperar la tercera plaza, pero los goles les dejaron solo a media gesta. Igualados, pero cuartos.

Julián intentó mostrar signos de recuperación tanto bajando a recibir como con la picardía que se le presupone a la Araña. Pero la depresión y la mala suerte seguían encima del argentino. Johnny, metiendo una pierna, evitó que rompiera la racha del delantero sin marcar que se prolonga ya ocho duelos en liga, y luego Parada achicó dos disparos de Almada y Barrios. Si hubiera embocado el argentino, la asistencia habría sido de Julián.

Los rojiblancos salieron a resolver el encuentro pronto. Una gran combinación terminó con el pase de la muerte de Barrios que Sorloth no consiguió embocar, pero en el siguiente minuto fue Julián el que paseó con peligro por el balcón del área. Definitivamente, el equipo había cambiado. Lo certificó el noruego con un golazo propio de su corpulencia. Centró de nuevo Barrios esta vez por alto y el delantero utilizó todo su corpachón para imprimir fuerza a su cabezazo.

Martillazo y pitos

El gol sentó bien a los rojiblancos, que siguieron insistiendo en los centros laterales. Otro apenas cinco minutos después estuvo a punto de ser el segundo, pero el testarazo de Giuliano lo rechazó Blanco. Coudet quiso agitar a los suyos con un triple cambio, pero el argentino quitó a Toni Martínez, el único que creaba peligro de los suyos por Boyé, y sustituyó a dos de los mediocentros. Quizás faltó arrojo en esas sustituciones aunque su equipo intentó subir un poco la presión consciente de que los puntos eran muy necesarios, aunque fueran tan difíciles de arrebatar en el Metropolitano, un fortín.

Simeone respondió a las sustituciones con cemento. Sentó a su hijo para meter a otro mediocentro y volvió a cambiar a Julián, desafortunado, por un Griezmann en racha. El francés está aportando mucho desde el banquillo para los intereses rojiblancos. Lo último, una obra de arte para meter al equipo en cuartos de Copa. No le hizo falta ni a él ni a nadie porque, pese a que se le cedió a los blanquiazules la iniciativa, tienen poco para inquietar a Oblak, que apenas tuvo que usar las manos en el duelo. Aunque los vitorianos, con corazón, obligaron al Cholo a poner otro central para meter defensa de cinco. Mensaje errónero y silbidos, pero cerrojazo, tres puntos y rozando el podio liguero. Espera Europa y espera el top'8, reto mayúsculo que quiere repetir el conjunto rojiblanco.

Chimy Ávila rescata al Betis y el Alavés golpea al Rayo para colarse en los cuartos de final

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Betis y Alavés también estarán en cuartos de final. A los verdiblancos los salvó Chimy Ávila con dos goles de remontada ante el Elche (2-1) y los vitorianos desmontaron al Rayo, algo desquiciado (2-0).

Al Betis le costó entrar en su duelo ante un Elche que, durante toda la primera mitad consiguió tener el control, pero no hacer daño. Las ocasiones más claras fueron para los locales, un cañonazo de Ruibal que rozó el larguero en el minuto 25 y una falta desde la frontal de Lo Celso que atajó el vuelo de Dituro al filo del descanso.

El susto no doblegó al Elche y, en el arranque de la segunda parte, encontró premio. Ruibal apareció de la nada para rebañarle al joven Adam un remate que olía a gol y, de ese saque de esquina, nació el gol. Balón al área pequeña para que la empujara Leo Petrot en el minuto 58. El segundo de los ilicitanos lo evitó el palo cuando Álvaro enganchó un centro perfecto de Josean y, como castigo, vieron cómo una contra dibujada por Fornals y Antony acabaron en el empate del Chimy Ávila. El argentino, con rumores de marcha al Getafe, le dio vida al Betis y lo metió en cuartos con otro gol en el 80.

En Vitoria, el Alavés impuso su ley. El tanteo con el Rayo duró media hora. La lesión de Camello en el 39 y, sobre todo, la decisión de Iñigo Pérez de sacar del campo a Baillu sin motivo aparente pusieron el morbo y distrajeron a los vallecanos que, aún así, tuvieron la mejor ocasión de la primera mitad en un remate de Fran Pérez en el punto de penalti que obligó a lucirse al guardameta Raúl Fernández.

Tenaglia impide a Fran Pérez pelear un balón.

