El centrocampista croata del Milan Luka Modric fue operado este lunes con "éxito" de la fractura del pómulo izquierdo que sufrió durante el partido del domingo contra la Juventus de Turín, según informó el club milanés.
En un comunicado, el Milan da por concluida la temporada del croata en la Serie A antes del final oficial, el próximo 24 de mayo. "El club le desea una pronta recuperación de cara a la Copa del Mundo", reza la nota.
Modric sufrió el domingo una fractura en el pómulo izquierdo durante el partido contra el Juventus que le ha obligado a pasar por quirófano a sólo mes y medio del inicio del Mundial. La operación fue "un éxito total", según el club milanés.
"El AC Milan comunica que, en el día de hoy, Luka Modri ha sido sometido a una intervención quirúrgica en la Clínica La Madonnina de Milán. Ha sido necesario intervenir quirúrgicamente para tratar una fractura compleja multifragmentaria del hueso cigomático izquierdo", informó.
"La operación, realizada por el equipo del doctor Luca Autelitano en presencia de los médicos del AC Milan Stefano Mazzoni y Andrea Bulgheroni, ha sido un éxito total", añadió.
Modric tuvo que ser sustituido en el minuto 79 del partido contra la Juve después de un choque cabeza contra cabeza en la disputa de un balón con el italiano Manuel Locatelli que le dejó visiblemente aturdido sobre el césped de San Siro.
La lesión de la leyenda croata, Balón de Oro en 2018, se produce a mes y medio del inicio del Mundial de Estados Unidos, México y Canadá, el que sería el quinto de Modric tras los de Alemania 2006, Brasil 2014, Rusia 2018 y Catar 2022.
Tras quedarnos sin acudir a México 1970, la Federación, presidida por José Luis Pérezpayá (ex futbolista de cierto fuste conocido como Pérez Payá, que una vez en el cargo decidió unir sus apellidos), contrató como seleccionador a Ladislao Kubala, leyenda de nuestro fútbol en los cincuenta. Húngaro, fugado del comunismo, emblema del régimen y del Barça, jugador legendario y ahora entrenador entusiasta y locuaz («chicos bien, moral óptima», era su latiguillo favorito). Entró en 1969, con la eliminación para México 1970 ya consumada, y se estrenó con un España-Finlandia patriótico, en La Línea de la Concepción, con el Peñón al fondo. Tuvo excelentes resultados al principio, sobre todo una gran victoria ante Alemania en Sevilla y otra sobre Italia en Cagliari. Pero pinchó en el intento de asalto a la Eurocopa 1972: nos eliminó la URSS, ganándonos en Moscú y empatando en Sevilla con un sensacional partido de su meta Rudakov.
Ahora tocaba el asalto a Alemania 1974, que reuniría a 16 selecciones. El sorteo nos colocó en el grupo VII de la zona europea, con Grecia y Yugoslavia como rivales. Grecia no era gran cosa. Aunque el Panathinaikos había llegado, con Ferenc Puskás como entrenador, a la final de la Copa de Europa de 1971 (cayó ante el Ajax de Johan Cruyff), su selección ocupaba el puesto 23 en Europa, según el ránking del respetado periódico L'Équipe. Otra cosa era Yugoslavia, país hoy desmenuzado en Eslovenia, Croacia, Serbia, BosniaHerzegovina, Montenegro, Kosovo y Macedonia del Norte. En aquel tiempo era una potencia deportiva en muchas especialidades, entre ellas el fútbol, y tenía a uno de los mejores jugadores del continente en ese momento, el extremo izquierdo Dragan Daji. Desde el inicio estaba claro: eran ellos o nosotros.
Empezamos mal: un 2-2 el 19 de octubre de 1972 en el Estadio Insular de Las Palmas. Se buscó en Canarias un clima supuestamente incómodo para los yugoslavos, pero a Kubala se le ocurrió la «genialidad» de colocar como delantero centro a Marcial, un exquisito centrocampista, para nada adaptable a esa posición. Yugoslavia nos ganaba 1-2 en el minuto 90, había estrellado un tiro en el palo... pero en el descuento un gol salvador de Asensi palió el desastre. La visita de Grecia a Yugoslavia, el 18 de noviembre, se saldó con victoria yugoslava, 10, sin mucha más historia.
El 17 de enero de 1973 España visita a Grecia sin margen de error. Kubala dispone partidos en los campos del San Andrés y el Sabadell, de tamaño similar al Nikolaidis de Atenas, y ordena que no se riegue el césped, en previsión de lo que encontraríamos allí. El partido se juega a las dos de la tarde y lo ganamos 2-3 gracias a una tarde gloriosa del extremo valencianista Óscar Rubén Valdez, que marca dos goles y tres cuartas partes del otro. Grecia nos devuelve visita el 21 de febrero, en La Rosaleda malagueña. Ganamos 3-1 sin problemas.
La visita a Zagreb
Pero arrastramos el empate inicial y ahora hay que visitar a Yugoslavia. Se juega el 21 de octubre en el Maksimir de Zagreb, estadio del Dinamo, a reventar, y con un despliegue de bengalas y carracas desconocido aquí. En las repletas gradas se perciben pequeños grupúsculos de españoles. España hace su mejor partido del grupo, tiene varias ocasiones y hasta un tiro al poste. Termina 0-0, con lo que compensamos el ya lejano 2-2 del Insular.
Sólo queda la visita de Yugoslavia a Grecia y las cuentas son claras: si Yugoslavia pierde, empata o gana por un gol de diferencia, España irá al Mundial. Si gana por tres o más, se habrá clasificado. Si gana por dos, habrá que jugar un Yugoslavia-España de desempate, en fecha y lugar a concertar.
Sospechas en Atenas
El Grecia-Yugoslavia se juega el 19 de diciembre de 1973 en el Karaiskakis de Atenas. Las vísperas son asfixiantes, llenas de rumores y sospechas contra los griegos en general y su portero en particular, Kalassidis, de los que se insiste en que están vendidos. Las revistas Barrabás y Fútbol In publican que el presidente y el secretario de la Federación, PérezPayá y Andrés Ramírez, viajan con un maletín de 30.000 dólares, equivalentes a 1.500.000 pesetas, para contrarrestar la supuesta oferta de los yugoslavos al portero y a su figura, Domazos. A saber. También viaja Kubala, que lo presenciará junto a Puskas. El partido es a las dos menos cuarto de la tarde, de nuevo la hora de la comida, y nos sentamos a verlo con la impotencia del que ha puesto su vida en manos de otros, o del azar, que nunca se sabe lo que es peor.
