El partido entre el Rayo Vallecano y el Oviedo, correspondiente a la jornada 23 de LaLiga EA Sports, ha sido suspendido debido a que "en el momento actual, el terreno de juego (del estadio de Vallecas) no reúne las garantías necesarias para la celebración del encuentro en condiciones de seguridad", informó LaLiga en un comunicado.
LaLiga destaca que el Rayo Vallecano ha realizado "importantes esfuerzos durante esta misma semana, acometiendo el cambio completo del césped del terreno de juego, con el objetivo de que el partido pudiera disputarse con normalidad".
"Sin embargo, las condiciones climatológicas adversas durante la ejecución de estos trabajos, así como las previsiones meteorológicas para las próximas horas, con continuidad de lluvias, han impedido que el césped alcance el estado óptimo necesario", detalla.
Durante todo este proceso, LaLiga ha estado monitorizando de manera constante las labores de mantenimiento y adecuación del terreno de juego, trabajando de forma coordinada con el club y realizando un seguimiento continuo de la evolución de las condiciones del campo.
Tanto el club como LaLiga han puesto todos los medios a su alcance para tratar de agotar todas las opciones de disputa del encuentro hasta el último momento.
Esta decisión de LaLiga de suspender el partido supone un nuevo capítulo con el estado del césped como protagonista. En las últimas semanas el técnico del Rayo, Iñigo Pérez, así como varios jugadores mostraron su disconformidad con el estado del terreno de juego declarando que "no es apto para un club de Primera" o calificándolo de "vergüenza".
Esas quejas provocaron que la directiva, antes de acometer una reforma íntegra del césped, tratase de buscar otra fórmula para solucionar el problema. Se decidió un tratamiento conservador que no funcionó en las zonas de las áreas y los laterales y, al comprobar que no había mejoría, se optó por cambiarlo por completo.
De conformidad con la normativa vigente, LaLiga informa que se establecerá un plazo para la presentación de propuestas de nueva fecha para la celebración del encuentro.
Las desdichas no tienen fin para André ter Stegen. Después de su cesión al Girona con el objetivo de volver a jugar regularmente, una vez recuperado de su última lesión, y no perder el tren del Mundial con Alemania, un nuevo infortunio vuelve a dejarle en el dique seco y con un peliagudo pronóstico.
Ter Stegen, de 33 años, sufrió una lesión en el isquiotibial izquierdo durante el partido de Liga contra el Real Oviedo, el segundo compromiso con su nueva camiseta. De este modo, se someterá a pruebas médicas complementarias para determinar el alcance de la lesión, según anunció el lunes el club rojiblanco. El germano notó molestias durante el partido, pero no le dio excesiva importancia, completando los 90 minutos de juego. No obstante, las primeras exploraciones hicieron saltar todas las alarmas y apuntan al quirófano.
Al margen de los servicios médicos del club gerundense, el jugador será examinado también por los doctores azulgranas, ya que es propiedad del Barcelona. En función del alcance de la lesión, el Girona podría plantearse renunciar al acuerdo de cesión. La circunstancia puede volver a abrir las puertas de la titularidad a Paulo Gazzaniga en el equipo de Míchel. El argentino había atravesado momentos de irregularidad en la portería, hecho por el que el Girona aceptó la cesión de Ter Stegen. Un contratiempo más en una dura temporada.
«me sabe muy mal por él»
Ter Stegen, que ya se perdió la primera mitad del curso por una lesión en la espalda, recaló en el Girona durante el marcado de invierno para tener minutos de cara al Mundial, porque Joan García es el titular indiscutible en el Barça para Hansi Flick.
Preguntado por la nueva lesión del guardameta durante la rueda de prensa previa al partido contra el Albacete, el entrenador del Barcelona le mostró su apoyo: «Me acabo de enterar ahora y no he hablado con Marc todavía, ni tampoco con Deco (director deportivo del Barça) sobre el tema. Pero me sabe muy mal por él. Hemos de esperar el resultado de las pruebas y a ver qué pasa», declaró Flick.
La sintonía entre ambos no había sido la mejor desde la llegada del entrenador, la pasada temporada. La inactividad de Ter Stegen debido a las lesiones hizo el resto, antes incluso del fichaje de García. La titularidad del ex portero del Espanyol no dejó lugar a la duda desde su llegada.