Tenaglia impide a Fran Pérez pelear un balón.EFE

El segundo tiempo arrancó con un libre directo de Gumbau, pero fue el Alavés quien logró golpear. Una pérdida de balón en el inicio de la jugada la aprovechó Denis para colgar una pelota que Mañas, con fe, peleó hasta controlarla y ponerla al punto de penalti donde, en acrobacia, la cazó Toni Martínez para batir a Cárdenas y adelantar a los vitorianos.

De Frutos pudo empatar para el Rayo, sin embargo, la roja a Isi Palazón por una entrada a Aleñá se lo complicó todo un poco más y Carlos Vicente, reservado por Coudet para asestarel golpe, hizo crecer la ventaja en el 89 para amarrar los cuartos.

Moleiro y Gerard Moreno hacen volar al Villarreal

Moleiro y Gerard Moreno hacen volar al Villarreal

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Cuando las cosas no salen y los partidos se atascan, los grandes equipos acostumbran a echar mano de aquello que alguien denominó pegada. Y de ella anda sobrado el Villarreal, que este sábado la sacó a pasear ante el Alavés para liquidar un partido espeso en la primera parte pero que Alberto Moleiro y Gerard Moreno, en poco más de cinco minutos, decidieron en el inicio de la segunda. El canario, que se marchó ovacionado, aún tuvo tiempo de asistir para que Georges Mikautadze anotara el tercero y sentenciara un choque que el Alavés maquilló casi al final gracias a Toni Martínez. [Narración y estadísticas (3-1)]

Superada la media hora de juego, Mikautadze fue el primero en aparecer. El georgiano controló un balón pero su disparo de diestra se marchó desviado por poco. Apenas fue un fogonazo porque el Villarreal era incapaz de darle continuidad a sus intentos mientras el Alavés, con un imperial Pablo Ibáñez en el centro del campo, controlaba el tempo y se permitía el lujo de seguir amenazando, con Carles Aleñá por la izquierda aunque su centro encontró respuesta en la defensa amarilla.

Marcelino no quiso perder más tiempo y movió sus piezas en la segunda parte para dar entrada a Gerard Moreno por un desaparecido Ayoze Pérez. El catalán tardó muy poco en aparecer tras una hábil acción de Mikautadze que remontó la línea de fondo para asistir a su compañero cuyo remate salió desviado junto al poste de Antonio Sivera. Pero no fue ninguno de ellos el encargado de desatascar el partido. De eso se encargó Moleiro, que tampoco había olido la pelota hasta entonces. El canario rebañó un balón en el interior del área para perfilarse y conectar una rosca perfecta que tocó en el poste antes de reunirse con la red.

Jugando a placer

El partido había cambiado y los amarillos parecían oler el miedo en su rival. Y decidieron aprovecharlo. Apenas unos minutos después, una gran triangulación de la delantera obligó a Sivera a evitar el remate de Mikautadze. Pero el rechazo le llegó a Gerard, que no perdonó con un remate de zurda.

El equipo de Marcelino comenzó a jugar a placer, a tocar con comodidad ante un Alavés que, además, tampoco tenía muchas opciones en el banquillo para intentar darle un vuelco al choque. Toni Martínez lo intentó con un disparo de falta que Luiz Júnior atrapó con facilidad. El equipo vasco se quedaba sin tiempo y lo intentaba con disparos lejanos como uno de Aleñá que se marchó rozando la escuadra del brasileño.

Mikautadze, con el balón, el sábado en La Cerámica.

Mikautadze, con el balón, el sábado en La Cerámica.AFP

En el caso del Villarreal, era el momento de poner a correr a sus puntas. Con Pepe ya en el campo, el extremo fabricó una ocasión que Moleiro no acertó a rematar por poco. En la siguiente que tuvo, el Villarreal puso la puntilla al partido con otra acción elegante de Moleiro, que se inventó un pase interior para que Mikautadze superara a Sivera con un toque sutil a media altura.

El meta del Alavés fue el responsable de que su equipo no encajara algún gol más. El propio atacante georgiano tuvo una clarísima que el portero desvió a córner. La relajación fue la causante del tanto encajado a falta de cinco minutos tras un grave error de Thomas Partey, que perdió un balón que Toni Martínez, esta vez sí, convirtió en el 3-1 con un disparo durísimo al que no pudo oponer resistencia Luiz Júnior.

