En el primer himno del Real Madrid de la época de Santiago Bernabéu se cantaba: Enemigo en la contienda / cuando pierde da la mano / sin envidias ni rencores / como bueno y fiel hermano […] Caballero del honor. Es evidente que el Real Madrid ha perdido la esencia de un club que creó la Copa de Europa, con ayuda de L’Equipe. Un diario que era poderoso y que ahora está carcomido por el dinero de Qatar.
Hay que recordar que la revista France Footb
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Nasser Al-Khelaifi esperó a Joan Laporta en el hall del hotel, en Roma, como se espera a un matador de toros, al triunfador de la feria. A los abrazos siguieron las bromas con el presidente del Barcelona, acompañado por el vicepresidente Rafa Yuste. Los enemigos de Florentino Pérez, el Cid de la Superliga, confraternizaban con su gran aliado, que se mueve en un peligroso equilibrio. La realidad es que Laporta necesita las dos barajas por tres razones. La primera es porque, aunque aumenten los ingresos del Barcelona, nada supondría el fin de la crisis económica del club azulgrana como una Superliga, escindida o apadrinada por la UEFA. La segunda es porque necesita la benevolencia del organismo que preside Aleksander Ceferin por el cumplimiento del Fair Play, el Camp Nou y hasta el caso Negreira, en el largo plazo. La tercera es porque visualizarse en un decorado beligerante con el presidente del Madrid siempre suma en un curso que acaba con elecciones.
A Laporta no le asustan los ejercicios de funambulismo. Al contrario, es un especialista. Ya los ha practicado con LaLiga de Javier Tebas, condescendiente con sus palancas. Tebas desea la ruptura del Barça con la Superliga, incluso la ha dado por hecha, pero nada hace presagiar un posicionamiento oficial de ese tipo, no por ahora. Sobre todo, si existe un canal abierto entre la UEFA y A22 Sports Management, la sociedad que explota la Superliga, con la posibilidad de un acuerdo futuro. Lo único que podría provocar un giro radical de Laporta sería un horizonte electoral complejo, pero restan meses y no aparece un opositor amenazante. En el Madrid, pues, observan sus movimientos con calma.
Al-Khelaifi preside la Asociación de Clubes Europeos (ECA), que en su congreso de Roma cambia de nombre a Clubes de Fútbol Europeos (EFC). Integrada en la sociedad UC3, junto a la UEFA, el martes aprobaron la estrategia comercial para las competiciones masculinas durante el periodo 2027-33, como si la Superliga no existiera. Ese hecho no es óbice para que otras negociaciones continúen. Laporta es uno de los más interesados. Asistió anoche a la cena en Roma, pero no a las sesiones de la Asamblea, al no ser el Barcelona miembro del EFC. Una forma de estar sin estar.
Las 'palancas' y la UEFA
El dirigente acude después de presentar unas cuentas con dos caras, que deberán lograr el beneplácito de sus socios compromisarios, a los que Laporta seduce con facilidad. La buena cara es que han aumentado los ingresos en la temporada 2024/25 hasta los 964 millones, 100 más de lo presupuestado y 216 por encima de la anterior, gracias al nuevo contrato con Nike, el merchandising y el ticketing de Montjuïc. La previsión es alcanzar los 1.075 millones este curso, con la apertura del Spotify Camp Nou.
Aunque el club haya dado números rojos en 17 millones, la tendencia es buena. El problema es que Crowe, el auditor, ha corregido las pérdidas de 2023/24, que pasan de 90 millones a 180, por la pérdida de valor de Barça Studios, una de las mágicas palancas de Laporta. De una valoración de 400 millones en 2023 se ha pasado a 178, 226 millones menos.
Ello cuestiona uno de los ejes de la reconstrucción económica del dirigente, aprobada por LaLiga pero no por la UEFA, que multó al club por la palanca de la venta de derechos futuros. De 60 millones de sanción, el organismo de Ceferin la rebajó a 15 con la condición de cumplimientos futuros del Fair Play. Esa multa ha elevado las pérdidas del pasado ejercicio y podría lastrar el actual si el perdón del organismo decayera.