El Barça supo capear la tormenta. El conjunto azulgrana, en un partido en el que fue de menos a más, acabó por imponerse por 3-0 a un Oviedo que se plantó en el Spotify Camp Nou dispuesto a tirar sobre todo de garra en búsqueda de sumar algún punto que pudiera aliviar su más que delicada situación en la tabla.
Los barcelonistas, aprovechando esa presión incansable en tareas ofensivas que tanto le gusta a Hansi Flick, acabaron por ahogar los intentos del equipo carbayón con goles de Dani Olmo, Raphinha y Lamine Yamal que, además, les permitieron recuperar el liderato de Primera División.
Además, cargaron al máximo las pilas con vistas a un duelo frente al Atalanta en la Champions en el que se juegan sus opciones de colarse entre los ocho primeros de la fase de liguilla y esquivar así una eliminatoria previa a los octavos de final que todos los grandes prefieren ahorrarse. Si se ponen a ello como en la segunda mitad de su choque frente a los asturianos, hay pocas dudas de que tendrán serias opciones de conseguirlo.
Con Pedri lesionado, Flick apostó por recuperar para la causa a un jugador que llevaba mucho tiempo sin entrar en sus planes para la medular: Marc Casadó. Ante un Oviedo extremadamente físico, siempre dispuesto a ir al choque, la ocasión parecía venirle como anillo al dedo al de Sant Pere de Vilamajor, pero lo cierto es que el centro del campo barcelonista, donde formó con De Jong y un Olmo que entró aparentemente para darle algo de descanso a Fermín, no tuvo la paciencia necesaria para elaborar un poco más las jugadas.
El conjunto asturiano, de hecho, fue el que más acertó a encontrar el camino de la portería de un Joan García que casi se jugó el penalti en el añadido del primer tiempo. Una recta final en la que Raphinha, a su vez, lanzó un zurdazo con muy poco ángulo, bien repelido por Escandell, que fue la mejor opción de los locales para pescar un gol antes del descanso.
Martinez Munuera se fue a la caseta dejando decisiones incómodas para unos y otros. Y con el meta visitante recriminándole por haberle señalado una falta, por mano fuera del área, que la televisión se encargó de desmentir, pero que le costó una amarilla por sus protestas.
Presión efectiva
El partido amenazó con atragantársele al Barça en la reanudación pero, en apenas unos minutos, los azulgrana supieron sacar un excelente rédito de la presión en vanguardia que ejercen tanto Lamine Yamal como Raphinha.
El primero forzó un fallo en la salida de la zaga rival que Olmo se encargó de convertir en el 1-0, mientras que el segundo aprovechó un error de Costas para, con un toque sútil sobre Escandell, poner el 2-0 en el marcador. Con dos tantos de ventaja, los azulgrana buscaron echarle algo de cloroformo al duelo, pero sin renunciar al ataque.
Y en esas, llegó el 3-0, con un remate acrobático del de Rocafonda que dejó el partido, que acabó disputándose bajo un chaparrón auténticamente de época, prácticamente visto para sentencia. Con todo dicho, Flick pudo dar también descanso a varios jugadores que deberán ser determinantes el miércoles que viene en la Champions. Un partido en el que más les valdrá también salir con el cuchillo entre los dientes desde el primer minuto.
La imagen de Raphinha consolando a Hansi Flick mientras el técnico exhibía su tristeza en el banquillo tras la poco convincente victoria frente al Alavés se ha convertido en viral. Hay un agradecimiento recíproco de gran calado entre ambos. El brasileño ha alcanzado su máximo rendimiento como profesional de la mano del técnico. Flick ha encontrado en él su aliado más comprometido y fiable.
La mejor noticia del sábado fue el regreso a la titularidad de Raphinha. El brasileño es el jugador que mejor interpreta y aplica esa presión asfixiante hasta lo indecible que tan buenos resultados le dio al conjunto azulgrana en la primera temporada del alemán en su banquillo. Y, también por eso mismo, está llamado a ser determinante en el duelo frente al Atlético que los barcelonistas disputan esta noche a las 21.00 (Movistar) en partido adelantado de la decimonovena jornada de Liga por la disputa de la Supercopa de España entre el 7 y el 11 de enero del año que viene.
