Lookman comanda una goleada de locura para llevar al Atlético a semifinales

Lookman comanda una goleada de locura para llevar al Atlético a semifinales

Irreverente, descarado, vertical, preciso y letal. Podrían ser adjetivos que describan al Atlético de Madrid que despedazó sin piedad al Betis en apenas 20 minutos para plantarse en las semifinales de la Copa del Rey. Pero también son calificativos que describen a su último fichaje, el nigeriano Ademola Lookman. Ni por un segundo pareció que en La Cartuja debutara con la camiseta rojiblanca. Fue una pesadilla por la orilla izquierda, una avispa que clavaba su aguijón en una defensa bética incapaz de controlarle. Y lo hizo gracias a padrinos como Baena y Barrios, que se encargaron de que no le faltaran balones con los que quebrar a Aitor Ruibal, Bartra y Diego Llorente. El Betis no encontró cómo frenar un vendaval que en el descanso ya los había eliminado.

Por fin Simeone vio un partido redondo y eso que tuvo que recomponerse ante la baja de Sorloth y la imprevista indisposición de Julián Álvarez. Tuvo que echar mano de Griezmann, de Baena centrado en el ataque y acelerar la adaptación del atacante nigeriano que, por fin, le había traído Mateo Alemany. Abde, con una rosca buscando la escuadra de Musso, fue el primer y único aviso de los verdiblancos en el arranque de un duelo que ya no volvió a controlar. El Atlético pulsó el botón del vértigo y Baena no tardó en ejercer de crupier y repartir una asistencia que Griezmann, pese a su magia, no pudo cazar. Pero de ahí nació un saque de esquina que Hancko cabeceó en el primer palo para marcar el primer gol en el minuto 12. La bestia acababa de despertar. Otra vez Baena dejó a Lookman en un mano a mano con Adrián que el nigeriano cruzó en exceso. Entre los dos habían agitado al Atlético para calvario del Betis, que ni olía una pelota que siempre rondaba al rojiblanco debutante. Debió pensar en qué buen momento dejó el Atalanta, porque otra vez, entre Marcos Llorente y Hancko, le pusieron de cara a portería.

Trató de estirarse el Betis sin fortuna, porque Hancko le arrebató el remate a Chimy Ávila y Antony estrellaba su centro-chut en Musso. Ni siquiera Deossa, que cazó el rechazo, pudo ponerla entre los tres palos. No estaba el equipo de Pellegrini encontrando sensaciones en la primera media hora del partido. Y ya nunca lo haría.

La respuesta del Atlético fue más vértigo y más precisión. Como si fuera un rondo, entre Baena volvió a asociarse con Lookman y con Ruggeri para que pusiera un centro que al primer palo Giuliano convirtió en el segundo gol. Estaban cuajando el duelo más perfecto de los últimos años, y eso no lo cambió ni algún destello de Antony, porque su equipo estaba cortocircuitado. Era imposible maniatar a un rival que estaba disfrutando de su particular locura en la que Lookman estaba como pez en el agua y Griezmann recordando por qué es un mago. El nigeriano, con un perfil agitador que no tenía Simeone, se atrevió a salir del carril izquierdo, sentar a Bartra y a Llorente en el área y fusilar a Adrián para certificar que puede ser imparable y que le gusta tener socios como Giuliano, que no cazó otro de sus centros al filo del descanso por una talla de bota.

El rondo en que se convirtió la primera parte no desapareció en la segunda, por mucho que el Betis, por defender su honra, tratara de despertar. Pero es que no pudo a pesar de que el Atlético tuvo la mala noticia de la noche cuando Barrios sintió un latigazo en los isquios que le impidió salir caminando del campo. El impacto de perder, por un tiempo, a un jugador vital se lo sacudieron pronto los colchoneros. El cuarto gol lo ensayó primero Hancko, omnipresente en defensa y en ataque, y lo consiguió Griezmann para poner el broche a un partido perfecto. Se lo regaló Lookman, un puñal a la espalda de la zaga verdiblanca. A la carrera se fue de todos y se la cedió al francés para que cruzara a la escuadra del meta bético.

Cuando parecía que tocaba levantar el pie y jugar hasta que se agotaran los minutos mientras debutaban Rodrigo Mendoza o Vargas, eso no ocurrió. La voracidad atlética le llevó a completar la manita y una humillación que indignó a La Cartuja. Erró Griezmann ante Adrián tras una asistencia de Almada que el argentino recogió para poner el quinto en el marcador. El Atlético vuela en una Copa en la que se cruzará con Barcelona, Real Sociedad o Athletic.

