La sentencia es definitiva. Ya sólo restan las cuentas del título para el Barça. Empiecen. Para el Madrid sólo quedaba retrasarla, llevarla con tensión hasta el clásico. Todo indica que ya no sucederá. Los azulgrana pueden, hoy, ampliar a 11 puntos su ventaja si ganan en Getafe. Es duro este anochecer de la Liga para un equipo que no se entiende sin la victoria, mientras sus jugadores miran ya al Mundial. El último, Mbappé, que se retiró por unas molestias. Ganar en La Cartuja, aunque fuera desde la portería de Lunin, ante un Betis entre la desilusión europea y la ilusión doméstica, entre la Semana Santa y la Feria, era ganar la honra, pero un empate no es honra ni victoria.
Carvajal volvió a empezar en el banco. Arbeloa dijo que no había nada personal en la decisión. No podía decir lo contrario. La realidad es que, si no hay nada personal para mantener al capitán en la suplencia, tampoco hay nada personal para devolverlo alguna vez al once. Es decir, ni pizca de cariño. Si Carvajal lo merece deben juzgarlo los socios.
Arbeloa ya sabe que no continuará, pero la impresión es que no está dispuesto a hacer concesiones. Tiene la coartada de que la Liga no está decidida matemáticamente. Veremos qué sucede cuando se produzca. Para otros jugadores la impresión es que ya hay cierta licencia. A las primeras molestias, al varadero y a pensar en el Mundial. Es lo que hizo Mbappé en la Cartuja. Si la Liga estuviera en un puño, quizás Militao y Güler tampoco habrían sido ya descartados para el resto de la temporada.
Además de Carvajal, tampoco estaba Camavinga entre los once. Ni Carreras. El francés no ha estado a su nivel y su futuro no sería de blanco si el Madrid decidiera, pero de este club no quiere irse nadie. Del Madrid ni de Madrid. Que se lo pregunten a Ceballos, fuera de la convocatoria en el día que el Madrid jugaba contra el equipo de sus orígenes. Ni un reproche por ello a Arbeloa. Todos para un jugador al que le ha faltado cuajo para responder a las expectativas que creó cuando apareció en el Villamarín y las categorías inferiores de la selección.
La ausencia de Carreras también señala la caída del rendimiento del lateral, de más a menos desde su llegada. Si Mendy no se lesionara tanto, habría sido titularísimo.
El gol de Vinicius
Con el trío de ases en el campo, Mbappé, Vinicius y Bellingham, lo fundamental del mensaje seguía en pie. El Madrid sólo respondió en el inicio, tenso y con ritmo, frente a un Betis algo deprimido, como su afición, pese a tener consolidada la quinta plaza. Lo del Braga en la Europa League fue muy duro, sobre todo en La Cartuja, y ha obligado a Pellegrini a tener que explicar cosas. El chileno ha hecho crecer a este Betis, pero hay caídas de las que cuesta levantarse. Cuando se acercaba al tesoro que el Sevilla, su gran rival, hizo suyo como un tirano, llegó la desilusión.
Con poco se adelantó el Madrid frente a un rival de mantequilla al comienzo. El disparo de Valverde no encontró unas manos como Dios manda y el rechace de Valles lo cazó Vinicius, al acecho en el área. Era la segunda aproximación de peligro tras una de Mbappé, habilitado con un envío de Trent marca de la casa. Lo repitió, aunque el francés voleó en fuera de juego. Pocos tienen en el fútbol el tiralíneas del inglés.
EFE
El regreso de Thiago Pitarch fue otra de las decisiones que sentaron bien al Madrid, junto a la alineación de Brahim, salvo por un error que pudo costarle al Madrid el empate. Lunin estuvo a nivel Courtois en la reacción. Repitió intervención poco después ante un remate de Antony. Pitarch ha sumado otros fallos, ante City o Bayern, algo que debe corregir. Tiene todo el tiempo por delante, si le dejan.
El empate de Bellerín
Pitarch y Brahim son jugadores de muy buen pie, pero, además, de un trabajo que el equipo necesita. Antony lo padeció, hasta el punto de pedirle perdón el canterano del Madrid. Valverde se benefició, al poder realizar más pases interiores de lo habitual. Cestero, Manuel Ángel, Diego Aguado y Javi Navarro ponían el color cantera al vestuario. El día después de Arbeloa, sin títulos, será una incógnita para ellos.