Laporta y Al-Khelaifi, el miércoles en Roma.EFE
Laporta se encontró de nuevo en Roma con el presidente de la UEFA, con el que ya estuvo la pasada semana, en el palco de Montjuïc, o en la gala del Balón de Oro, con el Barça en pleno. Donde no va Florentino, allí está el presidente azulgrana. El premio de France Football, con patrocinio de Qatar, tuvo en Ousmane Dembélé a su ganador y en Al-Khelaifi a su triunfador.
El sapo de Figo
Laporta estaba muy interesado en la presencia de Ceferin en Montjuïc, aunque eso implicara tragarse el sapo de Luis Figo. Pocos días después, la UEFA daba su aprobación al Barcelona-Villarreal en Miami, aunque en su razonamiento fuera crítica con el fondo y se acogiera a un vacío legal. El derecho puede ser muy creativo.
Ahí no acaban, sin embargo, los favores de Ceferin que puede necesitar el Barcelona. Con la apertura del nuevo Camp Nou pendiente, los criterios para disputar la Champions son más exigentes que en la Liga, por lo que la UEFA hará su propia peritación con vistas a la segunda fase de la competición, que se inicia en marzo.
En el largo plazo permanece, además, la amenaza del caso Negreira, aún en instrucción. Si hubiese condenas en el ámbito penal, la UEFA, a la espera de sentencia en España, podría activar el artículo 4.2 del Reglamento de la Champions y expulsar al Barça. En la partida de Roma, pues, había que estar con la baraja indicada.
Hace casi 20 años que el Villarreal no gana al FC Barcelona en su estadio en Liga, pero también hacía 10 que los culés no perdían en Sevilla. Las estadísticas son meros números, no pueden cambiar la sensación que transmite que un duelo entre amarillos y blaugranas sería más favorable a los intereses del conjunto de Marcelino si se disputa en La Cerámica ante los más de 23.000 aficionados locales. No obstante, ese partido se jugará, si nada cambia, el 20 de diciembre en el Hard Rock Stadium de Miami y entre los 65.000 aficionados, pese a la iniciativa de Fernando Roig de pagar el vuelo a los fans que quieran ir, ondearán más banderas blaugranas que amarillas.
"Adulteran la competición porque uno juega como local sin serlo", apuntan desde AFE. El sindicato de futbolistas ha sido el organismo más beligerante contra el duelo que LaLiga lleva años persiguiendo. Dicen desde la asociación que no se oponen per se al encuentro, sino que requieren más información y, sobre todo, una protección contra unos futbolistas que ya hacen frente a un calendario saturado.
Para AFE fue una sorpresa el comunicado de la UEFA en el que se escribía tanto el pecado como la penitencia. Por un lado el organismo autoriza la realización del encuentro de la 17ª jornada de LaLiga EA Sports entre el Villarreal y el FC Barcelona en Miami, así como el Milán - Como en Australia. Por otro, habla de que "no sienta precedente" y su propio presidente, Aleksander Ceferin, califica de "lamentable" permitir que se juegue en otro país, ya que se pretende garantizar y proteger que el fútbol y sus ligas locales sigan arraigadas en su entorno local.
Reunión de los 20 capitanes
Ese entorno, liderado por la Agrupación de Peñas del Villarreal en lo que respecta al duelo en Miami, asegura: "En general el deseo es disfrutar el encuentro en España, pero comprenden las necesidades económicas del club para poder seguir creciendo". Una postura política en una guerra entre el deporte y el espectáculo con muchos actores de por medio, pero solo unos protagonistas: los futbolistas.
Estos días, los capitanes de los 20 equipos de Primera se volverán a reunir para estudiar las implicaciones que puede tener ese partido. En su primer encuentro, del 21 de agosto, la sensación era de "cabreo" por la falta de información. Sus principales puntos de preocupación es que este partido abra la veda para otros encuentros fuera, que les suponga un esfuerzo extra sin beneficio económico y que no se respeten los descansos preceptivos en un calendario tan ajustado.