El desánimo ha cundido tanto en Grecia que el aspecto del campo es desolador: de los 45.000 asientos sólo están cubiertos 6.000, un tercio de ellos por yugoslavos. Al cuarto de hora Yugoslavia gana 0-2. El meta local, Kalassidis, parece transparente. En España muchos apagan la tele, en la seguridad de que estaba vendido y se iba a llevar un carro. Pero Yugoslavia amaina su avalancha inicial, Grecia reacciona, marca el 1-2 sorprendiendo a Mari, cegado por el sol; luego es expulsado el delantero centro yugoslavo Duan Bajevi por una agresión, y Yugoslavia encaja otro gol al borde del descanso. Así que 2-2 y Yugoslavia con diez para todo el segundo tiempo. Ya está. Los desertores vuelven a encender el televisor. Quizá mejor que no lo hubieran hecho.
Yugoslavia se crece: en el minuto 62, un jugadón de Aimovi acaba tras varios rebotes en gol de Surjak. Luego aprieta. Los minutos van pasando a nuestro favor con exasperante lentitud: 83, 84, 85, 86, 87, 88, 89... Y en el último suspiro, a 15 segundos del pitido final, una volea de Karasi bota en el suelo y se cuela: 2-4. Habrá desempate.
El seleccionador griego, Alketas Panagoulias, se indignó: «Es una vergüenza. Yo envié al campo a once futbolistas distintos de los que he visto después», y dimitió, anunciando que no quería saber nada más del fútbol griego. El país quedó abochornado por la sospecha de venalidad en todos o algunos de sus futbolistas; el Gobierno abrió una investigación, los jugadores fueron multados con 800 dólares por cabeza y se anunció que la mayoría de ellos no volvería a la selección nacional.
El desempate, en Frankfurt
Pero había que desempatar, en suma. Era lo que había. Yugoslavia quería hacerlo enseguida y en Grecia; Kubala se negó por no preparar el equipo a toda prisa. España propuso enero, pero Yugoslavia hacía pausa invernal... Al final decidió la FIFA: 13 de febrero de 1974, en Frankfurt, la misma ciudad en que cuatro meses exactos después tenía que albergar el partido inaugural, que enfrentaría a Brasil, campeón vigente, contra, precisamente, el ganador de ese partido. Las agencias de viajes publicitan sus ofertas: «Tres días, del 12 al 14 de febrero, vuelo regular de Iberia, habitación con baño, traslados. Entrada al campo en tribuna cubierta». Todo pagadero en plazos mensuales de 1.290 pesetas.
El 31 de enero Kubala da una lista de 22 futbolistas: Iribar, Reina y Deusto; Sol, Gallego, Benito, Jesús Martínez, Capón y Uría; Costas, Juan Carlos, Claramunt, Pirri, Asensi y Marcial; Amancio, Rexach, Gárate, Quini, Galán, Valdez y Rojo. Se concentran el 4 de febrero en Eurovillas, una urbanización cerca de Madrid, a la que los periodistas acudimos en tropel. El día 6 hay un amistoso contra el Torrejón, en el que juegan los «posibles» (una hora sin descanso y resultado de 7-0), y el 8 otro contra el Atlético de Madrid, en el Manzanares, a las 18.30 horas, para coincidir con la luz del atardecer en Frankfurt a las 19.30. Para darle un carácter de «ensayo general con todo», el Atlético vistió de azul noche y pantalón blanco, como la selección yugoslava lo haría días más tarde.
Kubala pretendió disputarlo a puerta cerrada, pero se acumuló tal multitud que hubo que permitir la entrada por miedo a un motín. En el primer tiempo jugaron los «probables», exactamente los mismos once que lo harían cinco días después en Frankfurt (Iribar; Sol, Benito, Jesús Martínez, Uría; Juan Carlos, Claramunt, Asensi; Amancio, Gárate y Valdez). Ganó la selección 3-1, los tres de Amancio. En la segunda mitad salieron los «posibles», todos los demás, incluidos los dos porteros, que se alternaron. Hubo empate a dos, goles de Pirri y Galán para la selección. Aquel era un buen Atlético: el de Reina, Ovejero, Panadero, Ufarte, Luis, Salcedo, Irureta, Alberto, Becerra... Sin Gárate ni Capón, claro, seleccionados con España.
Kubala hace seis descartes: Reina, Gallego, Pirri, Galán y Chechu Rojo. Sorprenden especialmente los de Pirri («necesito hombres que marquen al contrario», argumenta) y Chechu Rojo, en mejor forma que Valdez. El equipo viaja el lunes 11, a las 15.30, previo entrenamiento matinal en el Bernabéu. Hay un segundo vuelo el 12, una romería. Van todos los federativos, muchos directivos de club, varios presidentes, una nubecilla de técnicos y figuras como Santana y Julio Iglesias, gente de lo más variopinto.
Kubala decide entretener la tarde de la víspera con una sesión de cine y escogen Papillón, las peripecias de un convicto francés escapado de una prisión caribeña, basada en la novelarelato de Henri Charrière, un best seller. La tarde se agrió por una angina de pecho del masajista Ángel Mur padre (su hijo le sucedió). Parece un golpe de mal fario. Sus tareas habría de hacerlas el masajista de la selección alemana, Eich Denser. No era lo mismo, claro. Mur padre se repuso y vivió hasta los 93 años posteriormente.
El partido se juega a las 19.30 horas. En el Waldstadion hay 15.000 españoles, en su mayoría emigrantes que han roto la hucha para ver a España clasificarse. Pero son el doble de yugoslavos, porque Frankfurt y su entorno tenían una gran inmigración yugoslava. El resto, hasta 62.000, es público local, dispuesto a disfrutar de este aperitivo mundialista. Los españoles cantan el «Que viva España», cómo no, de Manolo Escobar. Aquí, todos ante la tele. Se podría haber pasado lista y comprobar que no faltaba nadie.
La ilusión duró 13 minutos, los que tardó Josip Katalinski en marcar. Una falta desde la derecha lanzada al segundo palo, Katalinski cabecea, Iribar rechaza como puede y el balón le cae al propio Katalinski, que en un escorzo incómodo lo caza en el aire y marca.