El Betis, que perdió a Bartra por lesión, se sacudió el tedio y acabó el primer tiempo con amenaza sobre la portería de Lunin, en su sitio. La crecida fue a más tras el descanso, con los cambios de Pellegrini, incluido Isco tras cinco meses ausente. El Madrid no era el mismo al sentirse apretado. El Cucho se sumó a las ocasiones de Antony o Fornals, pero ahí estaba el portero ucraniano hasta que Bellerín llegó para obtener el fruto que tanto había perseguido el Betis y dejar la Liga vista para sentencia.
El rey Luis II de Francia era conocido como el Tartamudo, un monarca al que a menudo ridiculizaban en la corte y que tuvo escasa trascendencia política. La de Luis Enrique en el fútbol del país galo es colosal. La segunda Champions del PSG, conquistada de forma consecutiva y en circunstancias adversas, con sus mejores ases, Dembéle, Kvaratsjelia y Vitinha, fuera de la tanda de penaltis, cimenta el calado del proyecto del asturiano en París y dispara la euforia desde las Tullerías hasta la Bastilla, porque este nuevo rey Luis II lo es de todos.
En sus tres años en el Campo de los Príncipes, ha sumado dos títulos y ha alcanzado unas semifinales en la competición que da sentido a las colosales inversiones realizadas por los propietarios qataríes, todas deficitarias hasta la llegada de Luis Enrique a su banquillo, fuera con Neymar, Messi, Sergio Ramos o hasta Mbappé.
Estas dos Champions han coincidido con las dos temporadas sin el astro francés, después de su llegada al Bernabéu. Una lectura dolorosa para el futbolista, pero también aleccionadora para todos, incluido el Madrid, cuyo presidente, Florentino Pérez, observó la victoria del PSG en el palco del Puskas Arena. El PSG sería mejor con Mbappé, por supuesto, pero no sería el mismo equipo. Mbappé es el síntoma del cambio, de la reconstrucción por una vía distinta a la seguida hasta la llegada del técnico. El fútbol la premia, incluso en la ruleta rusa de los penaltis.
Para Luis Enrique esta era en París tiene también algo de resurrección personal, en lo vital y lo futbolístico. Después de la tragedia que supuso perder a su hija Xana, el regreso a la selección resultó un fracaso, eliminado en octavos del Mundial de Qatar por Marruecos, precisamente en los penaltis. Una eliminación de las pesan, acompañada de decisiones erráticas, de la que no es fácil reponerse. La apuesta del PSG era de riesgo, convertido en una trituradora de entrenadores, pero el riesgo es uno de los rasgos que definen a este surfero del fútbol, que suma ya tres Champions, si se añade la conquistada con el Barça.
Lo que ha hecho Luis Enrique en el PSG es similar a lo que realiza Mikel Arteta en el Arsenal, aunque sin Champions y sin riesgos. Con una propuesta a contraestilo de lo que ha sido este equipo, ha ganado la Premier para el club 22 años después y lo ha llevado a su segunda final de la historia en el gran torneo europeo, que se jugó la mayor parte del partido cómo deseaba el vasco. Con su planteamiento, Arteta hizo peor al PSG, bloqueado, sin soluciones, muy lejos del de las semifinales contra el Bayern. Le faltó ser mejor en lo ofensivo y le faltó ser Luis Enrique.
En una campaña electoral a cubierto, siempre bajo fuego amigo, Florentino Pérez se ha esforzado por repetir que es el mismo de siempre. El desgaste, sin embargo, es evidente, inexorable como el paso del tiempo. Si el del presidente, de 79 años, ha pasado o no, deben decidirlo los socios del Real Madrid, pero la realidad es que estamos en un tiempo distinto, extraño para el madridismo, con un club lastrado económicamente desde que el faraón decidió levantar a pulmón la gran pirámide de su legado, el nuevo Bernabéu. Es cierto lo que dice Florentino cuando cita las valoraciones de Forbes o Deloitte, que sitúan al Madrid como el club más valioso del mundo, porque se puede ganar mucho y deber mucho, ser rico y estar endeudado. Un tiempo distinto que llevó al dirigente a escuchar voces distintas en busca de soluciones. La que se ha impuesto es la de Anas Laghrari, el hombre que mostró el itinerario del dinero hacia el Bernabéu hasta convertirse en el gran consigliere del presidente, visto por algunas personas desde dentro como una suerte de Richelieu, el gran poder en la sombra.
