No se trata sólo de hablar de ese primer día, sino del aterrizaje de un joven de 23 años en el club en el que se convirtió en historia. Todo empezó un 28 de julio de 2014, cuando Antoine Griezmann salió de la clínica Fremap en Majadahonda con los informes médicos bajo el brazo. Con un sol cegador, sonreía a los fotógrafos que le esperaban consciente de que virtualmente, al poner un pie en la calle con todo el cuerpo revisado, ya era jugador del Atlético de Madrid.
A 9.348 kilómetros de distancia, sus compañeros, con una hora de retraso por un pinchazo en el autobús, vencían ese mismo día en la tanda de penaltis al San José Earthquakes en California tras empatar a cero en el tiempo reglamentario. Nadie lo sabía aún en ambos lados del Atlántico, pero una leyenda comenzaba a forjarse en el Atlético de Madrid. "A nivel técnico le vimos algo diferente. Los controles, los gestos, lo listo que era y su inteligencia en el juego. Era especial", confiesa Carlos Menéndez, preparador físico del Basilea y entonces en el club rojiblanco.
Precisamente, le tocó a Carlos acompañar al francés en su primer entreno como rojiblanco poco después de firmar su contrato. Fue apenas un día después del reconocimiento médico, cuando el galo saltó por primera vez al césped del Cerro del Espino a hacer carrera continua con el preparador físico tras una primera parte en el gimnasio. "El chico era un niño, jovencito, que llegaba a un club grande y con una ilusión enorme. Pero era muy trabajador y muy profesional", apunta Menéndez.
En esa sesión, coincidiría con otros compañeros ausentes de la gira. Unos con los que ya tenía mucho en común ya que les saludó imitando el acento argentino y mate en mano, costumbre adoptada de Chory Castro. "Traía esa cultura de tomar mate de la Real Sociedad, por eso hizo piña con los uruguayos y argentinos», expresa Iván Díaz Infantes, preparador físico del Aulas y antes del club rojiblanco. La amistad con Koke, su compañero inseparable, se forjó ya más tarde.
Porque el capitán, sólo unas horas después, se encontraba jugando el segundo partido de la Gira Americana del vigente campeón de Liga ante el América de México, duelo que esta vez perdería en los penaltis tras empatar de nuevo a cero. Mientras, en Madrid, se preparaba la presentación de la nueva estrella rojiblanca. "Nosotros ya le fichamos sabiendo que era un jugador diferente", dicen desde el club de una llegada que supuso 30 millones de euros a sus arcas.
Selfie de Griezmann en su presentación.ATM
Más de 6.000 personas le esperaban el 30 de julio en el Calderón para verle con su flamante número siete a la espalda, heredado de David Villa. El francés, tras adoptar el «partido a partido» del Cholo ya en su primera comparecencia, se hacía cientos de fotos incluído un selfie para mostrar su peinado mullet y su eterna sonrisa. "Su alegría hace que le quiera todo el mundo desde que le conoces", cuenta Díaz Infantes.
Esa actitud la comprobarían sus compañeros el día 1 de agosto, cuando los rojiblancos que volvían de la gira coincidían en el Cerro del Espino con los fichajes y los que no habían ido. "Él disfrutaba de cada entrenamiento, incluso el primero, que les suele costar a todos", revela Díaz Infantes sobre su actitud. Y en ese momento en el que le ve el cuerpo técnico por primera vez, se huele algo especial. "Los entrenadores enseguida vieron que tenía algo diferente. El Mono, Cholo y Vizcaino, que habían sido jugadores, lo detectaron pronto", recuerda Menéndez.
Humildad
El francés parece olvidar que viene de meter 20 tantos en la Real Sociedad y convertirse en una estrella de LaLiga y muestra "una idea de trabajo impecable". Es un jugador al que todos ven talento, físico, genética y aptitud, los cuatro pilares sobre los que debe desarrollarse un futbolista y así lo hace. "Siempre me mandaba audios de whatsapp y me decía: 'Profe, ¿cómo va a ser el entrenamiento de mañana?'", rememora Díaz Infantes.
Uno de sus primeros duelos de rojiblanco.EM
Pero pese a la actitud, pese a su ética, las cosas no fueron una línea recta. "Recuerdo que a Antoine le costó un poco la primera vuelta adaptarse a un equipo que venía obviamente de ser campeón, que ya estaba hecho", explica su excompañero Raúl García. Él venía de ser un extremo ofensivo en la Real, y Simeone le pedía mucha más responsabilidad. "Es difícil adaptarte al Cholo, pero cuando aceptas ese cambio de hacer más distancia, más metros a alta intensidad...", apunta Díaz Infantes.
