Pogacar destroza el Tour en Plateau de Beille en una respuesta mortal al ataque de Vingegaard

Actualizado Domingo, 14 julio 2024 - 18:28

Fue la mirada atrás la sentencia, el golpe de gracia a un Tour que, salvo sorpresa mayúscula, quedó sentenciado en las rampas de Plateau de Beille, a una semana del final inédito en Niza y con los Alpes todavía por recorrer. Fue valiente Jonas Vingegaard porque no le quedaba más remedio y murió con las botas puestas, al ataque ante quien no admite comparación. Tadej Pogacar es, indudablemente, el más fuerte. Alzó los brazos por tercera vez y supo que la reconquista es un hecho. [Narración y clasificaciones]

Los rostros esconden el sufrimiento, aunque son tantas las batallas, que Tadej y Jonas desentrañan cada gesto del rival. No hay secretos ya para ellos. Incapaz de contener los arreones finales del esloveno, cada vez más lejos en la general, Vingegaard optó por cambiar de estrategia, por mostrar todas sus cartas. A riesgo de perderlo todo, como así fue después. Maduró la etapa con su equipo, asumiendo por primera vez la responsabilidad en los cuatro puertos precedentes al desenlace, de salida el Col de Peyresourde bajo el calor de los Pirineos que obligaba a los ciclistas a marchar ya en la meta de Loundeville con los característicos chalecos de hielo.

Y atacó salvajemente bien temprano el danés, a más de 10 kilómetros de la cima de Plateau de Beille, para propiciar el mano a mano, para comprobar si la alta montaña, los esfuerzos acumulados y el sopor eran su baza ante Pogacar. Para explorar todos los límites posibles. Pero no cedió su Némesis, que buscaba agua y alivio a su rueda, que afilaba su hacha mortal, que sabía que resistir era ya un triunfo pero quería más. No dudó el líder, también desde bien lejos, para protagonizar una auténtica desolación.

Miró atrás Vingegaard tras su postrero acelerón y ahí supo Tadej que era su momento. Restaban casi cinco kilómetros y medio y se lanzó el del UAE, imparable hasta la meta, voraz. Hundiendo psicológicamente a su contrario. La aventajó en 1:08, una distancia nunca antes vista y le deja a más de tres en la general. El resto fue una carnicería: Evenepoel a 2:51, Landa a 3:54, Almeida, Yates y Carlos Rodríguez todavía mucho más lejos.

Una etapa para el recuerdo. Porque es un duelo jamás visto antes en la historia del ciclismo. No hay precedentes de dos tipos con semejante amor propio, con tanta superioridad, con esa capacidad de encajar los golpes y prepararse para el siguiente asalto. Es un combate diario en el que todo influye. Las fuerzas propias, el coraje del equipo, el clima, la orografía y hasta el paso de los días.

Enric Mas, seguido de De Plus, durante la etapa en los Pirineos.

Enric Mas, seguido de De Plus, durante la etapa en los Pirineos.MARCO BERTORELLOAFP

Una jornada en la que apareción, al fin, Enric Mas, en un Tour que no le sonreía, que le vio fuera de la nobleza desde bien temprano, que alargo su mal fario con él. Ya sin opciones en esa general que hasta hace nada era su objetivo (siempre frustrado), eligió la etapa más dura hasta el momento para dar la cara, para colarse en la escapada del día y para ser parte del quinteto que aguantó hasta la ascensión final. En las faldas de Plateau de Beille (casi 16 kilómetros con una media del 7,9% de desnivel), llegó el balear junto a De Plus, Hindley, Carapaz y Jonannessen con una ventaja que superaba los dos minutos y medio.

Pero lo que venía por atrás era un huracán.

Alcaraz completa su obra maestra ante Djokovic y encadena su segundo Wimbledon

Alcaraz completa su obra maestra ante Djokovic y encadena su segundo Wimbledon

En el elegante infierno que puede llegar a ser la Central de Wimbledon, Carlos Alcaraz hace bailar a Novak Djokovic, se divierte, celebra con el público y genera uno de sus momentos Alcaraz, esas ocasiones en las que viéndole se te abre una sonrisa de oreja a oreja, se te alegra la mirada y vas soltando una risita de esas que provoca que tu pareja venga de la otra habitación para ver si estás bien. Lo suyo es la belleza, como ya lo era de Roger Federer, lo dejó escrito Foster Wallace, también la potencia de Rafa Nadal y la velocidad del propio Djokovic, pero sobre todo es el disfrute. Qué difícil es de ver y qué imparable resulta, el tenista que se divierte. [Narración y estadísticas (6-2, 6-2, 7-6 [4])]

Este domingo Alcaraz pasó un muy buen rato para ganar su cuarto Grand Slam, su segundo Wimbledon consecutivo, en lo que fue su obra maestra, el mejor partido de su vida, una fiesta de consagración de su tenis y de su propia persona. A los 21 años, genio de todos los golpes, ha madurado mientras mantenía su alegría y ahora que venga quien pueda pararle, sea quien sea, seguramente nadie.