Los hermanos Williams hielan Mestalla para llevar al Athletic a semifinales y Oskarsson rescata a la Real Sociedad en Vitoria

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Dicen que a Nico el pubis le lleva a maltraer, que le merma y condiciona su juego y que a Iñaki le cuesta hacer goles, tanto como que solo había marcado uno. Se dibujaba una temporada gris, con pocos fogonazos de los Williams. Sin embargo, en Mestalla, les bastó un destello para mandar a la lona al Valencia y al Athletic a semifinales. Apenas jugaron media hora, porque Valverde les mandó al campo de la mano, pero fue suficiente. El pequeño centró y el mayor rebañó para marcar el 1-2 en el 90+5 que daba la victoria a los rojiblancos.

Mientras, en Vitoria, a la Real Sociedad también le tocó rehacerse ante un contestón Alavés que le tuvo contra las cuerdas hasta el minuto 88. Fueron los donostiarras siempre a remolque, con Oyarzabal igualando el gol tempranero de Abde, con Remiro parando a Toni Martínez el segundo penalti que le tiraba, porque el primero lo marcó el murciano. Fue Guedes quien empató para darles vida en el 76 y Oskarsson quien heló Mendizorroza con el 2-3 porque se les habían escapado las semifinales.

En Mestalla, la grada se había vestido de gala y no cesó recordarle a su equipo que quería la Copa. Valverde parecía haber renunciado desde el once, sin un titular y con el debut de Iker Monreal junto a Laporte en el centro de la defensa. Para pareja para bailar con Sadiq, un chaval y un veterano recién salido de lesión. La parroquia se relamía esperando, con paciencia, que el Valencia, que no tardó en buscar el primer balón en largo al nigeriano, engrasara su ataque. Mientras veía cómo Luis Rioja se iba convirtiendo en un problema para Lekue en la orilla derecha. Era incapaz el capitán de frenarle y encima el fuerte viento le jugaba malas pasadas. Permitió que el sevillano se le escapara para pisar área y cruzar un disparo que salvó Padilla.

La respuesta del Athletic fue solo una entre los tres palos en toda la primera parte y llegó por la incapacidad de los valencianistas para despejar un balón que el Athletic pudo sobar rondando el área hasta que Nico Serrano soltó un latigazo que obligó a Dimitrievski a sacar los puños.

La sensación era de que el Valencia estaba más cerca de abrir el marcador en cuanto Sadiq se afinara. Y lo hizo, pero en la portería que no tocaba. Una falta que Robert Navarro, desde casi la línea de banda, la cabeceó el delantero, solo en el pico del área, como si fuera el goleador del Athletic. Nadie entendió qué cortocircuito le llevó a perpetrar ese testarazo. Como si se hubiera quedado grogui, poco después falló en el remate de un centro de Rioja a un metro de la meta de Padilla. Sin embargo, se sacudió la culpa y lo enmendó cuando vio que Rioja -siempre Rioja- probó con un tiro desde el carril derecho que al meta del Athletic, en su intento por embolsarlo, se le escapó. Apareció como un rayo el nigeriano para rebañarla y poner el empate.

La igualdad espoleó al equipo de Corberán que se instaló en el área bilbaína, con Danjuma intentando castigar por la izquierda y Rioja siendo una pesadilla en la derecha. El Athletic solo intentaba estirarse para, al menos, llevar con vida al descanso. Esa estrategia le permitió tener el partido en la mano.

Valverde mandó a los Williams, a Nico y a Iñaki, al césped y Corberán respondió sacando a Sadiq, tras enviar alta una asistencia de Pepelu, y recompuso su defensa por la lesión de Copete. Creció y mucho el Athletic, que pudo marcar con un remate de media volea de Nico Serrano que estrelló en el lateral del área. Enlazó otra ocasión el extremo antes de que Foulquier, silbado todo el duelo, estirara al Valencia hasta la línea de fondo para estampar su tiro en el palo. Hasta ahí se mantuvieron los valencianistas en los cuartos de final. Y eso que Dimitrievski paró un penalti a Jauregizar que el VAR vio por mano de Tárrega. Ni Ramazani, ni Diego López, ni Hugo Duro ni Guido Rodríguez sacaron a su equipo del atasco, cada vez más romo y más parecido al que sufre mucho en Liga.

En el añadido, cuando se visualizaba la prórroga, apareció Nico Williams por el carril derecho para, desde el pico del área, regalarle a Iñaki un balón que solo tuvo que rebañar para llevar al Athletic a las semifinales de la Copa.

