Mariano García, un hombre de pueblo capaz de conquistar el mundo

Mariano García, un hombre de pueblo capaz de conquistar el mundo

Mariano García García tiene un nombre de lo más corriente. Un nombre de gente de pueblo y del pueblo. Y eso es él: un hombre nacido en Fuente Álamo, una pequeña población murciana del Campo de Cartagena y que vive en Cuevas de Reyllo, una diminuta pedanía de Fuente Álamo. Lo del topónimo Reyllo proviene de una familia ilustre de la zona. Alonso Hernández Reyllo fue uno de los capitanes del Infante Don Alfonso, que más tarde reinaría como Alfonso X, apodado El Sabio.

Mariano también es un sabio en lo suyo, en las carreras de mediofondo, que domina tácticamente desde la desinhibición de competir, el placer de correr y, a ser posible, la alegría de ganar. Y un propagandista del menosprecio de Corte y alabanza de aldea. Gracias a él, esa miniatura de lugar, de unos 1.500 habitantes, posee algo de lo que no puede presumir ninguna otra localidad de cualquier tamaño de las que forman el tejido geográfico y sociológico español. Puede enorgullecerse de tener a un vecino ilustre al que conocen millones de personas, al que han visto triunfar millones de personas de todas partes. Alberga a un campeón del mundo de atletismo en pista cubierta. A Mariano García García.

García al cuadrado y campeón mundial al cuadrado. Alguien que ya obtuvo ese título en los 800 metros de Belgrado 2022 y ahora lo ha conseguido en los 1.500 de Torun 2026. Nadie nunca ha logrado ese doblete. Y de propina, el oro al aire libre del Europeo de 2022. Mariano es, pues, igual de exclusivo que de corriente. Igual de original que de sencillo. Igual de único que de moliente.

Mariano es un "paleto". Y a mucha honra. Un tipo natural apegado al terruño. El mundo se extiende ante sus ojos, pero para él cabe en las cuatro casas del burgo y sus alrededores, y en el triángulo de tierra de 300 metros en el que se entrena a las órdenes desde siempre de Gabi Lorente, que compaginó durante tiempo su labor docente con la de panadero. Lorente es uno de esos magníficos técnicos que trabajan en la sombra para que sus pupilos toquen el sol.

Un atleta heterodoxo

Seguramente Mariano, que empezó a correr de chaval como alma que lleva el diablo porque siempre había algún perro suelto que le ladraba o le perseguía, añora los sonidos externos e íntimos de la tierra cuando está concentrado en las silenciosas alturas de Sierra Nevada. Pero ser un campeón, incluso heterodoxo, tiene sus servidumbres.

En la autenticidad de su concepto de los entrenamientos y la vida cotidiana, no le llaman las sofisticaciones actuales. Sin embargo, no deja de ser un atleta de élite y ha cambiado la nutrición. Ya no se alimenta de lo que quiere y cuando quiere, sino lo que debe y como debe. Y aunque lo suyo son los espacios abiertos y los olores, colores y sabores de la infancia prolongada por ellos, se introduce a veces en una aséptica cámara de hipoxia en los Alcázares.

Nadie en España ha compaginado con tanto éxito los 800 y los 1.500. Nadie procedente de la distancia inferior ha saltado a la superior con tanta facilidad y provecho. Es verdad que los 1.500 no le son del todo desconocidos. Ya los practicó de júnior. Pero hasta ahora forjó su carrera en los 800. Su marca en el kilómetro y medio es hoy anecdótica (3:35.53). La mejorará ampliamente este verano, en el que le aguarda en agosto el Europeo de Birmingham y en el que deberá decantarse por una de las dos distancias.

Ha pasado malos momentos deportivos que, en la plenitud de sus 28 años (cumplirá 29 en septiembre) frenaron su progresión. Se perdió los Juegos de Tokio por culpa de una apendicitis y los de París a causa de distintas lesiones. Aunque no es Robert Redford o George Clooney, podría protagonizar una película parecida a "El hombre que susurraba a los caballos" o "Los hombres que miraban fijamente a las cabras", porque, según él, "habla con las ovejas". Pero esta afirmación suya es la burlona y deliberada metáfora de una vida voluntariamente simple, aunque él no lo sea en absoluto. Ni simple, ni vulgar, ni anónimo. Con manifestaciones de ese tenor está dirigiendo un mensaje de amor a la cuna junto a una confesión de fidelidad.

Mariano tiene también una voz y un acento pueblerinos. Sonaría artificial si tratara de disfrazar la una y disimular el otro. Mariano se desplaza con un estilo que sería tosco si no fuera poderoso. Un tranco seguro y firme. No en balde se le apoda La Moto. Por devoción a Valentino Rossi empuña el invisible manillar imitando la aceleración de la máquina. En el atletismo no hay nadie más original, ni más desenfadado, ni menos acomplejado. Y es nuestro.

