Las vidas paralelas de Íñigo Pérez y Xabi Alonso, dos técnicos cuestionados por sus jugadores y que aprenden a frenar los egos en beneficio del grupo

Las vidas paralelas de Íñigo Pérez y Xabi Alonso, dos técnicos cuestionados por sus jugadores y que aprenden a frenar los egos en beneficio del grupo

Luis de la Fuente: ''Lo sucedido es una falta de respeto intolerable''. Raúl Martín Presa: ''A un futbolista se le paga por entrenar, por estar al 100% y por obedecer al entrenador. Si protesta por una decisión está faltando al respeto al compañero que entra, al cuerpo técnico, a la afición y al club. Merece una sanción''. Seleccionador español y presidente del Rayo Vallecano censuraron la actitud mostrada por Iván Balliu hacia Íñigo Pérez al ser sustituido en el tramo final del partido del pasado jueves en la Conference. Un desprecio idéntico al que sufrió Xabi Alonso por Vinicius en el último clásico.

La autoridad de los técnicos, cuestionada por unos jugadores viscerales que colocan sus intereses por delante del colectivo. Unas secuencias que desprestigian a los clubes, que dejan marca. Unos conflictos que luego intentan cerrar con comunicados de arrepentimiento (como el firmado por Vinicius, pero sin pedir perdón al técnico) y declaraciones apelando a la unidad. ''Lo hemos arreglado en el vestuario, está hablado ya. Todo queda entre nosotros. Tema zanjado'', dijo Jorge de Frutos. ''No hay ningún problema. Iñigo y Balliu son amigos. Está todo bien'', declaró Sergio Camello. ''No ha pasado nada. Yo me calenté el otro día también y le pegué a un micrófono. Es parte de esto'', advirtió 'Pacha' Espino.

Ínigo Pérez y Xabi Alonso coinciden hoy en la banda del estadio de Vallecas tras comprobar cómo sus jerarquías fueron desafiadas. Saben que no pueden mostrar debilidades en pulsos en los que se miden sus fortalezas. Dos entrenadores de una nueva generación que otorgan gran importancia al compromiso del grupo. Este sábado, Alonso elogió la trayectoria y el trabajo de Pérez. ''A Íñigo le veo con mucha personalidad, con mucha autoridad, tiene las cosas claras. Me gusta cómo transmite a los jugadores", recalcó el tolosarra. El preparador rayista declaró que no hay ningún problema con Balliu, que ambos son amigos y que el jugador no será sancionado por el club.

Juanjo MartínEFE

Todo sellado antes de un partido que Xabi Alonso aventura complicado. "Será una visita exigente, el Rayo está en buen momento, el año pasado se empató allí... Estamos preparados para un partido muy intenso", señaló tras incidir que quiera hacer borrón y cuenta nueva tras la derrota en Liverpool.

También destacó que no tiene ningún reproche a la actitud de los jugadores ni que se siente incómodo con un grupo en el que destacan los egos. ''Tengo un vestuario con mucha personalidad. Estoy muy contento con todos'', subrayó.

Xabi sabe que sin solidaridad, el sistema se desquebraja, por eso valora mucho las aportaciones de Aurélien Tchouaméni como contrapeso en la línea medular. El francés permanecerá de baja durante tres semanas y el principal candidato a ocupar su puesto es Valverde, otro jugador con el que ya tuvo una confrontación. El uruguayo podría volver a su posición natural en el centro del campo y ceder la banda derecha a Trent Alexander-Arnold.

Valverde es otra pieza básica para Xabi Alonso. En la Liga ha sido 10 veces titular, sólo suplente ante la Real Sociedad. En cuatro ocasiones ha ejercido como lateral derecho (contra Villarreal, Getafe, Barcelona y Valencia) y ha rubricado cuatro asistencias. En la Champions ha jugado tres encuentros, sólo se ausentó ante el Kairat Almaty, en aquel en el que mostraba su desgana por jugar del lateral.

Courtois, la pesadilla de Anfield: el 23% de sus paradas desde la final de 2022 fueron ante el Liverpool

Courtois, la pesadilla de Anfield: el 23% de sus paradas desde la final de 2022 fueron ante el Liverpool

«Me empezaba a recordar a la final de 2022... Estuvo increíble otra vez». En la zona mixta de Anfield, Virgil Van Dijk todavía no lograba quitarse a Thibaut Courtois de la cabeza. El hombre que le arrebató al Liverpool la Copa de Europa en Saint-Denis hace poco más de tres años con nueve históricas paradas apareció de nuevo en territorio 'red' para desesperar al conjunto británico, incrédulo ante los vuelos del belga. «Por suerte, encontramos la manera», se congratulaba el central neerlandés, feliz por el gol de Mac Allister que cerró un triunfo merecido.

El Madrid, como en París, sobrevivió el tiempo que duraron los milagros de su portero en un alarde extraordinario de manos y pies. «He intentado sostener al equipo. Es una pena», admitía en los pasillos de un estadio que vive atemorizado por él. El 23,2% de las paradas de Courtois en Champions desde el inicio de la final de 2022 han sido al Liverpool, 29 de 125.

El asedio del conjunto inglés sobre el guardameta belga no fue sólo una sensación. La estadística lo refrenda. Y es que sólo en aquella noche de París en 2022 Courtois tuvo que intervenir más veces que ayer. Nueve en Saint-Denis, ocho en su última aparición en Anfield, las mismas que ante el City en el Bernabéu y contra el PSG en París, ambos en 2022.