Los grandes líderes son proclives a los enamoramientos, y en el caso de Florentino hay dos motivaciones: las capacidades profesionales y la fidelidad emocional. A quienes no tienen las primeras, los tolera por sus halagos, pero los desprecia; a quienes no cumplen la segunda, los sentencia. Laghrari, a sus 42 años, reúne ambas. Pasó de ser el pequeño Anas, el hijo del constructor con el que el presidente del Madrid acometió obras en Marruecos y con el que hablaba de ingeniero a ingeniero, cuando los ingenieros se consideraban una casta, al joven financiero visionario que ofreció a Florentino soluciones clave para su supervivencia en un momento crítico de ACS, después de perder la guerra con Iberdrola. Cuando quien necesitó esa ayuda, prácticamente una década después, fue el Madrid, el presidente no tuvo ninguna duda. Laghrari, "mi hijo", se convirtió entonces en el conseguidor de buena parte de las operaciones de financiación necesarias por los costes del Bernabéu, muy por encima de los 1.000 millones de euros.
Laghrari y Florentino comparten mesa en un acto.EM
De alguna forma, Florentino se veía a sí mismo tiempo atrás en el estilo agresivo de Laghrari, en el joven ejecutivo que compró Construcciones Padrós a peseta la acción, en los años 80, para crear el germen de ACS. De igual forma entró en el Madrid, con una OPA hostil por Figo y con el propósito de "cebar la bomba" cada año para ganar músculo financiero. Lo consiguió. El problema es que para "cebar la bomba", hoy, ya no basta con Mbappé. Laghrari habría sido clave en dos proyectos que pretendían "cebar la bomba" en este tiempo nuevo: la Superliga, naufragada, y el cambio societario del club, pendiente.
El socio 90.485
La influencia y el liderazgo en dos iniciativas convertidas en la gran prioridad del presidente aumentaron su poder en el club, aunque siempre sin cargo oficial ni vinculación, más allá de la de hacerse socio, con el número 90.485. Una figura creciente que ha generado tensiones internas, al entender que su actividad podía vaciar de contenido la de otros ejecutivos. En concreto, la del director general José Ángel Sánchez, cuya actividad, hoy, se remite casi exclusivamente a los futbolístico. Suya fue la apuesta de Xabi Alonso. Florentino ha dicho en campaña que Laghari sabe poco de fútbol, pero algunas voces intramuros sostienen que el marroquí podría haber sugerido que el entrenador destinado a sustituir a Carlo Ancelotti debía ser Jurgen Klopp. Si Florentino gana en las urnas, es muy posible que se produzcan cambios que afecten a algunos cargos con responsabilidad en la parcela deportiva, como Juni Calafat.
La decisión de convocar elecciones por sorpresa, un año después de haber revalidado el mandato, encaja con el estilo agresivo de Laghrari, pero también con el de Florentino, cuya ira devora a su obra. Fuera de quien fuera, resultó un error estratégico, porque una campaña desgasta y porque dio visibilidad a un candidato desconocido para los socios. Laghrari da su opinión en el comité de crisis que se creó tras la aprobación de la candidatura del aspirante, integrada por la guardia de corps, los más fieles y familiares.
Convertido en un personaje central en la campaña, se cita a Laghrari como el "banquero de Florentino", pero no se trata de un banquero como los que frecuentaba el dirigente. No es Isidre Fainé, al que tanto ha tratado, con la Caixa como una entidad de cabecera. Es al que se recurre cuando los banqueros tradicionales no pueden más. Laghrari es un comercial de servicios financieros, que conecta empresas con inversores, fondos o entidades de crédito y diseña la estrategia para afrontar financiaciones o reestructuraciones de deuda.
La situación más delicada de FP
Nacido en Casablanca, pero formado en Francia, como la mayoría de las élites marroquíes, Laghrari estudió matemáticas financieras y pasó a trabajar en Société Générale. De la mano de la entidad francesa dio el salto a Madrid, en 2009. El reencuentro fue sencillo, puesto que Florentino ya había recurrido al banco galo en el pasado, dirigido en España por Donato González, una persona de su confianza. En plena guerra con Iberdrola. ACS, que ya había adquirido Unión Fenosa, pretendió hacerse con el control de la eléctrica vasca a través de una compra salvaje de acciones, favorecido por la conocida ‘enmienda Florentino’, aprobada por el Gobierno de José Luis Rodríguez Zapatero, y por la que se eliminaban las limitaciones para entrar en los consejos de las cotizadas. Pero Ignacio Sánchez Galán resistió y la llegada de Mariano Rajoy produjo nuevos cambios normativos.
La derrota, unida a la crisis del ladrillo, dejó a Florentino en una situación muy delicada en ACS, de la que se marcharon los Albertos y la familia March. Laghrari ofreció la solución, desde Société Générale, con una reestructuración de la deuda que permitió remontar al gigante de la construcción.