Blanca Hervás, el rostro del nuevo atletismo español: "Flipo cuando me llaman elegante"

Blanca Hervás, el rostro del nuevo atletismo español: “Flipo cuando me llaman elegante”

Entre carrera y carrera, a Blanca Hervás apenas le daba tiempo para acudir al hotel, intentar comer algo -«pero tenía el estómago cerrado»- y dormir. De viernes por la mañana a domingo por la tarde, una proeza en Torun, de donde regresa con un botín que todavía le cuesta asimilar: dos medallas mundiales bajo techo, su primera final individual, su marca personal (51.43) y cinco carreras de 400 metros en sus piernas, a cuál mejor. «Estoy muerta», confiesa a EL MUNDO camino al aeropuerto. Aunque sobre todo, la madrileña de Valdemarín vuelve como el reflejo del nuevo y pujante atletismo español.

Para saber más

El estallido de Blanca no es casualidad. Tiene que ver con una fulgurante evolución física pero también con una liberación mental. El regreso a los orígenes, al club «de toda la vida» en Majadahonda, donde ingresó con ocho años y se enganchó porque se lo pasaba bien. «Los viajes me diferenciaban de la gente del cole», recuerda de aquellos días joviales.

El siguiente paso fue el salto a EEUU, donde compaginó el atletismo con su carrera de Comunicación en la Universidad de Florida. Fueron años plenos en lo vital pero no tanto en lo deportivo. «Fue una experiencia única, la repetiría mil veces. Aunque deportivamente tuve mis momentos peores», explica sobre una entrenadora y un sistema que le llevaron «al límite». «Ella no entendía lo que estaba sufriendo mentalmente y de hecho lo empeoraba. Tuve muchos problemas de confianza y de seguridad. Estaba bien físicamente pero no lo trasladaba a la competición. Fue poner un pie en España, juntarme con mi entrenador de toda la vida [Julio Rifaterra] y devolverme la la pasión por el atletismo que dejé de tener».

«Aquello me curtió», sigue. El año pasado todavía compaginaba su trabajo de media jornada como Product Manager con el deporte. Pero en diciembre tuvo que elegir. Se había quedado a cinco décimas de la mínima Mundial. «A la vuelta de Tokio hice un poco en ese análisis y pensé: 'Jolín, y si hubiese estado un poquito más descansada...'. Y entonces lo replanteé y hablé con mi jefe, que en todo momento lo entendió», detalla. Era el momento de hacer la «apuesta 100% por el atletismo», porque a Blanca aún le costaba creerse «una profesional»: «Estoy viviendo el sueño de niña, pero yo me veía como una persona normal que tiene que trabajar. Se me sigue haciendo raro no hacerlo».

Técnicamente, Hervás es pura elegancia. Algo que le repiten constantemente: «La gente me llama elegante y yo flipo porque yo sólo corro, la verdad... Sí que creo que uno de mis puntos fuertes es el correr suelta. Me da confianza e igual inconscientemente lo he ido exagerando». Pero para el 400 la fuerza es indispensable. De ahí el cambio físico, horas de gimnasio. También son «los pies». «Así lo llama mi entrenador. Algo que trabajamos mucho. La reactividad, los tobillos. Siempre me lo dice, cree que es mi punto fuerte en esos últimos metros. Cuando el cuerpo dice basta, me salvan los pies», analiza.

Blanca Hervás, en Torun.

Blanca Hervás, en Torun.RFEA

Aunque, si algo destaca ella misma de su salto es «la confianza». «La clave real del cambio es cómo me voy conociendo y cómo voy aprendiendo a correr 400, escuchando a mi cuerpo. Me he dado cuenta en este Mundial de que iba detrás de alguien, enganchada, y tenía una seguridad plena en que al final iba a tener fuerza para pasarla», se sorprende a sí misma de ese cambio final demoledor.

Después de lo deportivo, de los objetivos por venir (el Europeo de Birmingham, bajar de 51 segundos al aire libre...), la otra parte del éxito es el impacto mediático, que a los 23 años de Blanca le cuestan asimilar. Es imagen de New Balance, de Toyota... «Flipo. Y estoy muy agradecida por la repercusión, por todos los mensajes positivos. Con la gente que se emociona conmigo. Quiero exprimirlo, todo lo que me pueda beneficiar a nivel personal, que me impulse para lograr mis objetivos».

Hay que volver a Torun. A su gesta. Sólo en el primero de su repóquer de 400, el viernes, estuvo por encima de 52 segundos, una marca que hace no tanto ni se imaginaba rebajar. Superó sin problemas esa serie inicial, tomó el rebufo de Lieke Klaver en semifinales para lograr el primer hito, estar entre las ocho mejores del mundo. Eso sería el sábado, pero antes, por la mañana, tenía plaza en la final del novedoso relevo mixto. Cualquiera, egoísta, hubiera optado por descansar. «Lo que hemos en los relevos es increíble. Estoy agradecida a mi cuerpo, porque me ha permitido pasar todas las carreras. Tenía que ir con mil ojos, porque en cualquier momento me podía romper», explica de un cansancio que se empezó a acumular seriamente.