«demasiadas faltas cerca del área»

Un dato que explica que el nuevo Madrid de Xabi Alonso no dista mucho de lo que ha sido el conjunto blanco durante los últimos años. Un equipo extraordinario, con un talento superlativo en ataque, sostenido también por «el mejor portero del mundo», denominado así por Valverde ante la prensa.

«Hemos hecho demasiadas faltas cerca del área y ellos son buenos en eso. Algunas eran innecesarias y había que tirar de freno de mano. Tenemos que mejorar», admitió el belga, que describió así su increíble parada en el mano a mano con Szoboslai: «Hay que ocupar espacio y vi que eran un 2 contra 1 y que venía solo. Si me quedo en la portería es un penalti casi imposible de parar. Cuando he visto el pase he ido a reducir, tengo manos y brazos largos y es una parada no del manual del portero, pero también sirve».

Courtois voló cuatro veces en el primer tiempo y otras cuatro tras el descanso. Igualdad de números, de sufrimiento y de trabajo para el belga, que no recibía tantos disparos esta temporada desde el derbi madrileño del Metropolitano.

Una de las intervenciones de Courtois, el martes en Anfield.

Una de las intervenciones de Courtois, el martes en Anfield.EFE

Ese partido, perdido por 5-2 por los blancos, aparece ahora como una de las dos derrotas del curso de Xabi Alonso y los suyos. Un duelo similar en sensaciones, pero que para el técnico tolosarra no tiene nada que ver. «Ha estado igualado. Hay muchas formas de perder y la de hoy es muy diferente a la del Metropolitano», aseguró Alonso en sala de prensa, donde apeló a los «detalles» que marcaron la diferencia en un partido en el que «hemos competido bien», insistió.

«Falta de actitud»

El vasco puso el foco en los errores individuales, en los fallos en la marca y en la concesión de demasiadas faltas y córners. Al final, todo derivó en el talento de Courtois, que acumula ya 20 paradas en esta Champions: cuatro contra el Marsella, Kairat y Juventus y ocho ante el Liverpool. En la media de sus últimas temporadas: 51 en el total de la 2024-2025, con cinco en Anfield; y 42 en la 2022-2023, con siete en la eliminatoria de octavos contra el Liverpool.

«No hemos tenido esa sensación (de falta de intensidad). Creo que hemos competido bien», aseguró Alonso. «Ha sido un partido igualado, exigente, de ritmo alto, y nos ha faltado amenazar un poco más el área rival. Luego en la segunda parte han sido detalles, teníamos que estar en el partido y no conceder y hemos concedido muchas faltas, algún córner... Y ese gol les ha dado la ventaja. Es la primera fase y podremos recuperar puntos», siguió el técnico.

Más duro fue Fede Valverde, que criticó que el equipo pecó de «falta de actitud» en las jugadas a balón parado. «Con este escudo hay que salir a ganar. Tenemos que prestar más atención. Hay que saber sufrir, saber defender y mejorar», finalizó.

Los años de Xabi Alonso en los muelles de Albert Dock: "Abrazó la vida de Liverpool"

Los años de Xabi Alonso en los muelles de Albert Dock: “Abrazó la vida de Liverpool”

El frío y el viento aceleran helados por el río Mersey para iniciar el mes de noviembre y ya casi nadie se atreve a pasear por los muelles de Liverpool. El sol lleva escondido varias semanas y los abrigos y el gorro son una obligación para caminar alrededor del Royal Albert Dock, antes centro neurálgico del comercio en esta parte del Reino Unido, ahora punto de interés turístico y siempre la zona con las temperaturas más bajas de toda la ciudad. Sorprende comprobar que pudiendo vivir en una casa grande en el interior de la región, resguardado de fotógrafos, aficionados y grados bajos, un futbolista joven como Xabi Alonso, recién llegado de España a sus 22 años, decidiera vivir en un apartamento en pleno centro.

«Abrazó la vida de Liverpool, vivía en el centro y se convirtió en enlace entre la vieja guardia del vestuario y los nuevos que llegaban desde España», recordó Jamie Carragher, leyenda del equipo británico. La estatua de The Beatles sigue atrayendo turistas hacia los muelles de Albert Dock, en línea recta con The Cavern, pub natal del grupo y núcleo del ocio de Liverpool.

El entrenador del Real Madrid regresa esta noche a Anfield 21 años después de su fichaje por el club inglés. No será su primera vez, tras debutar como técnico visitante el curso pasado con el Bayer Leverkusen, pero sí la que conecta dos de los tres mundos de su carrera futbolística: la 'red' y la blanca, dejando a un lado emocional la txuri-urdin.

Lo hace, además, en un momento clave para su gobierno en el banquillo de Chamartín: en plena racha de victorias, seis seguidas y 13 de 14 entre Liga y Champions, y una vez superada, de momento, la polémica alrededor de su relación con Vinicius Júnior. Situación interesante y que seguro le trae recuerdos de Liverpool, donde vivió momentos de éxito y tensión con Rafa Benítez. El técnico español le convenció para firmar por el conjunto red en 2004, ganaron una Copa de Europa juntos en el famoso 'Milagro de Estambul' en 2005, donde Xabi marcó uno de los goles, y terminaron dividiendo caminos entre tiranteces, mensajes directos y peticiones.

"Rafa no es de ese tipo de personas"

En 2008, Benítez le pidió que se fuera para poder fichar a Gareth Barry, capitán del Aston Villa que finalmente firmó con el City. Y en 2009, Alonso, que se había quedado a pesar del interés de varios grandes, acabó yéndose al Madrid en contra de la postura del entrenador, que en ese instante sí le quería en la plantilla.

