Las claves del prodigio en la rodilla de Diakhaby: dos meses de ingreso, el cirujano de Ibrahimovic y su genético optimismo

Actualizado Miércoles, 5 febrero 2025 - 23:24

«En estas lesiones, lo primero que hay que buscar es que el paciente pueda volver a andar». Estas palabras impactaron en Mouctar Diakhaby (Vendôme, 1996) apenas unas horas después de haberse retirado de Mestalla con la pierna derecha colgando. El 2 de marzo de 2024, en el minuto 89 del partido ante el Real Madrid (2-2), Tchouameni se cayó sobre la rodilla del espigado central y se llevó por delante los ligamentos cruzados anterior y posterior. Se temió que tuviera dañados el sistema cardiovascular y el nervio. Fin a la temporada y carrera entre paréntesis. 11 meses después, 337 largos días, el defensa volvió a jugar en Mestalla e incluso tuvo una ocasión de gol ante el Celta de Vigo. Había visto «alguna vez» la jugada de la lesión, pero lo que quería era volver a escuchar desde el césped cómo Mestalla coreaba su nombre. Volver a sentirse jugador de fútbol, un prodigio que ha logrado. Por eso su reacción fue: «Guau, hemos llegado».

Diakhaby es la sonrisa permanente y, ni en los momentos más duros, la perdió. Eso sí, iba a luchar contra ese pronóstico que ponía en duda hasta que pudiera volver a caminar. Se puso en manos del mejor especialista, el cirujano ortopédico Bertrand Sonnery-Cotte, que había tratado a Ibrahimovic, Ansu Fati y aconsejado a Neymar o Agüero. En Lyon se sometió a una operación que desveló que ni los nervios ni los vasos sanguíneos estaban afectados. Diakhaby puso tranquilizar a su familia con que podría andar. ¿Y jugar? El pronóstico del especialista fue de nueve a 12 meses y la esperanza la puso que de los tres últimos casos similares, los tres habían vuelvo a jugar a su mejor nivel.

Todo quedaba en manos del cuerpo del defensa y de sus tesón. Y en eso a Diakha no le gana nadie. El primer gesto fue que, en lugar de estar dos semanas, se pasó dos meses ingresado en la clínica en Lyon para estar a diario bajo la supervisión directa del equipo que le había operado.

Allí comenzó a extraer lecciones. «He aprendido a tener paciencia y control sobre la gestión de mi cuerpo», ha comentado el futbolista en estos días de regreso. De hecho, esta noche ante el Barça Carlos Corberán le volverá a dar minutos. «Está disponible y en proceso de competición. Si inicia el partido, habrá que observar hasta qué minuto tiene ritmo», se limitó a desvelar el técnico, que quiere ver en Mestalla un Valencia «más competitivo» que el que salió goleado 7-1 hace una semana. Eso sí, sin perder de vista que el duelo vital será el domingo ante el Leganés.

Por eso Diakhaby entra en las rotaciones. Desde el club, su vuelta se percibe como el mejor fichaje de enero, aunque no lo esperaban. Ha sido el propio jugador el que ha apretado los dientes para recuperarse justo en la mitad del plazo que estimó el cirujano francés. Para eso, se sacó «todas las cosas negativas de la cabeza». Encontró fuerza en el vestuario, donde después de siete años es líder y capitán, en el apoyo de su familia, en su genético optimismo y en su fe. Incluso en sus orígenes. Antes de la lesión fue elegido embajador de Buena Voluntad por la Organización Internacional para las Migraciones (OIM) y ha desarrollado su labor en su país de origen, Guinea, compatibilizándolo con su recuperación.

Madurez a base de golpes

A Diakhaby, con 28 años, le ha tocado ser fuerte muchas veces porque el fútbol no siempre se lo ha puesto fácil. Este reto ha sido grande, pero ha habido otros. El francés llegó a Mestalla con 21 años, 192 centímetros y un aire desgarbado. El Valencia pagó 15 millones al Lyon, lo que le convirtió en el tercer central más caro de la historia del club. Con Marcelino creció al lado de Paulista o Ezequiel Garay y se confiaba en una progresión que tuvo momentos amargos. Una sanción de cuatro partidos en la Copa de 2019 por enzarzarse con un rival, los dos penaltis en 45 minutos ante el Atalanta en el último partido que jugó el club en Champions, en marzo de 2020 y, pasado el confinamiento, el regreso fue igual de oscuro: otro penalti por mano que provocó que Celades lo señalara. Se aireó entonces su falta de carácter para soportar la crítica, pero no era otra cosa que una muestra de responsabilidad ante el fallo.

