Ari Tucker, la gran promesa de la esgrima española y el secreto olímpico de su padre: "No me lo contaron hasta que tenía 8 años y aluciné"

Ari Tucker, la gran promesa de la esgrima española y el secreto olímpico de su padre: “No me lo contaron hasta que tenía 8 años y aluciné”

Todo empezó con unos habanos.

En los años 90, los mejores esgrimistas de Cuba se instalaban durante meses en Madrid para entrenar en mejores instalaciones y estar más cerca de las competiciones europeas. Medallistas olímpicos en Barcelona 1992 y Atlanta 1996 como Elvis Gregory, Iván Trevejo, Óscar García o Rolando Tucker pasaron largas temporadas en España y acumularon éxitos aquí, aunque se las apañaban como podían. Para la Copa del Mundo de Valencia, por ejemplo, alquilaban habitaciones libres en una residencia de ancianos de la ciudad y se sacaban un dinero vendiendo puros. «Y así se conocieron mis padres», cuenta la esgrimista Ari Tucker. Carmen Alarcón trabajaba como enfermera en aquella residencia que se llenaba de cubanos; trabó amistad con uno de ellos, le echó una mano con el negocio de los habanos y... ¡plata!

La hija del tirador cubano y la enfermera valenciana es hoy la perla de la esgrima española y una candidata a las medallas en los Juegos Olímpicos de Los Ángeles 2028. Con 21 años, a principios de mayo fue subcampeona de una Copa del Mundo en el florete femenino por equipos junto a Teresa Díaz, Ariadna Castro y María Mariño, y ahora quiere más.

Y todo empezó con unos habanos.

La vida en Estados Unidos

Entiendo que u padre, Rolando Tucker, bronce en Atlanta 1996 con Cuba, le tenía que insistir bastante para que hiciera esgrima.
Qué va. Recuerdo el día en que mi madre me contó que mi padre era medallista olímpico. '¿¡Qué?!' Yo tenía ocho años y no sabía nada. Tampoco sabía que Elvis Gregory, un amigo de mi padre al que yo llamaba tío, era una leyenda con tres medallas olímpicas -una plata y dos bronces-. En mi casa no se hablaba de esgrima. Yo de niña hacía ballet.

Tucker creció en un pueblo de Valencia, y tan orgullosa está de ello que su foto de perfil de WhatsApp es ella vestida de fallera. Aunque desde los diez años vive en Estados Unidos. Tras su retirada, su padre se metió a entrenador de esgrima, pero en España tenía que compaginarlo con un trabajo en la aseguradora Mapfre y, al final, decidió aceptar la oferta a jornada completa de Washington.

«Empecé tarde y siempre he entrenado en Estados Unidos, me he formado al cien por cien allí, pero cuando empecé a competir a nivel internacional le dije a mi padre que quería hacerlo por España. Yo me siento española, yo soy española, yo no quería ser americana», proclama Tucker.

Una elección que le ha supuesto un sobreesfuerzo: desde los 15 años coge varios vuelos trasatlánticos al año para participar en competiciones españolas y europeas, mientras sus compañeros de entrenamiento en Estados Unidos pueden hacerlo a pocos kilómetros de casa.

«Me he acostumbrado a volar sola, ya le he cogido el gusto», asegura, y lo hace desde uno de los mejores programas de la universidad americana. Notre Dame es una potencia en fútbol americano o baloncesto femenino, sí, pero también en esgrima. En sus cuatro años allí -se graduó ayer en Psicología-, Tucker levantó tres títulos de la NCAA junto a compañeras como la medallista olímpica húngara Eszter Muhari. Y con un entrenador llamado Rolando Tucker.

Los Ángeles 2028, el objetivo

¿Cómo es que te entrene tu padre?
Cuando era adolescente discutíamos bastante y de hecho empecé a recibir clases de otro entrenador; creo que ya no me aguantaba. Pero ahora nos llevamos muy bien. Él es muy paciente conmigo, muy tranquilo, tiene la mejor personalidad del mundo. Además hemos conseguido no hablar de esgrima en casa, separar una cosa de la otra, y eso nos va muy bien.

El proyecto de Tucker pasa por ir paso a paso, competición a competición, pero sus opciones a corto plazo son innegables. Más allá del Europeo del mes que viene o del Mundial de Hong Kong en julio, el equipo español del que forma parte debe aspirar a lo máximo. Fuera de París 2024 sin ella, ya en su primera temporada completa con la selección se colgó el bronce europeo -la primera medalla española en florete femenino por equipos- y esta temporada está brillando en la Copa del Mundo.

«Soy la bebé del equipo, pero me han recibido genial. Me daba respeto competir con ellas porque eran mis referentes», concluye Tucker, con mucho futuro por delante, décadas después de aquellos habanos.

Cómo China le arrebató el snooker a los ingleses: "Dentro de veinte años no va a haber nadie con mi aspecto"

Cómo China le arrebató el snooker a los ingleses: “Dentro de veinte años no va a haber nadie con mi aspecto”

Hay deportes que huelen a pub, a cerveza ale, a shepherd’s pie, a moqueta, a madera vieja. Hay deportes puramente ‘british’. Lo son los dardos, las carreras de caballos, el cricket, incluso el rugby, pero sobre todo el snooker. La modalidad estrella del billar nació en las tabernas del Reino Unido, alimentado por una cultura nacional de paño verde, tiza y silencio casi religioso, y cuesta imaginarlo fuera del país. Pero algo está pasando. En el Crucible Teatre de Sheffield, el templo donde cada año se disputa el Mundial, se está dando un fenómeno extraño: los campeones ya no hablan inglés.

En 2025, el chino Zhao Xintong hizo historia al ganar el Mundial y, la semana pasada, su compatriota Wu Yize siguió sus pasos. Dos años seguidos. Un dominio que también se da en categoría femenina, con Bai Yulu, y que empiezan desde las primeras rondas. En el último campeonato participaron 11 de los 32 participantes eran chinos, un récord total. Los británicos están perdiendo su sitio ante una generación de jóvenes asiáticos que está reescribiendo la historia. ¿Qué está pasando?