Desde LaLiga creen que esas posturas podrían cambiar cuando se les informe de todo lo relativo a un encuentro por el que la patronal lleva años peleando. Y les interesa que la realización de este partido aglutine la mayor cantidad de consenso posible. Apuntan que aún no está confirmado 100%, falta la autorización de la CONCACAF y la FIFA, pero entienden que se va por un buen camino y seguirán trabajando para que se consume pese al esfuerzo que supone para las plantillas de ambos clubes.
Eric García, durante el último Villarreal-Barça, en septiembre de 2024.BARÇA
La realización de este encuentro vulnera varios de los artículos del convenio colectivo del fútbol profesional. El octavo, que habla de un máximo de horas de concentración antes de un partido: 36 para el equipo local y 72 para el visitante y el noveno, que cuantifica los descansos en, mínimo, un día y medio para los protagonistas tras un choque.
El 16 y 17 de diciembre están planteados los dieciseisavos de la Copa del Rey y no es descartable que uno o los dos equipos estén inmersos en la competición. La RFEF debería buscar nuevas fechas para esos duelos para no vulnerar esos artículos, lo que no sería fácil dado el calendario. Desde la Federación no quieren hacer valoraciones sobre algo aún por confirmar y explican que han sido meras "correas de transmisión" de la petición de los clubes a la UEFA.
Adaptación y fatiga
Varios especialistas en salud deportiva explican a EL MUNDO que las consecuencias físicas para los futbolista no deberían ser graves dependiendo del tiempo de adaptación del que dispongan para hacer el viaje y acoplarse al cambio horario que, entre Madrid y Miami, es de seis horas menos. Juanjo Álvarez especialista en medicina deportiva dice que la clave son los días de adaptación que tengan entre partido y partido para evitar insomnio, fatiga y aumento de riesgo de lesión.
Para el preparador de deportistas de élite Vicente Calvo entre seis y siete días sería tiempo de sobra para poder jugar en la ciudad norteamericana. "Una semana de Champions es mucho más agresiva desde el punto de vista adaptativo", cuenta el especialista, que apunta a que los deportistas profesionales tienen un umbral de adaptación más alto. El fisioterapeuta y director de Fisio Dynamic, Miguel Ángel Cordero, coincide con Calvo en que los futbolistas disponen de "estructuras corporales adaptadas" a ese tipo de desplazamientos y los equipara a los parones internacionales. Asegura que lo peor es la inactividad del vuelo que puede generar fatiga adicional.
"Una semana de Champions es mucho más agresiva desde el punto de vista adaptativo"
Vicente Calvo, preparador físico de deportistas de élite
Que sea el último duelo antes del descanso navideño suaviza el impacto en la salud de los profesionales en esta guerra perpetua entre deporte y espectáculo/beneficio. De hecho, este encuentro puede suponer entre cinco y seis millones de euros para sus participantes, un poco más para el Villarreal por la pérdida del ticketing.
Con la FIFA trabajando aún en un reglamento específico para la organización de estos partidos, desde AFE se preguntan quién impedirá que dos equipos de LaLiga quieran llevar un nuevo duelo fuera de nuestras fronteras. Se entiende que el Real Madrid, cuyas fuentes cercanas califina de "anomalía" este partido, no será una de ellos, pero podrían ser otros. Atlético y Girona ya fueron candidatos a jugar frente al Barcelona en Miami, pero Luis Rubiales, entonces presidente de la RFEF se opuso.
Hace 10 días, Hans-Joachim Watzke decidió mantenerse en segundo plano durante la ceremonia de entrega del Balón de Oro, aunque bien podría haber sacado pecho por seis futbolistas que él mismo había criado en Dortmund. De Ousmane Dembélé, triunfador indiscutible en París, hasta Erling Haaland, Robert Lewandowski, Jude Bellingham, Achraf Hakimi o Serhou Guirassy, cuyos nombres también se escucharon como candidatos al premio de France Football en el Théâtre du Châtelet. El CEO del Borussia también podría haber aprovechado la oportunidad de compartir protagonismo con Aleksander Ceferin, presidente de la UEFA, con quien no sólo le une una estrecha amistad, sino también decisivas responsabilidades en el seno del organismo, donde ejerce como vicepresidente y miembro del Comité Ejecutivo. Sin embargo, desde hace meses, Watzke pretende alejarse progresivamente de los focos. O más bien dirigirlos a su conveniencia.