«Todo el mundo sabe que un jugador agradece sentirse querido, una palmadita en la espalda de vez en cuando, pero Rafa no es de ese tipo de personas», admitió Alonso después de su salida en una entrevista en Champions Magazine. «En 2009 ya no tenía nada que probar ni una motivación extra. Y se lo dije a Rafa: 'El año pasado me querías fuera y ahora soy yo el que se quiere ir'», dijo en otra publicada por el propio Liverpool años después.

Benítez es uno de los técnicos que influyó en la carrera como entrenador de Alonso, pero un escalón por debajo de Guardiola y Mourinho, figuras clave para entender la trascendencia del vasco en los banquillos. Del catalán tiene la presión tras pérdida y la importancia de la ocupación de espacios, y del portugués la verticalidad y la fortaleza defensiva. De ambos, eso sí, aprendió y copió la necesidad de la cercanía entre el futbolista y el entrenador.

Así ha tratado de gestionar el enfado de Vinicius. Le ha dado espacio al futbolista, que necesitó un par de días para disculparse con el grupo, y a partir de ahí intenta recuperar sensaciones con el brasileño con una relación «directa y sincera». «Lo más importante es ser auténtico y tener una relación directa y sincera, sabiendo el rol de cada uno y siempre pensando en lo mejor para el equipo», explicó el viernes.

"Un personaje fuerte y amado"

Y ahí, quizás, hay algo de Benítez. Directo cuando en 2008 le dijo que tenía que buscarse equipo. «Rafa no opera como otros técnicos, mantiene las distancias emocionalmente, él es el entrenador y tú el jugador, así le gusta y hay que aceptarlo», dijo en The People hace años.

La salida de Xabi hacia el Madrid descompuso al Liverpool, que terminó séptimo en la Premier League tras haber peleado el título en el último año de Alonso. Un fracaso que provocó el despido de Benítez. «Era un personaje fuerte y amado por los fans, así que cuando Benítez quiso venderlo hubo mucho alboroto. Fue un momento crucial. Cuando se fue, el funcionamiento de nuestro equipo se rompió, su salida afectó a todos», explicó Carragher.

21 años después de firmar por el Liverpool y 16 después de abandonar Anfield para fichar por el Madrid, Xabi puso ayer un pie de nuevo en Anfield, lugar donde aprovechó, junto a Arnold, Huijsen y Emilio Butragueño, para honrar la memoria de Diogo Jota. «La época en el Liverpool ha influido mucho en mi carrera como entrenador y recuerdo muchas cosas que me ayudan en el día a día, seguro. Con Rafa aprendí mucho», admitió ayer.

La pasión turca a vista de dron: toda la transformación de Arda Güler llevada a cabo por Xabi Alonso en el Real Madrid

La pasión turca a vista de dron: toda la transformación de Arda Güler llevada a cabo por Xabi Alonso en el Real Madrid

Al observar a Arda Güler uno no piensa en Yaman, el arrebatador protagonista de La pasión turca. Güler es huidizo, de mirada oblicua, tímido, frágil en apariencia, lejos de la exuberancia del personaje de ficción, interpretado en el cine por el galán francés George Corraface, a cuya voluptuosa presencia sucumbe Desideria Oliván, Desi, presa de la rutina de su matrimonio. Antonio Gala, en realidad, se inspiró en el enamoramiento de su secretario por un turco para adaptarlo en la novela al arquetipo de la Penélope de provincias. La pasión, no obstante, era la misma, muy distinta a la pasión turca que seduce al Madrid, en la que la exuberancia no es física, pero exuberante es lo que produce en el Bernabéu.

Esta nueva pasión turca no necesita el sugerente caos de Estambul, una explosión de colores, melodías y aromas que conforman el decorado para la aventura de la buena Desi. Al contrario. La pasión turca de Güler precisa método, grabaciones, atención personal y psicología, mucha psicología. A todo ello se ha empleado Xabi Alonso desde su llegada con especial dedicación, porque necesita la pieza para lo que desea hacer en el Madrid. El tolosarra quiere un juego dominante desde la posición, que lleve sus centrales adelante, al centro del campo. Exige presión en territorio del rival para robar y armar ataques. Entonces, del mismo modo que en las transiciones ofensivas, llega el momento del pase que rompa las líneas. Ahí aparece Güler, que, frente al Valencia, dio a Mbappé su sexta asistencia. No hay mejor socio posible.

El entrenador quiere, pues, control, no caos, y eso abre incógnitas, porque tiene herramientas, jugadores, para ser mejor en el control, pero de lo que no hay duda es de que nadie compite como el Madrid en el caos. Veremos. El cambio de tendencia, de momento en su fase inicial, es el que hace que los especialistas en la conducción, como Valverde o el propio Vinicius, no tengan ya la etiqueta de indiscutibles del pasado. Vini, sin embargo, no es sólo un jugador. Es uno de los principales activos del club, un icono, y eso es algo que Xabi Alonso, un entrenador nada jerárquico, al contrario que Ancelotti, deberá conjugar con su hoja de ruta. De eso dependerá la cohabitación no sólo del técnico con la estrella, también con el presidente, tras la paz firmada en el festín ante el Valencia, un verdadero merengue en el Bernabéu.

El juego posicional

El juego posicional que penaliza a unos, beneficia a otros. No es casual la mejoría que ha experimentado Tchouaméni, del que quiere todavía más, que se avance en lugar de incrustarse entre los centrales, una necesidad convertida en vicio durante la pasada etapa. Xabi Alonso aspiraba a la llegada de un mediocentro, pero estaba claro que las prioridades estaban en la defensa. Florian Wirtz, al que había moldeado en el Bayer Leverkusen, era muy caro, carísimo, y Martín Zubimendi, con el que hizo algo parecido en el Sanse, filial de la Real Sociedad, no recibió el cariño del Madrid que le mostró Arteta. De haber sido de ese modo, estaría, hoy, en el Bernabéu.