Si el año pasado derrotó a Djokovic, que ya era derrotar, este año lo empequeñeció, que ya es empequeñecer. El tenista más laureado de la historia, con sus 24 Grand Slam y sus muchísimos récords más, fue un rival cualquiera en sus manos. Venció el español en sólo dos horas y 22 minutos, con el juego más completo que se le recuerda. Más concentrado que nunca, fue el Alcaraz más rápido sobre la hierba, el Alcaraz más sacador, el más atinado, el más luchador y, por supuesto, el más disfrutón. Si acaso, para alcanzar la perfección, le faltó gozar con varias dejadas, pero esta vez no tocaba.

Un saque letal, un resto letal

Lesionado de la rodilla derecha en Roland Garros, Djokovic mostraba cierta lentitud e incluso alguna molestia y el plan de Alcaraz no podía ser otro que el que fue: moverlo, moverlo y moverlo. Desde el primer juego, que duró una eternidad, con break del español en su quinto intento, Alcaraz embistió a Djokovic y éste cedió prácticamente en todo momento.

De entrada la efectividad en el saque del español le sorprendió. Después de repasar todos sus partidos en este Wimbledon y su bajo porcentaje de acierto, seguramente el serbio planeaba atacar sus segundos servicios y cimentar la victoria en su resto. Al fin y al cabo ya lo había conseguido otras veces, como en su último enfrentamiento, en las semifinales de las últimas ATP Finals. Pero Alcaraz apareció en la final vestido con su mejor saque. Más allá de la potencia, que la hubo -varios primeros por encima de los 200 km/h-, brilló en la colocación y apenas permitió opciones, de hecho Djokovic sólo gozó de tres bolas de break y convirtió únicamente una en el desenlace.

Djokovic, abatido durante un descanso de la final.

Djokovic, abatido durante un descanso de la final.AP

Pero la superioridad de Alcaraz no sólo se explica con un golpe. Ni mucho menos. Con sus puntos asegurados, adaptó un plan tan inesperado como agresivo al resto. Cuando Djokovic dudaba en su saque, el español se metía en la pista y le atacaba al paralelo y, si éste le aguantaba, los intercambios posteriores casi siempre caían de su lado.

Tres bolas de partido, al limbo

En varias ocasiones, Djokovic pegó un golpe que creía ganador, una volea, una dejada, un derechazo con un ángulo imposible, e igualmente apareció Alcaraz para superarle. Sólo en el tercer set, cuando ya estaba todo perdido -desde 1927 nadie remonta dos sets-, el serbio se lanzó a por todo y exigió más, pero ni por esas. El español, entonces sí nervioso, llegó a desperdiciar tres bolas de campeonato con 5-4 y 40-0, pero en el tie-break no perdonó. Hubo entonces una dejada a la carrera, casi su primera dejada exitosa, que fue sentencia.

Ahí, el ganador de 24 Grand Slam, que ya ha visto de todo en el tenis, que se ha enfrentado a los mejores de la historia en su mejor momento, no pudo más que resoplar. Menudo calvario. A sus 37 años no está lejos su adiós y será entonces cuando recapitule. Entre todas sus vivencias recordará la final de Wimbledon 2024, cuando presenció el ascenso del jugador que muestra la belleza de Federer, la potencia de Nadal, su propia velocidad, y que al mismo tiempo se divierte. Un día Djokovic hablará de los momentos Alcaraz y sólo podrá abrir una sonrisa de oreja a oreja, alegrar su mirada e ir soltando una risita de eas que provoca que tu pareja venga de la otra habitación para ver si estás bien.

Alcaraz, a los 21 años, en el camino de las leyendas: “Nos sorprende incluso a los que vivimos con él”

Actualizado Domingo, 14 julio 2024 - 17:39

El culmen de su carrera. Hace un mes Carlos Alcaraz holló la cima más alta y allí está viviendo desde entonces; nadie le puede bajar, él no se quiere bajar. Triunfar en Roland Garros y Wimbledon de forma consecutiva es un éxito tan superlativo que tiene nombre propio, el 'Channel Slam', y sólo cinco tenistas en su lista. Rod Laver, Bjorn Borg -tres veces seguidas-, Roger Federer, NovakDjokovic y Rafa Nadal -dos veces-. A los 21 años Alcaraz ya lo ha completado y sirve como confirmación: está en el camino de las leyendas, ya no hay dudas.

Con su primer Grand Slam, el US Open de 2022, tenía sentido el escepticismo: podía ser flor de un día, era sólo un niño, era lógico vacilar. El año pasado, con su segundo Grand Slam, el primer Wimbledon, se generó cierta desconfianza en su físico porque antes se perdió el Open de Australia y después las ATP Finals. Pero ahora ya es imposible negarlo. A su edad y con cuatro 'grandes' en sus vitrinas sólo cabe disfrutar. Es muy pronto para saber si alcanzará los 24 de Novak Djokovic, los 22 de Rafa Nadal o los 20 de Roger Federer, pero está claro que intentará hacerlo. De hecho, de momento, va por delante. A los 21 años y dos meses, Djokovic sólo sumaba un Open de Australia, Nadal acumulaba tres Roland Garros y Federer todavía no había estrenado su casillero.

"Es escandaloso"

"Lo que está consiguiendo Carlos es escandaloso. Más que el nivel físico, el nivel mental, ese saber aguantar la presión que todo el mundo le pone. En el equipo tenemos claro el nivel que tiene, pero mantenerlo tanto tiempo es tremendamente difícil. Incluso a nosotros, que estamos con él cada día, nos sorprende", comentaba su entrenador, Juan Carlos Ferrero, sobre un fenómeno que no para y no para de crecer, especialmente en los Grand Slam.