Explosión
Fueron tres meses de cambio mental, pero de nunca rendirse. De terminar un partido y meterse con Carlos en cubetas de hielo para recuperar las piernas. Y entonces, una vez demostró la "capacidad física y psicológica de adaptarse", Griezmann explotó. "Creo que fue por diciembre, ya en un partido contra Athletic, que hizo un hizo hat-trick. A partir de ahí arrancó y la verdad que era un jugador diferencial, muy inteligente y que le daba mucho al equipo", dice García.
Quizás el club y los técnicos vieron el talento, pero nadie esperó esa evolución. Un crecimiento "sin cambiar un ápice su personalidad", según fuentes rojiblancas. La alegría perenne, la inteligencia constante y un primer toque maravilloso. "Se le echará mucho de menos", cuentan desde el club poco antes del último duelo del jugador en el Metropolitano. 212 goles y 500 partidos después, Griezmann dice adiós. 4.311 días de sonrisas en rojiblanco.
Pese a su final de temporada y a los rumores que le han situado lejos del Metropolitano, Antoine Griezmann, seguirá vistiendo la camiseta del Atlético de Madrid hasta el 30 de junio de 2027, según ha hecho público el club en sus redes sociales.
Así, uno de los buques insignia del club colchonero estará en Estados Unidos vestido de rojiblanco el próximo 15 de junio para enfrentarse al PSG en el primer partido para el Atlético de Madrid en el próximo Mundial de Clubes.
"Atléticos, muy feliz de vestir por muchos años esta maravillosa camiseta y espero daros muchas alegrías. Un abrazo muy fuerte. Os quiero", ha expresado el francés en un vídeo hecho público por el club también en redes sociales en el que salía el futbolista con el cartel anunciando su renovación justo detrás.
El Principito comenzó como titular indiscutible esta temporada en una dupla atacante junto a Julián Álvarez, pero un bajón de rendimiento le terminó por sentar en el banquillo en favor de Alexander Sorloth. El galo, que terminó el curso con 16 tantos y nueve asistencias no marcó desde principios de febrero de este año ante al Mallorca.
Ese bajón comenzó a desatar los rumores que le situaban lejos del Metropolitano la próxima campaña. Fueron especialmente insistentes los que le mandaban a un equipo de la MLS, especialmente por la gran afición del galo por el deporte americano, principalmente la NFL.
Pero la historia y su proyecto familiar le han llevado al francés a aceptar la oferta de renovación del club de un contrato que expiraba en junio de 2026, justo antes de la cita internacional que disputan los rojiblancos. Se habla de que con esta operación, el club aligera su masa salarial ya que mantiene sus 8 millones de euros brutos al francés, pero los reparte en dos cursos.
El francés, máximo goleador histórico del club con 197 tantos a los que suma un total de 86 asistencias, ha sido uno de los emblemas del Atlético desde su llegada de la Real Sociedad en 2014. Griezmann ha vestido de rojiblanco durante nueve temporadas en dos etapas (jugó tres con el FC Barcelona en medio de ambas)
Griezmann fue el primer jugador en anotar en el Metropolitano en un encuentro ante el Málaga en septiembre de 2017. Vistiendo la camiseta del Atlético ha conseguido una Europa League, en la que marcó dos goles en la final ante el Olimpique de Marsella, y dos Supercopas, una de Europa y otra de España.
Además, y aunque no sea el galo de títulos individuales, ha conseguido el Balón de Bronce en dos ocasiones en 2016 y 2018 y elegido como mejor jugador de Francia, con la que ha conquistado un Mundial y una Liga de Naciones, en 2016.