En esa tesitura, el tolosarra dio su plácet a Modric para que siguiera un año más, pero el club sabía lo que saben todos: si el croata seguía, jugaría. No hay entrenador que se resista a su capacidad de templar los partidos. Para dar una verdadera alternativa a las inversiones realizadas para el centro del campo, Tchouaméni, Camavinga y Güler, Modric debía marcharse. De hecho, es justo lo que le dijo Juni Calafat al adolescente Güler cuando se avanzó a Deco por su fichaje: «Será difícil al principio porque están Kroos y Modric, pero cuando se marchen tendrás tu verdadera oportunidad en el Madrid, será tu momento».

Al llegar, Güler, muy respetuoso, llamaba abi a Modric. Abi es como se llama a un hermano mayor en Turquía. Ahora ya no necesita hacerlo, y no sólo por la marcha del croata. Pese a sus 20 años, juega como un hermano mayor. Si acaso, algunos en el vestuario lo llaman de ese modo, Arda abi, pero en tono de broma. «Ahora se siente importante, y ese es el cambio fundamental», explican en Valdebebas, además de «un trabajo muy específico con el futbolista».

Mbappé abraza a Güler tras una asistencia.

Mbappé abraza a Güler tras una asistencia.OSCAR DEL POZOAFP

Los entrenamientos del Madrid son grabados por drones y después editadas las imágenes en vídeos con los que Xabi Alonso hace encuentros individualizados con quien lo cree necesario. En Güler es uno de los que invierte más tiempo, durante las estajanovistas jornadas del entrenador y su staff, desde las ocho de la mañana hasta mediada la tarde. Dónde posicionarse, cuándo girarse o cómo presionar son las cuestiones en las que más ha insistido al turco.

Clave en el balón parado

En las oportunidades que tuvo en el último año con Ancelotti, después de desencuentros, malentendidos y advertencias del italiano a su entorno, Güler hacía esfuerzos excesivos, aunque muchas veces sin rumbo. La clave ahora no es correr mucho, sino correr correctamente. El turco no es el único jugador al que Xabi Alonso explica la necesidad de dosificar los esfuerzos. También a Bellingham, de un despliegue físico brutal y de regreso a su mejor versión tras solucionar sus problemas de hombro en el quirófano. Había jugado mermado.

En un Madrid que quiere llegar a controlar todos los detalles, Güler se convierte, asimismo, en herramienta clave para el balón parado. Nadie tiene su precisión en las faltas indirectas o los saques de esquina. Es técnica en estado puro, pero eso no basta. Ahora vemos a un Güler sacrificado, que se repliega, y a un Güler más fuerte, que ha ganado peso de la mano de Ismael Camenforte, el preparador físico que está detrás de la energía del líder. Este nuevo Güler al que Montella ha puesto ya al mando de la selección de Turquía, aspira a ser el eje del juego del equipo que tiene la mejor selección de Champions.

Oro de 31 quilates

Actualizado Domingo, 2 noviembre 2025 - 18:28

Recibió Mbappé la Bota de Oro por sus 31 goles en la temporada 2024-25 y sigue camino de la siguiente a ritmo de 40. Seguramente iría un poco más aprisa si Vinicius no se hubiese arrogado por su cuenta (y riesgo) el lanzamiento del segundo penalti, ante el irreprimible gesto de fastidio de Xabi. Entre estos dos no hay química, y la resolución oficial de ese problemilla infantiloide que tiene el Madrid en la banda izquierda no convence a casi nadie.

Anticipando la Navidad, bendijo mosén Alonso: "Paz en el vestuario a los hombres de buena voluntad". Al menos de puertas para afuera. Quizás en el interior catedralicio del club, el Sumo Pontífice no fue tan beatífico y sí llamó a capítulo al impulsivo novicio. Sorprende, sin embargo, que permitiera la exclusión del entrenador, el primer y máximo ofendido, en la extensa palinodia del gesticulante y aspaventoso Vini. No sabemos muy bien cómo interpretarlo, si es que hay algo que interpretar. Los designios de Florentino son inescrutables.

Los goles de penalti, logrados en una acción ventajista y resuelta a menudo por quien no fue objeto de la falta, deberían tener menos valor en las puntuaciones establecidas para cada Liga. Incluso con esa salvedad, a algunos nos gusta más la Bota de Oro que el Balón. Se trata de un galardón mucho más objetivo, validado por la aritmética y no teñido de la inevitable subjetividad de los electores. El número de goles es una evidencia basada en la infalibilidad de los números y no sujeta a la opinión, por honrada y autorizada que podamos reconocerla, de quien emite el voto.

En la Bota, el gol es una obra cerrada en sí misma. Se presta, en todo caso, a la descripción, no a la discusión. El Balón, en cambio, invita a la controversia. Se ve sujeto a matices y gustos, puesto que implica a jugadores de diferentes lustres y cometidos. El resultado siempre es polémico y autoriza el debate.

El papel de los entrenadores

Por lo demás, Bota, Balón y restantes distinciones individuales admiten un porcentaje de relativismo en los deportes colectivos, en los que priman a la postre la entidad y la calidad del grupo, como reconoce y agradece Mbappé. En el fútbol siempre tendrán más posibilidades de recibirlas quienes militen en un club puntero, porque es lógico que un futbolista descollante pertenezca a un equipo de campanillas. Estará, además, rodeado de compañeros de un talento superior en general al de los conjuntos de menor fuste. Se mejoran unos a otros en un desempeño sinérgico y simbiótico.