La personalidad de Diakhaby se tuvo que agigantar cuando el 4 de abril de 2021, en el Nuevo Mirandilla de Cádiz, denunció haber recibido un insulto racista durante el partido por parte de Juan Cala. El Valencia se fue del campo y fue 'amenazado' con la pérdida de los puntos si no volvía. No había protocolo antiracismo y LaLiga abrió una investigación a la que dio carpetazo con celeridad, lo mismo que el Comité de Ética de la RFEF. Casi nadie protegió al francés. Por eso, cuando dos años después Vinicius comenzó a ser víctima y proliferaron las pancartas contra el racismo, Diakhaby huyó de ellas. Aquello también fue un aprendizaje. Su filosofía es sencilla: «El fútbol te da mucho, pero a veces te toca esto. Hay que estar feliz también».

Javi Guerra y Rioja aplican el desfibrilador al Valencia y meten al Celta en problemas

Actualizado Domingo, 2 febrero 2025 - 18:47

Operación de reanimación en Mestalla. El Valencia vivirá en una final permanente y necesita la aparición de jugadores capaces de acelerarle el corazón cuando de síntomas de paro. La grada puede crear el clímax, pero en el césped deben aparecer las chispas que haga latir a un club que aún vive al borde del desahucio. Fue lo que ocurrió hace dos temporadas y lo que ante el Celta recordó todo el estadio cuando vio a Javi Guerra marcar por la escuadra dar la vuelta a un marcador que ya había abierto el incombustible Luis Rioja. Hay motivos para la esperanza aunque el camino sea muy empinado. [Narración y estadísticas (2-1)]

Está el Valencia condenado a convivir con la ansiedad. Si lo consigue, si es capaz de encapsular su delicada situación y acostumbrarse a disputar los partidos como si fueran 90 minutos a vida o muerte, podrá pelear la salvación. Si sucumbe, echa cuentas y hace cábalas mientras la pelota está en juego, Mestalla asistirá a un larguísimo funeral sin poder resucitar a su equipo. Durante muchos minutos del duelo ante el Celta, el equipo de Corberán tembló, dudó y se colapsó por el peso de la responsabilidad.

El reflejo más claro se encarnó en Hugo Duro en el minuto 41. Javi Guerra, a zancadas de orgullo que recordaron a las de su debut y a aquel gol salvador ante el Valladolid, se plantó en la línea de fondo para colocar un centro tenso que el ariete, a bocajarro ante Guaita, sólo tenía que empujar... y la mandó por encima del larguero. Se atenazó y mandó a garete la única y más clara ocasión del partido.

Jugar con el miedo

Había salido el Celta a desquiciar al rival y a toda su parroquia, desactivando el efecto de una grada a la que también silencia la congoja. Sabía Giráldez que debían jugar con el miedo porque el Valencia, tarde o temprano, no tendría más remedio que arriesgar. Le asfixiaron en la medular, hicieron que Mosquera y Tárrega se vieran obligados a iniciar las jugadas como un manojo de nervios y esperaron a cogerles la espalda. A punto estuvieron de ver sus planes cumplidos cuando Pablo Durán se escapó de Gayà por la orilla izquierda para asistir a Borja Iglesias en el punto de penalti al que un resbalón le impidió batir a Mamardashvili. Tampoco hicieron mucho más los gallegos, bien plantados y desquiciando a base de faltas.

Media hora le costó al Valencia acercarse al área, con balones en largo que casi nunca podía ganar Hugo Duro, aunque en una se libró de Starfelt de un empujón para marcar un gol que no tardó en anular González Fuertes. Por las bandas, Diego López sufría para librarse de Carlos Domínguez y Luis Rioja, con un ensombrecido Gayà como escudero, amagaba pero no lograba asestar el golpe. Todo era imprecisión mientras el Celta, cómodo en su plan de partido, intentaba crecer y en el 39 tuvo tres remates en el área entre un bosque de piernas. La respuesta la dio Javi Guerra. Si el primer centro no fue gol de Hugo Duro, el segundo sí lo cazó Rioja al segundo palo para poner a Valencia en ventaja al filo del descanso y obligar al Celta a la reacción en la segunda parte.

Coberán dio orden de poner la pausa al encuentro, atar la pelota y no dejar que el Celta creciera. Lo logró y hasta pudo marcar el segundo con un saque de faltaenvenenado de Rioja, enviado a la batalla en la banda derecha, que atrapó Guaita cuando Diego López iba a empujarlo en un remate acrobático. De ampliar la ventaja, a verse con empate cuando Carreira corrió a la espalda de la defensa valencianista para poner una asistencia perfecta para el disparo de Pablo Durán. Otra vez resoplidos en las butacas ante la necesidad de apretar los dientes.

El poder de la necesidad

Entonces apareció, de nuevo, el incombustible Rioja para filtrar una pase a Javi Guerra al corazón del área y que, otra vez como hace dos temporadas, el canterano soltara un derechazo a la escuadra que hizo explotar a Mestalla. Era el minuto 68 y el equipo tenía que buscar en su memoria lo aprendido: proteger este resultado que significa seguir con vida.