Y después, la nada. Kubala sólo reacciona en el 73', metiendo a Marcial y Quini por Juan Carlos y Amancio, sin que se note la menor reacción. Todo es soso, aburrido, decepcionante, absurdo. Suena el pitido final y apagamos la tele con un ánimo lúgubre.
"Se perdió otra guerra"
«Ridículo en Frankfurt», «Desastre», «El peor partido en la era Kubala», «Se perdió otra guerra» son algunos de los titulares. Ya se decía que Kubala ganaba batallas, los amistosos, pero perdía guerras. Él acusaba a la prensa del «pecado latino»: presentar al equipo antes del partido como un «monstruo con dos cabezas y siete colas» y tirarlo a la basura cuando perdía.
Katalinski, nacido en Sarajevo (BosniaHerzegovina) en 1948, era jugador del eljezniar. La resonancia de su gol le valió el traspaso al Niza, donde a los cuatro años le retiró una lesión de rodilla con 30. Fue un líbero con buen físico (1,81 y 80 kilos), limpia técnica y gran salto. Para Yugoslavia jugó 43 partidos con 10 goles; en el eljezniar, 240 y 32, y en el Niza, 103 y 28. Retirado, fue directivo del eljezniar e invirtió con acierto en hoteles en Cabo Antibes y Fréjus. Falleció en Sarajevo en el año 2011, con 63 años, víctima de un cáncer. Su nombre quedó grabado en piedra en la memoria de los aficionados españoles de la época.
En el Estadio Fadil Vokrri de Pristina caben 14.000 espectadores, pero este martes "entrarían 100.000 si se pudiera", admite el alemán Franco Foda, seleccionador de la República de Kosovo, país que se cita hoy a las 20:45 con la historia. El combinado kosovar, en la rueda de la UEFA desde hace poco más de una década, se enfrenta a Turquía por un billete para el próximo Mundial. Un acontecimiento único para una selección joven que nunca ha disputado una Copa del Mundo y para un país que trabaja, también a través del fútbol, para ser aceptado por unanimidad en los organismos internacionales.
Gran parte de la ONU y la OTAN reconoce la independencia de Kosovo, declarada en 2008 tras años de guerra, pero no lo hacen Serbia, Rusia, China y cinco miembros de la Unión Europea, entre ellos España, que mantiene su "no" junto a Grecia, Rumanía, Eslovaquia y Chipre.
"Estamos cerca de hacer historia. A un sólo partido, pero nos enfrentamos a un gran rival, con grandes talentos individuales. Y tenemos unos aficionados demasiado sentimentales, debemos tener cuidado y no dejar que eso nos lleve a cometer errores. El único camino hacia el éxito es mantener la calma", clama Foda para amansar los ánimos de una hinchada en constante delirio desde que vencieron a Eslovaquia en las semifinales, precisamente uno de los países que no reconoce a Kosovo.
Turquía sí lo hace, pero el ambiente en Pristina será de máxima emoción, una batalla con tintes bélicos alentada por los responsables del país. "Los Gladiadores Dardanianos demostraron que Kosovo nunca se rinde", aseguró Agim Ademi, presidente de la Federación de Fútbol de Kosovo. Los dárdanos eran una tribu que vivía en Dardania, un país que ocupaba el sur de Serbia, la actual Kosovo, el norte de Macedonia y parte de Albania.
Para Kosovo, el balón es una forma de mostrarse al mundo. "Estamos a un paso de la historia. Gracias a todos los aficionados que estuvieron presentes en el estadio, en Kosovo y en la diáspora", añadió Ademi.
No fue el único. El ministro de Economía, Hekuram Murati, anunció que el Gobierno, a petición del primer ministro Albin Kurti, destinará 500.000 euros a la selección tras su victoria, y anunció una cifra superior si consiguen vencer a Turquía.
"Nos queda un pequeño paso para llegar al Mundial y hacer historia. Así podremos llevar alegría a todo Kosovo", aseguró Vedat Muriqi, delantero del Mallorca y gran estrella de la selección kosovar.
De menos a más
El que gane la final entre Kosovo y Turquía volará al Grupo A del Mundial, junto a Australia, Paraguay y Estados Unidos. Todo eso suena lejano ahora en Pristina, donde hay ánimo de reivindicación nacional. La UEFA y la FIFA reconocieron su hueco en el fútbol continental e internacional en 2016 y cada partido en una fase de clasificación se ha convertido en una reclama histórica para el pueblo kosovar, con el fútbol como principal conexión con la diáspora.
Durante años, jóvenes de origen kosovar crecieron en academias europeas y acabaron representando a otras selecciones, como Suiza en el caso de Granit Xhaka o Xherdan Shaqiri, pero el reconocimiento internacional al país en 2008 y su entrada en la UEFA y la FIFA una década después ha permitido construir una selección de talento que ha ido de menos a más en los últimos años.
Muriqi, Milot Rashica, Edon Zhegrova o Florent Muslija son piezas clave de una generación que mezcla raíces locales y formación europea, y a la que la llegada de Franco Foda le cambió la cara y la ampliación del Mundial a 48 selecciones le ha permitido soñar con algo imposible.
Kosovo inició la fase de clasificación perdiendo 4-0 en Suiza y la Copa del Mundo ni siquiera aparecía en el horizonte. "Nuestro objetivo era clasificarnos para la Eurocopa 2028", admite Foda. Pero algo hizo 'clic'. Ganaron dos veces a Suecia, otra a Eslovenia y lograron varios empates para conseguir plaza en el playoff. Además, han conseguido el ascenso a la Liga B de la Nations League.
Un ejemplo de la reconstrucción futbolística de un país que todavía trata de hacerse un hueco en el panorama internacional.
Una generación entera de italianos, todos aquellos que tienen alrededor de 16 años o menos, no han visto a su selección jugar un Mundial. Por eso lo que va a ocurrir esta noche en Bérgamo supone algo más que un simple partido. Es la necesidad, más que la oportunidad, de al menos participar en un torneo que ha ganado cuatro veces. Sólo Brasil (5) tiene más que Italia. Y eso son palabras mayores.
La de hoy contra Irlanda Del Norte será la noche del todo o nada para la selección. El equipo transalpino hace ya 12 años que no pisa el césped de un Campeonato del Mundo y el clima en el país está marcado por una mezcla de esperanza, preocupación y vértigo. Está en juego el prestigio del fútbol italiano ante la posibilidad de un fracaso deportivo y de imagen.
