Si alguien esperaba a Christian Horner metido en su caparazón o rehuyendo a las cámaras, a menudo impertinentes, es que no conoce su carácter. Antes del mediodía de ayer, el jefe de Red Bull se pavoneaba por el paddock con la frente alta y una amplia
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GP de Singapur
MIGUEL A. HERGUEDAS
@herguedas
Actualizado Domingo,
17
septiembre
2023
-
18:25"No teníamos el ritmo que esperábamos", admite el asturiano, víctima...
Las sensaciones con las que Williams cargó en Imola sus bártulos dirección a Mónaco bordeaban lo esquizoide. Por un lado, Alex Albon había rondado las posiciones de podio después de que sus neumáticos trabajaran hasta última hora antes de la salida. Por el otro, Carlos Sainz salía del Autodromo Enzo e Dino Ferrari con un botín de puntos -cuatro por su octavo puesto- inferior a sus merecimientos. Igual que en Miami, hace 15 días, el madrileño se había visto perjudicado por la estrategia de su equipo.
Nada más cruzar la línea de meta, James Vowles tomó la radio para enviar un mensaje al piloto al que han entregado las llaves de su proyecto. "Cometimos un error y es culpa nuestra, pero lo más importante es que luchaste hasta el final", dijo el team principal de Williams. "Sí, lo he hecho lo mejor que he podido. Creo que no era fácil predecir la carrera, pero algún día acertaremos", replicó Sainz, sin dejarse arrastrar por la ira. Al fin y al cabo, en sus 10 años en la F1 siempre fue extremadamente disciplinado a la hora de asumir las órdenes.
Sin embargo, Sainz tenía claro desde antes de la salida que sus opciones pasaban por una estrategia a una sola parada. Así se lo transmitió, de hecho, a su ingeniero en la primera fase de la carrera, justo después de que le ordenasen calcar la estrategia marcada por Charles Leclerc y George Russell. "Estuve a punto de no entrar, porque me parecía muy pronto", relató el español, que por entonces preparaba su adelantamiento a Fernando Alonso. "Si me piden parar en esa vuelta, tengo que obedecer, soy un hombre de equipo", añadió.
"me estaba relamiendo"
Los mecánicos no se mostraron precisamente habilidosos durante el pit-stop (3,4 segundos) y se reincorporó en la decimoséptima posición. Una vez estabilizada la situación, tras la vuelta 15, Sainz rodaba decimocuarto. Justo en ese momento, Albon aprovechaba el primer paso por boxes de Oscar Piastri y Alonso para colocarse tercero. Es cierto que veía a nueve segundos a Lando Norris, aunque tampoco conviene pasar por alto que mantuvo esa posición hasta traspasado el ecuador de la carrera.
El FW47 mostraba un ritmo sólo inferior al de los McLaren y el líder, Max Verstappen. Un rendimiento que incluso sorprendió a sus propios ingenieros, que no contaban con repetir el nivel mostrado hace dos semanas en Miami. De su velocidad también quedó constancia tras el safety car provocado por Andrea Kimi Antonelli. Entonces, Albon se animó incluso a lanzar un par de hachazos a Leclerc.
"Podría haber sido un poco más paciente ante Charles, pero si te soy sincero, ya me estaba relamiendo. Pensé que podría incluso adelantar a Piastri, porque el ritmo era muy bueno y los neumáticos nuevos duros rendían muy bien", confesó Albon, que pudo repetir otro quinto en la meta pese a tras la agresiva defensa de Leclerc, obligado a devolver la posición. Al igual que hace un par de semanas en Florida, Williams se colaba entre la elite por puro ritmo, compitiendo de igual a igual. Un logro insólito para la escudería de Grove desde 2016.
Albon, el viernes, en el 'paddock' de Imola.AP
En cualquier modo, la frustración de Sainz también iba a actualizar otras recientes discordias. "Así no es como corro chicos, no me importa. He perdido mucha confianza aquí... en todo", había advertido Carlos por radio en Miami. No sólo quería señalar a Gaetan Jego, su ingeniero de pista, sino al propio Vowles.
"Por una razón o por otra, las cosas se tuercen el domingo. Hay que ejecutar mejor, porque se nos están escapando muchos puntos", abundó el madrileño, que sólo cuenta con 11 unidades, 29 menos que su compañero. En cualquier caso, Williams ha sumado en sólo siete carreras seis puntos más que la suma de los dos últimos campeonatos.
Renunciar a las actualizaciones
Nada desdeñable para una escudería cliente de Mercedes, que desde el inicio del curso ha insistido en rebajar las expectativas. Todos sus esfuerzos, de hecho, parecen enfocados en el Mundial 2026. Así lo reiteró Vowles en las horas previas a su viaje a Imola. "Nos sentimos decepcionados, porque teníamos más opciones", concedió el team principal.
En el Autodromo Enzo e Dino Ferrari, Williams fue el único equipo, junto con Haas, que no quiso montar una sola actualización aerodinámica. Ni vinculada al rendimiento, ni a las particularidades del trazado. Y esa misma debe ser la constante de aquí a final de temporada. Ni siquiera el esperadísimo cambio del alerón delantero, programado por la FIA para el GP de España (2 de junio), parece que interrumpirá la hoja de ruta de Williams.