Tiró de piernas Giráldez intentando reactivar a un Celta al que la derrota le mete en problemas, pero la necesidad local se antojó más poderosa. Corberán buscó apuntalar con Pepelu e incomodar con Sadiq, a punto estuvo de provocar el gol en propia puerta de Carreira que salvó Guaita con el pecho. Pero lo que de verdad activó la sexta marcha fue la grada ante el regreso de Diakhaby. El francés apunto estuvo de marcar tras un córner en corto que Rioja envió al corazón del área en un añadido de ocho minutos que se hizo eterno. Esta vez sí, el Valencia aprendió a reinar en la agonía.

Griezmann apuntilla al Mallorca y le pone picante al derbi

Griezmann apuntilla al Mallorca y le pone picante al derbi

El Atlético lleva puesto el traje de villano que amenaza el liderato del Real Madrid, pero no sabe vivir tranquilo. Genera una tensión que acelera los corazones del Metropolitano, como si necesitara ponerle picante a los partidos y que las victorias se cierren de manera tan agónica como explosiva. Una catarsis colectiva con un componente casi atávico. Tuvo al Mallorca contras las cuerdas y, pese al gol de Samu Lino, lo dejó vivo hasta que apareció Griezmann al rescate en el añadido para ponerle picante al derbi en el Bernabéu. [Narración y estadísticas: 2-0]

Necesitaba el Mallorca recuperar sensaciones y se plantó en el Metropolitano con las ideas muy claras, dispuesto a resistir lo suficiente hasta que llegara su oportunidad. El plan de Arrasate pareció que lo descosían entre Julián Álvarez, revoloteando por la mediapunta, y un endiablado Giuliano convertido en estandarte de la filosofía familiar. El Simeone entrenador celebraba 500 partidos en el Atlético y el hijo luce con orgullo la camiseta de superhéroe al rescate, haga o no falta. Ante el Mallorca no necesitó superpoderes.

Las grietas de los baleares comenzaron a aparecer a los veinte minutos, que fue lo que tardó el Atlético en arrinconarlos. Un desmarque de Sorloth que leyó Julián Álvarez acabó con Greif evitando el gol del noruego. Era la primera aparición del eslovaco, que vio cómo Barrios no ajustaba un disparo de lo más peligroso. Mientras, Oblak era un espectador más.

El Atlético ganaba en fútbol y en intensidad. El Mallorca no conseguía ajustarse ni encontrar a Larin y Muriqi. La única vez que logró contactar con el kosovar se anticipó Le Normand, impidió su control de espaldas y apareció Giuliano para cazar la pelota e iniciar una carrera endiablada hacia el área que pilló descompuesto al rival. Atrajo defensas y le dio a Samu Lino, que aparecía por la izquierda, la oportunidad de batir la portería balear. Habían conseguido llevar su control al marcador sin haberse llevado ni un solo susto.

El Mallorca jugaba muy lejos del área rojiblanca y no hallaba la forma armar ataques. Sin balón y sin colmillo para robarlo, pensar en el empate parecía una quimera. Hasta se les escapó un suspiro de alivio cuando, otra vez, Greig salvó el segundo gol. Esta vez llegó por la superioridad que fueron creando los colchoneros por el costado izquierdo. Reinildo, Lino y Julián Álvarez, que apareció en la orilla del área para romper la cintura de Valjent y poner un centro a Giuliano que, a bocajarro, salvaron las manoplas de Greif, convertido en el hombre que mantenía con vida al equipo de Jagoba Arrasate.

Necesitaba el Mallorca inquietar y para eso dio un paso adelante al inicio de la segunda parte. No bastaba con ser un equipo tan ordenado como romo, y empezó a afilarse por la banda de Mojica. Un centro llovido lo cazó Valjent y no cogió portería porque se estrelló en Lino. La amenaza empezaba a asomar y, al instante, el Cholo movió el banquillo. Protegió a Julián de la amarilla que le hubiera apartado del derbi ante el Real Madrid y dio la varita a Griezmann mientras que refrescó la medular con las piernas y los pulmones de Gallagher.

Nada impidió que es esfumara su control y comenzaran a aparecer los errores, como la amarilla innecesaria de Le Normand que le deja sin jugar en el Bernabéu. El Mallorca fue creciendo y encontrando el camino guiado por Sergi Darder, por primera vez al mando. El primer aviso lo dio el centrocampista estrellando una falta envenenada en el larguero. El segundo fue obra de Dani Rodríguez con un disparo a centro de Rober Navarro. Asano y Mojica había se habían colado en la banda de Llorente casi sin oposición.