El pionero que cambió todo

Para entenderlo hay que retroceder al 3 de abril de 2005. Ese día, un adolescente chino de 18 años recién cumplidos llamado Ding Junhui entró como wildcard en la final del Abierto de China y derrotó al mismísimo Stephen Hendry, uno de los mejores jugadores de todos los tiempos. Ese mismo año ganó el Campeonato del Reino Unido ante Steve Davis, seis veces campeón del mundo y ese mismo año desató un ‘boom’ inmediato en su país. Más de 200 millones de aficionados chinos siguieron sus partidos. "Ding fue una especie de Yao Ming", explica Sergio Gutiérrez, comentarista de Eurosport y una de las voces de referencia del snooker en España. "No fue el primer profesional chino, pero sí el primero que despuntó y rompió de manera brutal. Y el día que gana ese primer título de ranking, hay un niño de ocho años viendo el partido con su padre. Ese niño se llama Zhao Xingtong, el primer campeón del mundo chino".

La historia tiene un hilo perfecto. Ding abrió la puerta. Zhao la cruzó. Y Wu la ha derribado este año. Pero detrás de esa narrativa hay algo mucho más calculado: una inversión millonaria, una decisión de Estado

El proyecto de un país

"Esto se explica como casi todas las grandes historias en la vida", dice Gutiérrez. "Es un proyecto muy rentable de las autoridades chinas, que llevan formando niños desde los 7 u 8 años en academias desde hace prácticamente 20 años". Con el ‘efecto Ding’, China identificó en el snooker lo que había visto antes en el tenis de mesa, el bádminton o el atletismo: un deporte de precisión, técnica y disciplina mental donde el talento bruto, convenientemente canalizado desde la infancia, podía producir campeones en serie. Y además, una oportunidad de imagen. Cuando Zhao Xingtong ganó el Mundial en 2025, lo primero que hizo fue envolverse en una enorme bandera china que le entregó Victoria Shi, dueña de una de las academias más importantes de Sheffield. Era un triunfo personal, sí. Pero sobre todo un triunfo de país.

DARREN STAPLESAFP

El modelo tiene dos fases. La primera, en China, donde una red de academias públicas selecciona y forma talento precoz con entrenadores frecuentemente británicos. Y la segunda, en Sheffield o Londres, donde los jóvenes talentos se integran en academias como la de Shi y asaltan el circuito profesional. La clave está en que ya no llegan solos: llegan a una comunidad. "Lo que antes les costaba 20 años de adaptación, ahora les cuesta tres. Les ayudan con los pasaporte, con trámites como abrirse una cuenta bancaria y les enseñan cómo funciona en los torneos", señala Gutiérrez.

La biografía del nuevo campeón, Wu Yize, resume precisamente ese camino. Con 11 años, su padre lo llevó desde Lanzhou hasta Yushan, donde está la academia del entrenador anglo-australiano Roger Layton. Con 15 años hizo un máximo de 147 puntos -la puntuación perfecta- en 4 minutos y 32 segundos, más rápido que el récord del mítico Ronnie O'Sullivan en partido oficial, con 18 años se fue a vivir a Reino Unido y, con 22, ya es campeón del mundo.

DARREN STAPLESAFP

David Alcaide, histórico del billar español y colaborador técnico de Eurosport, apunta otro ingrediente: la disciplina. "Siempre que he estado por el Reino Unido y he entrado a alguna academia, están allí horas y horas y horas, viviendo allí. Imagínate, para un chino sin hablar inglés ir al Reino Unido es muy duro. No creo que lo hagan sólo por dinero. Lo hacen por un objetivo".

La respuesta británica: ¿es tarde?

Ronnie O'Sullivan, la mayor leyenda del snooker, lo dijo hace poco con su habitual tendencia al drama: "Dentro de diez o veinte años no va a haber nadie con mi aspecto jugando al snooker". La hipérbole esconde un problema real que se debate con urgencia en el Reino Unido. Los clubs de snooker tradicionales, ese ecosistema de paño verde y poca luz donde se forjaron generaciones de campeones, están desapareciendo. Los jóvenes británicos no entran. El snooker les parece un deporte de sus abuelos.

La respuesta ha llegado en dos frentes. El primero, institucional: el Gobierno británico acaba de alcanzar un acuerdo con las autoridades de Sheffield para reformar el Crucible Theatre con una inversión de 45 millones de libras, garantizando que el Mundial se quede en Sheffield hasta 2045. China quería llevarse el torneo. El dinero público lo salvó. El segundo frente es más estructural: cada vez se oyen más voces que reclaman academias públicas para formar talento británico, el mismo modelo que ha aplastado a sus jugadores. Por lo menos en el último Mundial, dos jóvenes ingleses -Stan Moody y Liam Pullen- debutaron en el Crucible. Stan Moody fue el primer adolescente británico en hacerlo desde Jack Trump en 2007. Pero son dos. Los chinos son legión. Y siguen llegando.

Después de un maratón por debajo de dos horas... ¿qué nos queda por ver en el deporte? "El límite existe, solo que no sabemos dónde está"

Después de un maratón por debajo de dos horas… ¿qué nos queda por ver en el deporte? “El límite existe, solo que no sabemos dónde está”

A la hora del patio en la escuela primaria de Cheukta, un pequeño pueblo de Kenia, Sabastian Sawe se escondía en la cocina del colegio porque los otros niños organizaban carreras fuera y no quería participar. «Era muy tímido y rapidísimo y, como sabía que ganando llamaría la atención, se ocultaba», recuerda Julius Kemei, el profesor que convenció a Sawe para que corriera: «Le dije: ‘Correr no es sólo tu talento, es tu futuro’». El pasado domingo aquel niño inseguro se convirtió en el primer humano capaz de completar un maratón en menos de dos horas y resquebrajó todas las barreras del deporte.