El Barça no puede evitar sufrir en Albacete ni bajo el influjo de Lamine Yamal

El Barça no puede evitar sufrir en Albacete ni bajo el influjo de Lamine Yamal

Lamine Yamal vive retándose para sostener al Barça. Lo hizo para, con una precocidad inaudita, convertirse en una estrella que catapultaba al equipo y, sobre todo, a la selección. También para comprobar cómo era eso de estar bajo un foco que te persigue dentro y fuera del césped. Incluso para convivir con un dolor que desluce tu juego mientras los rivales tienen como objetivo eclipsarte. Ha aprendido que ninguno le encara uno contra uno, sino que aparecen ayudas para achicarle todos los espacios por donde pueda escapar. Lamine ha tenido que volver a sacar lustre a su talento y, con él, por momentos al Barça, ya sea en la Champions o en la Copa ante un Albacete que les hizo sufrir, aunque fuera en los últimos cinco minutos de locura. [Narración y estadísticas (1-2)]

En el Carlos Belmonte Lamine asumió la responsabilidad de hacer añicos una defensa de cinco que se esmeraba por mantenerse viva todo el tiempo posible mientras buscaba una contra que sorprendiera. Con Rashford y Dani Olmo como escuderos, no cesó en su empeño hasta que lo logró con otro gol por cuarto partido consecutivo. El Barça llegó a Albacete avisado, cómo no, después de la humillación al Real Madrid y no tardó en comprobar que la idea era la misma. En un duelo que, durante muchos minutos, fue de área a área, entre Lamine y Rashford hilvanaron el primer ataque que no pudieron empujar ni Olmo ni Lewandowski. Había espacios y solo era cuestión de aprovecharlos.

No lo hizo el inglés cuando Olmo le lanzó en carrera para que enfilara a Lizoain sin poder conectar el remate. Asomaban los azulgranas, pero el Albacete no cedía. Una pérdida de Lamine casi en la frontal de su área la cazó Agus Medina para lanzar a Puertas ante Joan Garcia. Los latigazos iban de lado a lado, pero el Barça no había conseguido aún un disparo claro entre los tres palos. Aceleraba el juego, pero no demostraba ninguna prisa, como si estuviera convencido de que su momento llegaría. No se la había jugado Flick con muchas rotaciones, solo las necesarias por las bajas y ante la obligación de hacer el rodaje de Araujo y Cancelo. No tuvo el portugués su noche y, con una amarilla, se quedó en el vestuario al descanso antes de que dejara a su equipo en inferioridad. Al uruguayo se le dio mejor.

Por cuarto partido consecutivo

Antes, Lamine siguió buscando por donde hurgar, en una lucha constante pero a trompicones, como el que le costó la lesión a Neva y puso en el campo a Vallejo, ovacionado por su afición. En esa tarea encontraron a la estrella azulgrana Rashford y De Jong en la jugada del gol. Rebañó la pelota el inglés cuando el Albacete intentaba avanzar y se la dejó al neerlandés para que la entregara a Lamine cuando aparecía en el área por el carril derecho para enroscar un latigazo que abría el marcador. Catorce goles suma ya, los últimos cuatro en partidos consecutivos. Si bien pudo engordar la ventaja Lewandowski si hubiera llegado a un centro preciso de Rashford, también Puertas buscó el mano a mano con Joan Garcia para hacer el empate al filo del descanso.

El Barça no quería sustos y volvió al campo dispuesto a sentenciar. En un saque de córner, Araújo voló sobre Javi Villar para conectar un testarazo que encarrilaba la victoria y devolvía la sonrisa al uruguayo, fundido en un abrazo con Flick. Fue el momento en que el alemán movió el banquillo y el técnico del Albacete recurrió al talismán Jefté, que tuvo dos ocasiones tan claras que parece increíble que las fallara.

El Barça seguía volcado, con Ferran y Olmo afilando el colmillo pero sin lograr el tercero. Y eso le llevó a sufrir. Al Albacete le ilusionó Jefté con un gol anulado por fuera de juego, pero la vida se la dio Javi Moreno cabeceando una falta directa en el minuto 86. Tembló el Barça cuando anularon el tercero a Ferran y tuvo Gerard Martín que sacar bajo palos un remate de Fran Gámez. Sufrieron, sí, pero el premio son las semifinales de la Copa. Más que vivos en tres torneos.

Guido Rodríguez, el ‘temporero’ estrella que busca resucitar al Valencia e impulsarlo ante el Athletic en la Copa

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Se ha acostumbrado el Valencia a vivir huyendo del descenso con tanta frustración que su parroquia se agarra a cualquier alegría que le recuerde la grandeza del club. Eso, en los últimos años, y pese a sonoros tropiezos, solo se lo da la Copa del Rey. No se resignan a exigir más, pero la realidad es tozuda, la misma que les ha privado de tener en su plantilla jugadores indiscutibles que llegan a Mestalla a punto de explotar o a reverdecer sus laureles. Sin capacidad para pelear en el mercado, históricamente las leyendas se han forjado creciendo en el club, hayan sido canteranos o no, o llegando como veteranos con mucha capacidad de pelea. Villa, Silva, Mendieta, Albelda o Baraja pueden pertenecer al primer grupo; Ayala, Carboni o Cañizares al segundo. En esta tipología encaja Guido Rodríguez.

