El Valencia araña un punto ante el Rayo que no alivia a Mestalla

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No hay salvación matemática ni para el Valencia ni para el Rayo Vallecano después del empate en Mestalla. Es cierto que están cerca, pero la apretada clasificación no les concede tregua y el valencianismo no se fue aliviado con el punto. Al contrario, clamó contra sus jugadores y volvió a pedir la cabeza del entrenador por no tener suficiente latido.[Narración y estadísticas: 1-1]

Arrancó el equipo de Corberán sobreexcitado. No era una final, no de las que ansía la parroquia de Mestalla, pero lo pareció. Las gargantas atronaban a pesar de que Dimitrievski no tardó en aparecer para rozar con los dedos un centro del Pacha Espino a Nteka, que ya se relamía. Era la primera vez que le cogía la espalda a Renzo Saravia y, dos minutos después, el uruguayo apareció para empujar un balón de Pedro Díaz desde la orilla derecha cuando el lateral valencianista lo arrolló. No dudó Quintero en señalar el punto de penalti, ni Nteka en agarrar la pelota. Enfrente, un viejo amigo que echó mano de sus artimañas para que angoleño estrellara el lanzamiento en la cepa del palo. El estadio respiraba y se agarraba a la zancada de Javi Guerra, a quien no ataba la medular vallecana. Por eso pudo conducir hasta pisar el área y armar un disparo que lamió el palo de Batalla.

El partido era de ida y vuelta, aunque fue bajando de revoluciones y se complicó para los valencianistas cuando Lejeune, sin oposición que le obligara siquiera a saltar, cabeceó un córner que dibujó Gumbau en el minuto 20.

Al Valencia, que perdió a Saravia por lesión, le costó reaccionar. No hilvana jugadas ni peligro. Al contrario, Tárrega sufría para sujetar a Nteka, al que Dimitrievski le quitó el segundo gol segándole el balón en los pies en un mano a mano que hizo contener la respiración a todo Mestalla.

La reacción llegó. La dirigió Guerra, primero lanzando a Rioja cara a cara con Batalla hasta que apareció Mendy para robarle el gol. Después, convirtiendo un saque de banda de Rioja en un centro desde la línea de fondo que empujó Diego López en el 40. Todo empezaba de nuevo.

En la segunda mitad, el empuje de inicio fue del Valencia, sin criterio y permitiendo al Rayo crecer. La reacción del banquillo valencianista enfureció a la grada, porque sacó del campo a Javi Guerra. Repitió Corberán el once y lo cambios, echando mano de Ramazani, que no se enganchó, de Ugrinic y de un Sadiq que tampoco apareció.

Iñigo Pérez, pese a que buscó toda la pólvora de Pathe Ciss, De Frutos y Alemao, dominó el juego sin ser incisivo y sin poder poder arañar más de un punto, que sirve. A Mestalla, no. Por eso gritó al unísono «Carlos, vete ya».

kpd