La colaboración, en el ámbito de la empresa, volvió a repetirse con la financiación para la adquisición de Albertis por parte de ACS, pero ya no desde la entidad francesa, de la que Laghrari se marchó en 2013 para integrarse como socio en Key Capital Partners (KCP), una 'boutique' financiera donde llegó a controlar el 16,61% del capital social, por encima del paquete de Borja Prado. En el entorno de Société cuentan que la relación del marroquí con Donato González se deterioró, aunque Florentino ha incluido al último entre los miembros de la directiva que opta a las elecciones. Un movimiento muy calculado.
La traición de Abu Dabi
Al mismo tiempo que consolidaba el crecimiento de ACS, Florentino diseñó un plan para aumentar el del Madrid con la remodelación del estadio, asociada a otros negocios de explotación para los que llegó a un acuerdo con IPIC, fondo soberano de Abu Dabi que había adquirido la petrolera Cepsa. IPIC aportaría una cifra en el entorno de los 500 millones de euros y, a cambio, se reservaría algunas parcelas de explotación, con la posibilidad de negociar en el futuro una vinculación mayor, como la explotación del naming right del estadio. De esa forma el riesgo para el club era mínimo. El fondo, sin embargo, rompió el acuerdo, y aunque el club recurrió mediante un arbitraje internacional, perdió el pleito. Florentino decidió, entonces, acometer la reforma con créditos y recursos propios. Los sobrecostes de la obra y la caída de ingresos por la pandemia agudizaron la situación. Era necesario más dinero. Para traerlo, nadie como Laghrari.
Operarios durante las obras del Bernabéu.EM
El Madrid pidió un primer crédito de 575 millones de euros un año antes de la pandemia a un consorcio formado por JP Morgan, Bank of America, Merrill Lynch, Santander, Société Générale y Caixabank, al 2,5% de interés a 30 años. Lo amplió en 225 millones más en 2021, por el mismo plazo per menos interés (1,53%) y, en 2023, solicitó otros 370 millones, aunque sin especificar públicamente los acreedores, a amortizar hasta 2.053. En total, 1.170 millones, aunque el coste de la remodelación está por encima de esa cifra. Entre los dos últimos créditos, en 2022, vendió el 30% de los derechos de explotación de nuevos negocios del Bernabéu durante 20 años al joint venture formado por Sixth Street y Legends, una palanca en toda regla. Laghrari también ofreció cobertura a las del Barça.
Comisiones millonarias
Fueron unos años frenéticos por la búsqueda de ingresos, en los que el club habría estado asesorado por KCP y Anel Capital, sociedad a la que Laghrari saltó en 2022. Ni el Madrid ni las entidades financieras facilitan información sobre las operaciones y las funciones de Laghrari, que tampoco respondió a la petición de este periódico. En función de los fees que estos bancos de inversión suelen aplicar, entre el 1% y el 2%, las comisiones de las operaciones podrían estar en el entorno de los 20 millones de euros. Laghrari habría sido uno de los beneficiarios.
En paralelo a la remodelación del Bernabéu, Florentino impulsó dos grandes transformaciones: la creación de la Superliga, una revolución para el fútbol europeo, y el cambio societario del club. Con la primera tuvo Laghrari una relación directa, para algunos el verdadero "arquitecto" del proyecto. La prueba es registral, al figurar como apoderado y propietario del 50% del capital social de A22 Sports Management, establecido inicialmente con 3.000 euros, la sociedad que controlaba European Super League Company, promotora del torneo. KPC, Anel Capital, A22 Sports Management y European Super League Company tenían el mismo domicilio en una céntrica calle de Madrid, de lo que se deduce una concentración operativa. La esposa de Lagharari, Ez Zahra Lahbabi, es, asimismo, administradora en Anel Capital y anteriormente trabajó en el Real Madrid en el departamento de redes sociales o como directora de proyectos.
Un cambio de alto riesgo
La transformación del club, llamada por Enrique Riquelme "privatización", se ha convertido en el aspecto de más enjundia de estas elecciones. Desde el 'modelo Bayern' a la creación de sociedades mercantiles satélites a las que transferir negocio, las fórmulas en estudio han sido varias, pero sin llegar a un encaje satisfactorio. Por sus conocimientos en reestructuraciones y transformaciones de empresas, Florentino ha cedido en Laghrari muchas de las gestiones, con consultas a grandes despachos como Cliford Chance.