Blanca Hervás, durante el Mundial de Torun.

Blanca Hervás, durante el Mundial de Torun.RFEA

Su actuación en el mixto fue apoteósica. La última posta, como hace menos de un año en el Campeonato del Mundo de Guangzhou. Otra remontada, aquella de oro, esta de plata. Un poco de festejos y a la final individual, por la tarde, en la que acabó sexta pero corrió el mejor 400 de su aún incipiente trayectoria. El domingo quedaba la traca final, aunque descansó en la clasificación del relevo femenino. En el desenlace, otra vez adelantando por el bronce casi en la misma línea de meta (se quedó a pocas centésimas de la plata). «Después de esa última carrera, me emocioné muchísimo, rompí a llorar mirando atrás y viendo el fin de semana».

Matías Almeyda, destituido como entrenador del Sevilla

Matías Almeyda, destituido como entrenador del Sevilla

Actualizado

El argentino Matías Almeyda fue destituido este lunes por el Sevilla como entrenador del equipo, al que sólo le separan tres puntos de los puestos de descenso tras su derrota el sábado ante el Valencia (0-2). Con 32 partidos oficiales dirigidos, 29 de ellos en LaLiga EA Sports y 3 en la Copa del Rey, el club anunció su 'adiós' en un comunicado.

Almeyda, quien llegó al club del barrio de Nervión el pasado verano, abandona el banquillo sevillista dejando al equipo en una delicada situación clasificatoria, decimosexto con 31 puntos tras 8 triunfos, 7 empates y 14 derrotas, con sensaciones muy negativas y una pésima imagen, en especial, en sus encuentros en el estadio Ramón Sánchez-Pizjuán.

García Plaza, opción con más peso

El Sevilla FC negocia con el técnico Luis García Plaza como posible sustituto del entrenador de Azul (provincia de Buenos Aires), aunque también sonado otros candidatos como Manolo Jiménez o Diego Martínez, con pasado en la entidad sevillista.

Almeyda, de 52 años, firmó en verano un contrato por tres años, hasta junio de 2028, para dirigir al conjunto sevillista e intentar que recuperara su nivel y el potencial que tuvo en este siglo XXI, después de cuatro temporadas -incluida ésta- en las que en LaLiga ha tenido que luchar por el objetivo de la permanencia.

Con el argentino en el banquillo, el Sevilla ha sumado 31 puntos, de ellos 16 en quince partidos en su estadio y 15 fuera en 14 encuentros, y es el equipo más goleado de Primera División con 49 goles encajados, uno más que el Levante (48) y dos más que el Mallorca (47), que ocupan zona de descenso, y tres más que el Elche (46), el rival que marca ahora la salvación.

"El Sevilla FC desea agradecer el trabajo de Matías Almeyda y su equipo en estos meses y le desea la mejor de las suertes en sus próximos retos profesionales", aseguró en su comunicado el club hispalense.

Simeone y la Champions, historia de una obsesión

Simeone y la Champions, historia de una obsesión

Simeone, que entiende los códigos emocionales del Atleti como si los hubiera escrito él, sacó el once que exigía el derbi y no el que proponía la lógica. Hizo bien. Por más que la situación, tras el sobreesfuerzo europeo y preparándose para un abril demencial, pidiera saltar al Bernabéu con el filial, ningún aficionado rojiblanco perdonaría no intentar reventarle la Liga al Madrid teniendo la oportunidad.

Cerca estuvo de lograrlo, pese a jugar al trote, pero los errores propios, un Vinicius que recordó que cuando se centra en jugar es decisivo y las cosas que pasan en ese estadio (nunca antes se vio a un árbitro dar tantas explicaciones a los afectados por una roja, quizás recordaba Munuera que la última vez que echó a un madridista casi lo exilian) le abocaron a una derrota sin secuelas. Lo serio llega ahora.

Tras el enésimo coitus interruptus por las selecciones, el Atleti decidirá su destino en dos semanas: cuartos de Champions y final de Copa. Es lo que tiene ser un estudiante tirando a vago, incapaz de acumular buenas notas en el día a día de la Liga y que acaba jugándoselo todo en un par de exámenes finales. Si los clava, puede cerrar un curso memorable y con el Cholo reforzado para otros diez años. Si patina, a mediados de abril estará discutiendo el futuro del técnico. No hay punto medio.

Ganar la Copa ya validaría la temporada, por supuesto, pero no es lo que tiene Simeone en mente. Desde hace unos años está obsesionado con la Champions. Lo disimuló durante un tiempo, pero ya ni siquiera hace ese esfuerzo. No es que la quiera ganar, cosa obvia, es que está convencido de que puede. Racionalmente, es una locura. No lo logró con equipos mucho mejores y, según lo que cada uno piense del Madrid, cinco o seis de los siete rivales que quedan vivos son superiores, pero le da igual. Está obcecado y ahí muero con él.