La fase de repesca será determinante para que los chicos de Gennaro Gattuso, campeón del mundo en 2006, puedan tener el camino allanado para el próximo verano hacia el continente americano. Aguantando la respiración, pues, arranca la cuenta atrás para el partido de esta noche en Bérgamo, en el Norte de Italia, donde la selección transalpina se enfrentará a los norirlandeses en la semifinal de la repesca en la que, si los 'azzurri' pierden, están directamente fuera del Mundial, como ya ocurrió en 2018 en Rusia y en 2022 en Qatar. Pero si Italia supera esta primea prueba, el siguiente paso le envía al martes 31 contra el vencedor del Gales-Bosnia.
"Pensar sólo en el partido"
La prensa deportiva italiana recoge el clima de serenidad y tranquilidad que quiere transmitir Gattuso: «Tenemos que pensar sólo en el partido. No hay que pensar en la próxima cita frente a Bosnia o Gales, ni en el pasado, los cuatro Mundiales ganados o el hecho de que hace 12 años que no jugamos uno», afirmó Gattuso en Coverciano, localidad de concentración. El técnico, de hecho, consciente del ambiente que se vive en el país, despegado de su selección desde hace mucho tiempo, tomó una decisión drástica para el partido de hoy. Él personalmente eligió el Estadio de Bérgamo, con capacidad para apenas 23.000 espectadores, en lugar de San Siro, admitiendo que temía el ambiente de un estadio más grande si el equipo tenía dificultades.
«En un estadio de 60.000 asientos como San Siro, podrían empezar a abuchear después de unos cuantos pases erróneos», explicó. «Quiero crear un ambiente de auténtica efervescencia», añadió. El entrenador 'azzurro', quien representa ahora mismo el espíritu de esperanza de la selección italiana. Hace hincapié en la «confianza» que tiene en el conjunto transalpino: «Creo en el grupo por el que he decidido apostar. Se trata de un conjunto que por su comportamiento y el apego demostrado merece una alegría, espero con todo el corazón que esto ocurra. Estos futbolistas no son unos chicos cualquiera: han ganado trofeos, ligas, finales de Champions y conquistado una Eurocopa».
La salida de Chiesa
Uno de los aspectos deportivos que más han preocupado, deportivamente, en los últimos días ha sido la llegada y sucesiva salida del delantero Federico Chiesa de Coverciano. Se presentó a la concentración de los 'azzurri' pero finalmente tuvo que marcharse porque tenía «problemas», según Gattuso: «No se encontraba al 100% y quería volver a casa, y es justo que lo haya hecho así. Lo hemos decidido juntos, tampoco es cuestión de insistir si alguien no se encuentra bien», explicó el seleccionador.
El excampeón del mundo y hoy entrenador de Italia ha estado trabajando a fondo con los futbolistas de la azzurra para cuidar el sentido de pertenencia entre todos ellos y salir victoriosos esta noche. «He intentado crear una relación con los jugadores. Se trata de un grupo del que estoy muy satisfecho y espero haber alcanzado el objetivo», apunta Gattuso. La clave para él reside sobre todo en la capacidad de mantener despejada la mente, porque hay que «quitarle peso a los chicos» y hay que «hacerles estar bien juntos», pero sabiendo que «puede haber dificultades» a lo largo de un partido.
El punto débil de la selección italiana es, precisamente, gestionar los momentos de dificultad. «Un solo evento no puede cambiar la dinámica de todo un partido», recuerda Gattuso. «Un momento negativo puede tener lugar, pero tenemos que ser buenos en gestionarlo». El seleccionador azzurro subraya que el «defecto» de su equipo es «la dificultad de oler el peligro» y la receta contra ello es «estar lúcidos» e «ir con muchas ganas» al partido de esta noche. Desde luego que hay mucho en juego.
Los argentinos sueñan con el cuarto título mundial para su selección de fútbol, pero los próximos rivales del equipo de Lionel Messi y compañía son Mauritania y Zambia, dos más en la llamativa lista de "amistosos chatarra" del equipo de Lionel Scaloni.
Brasil, eterno rival argentino, se mide en cambio a Francia y Croacia, en tanto que Uruguay, el otro campeón mundial sudamericano, se enfrentará a Inglaterra y Argelia. La comparación hizo saltar las alarmas de muchos aficionados argentinos. ¿Se puede llegar en forma al Mundial en Norteamérica si todos los rivales son selecciones de tercer o cuarto orden?
Las cosas pudieron ser un tanto diferentes si no se interponía la guerra en Irán, porque Argentina y España debían jugar este viernes la "Finalissima" en Doha que mide al campeón de América con el de Europa. Así y todo, ese choque de alto nivel hubiera sido la excepción en un camino para el asombro que se resume en 15 amistosos con 15 victorias, 49 goles a favor y apenas dos en contra.
Puesta la lupa en la lista de rivales, ese balance se demuestra engañoso: Estonia (5-0), Honduras (3-0), Jamaica (3-0), Emiratos Árabes Unidos (5-0), Panamá (2-0), Curazao (7-0), Australia (2-0), Indonesia (2-0), El Salvador (3-0), Costa Rica (3-1), Ecuador (1-0), Guatemala (4-1), Venezuela (1-0), Puerto Rico (6-0) y Angola (2-0).
De esos rivales, sólo tres estarán en el Mundial: Australia y Ecuador, además de los caribeños de Curazao, sin nivel ni historia mundialista, pero beneficiados por el "efecto Infantino" de inflar a 48 equipos la Copa del Mundo.
Scaloni
Alexis Mac Allister no ve problemas en la baja calidad de los rivales: "Lo importante es estar con el grupo y enfocados en nosotros". Es más: Lionel Scaloni, el seleccionador argentino, ve ventajas en evitar a las grandes potencias en la previa del Mundial. Él era parte del equipo técnico de Jorge Sampaoli en 2018 y vivió de primera mano el cimbronazo que fue perder 6-1 ante España, un resultado que impactó en la confianza del grupo durante el turbulento Mundial de Rusia. La Finalissima no era, en la visión de Scaloni, una buena idea, pero Qatar pagaba un muy buen dinero para tener a Argentina en el estadio Lusail.
