Nadie baila en el ridículo del Madrid, eliminado en la Copa en el debut de Arbeloa

Nadie baila en el ridículo del Madrid, eliminado en la Copa en el debut de Arbeloa

Nadie baila en el Madrid. Ni Vinicius ni Álvaro Arbeloa, cuya era empieza con una hecatombe, resuelta incluso con tintes ridículos en una última jugada de despropósitos en su área, pese a la calidad en el golpeo de Jeftét. Las caídas en la Copa frente a modestos como el Albacete habían llegado a ser arrastradas hasta el cadalso por entrenadores como Manuel Pellegrini. Para Arbeloa es un lastre que no estaba en el guion. Parecía escrito para Xabi Alonso, su antecesor, pero lo sufre quien llega a ese banquillo con el mandato de divertirse. En el calvario, que es donde se encuentra este Madrid, no hay diversión posible, sólo vergüenza. Mejor una oración.[Narración y estadísticas, 3-2]

El orden y la cantera no dieron a Arbeloa, como una estatua de cera todo el partido, impertérrito, la primera victoria, lo único que garantizaba seguir adelante en la Copa. Buscaba un estímulo y se encuentra en un solo partido en una crisis mayor a la heredada, porque perder con el Barça en la final de la Supercopa es incomparable a ser eliminado de la Copa por el Albacete, que lucha en la zona cercana al descenso de Segunda.

El Bernabéu espera

Esta eliminación pone en cuarentena incluso las conclusiones que pudieran sacarse de la primera alineación de Arbeloa, pero dos hechos resultaban relevantes: un mediocentro de la cantera, Jorge Cestero, y cada futbolista en su sitio natural, con Valverde de regreso al centro del campo. La única excepción fueron los minutos de Camavinga, en la banda izquierda, donde ya jugó con Ancelotti.

La Liga dirá más cosas, el sábado frente al Levante en el Bernabéu, donde está inesperada caída puede provocar una bronca de la grada, que ya señaló a los futbolistas por encima de Xabi Alonso como culpables de la crisis. El grito del socio escapa al control del propio Florentino Pérez. A nada temen tanto los presidentes como a los plebiscitos de los estadios, y más cuando saben que la responsabilidad mira hacia arriba.

Arbeloa, en la banda del carlos Belmonte.

Arbeloa, en la banda del carlos Belmonte.Jose BretonAP

Cestero por Tchouaméni

De Cestero había llegado a decir Arbeloa que era uno de los mejores de España en su puesto. Tanto que lo escogió en lugar de Tchouaméni. Arriesgado. Para los chicos de la cantera este trago también pesa. El propio Cestero, David Jiménez, Palacios o Manuel Ángel, que salieron en los últimos minutos en busca de un gol desesperado. El de Gonzalo, de la misma estirpe, no fue suficiente para sobrevivir.

El balón parado iguala en la misma medida que el movimiento distancia, porque la calidad en el fútbol es la capacidad de desarrollar la técnica a la máxima velocidad posible. Pero el balón parado también es la forma más rápida de acercarse al gol cuando otros caminos, los caminos de la calidad, no lo consiguen. Eso le ocurre al Madrid. Ambas cosas explican lo que ocurrió en el primer tiempo, con un equipo blanco dominante y ortodoxo, pero sin profundidad y ocasiones, y un Albacete acuartelado a la espera de su oportunidad.

La encontraron los locales en su primer saque de esquina, rematado con autoridad por Javi Villar, toda la que no tuvo la defensa madridista. La acción retrató a Mastantuono, pero no debe ser el argentino a quien pedir cuentas en esas situaciones. Tampoco a Arbeloa, por ahora. La defensa del balón parado necesita trabajo y tiempo, algo que todavía no ha tenido el entrenador, pero tras lo sucedido en el Carlos Belmonte es difícil que se le conceda. Arbeloa empieza en un lugar peor al que dejó su antecesor y amigo Xabi. Mal asunto.

Los madridistas se lamnentan ante la alegría de los manchegos.

Los madridistas se lamnentan ante la alegría de los manchegos.Jose BretonAP

Vinicius, voluntad sin acierto

La réplica del Madrid, en un momento psicológico de un partido más psicológico que futbolístico, dadas las circunstancias, se produjo gracias al remate de Huijsen, repelido de forma acrobática por Lizoain, y el oportunismo de Mastantuono. Fue como un desagravio al defecto de su acción defensiva unos minutos antes. Al descanso, pues, se retiraba el Madrid sin daños, pero sin nada más relevante más allá del orden, con un Vinicius voluntarioso pero ofuscado.

Por el orden empezó Xabi y de orden entiende Arbeloa, cuyas cualidades tácticas le permitieron como jugador cohabitar con los mejores, en el Madrid o en la selección. También entiende Alberto González, que reaccionó con tres cambios rápidos a la salida más alta y con ritmo del Madrid en la segunda mitad.