Para cualquier atlético, lograr ese maldito torneo es quedar en paz con el fútbol, olvidar torturas y llantos, querer más a tu padre, sentirte más tranquilo por el legado que pasas a tus hijos. Ganar la Champions, tirar la copa al río, cerrar el club y morir felices. Por eso, todos somos Simeone en esto. ¿Lo va a lograr? No, seguramente no. ¿Merece la pena hipotecar una vida estable por perseguir esa hazaña imposible? Cada día. Cada maldito día. Ya habrá tiempo para no creer, pero no es ahora.

Griezmann viaja a Orlando para ultimar su fichaje por el equipo americano para el próximo curso

Griezmann viaja a Orlando para ultimar su fichaje por el equipo americano para el próximo curso

Ayer recorría junto a sus compañeros el césped del Bernabéu para acercarse a la grada visitante y agradecer a los suyos el apoyo durante el derbi. Era el último paseo del francés por el césped del estadio blanco como leyenda colchonera. Este parón de selecciones lo aprovechará Antoine Griezmann para cerrar su incorporación al Orlando City.

El galo, máximo goleador de la historia del Atlético de Madrid con 211 tantos, tiene el permiso del club para viajar a la ciudad norteamericana para cerrar su fichaje para el año próximo. Jugará así en Estados Unidos, lugar del que profesa gran admiración el futbolista, especialmente por el deporte norteamericano.

La ventana principal de la MLS cierra el 26 de este mes, no obstante, son muchos los retos que le quedaban al francés con el Atlético este curso. "Quería quedarme hasta final de temporada. Al final no soy alguien que habla con la prensa, que tenga a alguien difundiendo mensajes, soy yo lo que hay dentro y fuera del campo", apuntó.

Son dos los retos que le quedan al francés, puesto que la Liga ya se ha puesto imposible tras la derrota en el derbi de este domingo por tres goles a dos en el Bernabéu. La Copa es el más plausible, juegan la final ante la Real el próximo 18 de abril y hay mucha ilusión por conseguir ese título en el bando colchonero.

Luego está la Champions, en la que tienen un doble enfrentamiento contra el FC Barcelona y es el objeto de deseo no sólo del francés, sino de propio club después de las dos finales perdidas frente al Real Madrid en Lisboa (2013/14) y Milán (2015/16). "Ojalá un derbi en la final de Champions", dijo ayer Mateu Alemany, director deportivo del Atlético de Madrid en los micrófonos de Movistar plus.

Pese a que fuera el propio directivo el que comparecencia tras comparecencia parecía cerrarle la puerta al francés recordando que tenía contrato con la entidad colchonera hasta 2027, el club ha optado por facilitar la salida de su estrella, que se incorporaría este verano a la disciplina del Orlando City. "Entendemos que es lo mejor para que él pueda estar tranquilo lo que queda de temporada y centrarse al 100% en este tramo tan importante", apuntan fuentes de la entidad.

Una de las personas que más va a echar de menos al siete rojiblanco es Diego Simeone, el entrenador que moldeó a la estrella que es hoy. "Lo quiero mucho", ha repetido en más de una ocasión e incluso que él se "merecía elegir su futuro". Palabras que lanzó cuando comenzaron las especulaciones de que podría abandonar el club este marzo.

Una alcantarilla y un empujón: así murió Mariano, el seguidor del Racing de Santander, tras discutir con un ex técnico del Albacete

Una alcantarilla y un empujón: así murió Mariano, el seguidor del Racing de Santander, tras discutir con un ex técnico del Albacete

No marcaba el reloj las cuatro de la tarde en Santander, cuando Mariano G. L. y otros tres integrantes del grupo autodenominado Juventudes Verdiblancas del Racing de Santander, bajaban desde el local de la asociación, en el Grupo Los Pinares, hasta los Campos de Sport del Sardinero para ver jugar a su equipo ante el Albacete. Entonces, en la plaza de Simón Cabarga se cruzaron con una persona que llevaba la camiseta del equipo manchego.

Los cuatro hinchas del Racing, con síntomas de haber bebido, increparon al joven, de unos 30 años, por llevar la camiseta del equipo rival. "Busca otro sitio donde mear", cuenta la Policía que le dijeron. El chico también es vecino de Santander y había sido segundo entrenador de uno de los filiales del Albacete. El chaval responde a la provocación y se encara con los seguidores del Racing, cuyas edades rondaban los 50 años.

La discusión se elevó de tono hasta el punto de que los cuatro hinchas se encaminaron hacia el joven con la camiseta del Albacete, le roderaron junto a una farola. El chaval se intentó zafar y empujó a Mariano G. L. con tan mala suerte de que al perder el equilibrio se golpeó la nuca contra una de las alcantarillas del parque de Simón Cabarga.

La alcantarilla en la que se golpeó Mariano.

La alcantarilla en la que se golpeó Mariano.Europa Press

Al ver la gravedad de lo sucedido se dio inmediatamente parte al 112 para asistir al herido. Allí también se presentó una dotación de la Policía Nacional. "Los agentes identificaron a las personas que se hallaban en el lugar, entre los que se encontraba el supuesto agresor, que fue detenido y trasladado a dependencias policiales", afirman fuentes de la Delegación de Gobierno. Se trasladó a Mariano G. L. al hospital de Valdecilla aún con vida, pero poco después falleció a causa de sus heridas.