Sucede lo mismo con los entrenadores. Se llevan los honores quienes dirigen a equipos campeones. En posesión de unos medios que en otras actividades se llamaría competencia desleal o abuso de posición dominante, parten con ventaja. Démosle a Bordalás el Madrid o el Barça. Seguro que no plantea los partidos como en el Getafe. Los premios en el fútbol no dejan de suponer operaciones publicitarias que llenan espacios en los medios de comunicación. Contienen un cierto grado de impostura y artificio.

Es conveniente contemplarlos con un saludable grado de escepticismo y distanciamiento.

Vinicius se redime hasta con un error: del penalti cedido por Mbappé al choque de manos con Xabi Alonso camino del banquillo

Actualizado Sábado, 1 noviembre 2025 - 23:18

Vinicius se redimió de sus pecados en el vestuario y obtuvo el perdón de Xabi Alonso que, benevolente, le dio la titularidad ante el Valencia, una apuesta para el lucimiento. Lo hizo a medias, pero fue suficiente. Ni siquiera le penalizó fallar un penalti. El Bernabéu, lejos de reproches, también optó por hacer borrón y cuenta nueva.

El brasileño tenía entre ceja y ceja que sus disculpas, públicas y polémicas sobre el papel, privadas en la caseta, pero que debían encarnarse en una celebración. Por eso buscó con ahínco la portería de una de sus víctimas favoritas. En los últimos cuatro años, Vinicius siempre le ha marcado al Valencia en el Bernabéu al menos un gol. Incluso el pasado año, cuando marcó el 1-1 y después estrelló un penalti en Mamardashvili. En total son seis, ante este Valencia empequeñecido y desnortado, parecía fácil que la cifra engordara cuando entre Mbappé y Güler lo inclinaron de manera irreversible antes del descanso.

Para entonces, Vinicius ya podía tener cumplido su objetivo. En el minuto 41, Busquets Ferrer pitó el segundo penalti de la noche en contra del Valencia. El primero fue por una mano de Tárrega —más discutible que el agarrón de Diego López a Mbappé en la misma jugada—; este, por el atropello de Thierry a Carreras. Con el Bota de Oro con dos goles en el zurrón, le cedió el lanzamiento a Vini para permitirle escenificar su arrepentimiento. No ocurrió. El brasileño encaró con serenidad a Agirrezabala pero el meta vasco adivinó y escupió el tiro.

Xabi Alonso, expectante en el banquillo, solo pudo cabecear lamentándose. Porque no hubiera cerrado el partido para poner ya la mente en Liverpool y porque ese gol podía poner el mejor cerrojo posible a la polémica. Lo primero lo arregló Jude Bellingham enseguida con su tercer gol en los últimos tres duelos, lo que significa que el inglés, superada la lesión del hombro, ha vuelto.

En el descanso, para la visita a Anfield guardó a Güler, brillante en su asociación con Mbappé, y a Tchouaméni, pero Vini iba a tener más minutos para buscar su gol. Minutos y ocasiones, porque el Valencia era un rival grogui, incapaz de aguantar la pelota y menos aún de hilvanar alguna jugada que inquietara a los blancos. Solo era capaz de perseguir sombras intentando que la humillación no fuera mucho mayor del 3-0. Parecía un milagro que el marcador acabara con esa diferencia.

Por eso el Bernabéu se levantó cuando Vini arrancó por la banda en el minuto 61 y asistió a Mbappé, sin que el francés armara un tiro que complicara a Agirrezabala. Hasta ahí llegó su peligro. Le puso Corberán a Cömert como nueva pareja de baile solo para frenarle y, aún así, esperó Xabi Alonso hasta el minuto 79 para sacarlo del partido.

Lo hizo bajo los aplausos de la grada, dándole la mano a Rodrygo y Hendrick y chocándole al entrenador. Como si nada hubiera ocurrido hace una semana. Gestos contenidos que repitió con todo el banquillo.

Todo está olvidado. "A mí Vini no me tiene que pedir perdón. Le adoro, es un compañero ejemplar", reconoció Carreras, que marcó el cuarto gol con un increíble zurdazo.

Vini había aprendido la lección y así se lo reconoció todo el Bernabéu, que se guardó energía para despedir con una ovación a Mbappé. Nunca Xabi lo había sacado de un partido antes del minuto 80, pero ya había hecho todo el trabajo. 44 goles en 45 partidos, ocho jornadas consecutivas marcando y un partido tan cómodo que merecía la pena guardar energías.

El Madrid golea al Valencia, suma seis triunfos seguidos y zanja el ruido con Vinicius antes de Anfield

El Madrid golea al Valencia, suma seis triunfos seguidos y zanja el ruido con Vinicius antes de Anfield

Seis victorias seguidas después de la derrota del Metropolitano hablan a la perfección de cómo el molde de Alonso comieza a cuajar en el césped del Bernabéu. Ante el Valencia y otra vez con Mbappé como estrella anotando un doblete, acompañado de los golazos de Bellingham y Carreras, el conjunto blanco sumó el décimo triunfo en Liga en 11 encuentros, el 13º si contamos los tres de Champions. Unos datos que asustan camino de Anfield y que zanjan el ruido de la polémica con Vinicius. [Narración y estadísticas (4-0)]

Xabi Alonso anunció el viernes que no habría «ninguna represalia» hacia el brasileño por su reacción al cambio del clásico y lo cumplió. El delantero fue titular, recibió el cariño de la grada, como su entrenador, fue parte del triunfo de su equipo ante el Valencia y terminó sustituido en el minuto 79 justo a la vez que Mbappé. Decisión inteligente de Alonso y choque de manos entre ambos en el área técnica. «Asunto zanjado», como advirtió en la previa, y a mirar hacia otro lado hasta que el foco mediático apriete de nuevo.