Está también el recuerdo de la puesta a punto para Sudáfrica 2010, con Diego Maradona en el banquillo: Argentina derrotó a Alemania 1-0 en Múnich, pero fue vapuleada luego 4-0 por el mismo rival en el torneo.
Y es cierto, también, que Argentina jugó ante rivales sudamericanos de muy buen nivel en la Copa América 2024 y las eliminatorias mundialistas. Lo importante para Scaloni ante Mauritania y Zambia será probar jugadores y, sobre todo, que sus estrellas no se lesionen.
La clave, aseguró el lateral Nicolás Tagliafico en una entrevista con la agencia AFP, pasa más por lo que haga la propia selección que por sus rivales. Una posición muy similar a lo que sostiene Mac Allister. "Muchas veces pasa que cuando uno tiene amistosos de esta categoría, sin menospreciar a nadie, al final sabe que se entrena más fuerte en el día a día con sus compañeros que con el amistoso en sí. Entonces creo que la clave está ahí, en que los entrenamientos sean muy intensos y creo que eso fue lo que nos llevó a salir campeones del mundo".
Ajeno al debate interno argentino, Aritz López, el español que dirige a Mauritania, no tiene dudas: él y sus jugadores están ante el partido de sus vidas. Iban a medirse este viernes a Marruecos, pero estarán en Buenos Aires, en La Bombonera, para enfrentarse a la campeona del mundo.
"Ha sido un boom. Es un país futbolero. Ver que su selección va a jugar contra Argentina es un shock muy grande. Los jugadores están entusiasmados. Para nosotros va a ser una fecha inolvidable", dijo a TyC Sports el ex centrocampista del Celta, Córdoba y Sporting Gijón, entre otros.
La Federación de Fútbol de Irán (Ffiri) lleva a cabo negociaciones para que su selección nacional juegue sus partidos correspondientes al grupo G del Mundial de Fútbol 2026 en México, según informó este lunes la embajada iraní en territorio mexicano.
En su página web (mexico.mfa.gov.ir), la legación diplomática aseguró que "en referencia a la falta de cooperación del gobierno estadounidense en la emisión de visas y la prestación de apoyo logístico a la selección nacional de fútbol de Irán en la preparación para la Copa Mundial de 2026, Abolfazl Psedniddeh (embajador iraní en México) sugirió a la FIFA que los partidos de Irán en dicho evento se trasladen de Estados Unidos a México".
"Reiteramos que Estados Unidos no coopera con nosotros en el tema de las visas. Estamos interesados en asistir al Mundial, pero el gobierno estadounidense no proporciona el apoyo logístico ni administrativo necesario", subrayó Psedniddeh en declaraciones a la agencia estatal IRNA citadas por la web de la embajada.
"La FIFA puede intervenir de manera que la selección nacional iraní pueda participar en la Copa del Mundo, pero en México. El Ministerio de Deportes y Juventud de Irán será quien tome la decisión final al respecto", añadió Psedniddeh, quien afirmó que "queremos mucho al pueblo mexicano y, para nosotros, la mejor opción es que nuestros juegos se celebren en México".
Por su parte, la cuenta en X de la representación del país persa (@IraninMexico) cita una declaración del presidente de la Ffiri, Mehdi Taj, en las que asegura que "ya que el presidente de Estados Unidos, Donald Trump, ha declarado explícitamente que no puede garantizar la seguridad de la selección nacional iraní, ciertamente no viajaremos a Estados Unidos. Actualmente estamos negociando con la FIFA para que los partidos de Irán en la Copa del Mundo se celebren en México".
Advertencia de Trump a la selección iraní
El jueves pasado, Trump aseguró que la selección de fútbol de Irán es "bienvenida" en el Mundial en Estados Unidos, pero le recomendó no participar por "su propia seguridad". "La selección nacional de fútbol de Irán es bienvenida al Mundial, pero realmente no creo que sea apropiado que estén allí, por su propia seguridad", escribió en la red Truth Social.
El mensaje del líder estadounidense se produjo un día después de que el ministro de Deportes iraní, Ahman Donyamali, asegurara que "no hay condiciones" para que su país participe en el Mundial después de que el líder supremo, Alí Jameneí, fuera asesinado en la ofensiva israelí y estadounidense iniciada el pasado 28 de febrero.
"Después de que el gobierno corrupto mató a nuestro líder, no hay condiciones que nos permitan participar en el Mundial", dijo el ministro, que destacó también: "Nos han impuesto dos guerras en ocho o nueve meses, y miles de nuestros ciudadanos han muerto. Por lo tanto, definitivamente no tenemos posibilidad de tal participación", agregó Donyamali.
Irán está encuadrada en el grupo G del certamen junto a las selecciones de Bélgica, Egipto y Nueva Zelanda.
El combinado dirigido por Amir Ghalenoei tiene previsto debutar contra Nueva Zelanda el 15 de junio en Inglewood, con un segundo partido contra Bélgica el día 21 en la misma ciudad californiana.
El último encuentro de los iraníes en primera fase será contra Egipto el 26 de junio en Seattle.
El teléfono de Rabie Takassa echa humo. Hoy, ayer y siempre desde hace una década. En 2014 se mudó a Madrid y ha convertido la capital española en el eje neurálgico de su trabajo. Desde ella llama, visita y convence a los futbolistas para que crucen el Estrecho y «vuelvan a casa», a Marruecos. Es el jefe de captación de la Federación africana, el gran culpable de la repatriación deportiva de los Achraf, Brahim o Abde que han transformado la realidad futbolística de la selección marroquí. Una realidad que en el Complejo Deportivo Mohammed VI, centro de operaciones del país a nivel deportivo, quieren llevar a otro nivel de la mano de más talento español: tantearon a Andrés Iniesta, pensaron en Xabi Alonso, insisten en Xavi Hernández y desean a Thiago Pitarch.
Takassa no se conforma, porque tampoco se conforma Fouzi Lekjaa, presidente de la Federación, ni Mohammed VI. El Rey es clave en todos los movimientos del país, incluido ese que pretende 'robarle' la final del Mundial 2030 a España para llevársela a Casablanca, donde están construyendo el estadio más grande del mundo, con capacidad para 115.000 personas. El teórico socio débil de la candidatura lleva varios años moviendo los hilos dentro de la FIFA para ganar cada vez más peso y la amistad entre Mohammed VI, Infantino y el príncipe heredero de Arabia Saudí compite ya con la buena relación española con los saudíes.
