El lunes, el Madrid cayó contra el Getafe, en su estadio y perdiendo las formas y los nervios, un escenario que habría desatado el cachondeo en mis grupos de WhatsApp cualquier otra noche. Sin embargo, esta vez, la mayoría de atléticos callamos, preocupados porque cada pulla retornara 24 horas más tarde, asustados ante la posibilidad (absolutamente real en nuestras cabezas) de que el Barça remontara un 4-0 a los del Cholo. Yo mismo, que sólo creo en la ciencia y en la lógica, decidí, por si ayudaba, dejar esta columna escrita antes del comienzo del partido. Bueno, no exactamente esta, sino una versión en la que la catástrofe rojiblanca se consumaba y en vez de estar ahora mirando trenes a Sevilla, estaba buscando cuevas en las que esconderme un par de semanas.
Por supuesto, todas esas supersticiones y contragafes se transformaron en meras chorradas cuando la pelota echó a rodar. El fútbol es más lógico de lo que nos gusta pensar. Aunque ni él mismo parecía creérselo, el Atleti había cerrado la clasificación al descanso de la ida, pese al empeño de su entrenador y todos sus futbolistas, excepto Griezmann (sensacional), Llorente, Sorloth y Musso, en darle emoción. Extrema, eso sí.
Aun jugando fatal, la mezcla de riesgo extremo y defensa dadivosa del Barça dio al Atleti ocasiones de sobra para evitar el bochorno. Las falló todas. Un terrible cabezazo de Lookman, una colección de controles y pases malos de Giuliano, la absoluta insignificancia (una vez más) de Julián Álvarez, las imprecisiones de Koke y Johnny, los nervios de Pubill, el planteamiento timorato de Simeone… Fue un desastre absoluto, pero no lo suficiente como para borrar la exhibición del Metropolitano. Por poco, eso sí. Igual les salvó mi columna o su camiseta de la suerte o el muñeco girado en la estantería de mi padre. Cualquier cosa menos su juego.
“Las cosas que hacemos por amor”, decía Jaime Lannister nada más tirar a un niño por la ventana para ocultar una relación, digamos, improcedente. Minucias, Jaime, comparado con las estupideces que hacemos por el fútbol. Lo asumo, pero sabe Luis Aragonés que horas antes de la final escribiré un texto titulado: “El Atleti regala la Copa”. Por si acaso. Son nuestras costumbres y hay que respetarlas.
No venimos al fútbol a ser racionales. Y al Atleti, menos. Me mata, me da la vida. Más lo primero, no les voy a engañar.
El Bernabéu es un buen lugar para la contemplación si se es espectador. Como mirar una catedral para los devotos, con un marcador que es como un fresco en movimiento. Como futbolista, sin embargo, es un mal asunto. El Atlético partió deliberadamente contemplativo, agrupado en su campo, a la espera de que no pasaran cosas. A Simeone le puede su naturaleza, tenga lo que tenga, y no es un reproche, ni es negativo. Es lo que es, y le ha ido de maravilla. En el Metropolitano, en cambio, deberá proponer más, porque la Champions lo exige; el Madrid, también. No le bastará su acting en la banda. Sin necesitar de una noche mágica, el rey de Europa cobra ventaja en unas circunstancias mucho más adversas, porque en el Bernabéu siempre pasan cosas si se deja crecer a los suyos, aunque las haga un suplente que no debería sentirse como tal. Es Brahim. La contemplación desde la hierba es un mal asunto. [Narración y estadísticas (2-1)]
Las primeras acontecieron esta vez muy rápido para conectar a Valverde y Rodrygo, que pudo con la velocidad de Javi Galán como si no se esforzara. El brasileño se desliza, sin desgaste, por donde otros pisan con clavos. El eslalon acabó en un gol pletórico, messianico.
Para saber más
Fue como el directo inesperado nada más sonar la campana del primer round que deja grogui al oponente. Ahí estaba la oportunidad del Madrid para romper la eliminatoria y obligar a Simeone a cambiar su hoja de ruta, que se plantó en el Bernabéu a jugar una eliminatoria, no un partido. Después de verse superado de semejante forma, como le ocurrió al lateral rojiblanco, un futbolista queda tocado emocionalmente. Rodrygo volvió a intentarlo, pero el defensa reaccionó con los tiempos justos, al límite del penalti. Giménez detuvo en la banda opuesta a Vinicius, menos preciso que su compatriota con un Mbappé de oyente. Rodrygo es el Patito feo del ataque, aunque Ancelotti es de la generación que conoce bien el cuento de Andersen.