Sobre el césped, el Madrid de Xabi clavó una tabla más en la vía que quiere construir para que su tren llegue a estaciones más lejanas que el curso pasado. Fue intenso en la presión, vertical hacia la portería rival y fino en la definición. Todo, claro, ante un Valencia inerte, hundido anímica y futbolísticamente, incapaz de respirar con balón y distraído en las acciones defensivas. Un cúmulo de situaciones que dejaron el corto 3-0 del descanso. Pudo ser peor.

A la espalda de los mediocentros

Con Güler y Bellingham sueltos por delante de Tchouaméni, Mbappé moviéndose con libertad y Mastantuono y Vinicius muy abiertos en las bandas, el Madrid se impuso con lógica en los espacios, aprovechó la debilidad valenciana en la espalda de los mediocentros y llegó con facilidad al área de Agirrezabala.

En los primeros 15 minutos, Mbappé, Bellingham y Vinicius probaron al portero y el Valencia apenas pasó del medio del campo, aguantando el empate hasta que una mano de Tárrega en un córner, revisada por Busquets Ferrer en la pantalla del VAR, permitió a Mbappé abrir el marcador desde el punto de penalti. El galo, que había fallado ante el Barça, repitió el lado del clásico pero definió abajo, superando la estirada del guardameta.

El tanto hundió todavía más el duelo hacia las redes de los de Corberán y el Madrid disfrutó. Movió rápido la pelota, se asoció, intercambió posiciones y estuvo muy intenso en la defensa tras pérdida. En el 30, uno de esos movimientos lo aprovechó Güler para situarse sin marca en la frontal del área. Lo vio Bellingham al hueco, el turco tuvo pausa, vio a Mbappé en el área y le puso un balón medido para que el francés rematara cómodo el 2-0.

Bellingham, ante Santamaría, el sábado en el Bernabéu.

Bellingham, ante Santamaría, el sábado en el Bernabéu.EFE

Al Valencia le temblaban las piernas fruto de una delicada situación en la tabla, con nueve puntos en diez encuentros. Los pases no eran finos y llegaban tarde a muchos duelos. Como Thierry, que hizo penalti sobre Carreras en el 41. Un penalti de falta de concentración y de olvido del contexto. A pesar del error del lateral, Vinicius, obsequiado por Mbappé con el lanzamiento, envió el balón al cuerpo de Agirrezabala.

Se mantuvo el 2-0, pero sólo por un minuto, porque Bellingham se sumó a la fiesta con un disparo potente desde la frontal que sorprendió al portero y se coló por el lateral interno de la red. El inglés, en el tercer encuentro consecutivo marcando, mostró de nuevo que parece haber recuperado la chispa.

El gol, más allá del tópico, fue psicológico para todos. Alonso retiró del campo a Tchouaméni, con amarilla, y a Güler, con molestias en un tobillo, y dio entrada a Ceballos y Camavinga. El cambio llamaba a un fútbol de más control y así fue. Los blancos durmieron el duelo y las sustituciones del Valencia tampoco abrieron demasiado el partido. Al revés. El cuadro de Corberán firmó los tres de desventaja y quiso resguardarse para intentar algún contragolpe imposible que, claro, no sucedió.

Primer gol de un español

El partido se aceleró cuando quiso Vinicius, que protagonizó los mejores momentos de la segunda parte hasta que Xabi decidió enviarle al banquillo en el 79. Antes, había corrido por banda para asistir a Mbappé y a Bellingham, pero se encontraron con el portero.

A partir de los cambios de los dos delanteros, el Madrid y la noche vivieron en los pies de Rodrygo y Endrick, haciendo el joven brasileño su debut esta temporada entre rumores de una posible cesión en enero. Provocó una amarilla, fue intenso en los duelos y vio desde el área el golazo de Carreras por la escuadra desde el pico izquierdo del rectángulo. El primer gol de un español en el Madrid este año, que consolidó las sensaciones de un partido roto.

El Madrid aterrizará en Anfield con seis triunfos seguidos y con la moral en el cielo, consciente de que llega a una plaza que el curso pasado cimentó su techo definitivo en Europa. Eran otros tiempos. Otro entrenador y otro Madrid.

Un Valencia azotado por su enésima crisis sueña con otra gesta en el Bernabéu

Actualizado Viernes, 31 octubre 2025 - 22:05

El Valencia siempre ha sido mal enemigo para el Real Madrid, con partidos cargados de electricidad y polémica aunque los puntos se quedaran en el Bernabéu. Ahora, ni las sensaciones son esas. En abril, un cabezazo de Hugo Duro en el añadido, y un penalti fallado por Vinicius, hicieron que los valencianistas volvieran a ganar después de 17 años. Casi nadie cree en que la proeza se repita.

Este partido es el peor para la crisis que vive el equipo de Calos Corberán. No consigue el entrenador que rescató al equipo casi del descenso que este funcione. Dos puntos en cinco partidos y un juego que ha provocado la bronca de Mestalla. Con siete puntos, otra vez está en la cola de una clasificación muy apretada, se ha de reconocer, pero sin transmitir sensaciones de mejora. El equipo se ha acostumbrado a vivir sobre ese alambre por el que transita desde hace tres años. De hecho, de todos los que merodean por la zona de peligro, es el que más jornadas lleva con la luz roja: 27 en los tres últimos cursos.