La situación de Pitarch
El último intento de Rabat tiene que ver con una joven promesa. Marruecos está muy pendiente del futuro de Thiago Pitarch, jugador de moda en el Madrid. El joven nacido en Fuenlabrada disputó el último Mundial sub'20 con España y parece decidido a hacer carrera en España, pero su ascendencia marroquí (su abuelo es de Alhucemas) ha levantado la alerta en Rabat y en su red de ojeadores, que ya le ha observado de cerca. A él y a muchos, con visitas en cada concentración de las inferiores en la Ciudad del Fútbol.
La idea en Las Rozas es que Pitarch navegue con calma por las distintas inferiores españolas, con una convocatoria este mes de marzo con la sub'21 como paso lógico tras su participación en la Copa del Mundo sub'20. Pero claro, en Marruecos todo funciona mucho más rápido, más tentador. Es improbable que De la Fuente se atreva a llamarle para el Mundial de este verano y en Marruecos, sin embargo, nadie lo descarta si tiene continuidad en el Madrid durante estos meses. «Encaja perfectamente en el proyecto», aseguran a este periódico fuentes cercanas a la federación africana, que admiten que el «factor emocional» siempre ayuda. «Da igual que hayas nacido en España, Marruecos se lleva en la sangre», reconocía hace unos días Abqar, defensa internacional del Getafe, en una entrevista con EL MUNDO. Ese factor emocional ha servido con las actuales estrellas (Hakimi y Brahim) y con jóvenes nacidos en España que habían sido internacionales en las inferiores de la RFEF y que al hacerse mayores se fueron su selección «familiar».
El "no" de Iniesta
Y no sólo quieren los pies de futbolistas nacidos en España, quieren a sus leyendas. El caso de Andrés Iniesta es curioso. El autor del gol que dio a España su único Mundial se retiró en 2024 y desde entonces ha estado metido en diversos negocios deportivos y no deportivos mientras se sacaba el título de entrenador. Y ahí ha surgido la oferta de Marruecos, que le quería como director deportivo. Le invitaron a la final de la Copa África y le ofrecieron plenos poderes, teniendo hasta cuatro reuniones presenciales para tratar la situación, pero al final el español declinó la propuesta, aunque se filtró que había aceptado, porque quiere ser entrenador.
Un caso diferente es el del banquillo. Según pudo saber este periódico, Marruecos se interesó por Xabi Alonso y Jorge Sampaoli, y aunque han dejado como sustituto de Walid Regragui a Mohamed Ouahbi, campeón del Mundial sub'20, el hombre al que quieren en Rabat es a Xavi Hernández.
La Federación marroquí se ha reunido en varias ocasiones con el catalán, sin equipo, y éste les ha transmitido su preferencia por empezar después del Mundial porque la presión en el país de cara a la cita veraniega después de las semifinales del 2022 y la final de la Copa África perdida este invierno es gigante. Pero el proyecto le interesa.
En Rabat, los nuevos españoles que lleguen se encontrarían con Jorge Vilda, actual seleccionador femenino, ex también de la Federación española. Una muestra más de cómo Marruecos está ampliando sus tentáculos por todos los niveles del fútbol español. Todo lo vigilan, en el césped, en el banquillo y en los despachos.
A poco menos de tres meses del Mundial de 2026, Walid Regragui anunció este jueves el final de su etapa como seleccionador de Marruecos, uno de los equipos semifinalistas de la edición anterior de Catar 2022.
"Dejo mis funciones con lealtad, gratitud y con la seguridad de haber servido a mi país", dijo el entrenador durante una ceremonia retransmitida en directo por televisión.
La marcha de Regragui era un asunto sobre el que se venía debatiendo desde hacía semanas en Marruecos, especialmente desde que el país se quedó a mediados de enero con un amargo subcampeonato en la Copa de África, en la que fue superado por Senegal en la final de Rabat.
Una delegación de la FIFA visitará España, Portugal y Marruecos durante este mes de marzo para analizar la situación de las 19 sedes del Mundial 2030: 10 de nuestro país, tres del territorio luso y seis de los norteafricanos. Serán unos días clave para determinar qué estadios y ciudades cumplen con los requisitos de la organización y cuáles no, sabiendo además que España tenía 11 sedes apalabradas y que Málaga renunció hace unos meses. El número total por país y del torneo no está definido, así que alguna se puede quedar por el camino.
La gira de la FIFA comenzará el 9 de marzo en Barcelona y continuará, con una parada de un día en cada una, en Zaragoza, Madrid, Lisboa, Oporto, Gran Canaria, Sevilla, A Coruña, Bilbao y San Sebastián, antes de emprender su viaje a Marruecos.
Durante estas semanas, la FIFA visitará única y exclusivamente las sedes designadas, dejando para otra ocasión conversaciones sobre posibles sustitutos o subsedes. En ese sentido, Vigo y Valencia se mantienen en la recámara. La ciudad gallega, en voz de su alcalde Abel Caballero, sigue protestando por su no inclusión en la lista final y asegura contar con el apoyo del Gobierno, que estos días sí se reunirá con la FIFA para detallar el funcionamiento de seguridad, temas fiscales, aéreos o posibles cambios en determinadas legislaciones.
En cuanto a Valencia, las instituciones no llegaron a un acuerdo para la construcción de un nuevo Mestalla, pero desde FIFA y desde la propia Federación se sigue viendo con buenos ojos el potencial de la ciudad en caso de ser mundialista. Su buen transporte, turismo, puerto, aeropuerto y situación. Un caso similar al de Málaga, cuya baja ha sido "dura" en Las Rozas.
Será una primera toma de contacto que para FIFA es clave en el proceso, porque en octubre realizará una segunda visita y en diciembre de este año anunciará las sedes definitivas para el torneo. En el de Estados Unidos, México y Canadá son 16 los estadios que son sede, mientras que en la lista de 2030 hay ahora mismo 19. Es decir, el número no tiene por qué crecer o mantenerse, sino que puede disminuir.
En cuanto a las sedes españolas, el Bernabéu, el Camp Nou, el Metropolitano, Montjuic, La Cartuja, San Mamés parecen fijas, mientras que se quiere observar cómo avanzan los presupuestos, acuerdos y obras del Estadio de Gran Canaria, La Romareda, Riazor y el Reale Arena de San Sebastián. Estos dos últimas son en las que más ojos habrá, porque hay algunas dudas sobre el desarrollo de la sede por desacuerdos en los presupuestos de las obras o por las condiciones para algunos requisitos de FIFA, como la oferta hotelera.