El agresor ha sido puesto a disposición judicial, cuya competencia corresponde al Juzgado número 2, el de guardia, del Tribunal de Instancia de Santander. Y ahora la Policía centra sus pesquisas en si la agresión fue la que derivó en la muerte del aficionado o si, como indican fuentes policiales, fue cuestión de mala suerte.

El Racing está en shock por la noticia. En el club no consideran que este fallecimiento fuera una riña entre ultras, sino un desgraciado incidente. Aseguran que Mariano G. L. era socio abonado de la entidad y aún no han decidido si habrá un homenaje, ya que los hechos son muy recientes y el próximo partido del Racing se producirá en el feudo del Zaragoza.

En sus redes sociales, el Racing escribió: "Se perdió algo mucho más importante que un partido. Perdimos a uno de los nuestros". También trasladó el "más sentido pésame tanto a su familia, como a todos sus compañeros de grada, con los que tantas aventuras racinguistas compartió". Mariano G. L. estaba casado y tenía un hijo. La familia celebrará una misa funeral hoy en una iglesia a las afueras de la capital cántabra.

El club manchego también ha escrito un comunicado oficial para lamentar el fallecimiento de este aficionado. Aseguran que "ninguno de los albacetistas desplazados a Santander se vieron inmersos en este trágico suceso que en ningún momento resultó de ningún enfrentamiento previo entre hinchadas antes del partido". También criticaron a los medios que hayan relacionado este incidente con la afición del Albacete.

Juventudes verdiblancas

Juventudes Verdiblancas, el grupo "ultra" más antiguo y destacado del Racing de Santander, también despedió a Mariano G. L.: "Queremos expresar nuestro más profundo pesar por el fallecimiento de nuestro amigo Mariano". También hablaron de un compañero que "siempre formará parte de nuestra historia y de nuestro grupo».

Este grupo de aficionados, fundado en 1986 y que han cumplido su 40 aniversario, se ubican generalmente en La Gradona, en el fondo norte de los Campos de Sport de El Sardinero.

La gesta mundial de Mariano García nunca antes vista: "Quien tenga ganas, que me siga"

La gesta mundial de Mariano García nunca antes vista: “Quien tenga ganas, que me siga”

A Mariano García le define tanto su espontaneidad como su forma de correr. No hay filtro, ni en las palabras ni en las zancadas. «¡Y ahora, me voy a ver MotoGP!», proclama, eufórico, en las entrañas del Kujawsko-Pomorska Arena, en la Torun de Copernico donde, apenas unos minutos antes, ha volado para hacer historia: nadie jamás ganó oro bajo techo en dos distancias. El precioso legado del 1.500 español en manos ahora de un murciano de Fuente Álamo que ya fue campeón del mundo de 800 metros hace cuatro años en Belgrado.

Para saber más

Para qué mentir. «Quien tenga ganas, que me siga. Me he visto muy superior. Iba muy fácil fuerte», le suelta a su entrenador Gabi Lorente un atleta alejado de los Centros de Alto Rendimiento y hasta de las innovaciones tecnológicas, aunque desde hace tiempo recurre a una cámara de hipoxia en Los Alcázares. Que no sale de su pueblo, Cuevas de Rehíllo y de esa pista que algunos días se transforma en mercadillo, -«los entrenamientos en solitario se notan»- y que es puro talento.

Lo mostró en una final pletórica, el anticipo de un domingo que el atletismo español recordará por mucho tiempo con los bronces después de Moha Attaoui y del relevo 4x400 femenino, las Golden Bubbles. Tan decidido Mariano como avisaba, como se desplegó en las series eliminatorias: «Si a falta de dos vueltas estoy delante, sé que la medalla no se me escapa». Apenas se alejó de la cabeza en la primera vuelta, como dejando hacer, hasta que dio gas a su moto, gesto marca de la casa que no faltó en la presentación de Torun. Adelantó a todos como quien repasa una fila de sospechosos y no dejó de tirar hasta la recta de meta. Ni el campeón del mundo al aire libre, el favorito, el portugués Isaac Nader, ni el australiano Adam Spencer (bronce), ni nadie pudo ni siquiera inquietarle. «A mí me gusta dar espectáculo. Me podía haber quedado hasta sin el bronce. He pegado un ataque tan largo... Es que me veía con mucha fuerza», se sinceraba después de la exhibición, de esa aceleración progresiva que fue una tortura para el resto (Carlos Sáez, el otro español, acabó octavo en su primer Mundial), con los últimos 500 metros en un minuto y seis segundos, para acabar en 3:39.63 (lejos, eso sí, de su mejor marca, lograda a principios de año en Karlsruhe, 3:35.53).