«En el fútbol los resultados condicionan muchísimo las sensaciones y los análisis. La línea entre un resultado positivo y negativo es muy fina; sin embargo, las consecuencias a nivel de sensaciones, análisis e interpretaciones son muy dispares», argumenta Corberán, el artífice del milagro que parece haber perdido su don. El Valencia no sólo no gana, sino que su juego es pobre y los jugadores son un manojo de nervios. Eso, ante el Barça, le costó recibir un escandaloso 6-0 en el Johan Cruyff. Ante un Madrid con Kylian Mbappé afilado aún podría ser peor.

Un Madrid "más redondo"

Para el entrenador, la mano de Xabi Alonso se traduce en un equipo «más redondo» que aprovecha «la verticalidad, pero da pausa al juego y ataca más y mejor». «El hecho de que el Madrid use más pases antes de finalizar las acciones hace mas difícil que le puedas sacar contraataques», analizó el valenciano.

En sus 90 visitas a Chamartín, el conjunto che apenas pudo rascar 10 victorias y 14 empates, sin encadenar nunca dos triunfos consecutivos. Tras este duro compromiso completará el mes de noviembre con dos partidos en Mestalla: el domingo 9 ante el Betis (18:30 horas) y el viernes 21, después del parón de selecciones, frente al Levante.

Con esta acumulación de esfuerzos, el partido de esta noche representa un reto mayúsculo, porque el Valencia ni ha conseguido solidez defensiva ni fluidez en ataque . No arranca en colectivo que, con la marcha de futbolistas como Giorgi Mamardashvili, Ezequiel Mosquera, Enzo Barrenechea o Umar Sadiq tiene menos pólvora para resistir en el Bernabéu.

Vinicius, Xabi Alonso y el pulgar del emperador

Vinicius, Xabi Alonso y el pulgar del emperador

Spiculus fue uno de los gladiadores más populares de la antigua Roma y el preferido del emperador Nerón, que lo colmó de privilegios por sus victorias en la arena, aunque no todavía en el Coliseo, que se construyó con posterioridad. El controvertido Nerón no era ajeno a la popularidad del luchador entre los ciudadanos de Roma, que clamaban al emperador sobre el destino de sus víctimas. Pulgar abajo o arriba, suya era la decisión. Vinicius es un gladiador de los tiempos modernos en un coliseo que también tiene emperador, porque la figura de Florentino Pérez trasciende la de un presidente. La diferencia es que Vini no es un esclavo, sino una estrella a la que el emperador ha hecho sentir de ese modo, como Nerón, aunque sin ser el dueño de su destino. La estrella, desafiante, reclama el suyo por encima de su general, Xabi Alonso, y frente a un emperador que, de momento, recoge el pulgar, aunque conviene no olvidar que Roma no habría sido lo que fue sin sus generales.

Las disculpas de Vinicius a todos menos a su entrenador, algo muy explícito por omisión, es el gesto de un futbolista que ha interiorizado un sentimiento de impunidad frente a la autoridad del banquillo, porque la autoridad de verdad la observa en otra parte. No es algo nuevo en el Madrid, un equipo sostenido por el eje poder-talento, el poder del club y su presidente, y el talento de sus futbolistas, y donde el técnico ha sido siempre el eslabón más débil. Ajustarse a ese hábitat, a ese rol que Valdano calificó como "perfil bajo", aunque lo ejercieran nombres propios con Del Bosque, Ancelotti o Zidane, es un arte. Al Madrid le ha ido de maravilla con ese modelo, pero hay momentos en los que la situación exige un giro, un cambio, aplicar la 'ley del péndulo'. Eso trajo a Xabi Alonso, un entrenador joven, con un gran pasado como futbolista y un gran porvenir, pero un entrenador intervencionista. El dilema llega cuando la intervención afecta a la estrella.

La decisión de cambiar a Vinicius en el clásico admite debate, por supuesto, como todas las que toma un entrenador. Lo que no puede admitirlo es el principio de autoridad. El Madrid decidió no aplicar ningún tipo de correctivo al brasileño por su airada actitud en el momento del cambio. No fue únicamente una mala cara, fue un 'show' y una falta de respeto para su entrenador y el resto de jugadores. En el Bernabéu no gustan esos numeritos. Dos días después, el futbolista pide perdón por su actitud al madridismo, al club, sus compañeros y el presidente. Si Xabi Alonso se ve en alguno de esos colectivos, asunto zanjado. Si no, hay caso.

La actitud de Vini en el clásico demuestra que el jugador ha interiorizado una condición de intocable que no comparte el entrenador. El club le ha ayudado a creerla en el pasado, con decisiones como no acudir a la gala del Balón de Oro en la que fue premiado Rodri, al considerar que se trataba de una injusticia. ¿Si lo dice mi presidente, por qué no lo hace mi entrenador?, puede preguntarse Vini, que observa, además, a su lado el crecimiento de Mbappé, gol tras gol con la boca cerrada. Si el Madrid no reconduce su actitud, es difícil que lo haga si entorno, porque las estrellas, en general, carecen de masa crítica a su alrededor. Al contrario. Es el mal de los ricos, y los futbolistas lo son. Nadie les dice lo que no quieren oír por temor a perder su posición. Algo similar pasa con Lamine Yamal en Barcelona.