Ya con Agus Medina sobre el césped, el Albacete fue más ambicioso. Otro de los cambios, Jeftét, encontró el gol tras los malos despejes de Carvajal y Gonzalo, más un Lunin sorprendido. Gonzalo puso el ADN de Sergio Ramos en esta pequeña Lisboa de la Mancha con el empate, pero el Madrid de hoy está muy lejos de la metáfora de Sergio Ramos. [Narración y estadísticas, 3-2]

La cruz del presidente

La cruz del presidente

La principal explicación a la marcha de Xabi Alonso después de una Supercopa en la que el Madrid cayó ante un Barça superior, pero evitó ser arrasado, es que ya tuviera puesta la cruz, y en el Bernabéu sólo hay una persona con capacidad de hacerla. Es el presidente.

Todo lo demás es reconducible, negociable, si existe realmente voluntad de continuidad. De lo contrario, a la primera discrepancia, todo se rompe. Del comunicado del Madrid, que habla de una ruptura de "mutuo acuerdo", podría deducirse que esas discrepancias hubieran aflorado en las últimas horas. Por ejemplo, respecto a las medidas a tomar para enderezar la marcha del equipo, con un intervencionismo del club sobre la parcela técnica que podía suponer, entre otras medidas, la vuelta de Antonio Pintus como preparador físico. Determinadas propuestas son como abrir la puerta de salida.

Los sorprendentes tiempos de la destitución, después de un día en el que los mensajes en ON de la plantilla y el entrenador iban en la dirección de tomar lo positivo de la final para encarar el futuro, y en el mismo sentido llegaban los mensajes en OFF del club, sugieren ciertamente que podría haberse producido un repentino detonante, pero la realidad es que la bomba ya estaba cebada.

Xabi Alonso aceptó dirigir al Madrid en el Mundial de Clubes, una vez destituido Ancelotti, en contra de su deseo de llegar después, y vio cómo el club era tolerante con Vinicius pese al desplante que le hizo en el clásico del Bernabéu. Si ante una supuesta medida invasiva sobre su espacio de trabajo ha decidido no transigir es sólo una hipótesis, algo que únicamente pueden aclarar los implicados.

La decisión es traumática, porque la apuesta por Xabi Alonso era de calado y largo recorrido. Un gran ex jugador del Madrid, un entrenador de nueva generación contrastado por el mercado tras su exitoso trabajo en el Bayer Leverkusen, y un tipo de carácter. Ese mismo carácter ha echado de menos públicamente la atmósfera del Madrid, que no es lo mismo que el club. El único momento en el que lo utilizó fue para recriminar a Simeone. En todo lo demás, con sus jugadores, fue demasiado 'polite'.

En el ecuador de la temporada, el proyecto ha estallado, con síntomas evidentes de que el entrenador no había conseguido su objetivo. El Madrid de Xabi que empezó por presionar y jugar en campo contrario, con Güler como faro, acabó acuartelado en su área en la Supercopa. No es el primer técnico que sucumbe ante el desafío de transformar futbolísticamente a un equipo que tiene el norte en el palco y el sur en el vestuario, y donde el técnico no está siempre en el ecuador. Depende. Los resultados son lo primero, pero también la química con Florentino Pérez. Xabi Alonso fue una apuesta de la cúpula, pero no personalísima del presidente, como Zidane o Mourinho.

El ejercicio de pragmatismo ante el Barça en la Supercopa dejó sensaciones encontradas. Por una parte, llevó equilibrio a un duelo a priori desequilibrado, pero con la callada conclusión de que el Madrid no podía jugar de ese modo y la duda de si con Xabi Alonso sería posible hacerlo de otro modo o el técnico ya había renunciado a sus principios y se había instalado en modo supervivencia. Cuando creyó encontrarla, ya estaba en la cruz.

Raphinha, por delante de Lamine y Vinicius: el mejor futbolista del Barça y Brasil no tiene relato

Raphinha, por delante de Lamine y Vinicius: el mejor futbolista del Barça y Brasil no tiene relato

El mejor jugador del Barça y de Brasil no tiene relato. Ni es un producto de la Masía, como Lamine Yamal, ni es un icono de la lucha contra el racismo, como Vinicius. El tremendo protagonismo de Raphinha en la Supercopa, con dos goles al Athletic y otros dos al Madrid, constatan lo que el terreno de juego ya decía la temporada pasada, aunque muchos no se dieran por aludidos. La FIFA no es la única.

A Raphinha le perseguía el haber sido un futbolista de la agencia de Deco, antes de ser nombrado director deportivo del Barcelona. Un asunto feo en unos inicios difíciles. Tiempo después se convirtió en el jugador clave en la primera temporada de Hansi Flick, situado a la izquierda del ataque. No es casual que su lesión este curso haya coincidido con los momentos de dudas del Barcelona, como la derrota en el clásico del Bernabéu. Su regreso ha sido como volver a poner el aceite y la sal en las tostadas tras un tiempo de dieta.

El día que Vinicius resucitó, con un gol colosal y un desequilibrio de altura, y que Lamine Yamal estuvo en una gran versión, Raphinha lo tuvo todo, autor del gol que abrió el marcador y del que lo cerró, aunque fuera con la ayuda involuntaria de Asencio, firme de principio a fin en el área blanca.