El argentino, campeón del Mundo y dos veces de la Copa América, es la 'estrella' que los Lim le han traído a Carlos Corberán en el mercado de invierno. Con el agua al cuello, han rebuscado el CEO de fútbol, Ron Gourlay, y el propio entrenador refuerzos fiables que rescaten al equipo. Y el centrocampista lo es.

Guido es un jugador con peso, capaz de argumentar en su presentación que el Valencia «debe mirar para arriba», sin que eso crea que es escupir al cielo. Ambición y fútbol para un centro del campo que Corberán no ha conseguido evitar que, en algunos momentos, se diluya y donde hoy no hay más alternativa que Pepelu y el suizo Ugrinic, porque el resto no hace ralla. Ni Javi Guerra ni Almeida han convencido en este triángulo donde debe nacer el juego del Valencia y empezar a morir el del rival.

Llega a Mestalla para cinco meses, justo los que faltan para que Lionel Scaloni arme la lista del Mundial, y nadie, ni siquiera él mismo, sabe si se quedará más tiempo o, mejor dicho, si el Valencia se puede permitir que se quede más tiempo al coste que tiene un futbolista de esta talla aunque haya cruzado la treintena. Adaptado a LaLiga -salió del Betis en junio de 2024-, también sabe lo que significa la Copa para el Valencia. No en vano le arrebató con vistiendo de verdiblanco la última final que disputaron los valencianistas. Esta noche, ante el Athletic, podrá vivir cómo Mestalla siente pasión por la competición que le ha llevado a dos finales en la última década. «No son unos cuartos de final, es una final. Tenemos que vivir dándole la mayor de las importancias. Sabemos que es un partido de todo o nada», advertía Corberán, muy cuestionado porque sus números le hubieran condenado al despido en cualquier otro club donde no tuviera el apoyo férreo del máximo accionista, que prefiere traerle futbolistas que le ayuden a evitar el cese.

Las bajas del Athletic

El valencianismo se agarra en este cruce a que el Athletic es el único rival de los posibles al que le ganó en Liga, en Mestalla, una de las cinco únicas victorias en 22 partidos. Saben, además, que llega magullado. Y es que si el Valencia solo tiene dos puntos sobre el descenso, el Athletic tiene tres.

No está siendo una temporada fácil para Valverde, y solo el el milagro de Bérgamo, la victoria ante el Atalanta que le mantuvo vivo hasta la última jornada en Champions, ha dado alegrías a los rojiblancos. No se dan las condiciones para que sea fácil repetirlo en Mestalla, porque el equipo llega sin centrales. Paredes, sanciones, Vivian y Laporte saliendo de sus lesiones, Egiluz y Yeray sin poder viajar... el técnico no tendrá más remedio que tirar de laterales, Yuri o Lekue, o canteranos. En el ataque, la lesión Oihan Sancet y, sobre todo, la de Nico Williams son un varapalo.

Jefté, el verdugo del Madrid amenaza al Barça: "Me puse a trabajar de electricista y casi lo dejo, no tenía la cabeza bien puesta"

Jefté, el verdugo del Madrid amenaza al Barça: “Me puse a trabajar de electricista y casi lo dejo, no tenía la cabeza bien puesta”

Jefté Betancor estuvo a punto de dejarlo todo, no lo hizo y unos años después fue pichichi en Grecia y eliminó al Real Madrid en la Copa del Rey. El resumen no hace justicia a la montaña rusa que ha sido la carrera futbolística de este canario de 32 años, pero explica que el destino del fútbol a veces es extremadamente caprichoso. Después de marcar el tanto que hizo hincar la rodilla a los blancos, Jefté y el Albacete reciben ahora al Barcelona en el Carlos Belmonte, un estadio convertido en matagigantes.

Lo de que el fútbol ha sido caprichoso con Jefté no es el clásico tópico del periodista, es que las últimas semanas del delantero han acumulado una serie de casualidades dignas de película. Un par de días antes del duelo de Copa contra el Madrid, Jefté tenía un billete de ida hacia Tailandia para fichar por el Buriram United. No estaba siendo indiscutible en el cuadro manchego y el equipo que le tiene en propiedad, el Olympiacos griego, había llegado a un principio de acuerdo con el Buriram para jugar en Asia el resto de la temporada.