En el campo, una vez superada ya la lesión que lo tuvo de baja durante casi dos meses, Raphinha exhibió a partes iguales ese perfil a veces un tanto anárquico con el que busca romper el orden de las defensas rivales como su capacidad para morder al adversario cuando este tiene el balón en sus botas con el objetivo de recuperarlo lo antes posible.
Seis partidos ausente
Raphinha sufrió una lesión en el bíceps femoral del muslo derecho el pasado 25 de septiembre, en el partido de Liga disputado en el Carlos Tartiere frente al Oviedo. En principio se estimaba que su baja sería de unas tres semanas, pero tuvo varias recaídas, en parte debidas a su propia ansiedad por regresar cuanto antes, según él mismo admitió. Se perdió seis partidos del torneo, entre ellos el del Sánchez Pizjuán, donde el Barcelona salió goleado frente al Sevilla (4-1) y el jugado en el Santiago Bernabéu, también saldado con derrota, 2-1. Su progresiva incorporación al equipo es una noticia esperanzadora para Flick en su deseo de recobrar el espíritu del colectivo la temporada pasada.
El brasileño confesaba ante las cámaras de DAZN que a veces se vuelve demasiado insistente a la hora de recalcarles al resto de jugadores que le acompañen en la presión. «Hay muchos momentos en los que mis compañeros pensarán que hablo demasiado, que soy un pesado, que les exijo mucho, pero así soy yo: exijo a las personas que sé que pueden dar mucho más», comentaba tras la victoria frente al Alavés.
Con números exorbitantes en el último curso, en este ejercicio ha disputado ocho partidos, seis como titular. Suma tres goles, tres asistencias y 15 disparos a portería. Menos cuantificable es su despliegue físico y su capacidad para tirar continuos desmarques. Dentro de lo intangible se encuentra su capacidad para revitalizar el compromiso de un grupo amenazado por la tentación de aburguesamiento y por la fractura de los egos, sobre la que ya alertó Flick.
Noche de récords en el Metropolitano. Empezó y terminó festiva. Efemérides, trofeos, rachas y resultado, ¿qué más se puede pedir? Los rojiblancos son el único equipo en 95 años que han inaugurado el marcador en las primeras catorce jornadas. Oblak es el único portero con seis zamoras y Koke es un hombre récord en sí mismo. Fue un partido plácido para todo el mundo, incluido el atormentado Sorloth, que muchas veces necesita cuatro ocasiones para hacer un gol y ante el Oviedo convirtió dos de tres. [Narración y estadísticas, 2-0]
Había incertidumbre en el Metropolitano tras los ocho cambios que ordenó Simeone del once del Inter. Julián y Giuliano, las dos mayores armas ofensivas de este equipo, fuera. No se les echó en falta. El martillo noruego, en su conexión con Hancko, se valió para encontrar un duelo plácido ante el colista, que no había ganado en sus últimos siete encuentros. El Atlético llevaba casi la racha contraria, seis seguidos venciendo. La quiniela parecía clara.
Bastaba ver los primeros 45 minutos de partido para preguntarse por qué Marc Pubill apenas había dispuesto de los minutos de la basura hasta esta jornada 14 de Liga. El lateral de Terrassa, ayer central derecho, es intenso, fuerte, potente y anda siempre bien colocado. Ante el Inter se proyectó más en ataque ya que salió para buscar el duelo y por el carril derecho, aquí le tocó bailar con Viñas y Rondón, y cumplió con nota.
También lo hizo Nico, cuya pareja, Hassan, era, a priori, la más complicada. La energía del argentino es muy del gusto de Simeone y del Metropolitano. No ceja en su empeño tanto defensivo como ofensivo. Secó al francés y no será porque el 10 del Oviedo no lo intentara y sus compañeros le buscaran insistentemente. No fue la noche del peligroso extremo azulón.
A quien se le vio algo apagado aunque sacaba la varita cada vez que retrasaba su posición es a Cazorla. El ovetense tiene algo en esas botas que no tienen muchos futbolistas actuales: teledirige los balones. Puso uno a Viñas y otro, precisamente, a Hassan, que a punto estuvieron de costar un disgusto a un frío Oblak. Lo hizo, eso sí desde lejos, los rojiblancos le asfixiaban cada vez que se acercaba a su área. Salió con una merecida ovación.