¿Podemos correr 100 metros en nueve segundos? Seguro que sí. ¿Y saltar nueve metros? Por supuesto. ¿Nadar 100 metros en menos de 46 segundos? ¿Meter más de 100 puntos en un partido de baloncesto? ¿Ganar 30 Grand Slam de tenis? ¿Marcar 100 goles en un año? ¿Completar un salto quíntuple en patinaje sobre hielo? Ahora todo es posible. En cualquier rincón del planeta puede haber un niño escondido en la cocina de su colegio que sólo necesita confianza para salir y romper con todo. Bueno, confianza y alguna cosa más.

Cada vez más jóvenes

«Uno de los cambios más importantes que está habiendo y que puede ser decisivo en el futuro es la rápida detección y profesionalización de talentos en la mayoría de países del mundo. Incluso en lugares con la tradición de Kenia, antes el talento surgía de manera espontánea y sólo llegaban los dos o tres mejores de cada generación. Ahora, en cambio, a los 10 o 11 años ya se les programan planes de entrenamiento. Eso aumenta mucho la base y multiplica los candidatos a batir los récords», analiza Pedro L.Valenzuela, investigador de la Universidad de Alcalá y editor de la revista Fissac, que sabe de ejemplos más extremos.

El adolescente que amenaza los récords de velocidad de Usain Bolt es Gout Gout, un chaval de Australia, criado lejos de Estados Unidos y Jamaica, los países que históricamente han dominado los sprints. El mejor nadador del planeta es el rumano David Popovici, que creció y sigue entrenando en las viejas piscinas del Dinamo de Bucarest, aunque le han llovido ofertas de las universidades norteamericanas. Cada vez hay más prodigios, vienen de más sitios y tienen mejores armas.

La revolución de la nutrición

Mucho mejores. En el récord de Sawe las zapatillas mágicas, unas Adizero Adios Pro Evo 3, se llevaron todo el protagonismo y fueron importantes, sin duda. El efecto rebote de su placa de carbono combinada con su ligereza -97 gramos- otorgaron al keniano una ventaja respecto a los maratonianos de hace 20 años. Pero quizá no fueron la ayuda más decisiva. «Las zapatillas tienen efecto y mucho marketing detrás, pero los avances en nutrición son un elemento más potente. Sawe pudo ingerir 115 gramos de carbohidratos por hora y, lo que es aún más importante, durante sus cuatro o cinco meses de preparación en Kenia contó con lo último. Eso generó ganancias y eficiencias clave en su récord», apunta Aitor Viribay, que fue responsable de nutrición y fisiología del equipo ciclista INEOS y ahora se ocupa de los atletas de Salomon.

Ian WaltonAP


La innovación en material puede ser muy específica del maratón, pero todos los deportistas del mundo pueden comer mejor -en competición y fuera de ella- de lo que comían las estrellas de antaño. Y eso evolucionará de manera infinita. Los estudios -de las propias marcas o de instituciones públicas- continúan y continúan. El propio Viribay, por ejemplo, plantea que en un tiempo los deportistas se suplementarán con ácido láctico, que hasta ahora se veía como el demonio, el culpable de la fatiga muscular, y ahora se antoja, como dice, como la «próxima generación de combustible». Todo llegará.

La mente entra en juego

Y mientras lo hace, los prodigios del mañana se preparan en cuerpo y, cada vez más, en alma.Victor Wembanyama, quizá el jugador que supere el récord de 100 puntos de Wilt Chamberlain, cuenta que desde pequeño trabaja su mente porque «es igual de importante que el físico». Mide 2,24 metros y es capaz de correr, botar y lanzar como un base: algo de eso sabe. «Antes sólo se acudía a nosotros cuando había problemas en la edad adulta, pero ya trabajamos con niños y adolescentes desde edades muy tempranas. Sin duda eso influye en el rendimiento. Desde pequeños podemos trabajar la motivación, la concentración, la activación, la gestión de emociones… El ser humano ya no es tratado como una máquina y eso es lo que nos faltaba para cerrar el círculo en el deporte», expone Josefina Cutillas, psicóloga que trabajó conCarlos Alcaraz hasta los 15 años.

THOMAS COEXAFP

A tan corta edad, el hoy número dos del ranking ATP ya decía que quería ser el mejor de la historia y está en ello, pese a su reciente lesión de muñeca. Si Novak Djokovic alcanzó los 24 Grand Slam, él puede soñar en conquistar 25. La humanidad avanza así: alguien lo hizo antes, alguien lo puede superar. «La inspiración funciona así, sirve cuando es tangible. No es soñar con algo, es perseguir un objetivo posible porque otro deportista ya lo ha conseguido», añade Cutillas, que sin duda conoce los obstáculos.

¿Existen los límites físicos?

Una cosa es imaginarlo y la otra hacerlo. De hecho, pese a asombros como el provocado por Sawe en el maratón de Londres y pese a los muchos avances, en determinadas disciplinas se cree que se ha llegado al límite humano. En el béisbol, por ejemplo, el lanzamiento registrado a mayor velocidad fue del cubano Aroldis Chapman, que alcanzó los 172 km/h en 2010, y desde entonces no se ha superado. Según un estudio de cuatro investigadores de las universidades de Harvard y George Washington y del Tata Institute de Bombay publicado en la revista científica Nature, nadie le batirá jamás porque un ligamento del codo clave llamado ligamento colateral ulnar no se puede forzar más. Es imposible, asumen. El cuerpo no da para más. Sólo el tiempo dirá si es verdad. Pero es cierto que cuanto más puro es el movimiento, cuanto menos influyen factores externos, más difícil es ver progreso.

Como ejemplo, el salto de longitud. Hace 35 añazos Mike Powell saltó 8,95 metros y todavía no ha aparecido un portento capaz de superarle. Del récord anterior, de Bob Beamon, 8,90 metros, ya han pasado 58 años. Saltando progresamos poco a poco. «El salto es natural, no hay tanta incidencia de factores externos. Además, como se decía en el Watergate, hay que seguir el rastro del dinero. Cada año se venden millones de zapatillas de running para maratonianos aficionados, pero muy pocas zapatillas de saltadores. Ahí no interesa tanto la evolución tecnológica. Tiene su lado negativo y su lado positivo, porque así se mantiene más la esencia», subraya Ramón Cid, ex triplista y ex seleccionador español de atletismo, que apunta que lo que no ha cambiado mucho son los métodos de entrenamiento.