Los premios que habían olvidado al brasileño, MVP en la semifinal y final de la Supercopa, tienen la oportunidad de corregirse cuando la temporada está en su ecuador, pero con lo mejor por delante. El Mundial también aguarda a Raphinha, y Ancelotti, con los brazos abiertos. En el azulgrana no sólo tiene un goleador voraz, también un líder de vestuario, comprometido con el equipo, como bien sabe Flick. Esta Brasil lo necesita.

Raphinha permite al Barça volver a recuperar la iniciativa en los clásicos después caer en el Bernabéu, pero con menos holgura de la que anticipaba la final. La razón fue el planteamiento de Xabi Alonso, que decidió intervenir de verdad sobre su equipo para jugar desde la inferioridad. Con tres centrales y Rodrygo en la izquierda, consiguió equilibrar el duelo durante buena parte del choque.

El torneo en Yeda llegaba como una especie de reválida aplazada para el tolosarra, pero el desenlace deja disyuntivas que complican la toma de decisiones. Por una parte, un Madrid ultradefensivo contra el Atlético y adaptado a las circunstancias frente al Barça. Por otra, un Madrid vivo y competitivo. Nadie cree que el equipo blanco deba jugar como lo ha hecho en Yeda. El primero, su entrenador. La pregunta es cómo puede jugar este Madrid, porque media temporada después de la llegada de Xabi Alonso, todavía no lo sabemos.

La victoria del Madrid del Paleolítico

La victoria del Madrid del Paleolítico

La victoria del Paleolítico lleva al Madrid a la final. No es extraño que la represente Valverde, futbolista de empuje y fuerza, condensadas en el misil que las baterías antiaéreas del Atlético midieron mal. El primero, Oblak. El uruguayo ha pasado de ser un futbolista con dificultades para adaptarse a lo que quería Xabi Alonso a una pieza clave, aunque sea como lateral, para un entrenador que lo que quiere, hoy, es sobrevivir. La fuerza siempre ayuda, aunque no deja de ser un síntoma de que la evolución pretendida por el tolosarra se ha detenido. El otro es observar los saques en largo de Courtois en busca de Gonzalo y la segunda jugada, un argumento primario, lejos del fútbol sofisticado que busca quien pretende confeccionar equipos de autor, como el Bayer Leverkusen.

El paso a la final mantiene la débil línea de crédito de Alonso, pero le aboca a un duelo terrorífico contra el Barça. Ninguno de los dos finalistas son actualmente los del clásico del Bernabéu. El domingo, en Yeda, estará expuesto al tremendo fuego enemigo, recuperado en la medida en la que lo ha hecho Raphinha, y muy pendiente del fuego amigo.

Las bajas en defensa, que obligaron al Madrid a acabar con Tchouaméni y Carreras como centrales, no excusan al Madrid de los problemas que atravesó en la salida de balón. No es únicamente una cuestión de piezas, sino de juego, voluntad y seguridad. La presencia de Güler en el banquillo era, asimismo, otra prueba de que los principios de Xabi Alonso han cambiado o se han adaptado a las circunstancias. Mal asunto.

El Madrid resistió, muy cerquita de Courtois, porque al Atlético le faltó calidad para definir ante portería y llevar su dominio, total, al marcador. Para eso no bastaba la energía de Marcos Llorente, incansable. Necesitaba al Julián Álvarez de verdad, no al que saltó al terreno de juego, o más tiempo a Baena, sustituido por Simeone, desesperado y desesperante.

El mesías del Atlético, que juega todos los partidos, intentó desestabilizar a Vinicius desde la banda, pero el brasileño no necesita ayuda. Esta out. Muy lejos de Oblak, era un futbolista sinsentido: no tenía capacidad para salir a la contra y no sabe presionar. El día sin Mbappé y sin los pitos del Bernabéu, ante una grada mitómana que todo lo aplaude, era su oportunidad. La aprovechó Rodrygo. La siguiente, el domingo.

Gianni Infantino: un año de cortejo a Donald Trump, entre el éxito del Mundial de clubes y el desafío del gran Mundial

Gianni Infantino: un año de cortejo a Donald Trump, entre el éxito del Mundial de clubes y el desafío del gran Mundial

Después de lidiar con la herencia de dos Mundiales envenenados, Rusia 2018 y Qatar 2022, era el momento de observar la verdadera obra de Gianni Infantino en la FIFA. Empezaba, ya en 2018, con la concesión de un Mundial a Estados Unidos, con México y Canadá como acompañantes, y posteriormente con la creación de un Mundial de clubes que se disputaría, un año antes, en el mismo territorio, hoy territorio Trump. Una apuesta sugerente en lo logístico y económico, pero arriesgada, dadas las múltiples aristas del presidente de Estados Unidos.

El primer envite, en el concluido 2025, lo saldó Infantino con buena nota, dado que el Mundial de clubes ha sido un éxito que apunta a la consolidación del evento, pese a estrecheces del calendario y las quejas de los sindicatos de futbolistas y los entrenadores por las altas temperaturas. Pero el dirigente de la FIFA sabe que el plato gordo es el próximo año, por lo que, además de haber puesto el pie en la tierra de Donald Trump, ha utilizado todas sus dotes para engrasar en lo posible la relación con el actual inquilino de la Casa Blanca.