La segunda mitad empezó extraña. El Atlético se sentía tan superior que dio un paso atrás para esperar las contras de Giuliano, que había salido por Baena y tardó casi 10 minutos en salir de su campo. Lo hizo cuando Griezmann bajó el cuero y lo movió con criterio. Y con el primer susto de Sorloth volvieron las tornas a su punto inicial, aunque con menos presión rojiblanca que la del primer tiempo.
Para apuntalar la victoria, Simeone puso en el campo a Barrios y a Julián, probablemente titulares ante el Barça el próximo martes. El equipo dio un paso adelante, no para tirar cohetes, pero al menos para no sufrir por algún susto que le pudiera dar el equipo de Carrión de cara al final. Y eso que sería raro, no es sólo el equipo menos goleador de Primera, con siete, es que en 10 duelos se ha quedado sin marcar.
Fue un segundo tiempo ramplón, conservador y con un Oviedo incapaz de hacer daño. El Atlético contemporizó, siempre lejos de Oblak. Ni siquiera apareció la electricidad de Giuliano, algo fallón en las entregas y más pendiente de su labor defensiva que de atacar el espacio, aunque encontró una contra en la que le habilitó Barrios, pero falló ante Escandell, uno de los mejores porteros de la categoría.
Final tranquilo
Julián, en cambio, se movió cómodo entre líneas, pero claro, nadie ocupaba el espacio del 9 en el que antes habitaba Sorloth. Conclusión, el estadio, en el que de presentaron 61.000 almas en una noche gélida en Madrid, se fue vaciando paulatinamente a diez minutos del final. Los valientes, muchos del Oviedo que quisieron disfrutar de la vuelta de su equipo a la máxima categoría en un gran escenario, cantaban para calentar el cuerpo y la garganta.
Simeone despidió el partido sacando a Giménez, el héroe ante el Inter, por Nico, desfondado. Había poco que rascar a este partido. Los récords habían sido antes y luego quedaba la resaca. El Oviedo se mete en un lío y el Atlético sigue feliz.
No es difícil imaginar la historia de un niño humilde que sueña con ser futbolista y jugar en los mejores equipos del mundo. Y el relato de Fede Viñas (Montevideo, 1997), claro, empieza parecido. Disfrutando del balón por las calles de Villa del Cerro y progresando en el fútbol base hasta que un día, con 13 años, algo se rompió por dentro. "Me decía a mí mismo que estaba siendo egoísta, porque tal vez otro niño que tenía más ganas que yo podría estar en mi lugar ya que yo no estaba dando lo mejor de mí para ser futbolista", revela a EL MUNDO el hoy delantero del Oviedo.
Fede dejó el fútbol y el colegio y comenzó a repartir comida por Montevideo junto al padre de un amigo. "Era muy feliz, es una etapa que siempre voy a recordar porque trabajando podía darme mi lujito de, no sé, comprarme ropa", confiesa para quitar hierro a una decisión de la que no se arrepiente, pese a lo que se pueda pensar de alguien con su talento. Hablamos de un futbolista de Primera División e internacional con la Uruguay de Marcelo Bielsa y que esta noche se enfrenta al Atlético del Cholo un equipo que siempre bancó.
Un día, sentado en la calle tomando un mate con el amigo con el que repartía comida, éste le dijo: "Fede, ¿por qué no vuelves al fútbol?". Fue una pregunta muy inocente entre compadres de 17 años que se pasan la vida hablando de cualquier cosa. "Era una etapa que veía cerrada y yo ya me veía como currante", responde Viñas. Pero esas palabras se le quedaron dentro y empezaron a rebrotar, poco a poco, sus sueños de niño cuando pateaba para el Liverpool, no el inglés sino el uruguayo.
Se fue junto a su amigo a la casa de Jorge Contreras, el Loco, para preguntarle si tendría hueco en su equipo. El ex portero uruguayo les dijo que no, pero les habló de otro en el que quizás sí habría plaza, aunque tocaba empezar en la segunda categoría amateur. En apenas 18 meses, Viñas, que se reincorporó al deporte con 95 kilos de peso, ya estaba jugando en Primera División uruguaya en el Juventud de las Piedras. "Uno no se olvida de ser futbolista, aunque se separe del deporte, cuando se nace con eso no se pierde", apostilla.