Sainz, que continúa adaptándose a las exigencias de su monoplaza, aventaja a su compañero en la qualy de los sábados (4-3), aunque pierde por la mínima su pulso durante las carreras (1-4). Para equilibrar este registro precisará al menos, algo de colaboración de puertas para adentero. "Era una decisión muy complicada y hoy no acertamos, pero ya llegará su día y le colocaremos donde su talento merece"; finalizó Vowles.
"Odiamos perder, pero si tenemos que hacerlo, preferimos que sea contra nuestros buenos amigos de Williams". Esta frase, pronunciada por Ron Dennis durante el GP de San Marino de 1991, supone sólo una muestra de la fiera rivalidad entre McLaren y Ferrari durante las dos últimas décadas del pasado siglo. El jefe del equipo de Woking sentía algo más que celos ante la desmesurada atención generada por la Scuderia. De hecho, uno de los días más felices de su vida fue el GP de Australia de 1993, cuando tras 14 temporadas al frente del equipo, superó el récord de 103 victorias de los coches rojos. La condescendencia de Enzo Ferrari, que consideraba a Dennis un mero ensamblador de coches, nunca ayudó a aplacar los ánimos. Este fin de semana, tantos años después, McLaren y Ferrari se jugaban el Mundial de Constructores hasta que una sanción a Charles Leclerc deja las opciones del equipo rojo muy limitadas.
El equipo británico llega a Abu Dhabi con 21 puntos de ventaja, pero con la sensación de haber desperdiciado una gran oportunidad el pasado domingo Qatar. Ferrari, por su parte, se presentaba dispuesta a arriesgarlo todo. Por eso montó un mapa de motor extremo y una configuración aerodinámica al límite. No obstante, sólo Carlos Sainz tendrá opciones de podio tras situarse detrás de los bólidos naranjas que ocuparán los primeros puestos de la parrilla. La sanción a Leclerc del viernes por las baterías y su salida de límites en la Q2 del sábado le sitúan último en la salida de la carrera de mañana y reducen al mínimo las posibilidades de enjugar la distancia.
"Incluso si terminamos primero y segundo, ellos pueden permitirse acabar tercero y cuarto, o incluso peor, y seguir teniendo ventaja", admitía Fred Vasseur, team principal de la Scuderia antes de confirmarse la sanción a su pupilo. "Tengo plena confianza en que completaremos el trabajo", responde Zak Brown, CEO de McLaren. Ni una mala palabra entre ambos. Ni un reproche en la hora decisiva. Dentro del Club de las Pirañas, aquel término acuñado en 1993 por Dennis para definir a la F1, aún queda algún vestigio de deportividad, admiración y respeto.
La buena sintonía entre McLaren y Ferrari se viene forjando desde 2023, cuando Vasseur accedió al cargo en sustitución de Mattia Binotto. Justo entonces, Brown prescindió de Andreas Seidl para promocionar como team principal a Andrea Stella, que había trabajado con Ferrari como ingeniero de pista de Alonso. "Compartimos límites éticos. Esto es lo que debería ser el deporte, poder luchar duro en la pista y darse después la mano", explicó el estadounidense. El pasado 5 de mayo, justo después de que Lando Norris sellase en Miami su anhelado primer triunfo en la F1, Vasseur no dudó en fotografiarse con toda la tropa papaya. Cuando Brown le tendió una gorra de McLaren, se la colocó del revés, por aquello de las apariencias. Cinco meses más tarde, Brown devolvió la gentileza en el GP de México, posando junto a Carlos Sainz, vencedor de la prueba.
El CEO de McLaren mantiene una estrecha relación con su ex piloto, con quien el pasado invierno, semanas antes del comienzo del Mundial, disfrutó de un día de golf en compañía de Norris y Carlos padre. Así viene siendo desde 2019 y 2020, el bienio de Sainz en McLaren. El de la convivencia con aquel novato casi imberbe. "Entonces no luchábamos por victorias, ni podios. Era una atmósfera diferente", decía Sainz para explicar las diferencias entre su competencia con Norris y la actual con Charles Leclerc.
Traslado a Ferrari
El cambio a Ferrari no iba a quebrar la amistad. Tan íntima como para ganarse el derecho de un apelativo propio: Carlando. Tan sostenida en los greenes como en los piques del fútbol. En el entorno de Sainz aún se recuerda con una carcajada lo sucedido durante el GP de Hungría, una semana después de la final de la Eurocopa, cuando dejaron una especial dedicatoria a Norris, recordando el 2-1 de España a los ingleses.
Sobre el asfalto, el momento de mayor emotividad se remonta un poco más atrás. Hasta el GP de Singapur 2023, con aquel memorable triunfo de Sainz resistiendo los embates de George Russell. "Le di el DRS y salvé su segunda plaza. Lando también me lo dio a mí y así me salvó del Mercedes", relató el ganador. Ahora Sainz apura su último servicio a Ferrari, el equipo que le apartó de un plumazo en favor de Lewis Hamilton. Unas horas antes de que se oficializara el acuerdo con Williams, conociendo ya el destino de su amigo, Brown quiso ofrecerle aliento: "Todo cambia muy rápido en este deporte. Aún no hemos visto lo último de Carlos en el escalón más alto de la F1".