La mejor prueba es la concesión al presidente estadounidense del Premio de la Paz de la FIFA. Creado justo en 2025, parecía hecho ad hoc para el personaje, que lo recibió de manos del suizo en la gala que acompañó al sorteo del Mundial del próximo verano, el pasado mes de noviembre en Washington. Fue justo unos días antes de que Carolina Machado, la opositora venezolana, recibiera el Nobel de la Paz, por el que suspiraba el propio Trump. Para el estadounidense fue como recibir un Nobel de la Paz de chocolate.

Inmigración y aranceles

Desde que a principios de 2025, Infantino presentará al dirigente republicano el Mundial de clubes en el salón oval de la Casa Blanca, el presidente de la FIFA no ha perdido oportunidad de agasajar al hombre más poderoso del mundo, al que necesita de su lado para que el próximo Mundial sea un éxito. Compartido con México y Canadá, dos países con los que Estados Unidos continúa en tensión a raíz de la guerra arancelaria, es clave lograr una tregua en las tensiones de cara al movimiento de aficionados en las fronteras durante el verano.

La controvertida política de Trump, en particular en asuntos de inmigración, es compleja para las grandes organizaciones deportivas como la FIFA, en cuyos estatutos se es tajantes en cuanto a la no discriminación. La labor diplomática resulta, pues, clave. Es la especialidad del dúctil Infantino, de 55 años. El suizo, hijo de inmigrantes italianos, ya enfrentó críticas mayores antes y durante el Mundial de Qatar 2022, por la vulneración de los derechos humanos en el país del Golfo.

El políglota Infantino se mueve, asimismo, con una equidistante habilidad entre los poderes del fútbol, no únicamente en la arena de la política internacional. Un ejemplo es, en el centenario del Mundial, la concesión de tres partidos en Argentina, Uruguay y Paraguay.

La relación con Florentino

Con un pasado como 'aparatchik' de la UEFA, en la que fue secretario general, conoce perfectamente a los personajes y sabe dónde están los límites. Lanzar el Mundial de clubes en paralelo a la construcción de la Superliga parecía un desafío destinado al naufragio, pero el hecho de que Florentino Pérez se quedara prácticamente solo en el pulso contra la UEFA y el nuevo ECC, antigua ECA, permitió a Infantino tener al Madrid como a un aliado indirecto y un ferviente impulsor de su competición. Nadie fue tan elocuente de los beneficios del Mundial de clubes desde Estados Unidos como Florentino.

Infantino, el pasado 6 de diciembre en Washington.

Infantino, el pasado 6 de diciembre en Washington.AFP

Al dirigente madridista había tenido de su lado, asimismo, justo antes de iniciarse 2025, al entregar a Vinicius el premio 'The Best', réplica del Balón de Oro. Lo hizo a la vez que daba el Mundial 2034 a Arabia de forma personalísima.

El Madrid, en pleno desembarque de Xabi Alonso, se quedó en semifinales del Mundial de clubes, masacrado por el PSG de Luis Enrique, pero dio empaque al torneo, ganado finalmente por el Chelsea, un triunfador inesperado. Eso bastaba para Infantino, que ahora puede retocar el modelo para que no se registren ausencias inesperadas, como la del Barcelona de Lamine Yamal.

El torneo, con 32 equipos, tuvo 2,4 millones de asistentes a los estadios (con llenos de hasta 80.000 espectadores), hecho que supuso un test muy positivo de cara al Mundial que debe celebrarse este año. La competición no se jugará obligatoriamente todos los años en el país o países donde vaya a disputarse después el Mundial absoluto, como sí ocurría con la Copa Confederaciones. Sería lo ideal desde la logística, pero la prioridad de la FIFA es su crecimiento como competición independiente.

Xabi Alonso, el mal juego, la presión del club y las risas en el banquillo, bajo el juicio del Bernabéu

Actualizado

A la crisis de juego y la irregularidad de los resultados se unen, ahora, las risas. Mal asunto. Que jugadores fueran cazados sonrientes en el banquillo mientras quienes estaban en el campo padecían en Talavera, justo durante los goles locales, no parece, al menos, decoroso y se añade a las dudas en la cúpula del club sobre el control y la sintonía con el vestuario por parte de Xabi Alonso.

El entrenador dijo, ayer, no haberlas visto, en la voluntad de no abrir ningún conflicto más antes de recibir al Sevilla en el Bernabéu, el último compromiso del Real Madrid antes de Navidad. No es que el duelo se trate de un nuevo match ball, porque es la existencia del tolosarra en el banquillo la que se ha convertido en un permanente e insoportable match ball.

«No he visto las imágenes, conseguimos pasar la eliminatoria y ya pensamos en el Sevilla», afirmó, en el mismo tono de siempre, alejado de cualquier declaración que pueda generar polémica. Desde luego, no ha seguido el consejo de su alter ego Pep Guardiola: «Mear con la suya».

Las pipas de 2006

En esas imágenes no sonríe cualquiera. Lo hace Vinicius, suplente en Talavera. También Endrick, pero no es lo mismo. El primero es la estrella que habita en el filo, el futbolista que se rebeló contra su sustitución en el clásico. El segundo, en cambio, se marcha cedido del Madrid.