No hay destino al que no se sobreponga el Barça ni reto del que se apee el Atlético. Ambos trasmutan en indestructibles cuando se enfrentan. Como forjados en una siderurgia, pueden tambalearse pero no caen. Resisten, toman aire y empiezan a mostrar sutileza, talento o resiliencia que acaba noqueando a los rivales. Hasta en la locura pueden reinar los dos. Y loco fue un duelo que olió a partido de otro milenio, de aquellos que crearon memoria. Barça y Atlético en esencia pura, rompiéndose a golpes sin cálculos, pero ambos muriendo y resucitando.[Narración y estadísticas (4-4)]
El Atlético salió al asalto, como si quisiera prolongar el duelo de la Liga que se llevó por empuje en el último suspiro. No pudo ser más calcado el final, con Sorloth de protagonista, pero como entonces, los rojiblancos tardaron en sonreír. Y eso que Szczesny tuvo que tocar la primera pelota en juego para mandarla a córner porque Griezmann ya había colocado la pelota para el remate de Julián Álvarez. La supervivencia culé apenas duró un instante. Puso el francés la bola en juego desde la esquina, se tiró el apoyo con De Paul y la recogió para telegrafiarla al segundo palo, donde apareció La Araña. 53 segundos y ya estaban por delante de un Barça que aún ni sudaba.
El arañazo se convirtió en herida cuando el argentino aprovechó el pase blando de Koundé a De Jong para robar y lanzar la carrera del Principito, que quebró a Balde en el punto de penalti para engordar el marcador y sólo habían transcurrido seis minutos. Grogui estaban los azulgranas, que tardaron diez en tirar a puerta.
Resetear en dos minutos
El vendaval que se intuía empezó a amainarlo Ferran, al que Pedri y Raphinha dejaron solo ante Musso, que le ganó por serenidad. Empezaba a desperezarse el Barça bajo la seria mirada de Flick en la banda. Todo empezaba por jugar y eso fue lo que hizo Lamine, lanzando a Koundé hasta la línea de fondo para que pusiera el balón atrás, al corazón del área, donde apareció Pedri. Casi en la celebración, Gallagher cede un córner que Raphinha pone al segundo palo para que Cubarsí marcara. El Barça en dos minutos, en dos jugadas, había reseteado el duelo.
Entonces la intención fue dominarlo y no tardó en conseguirlo, porque la efervescencia del Atlético desapareció en media hora. Es cierto que se ajustó para no sufrir, pero vivió tan alejado de Szczesny que le costó poner a prueba al polaco, por momentos más un libre de antaño que un guardameta. Los rojiblancos eran incapaces de arrebatarle la pelota al Barça y no podían correr. Tampoco Simeone pareció enloquecido, más bien amarró muy consciente de que la eliminatoria tenía minutos por delante y 90 más en el Metropolitano.
Era el consuelo que le quedaba mientras suspiraba aliviado al ver a Ferran birlarle la pelota a su defensa pero volver a ser presa del ansia, pegarle mordida y tan floja que apareció Giménez a despejarla con Musso vencido. Necesitaba pasar por el vestuario el Atlético a recomponerse, pero lo hizo con un gol más en contra. Nació de un caño de Lamine a Galán un córner que Raphinha mandó de nuevo al segundo palo donde esta vez, solo, apareció Iñigo Martínez para poner un testarazo cruzado al fondo de la red. En el añadido apareció de nuevo Yamal para soltar su zurdazo fetiche y hasta Olmo, con poco brillo.
El remate de Pedri en la acción del 1-2.AFP
En la segunda parte, los rojiblancos volvieron a descifrar cómo hacer daño. Se encontraron con que Pedri no cazó otro balón lateral de Raphinha y que Hernández Hernández no consideró penalti la caída de Lamine en el área, pero también con que Julián Álvarez leía que había una pradera tras la espalda de la defensa culé. No dejó de intentar forzar el fallo una y otra vez. Buscó en largo a De Paul que aparecía por la orilla derecha, pero se rehízo Balde antes de que el centrocampista pudiera armar el remate. Además, Julián se encontró a Correa como socio para castigar al Barça en transiciones que les hacían correr demasiado hacia atrás.
El partido había entrado en una fase de locura que bien podía acabar con un empate porque el Atlético quería resucitar. Lo había intuido Flick y mandó al campo a Lewandowski. No tardó el polaco en demostrar que huele el gol. Pedri habilitó a Lamine en la banda para que rompiera a Reinildo y su centro tenso lo cazó el goleador culé. Fue entonces cuando el alemán quiso poner la pausa y mandar piernas frescas al campo y a Pedri a descansar al banco.
Era el minuto 85 y, lejos de cerrarse, el duelo siguió siendo de ida y vuelta. Por eso Julián Álvarez encontró premio a su tesón, aunque tuviera que ser en forma de asistencia a Llorente para que recortara distancias. Todo era posible, tanto como que un resbalón de Koundé dejó solo a Lino en su carrera hacia el área para darle a Sorloth el empate con sabor de déjà vu liguero.