Un agobiante triunfo de Xabi Alonso

Un agobiante triunfo de Xabi Alonso

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Un gol de los de antaño de dos brasileños, entre Vinicius y Rodrygo rompió el gafe en el Real Madrid. Un partido en que el Alavés parecía que se jugaba una final. Se demostró palmariamente que los jugadores están con Xabi Alonso y que la directiva que buscaba el fin del técnico, que se quedó con cara de tonto.

Cruelmente, la Casa Blanca ha jugado a incidir en los medios con que todo era un ultimátum. Lo cierto es que desde que Vinicius fue relevado ante el Barça parece que Alonso estaba camino del cadalso de cara a la presidencia.

Pues ha resultado que no, que la plantilla lucha con toda su fe en el técnico. Incluso cuenta con Vinicius siempre que no le releven. Y luego está el factor Mbappé. Sin contar con el equipo, el Madrid juega con un gol de más y eso es mucho castigo para un equipo menos técnico como el Alavés, al que le cuesta una barbaridad ver portería.

Con el el empate vitoriano parecía que Alonso ya había subido la escalera del cadalso. Pero no fue así, porque los jugadores mordieron y dieron la cara hasta que Rodrygo marcó el 1-2, refrendando el criterio de Xabi, que siempre quiere que juegue el brasileño.

Una vez más se demuestra que el VAR se manipula desde Barcelona. No aparecieron las repeticiones de ese penalti que le hicieron a Osasuna. No hubo dudas en el empate del Alavés y fue gol con la alabanza del VAR. Sin embargo, un penalti clarísimo a Vinicius en los últimos minutos ni se pudo ver con el VAR. No podía ser más claro el penalti. Y luego hablan de la estirpe del affaire Negreira.

Al final, cuando el Alavés quiso otra vez empatar, ni tenía físico, ni alma. Al revés, el Madrid perdió ocasiones, con un Gonzalo que no puede jugar en este equipo y con un Bellingham que no puede marcar ni con la ayuda del rey Arturo.

Naturalmente alabar un triunfo ante un rival como el Alavés es una trampa saducea. Jamás el Madrid por superioridad técnica puede ganar tan opresivamente, como si se acabase el mundo.

Se dice que la caída en desgracia de Alonso ocurrió cuando en pleno triunfo frente al Barcelona, el técnico se atrevió quitar a Vinicius. El brasileño escupía por la boca y estoy seguro que llamó a papaíto Florentino para que metiera a su entrenador en la cárcel del fútbol.

No hubo apoyo del club en ningún momento a Alonso y ni siquiera el inicuo de Vini le pidió perdón a su entrenador, cuando estaba jugando que daba pena, como tantos partidos desde más de 18 meses. Alonso se descompuso. Vio un complot en el vestuario y ya nunca fue él mismo.

Creo, al contrario, que la carretera hacia el infierno de cara al presidente fue cuando Xabi le djo a Florentino que no quería ya empezar en el Mundial de clubes. Florentino le dijo que eso o no fichaba para el Madrid. Desde aquel día, al presidente no le gusta Xabi ni personal ni futbolísticamente. Lo tiene enterrado en su cabeza. Hay muchos testigos que lo confirman.

¿Cómo es posible que ante el runrún continuo del ultimátum a Alonso, la directiva calle como un muerto y no lo defienda públicamente jamás? Recuerdo que cuando sucedió la primera de sus dimisiones del Madrid, dijo Florentino: "Quizá me he equivocado con tantos mimos a los jugadores". Como dice el refrán: "El hombre es el único animal que tropieza dos veces en la misma piedra".

Raphinha-Flick: plena sintonía, fruto del agradecimiento y la confianza recíproca

Raphinha-Flick: plena sintonía, fruto del agradecimiento y la confianza recíproca

Actualizado Lunes, 1 diciembre 2025 - 23:22

La imagen de Raphinha consolando a Hansi Flick mientras el técnico exhibía su tristeza en el banquillo tras la poco convincente victoria frente al Alavés se ha convertido en viral. Hay un agradecimiento recíproco de gran calado entre ambos. El brasileño ha alcanzado su máximo rendimiento como profesional de la mano del técnico. Flick ha encontrado en él su aliado más comprometido y fiable.

La mejor noticia del sábado fue el regreso a la titularidad de Raphinha. El brasileño es el jugador que mejor interpreta y aplica esa presión asfixiante hasta lo indecible que tan buenos resultados le dio al conjunto azulgrana en la primera temporada del alemán en su banquillo. Y, también por eso mismo, está llamado a ser determinante en el duelo frente al Atlético que los barcelonistas disputan esta noche a las 21.00 (Movistar) en partido adelantado de la decimonovena jornada de Liga por la disputa de la Supercopa de España entre el 7 y el 11 de enero del año que viene.