La oferta le solucionaba muchos años de su vida, pero terminó diciendo «no» ante la ilusión de disputar una eliminatoria contra el Madrid y tras una conversación con el director deportivo del Albacete, Toché, otro delantero curtido en la Segunda División española y en Grecia. Las palabras del directivo, alentando al futbolista a disfrutar de la histórica ronda copera, tuvieron eco 48 horas después en el Belmonte, donde Jefté marcó dos goles en los últimos 10 minutos para tumbar al Madrid.

"Lo más grande"

«Esto es lo más grande que me ha pasado en el fútbol. Es lo que sueñas cuando eres pequeño. Hace años quise dejar el fútbol y hoy estoy soñando con esto», repetía en el césped, todavía sudando tras celebrar la victoria de su equipo ante los blancos.

Jefté es el fino ejemplo de un trotamundos del balón. Se formó en la cantera del Vecindario y en edad juvenil fichó por el Hércules, donde llegó a debutar en Segunda, pero a partir de ahí su fútbol fue más de barro que de joyas. Ontiyent, Tenerife B, Eldense, Viera, Badajoz, Las Palmas B, Arandina, San Fernando... Hasta que llegó un punto en el que pensó en la retirada.

«Hace nueve años quise dejar el fútbol, no tenía la cabeza bien amueblada y lo dejé por seis meses, empecé a trabajar, a entrenar en mi barrio con mis amigos... Me puse a trabajar de electricista para limpiar la cabeza porque no la tenía bien puesta. Recibí mucha ayuda, de mi familia, de mi psicóloga... Y hoy me veo muy recompensado», explicó después de ganar al Madrid.

De Austria a Grecia

El impulso de la carrera de Jefté llegó lejos de España. Decidió no colgar las botas y se fue a Austria para jugar en el Stadl-Paura de la Segunda División y después en el Mattersburg, Vorwärts Steyr y Sportvereinigung Ried, con el que consiguió ser Pichichi de Primera. Conseguido el galardón, voló a Rumaria, donde vistió las camisetas del Voluntari, el Farul Constana y el CFR Cluj.

Después de Rumania, tocó Chipre para jugar en el Pafos, que ahora está en Liga de Campeones. Y de su breve paso por la isla chipriota a Grecia, el lugar que le empujó de vuelta a España. Fichó por el Panserraikos, uno de los clubes más humildes de la Superliga, y terminó como máximo goleador de la competición, ganándose un nombre en el país hasta el punto de que el Olympiacos de Mendilibar le fichó en el mercado de invierno, dejándole en el equipo el resto de la temporada. En verano, y sin opciones con Mendilibar, escuchó al Albacete y volvió a España, con la casualidad, otra vez, de hacer historia contra el Madrid. Ahora le toca el Barcelona.

La RFEF prevé adelantar una semana la fecha de la final de la Copa del Rey en La Cartuja

La RFEF prevé adelantar una semana la fecha de la final de la Copa del Rey en La Cartuja

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La Federación Española de Fútbol prevé, con el visto bueno de LaLiga, adelantar una semana la fecha de la final de la Copa del Rey que se volverá a disputar en La Cartuja de Sevilla y que inicialmente se había fijado para el 25 de abril.

"Hay un cambio de fecha y hay bastantes posibilidades de que el fin de semana anterior al que estaba previsto sea la fecha que vamos a consolidar", explicó este sábado en declaraciones a los medios el presidente de la RFEF Rafael Louzán.

El directivo explicó que el hecho de que esta campaña el Betis juegue sus partidos en ese estadio y que además siga vivo en todas las competiciones ha provocado el cambio.

"Este año es la primera vez que el Betis juega en La Cartuja y nos era muy fácil organizarlo, pero ahora el Betis está en tres competiciones, la Copa del Rey, La Liga Europa y la Liga, y eso lo hace mas difícil aún a nivel organizativo", apuntó tras un acto de la Supercopa Femenina.

"Eso nos ha llevado a buscar una fecha alternativa pensando en muchas cosas, en capacidad hotelera, porque también hay otro evento en el área próxima a Sevilla y tenemos pensar en los cuerpos de seguridad del estado, porque necesitamos más de 1.200 plazas para ellos para que puedan dar cobertura a un evento de estas características", añadió

Louzán dijo que han considerado todas esas opciones y que trabajan en un cambio de fecha que dio por hecho. "Va a ser una realidad y hay que ajustar bien para la celebración final al fin de semana anterior al que estaba previsto", explicó.