Todo eso será analizado estas semanas, y a partir de ahora se analizarán también los candidatos a centros de entrenamientos, que deben ser cuatro por sede, y posibles subsedes.
La visita a Madrid será interesante para confirmar el deseo del Atlético de Madrid de convertir al Metropolitano en sede y para que la FIFA observe de nuevo el proyecto de Centro de Prensa en la Casa de Campo, el mejor valorado en el primer estudio. La Federación quiere que dicho centro esté en Madrid, aunque Casablanca también está pujando fuerte por el mismo.
Esa pelea España-Marruecos parece que no se quedará ahí, porque desde el país norteafricano se sigue presionando para albergar la final del Mundial, algo que desde Las Rozas descartan por completo, asegurando que el encuentro decisivo debe jugarse en España.
El 10 de noviembre de 2006, la FIFA reconoció con una redacción solemne («Honor al que honor merece...», comenzaba), la autoría de dos goles mal registrados en su día. Uno fue el tercero del norteamericano Bert Patenaude ante Paraguay en Uruguay'1930, que así pasaba a ser el primer autor de un hat-trick en un Mundial; el otro, del checoslovaco Nejedly a Alemania en Italia'1934, con lo que sumaba cinco y quedaba como máximo goleador en solitario, despegado del alemán Conen y el italiano Schiavo. Dos errores inocuos que no afectaron a resultados y pudieron ser corregidos, aunque no en vida de los perjudicados, para dar satisfacción a sus descendientes y a sus federaciones. Pero la realidad es que no siempre fue tan fácil.
El gol fantasma de Hurst en la final de Inglaterra'1966 quedó como una cicatriz en la historia de la Copa del Mundo. Ocurrió en el décimo minuto de la prórroga: Hurst remata a la media vuelta, el balón pega en la cara inferior del larguero, bota en el suelo, vuelve al campo y el alemán Weber lo envía de cabeza a córner. El árbitro Dienst, suizo, acude al linier, Bakhramov (de Azerbayán, entonces la URSS), que hace signos afirmativos, y concede el gol entre protestas de los jugadores alemanes. Con los medios de televisión de entonces era imposible pronunciarse, pero una foto en color que circuló más adelante mostraba una gruesa mancha blanca en el balón, de color naranja, indicio de que pegó en la cal de la raya. Pasado más tiempo vio la luz una película, también en color, con una toma en línea con los postes que permitía ver al balón descender del larguero a la raya en paralelo a ellos. No dejaba lugar a la duda, no fue gol. Los ingleses sólo lo admitirían en el año 1995, casi 30 años después, a raíz de un estudio de la Universidad de Oxford.
A Dienst y a Bakhramov se les disimuló el error. El suizo incluso arbitraría la final de la Eurocopa'1968. El azerbayano actuó en México'1970. Allí declaró al periodista Luis Garro: «No vi entrar la pelota, pero Dienst vino a colgar de mi espalda toda la responsabilidad. ¿Qué otra cosa podía hacer?». Se puede entender. Hacía poco más de 20 años de que las V-1 y V-2 caían sobre Londres, el estadio estaba lleno y presidía la Reina Isabel II. Para justificarse, escribiría en sus memorias que le pareció que el balón había pegado en la parte alta de la red, y no en el larguero. No cuela. De ser como decía, no hubiera bajado con tanta velocidad.
Avanzados los años 90 tuve el privilegio de un café de sobremesa con Hurst en un restaurante londinense, gracias a Michael Robinson. Era un cincuentón embutido en un terno imponente, maneras de diputado tory y ninguna vanidad, y eso que aún se mantenía como el único jugador con tres goles en una final de la Copa del Mundo. (Mbappé le igualó en la cita de Qatar, en 2022). Nos dijo que tras chutar cayó de espaldas y quedó tapado por Schultz, por lo que no podía asegurar nada. No le entusiasmaba demasiado hablar del tema, así que la conversación se extendió por otros derroteros anecdotarios.
Bakhramov tuvo, una vez retirado, diversos cargos en la Federación de la URSS, y tras la independencia de Azerbayán llegó a ser secretario general de la de este país. Tras morir se le dio su nombre al estadio nacional de Bakú, cuyo estreno (2004) tuvo lugar con ocasión de un Azerbayán-Inglaterra clasificatorio para Alemania'2006, al que acudió el propio Hurst, que depositó un gran ramo de flores a los pies de la estatua de Bakhramov erigida allí. Eso escoció en Alemania, donde corre que había sido sargento del Ejército Rojo en la II Guerra Mundial y que en el lecho de muerte contestó a un amigo a la pregunta de cómo pudo conceder aquel gol: «Stalingrado».
Cuando se derruyó el viejo Wembley se preservó aquel larguero, que se expone en el museo de la Football Association. Al llegar ahí, el guía pregunta a las visitas si hay algún alemán, y el chistecito es distinto según lo haya o no. En Alemania aún se conoce como tor Wembley (tor es gol) a los goles mal concedidos. Hasta ahora, sólo el Bild Zeitung se ha permitido bromear con aquello. Ante el referéndum para el Brexit hizo cuatro ofertas a los ingleses para que no se marcharan: dejar de hablar de las orejas del Príncipe Carlos (hoy Carlos III), dejar de usar protección solar en solidaridad con sus quemaduras, buscar un malo para las próximas películas de James Bond y reconocer el gol de Wembley.
Aquel suceso delató la ley de bronce por la que se rigen los árbitros que quieren triunfar: en caso de duda, para el que conviene. Lo importante no es tanto no equivocarse como que el error no contraríe a la organización. En la historia de la Copa del Mundo es difícil encontrar errores contra las selecciones de los países que manejan el cotarro (principalmente Brasil, Alemania, Italia y Argentina) y contra el equipo de casa. Salvo conflicto entre partes, claro.
Bambridge
Un gol así no le fue concedido por el australiano Bambridge a Michel ante Brasil en México'1986, que una foto posterior confirmó como válido. En Sudáfrica'2010 le fue negado al inglés Lampard otro que botó metro y medio dentro, con Alemania precisamente como rival, pero esta vez Inglaterra carecía del amparo de Wembley y Alemania vivía bajo el paraguas de Adidas, patrocinador clave de la FIFA. Aun así, el error fue demasiado grosero y ha sido citado como uno de los móviles para instalar el VAR.