Campeón del mundo en pista cubierta y de Europa al aire libre en los 800 metros, después de lo visto se abren todas las posibilidades para un tipo en plenitud. Ni él mismo sabe por qué apostará en verano, en ese Campeonato continental de Birmingham donde ya sí estarán alguno de los ausentes del 1.500, como el ahora lesionado (apenas acaba de empezar a correr) Jakob Ingebrigtsen.

"Quería más"

Contrastaba su felicidad con la contenida de Moha Attaoui, quien apenas unos minutos después cazó un bronce, su primero mundial, que resultó una alegría a medias. «Quería más, pero me faltaron fuerzas al final», se resignaba quien tenía el oro como objetivo pero no le salió la apuesta. La de siempre, la de aguantar atrás por orden de su entrenador -«No sé correr bien en cabeza»-, sin gastar balas en esas salidas de locos, y aguardar a su cambio de videojuego en los 200 últimos metros. Esta vez, algo encerrado, no fue suficiente ante el poderío de un chico de 17 años, Cooper Lutkenhaus (el campeón indoor más joven de la historia) que apunta a fenómeno ni ante la fiabilidad del belga Crestan.

Las seis protagonistas del relevo español, con la medalla de bronce.

Las seis protagonistas del relevo español, con la medalla de bronce.Petr David JosekAP

Bronces que saben diferentes. Porque había más en Torun. Quedaban ellas, el relevo 4x400 para rematar. Para una remontada sensacional. Paula Sevilla en la primera posta, sin perder del todo el ritmo de las tres primeras: «Salía con dos grandes referentes y estaba un poco cagada, la verdad». Para «ir pescando poco a poco a los equipos». Ana Prieto después, acercándose a ellas, «que no se me fuera mucho el grupo» que entonces conformaban Estados Unidos (oro), Países Bajos (plata) y Polonia. Rocío Arroyo en la tercera, confirmando las opciones. Y la estupenda Blanca Hervás para cazar un bronce que no fue plata por cuatro centésimas. Era su quinto 400 del fin de semana, dos medallas, una final mundial individual (su primera, para acabar sexta) y una marca personal para la madrileña.

Ninguna de las cuatro se olvidó de las dos ausentes (Carmen Avilés y Daniela Fra), que hicieron parte del trabajo en las series de por la mañana. Ni de los técnicos del Plan Nacional de Relevos, el secreto de una progresión que asusta.

«El relevo es el claro ejemplo del equipo», reivindicaba Hervás, la gran protagonista española de Torun. Es la primera vez en la historia del atletismo español con dos medallas en relevos en una gran competición internacional absoluta. Es la segunda mejor actuación de siempre tras las seis medallas de Birmingham 2003. Sólo cinco países quedaron por delante de la selección en el medallero.

Éxtasis y angustia del Madrid

Éxtasis y angustia del Madrid

El partido tuvo la grandeza de ser un encuentro muy intenso, distinto, vivido entre la tristeza y el éxtasis, pero el Real Madrid mereció ganar, porque una vez más Diego Simeone planteó el duelo con su personalidad defensiva de siempre.

De inicio, dos grandes errores de Álvaro Arbeloa. El primero, colocar con calzador al capitán Dani Carvajal. El Madrid no es Cáritas, y Arbeloa no puede sucumbir al sentimentalismo. Carvajal desea ir al Mundial —es su sueño—, pero su nivel actual no sostiene ese anhelo en el conjunto blanco.

El segundo error fue no alinear al mejor jugador del mundo, Kylian Mbappé. Ya advertí antes del encuentro que lo utilizaría solo si las cosas iban mal. Y así fue: justo tras el empate prodigioso del Atlético, gracias a otro gol magnífico de Nahuel Molina, como la semana pasada ante el Getafe. Habrá que empezar a creer que Molina es un artillero celestial.

El gol de la victoria blanca fue una acción técnica de Trent Alexander-Arnold, que profundizó hasta el límite. Los defensas se marcharon tras Mbappé, lo que dejó un espacio vital para que Alexander-Arnold sirviera el pase de la muerte a Vinicius Júnior, que fusiló al Atlético.

Los sueños de invierno, tras la eliminación del City, parecían evaporados en el éter hasta el tanto final de Vinicius. El astuto Simeone le tendió una trampa de novato a Arbeloa: el secreto del éxito del Madrid siempre ha sido el contragolpe, y el equipo apenas pudo ejecutarlo, salvo otra jugada magistral de Federico Valverde que se estrelló en el poste derecho.

El Atlético, con una línea de cuatro desprotegida y un Antoine Griezmann perdido, actuaba como un lobo solitario sin opciones. El Madrid, sin espacios, tampoco tuvo fortuna, y Carvajal se quedó descolgado, lo que permitió que Ademola Lookman, el exjugador del Atalanta, marcara aprovechando el desconcierto defensivo madridista.

El partido tuvo que reanudarse prácticamente desde cero, y un penalti innecesario sobre Brahim Díaz —que no tenía ángulo ni opción de tiro— dio un paso de gigante hacia la victoria. Vinicius transformó la pena máxima con acierto.