El partido enloqueció convertido en un correcalles sin dueño, a merced del equipo que no cometiera errores y tuviera más pegada. Los dos entrenadores se habían buscado en sus banquillo toda la artillería posible. Probó Riquelme en una falta a un palmo de la medialuna que se estrelló el travesaño. Simeone, brazos en alto, pensaba que ya sólo le quedaba apelar al rugido del Metropolitano para aguantar la victoria... pero tenía a Griezmann.

Todos los números de la Champions: un gol cada 28 minutos, 17 millones entre Barça y Madrid, 371 recuperaciones del Mónaco

Actualizado Jueves, 30 enero 2025 - 19:14

El final de la fase liguilla del nuevo formato de la Champions permite hacer un primer balance de la apuesta de la UEFA que lleva a una conclusión: en estos 144 partidos ha habido más goles, una emocionante última jornada y ha provocado alguna sorpresa entre los modestos, pero el dominio de los grandes, salvo en el caso del Manchester City, no se ha visto amenazado. También ha dejado ya suculentos premios: casi 1.300 millones de los que un buen bocado se los han llevado los equipos que han hecho los deberes.

Más goles y más goleadas

470 se han visto en este primer tramo de la competición, 3,27 por partido o, lo que es lo mismo, se ha celebrado un gol cada 28 minutos. Esta cifra contrasta con los 375 que se marcaron en toda la competición la pasada temporada y se debe no sólo al incremento de equipos y partidos, sino también a que el formato ha desterrado la especulación y ha restado valor a los empates. De poco servía hacer cuentas y, en muchas ocasiones, el orden en la clasificación lo ha marcado la diferencia de goles. Eso ha llevado a que en 19 partidos se haya visto a un equipo marcar al menos cinco goles. La mayoría de los tantos se han visto en las segundas partes y, especialmente, en los tramos finales. De los 470 goles, el 35%, 169, se han marcado del minuto 61 al pitido final.

LETAL BARÇA

En este apartado goleador brilla especialmente el FC Barcelona, que lidera la tabla de equipo más goleador con 28 tantos, seguido del Borussia Dortmund (22) y el Atlético y el Real Madrid, con 20. El equipo de Flick, además, lidera esta estadística sin ser el equipo que más ocasiones ha creado, que es el Bayern con 184. Hay que bajar al décimo puesto para encontrar a los azulgranas, que tampoco es el que más ataca. En ese ranking son octavos y lo lidera el Manchester City de Guardiola. Con lo que le costó evitar la eliminación a los citizens, también aparecen en los datos como el equipo que más ha disparado a puerta , con 17 intentos de Haaland, y que más pases con éxito ha dado.

GUIRASSY Y LEWANDOWSKI

Buena parte del éxito del Barça está en el rendimiento de Robert Lewandowski. El polaco está al frente de la tabla de goleadores con 9 tantos, los mismos que ha sumado Guirassy con el Dortmund. A ellos se suma Raphinha, que ha marcado ocho, uno más que Vinicius y dos más que Julián Álvarez. El capitán del Barça también se cuela entre los mejores asistentes junto al delantero del Atalanta De Ketelaere. La pelea por el título de máximo goleador estará cara, mucho más que la pasada temporada. Se lo llevó Mbappé, con ocho goles para llevar al PSG a semifinales, empatado con Harry Kane y con dos tantos más que Rodrygo, que acabaría con la mayor alegría de proclamarse campeón.

DEFENSA: MÓNACO E INTER

Hay que destacar que ha sido el Atlético el tercer mejor equipo en labores defensivas sin liderar las estadísticas de portería a cero y sin tener al mejor guardameta. En el desempeño defensivo global, destaca el Mónaco, con 371 balonces recuperados frente a los 367 del Brest, pero ninguno se han colado en el Top 8 y los rojiblancos sí. También lo han hecho los equipos que han dejado su portería a cero más veces: el Inter (7), el Liverpool y el Arsenal (5). El mejor portero salvando de goles ha sido el danés Vindahl para el Sparta de Praga: 41 paradas que no han evitado la eliminación. En el cuatro lugar de esta estadística aparece Courtois, con 38 .

VINICIUS, BELLINGHAM... y casadó

La irregular trayectoria del Real Madrid en esta liguilla no sólo le ha dejado fuera del Top 8 sino que también ha impedido que sus estrellas lideren alguna estadística. Vinicius aparece cuarto en la tabla de goleadores, con seis tantos, y Belligham como segundo en balones cortados, con 29. Curioso es que estos datos los lidera Marc Casadó, con 33.

LIVERPOOL, INTRATABLE EN PREMIOS

No es que haya acabado como primero en esta liguilla, es que no ha perdido ni un partido y es el equipo que más dinero se embolsa: 56,22 millones. Le sigue el Barça con 54,5 millones que alivian sus cuentas. Para el Atlético la bolsa asciende a 53 millones. La UEFA subió la parte fija de ingresos por participar y el premio por pasar de ronda y ha repartido casi 1.300 millones. Como buena parte los fio al desempeño deportivo, la undécima posición del Real Madrid lo deja con 37,3 millones, 17 menos que el conjunto azulgrana.