La situación recuerda a la que ya originó una gran crisis en el Madrid, en el año 2006, cuando Iván Helguera y Míchel Salgado comían pipas mientras el equipo caía estrepitosamente en Mallorca. Las consecuencias de aquel deterioro llevaron a dejar el club al propio Florentino Pérez. Entonces dijo que había malcriado a los futbolistas. Ahora sus dudas van en otra dirección.

«Desde el inicio, hemos tenido una relación cercana, de respeto y cariño. La exigencia es máxima. Es un camino largo, habrá momentos buenos y no tan buenos», explicó Alonso acerca de sus tratos con el club. En otros momentos críticos aseguró haber hablado con Florentino, pero el técnico sabe lo que se dice y se piensa en el entorno del presidente, donde hay voces, o voz, que piden más tiempo para su trabajo.

Los pitos frente al City

La victoria en Vitoria lo concedió, pero el sufrimiento en Talavera no alimenta esa prórroga. La imagen del tolosarra en el banquillo tras el pitido final era elocuente de su situación. El contexto convierte el duelo con el Sevilla, bajo el juicio del Bernabéu, en un partido envenenado. Pero envenenado para todos, también para los futbolistas, pitados por la grada en el último partido disputado ante su afición, frente al Manchester City. Cuidado.

A todos les conviene ganar, pues, al Sevilla, sea en el banquillo, en el campo o en el palco, porque lo único incontrolable es el Bernabéu.

El Real Madrid pierde con honra ante el Manchester City y se enfrenta al dilema de Xabi Alonso

El Real Madrid pierde con honra ante el Manchester City y se enfrenta al dilema de Xabi Alonso

Cuando corren, tampoco. Es la conclusión fácil para abrir la base del cadalso sobre el que han situado a Xabi Alonso, con la soga anudada al cuello. La conclusión tiene una trampa, y es que no es lo mismo correr contra el Celta que contra el City. Un Madrid atónico, lento y errático frente a un Madrid intenso, presionante, veloz y sufriente. Un Madrid de jugadores dimitidos en una derrota sin perdón contra un Madrid de futbolistas entregados en una caída con honra ante un grande de Europa. La pregunta es cuál de los dos pertenece a su entrenador y cuál a la idiosincrasia desnuda que anida, como una musa, en el Bernabéu. En la respuesta está la solución: Xabi Alonso, si; Xabi Alonso, no. Ese es el dilema. [Narración y estadísticas (1-2)]

A Florentino Pérez le toca resolverlo, pero hacerlo de verdad, en una u otra dirección, no con la indefinición que sucedió al numerito de Vinicius en el clásico. Que Xabi Alonso es un buen entrenador lo dice el mercado, su brillante pasado reciente en Alemania. Que Xabi Alonso es o no un entrenador idóneo para el Madrid lo tienen que decir los resultados, hasta ahora irregulares, pero en el top-8 de la Champions y a cuatro puntos del líder en la Liga. Jamás podrá serlo, sin embargo, sin la autoridad debida, algo que no siempre ha sentido bajo un fuego que puede ser tan peligroso como el fuego del City. Es el fuego amigo.

La entrega de los futbolistas desde la salida del vestuario tampoco es la más indicativa de si están a full con su entrenador, porque la Champions invoca siempre algo especial en el Bernabéu, algo que trasciende las batallitas familiares, incluso las cuentas pendientes, en una atmósfera de eucaristía colectiva. Rodrygo las tiene, con el técnico y consigo mismo, pero apareció como si hubiera soltado todo el lastre, camino de su primer gol en nueve meses. Pasó del ostracismo a ser lo mejor del Madrid, frente a un Vinicius desenfocado y un Mbappé quebrado en el banco. Después del tanto se abrazó a Xabi Alonso en la banda. O el brasileño es un actor de primera o se trata de un gesto difícil de entender en un contexto de guerra soterrada contra el entrenador.

Sobrehumano Courtois

Rodrygo concluyó una contra sacada del álbum de fotos del Madrid, un prodigio en el que intervinieron la presión, la velocidad y la precisión. Carreras robó a Bernardo Silva, Gonzalo fue el vértice en la transición y Rodrygo cruzó lejos de la envergadura del gigante Donnarumma.

Era el arranque que siempre se espera del Madrid, a fuego, pero de un Madrid mermado, globalmente en defensa y especialmente por la ausencia de Mbappé, el mástil del equipo en este arranque de temporada. Al Madrid, al menos, le quedaba la quilla. Courtois volvió a sostener a los suyos, con intervenciones sobrehumanas, como una doble parada ante Haaland y Cherki, cuando llegó la ola del City, contemplativo y pasivo primero, pero persistente y profundo después, con Doku como un cuchillo en su izquierda. El fútbol de los ingleses es como un caldo, empieza a fuego lento, a veces demasiado lento, más de lo que le gustaría a Guardiola. Sólo había que ver cómo gesticulaba en la primera parte.