Después llegó el trallazo de Molina, que devolvió al Madrid a un mar de dudas. Carvajal volvió a desaparecer. Hasta que reapareció Alexander-Arnold y, junto a Vinicius, certificaron la sentencia ante un Atlético que buscó el empate demasiado tarde. Sin espacios, el equipo de Simeone se vuelve tan previsible como un error de cálculo en el espacio-tiempo.

La expulsión de Valverde me pareció fruto de una provocación innecesaria de Álex Baena, un futbolista que suele comportarse con maldad sobre el césped. Tras tantos enfrentamientos previos, a Valverde se le nubló la sangre y vio una roja excesiva en una acción sin necesidad. Baena es un problema recurrente para Simeone.

No cabe duda de que fue un partido épico, una victoria que permite al madridismo sonreír, disfrutar y celebrar: la quinta consecutiva, que deja al Barcelona sumido en la duda sobre su propia personalidad.

La fe del Madrid que personifica Valverde, poseído y expulsado, decide un derbi de explosiones

La fe del Madrid que personifica Valverde, poseído y expulsado, decide un derbi de explosiones

Las analogías bélicas son siempre peligrosas, y más en estos tiempos, tristes tiempos, pero la realidad es que el Bernabéu fue como ese lugar señalado por dos artillerías enemigas. Se castigaron con dureza y precisión en un derbi que, finalmente, sujetó el Madrid como se sujeta la Liga. No es ya la guerra del Atlético, pero dio guerra y la va a dar en otros frentes. Seguro.

Fede Valverde, Nahuel Molina, Lookman, Vinicius y hasta quienes no lo consiguieron, como Julián Álvarez, provocaron explosiones continuas sobre el campo, después de un inicio en exceso contemplativo del Atlético, pero en el que supo ponerse por delante en el marcador gracias a Lookman, uno de esos felices hallazgos. La superioridad numérica en la que concluyó el choque por la rigurosa expulsión de Valverde no le dio, en cambio, para igualar el marcador en un derbi parejo. Esto sólo se equilibra de un modo.

Valverde, poseído

Valverde juega como un futbolista poseído, alguien en cuyo interior se hubiera obrado un misterio. No hay exorcismo que pueda detenerlo, no por ahora. Lo hizo el mismo, nadie sabe si por sus propios demonios, con la entrada a Álex Baena, con el que tuvo lo que tuvo, cuentas pendientes.

Para ese exorcismo no hay nadie como Simeone, sin sotana pero de negro riguroso, como si no se concediera alegría alguna, capaz de aplacar cualquier demonio en un campo de fútbol. Con Valverde no pudo hasta su expulsión. Incluso vio cómo uno de sus principales ángeles de la guarda fracasaba, reducido a su condición humana, con la llegada del madridista al área. De uruguayo a uruguayo, Valverde sometió a Giménez y marcó el segundo gol del Madrid. Habría podido hacer el primero cuando el marcador no se había movido, pero su disparo se estrelló en la madera después de una arrancada de fuerza y fe, como un templario a caballo.

Valverde es un síntoma de las cosas que han mejorado en el Madrid, donde tiene la libertad de explorar el área gracias a una fórmula con cinco centrocampistas. En la necesidad encontró Arbeloa la solución y no la tocó pese al regreso de Mbappé. Todo indica que no en plenitud, pero la realidad es que arrancó el francés en el banquillo en un compromiso de altísima exigencia. Cuando saltó al terreno de juego, el Madrid ya había corregido la situación en un derbi subido a la montaña rusa. A partir de ahí, resistir.

Penalti absurdo

La primera corrección fue de penalti, absurdo porque Brahim ya se había escorado, pero Hancko le tocó donde no debía. Mala cosa. Vinicius y el Madrid se agarraban de nuevo al derbi y a la Liga cuando acababan de regresar del descanso.

Ponga un Lookman en su equipo. Pasarán cosas, y es muy posible que pasen donde no pasa nada. No era el caso del derbi, movido en su arranque, pero básicamente por el movimiento del Madrid, con esa energía que ofrece el convencimiento. Es el primer logro de Arbeloa, logro de entrenador, aunque no evitara el padecimiento. Los apuros en los partidos de entreguerras también los sufre el Barça, aunque frente al Rayo sujetara lo fundamental. La diferencia de cuatro puntos se mantiene, pero a falta de nueve jornadas, el torneo esá vivo, muy vivo.

Lookman es como el regreso al principio. Al principio del fútbol. A veces es necesario, porque tendemos a complicar lo sencillo. Como dicen los británicos, en momentos de duda, back to basics, volver a lo básico. Lookman es como el regreso al regate, a la esencia, a la calle, después de tanto Excel, scouting y otras palabras impronunciables que han llegado a esto para mejorarlo. O eso dicen. El acierto ha sido del Atlético.