Las dificultades y el mal momento deportivo hicieron que se quedaran en un cajón. La campaña, en cambio, ha levantado el velo. Si Florentino cumple con su favoritismo en las urnas, se ha comprometido a cerrar la fórmula y llevarla a un referéndum. Una prueba clave para el presidente y su consigliere, que no puede ser su sucesor por la escasa antigüedad como socio y por no ser español, pero cuya voz es la voz del presidente.
Los jugadores del Barça se han marcado un objetivo muy claro: dedicar el partido ante el Benfica a la memoria del doctor Carles Miñarro. El súbito fallecimiento de uno de los responsables de los cuidados médicos de la plantilla del primer equipo azulgrana dejó a los futbolistas muy tocados. Tanto, que el partido que debían jugar el pasado sábado frente a Osasuna fue finalmente suspendido. Ahora, a pesar de que han pasado apenas unos días desde tan terrible suceso, los futbolistas y el 'staff' técnico que dirige Hansi Flick quieren homenajear al doctor, que tenía una relación muy próxima con varios de los miembros de la plantilla, dándolo todo sobre el césped.
La sesión preparatoria del domingo fue extraña. Los sentimientos seguían a flor de piel y el presidente, Joan Laporta, se acercó a la ciudad deportiva Joan Gamper acompañado por el director deportivo, Deco, y por Bojan Krkic, coordinador del área de fútbol y mano derecha del portugués. Antes de esa sesión, se guardó un sentido minuto de silencio que, de hecho, se repitió a lo largo de este lunes tanto en las oficinas como en la ciudad deportiva. En las instalaciones de Sant Joan Despí, además, fue especialmente emotivo el acto llevado a cabo por la sección de fútbol sala, en la que desempeñó su labor el doctor Miñarro justo antes de incorporarse al primer equipo el pasado verano.
Cómo no, antes de la protocolaria rueda de prensa, en la que únicamente participó Flick tras petición del club y con permiso de la UEFA, también hubo unos instantes de recogimiento. La entidad azulgrana prefirió que los jugadores quedaran al margen en este caso de los actos que se llevan a cabo antes de un partido europeo. Sabedora, seguro, de que los sentimientos seguían aún a flor de piel. El técnico fue el único que habló. Y, a decir verdad, su intervención fue quizás incluso más breve y concisa de lo que suele serlo habitualmente. Aunque, eso sí, contundente en cuanto al objetivo que se ha marcado el equipo para este martes.
"Queremos ganar por él"
«La de Carles ha sido una pérdida muy sensible para el equipo, porque ha sido una parte importante del rompecabezas con el que queremos lograr el éxito esta temporada. Era una gran persona y un gran médico, una pieza muy importante, lo extrañaremos y queremos ganar por él. Todos quieren dedicarle el partido, es un momento trascendental para el club y para la afición, el equipo está centrado, tenemos que seguir adelante y es muy importante conseguir este triunfo», reiteró el técnico barcelonista quien, desde luego, huye del papel de favorito pese al 0-1 logrado en la ida. «Nadie cree que esto ya está hecho y, para mí, eso es lo más importante», sentenció.
El club está además pendiente de que la UEFA les permita también guardar un minuto de silencio justo antes de que se inicie el partido contra el Benfica, el primero de las eliminatorias que se disputarán en esta jornada, dado que su inicio está previsto para las 18.45 horas. El máximo organismo del fútbol europeo suele ser muy estricto con la oficialidad de este tipo de actos, pero lo cierto es que ya ha tenido un gesto con el club al permitir que únicamente hablara Flick en la previa y eso puede invitar a pensar que tampoco pondrán problemas a que se prolonguen un poco más los actos de homenaje para el doctor Miñarro, cuyo funeral se celebra esta mañana, horas antes del partido.
Para el partido en sí, el técnico tiene la baja confirmada de Pau Cubarsí, expulsado con roja directa en Da Luz, pero todo invita a pensar que podrá contar con un Robert Lewandowski que iba a ser baja frente a Osasuna tras resentirse de una contractura en la sesión de activación previa a ese encuentro. El Benfica, por su parte, también se plantará en Montjuïc con dos ausencias muy sensibles. Álvaro Carreras no podrá jugar por acumulación de amonestaciones a causa de la amarilla que vio en Lisboa tras una dura entrada sobre Jules Koundé y el ex madridista Ángel di María, por su parte, sigue convaleciente de la lesión muscular sufrida ante el Mónaco y no pudo entrar finalmente en la convocatoria del Benfica que, hoy, se unirá al luto del Barça. Después, ambos buscarán la victoria.