Se han afinado cargas, ahora se controla más la fatiga, pero tampoco hemos cambiado tanto en eso. «Los récords me recuerdan a la paradoja de Aquiles y la tortuga. El ser humano cada vez se acerca más a su límite, pero nunca lo alcanza. Saldrá alguien que correrá más rápido que Bolt, quizá el récord de los 100 metros baje a 9.50 segundos o incluso a 9.40, pero no me imagino a un ser humano corriendo los 100 metros en ocho segundos. El límite existe, sólo que no sabemos dónde está», concluye Cid.

Yo también pensé que nadie correría tan rápido

Yo también pensé que nadie correría tan rápido

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Lo reconozco. Yo también fui escéptico. Cuando estaba entre la élite me preguntaban si algún ser humano correría el maratón en menos de dos horas y yo respondía que no, que eso era imposible, que no lo verían mis ojos. Estaba equivocado. El pasado domingo me emocioné mucho. El maratón de Londres me pareció un espectáculo para recordar, un hito histórico y, además, una lucha por la victoria muy bonita. Los tres primeros, Sabastian Sawe, Yomif Kejelcha y Jacob Kiplimo, fueron muy valientes al correr tan rápido pese a estar jugándose el triunfo y nos regalaron unos minutos preciosos.

Cualquier aficionado al deporte e incluso cualquier persona puede apreciar la importancia de un récord así, de romper la barrera de las dos horas. Es la prueba que el ser humano avanza, que mejora, que cada se conoce mejor y que cada vez tiene mejores herramientas a su alcance. Indudablemente las nuevas zapatillas son un avance muy importante. Los atletas kenianos siempre han entrenado como lo hacíamos nosotros, como cosacos, hasta la extenuación, sumando muchos kilómetros, y con este calzado pueden hacerlo todavía más. Yo mismo lo he probado y sé lo que es. Antes después de una sesión intensa de entrenamientos tenías que descansar e ir al fisioterapeuta para que te arreglara, ahora muchas veces no necesitas ambas cosas. Pero creo que en el récord de Sawe hay muchos más factores en juego.

La alimentación es clave. Los kenianos, que suelen venir de familias pobres, ahora cuentan con nutricionistas y fisiológicos a su alcance, y en unos años compensan las carencias que pudieran tener en su infancia. Tienen dietas personalizadas donde les miden perfectamente cuántos hidratos comer, cuánta proteína y qué suplementos tomar. Por no hablar de los geles y los isotónicos que utilizan en carrera, cada vez más potentes y fáciles de digerir.

La especialización de los jóvenes

Nosotros sólo llevamos dietas muy básicas, con muchísimo hidratos y durante las competiciones no teníamos nada. Aún recuerdo que el día antes de los maratones comprabamos refrescos y les quitábamos el gas: ese era todo el azúcar que tomábamos. Luego bebíamos agua cada cinco kilómetros y en los últimos minutos, si eso, un plátano o una naranja. Imaginen las diferencias.

Todo es distinto y era difícil de prever hace dos décadas. Cuando Paul Tergat, Haile Gebreselassie, Kenenisa Bekele, Abel Antón o yo dimos el salto al maratón ya habíamos conseguido muchas cosas en la pista y éramos bastante mayores. Ahora hay adolescentes que se especializan en el maratón y empiezan a competir muy, muy jóvenes. Eso les da ventaja: más velocidad, más resistencia, más potencia.

Por todo ello creo que este mismo año se va a batir la plusmarca de Sawe y estoy seguro que tarde o temprano veremos éxitos parecidos en la pista. En esfuerzos cortos, como en los 100 metros o en el salto de longitud, el margen es más pequeño, pero esas mejoras en el material, en la nutrición o en la especialización va a acabar por dar portentos que batan los récords actuales. Visto lo visto ya no voy a caer en el mismo error. El ser humano no tiene límites y, si los tiene, no creo que vaya a verlos.

Muere a los 68 años Monte Coleman, tres veces campeón de la Super Bowl con Washington

Muere a los 68 años Monte Coleman, tres veces campeón de la Super Bowl con Washington

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Monte Coleman, aguerrido linebacker que ganó tres Super Bowls con Washington y más tarde llevó a Arkansas-Pine Bluff a un campeonato de conferencia como entrenador, ha muerto a los 68 años. No se ha comunicado la causa del fallecimiento de Coleman.

"Monte Coleman fue uno de los mejores jugadores en la historia de Washington. Fue uno de los pilares de nuestras defensas campeonas, tras haber jugado en los tres equipos que ganaron la Super Bowl. Su liderazgo marcó el estándar de lo que significaba ponerse el uniforme del Burgundy & Gold", señaló Josh Harris, propietario de los Commanders en un comunicado.

Nacido el 4 de noviembre de 1957 en Pine Bluff, Coleman se incorporó sin beca a Central Arkansas antes de que Washington lo seleccionara en la decimoprimera ronda del draft en 1979. Luego disputó las 16 temporadas de su carrera en la NFL con el equipo, participando en 215 partidos de temporada regular, la segunda mayor cifra en la historia de la franquicia, solo detrás de Darrell Green.

Coleman ocupa el segundo lugar en la historia de la franquicia en tacleadas en solitario.

"Puede que no haya inventado la posición de apoyador nickel. Pero la elevó a un nivel que no se ha visto desde entonces", comentó Charley Casserly, entonces gerente general cuando Coleman se retiró en 1995.

Coleman más tarde se convirtió en entrenador en UAPB y luego asumió como entrenador jefe tras la temporada de 2007. Se mantuvo al mando durante una década y ganó el título de la Southwestern Athletic Conference en 2012.