Alcaraz, con el título de Wimbledon 2021.

Alcaraz, con el título de Wimbledon 2021.Kirsty WigglesworthAP

Con la motivación que otorga la historia, Alcaraz ha demostrado que a cinco sets es muy difícil superar su juego y su físico y que, por eso, en los torneos 'grandes' no suele fallar. De los últimos ocho ha ganado cuatro y ha jugado dos semifinales y unos cuartos de final. En los Masters 1000, a tres sets, puede caer en despistes y perder. Aquí no. "Está haciendo un gran trabajo. Pero no podemos dar nada por hecho. Podemos ver el gran ejemplo de Marc Márquez, que venía ganando todo, tuvo una lesión y ahora lleva más de 1.000 sin ganar y está luchando por volver", advierte Ferrero y, de alguna manera, también alaba. Para que su pupilo no siga sumando grandes, en efecto, tiene que mediar una grave lesión.

Una generación por hacer

Porque de cualquier otra manera le quedan años de celebraciones. Su nivel de juego es excelso, su adaptación en los cambios de superficie ya está comprobado y no tiene, como tuvo el Big Three, demasiados rivales a su altura. En el último mes, mientras se elevaba su figura, se ha encogido el perfil de Jannik Sinner, pese a su número uno del ranking ATP, y han seguido sin aparecer el resto de aspirantes de su generación, ni Ben Shelton, ni Holger Rune, ni Felix Auger-Aliassime, ni Sebastian Korda.

En el circuito queda como obstáculo un Novak Djokovic de 37 años que poco a poco divisa su adiós y aquella Next Gen que nunca llegó a dominar, con Daniil Medvedev, Alexander Zverev, Stefanos Tsitsipas o Casper Ruud. Alcaraz puede caer contra ellos, como le pasó en cuartos de final del último Open de Australia, pero a la mayoría les ha pillado el truco, especialmente a Tsitsipas o Ruud, contra los que nunca ha perdido.

Ahora el reto será volver a la tierra batida sin hacerse daño para brillar en los Juegos Olímpicos de París tanto en solitario como en pareja junto a Rafa Nadal y luego llegar al último Grand Slam del año, el US Open, de una pieza. Pese a su ausencia en los Masters 1000 de Montecarlo y Roma, en esta media temporada ya ha sumado 39 partidos y aún le quedan la gira norteamericana y la gira asiática de cemento. Por primera vez puede superar los 80 encuentros en un año y ese ahora es su único riesgo. Todo lo demás a su alrededor se cimenta en la certeza: está en el camino de las leyendas, ya no hay dudas.

De Berlín a Berlín, la historia del beso que anunció la final de la Eurocopa contra Inglaterra

De Berlín a Berlín, la historia del beso que anunció la final de la Eurocopa contra Inglaterra

Dani Olmo tiene cara de alemán. Hubiera pasado perfectamente desapercibido el viernes por la tarde en el aeropuerto de Stuttgart, donde cientos de chavales y chavalas de su edad, con una lata (grande) de cerveza en la mano esperaban la salida de sus vuelos hacia Palma de Mallorca. Dani Olmo tiene cara de alemán, de guiri, del mismo modo que Nico Williams y Lamine Yamal, de esto ya hemos hablado, podrían estar en cualquier parque de España charlando con los colegas después del instituto. Dani Olmo tiene cara de alemán, del mismo modo que nueve futbolistas juegan en equipos vascos y presumen de ello, y de jugar con España, con mayor o menor entusiasmo, pero sin complejos.

Dani Olmo tiene cara de alemán, del mismo modo que Laporte o Le Normand tienen cara de franceses, pero son españoles adoptados. Dani Olmo tiene cara de alemán, del mismo modo que De la Fuente tiene cara de que le gustan los toros y rezar. Dani Olmo tiene cara de alemán, del mismo modo que Carvajal, Nacho y Joselu representan al club más competitivo del mundo, el más representativo de lo español. Dani Olmo, en fin, tiene cara de alemán, pero es español, del mismo modo que lo son, cada uno a su manera, los otros 25. Y de esta mezcla confusa ha surgido una familia con mayúsculas que esta noche, en Berlín, podría devolver a España al trono europeo 12 años después, convertirla, en solitario, en la selección que más Eurocopas tiene en toda la historia.

Para saber más

"Más allá de cualquier ideología que pueda tener cada uno, lo que hay en el País Vasco es una pasión por el fútbol. Me parece lo normal. Estamos nueve jugadores vascos en la selección". Dani Vivian, futbolista del Athletic nacido en Vitoria, respondía así a la pregunta de por qué los partidos de España tienen más de un 62% de cuota de pantalla en el País Vasco. Ocurre que lo del País Vasco no es una excepción. Las audiencias, brutales, de los partidos de España en esta Eurocopa, la instalación de cientos de pantallas en todo el país esta noche (también en San Sebastián, que pondrá una pegada a Anoeta, con Dj y todo) y el consumo masivo de información de la selección en redes sociales, especialmente en Instagram y Tik-Tok, hacen de este equipo un fenómeno tan potente como inesperado.