"Ya está concretado que no va a ser la fecha prevista y hay alternativa encima de la mesa. Hemos hablado con la Liga porque hay un calendario apretado y hay pocas fechas y estamos de acuerdo y vamos a ver cuál de esos días de fin de semana y hora exacto, lo tendrán en unas semanas", avanzó

El Albacete, verdugo del Madrid, contra el Barça y Atlético frente al Betis, enfrentamientos más destacados de los cuartos de Copa

El Albacete, verdugo del Madrid, contra el Barça y Atlético frente al Betis, enfrentamientos más destacados de los cuartos de Copa

Un minuto de silencio arrancaba el sorteo de Copa del Rey esta mañana en las Rozas. La Real Federación Española de Fútbol quería dedicar estos cuartos de final a las víctimas del accidente ferroviario de Córdoba. Una eliminatoria en la que no estaría el Real Madrid tras su eliminación por parte del Abacete, pero que sí contaría con la presencia del FC Barcelona y el Atlético de Madrid como grandes favoritos.

Precisamente a los de Hansi Flick les ha tocado el equipo manchego, el verdugo del Real Madrid y único equipo de inferior categoría, mientras que el conjunto de Simeone se enfrentará al Betis en La Cartuja, estadio que también albergará la final.

El héroe del Albacete en la eliminación de los blancos, Jefté Betancourt, fue el primero de los entrevistados en este sorteo como único representante de un equipo de la liga Hypermotion en esta ronda. "Las sensaciones son muy bonitas, estamos viviendo un sueño", apuntó. Ahora les tocará el Barça en el Carlos Belmonte. Al ser un equipo de inferior categoría es el único que tendrá el privilegio de jugar en casa ya que el resto se ha decidido a sorteo puro.

En los cuartos se producirá una cosa curiosa y es que coincidirán en esta ronda los tres equipos de las tres capitales vascas, circunstancia que no se producía en este torneo desde 1932. Athletic, Real Sociedad y Alavés buscarán un hueco en las semifinales. Los bilbaínos la harán ante el Valencia en Mestalla y vitorianos y donostiarras se enfrentarán en un derbi vasco en Mendizoroza.

Las eliminatorias se celebrarán entre el 3 y el 5 de febrero y la siguiente ronda, que serán ya las semifinales del torneo, se disputará la ida entre el 10 y el 12 de febrero y la vuelta entre el 3 y el 5 de marzo. La final del trofeo volverá a ser en el estadio de La Cartuja el 25 de abril.

Así quedan los cuartos de Copa:

Albacete - FC Barcelona

Alavés - Real Sociedad

Valencia - Athletic

Real Betis - Atlético de Madrid

El Barça se sacude el susto ante el Racing con goles de Ferran y Lamine y la magia de Joan Garcia

El Barça se sacude el susto ante el Racing con goles de Ferran y Lamine y la magia de Joan Garcia

No quería sustos Hansi Flick y saltó al Sardinero con las rotaciones justas para un duelo que le enfrentaba al líder de Segunda, pero se agarró a quienes no le fallan: Ferran, Joan Garcia y a ellos se sumó Lamine Yamal. El Barça, crecido tras la victoria en la Supercopa, vio tropezar al Real Madrid y apretó los puños. Un rival menos en el camino siempre que cumplieran con su deber en Santander. Le costó sudarlo. El Tiburón apareció para, en un latigazo en el minuto 66 que fue su único disparo, encarrilar una clasificación, que sostuvo Joan Garcia para birlarle la prórroga al Racing en último suspiro y remató Lamine Yamal en el añadido. Objetivo cumplido, pero no fácil.

El Racing fue digno competidor. El primer aldabonazo que les ancló las botas al césped lo dio Arana presionando y robando a Gerard Martín una pelota y armando un disparo que acabó salvando Joan Garcia rozándolo para enviarlo por encima del larguero. El Racing tocaba zafarrancho con la doble intención de evitar que los azulgranas se acomodaran el partido y golpearles. Apenas pudieron sostener esa intención porque, aunque el Barça no era tan vertical como le gusta, encontraba espacios para intimidar.

Fue Koundé hasta línea de fondo para poner un centro raso a Dani Olmo, y a punto estuvo de cazar con el empeine una pelota cruzada de Rashford al área pequeña. No se asustó el Racing, que intentó estirarse hacia campo culé, cómodo conteniendo al rival, que a la media hora le puso de nuevo a prueba con un disparo de rosca de Marc Bernal, a quien Flick le dio la titularidad para que vaya cogiendo ritmo y los minutos que no tiene en Liga. Amagaban los azulgranas sin conseguir avanzarse en el marcador, en el que iban pasando los minutos con un empate que no les servía. Lo intentó deshacer al filo de descanso Rashford con un tiro que se envenenó al tocar en Castro pero que, sin verlo, atrapó Ezkieta.