El rol de Griezmann

Parapetado, demasiado cerca de Musso, el equipo de Simeone necesitaba caminos para explorar todo el Bernabéu. Encontró inicialmente tres, la habilidad de Lookman, el cabalgar de Marcos Llorente, como un purasangre, y la sabiduría de Griezmann. Después, se añadió Julián Álvarez. El francés apareció en la titularidad, junto al nigeriano y el argentino, y lo hizo por algo. Ya no es capaz de protagonizar las transiciones y finalizarlas a toda velocidad, pero es el mejor para distinguir los vértices que esa transición necesita. Es el sabio de Simeone en un Atlético que echa de menos a Pablo Barrios, lesionado.

En el gol con que adelantó a los suyos, Lookman no se distinguió por su desborde, solo frente a dos piezas, como por sus decisiones y movimientos. Esperó la llegada de Ruggeri, que se tragó la banda izquierda y centró suave. Giuliano correspondió a esa suavidad con un toque de espuela y Lookman entendió dónde tenía que llegar para acabar la acción coral con la misma sutileza.

El descanso daba coartada a Simeone, pero tanta defensa en la salita de estar se paga. Más o menos riguroso, el penalti llegó con todo el tiempo para este Madrid que cree. Después lo hizo el que cree más de todos, Valverde. Nahuel Molina lo imitó con un misil, antes de que el uruguayo se fuera del campo, y Vinicius trazó su línea preferida para volver a poner al Madrid por delante. Un Madrid sufriente, en inferioridad, que acabó el partido como un penitente que no deja de creer en la Resurrección. Ninguno lo hace como Valverde, poseído, entre el gol y la ira.

Una roja y varias cuentas pendientes entre Valverde y Baena: "Luego la vas a ver"

Una roja y varias cuentas pendientes entre Valverde y Baena: “Luego la vas a ver”

«Luego la vas a ver», le repetía Álvaro Arbeloa a Munuera Montero. «Le doy de lado, le doy de lado», le insistía Fede Valverde. «Escúchame. No juega balón. Va por detrás y no juega balón, con la intención de derribarlo con fuerza excesiva», le explicó el colegiado al técnico. La expulsión del uruguayo puso el derbi patas arriba e inclinó el tramo final sobre la portería de Lunin, con un Atlético volcado buscando el empate, pero el Madrid aguantó el triunfo.

Un Fede Valverde omnipresente hasta ese momento. Incisivo en la presión, en la posesión y en ataque. Infatigable el uruguayo, que en ese duelo charrúa con Giménez quiso más el balón y terminó marcando el 2-1. El centrocampista de Montevideo llevaba un marzo sensacional en el que acumulaba seis goles. Uno al Celta, tres Manchester City, uno al Elche y otro al Atlético, un impulso gigante a una temporada irregular hasta el invierno. Su paso adelante había sido una marcha más para un Madrid necesitado sin Bellingham. Y había cumplido con sobresaliente hasta esta roja.

Una entrada fuera sobre Álex Baena que el colegiado no dudó en sancionar como expulsión. Consideró el árbitro que el uruguayo no quería disputar el balón. En la memoria, los encontronazos entre Valverde y el español. En enero de 2023, en un partido de Copa entre el Madrid y el Villarreal, Baena le hizo un gesto de lloro y se enzarzaron. Semanas más tarde, en el Bernabéu, el español denunció que Valverde le había dado un puñetazo en el parking del estadio y el uruguayo le acusó de haber mentado a su hijo no nacido. Desde entonces, cada vez que se cruzan en un terreno de juego saltan chispas, con esta roja como nuevo episodio.

Vinicius rompe su sequía

Al lado de Valverde, Vinicius Júnior, que en 19 derbis contra el Atlético sólo había visto puerta una vez, en el 3-1 de los cuartos de Copa del curso 22-23. Los rojiblancos eran un rival incómodo para él y lo volvieron a ser durante los 45 primeros minutos del Bernabéu, donde pasó desapercibido. En la segunda, eso sí, asumió la responsabilidad de un penalti decisivo y se inventó el tercer tanto. Vinicius marcó su segundo tanto al Atlético y dio inicio a la remontada de los blancos, clave en la pelea por el título de Liga.

Valverde y el brasileño fueron los dos protagonistas del Madrid en un encuentro donde fue titular Dani Carvajal, que volvió a ser titular en un partido de envergadura con el Real Madrid seis meses después. Lo había sido ante Osasuna y Elche, pero el lateral de Leganés esperaba un duelo importante en el que sentirse clave para el equipo. También en los despachos del club, donde hay debate sobre renovar o no al defensa. Y llegó el derbi. Mismo rival que hace seis meses. En el medio, semanas en la enfermería, en el hospital, en la sala de fisioterapia de Valdebebas y en el césped para tratar de estar a punto para un momento así. Y el duelo dejó una sensación algo agridulce.

El derbi sirvió también para ver el regreso de Bellingham después de un mes y medio lesionado. El inglés entró en el segundo tiempo y tuvo que trabajar en un Madrid que aguantó con uno menos los últimos minutos. Una nueva opción, «un bendito problema», para Arbeloa en la pelea por la Liga.