"El entrenador Coleman representó todo aquello por lo que nos esforzamos en UAPB. Excelencia, integridad y un compromiso incansable con el desarrollo de nuestros estudiantes-deportistas. Su legado no solo está escrito en campeonatos y reconocimientos, sino en las vidas que cambió todos los días", añadió el director deportivo Chris Robinson.

Nick Danielson, el fotógrafo de Kilian Jornet: "No puedes hacer la foto si mueres"

Nick Danielson, el fotógrafo de Kilian Jornet: “No puedes hacer la foto si mueres”

Un buen día, el año pasado, Nick Danielson publicó todos sus registros en Strava de golpe y sus amigos alucinaron. «¿Qué narices estás haciendo?», le preguntaron. En un mes había recorrido 523 kilómetros por todo Estados Unidos y había acumulado más de 37.000 metros de desnivel. Algunos pensaron que se estaba tomando demasiado en serio esa afición suya a correr por la montaña, otros que directamente había enloquecido. Pero en realidad Danielson estaba trabajando.

Es el fotógrafo de Kilian Jornet y lo de sumar kilómetros y más kilómetros va en el sueldo. Como hizo en el proyecto que conectó todos los Alpes, el año pasado siguió al español mientras ascendía a los 72 picos más altos de Estados Unidos y no le quedó más remedio que ponerse en forma. Muy en forma.

Documentar las aventuras de Jornet debe ser agotador.
Es duro. En este tipo de proyectos que duran semanas o hasta un mes Kilian no corre tan rápido como puede hacerlo en una carrera, pero igualmente cuesta seguirle. Siempre he sido aficionado al trail running, antes del proyecto de Estados Unidos entrené mucho y al final me sentía muy, muy fuerte, más fuerte que nunca. Pero igualmente necesitaba descansar. Normalmente corría con él las primeras horas del día hasta llegar a un pico, me daba la vuelta y conducía hasta otro para finalizar la ruta a su lado. No podía planificar mucho porque Kilian hacía cambios de ruta constantemente.
¿Cómo se conocieron?
A través de un amigo mío, Max Romey, que trabajaba con Kilian desde hace años, cuando corría para Salomon. Cuando Kilian fundó su marca, Nnormal, pidió a Max que se uniera y en 2022 Max me llamó para cubrir la Hard Rock 100, que es una de las carreras de ultramontaña más duras del mundo, en Colorado. Kilian y yo congeniamos mucho. Y a partir de entonces siempre he estado en sus proyectos. Siento que me tiene confianza, que me lo he ganado estando donde hay que estar, con frío, con viento, a 4.000 metros de altitud.
¿Alguna vez ha estado en peligro mientras filmaba?
Siempre hay que tener el riesgo en mente y evaluar todas las situaciones. En el proyecto de Estados Unidos me sentí en control de la situación y cada vez que había algún tramo peligroso decía: 'Vale, hasta aquí llego yo'. Pero en el proyecto anterior, en los Alpes, hubo momentos mças delicados. Escalé el Mont Blanc para encontrarme con Kilian en la cima y las condiciones eran muy malas. Había muchas grietas abiertas y mucho hielo. Para llegar al punto donde tenía que encontrarme con él para filmarlo, tuve que escalar por una ruta realmente comprometida y fue peligroso. Preferiría no repetirlo nunca en mi vida. No puedes hacer la foto si mueres, así que tienes que saber cuál es tu límite. Mi límite no es el límite de Kilian, sin lugar a dudas.

¿Impresiona el aguante de Jornet?
Sabía que era el mejor, pero nunca le había visto ser tan tenaz durante tanto tiempo. En una carrera demuestra su velocidad. Pero esto era diferente. Un mes encadenando jornadas larguísimas con mal tiempo, pedaleando bajo la lluvia, haciendo cosas que no son nada divertidas. Muchos atletas muy talentosos habrían sufrido con algo tan física y mentalmente demoledor. Él simplemente se relajó y lo fue trabajando, día a día. Sabía que Kilian era duro, pero fue genial ver hasta qué punto lo era.
Con él todo parece fácil. ¿Esto es un problema para ti como fotógrafo?
Es un reto, sí. Siempre está sereno. Incluso cuando está sufriendo de verdad, no lo muestra. Nunca se queja. Pero eso hace que los momentos en que sí muestra emoción sean todavía más poderosos, porque sabes que de verdad está al límite. En una carrera de 160 kilómetros quizás no pasa nada. En treinta días, algo ocurre. Y cuando ocurre, tienes que estar ahí.
¿Cuándo decides que la montaña es el sujeto y cuándo lo es él?
La respuesta suele estar justo delante. Cuando hay un paisaje increíble, en una cresta con vistas infinitas, no puedes evitar fotografiar el entorno. Del mismo modo, cuando Kilian muestra emoción, debes mostrar su cara. De todos modos pasé muchos días detrás de él, fotografiando su espalda con las montañas de fondo, porque me encanta ese ángulo. Me recuerda lo pequeños que somos.
Pilar Pasanau, la primera española en dar la vuelta al mundo en vela en solitario: "Tenía alucinaciones, oía voces en mitad del océano"

Pilar Pasanau, la primera española en dar la vuelta al mundo en vela en solitario: “Tenía alucinaciones, oía voces en mitad del océano”

Hay una pregunta que Pilar Pasanau se hizo en algún punto del Índico, noche cerrada y piloto automático, que resume qué es navegar completamente sola durante más de un año: ¿Quién me está llamando? «Tuve alucinaciones auditivas. Alguien me estaba llamando, decía mi nombre. Sabía perfectamente que no había nadie, pero escuchaba voces igual», reconoce con la naturalidad de quien cuenta algo rutinario. «Antes, en otras regatas largas, ya había tenido alucinaciones visuales. Veía tierra cuando todavía estaba muy lejos. Es el efecto del cansancio y la falta de sueño, no es algo tan raro».