Un Barça inconformista liderado por Lamine se queda sin la guinda tras empatar con el Atalanta

Actualizado Miércoles, 29 enero 2025 - 23:28

No fue suficiente la irreverencia para deshacer el oficio. El Barça rozó la corona europea en esta primera fase pero el Atalanta evitó que se la ajustara sin que eso supusiera haber logrado el objetivo de colarse entre los ocho mejores. Se sostuvo el equipo de Flick en Lamine Yamal, inconformista como buen adolescente. No especuló, no echó cuentas y se agigantó ante las trampas de del rival buscando sin cesar, como si fuera un juego de escapismo, la manera de noquearles. Fue su irreverencia la que estuvo a punto de sorprender a un pegajoso Atalanta que no halló cómo frenarle. A fuerza de descaro y diabluras, los descosió, con su capitán Raphinha de escudero, pero se encontraron con que los italianos renacieron una y otra vez.[Narración y estadísticas: 2-2]

El Barça hubiera podido ver la superjornada por televisión con palomitas porque, contra todo pronóstico después de aquella primera derrota ante el Mónaco, había cuajado una competición casi perfecta, por momentos arrolladora, que le colocaba en octavos de manera directa librándoles de cualquier agonía. Sin embargo, en un momento álgido de la temporada, afianzarse en el segundo escalón tras un Liverpool que parecía inalcanzable no era suficiente. Hansi Flick mandó ese mensaje con un once en el que no falta nadie. Necesitaba todo el talento para vencer a un Atalanta incómodo que sí se jugaba esquivar una eliminatoria.

Fue tan previsible el equipo de Gasperini como efectivo, porque en la tela de araña que teje a sus rivales caía el Barça. Solo había un jugador capaz de liberarse por su imprevisibilidad. Lamine Yamal fue el quebradero de cabeza de los italianos. En su primera escapada por la banda filtró un balón prometedor a la carrera de Raphinha al que se anticipó De Roon. Primer intento. Respondió el Atalanta haciendo aparecer a Szczesny por primera vez a los diez minutos cuando Zappacosta se escapó por la orilla izquierda para poner el centro perfecto a De Ketelaere que tocó Balde para enviarlo al cuerpo del meta polaco. Se lamentaba Gasperini mientras Flick contenía la respiración por su apuesta, arriesgada, bajo los palos.

Era el partido un toma y daca entre dos equipos dispuestos a dañarse pero sin encontrar cómo. Probó de nuevo Lamine con un disparo de rosca desde la frontal marca de la casa, gemelo de aquel ante Francia, que esta vez rozó el palo. Él agitaba, y aunque Atalanta encontraba disparos como el de Retegui que salvaron los dedos de Szczesny, siguìó tirando de repertorio: un doble recorte a los defensas o un centro a Lewandowski que no cazó.

Se llevaron los azulgrana el susto de un tanto anulado a Zappacosta, pero al regreso del vestuario Lamine encontró el premio. Una jugada que nació en Koundé, que Lewandowski, arrastrando a su par a la medular, descargó en la banda para que Raphinha asistiera al chiquillo, que iba a jugar. Escondió la pelota a Kolasinac y batió a Carnesecchi. El golpe espabiló a los italianos, fuera de los ocho primeros con la derrota.

Respiraron cuando Lamine volvió a inventar un golpeo de exterior que salvó su portero y, sobre todo, con un disparo desde la frontal de Éderson que fue el empate. Lejos de tranquilizarse, el duelo se volvió a romper. En el intercambio de ataques, Araújo cabeceó al segundo palo un córner de Raphinha y Pasalic fusiló la portería culé tras un centro de Zaniolo. Fue entonces cuando Flick tuvo que explicarle a Lamine, enfuruñado, por qué le sacaba del campo. El empate no les servía a Atalanta para librarse de una eliminatoria y tampoco permitía al Barça aprovecharse del tropiezo del Liverpool .

El triste ocaso (y el sueño imposible), de Neymar, el hombre de los 464 millones en traspasos

Actualizado Martes, 28 enero 2025 - 16:41

Hora de volver a casa. Neymar pone rumbo al Santos brasileño, su club de origen, después de acordar su salida del Al-Hilal saudí. Es el regreso de un jugador que aspiró a competir la gloria a Leo Messi o Cristiano Ronaldo pero que se quedó a medio camino en una carrera guiada más por sueldos y traspasos millonarios que por los títulos deportivos.

En el palmarés del brasileño de 32 años aparece la Champions que conquistó con el FC Barcelona, tres Ligas y tres Copas del Rey, un oro y una plata olímpicos y un sinfín de campeonatos en Francia con el PSG. Sin embargo, lo que más reluce es su capacidad para moverse en el mercado. Neymar es el líder del mercadeo y sigue luciendo el título de traspaso más alto de la historia del fútbol mundial por los 222 millones de euros que el PSG abonó al Barça en el verano de 2017.