Xabi Alonso sabe de egos, después de una carrera de convivencia con la mayoría de los mejores, Cristiano entre ellos. También de entrenadores, mucho, tras cohabitar con los grandes de su generación. "He aprendido muchas de las cosas que hay que hacer y de las que no hay que hacer", suele decir. No todo está bien y no está dispuesto a negociarlo todo. Es un tipo de carácter, que acabó por enfrentarse a Rafa Benítez, no tuvo problemas en distanciarse de compañeros en el Madrid y la selección por entender que Jose Mourinho tenía cosas positivas, y fue el único de su sector que desafió a la Agencia Tributaria hasta el final. Vinicius, realmente, da menos miedo que Hacienda. Que los madridistas no lo olviden. Tampoco Vini, más expuesto que nunca ahora en el coliseo, y tampoco el emperador.

El Madrid, entre el apoyo a Vini tras un pronto "innecesario" y la gestión recta de Xabi Alonso: una relación por definir

El Madrid, entre el apoyo a Vini tras un pronto “innecesario” y la gestión recta de Xabi Alonso: una relación por definir

Durante la última década, Cristiano Ronaldo, Karim Benzema o incluso Luka Modric contestaron con alguna mueca a Zinedine Zidane o a Carlo Ancelotti cuando los entrenadores decidieron retirarlos del campo. Alguna palabra suelta, seguramente fea, aprovechando la diferencia de idioma, alguna protesta a sus ayudantes, varios minutos de enfado en el banquillo y, seguro, muchas discusiones internas. Pero ninguna, y eso que hablamos de tres futbolistas ganadores del Balón deOro, se acerca a la reacción de Vinicius Júnior el domingo por la tarde. Xabi Alonso decidió sustituirle en el minuto 72 del clásico contra el Barça y el brasileño, un volcán en constante actividad, erupcionó en el centro del Bernabéu.

«¿Yo? ¿Yo? ¡Míster! ¡Míster!», gritó desde el círculo central. Caminó realizando aspaviento hasta el área técnica, chocó la mano con Rodrygo y pasó, también gritando, al lado de Alonso. «¡Siempre yo! ¡Siempre yo! ¡Yo me voy del equipo! !Mejor me voy!», repitió, sin saludar a Alonso, que le decía, casi sin mirarle: «Venga Vini, hostias». El brasileño evitó el abrazo de Parrilla, primer asistente, y bajó las escaleras del túnel de vestuarios.

Luis Llopis, entrenador de porteros, fue a por él y unos minutos más tarde el delantero regresó al banquillo para ver los últimos instantes del partido, para encararse, como casi todo su equipo, con los jugadores del Barcelona en la tangana final, para abrazarse con sus compañeros y también con su entrenador, que en rueda de prensa prometió hablar internamente sobre el tema durante esta semana.

"Tiene ese pronto"

Todo eso fue el domingo por la tarde. El lunes amaneció con alegría en Chamartín tras el empujón anímico del clásico, pero también con cierto debate. Tanto en el club como en las redes sociales, donde los aficionados se posicionaban sobre la reacción de Vinicius en el cambio. Exagerada para unos. Lógica para otros, que no entendían la decisión del tolosarra de retirar a una de sus estrellas a media hora del final de un encuentro tan importante. En los despachos del Bernabéu la conversación fue más o menos similar, aunque con un mayor entendimiento a la forma de ser del brasileño, con el que están cada día y al que han defendido desde su llegada. Es un volcán, pero es su volcán. «Vini tiene ese pronto, pero también un gran fondo», aseguran, valorando que regresara al campo. Su reacción fue «innecesaria», admiten, pero varias fuentes consultadas por este periódico también creen que el cambio de Vinicius se realizó demasiado pronto y que el brasileño podía haber hecho daño al Barça en el tramo final. Eso no gustó.

Una sustitución que se entiende desde los plenos poderes que le ha dado el Madrid a Xabi Alonso, con todo lo que eso conlleva. El vasco es un entrenador que prima lo colectivo sobre lo individual y que tiene menos reparos que otros, como Ancelotti, en saltarse las jerarquías del vestuario, aunque esas jerarquías coincidan muchas veces con las del club. Y Vinicius es su gran ejemplo. El brasileño ha sido suplente en tres de los 13 encuentros de este curso y desde la llegada de Alonso, incluido el Mundial de clubes, sólo ha jugado los 90 minutos en tres de los 19 duelos.

Mbappé, al otro lado

Esos datos son los que molestan a Vinicius y a su entorno, que ve cómo Mbappé ha terminado ocho partidos y nunca ha sido sustituido antes del minuto 80. El mensaje de esa estadística es contundente: para Xabi, ya no están en escalones similares. El tolosarra quiere que el futbolista que actúe como extremo izquierdo trabaje en defensa y al único que no permite un esfuerzo constante hacia ambos lados es al francés, que de momento lo compensa con 16 goles en 13 partidos. En cuanto Vinicius sumó dos jugadas seguidas sin realizar un esfuerzo hacia atrás, entró Rodrygo.

El ex del Flamengo termina contrato en junio de 2027 y quiere renovar, pero las conversaciones están paradas desde hace tiempo, con cifras, en la oferta y en la demanda, que de momento están demasiado distantes. Vinicius es uno de los futbolistas preferidos por la dirección general del club, donde se valora su evolución desde que llegara con 18 años, pero en el cuerpo técnico ha ganado mucho más peso en menos tiempo la figura de Mbappé. Y el resultado de eso es claro: si en el césped no están el mismo escalón, tampoco lo estarán a nivel salarial.

Así que ahora, todavía en octubre, el Madrid dejará en manos de Alonso la gestión con el brasileño: no intervendrá ni multará al futbolista. «Xabi está preparado para gestionarlo». Vinicius, como el resto de la plantilla, disfruta de dos días libres hasta el miércoles y regresará a Valdebebas para charlar con Alonso.