En el campo, una vez superada ya la lesión que lo tuvo de baja durante casi dos meses, Raphinha exhibió a partes iguales ese perfil a veces un tanto anárquico con el que busca romper el orden de las defensas rivales como su capacidad para morder al adversario cuando este tiene el balón en sus botas con el objetivo de recuperarlo lo antes posible.

Seis partidos ausente

Raphinha sufrió una lesión en el bíceps femoral del muslo derecho el pasado 25 de septiembre, en el partido de Liga disputado en el Carlos Tartiere frente al Oviedo. En principio se estimaba que su baja sería de unas tres semanas, pero tuvo varias recaídas, en parte debidas a su propia ansiedad por regresar cuanto antes, según él mismo admitió. Se perdió seis partidos del torneo, entre ellos el del Sánchez Pizjuán, donde el Barcelona salió goleado frente al Sevilla (4-1) y el jugado en el Santiago Bernabéu, también saldado con derrota, 2-1. Su progresiva incorporación al equipo es una noticia esperanzadora para Flick en su deseo de recobrar el espíritu del colectivo la temporada pasada.

El brasileño confesaba ante las cámaras de DAZN que a veces se vuelve demasiado insistente a la hora de recalcarles al resto de jugadores que le acompañen en la presión. «Hay muchos momentos en los que mis compañeros pensarán que hablo demasiado, que soy un pesado, que les exijo mucho, pero así soy yo: exijo a las personas que sé que pueden dar mucho más», comentaba tras la victoria frente al Alavés.

Con números exorbitantes en el último curso, en este ejercicio ha disputado ocho partidos, seis como titular. Suma tres goles, tres asistencias y 15 disparos a portería. Menos cuantificable es su despliegue físico y su capacidad para tirar continuos desmarques. Dentro de lo intangible se encuentra su capacidad para revitalizar el compromiso de un grupo amenazado por la tentación de aburguesamiento y por la fractura de los egos, sobre la que ya alertó Flick.

Un Barça con luces y sombras se impone al Alavés y se aúpa al liderato

Un Barça con luces y sombras se impone al Alavés y se aúpa al liderato

Actualizado Sábado, 29 noviembre 2025 - 18:37

Al Barça le tocó sufrir más de lo previsto para imponerse por 3-1 al Alavés en un partido con luces y sombras. Con Raphinha como titular, el ataque azulgrana exhibió voracidad en un primer tiempo en el que los visitantes lograron adelantarse en el marcador y mostraron por momentos un mejor juego que un equipo que remontó con tantos de Lamine Yamal y Dani Olmo. [Narración y estadísticas, 3-1]

En la segunda parte, mientras, por mucho que los de Hansi Flick casi monopolizaran el balón, los visitantes lograron plantarse en los últimos instantes con serias opciones de llevarse por lo menos un punto de su visita al Spotify Camp Nou. No onstante, el centrocampista egarense, en el añadido, acabó por frustrar las ilusiones vitorianas con el tercer tanto de los barcelonistas.

El Alavés, antes de que se cumpliera el primer minuto, golpeó por medio de Pablo Ibáñez en un córner mal defendido por los locales. Con el 0-1, las cosas amenazaban con ponerse muy complicadas para un Barça que, lejos de acusar el tanto, se puso manos a la obra para meterse en el partido lo antes posible.

De la mano, sobre todo, de un Raphinha eléctrico, al que los azulgrana han echado mucho de menos, no tardó en conseguirlo. Lamine Yamal, aprovechando el centro con el que el brasileño culminó una buena internada de Balde, puso la igualada en el luminoso cuando faltaban aún un par de minutos para llegar a los diez del duelo.

Pero los visitantes tampoco parecieron acusar el golpe. Y, a decir verdad, tendrían varias ocasiones para irse al descanso con algún gol más en el zurrón. En el añadido del primer tiempo, Boyé envío fuera por poco un balón perfectamente centrado por Parada. Pero más clara, tal vez, fue la acción que acabaría precediendo al segundo tanto barcelonista y en la que Joan García la salvó haciendo gala de reflejos felinos.