El delantero, antes de un entrenamiento.Real Oviedo
Terminado el paréntesis, la cabeza de Fede ya nunca se quiso volver a apartar del fútbol. "Empecé otra vez y me gustó. Volví a ser ese niño chiquito. Es lo más lindo", revela sobre la ilusión de practicar algo con lo que nació pese a que muchas veces, las derrotas, "hacen que el humor cambie". Y por desgracia, este año toca perder mucho para este jugador que se declara "un ganador". "No sólo del fútbol, sino de la vida, con todo lo que me pasó, las lesiones, el tendón de Aquiles, perder una Copa América, eso me hizo más fuerte, y bueno, yo no quiero estar en la situación que estamos, últimos, ninguno de mis compañeros quiere", revela.
El Oviedo es colista con dos victorias, tres empates y ocho derrotas y, lo más preocupante, sólo siete tantos a favor, el que menos de Primera . "Obviamente recae en los delanteros, porque son los que tienen que hacer los goles, pero el equipo también debe atacar bien para poder finalizar". Considera que quizás les está faltando "una cuota de suerte": "Cuando se dé la victoria todo puede cambiar, romper esa barrera, y quizás coger una racha para salir del descenso. Es lo que queremos todos, para seguir con más ganas", apunta el uruguayo.
Giro de guion
Hubo un momento esta temporada que no se olvida en Oviedo y es cuando el club prescindió de Veljko Paunovic, el entrenador que devolvió al equipo a Primera tras 24 años en el lodo, por Luis Carrión. Una decisión "inesperada" para Fede. "La mayoría de las veces cuando viene un técnico nuevo se renuevan las oportunidades, todos se quieren mostrar y a veces quizás se necesite un golpecito de eso, pero bueno, es injusto", explica el delantero.
Ahora el equipo está centrado en remar junto a su entrenador para salir de la zona peligrosa y evitar que una ciudad como Oviedo vuelva a ver a su equipo en Segunda. "A mí y a mi familia nos gusta mucho, siempre lo vamos a tener en nuestro corazón, por el nacimiento de nuestra bebé". Victoria, la hija de Fede, está a punto de cumplir un año y a su padre no le importaría que siguiera sus pasos. "Sería lindo", destaca y mantiene que él ha disfrutado mucho de su camino y que no cambiaría absolutamente nada. "Yo creo que no, porque si cambio algo no estaría donde estoy hoy en día, todo pasa por algo y estoy feliz del camino que estoy recorriendo tanto en la vida como en el fútbol", apunta este joven de 27 años que el fútbol consiguió reengancharle para reconvertirle en niño.
En junio de 2011, un chaval de la cantera del Valencia publicaba en su cuenta de, entonces, Twitter: «Portero menos goleado barrio del Cristo». Nadie imaginaba que aquel juvenil que salió de la Ciudad Deportiva de Paterna para trotar por el mundo sería un muro de LaLiga en 14 años después. No es el menos goleado —su equipo es el segundo que más encaja—, pero sí el guardameta con más paradas de las cinco grandes Ligas. A Aarón Escandell (Carcaixent, 1995) los focos le han llegado a los 30 años, cuando sus números han empezado a deslumbrar en el Oviedo, el recién ascendido al que le han marcado 14 goles, pero él ha evitado que fueran muchos más. En ocho partidos, ha parado el 74,1% de los tiros entre los tres palos que ha concedido el equipo de Paunovic, 40 de 54, y ha atajado un penalti, a Danjuma en Mestalla. Su promedio refleja que evita 5,13 goles por partido. Como carbayón, renovado hasta 2027 hace apenas unas semanas, ha encontrado su lugar en el mundo en Asturias.
Aarón se había quedado muchas veces con la miel en los labios. Empezó a dar pasos valientes cuando se marchó a Málaga, aquel equipo de Champions con Bernd Schuster en al frente. Jugaba en el filial en tercera, «pero entrenaba con Kameni y Willy Caballero, y en los partidos con el Milan o el Borussia Dortmund hacía de recogepelotas detrás de la portería», reconocía en una entrevista tras el ascenso.