La historia de España en la Copa del Mundo es paradigmática en ese sentido: nos avasallaron en Italia'1934 dos veces (hubo desempate) ante el equipo de Mussolini; en Chile'1962, el árbitro Sergio Bustamante, chileno, sacó del área un penalti del brasileño Nilton Santos a Collar y anuló por nada el gol de Adelardo que siguió a la falta; Tassotti le partió la nariz en el área a Luis Enrique en cuartos de final en EE UU'1994 ante la indiferencia del húngaro Sandor Puhl, que aun así fue designado para la final; el egipcio Al Gandhour nos abrasó con dos goles mal anulados, como demostró la tele, a Morientes y Helguera frente a Corea en Japón y Corea'2002. (En la anterior ronda, por cierto, el ecuatoriano Byron Moreno achicharró infamemente a Italia en su partido con Corea). También podemos quejarnos de la patada de Nigel de Jong en el pecho a Xabi Alonso, que no alarmó al inglés Howard Webb en la final disputada en Johannesburgo.
Nunca hemos mandado en las alturas, pero cuando el Mundial se celebró aquí (1982) sí gozamos del privilegio congruente: ante Yugoslavia, el danés Lund-Sörensen nos dio un penalti a favor por zancadilla a Perico Alonso fuera del área y tras fallarlo López Ufarte lo hizo repetir por estimar que el portero se había movido; de segundas lo transformó Juanito. Sin salir de España'1982 quedó para la historia un hecho escandaloso: el caderazo violento de Schumacher al francés Battiston, ignorado por el holandés Corver. La escena fue espantosa y el descaro posterior del meta alemán («si necesita una dentadura nueva, que me la pida») creó indignación mundial.
La Mano de Dios, en el Mundial de México.EM
Brasil, generalmente favorecido, sí fue asaltado en Argentina'1978, como rival histórico que era del país organizador. Presumiendo que Argentina lideraría su grupo, convenía que Brasil no ganara el suyo para que siguieran por rutas distintas. Se notó desde el primer partido, Suecia-Brasil, en el que se dio un hecho insólito. En el minuto 90, con 1-1 en el marcador, Dirceu saca un córner con precisión y Zico cabecea a gol. Inmediatamente suenan los tres pitidos que marcan el fin. Se acabó. ¿Ganó Brasil 2-1? No. Clive Thomas, galés, informa con un cinismo sin límites de que el tiempo se ha cumplido justo cuando el balón volaba desde la bota de Dirceu hasta la cabeza de Zico, y que se estaba llevando el pito a la boca cuando este cabeceó, según él fuera de tiempo. No dio el gol, y por ello Brasil terminó segundo en su grupo, pese a ser favorita.
El chasco fue que tampoco Argentina ganó el suyo por una no calculada derrota ante Italia, así que fueron juntas a la liguilla de la segunda fase. Allí ambas ganaron el primer día, empataron el segundo entre sí y en la tercera fecha se separaron dolosamente los horarios de los dos partidos. El Brasil-Polonia (3-1) se jugó antes para que Argentina supiera de antemano por cuántos goles de diferencia debía ganar a Perú. Necesitaba tres y ganó 6-0. Quedó una sensación ominosa, tanto más dado que el meta peruano, Quiroga, era argentino de nacimiento.
En México'1986 tuvimos el gol de Maradona con la mano a Inglaterra, tan bien efectuado que en el estadio (yo estaba en la tribuna de prensa), no se advirtió, sirva como paliativo al error del tunecino Bennaceur. Brasil sufrió en ese campeonato al que no se puede atribuir malicia, sino despiste o ignorancia del árbitro. Fue en cuartos de final, en la tanda de penaltis contra Francia. Están 2-2 cuando le toca tirar a Bellone, cuyo disparo da en el palo, vuelve al campo, pega en la espalda del meta brasileño Carlos y entra. El rumano Ioan Igna da gol. Edinho protesta, pero nadie le secunda y sigue la tanda, que dará el paso a las semifinales a Francia, ganadora por 4-3. El tiro de Bellone no debió darse por válido; según estaba la regla entonces, la acción terminaba cuando el balón lo rechazaba o detenía el portero o volvía al campo tras rebotar en un poste; sólo si tras golpear el palo rodaba o sobrevolaba la línea de meta y la traspasaba tras tocar en el portero se consideraba una misma acción y había que dar gol. No fue el caso: el balón rebotó, en oblicuo, hacia el campo, pegó en Carlos y entró.
Un error así arbitral en la Copa del Mundo y en partido de máximo lustre era muy duro para la credibilidad del sistema, así que se resolvió por el método Procusto: si el huésped no cabe en la cama, se le cortan las piernas. En este caso, se modificó la regla para dar como válido que cualquier carambola palo-portero que acabe dentro de la portería se da por válida. Lo correcto hubiera sido repetir el partido, lo previsto para el caso de que el árbitro muestre desconocimiento de una regla, pero ¿cómo hacer eso en la Copa del Mundo? Se reinterpretó la regla y desapareció el elefante de la habitación. Igna salió tan bien librado que a los dos años estaba arbitrando la semifinal de la Eurocopa, entre Países Bajos y Alemania.
No quiero terminar esta breve antología sin referirme al más chusco de los pinchazos arbitrales, ocurrido en el Francia-Kuwait en España'1982, jugado en Valladolid. Ganaba Francia 3-1 cuando en el minuto 80 hay un nuevo gol francés, de Platini. Desde la grada algún patoso había hecho sonar un pito y los kuwaitíes dijeron que habían parado de jugar al oírlo.
El árbitro, el soviético Miroslav Stupar, no les atiende y da el gol. Desde el palco, el jeque Fahad-al-Sabah, hace gestos ostensibles, protesta, baja al campo, las fuerzas de seguridad no se atreven a pararle y amenaza al árbitro con retirar al equipo. Ante la tesitura, Stupar se vuelve atrás y anula con gran escándalo el gol de los franceses, que al menos luego conseguirán otro, reconstruyendo el resultado de 4-1. La FIFA validó el resultado y reexpidió a la estepa a Stupar, retirándole a perpetuidad la condición de internacional. Ese error sí tuvo castigo.