En la siguiente jugada a la atajada del portero culé, Dani Olmo, que recibió en el interior del área el pase atrás de Raphinha, puso el 2-1. Tanto Eric García, que se llevaría después un golpe fortuito en la cara de Denis Suárez, como el propio Flick, que aprovechó la celebración para darle instrucciones al zaguero, no dudaron a la hora de volver a felicitar a su arquero por su actuación anterior.

También, por supuesto, tendría el Barça una opción clarísima para poner algo más de distancia en el marcador cuando moría el primer tiempo por medio de un Lamine Yamal que pidió antes, sin éxito, penalti tras verse obstaculizado en el área rival al intentar llegar hasta la cocina. El de Rocafonda recibió un pase de Lewandowski, que sacó petróleo de la recuperación de Marc Bernal, y acabó viendo cómo su disparo se perdía por la linea de fondo tras tocar el palo una vez había superado ya la salida a la desesperada de Sivera.

Duelo de porteros

Tras la reanudación, el Barça mejoró a nivel de control de juego, pero le costó mucho encontrar un tercer tanto que pudiera darle una seguridad casi absoluta de llevarse el partido frente a un Alavés que apostó por cerrarse a cal y cantó en defensa y fiar todas sus opciones de rascar un punto a alguna salida a la contra. Lo intentaron Raphinha, en jugada ensayada, y el propio Lewandowski, a la salida de un córner, pero ambos vieron frustradas sus aspiraciones por el meta visitante.

Con la entrada en el césped de un Pedri ovacionado por la grada, el control del juego quedó completamente en manos de los azulgrana, pero a punto estuvo el equipo vitoriano de aguarles la fiesta con una internada de Carlos Vicente que Cubarsí envió a córner y una acción de Guridi salvada de manera providencial por Joan García y finalmente invalidada por fuera de juego.

El Alavés, espoleado por la cercanía del tanto, estiró un poco más sus líneas en el ocaso del duelo, poniendo por momentos el miedo en el cuerpo a la grada de un Spotify Camp Nou que sólo pudo respirar aliviada cuando Olmo, de nuevo, en el añadido, marcó para poner el definitivo 3-1 en el marcador.

Un Valencia desnortado araña un punto de milagro en Mendizorroza

Un Valencia desnortado araña un punto de milagro en Mendizorroza

¿Se puede ganar un partido en Primera sin imponerse en un duelo y sin generar ocasiones? La respuesta es sencilla: es imposible. Pero por si alguien tenía dudas, el Valencia lleva semanas demostrándolo. En Mendizorroza sobrevivió y salió con un punto porque el Alavés anduvo falto de puntería, y porque apareció una mano de Agirrezabala en la segunda parte y un poste donde se estrelló la falta primorosa de Denis Suárez en los instantes finales. Golpes de fortuna que no entierran una crisis galopante de juego y resultados. [Narración y estadísticas:0-0]

Necesitaba demostrar el Valencia mucho más de lo que enseñó en este arranque liguero, pero el ímpetu le duró 20 minutos, los únicos en los que, por intensidad, fueron algo más reconocibles. La intención era ahogar al Alavés y convertir cada robo en una carrera hacia Sivera. Justo lo que hizo Javi Guerra, pero sin errar en la decisión de asistir a la incorporación de Danjuma en lugar de armar un tiro. Como declaración de intenciones, valía. Para ganar el partido, no. Era necesario convertir esa actitud en costumbre, algo que no lograron.

Había confiado Corberán en un once reconocible, con el regreso de Thierry y la apuesta por Pepelu en el eje, con Diego López en la media punta y Hugo Duro dispuesto, como siempre, a la brega con los centrales. Una alineación en la que Copete y Danjuma eran la diferencia con alguna de las que pudieron verse hace ahora un año. Sin embargo, esa sensación de despertar desapareció de un plumazo en cuanto la pelota empezó a llegar a Lucas Boyé.

Antonio Blanco y Pablo Ibáñez bajaron las revoluciones del partido y empezaron a encontrar al argentino con una movilidad que producía crujidos en la defensa valencianista. La primera ocasión la envió por encima del larguero; la segunda, doble, la salvaron también, pero el equipo de Corberán ya vivía atrincherado, con dudas y problemas de idea de juego. El plan se había agotado muy pronto y nadie sabía cómo pasar la página. Solo en la primera parte, el Alavés fue capaz de generar más ocasiones que la media que había alcanzado en las ocho jornadas anteriores.