Inesperado porque, hace apenas un mes, cuando jugó su primer partido contra Croacia en el mismo escenario de la final de esta noche, un gesto pasó desapercibido. En el tercer gol, el centro fue de Lamine y el remate de Carvajal. El madridista, y madrileño, de 32 años, se fue con una sonrisa de oreja a oreja hacia el del Barça, catalán de origen marroquí, 16 años (la mitad) y en el abrazo, Dani le dio un beso al chaval. Era el primer síntoma visible de que Luis de la Fuente se había salido con la suya y había creado una familia entre las grandes y lujosas paredes del hotel Der Öschberghof, de donde el equipo no se movió hasta ayer mismo. Han seguido la misma rutina en el partido contra Albania, donde no había nada en juego, que en la preparación para el partido definitivo de hoy. La convivencia ha sido la mejor desde hace décadas, mejor incluso que las de los títulos de 2010 y 2012, a juzgar por los testimonios, fuera de los focos, de quienes estaban en aquellos tiempos.

Lamine bromea con Nico.

Lamine bromea con Nico.AFP

La selección, tan heterodoxa, tan mestiza, ha pasado por todos los estados en esta Eurocopa. Comenzó convenciendo, incluso con un punto de suerte, ante Croacia, y luego desarboló a Italia, a la que ganó, sin embargo, con un gol en propia puerta, se sobrepuso al gol de Georgia en octavos tras pasar su peor rato aquí, enfrió una prórroga que se preveía caliente ante la anfitriona, a la que le hizo un gol en el último suspiro, y en su casa, y después también se levantó del gol de Francia para después, simplemente, controlar el partido. "No tenemos que hacer nada diferente a lo que hemos hecho hasta ahora", recuerda Dani Olmo, el que tiene cara de alemán, pero que no lo es. Es uno de los tímidos de un grupo donde los capitanes dieron voz ayer a Navas a modo de homenaje, pues hoy será su último partido.

La selección, tan heterodoxa, tan mestiza, tiene delante a Inglaterra, un equipo, parecía, con más talento individual, o con jugadores más caros, quién sabe. Un equipo que ha ido salvándose de situaciones dificilísimas (empató, en octavos contra Eslovaquia, a falta de 30 segundos) y que afronta su segunda final consecutiva de Eurocopa. La primera la perdió, en su santuario de Wembley, ante Italia en 2021. Un equipo que ha jugado, atendiendo a su once tipo, muchos más minutos que el once tipo de España, la selección que mejor fútbol ha hecho, sí, pero que mejores piernas ha demostrado, también. Y eso, las piernas, en una cita como la de esta noche, van a ser fundamentales.

Toda la plantilla, tras el entrenamiento.

Toda la plantilla, tras el entrenamiento.PABLO GARCÍARFEF

Si atendemos a eso de la experiencia, España juega su quinta final (tres victorias y una derrota) e Inglaterra apenas su segunda (esa derrota en 2021). Nacho, Joselu y Carvajal por España, Bellingham por Inglaterra, aspiran a sumar Champions y Eurocopa el mismo año. Se han enfrentado los equipos 27 veces (10 para España, 13 para Inglaterra, 4 empates), y así un montón de estadísticas que esta noche importarán nada. Es una final de Eurocopa. Y España, esta España de todos los diferentes, busca coronarse y unirse al mito en que se convirtió, con razón, el periodo 2008-2012.

Alcaraz en otra final de Wimbledon contra Djokovic y contra sí mismo: “Tengo que controlar mis nervios”

Actualizado Domingo, 14 julio 2024 - 00:33

"Estoy trabajando en mis nervios. Tener nervios es normal, es algo bueno, pero tengo que controlarlos. En Roland Garros lo hice mejor en ese sentido, excepto en la final, pero aquí en Wimbledon me noto más tenso. Quizá es lo que me genera el torneo, jugar en esta Central, no sé", reconoce Carlos Alcaraz y parece tan lógico y natural, pero es algo así como una revolución. Un cambio de paradigma. Hasta hace unos pocos años la mayoría de estrellas repetían que ellos dominaban los sentimientos a su gusto, que en su mente sólo cabían pensamientos positivos y, por supuesto, que no sufrían los nervios. Los nervios, ¡ja!, cosa de perdedores.

Para saber más

Muchos profesionales de la psicología deportiva, de hecho, todavía sostienen que admitir una debilidad en público es un error, pero Alcaraz demuestra que algo está cambiando. A las puertas de otra final en Wimbledon este domingo (15.00 horas, Movistar), su segunda final consecutiva, ante Novak Djokovic, el mito de los 24 Grand Slam, el español asume que su madurez pasa por su mente más que por su saque, su derecha o su revés.

"Cuando me noto muy nervioso opto por una dejada, por un hot shot, un golpe complicado, porque me relajan. Me dan confianza, me sirven para recuperar mi juego, para volver a divertirme", explica quien todavía tiene 21 años pese a que ya puede sumar su cuarto grande. Hasta el momento ha ganado todas las finales de Grand Slam que ha jugado, hecho que niega que sufra por los nervios, pero los nervios están ahí, vaya si están.

"Es un jugador muy emocional"

"Para mí es el aspecto en el que más está creciendo, aunque todavía le cuesta. Es un jugador muy emocional, pero cada vez lo maneja mejor y ya se ha dado cuenta que la fortaleza mental gana partidos. Está trabajando en ello. Por ejemplo, ante Djokovic sabe que tiene que empezar mejor que el año pasado [perdió el primer set por 6-1], más calmado, para afrontar el partido de tú a tú", analiza su entrenador, Juan Carlos Ferrero, que reconoce que esa calma no es fácil de conseguir.