Neymar eligió el club azulgrana cuando explotó en el Santos y su salida era inminente. Pese al intenso interés del Real Madrid, con Florentino Pérez a la cabeza, escogió jugar en el Camp Nou con Leo Messi y Luis Suárez. Todo previo pago de 88 millones al Santos y el pacto de comisiones con su padre que acabarían provocando hasta tres procesos judiciales.

En Barcelona se vio al mejor Neymar, especialmente en la temporada 14/15, con la llegada de Luis Enrique al banquillo. Había superado la temporada de adaptación de la mano de Messi y acabó jugando 51 partidos para marcar 39 goles y ganar el triplete (Champions, Liga y Copa del Rey). Ese rendimiento le llevó al tercer escalón podio del Balón de Oro en 2015, lo que redondeó en el verano del 2016 con la medalla de oro en los Juegos Olímpicos de Brasil, su mayor logro con la selección.

Pareció que Neymar había digerido la presión por el coste de su fichaje y proponerse como escudero ideal del '10' argentino, lo que acabaría por ser un problema. En marzo de 2017, su entorno entendió que viviría siempre a su sombra. La remontada 6-1 ante el PSG, liderada por el brasileño, acabó recordada por una icónica imagen de Messi, lo que abrió la puerta a dejarse querer. Apareció el PSG con una propuesta millonaria que el brasileño barajó durante meses.

Con Ernesto Valverde en el banquillo, el verano fue un continuo rumor sobre su marcha al conjunto parisino, estirado por su entorno para sacar tajada y no perder el pago de 40 millones por una prima de renovación pactada con el Barça que caducaba en agosto. Hasta Gerard Piqué contribuyó al desconcierto al publicar una foto con Neymar con el texto "Se queda".

No ocurrió porque el jugador presionó para marcharse y el PSG aceptó pagar los 222 millones de la cláusula. Nunca un club había pagado tanto por un futbolista y, además, le puso un contrato de 44 millones de euros sobre la mesa. Iba a ser el líder de un proyecto que aspiraba a ganar la Champions y que no lo logró.

De Messi a Mbappé

Si en España tuvo que hacer frente a tres procesos judiciales por su fichaje (dos acabaron en pacto y en el tercero, por corrupción y presunta estafa, fue absuelto junto a su padre, Sandro Rosell y Bartomeu), en la capital francesa apareció un calvario mucho más preocupante: las lesiones. Los tobillos se convirtieron en un quebradero de cabeza y empezó a perder minutos. Si huyó de la competencia con Messi, ahora tenía la del ídolo francés: Mbappé. Al tiempo, sus fiestas y otros escándalos lo llevaron a los titulares.

Sólo era cuestión de tiempo que buscara otros aires y, como siempre en su carrera, eligió el campeonato que más llenaba sus bolsillo. La temporada pasada firmó por el Al-Hilal, que pagó 90 millones de euros por su traspaso. La rotura del ligamento cruzado de la rodilla le ha impedido jugar con los saudís, que han tomado la determinación de rescindir su contrato de 100 millones de euros por temporada pagando una indemnización de 64 (lo que totaliza 464 millones entre traspasos e indemnizaciones).

El jugador que en enero de 2018 tenía una valoración de mercado de 180 millones, en diciembre valía 15 millones. Era el momento de intentar volver a casa. Será la primera vez que Neymar cambie de equipo sin ganar más dinero, pero es el precio que paga para vivir su ocaso en un entorno amable con la esperanza de llegar con Brasil al Mundial de 2026.

El Barça se reengancha a la Liga arrollando al Valencia con una escandalosa goleada

El Barça se reengancha a la Liga arrollando al Valencia con una escandalosa goleada

Un vendaval contra un muro de paja. El Barça desnudó hasta el ridículo a un Valencia transparente que mostró todas las miserias que le van a condenar al averno. No lo activa ni la adrenalina de quien ve su vida en peligro y fue un despojo a los pies de un equipo ansioso por recuperar el pulso a la pelea por el título de Liga, ahuyentando las nubes que no le dejaban brillar en Montjuïc. [Narración y estadística: 7-1]

En apenas 25 minutos no sólo se metió los tres puntos en el bolsillo con un póker de goles que lograba tan pronto desde hace 17 años, sino que alimentó el ego de futbolistas que Flick quiere sumar. Mostraron colmillo Ferran y Fermín, excelso con goles y asistencias, fue feliz Lamine Yamal con su repertorio de caños y taconazos y Raphinha, una vez más, engrasó su letalidad. Hasta Szczesny sobrevivió a sus groseros errores y Lewandowski hizo números para el Pichichi.