Sin posibilidad de instalarse en el primer equipo, se marchó a Granada. Allí tuvo de cal y de arena. Con Rui Silva creció, tanto que Diego Martínez le dio la titularidad en la Copa del Rey de 2020... y en semifinales se la quitó. «No jugué contra el Athletic y, a cambio, me hizo debutar frente al Atlético en el Metropolitano y el Granada ganó 0-1», recordaba. En Los Cármenes debutó también en la Europa League contra el PAOK, pero la llegada de Robert Moreno le fue relegando al banquillo. Un error ante el Barça que les eliminó de la Copa pesó en su ánimo y le costó la titularidad para un técnico con el que nunca se entendió.
Un paso atrás para impulsarse... con Carrión
«Los porteros nos hacemos no solo entrenando, sino jugando, con la presión de los campos», recuerda el guardameta, que, con el descenso del equipo nazarí, decidió entonces dar un paso, esta vez hacia atrás. Se enroló en el Cartagena de Luis Carrión, en Segunda, donde fue una pieza imprescindible para un equipo que llegó a pelear por colarse en las plazas del ascenso. Eso llamó la atención de la UD Las Palmas, pero la experiencia en Canarias tampoco salió como esperaba. Solo jugó tres partidos. Fue entonces cuando apareció el Oviedo, que se había quedado a las puertas del ascenso. El primero que le empujó a firmar fue Luis Carrión, justo quien hace pocos días vuelve a ser su entrenador. No coincidieron antes porque el técnico catalán acababa de dejar el Tartiere justo para hacer el camino inverso hacia Las Palmas, aunque allí estaría poco tiempo. El relevo en el banquillo fue Javi Calleja, que le aportó toda la confianza para acabar disputando 45 partidos en los que acabó promediando casi tres paradas por partido y atajó dos de los nueve penaltis que le chutaron.
El aterrizaje en Primera no está siendo fácil para el Oviedo, que vive en la parte baja de la tabla con solo dos victorias en ocho jornadas. La estadística le deja como equipo que menos goles ha marcado, solo cuatro, y como segundo máximo goleado con 14, solo superado por los 17 que ha encajado Gazzaniga en el Girona. Eso supone que recibe una media de 1,75 tantos por partido, lo que le hunde hasta la duodécima plaza en el Trofeo Zamora.
Sin embargo, es la labor de Aarón la que hace que la cifra no sea más escandalosa por su porcentaje de paradas, que ha superado al de Courtois, Oblak o al propio Joan Garcia, antes de la lesión, en este arranque de campeonato. De hecho, está a mucha distancia de sus perseguidores en LaLiga que son Herrera (Osasuna), Agirrezabala (Valencia) y Dmitrovic (Espanyol).
El Real Oviedo destituyó el jueves a Veljko Paunovic, entrenador que consiguió el curso pasado el ascenso a Primera División 24 años después, pero que en las primeras ocho jornadas de Liga ha sumado dos triunfos y seis derrotas. El serbio se convierte en el primer técnico despedido esta temporada en Primera. El Oviedo negocia con Luis Carrión para sustituirlo.
Paunovic, que tenía contrato hasta el 30 de junio 2026, deja de ser entrenador del conjunto de la capital del Principado y de igual manera el cuerpo técnico que lo acompaña también finaliza su vinculación con la entidad carbayona, informó el club controlado por el Grupo Pachuca mexicano.
El Real Oviedo expresó su agradecimiento a Paunovic y a su cuerpo técnico «por su profesionalidad, compromiso y dedicación durante su etapa al frente del equipo», informa Efe. «Bajo su dirección, el Real Oviedo logró el tan ansiado ascenso a Primera División, un éxito histórico que quedará para siempre en la memoria del oviedismo», resaltó la entidad.
Fuera del descenso
En este inicio de curso en Primera División, el Real Oviedo ganó a la Real Sociedad, en casa, y al Valencia, a domicilio, y perdió frente al Villarreal, Real Madrid, Getafe, Elche, Barcelona y Levante. Con estos resultados, el equipo azul ocupa la decimoséptima plaza la tabla, fuera de los puestos de descenso.
Paunovic y su cuerpo técnico (Claudio Arzeno, Quinton Fortune y Nuno Miguel Gomes) aterrizaron en la capital del Principado a finales de marzo de 2025 y se marchan del club tras 11 victorias, cuatro empates y siete derrotas. Consiguieron el ascenso en un final de temporada brillante, sin perder un partido en las últimas 10 jornadas y eliminando en el playoff al Almería y al Mirandés.