ANDREJ ISAKOVICAFP

Como reconocía Alcaraz le ayudará ya haber vivido una final en el All England Club, saber qué le espera las horas previas, los minutos previos. Como aseguraba Ferrero, todos en su equipo conocen la importancia de que esté fresco, por eso ayer volvieron a ir a jugar a golf y hoy posiblemente estarán de bromas hasta que toque saltar a la pista. Pero igualmente la serenidad no aparece de repente.

"Ya era un niño con mucha activación"

"No hay varita mágica que haga desaparecer los nervios y, de hecho, tampoco hace falta. Los nervios no dejan de ser una mezcla de sentimientos como la ansiedad competitiva, que es buena, que se puede transformar en activación. Carlos lleva toda la vida preparándose para esto. Cuando empezamos a trabajar juntos, uno de los primeros factores de aprendizaje fue cómo lidiar con estos picos de estrés, pero está claro que exige entrenamiento continuo como la técnica o la táctica", analiza Josefina Cutillas, psicóloga deportiva que acompañó a Alcaraz en la adolescencia, en su crecimiento, en los primeros pasos en la élite.

"Entonces Carlos ya era un niño con mucha activación, no diría que nervioso. Necesitaba buscar recursos para focalizar esa activación, pero emocionalmente siempre fue muy equilibrado. De manera natural no se quedaba mucho tiempo en la victoria o en la derrota y es algo muy positivo para un deportista", añade Cutillas que señala los ejercicios que el ahora número tres del mundo puede hacer en busca de la calma. Uno de ellos es muy sencillo: repasar mentalmente o volver a ver en Youtube la final de Wimbledon del año pasado y recordar que él ya remontó y ganó a Djokovic (1-6, 7-6, 6-1, 3-6, 6-4).

Kirsty WigglesworthAP

Esta vez otros factores le favorecen, como la reciente operación del serbio o la guerra que mantiene estos días con el público inglés -Nole fue abucheado en cuartos y semifinales-, pero Alcaraz también tiene algo en contra. Ahora es favorito. Su estado de forma desde Roland Garros o su evolución sobre la hierba de Wimbledon le ponen por delante de Djokovic en las apuestas y eso siempre crea inquietud. Hoy, otra final para la historia. Qué nervios.

Djokovic, ante Alcaraz, la reencarnación de Nadal, de Federer y de sí mismo

Djokovic, ante Alcaraz, la reencarnación de Nadal, de Federer y de sí mismo

Actualizado Domingo, 14 julio 2024 - 01:16

Un año después, en el mismo escenario, con idéntico premio y los mismos protagonistas, veo a Carlos Alcaraz mejorado con respecto al que dio el gran golpe al llevarse su primer título en el All England Club y a Novak Djokovic aún en posesión de sus cualidades, que no son pocas, y capaz de sacar provecho del don natural del que también dispone para jugar sobre hierba. Tiene el serbio una lectura diáfana de las jugadas que ayuda a su sobresaliente

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Dani Olmo y Harry Kane, los datos de los máximos goleadores de la Eurocopa

Dani Olmo y Harry Kane, los datos de los máximos goleadores de la Eurocopa

Actualizado Domingo, 14 julio 2024 - 00:08

Dani Olmo y Harry Kane son, de los jugadores que pueden convertirse en el máximo goleador de la Eurocopa, los que más tantos han anotado hasta ahora. También son los que más buscan el gol, porque nadie ha tirado a puerta más que ellos en sus selecciones. Están en la parte de arriba de la lista junto con el neerlandés Cody Gakpo, el alemán Jamal Musiala, Georges Mikautadze, delantero de la selección de Georgia y el eslovaco Ivan Schranz, todos ellos con tres goles. Sin embargo, estos últimos no podrán optar a superar dicha cifra porque sus selecciones ya quedaron eliminadas.

De todos los futbolistas que podrían liderar la clasificación de los jugadores con más goles en la Euro 2024, los que lo tienen más fácil son Kane y Olmo, nadie les supera en goles, seguidos muy de cerca por Fabián Ruiz y Jude Bellingham, dos goles cada uno.

El delantero del Bayern es el máximo goleador de su selección, así como el jugador que acumula más disparos a puerta. Ha anotado el 17,7% de sus tiros, aunque cabe destacar que uno de esos tantos fue de penalti contra Países Bajos. De los 17 tiros que ha hecho en toda la competición seis han sido a puerta y dos terminaron en gol. De media efectúa un disparo cada 32 minutos y marca un tanto cada 181.

Un gol cada 114 minutos

Dani Olmo también es el jugador que más lo intenta. Acierta con uno de cada cinco tiros, efectuó 15, seis de ellos a puerta, de los que tres acabaron dentro. También ha colaborado en otros dos goles con sendas asistencias, contra Albania en el último partido de la fase de grupos y la que otorgó la victoria contra Alemania en cuartos. El jugador del Leipzig ha marcado, de media, un gol cada 114 minutos y ejecuta un disparo cada 22.