No pudo soñar el Barça un partido más perfecto ante un Valencia que, pese al tímido despertar con Corberán, se disparó a los pies en un abrir y cerrar de ojos. En el primer duelo, Lamine Yamal la he enseñó Gayà que era noche de brujas. Lo retó, le ganó como a Yarek y sirvió un balón a De Jong que se coló en el corazón del área para, sin que nadie le persiguiera, adelantar a su equipo ene l minuto tres. La segunda ráfaga fue un remate de Raphinha a la contra y la tercera un centro lateral de Balde, con toda la banda a su merced, que cazó Ferran para engordar el marcador y lograr su primer gol ante el Valencia que no celebró. Había dejado Flick al goleador polaco en el banquillo y el Tiburón se relamía.

El Barça era dueño absoluto del partido, abusón con la pelota como los de último curso en el patio del colegio y tan letal que los valencianistas temblaban. Se descosían por las costuras sin saber cómo sostenerse en pie. Y llegó el tercero para que enseñar todas las vergüenzas. Lamine de taconazo hizo un caño a Yarek para encontrar a Fermín que, a la media vuelta, lanzó la pelota a Raphinha cuando se colaba entre los dos centrales y los arrastraba antes de armar un disparo y batir a Mamardashvili. Desde noviembre no marcaban más de un gol en Montjuïc y en apenas 15 minutos ya sumaban tres. Lo peor que le pudo pasar al Valencia fue que Flick agitara su once buscando el hambre de jugadores que rescataron la mejor versión del equipo culé para diversión de su afición. Ni ellos ni la grada se conformaron.

Otra diablura entre Fermín y Ferran la atajó Tárrega antes de que apareciera la primera jugada polémica del partido. El Valencia logró estirarse, pisar área y ver cómo Casadó arrollaba de manera expeditiva a Almeida sin que ni para Soto Grado ni para el VAR fuera penalti. Ni tiempo tuvieron los valencianistas de lamentarse porque se vieron con el cuarto gol en contra. Esta vez fue Cubarsí quien buscó la espalda de los centrales por donde apareció Fermín a la carrera. Aún no se ha había jugado ni media hora.

Era imposible que el Valencia alzara esa losa, pero de nuevo apareció el VAR para impedirlo al anular un penalti de Szczesny a Hugo Duro por una falta previa de Gayà a Koundé. El desastre no tenía enmienda y cayó el quinto. Lamine volvió a dejar sólo a Raphinha, que estrelló su remate en el palo pero apareció Fermín para rebañarlo.

Corberán hubiera necesitado una varita mágica para resucitar a su equipo en el vestuario y apenas pudo ordenarlo, lo que no evitó que siguiera recibiendo golpes. Desperdició Ferran el sexto, y encontraron el primero los valencianistas en un centro de Diego López que empujó Hugo Duro. Era como poner una tirita a un hemorragia en la femoral.

Corberán empezó a pensar en activar al recién llegado Aarons, proteger a Gayà o Almeida o dar entrada a futbolistas que necesitan minutos mientras Flick buscó a Lewandowski, infalible cuando tiene ante sí a los blanquinegros. El primer balón que llegó a sus pies acabó en la redes de Mamardashvili. Ante este voraz Barça no había nada que hacer, tan solo intentar que la vergüenza no fuera mayor. Pero ni eso logró, porque Tárrega se marcó el séptimo en propia puerta intentando atajar un remate de Ferran. No recibía el Valencia siete goles en Liga desde 1955.

Nunca hubo partido porque el Barça lo convirtió en un plácido entrenamiento que sirvió hasta para engrasar una defensa que podía estar jugando en el filial. Y nadie se acordó que no estaba Pedri. Para el Valencia, herido de muerte, solo hubo un momento para la esperanza: la vuelta al césped de Diakhaby tras 329 días recuperando su rodilla. Fue el único aplauso que mereció el Valencia.

El viaje interior de Gayà para retar a Lamine Yamal y rescatar al Valencia de la orfandad

Actualizado Domingo, 26 enero 2025 - 08:33

Con más o menos talento y carisma, el lateral zurdo de un equipo es un jugador de complemento... menos en el Valencia. José Luis Gayà es el alma, la esencia de un equipo que se desmorona año a año y que lucha contra un destino que le tiene con un pie en Segunda. Es el clavo al que el valencianismo se agarra, y no sólo porque recuerde a tiempos mejores. En Mestalla se sufre su ausencia por la mala fortuna que le persigue en forma de lesiones en momentos clave y porque, sin el capitán, el equipo se empequeñece dejándose muchos puntos por el camino. En concreto han sido 48 de los 96 en juego desde que empezó el calvario físico del jugador en la temporada 22/23. En porcentaje asusta más: el Valencia ha perdido el 46% de puntos disputados en 32 partidos sin él.