Tras el descanso, poco cambió. Los valencianistas seguían persiguiendo sombras blanquiazules. La única diferencia es que el peligro que había creado Boyé lo retomó Toni Martínez. El murciano calentó con un disparo al lateral de la red para, poco después, rematar una falta telegrafiada por Abde obligando a Agirrezabala a lucirse bajo los palos.

El Valencia necesitaba soluciones y Corberán parecía dudar de por dónde empezar a taponar fugas que Coudet iba alimentando con Carlos Vicente, Denis Suárez, Guridi o Aleñá. Todos los duelos eran babazorros porque el rival había decidido cavar la trinchera y jugársela a la fortuna de no recibir gol. Cömert y Santamaría, para intentar apuntalar; Lucas Beltrán para entorpecer, pero el partido seguía estando en las botas del Alavés. Y pudo llevárselo si la falta magistral de Denis Suárez no se hubiera estrellado en un poste ante la impasible mirada de toda la zaga valencianista. Cosido a córners, solo se esforzaban en resistir en una batalla absolutamente imposible de ganar.

El Alavés, el clavo ardiendo al que se quiere agarrar Mariano: "Tiene ganas de demostrar que le queda fútbol"

El Alavés, el clavo ardiendo al que se quiere agarrar Mariano: “Tiene ganas de demostrar que le queda fútbol”

Dos pulgares arriba y media sonrisa, equipado con la camiseta del Alavés y de fondo el cielo encapotado de Vitoria. El lunes Mariano Díaz (Premiá de Mar, 1993) posaba de esta manera ante los medios oficiales del club babazorro quien comunicaba que el delantero entrenaría en la dinámica del primer equipo "a petición propia" aprovechando las buenas relaciones que tiene el futbolista con el club.

El jugador no disputa un partido oficial desde el 26 de marzo de 2025. Un encuentro en el que compareció durante 88 minutos y anotó uno de los dos goles con los que su selección, República Dominicana, venció a Puerto Rico. Y es que desde que abandonara el Sevilla, club que le rescindió el contrato en enero de 2024, no ha tenido otro duelo en un año y medio por lo que su estado de forma es una incógnita.

Su entorno cuenta a EL MUNDO que "está muy bien" y que tiene "ganas de demostrar que le queda mucho fútbol". Aseguran que mantiene "la ilusión y el compromiso", virtudes de las que le acusaron de carecer en clubes anteriores, especialmente en un conjunto hispalense en el que apenas jugó 319 minutos y del que salió sin pena ni gloria pese a que iba a ser el trampolín para impulsar de nuevo su carrera.

Hace un mes, concedió una entrevista en la que explicaba que, pese a llevar un año y medio sin equipo, era muy disciplinado y nunca había parado de entrenarse. Por lo que fuentes próximas mantienen que físicamente "está bien" y que está "poniéndose a punto para en pocas semanas ser capaz de alcanzar su 100%".

Lo intentará en un equipo, el Alavés, del que han asegurado a este periódico que no tienen intención de firmar al jugador. "De momento únicamente viene a entrenarse. No está a prueba", apuntan desde el club babazorro sobre un delantero que, en forma, podría ser un activo muy útil en una entidad que ha perdido para la próxima temporada a Kike García, rumbo el Espanyol, una de sus mejores armas ofensivas.

No obstante, para suplir esa marcha, al equipo blanquiazul ha retornado esta temporada Joaquín Panichelli, segundo máximo goleador de LaLiga Hypermotion y delantero centro del Mirandés, equipo en el que militó como cedido. También están Toni Martínez y Asier Villalibre, aunque ninguno ha contado demasiado con la confianza del Chacho Coudet la temporada pasada.

Mariano podría tomar esta ventana del Alavés como la oportunidad de mantenerse en el fútbol europeo, después de asegurar que había tenido ofertas de clubes de Qatar, Turquía y Arabia, pero que no veía que fueran sitios adecuados para él. Quizás Vitoria, si se le da la oportunidad, pueda ser el 'nuevo' Olympique de Lyon para el hispanodominicano.

Su temporada en la liga francesa con el conjunto del norte del país fue la mejor que ha tenido el delantero en su carrera como futbolista. El jugador anotó 21 goles y repartió seis asistencias para convertirse en uno de los mejores de la Ligue1. Un oasis entre dos épocas de poco protagonismo en el Real Madrid.