El próximo 23 de noviembre, Watzke presentará su renuncia a la asamblea general ordinaria del Borussia, el único club alemán que cotiza en Bolsa. De este modo pondrá punto final a dos décadas como director ejecutivo y asumirá como presidente, sustituyendo en el cargo a Reinhold Lunow, con quien ha protagonizado agrias disputas en los últimos tiempos. Según informó el diario Bild, durante el Mundial de clubes, Lunow quiso alojarse en Cincinnati en un hotel diferente al del equipo. De hecho, se negaba a coincidir en cualquier acto público con Watzke, indignado ante la incompetencia de su presidente, que durante una reunión había preguntado por la sede del Mundial de clubes 2026, pasando por alto que ese torneo se disputa cada cuatro años.
Semejante pulso por el poder se dilucida hoy al calor de cifras astronómicas. Durante el ejercicio 2023/24, cuando disputó la final de la Champions ante el Real Madrid, el Borussia generó un beneficio bruto consolidado de 639 millones de euros, un 24% más que el curso anterior. Cifras que refrendan la estrategia de Watzke, empeñado en consolidar Dortmund como el mejor entorno para el desarrollo de las estrellas del futuro. Sólo Dembelé (2017), Haaland (2022) y Bellingham (2023) dejaron 335 millones de euros por sus traspasos al Barcelona, Manchester City y Real Madrid, respectivamente. Las perspectivas para la venta de Guirassy, autor de 38 goles la pasada temporada, se estiman ahora por encima de los 75 millones. "Nuestra actividad principal es reconocer el potencial de los jóvenes. Y si no podemos retenerlos, potenciarlo", admite Watzke.
Acusaciones de nepotismo
Sin embargo, estos florecientes datos contrastan con otra realidad, la más cotidiana, la de un club instalado en el conformismo, que el pasado verano festejó casi como un título su cuarta plaza en la Bundesliga. Los aficionados del Signal Iduna Park ya se ha acostumbrado a que sus futbolistas sólo desplieguen todo su potencial en partidos como el de hoy ante el Ahtletic.
Y parecen haber perdido la esperanza de que asome algún talento de su cantera, al modo de Aleksandar Pavlovic o Jamal Musiala en el Bayern. Célebres por sus multitudinarias concentraciones en Friedensplatz, los hinchas siguen sin entender las concesiones a dos veteranos como Niklas Süle y Emre Can. Ambos, bajas hoy por lesión, apuran su último año de contrato, a razón de 10 millones y ocho millones brutos, respectivamente. También abundan las críticas al nepotismo de Watzke, que colocó a Sebastian Kehl como director deportivo y Lars Ricken como director administrativo. Ambos viejos conocidos durante su etapa con la camiseta amarilla.
"En el lado correcto de la historia"
No obstante, el fútbol ha cambiado mucho desde el 14 de marzo de 2005, el día que Watzke salvó de la quiebra al Dortmund. Un agónico lunes en una sala del aeropuerto de Düsseldorf, cuando logró vender el Westfalenstadion a un fondo de inversión del Commerzbank. Para ese plan de saneamiento, no dudó en pagar una renta a dicho fondo y a recomprar las acciones. Soluciones milagrosas, en la línea de las que ofrece hoy la Superliga, un torneo al que Watzke se opone con furibunda determinación. "Supo mantenerse firme en el lado correcto de la historia cuando el fútbol europeo dijo no a los intentos de privatización de un pequeño grupo de ricos", escribió Ceferin con motivo del 65º cumpleaños de Aki, el apodo con que trata a su viejo camarada.
Desde su tropiezo el 15 de marzo ante el Leipzig, este Dortmund enlaza 13 partidos sin derrota en la Bundesliga. En las cuatro últimas jornadas ni siquiera ha encajado un gol, aunque hace dos semanas desperdició un 2-4 en Turín antes de ceder un empate en el añadido frente a la Juventus. A sus seis bajas, el Athletic suma una más, porque en las últimas horas Ernesto Valverde perdió a Alex Berenguer y Mikel Vesga.