A ellos se podrían unir Fabián y Bellingham que están detrás de ellos en la clasificación. El número 10 de los Three Lions no ha destacado por ser quien más dispara, tan solo cinco veces en sus 581 minutos, un tiro cada 116,2 minutos, pero ha acertado con dos de ellos. Marca un 60% de los disparos. Fabián, por el contrario, es uno de los que más ha disparado en su selección, después de Olmo y lo mismo que Yamal, 15 disparos. Un 13,3% acaba en la red, un tanto cada 226 minutos, y efectúa un disparo cada media hora aproximadamente.

El desgaste de Bellingham

Lo más probable es que Dani Olmo sea quien consiga el gol. De los mencionados es el que dispara y anota un tanto cada menos tiempo, no es el que tiene el mejor porcentaje de gol con respecto a los disparos que efectúa. Este es Bellingham, aunque conviene recordar que el jugador del Real Madrid es quien más minutos ha jugado, más que cualquier internacional de La Roja, y tan solo ha tirado cinco veces.

Por el contrario, Olmo es quien menos tiempo acumula sobre el verde, 341 minutos, y nadie ha marcado más goles que él. Después de él, Kane también cuenta con amplias posibilidades de marcar, juega muchos más minutos, 544, pero por eso mismo, anota y dispara menos, en relación con el tiempo que juega.

Estos son los futbolistas que menos tantos necesitan antes de coronarse como máximo goleador de la Eurocopa 2024. Para resolver la incógnita final habrá que esperar a última hora de hoy en Berlín.

La catarsis para los demonios de Álvaro Morata

Actualizado Domingo, 14 julio 2024 - 00:06

El 29 de junio de 2008, Álvaro Morata vio a Iker Casillas recoger el trofeo que reconocía a España como campeona de la Eurocopa a través de una pantalla gigante instalada en su barrio. Tenía 15 años y acababa de salir de la cantera del Getafe para firmar por el Juvenil B del Real Madrid. Por entonces, el mero hecho de imaginar que él podría alcanzar algún día ese privilegio suponía casi una quimera. Igual que el 1 de julio de 2012, cuando La Roja conquistó su tercera corona continental en Kiev. Morata jugaba ya en el Castilla y José Mourinho lo había hecho debutar con el Real Madrid. Dos años después, en noviembre de 2014, Vicente del Bosque le hizo vestirse por primera vez la camiseta nacional. Liderar a la selección y recoger como capitán la Copa Henri Delaunay seguía siendo una aspiración casi inalcanzable. Esta noche, en el Olímpico de Berlín, Morata podrá hacerla realidad para, quién sabe, completar un círculo y decir adiós. Ese es, a día de hoy, su plan.

La despedida supondría la catarsis que Álvaro necesita. Su condición de capitán la ha asumido con una responsabilidad que le ha hecho ganarse al vestuario. Ejerce como padre de los jóvenes y se sabe el centro de las críticas que evita a los demás. Eso fuera del campo, porque dentro tiene más galones. Es el cuarto goleador histórico de la selección, con mejor promedio que Raúl y Fernando Torres. Suyo fue el primer tanto de España en el torneo. Ante Croacia, en el minuto 29. Y aunque no ha vuelto a marcar, sigue siendo vital para Luis de la Fuente. En él empieza el trabajo defensivo del grupo, en sus recuperaciones y en su presión.

«Corre por los tres», admitía Dani Olmo. Esos tres son él mismo, Nico Williams y Lamine Yamal. Al tridente de ataque les hace las coberturas, les arrastra defensas y les abre espacios. Ese trabajo se lo reconoce hasta una leyenda inglesa: Gary Lineker. «Son demasiadas críticas. Es muy difícil jugar de '9'. La gente no lo entiende, porque hay que trabajar mucho, jugar para el equipo... Creo que Morata es importante para este equipo. Quizá no marca goles, pero hace un gran trabajo», puntualiza. De nuevo, como diría el propio Morata, se le respeta más fuera que en España.

«prácticamente entre lágrimas»

Permeable a la crítica que le acompaña casi en toda su carrera en LaLiga y con la selección, arrastra en esta Eurocopa el peso de una responsabilidad autoimpuesta. No concibe el fútbol, ni la vida, de otra manera. «Acaba el partido prácticamente entre lágrimas. Más comprometido no puede estar», revelaba hace unos días Dani Vivian. Dos muestras de ello fueron el temor de perderse la semifinal ante Francia, por una tarjeta amarilla que no registró el árbitro en el acta, y la mismísima final, tras el golpe involuntario de un miembro del staff. A este compromiso, su verdadera motivación sobre la hierba, se suma otro factor: la emoción.

Hace unos días, Morata confesó en EL MUNDO que medita dejar la selección. Una reflexión que le ha generado infinidad de críticas. Enésima prueba de que vive permanentemente en el ojo del huracán. Intentarán convencerle de que no lo haga, empezando por los compañeros, pero vive todo como si fuera la última vez. De ahí nacen las lágrimas.

«Prestar atención a muchas cosas»

«Es pura emoción. Cuando me sustituyen soy un aficionado más, como los padres de los jugadores que lo ven desde la grada», asegura en una entrevista a la UEFA. Durante esa misma charla admite también que aún no ha tenido tiempo de «disfrutar» del torneo. Y eso que ha llegado a la final y puede ser el hombre que alce el título, otra foto para la historia del fútbol español. Él lo puntualiza: «Tienes que prestar atención a muchas cosas. Ya habrá tiempo para divertirse y ser feliz».