El Barça tenía a Lamine Yamal y a Ferran a los que Flick les pidió que encontraran la forma de ser protagonistas en la segunda mitad. Lamine se lo tomó al pie de la letra. Primero con un disparo y después encontrando el desmarque de Rashford en la otra orilla del campo para que el inglés armara un golpeo que se perdió por el lateral de la portería. No marcaban, pero ya se habían instalado a vivir en campo racinguista.

Como les faltaba un empujón, llamaron a Fermín para sustituir a Marc Bernal. El panorama no cambió: el Barça dominaba sin mordiente y el Racing se defendía esperando a poder armar una transición eléctrica que cogiera desordenado a su enemigo. Se acordó entonces Lamine de las instrucciones de Flick, burló a media defensa en un palmo y buscó a Ferran con una pelota que solo tenía que embocar. El gol lo evitó, esta vez, Ezkeita, pero no un córner que Lamine se la jugó a olímpico y la estrelló en el larguero.

Ya no hubo más fogueo del Barça. Desde la orilla derecha a la altura del círculo central filtró Fermín una asistencia a Ferran que, ganando la carrera al defensa y burlando al portero, convirtió en la ventaja culé un minuto antes de que su entrenador lo enviara al banquillo. Porque Flick ya no especuló: al campo Raphinha, Pedri y Lewandowski.

El plan estuvo a punto de hacerlo estallar Lozano, cuando se escapó a la espalda de toda la defensa para batir a Joan Garcia... aunque en fuera de juego. Eso fue suficiente para volver a recordarle al Barça que quedaban casi 20 minutos de partido y el marcador era corto. Parte de la culpa era de Ezkieta que, como si fuera la manilla de un pinball, salvó el remate de Fermín y el rechazo que cazó Lewandowski. Para entonces, el Racing también tenía toda su artillería sobre el césped, aunque fueron víctimas de la mecanización del Barça en los fueras de juego -dos goles anulados- y de la magia de un portero extraordinario.

Arbeloa no reprocha "nada" al vestuario, asume la culpa y Carvajal saca el látigo tras el desastre de Albacete: "Hemos tocado fondo"

Arbeloa no reprocha “nada” al vestuario, asume la culpa y Carvajal saca el látigo tras el desastre de Albacete: “Hemos tocado fondo”

Toledo, Real Unión de Irún, Alcorcón, Alcoyano... Y Albacete. El Real Madrid, que desde el lunes es el Real Madrid de Álvaro Arbeloa y no de Xabi Alonso, fracasó en la Mancha ante el 17º clasificado de Segunda División. Ese fue el debut del nuevo técnico y la continuación de una serie de lamentables actuaciones del vestuario madridista, aunque el entrenador les quitó responsabilidad: "Si alguien es el culpable de esta derrota soy yo. Solo puedo agradecer a los jugadores la bienvenida que me han dado, recuperarles anímicamente y ganar el sábado", declaró, en otro elogio directo a un vestuario al que ha llegado entregado.

Los dos grados de Albacete recibieron a Arbeloa en su estreno como entrenador del Madrid, aterrizando el equipo en avión desde Barajas tras un vuelo de 35 minutos, amenazado por la extensa niebla, por las 16.000 almas del mítico Carlos Belmonte y por el gol de Javi Villar que metió el miedo en el cuerpo de todo el conjunto blanco. La dirección del club había esperado al final de la Supercopa para despedir a Xabi Alonso y le había ofrecido al técnico del filial un calendario ameno para coger el Madrid, pero el Albacete se revolvió.

Y eso que Arbeloa quiso mandar un aviso desde la alineación. Le dio a Jorge Cestero la manija del Madrid. "Es el mejor centrocampista defensivo de España", dijo de él hace unas semanas. El joven de 19 años, el más utilizado en el Castilla, disfrutó de su primera titularidad y fue el mejor del Madrid. No fue difícil, cumplió en el pase corto y en la buena orientación cuando al resto le faltó inspiración y energía.

Mientras, Arbeloa observaba desde la banda. Traje negro, impoluto, zapatillas blancas, relucientes, las manos en los bolsillos durante todo el duelo y ni una indicación a sus futbolistas. El nuevo entrenador les dejó hacer, les miró de pie desde el área técnica y sólo se sentó, casualidad, durante un minuto antes del gol de Villar, el 1-0.

Se fue a hablar con su ayudante y al levantarse se produjo el tanto. A unos metros, Antonio Pintus, de nuevo jefe de la preparación física y gran fichaje del club en este mercado de invierno, perdía la mirada en el horizonte. El italiano había saltado con los once jugadores al calentamiento, con un trote casi militar, y dirigió los ejercicios, algo que no había hecho en toda la temporada con Alonso.