Ese City sin profundidad, en cambio, consiguió equilibrar el partido en una acción que señala al trabajo de Xabi Alonso y a la plaga de lesiones en la defensa, a la que se ha unido la del mejor en la zona, Militao. Mal defendido el balón parado, Gvardiol cabeceó y O'Reilly remató desde la salita de estar de Courtois sin que el portero tuviera visión. Cuando el Madrid necesitaba el descanso, Rüdiger agarró a Haaland con disimulo, pero no hay disimulo posible en el VAR, que nada más empezar sacó un penalti a Vinicius fuera del área. En ambas acertó.

Rodygo, ante Bernardo Silva, el miércoles en el Bernabéu.

Rodygo, ante Bernardo Silva, el miércoles en el Bernabéu.AFP

Ser objeto de la pena máxima y acertar en el lanzamiento fue toda la contribución del ogro noruego, suficiente para cualquier delantero, pero escasa para lo que se espera de un personaje de su talla. Con mucho tiempo por delante, Guardiola lo sustituyó, al refrescar todo su ataque, puesto que también se marcharon Foden y Cherki.

Xabi Alonso lo hizo por necesidad en una segunda parte de riesgos, no había otra. Si en el once había prescindido de Güler en favor de Ceballos, llamó entonces al turco, como también a Brahim o hasta Endrick, que estaba en el último estante del armario para el tolosarra. Suya fue la mejor ocasión del partido, salvo el gol de Rodrygo, en un remate al larguero.

Cambios que llevaban el mensaje de la carga ante un equipo al que el Madrid no podía dominar, ni al principio ni al final, porque no tiene la madurez colectiva ni el juego necesario. El primero que lo sabe es Xabi Alonso, por eso decidió esperar y salir a la contra en el primer tiempo hasta que la desventaja le hizo descoserse a la desesperada ante un City que jamás se exprimió. A la desesperada espera, hoy, decisiones para saber si, como dice Guardiola, puede mear en el Madrid con la suya.

Xabi Alonso ante el síndrome de Rafa Benítez

Xabi Alonso ante el síndrome de Rafa Benítez

El rey del caos siente, cíclicamente, la necesidad de llamar al orden, como si el Bernabéu fuera una clase alborotada. Nada, sin embargo, le ha ido tan bien al Madrid como al alboroto, el desorden que, por el precio de ser vulnerable, acaba por desordenar, mortalmente, al contrario. Pero como si no pudiera resistirse a la Ley del Péndulo, que es la ley de la gravedad de la civilización, llega un momento en que procede llamar a un entrenador más táctico y disciplinado para poner orden en un lugar donde manda uno y mandan todos, como en una compañía de mosqueteros: uno para todos y todos para uno.

Xabi Alonso fue mosquetero junto a los mejores, Casillas, Sergio Ramos y Modric, los Athos, Porthos y Aramis de una era, además del D'Artagnan Cristiano, y ahora quiere ser un entrenador de autor, por lo que se trataba de un personaje ideal para encajar necesidad e idiosincrasia. Todavía en el inicio del camino, se encuentra ya en el disparadero por los mismos males que sufrieron algunos de los que llegaron con la misma misión: falta de conexión con algunos futbolistas y dificultad para hacer llegar su mensaje. Es el síndrome de Rafa Benítez, arquetipo de entrenador preparado, meticuloso y táctico. Curiosamente, el técnico con el que Xabi Alonso empezó su gran carrera como jugador, en el Liverpool, aunque su relación no acabó como empezó.

Rafa Benítez era, asimismo, un hombre con pasado madridista, aunque sin el brillo de gran estrella de Xabi Alonso. No puede decirse, pues, que no conociera la casa. En el vestuario algunos de los ilustres ponían cara de póker cuando les decía cómo debían perfilarse para optimizar mejor sus disparos. Ahora otros sin ese rango, como es el caso de Bellingham, tampoco aceptan demasiado bien que se le pida correr menos y posicionarse mejor. Con Vinicius o Valverde los desencuentros han sido más evidentes. Entre esos críticos no está Mbappé.

También de la casa era Camacho, que tiró un pulso por elevación y lo perdió, y otras experiencias más exóticas tampoco dieron resultado, como la de Carlos Queiroz, sustituto de Vicente del Bosque, o el 'cuadrado mágico' de Vanderlei Luxemburgo.

José Mourinho fue una excepción, aunque a costa de un desgaste importante en la imagen del club, y no lo fue únicamente por su valía como entrenador y líder, incuestionable, sino por el apoyo incondicional de Florentino Pérez. El portugués es posiblemente el único técnico con el que el presidente ha conectado de verdad. Eso cala en el vestuario como la lluvia fina. Ahí está la clave para saber hasta dónde llegará o no el ciclo de Xabi Alonso, un excelente entrenador, como ha contrastado el mercado, pero el Madrid no responde a las variables del mercado. En su construcción profesional, su futuro parece estar hoy, en manos del mayor creador de equipos de autor que existe, Pep Guardiola. Nadie ha padecido y ha combatido tanto el caos del Madrid.