Pasanau tiene 57 años y acaba de completar la Mini Globe Race: más de 50.000 kilómetros alrededor del mundo, en solitario, hacia el oeste, en un barco pequeñísimo, de apenas 5,80 metros de eslora. Tardó 190 días y 16 horas. Llegó cuarta, a 19 horas del tercer puesto. Y se convirtió en la primera mujer española en terminar una regata de vuelta al mundo sin ayuda. «Eso son solo estadísticas. Yo navego por amor, no por palmarés», proclama, aunque también es cierto que luchó con todas sus fuerzas por subirse al podio.

¿Cuántas horas dormía?
El primer día intenté no dormir para marcar diferencias. Luego, cuando me metí en el grupo de delante, dormía al caer el sol, porque de día me cuesta un montón. Al final me acostumbré a un horario, a una especie de rutina. El cuerpo se adapta a todo. Mira, cuando acabé una etapa y desembarqué en las islas Marquesas, en la Polinesia Francesa, me agarró un mareo brutal justo al pisar el muelle. Me tuve que tumbar en el suelo. Me había habituado tanto al movimiento del barco que había perdido el equilibrio en tierra.

¿Qué comía?
En puerto compraba fresco: verduras, fruta... Luego intentaba cocinar algo. Cuando llevas un año con conservas y liofilizado, el estómago al final te lo rechaza. Había días que no me apetecía nada, que no podía. Me obligaba a comer. Tampoco soy muy comedora; por ejemplo, al acabar cada etapa no tenía caprichos en ese sentido. Lo que más deseaba era una ducha con agua caliente y una cama seca que no se moviera.

El aviso de piratería en Indonesia

¿Cuál fue el tramo más duro?
En el Pacífico estuve 40 días sin pisar tierra, pero es un océano que casi no tiene barcos, no hay tráfico, podía descansar. Fue más complicado el Índico, por ejemplo, porque hay muchísimos cargueros y cambios de tiempo radicales. En Indonesia hubo una alerta de piratería, pero se quedó en nada. En realidad casi fue peor el prólogo, la etapa de calificación. Fuimos del sur de Portugal a Lanzarote, no conocía el barco y lo pasé fatal. Había estado centrada en arreglar el barco y buscar patrocinios, y cuando me eché a la mar no entendía nada. Se me cayó el spinnaker, lo rompí. Pensé: ¿qué hago aquí? Incluso quise dejarlo, pero al llegar me dijeron que había llegado segunda y eso me picó el orgullo para seguir.
¿Cómo se distraía?
Con un Starlink tenía conexión a internet la mayor parte del tiempo, aunque apenas la utilizaba. Al principio me ponía música, pero luego dejé de hacerlo. Principalmente leía; me leí hasta 30 libros, de todo tipo: novelas, ensayos sobre karma o yoga ashtanga.

Pasanau fue capitana de la marina mercante durante años. «Es como tener dos vidas paralelas: una en el mar y una en tierra», recuerda sin ánimo de regresar. El último trabajo fue estresante. Un episodio con piratas en Malabo, Guinea Ecuatorial, acabó de inclinar la balanza. Decidió dejarlo. Ahora es autónoma del mar: skipper, docencia náutica, lo que llegue.

Tiene una deuda importante porque completar la Mini Globe Race cuesta unos 120.000 euros y los patrocinadores no llegaron para todo. El barco que utilizó, el Peter Punk, está ahora en Antigua, con el compromiso de que alguien lo traiga a Barcelona para venderlo. «Esa etapa se ha terminado. No lo voy a hacer otra vez», proclama, aunque ya tiene nuevos proyectos, como mínimo un par. El otro, para 2030, es la vuelta en solitario hacia el este, la dirección normal. «Tenemos más mar que tierra en el planeta», concluye. «¿Por qué no aprovecharlo?»

Javier Hernández, el olímpico que ahora reparte millones: "No podía seguir viviendo de la vela"

Javier Hernández, el olímpico que ahora reparte millones: “No podía seguir viviendo de la vela”

Un cliente entra en la administración de lotería número 16 de Santa Cruz de Tenerife y agradece: tenía una pensión pequeña, una pensión mínima, apenas llegaba a finales de mes, pero acaba de cobrar 200.000 euros de un décimo comprado allí y sus problemas económicos han desaparecido. Al otro lado del mostrador, a Javier Hernández se le saltan las lágrimas. «Fue muy bonito. Habíamos dado otros premios, pero este año tres agraciados del Niño vinieron a darnos las gracias y nos emocionamos todos», cuenta quien sabe perfectamente qué es luchar con pocos recursos. Durante años lo hizo en el agua.

Antes de ser lotero, Hernández fue regatista y de los buenos. En la clase láser llegó a colgarse un bronce en el Mundial de 2008 y fue olímpico en los Juegos Olímpicos de Pekín 2008 -decimocuarto- y Londres 2012 -decimosegundo-. Fue miembro de una de las generaciones doradas de la vela española, junto a Iker Martínez, Xabier Fernández, Fernando Echavarri o Antón Paz. Pero su palmarés se cuenta ahora en premios: lleva tres años consecutivos repartiendo en Navidad, dos veces en el Gordo y la última, en el Niño. Su administración vendió seis boletos del 06703 agraciado, por lo que repartió 1.200.000 euros.

¿Dar premios multiplica los clientes después?
Es buena publicidad. Todas las administraciones ofrecemos el mismo producto, décimos de lotería, así que la suerte marca el negocio. Antes de Navidad intentamos vender el máximo número posible de décimos para que haya premios y venga más gente. Y luego confiamos en el chicharro, nuestra mascota. Es un pez azul, pequeño, humilde y abundante en las costas canarias, Nos representa. Tenemos una figura de bronce en el mostrador que nos ayuda.

"Todo se me puso cuesta arriba"

La historia de cómo un regatista olímpico acabó vendiendo lotería sigue el camino tortuoso de las vidas que no salen según el plan. A los 28 años, después de los Juegos de Londres 2012, Hernández todavía pensaba en seguir, en llegar a Río 2016 o incluso a Tokio 2020, pero el dinero empezó a escasear. «Acabé undécimo y tenía beca ADO, pero no me daba para mucho», cuenta.