Por eso, para Morata la final puede tener un efecto catártico, liberador de los demonios que ha ido acumulando durante años. Cuando ha sentido más el puyazo de la crítica que el reconocimiento. Con su futuro pendiente de resolver, Morata quiere meditar su adiós a España con una copa que nadie cuestione.

Lamine Yamal, "el niño del balón": de regatear a 'Kila' y 'Clara' en Rocafonda al sueño del Estadio Olímpico de Berlín

Lamine Yamal, “el niño del balón”: de regatear a ‘Kila’ y ‘Clara’ en Rocafonda al sueño del Estadio Olímpico de Berlín

«Los primeros regates se los hacía a Kila y Clara». Mounir Nasraoui exhibe orgulloso una foto en su móvil de hace más de 15 años. Los tres protagonistas de la imagen son su hijo, el hoy aclamado Lamine Yamal, y las dos perras que entonces tenía la familia del futbolista que antes de cumplir los 17, precisamente ayer en la víspera de la final de la Eurocopa, ya había asombrado al mundo entero.

Enfundado con el 19 de la selección y sin soltar su botellín de agua fría para mitigar el calor, el padre llevaba un rato en silencio, ajeno voluntariamente a la conversación de tres clientes del bar El Cordobés sobre si la próxima temporada el prometedor jugador del Barça debería vestir la camiseta azulgrana con el dorsal 10. El doble dígito que tenía Leo Messi y que pasó a un Ansu Fati cuyo futuro se presupone lejos del Camp Nou. «Se venderían como churros», aportaba en la tertulia Juan Carlos, desde hace 20 años dueño de este negocio de restauración, en el que empezó a trabajar con su tío cuando lo inauguró en 1995.

Para Mounir, este bar es una parada obligatoria cada vez que regresa a Rocafonda, el topónimo más famoso de España en los últimos días. A las nueve y veinte de la noche del pasado martes, el nivel de decibelios alcanzado en este humilde barrio de Mataró (Barcelona) probablemente fuese el más elevado del país. El espectacular gol de Lamine a Francia, con el que la semifinal volvía a las tablas iniciales, fue gritado hasta desgañitarse por muchos de quienes lo vieron crecer y pelotear en la pista de cemento o el polideportivo. «A nosotros no nos sorprende, era el mejor cuando jugaba partidillos con chavales que le sacaban dos cabezas», explica Juan Carlos junto a la camiseta, enmarcada en el bar, del debut del chico con el filial ante el Eldense, una semana después de haberlo hecho con el primer equipo frente al Betis. «No se ven, pero en la parte de delante hay dos lamparones de sudor», comenta sonriendo.

Rocafonda es una de esas zonas donde las ciudades acostumbran a dejar abandonado su nombre. En Mataró, localidad costera de 130.000 habitantes, es popular la etiqueta MTV (pronunciada a la inglesa, emtivi, como la cadena de televisión estadounidense). En este caso, las siglas aluden a la expresión «Mataró de tota la vida», la clásica distinción entre el nosotros y los llegados de fuera, entre el núcleo central y los terrenos que fueron urbanizándose [casi siempre con carencias] a medida que llegaba población de regiones como Andalucía o Extremadura. Un proceso que en las últimas dos décadas se ha replicado con personas procedentes de otros países. Alrededor de un tercio de los habitantes de Rocafonda tienen nacionalidad extranjera, con preponderancia marroquí, como Fatima, la esforzada abuela del futbolista, que emigró a España cuando Mounir aún ni hablaba.

El gesto del 304 con las manos popularizado por Lamine Yamal en la celebración de sus goles se hizo universal el martes desde Múnich. Las tres últimas cifras del código postal de Rocafonda (08304) como seña de identidad de un barrio con altos niveles de exclusión social. Soufian, amigo íntimo de la familia, se queja de los estereotipos y las etiquetas: «Aquí també parlem català».

Mural en Rocafonda para el cartel de Les Santes.

Mural en Rocafonda para el cartel de Les Santes.ARABA PRESS

Ese triple dígito, que comparten otros barrios mataronenses e incluso da nombre a un grupo de música rap de la ciudad, está visible en el mural que Mohamed l'Ghacham, artista urbano marroquí afincado en Mataró, ha elaborado para inspirar, a su vez, el cartel de Les Santes, la fiesta mayor que la ciudad celebra en menos de dos semanas. Con una escena costumbrista que ocupa gran parte de la fachada de un edificio de la avenida Perú, el autor desea que perdure el recuerdo de que, en 2024, «el cartel se hizo en Rocafonda».

El CF La Torreta y 'Kubala'

Las famosas tres cifras, en otro orden, coinciden con las últimas del código postal de La Torreta (08430), barrio de La Roca del Vallès (Barcelona) en cuyo club jugó Lamine antes de ser descubierto por los ojeadores del Barcelona. «En seis años habrá sido Balón de Oro», se atreve a pronosticar Inocente Díez, el veterano coordinador del equipo a quien todo el mundo conoce como Kubala, un alias que lo acompaña desde hace ya 50 años, cuando se lo implantó un entrenador que le veía una forma de moverse en el campo muy parecida a la del legendario futbolista húngaro del Barça.