Arbeloa llenó el equipo de suplentes, pero mantuvo a Vinicius y Fede Valverde para liderar el juego junto a Asencio, Huijsen, Güler y Gonzalo, titulares habituales en los últimos partidos. Podría parecer suficiente para vencer con comodidad al 17º clasificado de Segunda División, pero no hay cambio de técnico que active tan rápido a una plantilla. "El que quiera calificar esto como fracaso lo entiendo. El fracaso está del camino al éxito y esto a mí esto me hará mejorar. He sufrido eliminaciones coperas peores que esta", deslizó el técnico.

30 horas después de su presentación, el Madrid de Arbeloa se pareció mucho al Madrid de Alonso o al último Madrid de Ancelotti. Permitió las llegadas de su rival y dependió de jugadas aisladaa para todo. En el tramo final, Arbeloa seguía igual, de pie, manos en los bolsillo, impasible, mientras todo se calentaba a su alrededor. No hubo gritos, gestos al aire ni indicaciones. Nada. Y sí el mismo fútbol espeso de los últimos meses y el mismo drama.

Drama final

Un drama que se hizo grande con el 3-2 definitivo en el 94. Y ahí, en el banquillo, ante el ridículo madridista en los octavos de Copa, las manos al bolsillo de Arbeloa. No está Alonso, pero sí el mismo Madrid. "El que quiera calificar esto como fracaso lo entiendo. El fracaso está del camino al éxito y esto a mí esto me hará mejorar. He sufrido eliminaciones coperas peores que esta", deslizó el técnico, que insistió en elogiar a los futbolistas: "Lo que he visto son jugadores que han querido ganar, no les puedo reprochar nada. Las derrotas no marcan, marcan los títulos", aseguró, finalizando, otra vez, liberando al grupo de la culpa: "Lo que pasa en el campo es responsabilidad del entrenador. Si el equipo juega mal es porque yo no he sabido hacerlo mejor". A unos metros, Carvajal no dudaba: "Hemos tocado fondo estrepitosamente. Los culpables somos los jugadores".

El manicomio del Madrid

El manicomio del Madrid

Otro "Waterloo" en apenas tres días. Un Albacete disciplinado, con toda su ambición y con inteligencia mortificó el debut de Arbeloa. Pero, ¿qué se creen en la Casa Blanca, que con sustituir a Xabi Alonso ya estaba todo arreglado? Es un manicomio.

El grave error es no haberse cargado a Alonso hasta que no tuvieran un entrenador con personalidad, aunque estuviera lejos como Pochettino o Klopp, costase lo que costase. Pero creerse que Arbeloa era la solución es pueril, una falacia y un enorme error.

Me dicen que Arbeloa le hace magníficamente la pelota a Florentino, pero también me chivan que ha tratado de hacerle la cama constantemente a su amigo Xabi. ¿Con quién ha empatado Arbeloa?.

No tiene ninguna experiencia, sólo soberbia y deja jugadores vitales en Madrid o y los reemplaza por algunos del mediocre Castilla. Es un grave error de entrenador de un padrino equivocado.

Además, el Madrid, sin Mbappé y con jugadores del Castilla, no pasa por ser un equipo del montón. Me acuerdo de Talavera. De no haber "operado" Mbappé ya hubiera caído el Madrid en la anterior eliminatoria.

Me van a decir que no le doy ni los cien días Arbeloa. Es no se sostiene, se sabía que no tenía experiencia, ni calidad, ni talento. A mí, por lo menos, nunca me lo ha demostrado y el truco del "espartano" no cuela. El problema es lo que viene a continuación. Salvo milagro, pronostico que Arbeloa no durará ni un par de meses. Es como si un enorme Airbus fuera manejado por un azafato. No entiendo nada. Error tras error.

El Albacete fue un jabato. Planteó el partido Alberto González como un auténtico entrenador. Arbeloa no lo es todavía. Le espero al Madrid, le atacó cuando pudo con inteligencia y lo mató en el último minuto, con un ridículo Carvajal. Desgraciadamente, con la lesión que ha tenido, es imposible que vuelva a ser el mismo. El fútbol es muy cruel.

No quiero hablar mucho del sospechoso Vini, en uno de los partidos más vergonzantes ante un equipo de Segunda División. Y ese Lamine argentino Mantantuoso es un petardo que ni siquiera es capaz de hacer un sólo regate.

¿Qué queda ahora al Madrid? Rezar y creer más que nunca en Mbappé, el autentico mesías del fútbol. Escribí hace meses que la crisis del Madrid es más dañina de lo que creen en la Casa Blanca. La plantilla está mal diseñada. A Pérez no le gustan los entrenadores. Me parece muy bien. Pero por favor, no decida que con Pintus "gorgorito", Arbeloa y todas la patulea del Castilla, el Madrid pueda aspirar siquiera a ser un equipo notable en el mundo. Es la teoría del caos.