Un equipo desgastado
Un gol no cambia, sin embargo, un plan, y el Atlético siguió a lo suyo, con la prioridad de dejar al Madrid sin espacio y refugiarse en largas posesiones que evitaran las pérdidas. Sin la pelota, cerraba los espacios entre las líneas; con ella, hacia el campo anchísimo. Ello hacía correr al Madrid, un equipo desgastado físicamente. Era parte del plan del argentino, que sabe de los buenos finales de los suyos. No lo tuvieron. Ello no daba, de momento, ocasiones al Atlético, que tuvo la primera en una llegada de Giuliano, cuyo centro, dirigido a Lino, fue interceptado por Valverde. El uruguayo estaba en el campo bajo riesgo, pero en dos acciones, el pase del gol y el corte del no gol, demostró por qué.
En un contexto en el que mandaban el respeto y las precauciones, con balones al pie y sin presión alta por parte de ninguno de los equipos, los goles sólo podían llegar gracias a acciones individuales. Rodrygo había encontrado el espacio por sorpresa, pero eso no iba a volver a suceder. La de Julián Álvarez fue individualísima. Después de un error de Camavinga, alzó su visión periférica desde el cuerno del área y lanzó un disparo teledirigido que salvó la envergadura de Courtois. Como burlar las alas de un cóndor.
La réplica la puso Brahim, nada más regresar del descanso, al sostenerse en el área gracias a su potente tren inferior y su bajo centro de gravedad, y salvar contarios para colocar el balón en el lugar imposible de Oblak. Una acción de alivio para el Madrid, porque Simeone ya había mandado aumentar el ritmo de los suyos al salir del vestuario. Al argentino le gusta jugar varios partidos dentro de un mismo partido, no digamos ya en una eliminatoria. La nueva ventaja del Madrid llegaba de la nada, como había ocurrido con el tanto de Julián Álvarez.
Julián Álvarez, ante Camavinga, en la acción del 1-1.AFP
Brahim y Julián tiene algo en común, y es haber llegado procedentes del Manchester City. Todo lo que deja Guardiola suele tener tara, pero con estos jugadores alguien se equivocó, por ponerlos poco o por abrirles la puerta. También en la Federación Española. Julián, la gran referencia de este Atlético, ya por encima de Griezmann, apunta en grande. Brahim, recambio del sancionado e intocable Bellingham, hace muchísimas cosas, y todas bien.
Oblak encajó el segundo gol, pero el Atlético encajó el temor, y más cuando Ancelotti echó mano de Modric, al que Simeone veía como titular, para sacar del campo a Camavinga. Brahim se lo recordó a gritos desde la banda tras su gol. Sabe el argentino lo que el croata puede hacer, por lo que llamó a Le Normand para pasar a jugar con línea de cinco y vació su centro del campo para poner a Correa y Sortloth, los jugadores de sus finales. Si había algo que jugar que fuera en las áreas, aunque estuvo más cerca de perder más que de ganar algo. Camino del Metropolitano, el Madrid lo hace más seguro de lo que estaba antes de saltar a su propio estadio. Simeone sabe que necesitará más.
El juez que investiga al FC Barcelona por el pago de comisiones en fichajes durante la presidencia de Josep Maria Bartomeu ve indicios de administración desleal y falsedad en el pago de 15 millones al Atlético de Madrid para frenar su denuncia por haber negociado con Antoine Griezmann teniendo contrato en vigor con el club rojiblanco.
El Juzgado de Instrucción número 32 de Barcelona, que ha imputado recientemente a Bartomeu y a algunos de sus principales directivos, considera en un auto al que ha tenido acceso EL MUNDO que "debe añadirse" a la causa "el fichaje del jugador de fútbol Antoine Griezmann por parte del FC Barcelona".
Recuerda el instructor que "supuestamente se negoció con un futbolista con contrato en vigor con otro club", tal y como desveló EL MUNDO, que publicó los correos electrónicos de la negociación secreta. De esta forma, considera el juez que el Barça "se saltó la normativa FIFA" que establece que "los clubs no pueden contactar con un deportista con contrato vigente si antes no se ha hablando con su equipo" y subraya que "se exceptúan los últimos 6 meses de contrato del futbolista, que no es el caso que nos ocupa".
El juez añade que el Atlético de Madrid "lo denunció a la Real Federación Española de Fútbol (RFEF), ya que tenía indicios importantes de que el club había negociado con el jugador directamente entre febrero y marzo de 2019". Un "periodo técnicamente prohibido", resalta el auto.
"A fin de evitar una posible sanción de la RFEF, supuestamente, por parte de los investigados, se negoció directamente con el Atlético de Madrid y llegaron a un acuerdo donde se valoraba el pago de 15 millones a cambio de no aportar pruebas al procedimiento que se había incoado", abunda la resolución judicial.
"Para dar aspecto lícito a los pagos se simuló presuntamente que se adquiría un derecho de tanteo prioritario sobre diferentes jóvenes futbolistas del Atlético de Madrid", prosigue el juez, que concluye que una vez firmado el contrato de tanteo, "el Atlético de Madrid, presuntamente, desistió de aportar pruebas ante la RFEF sobre la denuncia presentada contra el FC Barcelona". "Dichos hechos podrían integrar el delito de administración desleal y/o falsedad contable".