El reto del 7

El retorno al conjunto blanco, del que fue canterano y aportó siempre saliendo desde el banquillo, fue un poco la bajada a los infiernos de un futbolista que se atrevió incluso a heredar el 7 de Cristiano Ronaldo, uno de sus ídolos, cuando el portugués se marchó a la Juventus. Apenas 69 partidos jugados en cinco temporadas, 13 goles y cinco asistencias, pero con poco más de 2.000 minutos jugados, que equivalen a algo menos de los que disputa un jugador titular en una sola temporada.

Tiene un mes exactamente para intentar convencer a los dirigentes de la entidad y a un Chacho Coudet que llegó al Alavés para asegurar una salvación, que consiguió sobre la bocina. Las instalaciones de la Ciudad Deportiva José Luis Compañón ya le han visto de corto con los colores babazorros desde el lunes por la tarde. El Alavés, además, inaugura LaLiga el 16 de agosto ante el Levante en el primer partido de la temporada 2025/26. ¿Estará Mariano en sus filas?

Joan Jordán, de polémico penalti, ata al Alavés a Primera ante un Valencia que no alcanza Europa

Actualizado Miércoles, 14 mayo 2025 - 21:17

Cerró los ojos, respiró hondo y miró a Mamardashvili. No pasó por la mente de Joan Jordán ni por un instante aquel lanzamiento a lo panenka que le adivinó Batalla hace unas semanas para enfado de Coudet. Quería chutar el penalti que les había servido el bandeja la polémica decisión de Gil Manzano. Era su forma de resarcirse un momento histórico. Sumar una victoria cuando el Leganés caía goleado en Villarreal significaba atar al Alavés a Primera. Eso era lo único que importaba. [Narración y estadísticas: 1-0].

Fue capaz del conjunto vitoriano incomodar a un rival desdibujado, que se apagó y en nada recordó al equipo capaz de encadenar diez jornadas sin perder. El Valencia tuvo que agarrarse a Mamardashvili para sobreponerse a las dentelladas que daba un Alavés con hambre de permanencia. Si bien las dos primeras, y tímidas, ocasiones del partido las generó Luis Rioja y no llegaron a rematarlas ni Hugo Duro ni Diego López, a los 15 minutos, y en solo cinco, se vio el georgiano obligado a levantar un muro en su portería.

Atajó un testarazo a bocajarro de Guridi tras un saque de córner que Facundo, desde la frontal, colgó para el remate del guipuzcoano. Después fue Tenaglia quien lo forzó a parar en dos tiempos su disparo cruzado y también tuvo que volar para evitar que el zurdazo de libre indirecto de Aleñá se le colara hasta el fondo de la red. Solo vestirá dos jornadas más la camiseta del Valencia, pero este portero será recordado siempre en Mestalla por emerger de un ofrecimiento por correo electrónico para sostener al equipo justo cuando más lo necesitaba.

El empuje del Alavés no cesó, ni siquiera mientras la grada celebraba los tres goles del Villarreal al Leganés en la Cerámica. Era un alivio, pero no suficiente. Tenían que insistir en complicar al Valencia el control del juego, porque cuando Enzo Barrenechea se adueñaba, el Valencia fluía. Lo hizo con el argentino llegando al área, apoyándose en Diego López para que le filtraba un pase al corazón del área sin precisión para que pudiera armar el remate ante Sivera.

Pepelu, en disputa con Kike García.

Pepelu, en disputa con Kike García.EFE

Tras el descanso tampoco afloró en el Valencia el colmillo necesario para buscar plaza europea. Es más, fue quedando a merced del Alavés. Buscó Coudet mantener esa presión con Joan Jordán y replicó Corberán con Sadiq. No sirvió de nada. Tárrega tuvo que aparecer dos veces para bloquear a Kike García y evitar un cabezazo de Mouriño. Era el minuto 70 y los babazorros apretaban a Mamardashvili, que volvió a ser protagonista.

Primero despejando un tiro lejano de Antonio Blanco y después arrollando a Mouriño en un mala salida, un lance del juego en el que Gil Manzano vio penalti. Le llamó el VAR, lo vio pero no rectificó. Desde los 11 metros, Joan Jordán sostuvo al Alavés a Primera División. Coudet protegió el tesoro y el banquillo del Valencia, que reclamó otro penalti por agarrón y derribo de Gayà en el último segundo, intentó sin éxito reactivar a un equipo que sumó su cuarta derrota de la era Corberán cuando nadie lo esperaba.