Concluida la temporada, el CF La Torreta organiza durante este mes su campus, bautizado «Lamine Yamal» desde este año y al que acuden niños de edades tan tempranas como la del delantero de la selección, que con menos de cuatro años ya vestía la indumentaria del club. Sus padres se habían separado y junto a su madre, la ecuatoguineana Sheila Ebana, se instaló en Granollers, población lindante con La Torreta. Trabajando en un McDonald's, ella conoció a la hija de Kubala y ahí empezó a escribirse esta precoz historia futbolística.

Campus Lamine Yamal del CF La Torreta, primer equipo del delantero de la selección española.

Campus Lamine Yamal del CF La Torreta, primer equipo del delantero de la selección española.Gorka LoinazARABA PRESS

«Ya no solo era cómo tocaba la pelota, a mí, sobre todo, lo que me llamaba la atención era su intensidad, su carácter, eso era lo que lo hacia distinto a todos los demás», recuerda quien fue algo así como su padrino deportivo. «A edades tan cortas, muchos críos se cansan y salen corriendo a medio entrenamiento para buscar a sus madres, pero él, en cambio, era el niño del balón, siempre con el balón», añade.

«Ningún jugador es tan bueno como todos juntos», reza una pancarta en las instalaciones del club vallesano, que hace un mes y medio recibió la visita de Lamine un día antes de incorporarse a la concentración del combinado de Luis de la Fuente en la Ciudad del Fútbol de Las Rozas. La importancia del colectivo es uno de los valores que Inocente cree que el extremo ya llevaba aprendidos antes de su salto a la cantera azulgrana en 2014, cuando jugaba en el prebenjamín de La Torreta. «Le ha tocado estar en el peor Barça en muchos años, deberá tener paciencia», aconseja al futbolista como hacía, años atrás, durante algún viaje en coche de ida y vuelta desde Mataró los días en que dormía en el domicilio paterno.

'Kubala', coordinador del CF La Torreta.

'Kubala', coordinador del CF La Torreta.ARABA PRESS

Fue precisamente el trayecto entre Barcelona y esta ciudad el que inauguró el ferrocarril en España en 1848 con la mítica locomotora de vapor La Mataró. Un recorrido en tren de 30 kilómetros que Lamine Yamal repitió muchos días con su padre antes de que amaneciese. Acostumbrado a pulverizar récords y sueños desde hace apenas año y medio, "el niño del balón" se planta esta noche en el Estadio Olímpico de Berlín, a dos mil kilómetros de la pista de cemento donde regateaba a Kila y Clara hace solo 15 años.

Rodri, en la justa pelea por un Balón de Oro (casi) imposible

Actualizado Sábado, 13 julio 2024 - 23:55

El «ordenador perfecto», el «mejor centrocampista del mundo», la «clave de España», «el jugador que manda en los partidos»... La lista de elogios de entrenadores, compañeros y rivales hacia Rodri Hernández se antoja interminable. Es el centrocampista total, que ha trasladado su brillo desde el Manchester City a la selección. Y hay quienes le ven como el mejor situado en la carrera hacia el Balón de Oro. No es algo fácil para un jugador clásico, alejado de las redes sociales, sin un gran perfil comercial y que nunca se muerde la lengua ante los periodistas.

Hace un año fue el mejor español en la lista de candidatos. El Balón de Oro volvió a manos de Leo Messi, por delante de Erling Haaland y Kylian Mbappé tras su éxito en el Mundial de Qatar. Cuarto fue Kevin de Bruyne y quinto, Rodri. Era su primera nominación. Se había acercado al podio y desbancado a Vinicius, que acabaría sexto. ¿Puede escalar ahora? Por números, sí, aunque sus principales adversarios (Jude Bellingham y Vinicius) lleguen avalados por una Champions y una Liga con el Real Madrid. Además, el inglés aún podría aumentar hoy su cuenta en la final de Berlín.

Rodri no presume esta temporada de una Champions, aunque sí de una Premier League y un récord que habla por sí mismo. Se trata del futbolista que más partidos consecutivos ha disputado sin perder. Desde marzo de 2023 jugó 80, con un balance de 63 victorias, 16 empates y sólo una derrota. La del derbi de la final de la FA Cup ante el United. Aunque detrás de esa cifras ya había quedado claro que, cuando no pudo jugar, el City tampoco carburaba.

Revisando vídeos

A las órdenes de Pep Guardiola, con quien disputó 257 partidos en cinco temporadas, ha superado dos desafíos: el de la adaptación al físico y la velocidad de la Premier y a lo que el técnico de Santpedor siempre requiere de un pivote. Un listón más elevado que en el Villarreal y el Atlético.

Rodri representa la calma para la selección. La seguridad, la interpretación del juego y el análisis. Su titularidad es indudable desde la marcha de Sergio Busquets, aunque nunca ha rechistado por comenzar como suplente o como central. Durante el Mundial 2022, Luis Enrique le retrasó a la zaga y él se preparó para cumplir revisando vídeos sobre su nueva posición.

En Alemania, vuelve a visualizar cada partido en vídeo, analiza su juego y el de sus compañeros. «Sin esa visión de Rodri, España no sacaría tanto rédito a la verticalidad de Nico y Lamine», cuentan desde el vestuario. Por eso todos lo quieren al lado, incluso Dani Carvajal lo ficharía para el Madrid. Desde Luka Modric en 2018, el Balón de Oro no ha vuelto a recaer en un centrocampista. Por eso Rodri no lo espera: «Si me quieren reconocer, bienvenido. Pero no me molesta».