«Por culpa de la crisis de la construcción de 2008, la Federación Española de Vela había reducido mucho las ayudas para viajar y competir y todo se me empezó a poner cuesta arriba. En la vela hay que seguir el circuito mundial, ir de regata en regata, costear desplazamientos, material, entrenamientos... Y no me llegaba», recuerda Hernández que, además, en aquella época perdió a su padre. La motivación por seguir en competición y buscar su medalla olímpica se convirtió en otra cosa.

¿Cómo nace la administración?
Fue una oportunidad. Era de un familiar lejano y se puso un poco a tiro. Pensé mucho en si dar el paso o no, me decidí y le pagué la licencia. Entendí que no podía seguir viviendo de la vela y tenía que empezar a labrarme un futuro. De 2012 a 2014 intenté compaginar la administración con los entrenamientos, pero era imposible.

Entrenador de Santa Lucía o El Savaldor

Hoy, más de una década después, la administración de la calle Bethencourt Alfonso funciona y Hernández todavía está detrás del mostrador casi cada día. «En Navidad estoy muy al público y durante el año suelen ponerme una hora o dos al día. Algunos clientes me reconocen de cuando hacía vela y me piden que les elija yo el número porque me ven como un tipo con suerte», explica Hernández, que nunca se alejó del todo del mar.

Cuando dejó de competir, sus propios rivales le llamaron. Había estudiado INEF y tenía criterio técnico. Empezó entrenando a uno, luego a otro, y sin buscarlo construyó una segunda carrera como entrenador freelance de países pequeños sin estructura federativa propia como Santa Lucía, El Salvador, Trinidad y Tobago, Corea del Sur o Montenegro.

«Llevo tres Juegos Olímpicos de entrenador de los que eran mis rivales, pero ya me voy retirando también. Tengo tres hijos y viajo lo justo. El año pasado solo fui a tres competiciones, ya no quiero hacer el circuito completo», asegura quien ya no vive pensando en el verano y sus regatas. Ahora su competición se disputa en Navidad, cuando planta la figura de bronce del chicharro en el escaparate y espera a que surja la magia. De momento lleva triunfando tres años.

El bádminton español que deja Carolina Marín: «Hace diez años que una española ganara unos Juegos sonaba a chiste»

El bádminton español que deja Carolina Marín: «Hace diez años que una española ganara unos Juegos sonaba a chiste»

Hace diez años, en el Centro de Alto Rendimiento de Madrid, nadie se atrevía ni a pensarlo. «Cuando yo empecé, que una española ganara unos Juegos Olímpicos sonaba a chiste», recuerda Clara Azurmendi, que hoy es amiga de una campeona olímpica y aspira a igualarla. A sus 27 años es candidata a medalla en el Europeo de Huelva, que comenzó este lunes, después de quedarse en semifinales en la última edición. En solo una década, el bádminton español ha cambiado. Ha cambiado mucho. Y todo, o casi todo, gracias a Carolina Marín.

La campeona, que será homenajeada este martes en su Huelva natal tras anunciar su retirada, se marcha con un oro olímpico, tres Mundiales y siete Europeos, y deja atrás también un legado. Un rastro que brilla más, sí, pero que seguramente durará más.

Antes de Marín, España peleaba por clasificar a algún jugador —como el histórico Pablo Abián— o alguna jugadora para los campeonatos internacionales. Ahora el único objetivo son los títulos, no hay más. Desde la aparición de la onubense en 2014, antes de su oro en Río 2016, el bádminton español ha crecido desde la base hasta la élite. Si en 2013 el Consejo Superior de Deportes (CSD) registraba menos de 8.000 licencias, ahora ronda las 10.000, un crecimiento que aguantan pocas disciplinas en el país. El número de clubes seguía una tendencia parecida, pero la pandemia cerró una veintena y ahora se están recuperando.

Opciones de medalla

«Carolina ha sido la mejor jugadora de bádminton de la historia del mundo. Eso enorgullece a España; lo consiguió frente a potencias como las asiáticas», define Azurmendi, que durante muchos años fue compañera de entrenamientos de la campeona olímpica. De San Sebastián, a los 14 años se marchó a Madrid para compartir sesiones con Marín a las órdenes del entrenador de ambas, Fernando Rivas. «Antes todos los que jugábamos al bádminton lo hacíamos porque en nuestros colegios había tradición. Todos veníamos de las extraescolares. Ahora hay niños y niñas que se apuntaron porque vieron a Carolina en la tele y quisieron probarlo. Eso se notará en el futuro», predice la jugadora. Según su análisis, hay que esperar a la cantera, aunque ya se pueden observar resultados.

ARUN SANKARAFP

El efecto escaparate ya tiene su traducción en las pistas. España tuvo representación en todas las categorías del pasado Mundial y en el presente Europeo sostiene varias candidaturas al podio. Junto a Azurmendi en el cuadro femenino, estarán Pablo Abián y Álvaro Leal en el masculino; en dobles masculino, las parejas formadas por Rubén García y Carlos Piris y Jacobo Fernández y Alberto Perals buscarán avanzar rondas; en dobles femenino, competirán Paula López y Lucía Rodríguez junto a la dupla formada por Nikol Carulla y Carmen Jiménez; y en dobles mixto, estarán Rubén García y Lucía Rodríguez, además de Rodrigo Sanjurjo y Nikol Carulla.

De todos ellos, quizá la opción más firme es la pareja de dobles mixto formada por García y Rodríguez, que ya sabe lo que es vencer a parejas del top 10 mundial y alcanzar las semifinales en torneos BWF. «La Federación se ha reestructurado», explica Azurmendi. «Antes había una jugadora. Ahora la Federación se está centrando en crecer en todas las disciplinas, en los dobles. Está formando entrenadores, mejorando la situación en el CAR». La inversión institucional tiene detrás el impulso de los resultados, pero también la visibilidad que generó Marín. Las marcas, reconoce la jugadora, «se han interesado siempre más en Carolina, pero una cosa ha llevado a la otra. Aunque el 80% sea por ella, algo beneficioso nos llega».