El eje Mbappé-Courtois impulsa al Real Madrid en San Mamés

El eje Mbappé-Courtois impulsa al Real Madrid en San Mamés

El eje norte-sur sostiene al Madrid. El norte es Mbappé; el sur es Courtois. El primero marca los goles y el segundo valida el valor de esos goles, al impedir que el contrario los iguale. El la periferia del eje crecen algunos jugadores y decrecen otros. Crece Trent, convertido en lo más parecido a un kicker del fútbol americano, un pateador que siempre encuentra el norte, pero un norte en movimiento. La lesión que se produjo el inglés es un contratiempo en el peor momento, para sí mismo y para el equipo. Veremos. Decrece Güler, suplente en San Mamés en una situación extraña, como extraño fue su cambio en Girona. La diferencia es el resultado, un marcador contundente en un lugar difícil, menos hoy que en otras ocasiones, seamos claros. La victoria es una prueba de vida para Xabi Alonso, escondida todavía en el norte y el sur del Madrid. [Narración y estadísticas (0-3)]

Nada hay que reprochar al técnico, después de un ejercicio de dominio de los suyos, de los que mandan, porque el Madrid fue lo más jerárquico posible. Estaba Valverde, y estaba donde le gusta jugar, salvo por las necesidades del desenlace. Estaba Vinicius y estaba Bellingham, un paso adelante por la inclusión de Camavinga junto a Tchouaméni, y estaba Rüdiger, que ha regresado de su larga lesión sin contar los minutos. Camavinga desplazaba a Güler, uno de los pocos futbolistas que alumbran los espacios frente a defensas en formación, pero el tanto del francés carga el argumentario del técnico. No hay debate que se resista a los goles, aunque la lesión del francés, otra, devolverá protagonismo al turco.

Es posible que Xabi Alonso quisiera más físico frente aún rival que siempre propone duelos a cuerpo, pero la realidad es que esté Athletic no está para proponer muchas cosas, lejos de las mejores versiones que ha ofrecido con Ernesto Valverde. La impresión es que la exigente Champions lo ha desgastado y descolocado, y eso se paga siempre en la Liga.

opacado por el depredador

La debilidad defensiva, con muchas dudas, fue una prueba y quedó de manifiesto en los dos primeros goles del Madrid, con independencia de los méritos de Mbappé, que sorteó rivales como se sortean puertas de esquí para batir a Unai Simón. Trent lo habilitó en el espacio justo, por lo que algunos madridistas se fueron a felicitar al inglés, pero a partir de ahí los movimientos de Mbappé fueron inaccesibles, como si se evaporara, para culminar uno de los mejores tantos desde que está en el Madrid, aunque no el gol en el que haya tenido mayor oposición.

La defensa del Athletic estuvo contemplativa, tibia, y su portero no hizo un imposible. Antes y después, en cambio, evitó Unai Simón que los males fueran mayores, ante el propio Mbappé o en un mano a mano ganado a Vinicius, activo en el arranque, pero irremediablemente cada vez más opacado por el depredador que tiene a su lado. Es inevitable. El día que toma la iniciativa, como sucedió en Atenas, Mbappé logró cuatro goles. Continúa.

El segundo gol de los blancos, obra de Camavinga, con dos cabezazos en el área ganados por los visitantes, y el tercero, en el que Mbappé tuvo tiempo para mirar, medir y disparar, sin que Vivian pusiera la cabeza donde debía ponerla, ahondaron en la debilidad local.

El cabezazo de Camavinga que valió el 0-2 en San Mamés.

El cabezazo de Camavinga que valió el 0-2 en San Mamés.EFE

En ataque, asimismo, le faltaron al Athletic tramos de alto ritmo de juego, aunque cazó acciones aisladas, gracias a segundas jugadas, en las que Courtois resultó fundamental, frente a Guruzeta, Berenguer o Jauregizar, en momentos importantes, sin que el marcador tuviera todavía la claridad del desenlace. Nico Williams tampoco consiguió poner en valor su explosión y ganar duelos individuales.

Zurcidos tras las lesiones

Ernesto Valverde intentó poner más agresividad tras el descanso con el recurso de Unai Gómez, pero no le sirvió para cambiar el escenario. Militao, Tchouaméni, Carreras o Camavinga eran ganadores de los duelos individuales, una especialidad habitual del Athletic debido a la intensidad que suele imponer en San Mamés. Ahora no está para eso.

El segundo gol de Mbappé, tercero del Madrid, tranquilizó a Xabi Alonso, que hasta entonces había tenido que zurcir al equipo por las lesiones. Primero al colocar a Asencio en el lateral derecho, por Trent, y a Güler por Camavinga. A partir de ahí, llegó el momento de pensar en lo que viene, el Celta y, especialmente, el City de Pep Guardiola, en el Bernabéu. Entre los que se fueron estaban Vinicius, Mbappé y Militao, jugadores indispensables.

En el caso del brasileño, además, quizás para evitar males mayores, ya que Vini hizo un feo gesto a la grada, al mostrar tres dedos en señal de la goleada. Se retiró de San Mamés al grito de «¡Tonto, tonto!». Tan feo como lo que había hecho. El Madrid lo necesita en su mejor versión, porque lo de San Mamés es sólo una prueba de vida. Si tiene dudas, que pregunte a Mbappé.