Un minuto le bastó al Oviedo para desnudar a un Valencia obtuso, que solo jugó a ráfagas, sin acierto, ni de penalti, y con falta de mucha calle. Como si fuera el recién ascendido. Se le escaparon entre los dedos tres puntos por errores groseros defendiendo un balón parado, del que se aprovechó Ilic, y permitiendo la carrera a la espalda de la defensa del veterano Salomón Rondón. Dos zarpazos que provocaron los pitos de una afición desesperada. [Narración y estadísticas: 1-2]
Se relamió Mestalla cuando, en solo cuatro minutos, su equipo tomó ventaja con un picotazo de muchos quilates. Danjuma, de media bolea, cazó un centro que el diablillo Luis Rioja se sacó dentro la línea de fondo bregando con la defensa carbayona. Apenas había pasado el balón por las botas valencianistas, pero el brillo de su estrella auguraba una noche plácida, despejada como el cielo tras la tormenta. En la grada se frotaron las manos cuando otra vez el neerlandés, esta vez asistido por Gayà al primer palo, forzó a Aarón a mantener con vida al Oviedo. Sin embargo, las expectativas murieron muy rápido. El Valencia ya no volvió a tener una ocasión clara antes del descanso.
Si bien es cierto que el Oviedo no encontró balón en los primeros 15 minutos, condenado a perseguir sombras, también lo es que poco a poco se acercó al área de Agirrezabala y, sobre todo, fue capaz en su pelea hombre a hombre, de ganar todos los duelos a un Valencia que parecía desbravado tras el gol. No se encontraban los de Corberán, dubitativos e incapaces de dar un paso al frente que les devolviera el control.
Así, entre los remates de Federico Viñas y hasta del lateral Lucas, comenzó en runrún en Mestalla, que poco tardaron en convertirse en pitos. Demasiada debilidad estaba mostrando el Valencia, que solo se estiró una vez más con una carrera por la orilla izquierda de Danjuma para sentar a Hassan y a Lucas sin que su centro encontrara rematador. Tanto creció el Oviedo que fue Paunovic quien se echó las manos a la cabeza cuando Colombatto forzó a Agirrezabala en la mejor ocasión para los asturianos al filo del descanso.
Como si no hubieran pasado por vestuarios, el partido regresó con el mismo guion. El Oviedo se volcaba buscando el empate y encontrando la manera de provocar que todo el estadio se desesperara con los errores que iban acumulando sus jugadores. El banquillo lo detectó y rompió esa dinámica reforzándose. En el centro del campo con Pepelu y en la banda con Diego López, además de Lucas Beltrán para apretar en ataque. El Valencia volvió a dominar a su antojo, sin prisas... y con poca claridad. Al Oviedo le quedó un centro-chut cruzado en exceso de Brekalo. Justo lo mismo que hizo Danjuma cuando Diego López lo dejó mano a mano con Aarón.
Errores groseros
Que no iba a ser una noche cómoda para los valencianistas quedó claro cuando hasta Danjuma falló desde el punto de penalti. El VAR avisó a De Burgos de un codazo en el cuello a Diakhaby y el neerlandés le pidió a Pepelu, con el balón agarrado, ser él quien se plantase ante Aarón, que le adivinó el lanzamiento en el minuto 74. El Valencia solo tenía que agarrarse y defender su marcador ante un equipo que había marcado dos goles en siete partidos, pero no lo hizo. Lo peor acababa de empezar. En un minuto, el Oviedo se metió los tres puntos en el bolsillo.
Fue primero Ilic en el que, tras un saque de esquina que Rondón cabeceó para meterlo en el área pequeña, cazó de rebote el mal despeje de Santamaría para empatar el duelo. Al marcador le dieron la vuelta los asturianos robándole la pelota a Gayà -desde entonces pitado- por intentar un mano a mano en el lateral de su área sin que De Burgos viera falta. La pérdida provoca que el Oviedo lance una contra perfecta para que su veterano delantero venezolano se fajara con Tàrrega y tumbara al Valencia.