El listón está muy alto

Existe, no obstante, una contraposición. «Ahora todo nos parece poco», reflexiona Azurmendi. «Es la otra cara de la moneda. Cuando se consigue algo, nunca es suficiente. Carolina ganó siete Europeos; aunque yo consiga un buen resultado, será más difícil que se reconozca. Es normal». El éxito de Carolina elevó el listón de una forma que puede resultar injusta para quienes vienen detrás.

«La gente tiene que entender que lo que hizo Carolina es de otro planeta. Va a ser muy difícil que en el mundo del bádminton vuelva a haber otra Carolina. Pero espero que en unos años pueda salir una campeona de aquí», concluye Azurmendi, que recuerda el dolor al ver la lesión de su amiga en los Juegos de París 2024 y desea que aquella desgracia no sea el último recuerdo. «No se merecía acabar así. Fue muy injusto», apunta, siendo ella misma parte del legado que deja Marín en España.

La ingeniera que lo dejó todo por el muay thai: "Estuve un año dándole al saco, cuando me subí al ring fue un honor"

La ingeniera que lo dejó todo por el muay thai: “Estuve un año dándole al saco, cuando me subí al ring fue un honor”

«Yo eso no lo puedo ver, estoy sufriendo. Si te están pegando soy capaz de levantarme y darle yo a ella. A mi niña no se le pega». Marisa Delgado graba la conversación con su abuela y no tiene desperdicio. Hasta hace un par de años, la «niña» era una ingeniera industrial, siempre muy buena estudiante, una chica aplicada cuya afición era tocar el piano. Y ahora anda por el mundo de combate en combate dándose puñetazos, patadas y codazos con mujeres que le sacan una cabeza. ¿Cómo se come eso?

«Al principio mi familia se reía, me decían que estaba loca, pero cuando vieron que iba en serio intentaron quitarme la idea de la cabeza. 'Te corto los guantes antes de que te subas al ring', me soltaban. Ahora son el mayor apoyo que tengo», cuenta Delgado en conversación con EL MUNDO tras su debut en el Mundial de muay thai del pasado verano. Venció a la campeona de Asia, Floryvic Montero, y cayó ante la favorita, la turca Fatma Ceken, para finalizar entre las ocho mejores del mundo en la categoría de menos de 51 kilos. Un resultado extraordinario si se atiende a su historia.

Marisa Delgado, durante un entrenamiento.

Marisa Delgado, durante un entrenamiento.E.M.

¿Cómo llegó al muay thai?
Empecé con el boxeo de cardio, el boxeo aeróbico, lo que llaman fitboxing. Nunca había hecho deporte, siempre había estado estudiando, pero al acabar la carrera quise empezar a cuidarme y me apunté a un centro de la cadena Brooklyn. No tenía ni idea de boxeo, mucho menos de artes marciales. Me podría haber apuntado a crossfit, a nadar, a lo que fuera, pero lo probé, me encantó y así empecé.

Viendo vídeos de YouTube

Licenciada en Ingeniería Industrial por la Universidad Politécnica de Madrid, para entonces Delgado ya había vuelto a su ciudad, Jaén, y había conseguido empleo en Construcciones y Auxiliar de Ferrocarriles (CAF) como diseñadora de trenes. Trabajaba en proyectos en Egipto, Colombia, Arabia Saudí... Pero apareció en su vida el saco. Y el saco lo cambió todo. La experiencia golpeando el cuero le dio la vuelta a su vida hasta llevarla a pedir una excedencia y entregarse a ello, aunque necesitó su proceso.

«Me gustaba tanto dar puñetazos y patadas en las clases que me compré un saco, lo colgué en casa y me puse a entrenar también por mi cuenta viendo vídeos de YouTube. Estuve un año así, dándole al saco cada día. Al final me presenté en un gimnasio», relata. Como la ingeniera que es, estudió todos los centros cercanos. El boxeo era la opción más evidente, pero entendió que en el muay thai tendría más recorrido. Acabó en el Sukhothai Boxing Club de Martos a las órdenes de su actual entrenador, Sebastián Ardelean.

¿Le costó empezar con el contacto?
Qué va. A mi familia le daba un poco de miedo, pero yo estaba encantada. Llevaba un año dándole al saco sola, había practicado todos los golpes... Cuando me subí al ring fue un honor. No se me olvidará mi primer sparring, fue con mi compañero Benji; me lo pasé bomba.

El estreno en el Mundial

Aquello ocurrió en julio de 2024, hace menos de dos años, y a partir de entonces todo empezó a pasar muy rápido. En apenas un año: campeona de Andalucía, de España y directa al Mundial. «De repente me vi ahí peleando con tiarracas y lo disfruté mucho. Hasta que llegó mi primera lesión», apunta Delgado, que hace unos meses, entrenando, se rompió «un huesecillo de la cara» y tuvo que guardar reposo. «Ahí sí pensaba que me iba a caer la bronca de mi familia, pero fue todo lo contrario. Viendo lo emocionada que estaba con el muay thai me animaron a seguir adelante», explica la luchadora, que ya es solo eso: luchadora.

A sus 29 años, quiere probar hasta dónde puede llegar en las artes marciales, y por eso ha pedido una excedencia en su empleo y se ha lanzado a por todas. Ya ha pasado dos semanas en Tailandia —la cuna de su especialidad—, adonde volverá en breve para quedarse tres meses. No sabe hasta dónde llegará, pero no se quedará a medias. «De momento no gano nada del deporte, pero sí de las redes sociales. Empecé a ganar seguidores tocando versiones al piano y ahora enseño mi vida en el muay thai. Tengo algunos seguidores que me dicen que a ver si dejo de dar golpes y vuelvo a tocar, pero los vídeos de entrenamientos funcionan», concluye Delgado, que ahora sí cuenta con su abuela entre sus fans.