El Madrid empata ante el Girona, pierde el liderato y aumenta la presión sobre Xabi Alonso

El Madrid empata ante el Girona, pierde el liderato y aumenta la presión sobre Xabi Alonso

Problemas para Xabi Alonso, problemas de verdad. Tres partidos sin ganar donde se gana la Liga, Vallecas, Elche y Girona, crean ya una tendencia negativa. El liderato se esfuma en beneficio del Barça, el mismo Barça que se diluyó en el Bernabéu, en el que su entrenador se deprime en el banquillo y que ha crecido menos de lo que le ha hecho crecer el Madrid. Atenas, en la Champions, fue como el paso por un balneario, pero la vuelta a la Liga ha sido como la vuelta a Esparta, donde no se necesitan únicamente buenos generales, también guerreros entregados desde el primer minuto, determinados. Los finales del Madrid no son suficientes para este Madrid. Los problemas están repartidos, pero las cuentas se le piden a uno solo. [Narración y estadísticas (1-1)]

Si en Atenas era ganar o ganar, como dijo Xabi Alonso, en Girona no había otro remedio, porque la secuencia negativa prevalecía en la Liga. Ese mensaje cargó el técnico con una alineación titularísima, salvo por la lesión de Huijsen. La única salvedad era Carreras. Fran García apareció en la izquierda con la voluntad de ser profundos, tanto como lo puede ser Trent en la derecha. Dos laterales muy ofensivos, carrileros, en una palabra, para crear superioridades en campo contrario y provocar situaciones de dos contra uno en bandas.

En cambio, si de algo careció un Madrid dominador en la mayoría de los tramos fue de profundidad, la que conceden los desmarques al espacio, pero también las acciones individuales, las conducciones, los desbordes. Hay condiciones del juego de las que debe responder el entrenador, claro, pero de otras hay que preguntar a los jugadores. Todos tienen que contestar. Vinicius, errático en el arranque, lo hizo en el el campo en la segunda mitad, desatado, con una entrada en el área en la que fue objeto de penalti. Lo justo para un empatito, nada más.

El plan de Míchel

Míchel sabe lo que todos saben, y es que al Madrid no se le puede regalar un error ni un metro. Por eso se enfureció con fallos en la salida de balón o entregas al contrario, especialmente una de Tsygankov, y ordenó un repliegue marcial cuando los de Xabi Alonso recuperaban el balón. Pocas oportunidades tuvo el Madrid de hacer lo que le gusta, de correr, con la igualada en el marcador. A Vinicius le faltó claridad y Mbappé se emborrachó de balón.

Obligado a un ataque posicional, el Madrid se mostró activo y dinámico, pero en exceso horizontal, como un parabrisas, sin encontrar la ruptura o el desmarque, con un sentido de la posición que puede conducir al estatismo si se lleva al extremo. Güler es quien mejor los ve, pero el turco no tenía el periscopio levantado como otras veces, y eso le costó ser el primer cambio en busca de un cambio, después del descanso, ya por detrás en el marcador. Xabi Alonso eligió entonces a Camavinga, eligió el dinamismo, un ritmo de juego más alto, el físico. No le alcanzó para ganar.

Tampoco habían sido una alternativa hasta entonces las cabalgadas de Valverde, capaz de avanzar como lo hace un quitanieves, o el desenfreno de Bellingham. Mbappé intentaba hacer su pequeña revolución en su espacio, pero es un espacio reducido. El francés necesita que otros la hagan para situarlo al pie de la Bastilla.

Güler, ante Witsel, el domingo en Montilivi.

Güler, ante Witsel, el domingo en Montilivi.AFP

La falta de soluciones ofensivas llevó una y otra vez a Militao al área de Gazzaniga, fuera para rematar o para no saber qué hacer. Junto al reaparecido Rüdiger, fueron los mejores del Madrid, además de Courtois, con una mano baja ante Vanat que fue como una prueba de vida. La última solución fue la solución Gonzalo. Cuando eso sucede es que muchas cosas han fallado, lo que es particularmente grave si recordamos que el Girona es el equipo que más goles había recibido en lo que va de temporada.

Ha mejorado el equipo de Míchel, es evidente, pero lejos del Girona que tuteaba y ganaba a los grandes. Lo que está claro es que a su entrenador le funcionó su plan de partido más que a Xabi Alonso, hecho que le llevó a elevar la intensidad y entrar en un carrusel de cambios de nombres y posiciones. Ya le pasó al tolosarra frente a Íñigo Pérez o Eder Sarabia, entrenadores de su quinta, y eso está en su debe.

Ounahi, una aparición

Ounahi es la nueva perla en manos del City Group, hoy en el Girona, un futbolista diferencial, que todo lo que toca tiene sentido, siempre el pase preciso y a un compañero desmarcado. Lo que tocó el marroquí frente a Courtois le hizo convertir la pelota en un tesoro, después del pase, no menos valioso, de Tsygankov. Plata y oro.

El marroquí acabó reventado, como todo su equipo frente al asedio que siguió al penalti hecho a Vinicius, hiperactivo y hablador en el desenlace, y transformado por Mbappé. Otro pudo pitar De Burgos Bengoetxea sobre Rodrygo, pero el colegiado y el VAR interpretaron insuficiente el contacto. Polémico, cierto. La que no es polémica es la secuencia de estos tres partidos de Liga sin ganar ante modestos que apea al Madrid del liderato. Eso tiene otro calificativo. Es preocupante.