Cuando Francisco Portillo (Málaga, 1990) controló el balón con la rodilla en el minuto 103, todo el mundo sabía lo que iba a ocurrir. El malagueño es como el rayo de luz que encuentras en medio de una tormenta que dura 24 años. Es un valor tan seguro como que el cielo es azul. Ayer más que nunca. Tardó el balón en botar dos descensos e innumerables desgracias, pero cuando el centrocampista lo empaló en un medio giro eterno, Raúl Fernández supo que su estirada iba a ser inútil. No se puede evitar el destino.
Portillo aterrizó en el Oviedo en noviembre del año pasado. Llegaba el malaguista libre, después de no encontrar equipo tras dejar el Leganés. "Estoy en una edad en la que quería dar un paso seguro y cuando salió Oviedo no lo dudé", dijo el jugador en su presentación. Llámenle cábala, casualidad o como quieran, pero cuando Roberto Suárez le firmó, el director deportivo sabía que compraba todas las papeletas para el sorteo de Primera. Todas. No existe futbolista que haya protagonizado cinco ascensos seguidos. Cinco.
Real Betis (2014-15), Getafe (2016-17), Almería (2021-22) y el citado Leganés (2024-25) han sido los clubes que le deben ese favor al futbolista de la ciudad del Sol. Tres ascensos directos y dos a través de playoff (Getafe y Oviedo), en unos con más y en otros con menos protagonismo, pero no cabe duda de que en la capital asturiana recordarán siempre a este joven centrocampista que puso fin al calvario del Oviedo. Un gol llevaba en 23 partidos hasta aquella noche del 21 de junio donde paró el reloj en el minuto 103 de partido y también los corazones de Miranda y Oviedo. Unos de tristeza, otros, de alegría.
Amigo de Santi Cazorla desde la época del Málaga, donde jugaron juntos, la carrera de ambos centrocampistas ha sido desigual, pero sus caminos y sus tantos, el 8 también anotó de penalti para empatar el partido en el Tartiere, se han vuelto a unir para aupar al Oviedo a Primera División después de que cayera de la máxima categoría en 2001, con Radomir Antic en el banquillo y Veljko Paunovic, su hoy entrenador, en el campo.
Otro que coincidió con Portillo fue César de la Hoz. Ambos jugaron juntos en el Almería, al que ascendieron, y luego el cántabro lo hizo en el Valladolid. ¿Adivinan qué consiguió también con el conjunto pucelano? Efectivamente. Si Portillo lleva cinco, De la Hoz suma tres con el de ayer. Si el Oviedo necesitaba de algo más que fútbol, con estos jugadores lo tenía sobradamente. Pero el centrocampista del Oviedo es el único que suma tantos. Hasta ayer, compartía esa suerte con otro malaguista como Antonio Benítez, con cuatro, aunque éste siempre con el Málaga CF.
Especialmente emotivo fue el abrazo de Portillo con Veljko Paunovic, el entrenador que tenía una deuda con la entidad tras el drama de Mallorca hace 24 años. Las vueltas que da el fútbol y las posibilidades de revancha. El serbio sustituyó en marzo a un Calleja que no terminó de dar con la tecla con el conjunto carbayón. En los 14 partidos que ha dirigido a los blanquiazules acumula nueve victorias, cuatro empates y sólo una derrota. Precisamente en el partido de ida ante el Mirandés en esta final por el ascenso. No habrá a estas horas nadie en Oviedo que se acuerde de lo que pasó en Anduva hace tan sólo una semana. ¿Por qué deberían? "Dios da las misiones más difíciles a su gente más dura", es el lema que el entrenador le había puesto a sus futbolistas bajo sus camisetas. No son gente dura, son "héroes" los jugadores del Oviedo como les llamó su técnico en la rueda de prensa posterior.
Concentración total
"Entendieron que en estos momentos tenía que dedicarme a algo que es más grande que todos nosotros. Cumplir y reparar un daño emocional más allá que el deportivo y profesional", contaba Paunivic quien ha estado estos tres meses viviendo junto a su cuerpo técnico en la misma casa y sin ver a su familia más que digitalmente.
El daño sufrido en Mallorca está reparado gracias a Portillo, a él y a quienes ya no están como Dubovsky o Antic, a los que el serbio también ha querido dedicar esta hazaña. El Oviedo es de Primera 24 años después.