A Gayà le ha perseguido un mal fario que ha aprendido a digerido. "¿Qué puedo hacer? No está en mi mano ni lo puedo cambiar. Sólo puedo trabajar para salir más fuerte", comentó a una persona de su entorno cuando el pasado mes de mayo se confirmó que debía pasar por el quirófano para suturar el recto femoral de su pierna izquierda y afrontar una larga recuperación. Ha sido su viaje interior, de "aprendizaje", de asumir que "las lesiones no se pueden controlar" y de hacerlo sin miedo. "Cada lesión es una lección de todo", confiesa. El fútbol, amable y cruel, Le quitó un Mundial y le dejó a puertas de una Eurocopa en la que podría haber sido campeón. Él mira la otra cara: es capitán del club de su vida, al que llegó con 11 años, representa los valores del valencianismo y va a tirar de un equipo por el que apostó para sumar ya más partidos que el mítico Claramunt.

No le ha tocado una época fácil, pero ni huye ni se arruga. Se sabe líder de un vestuario donde lleva el brazalete y está obligado, a sus 29 años, a ejercer de veterano. "Veo a un equipo convencido e ilusionado por salir de esta situación complicada. El equipo está muy vivo", sentenció. La experiencia de 2023 le dejó huella aunque, lejos de temblar, el lateral prefiere pensar que, en esto sí, hay remedio. "Quiero darle la vuelta. Tenemos la oportunidad de cambiarlo. Hay margen. Tengo ilusión y ganas", dijo en palabras que también hace resonar en el vestuario. Porque no es de alzar de la voz, pero sus gestos en el campo lo dicen todo. Hasta levanta a Mestalla, con quien ha desarrollado una conexión especial. Quizá por la grada sabe que sin él se sufre.

Gayà se ha perdido 32 partidos de Liga en las últimas tres temporadas: seis en la 22/23, 13 en la 23/24 y otros tantos en la actual. El Valencia sólo ha ganado siete, ha empatado nueve y ha perdido 16. Sin su capitán ha sumado 30 puntos de 96, apenas el 29%.

Para Carlos Corberán es imprescindible tenerlo sin contratiempos como el pisotón que sufrió en los primeros minutos antes el Sevilla y le dejó dos puntos de sutura en el empeine. Lo necesita a su mejor nivel en defensa y, sobre todo, como arma de ataque.

La prueba de Lamine Yamal

En Montjüic vivirá su primer reto desde el regreso: Lamine Yamal. Nunca antes se han enfrentado porque la eclosión de la joven estrella ha coincidido con las lesiones del valencianista. Sin embargo, sí se conocen. "Tengo el recuerdo de verlo cuando llegó a la selección con 16 años y aluciné. Dije que iba a marcar una época. Lo tiene todo para triunfar y su progresión no tiene límites", aventuró.

Sin haberse cruzado, Gayá tiene en mente ese duelo. "A Lamine lo tengo bastante visto. Es complicado porque no sabes que es mejor: si ir rápido a presionar, porque tiene habilidad para salir por los dos lados, o si darle espacio, porque te puede generar situaciones complicadas. Hay que hacerlo correr para atrás. Ahí puede estar la clave", advirtió. La receta la pondrá a prueba en este partido, donde puntuar catapultaría el ánimo del equipo, y también dentro de dos semanas en los octavos de final de la Copa del Rey.

¿Qué Barça tendrán enfrente? Puede ser el equipo al que Leganés y Las Palmas colorearon la cara o el arrollador que remontó en Lisboa: "Ese partido de Champions fue un recital. Cómo creyeron. Tiene grandísimos jugadores y han sabido adaptar muy bien lo que les pide el entrenador y ser muy agresivos hacia adelante. Yo y el equipo nos preparamos para enfrentarnos a la mejor versión".

Raphinha emerge en la locura de Lisboa para cerrar la remontada del Barça y colocarlo en octavos

Raphinha emerge en la locura de Lisboa para cerrar la remontada del Barça y colocarlo en octavos

Recomponerse en medio de la locura fue lo que hizo el Barça ante el Benfica para entrar en los octavos de final de la Champions. Lo cerró Raphinha en el tiempo añadido después de picar piedra contra el rival y la desgracia. De una sacudida en 30 minutos y un sinfín de disparates que parecieron dejarlo aturdido a una remonta para la historia. [Narración y estadísticas (4-5)]

El Benfica golpeó tres veces con rapidez, la primera sin que los azulgrana rompieran a sudar. El gallego Álvaro Carreras se convirtió en un martirio con sus escapadas por la orilla izquierda y en la primera se plantó en el lateral del área para poner un centro al punto de penalti que Pavlidis le ganó a Pau Cubarsí. Primera mueca de Hansi Flick en el banquillo porque intuyó que el joven lateral iba a ser un quebradero de cabeza. En tres minutos ya tuvo certeza cuando, de nuevo, calcó la jugada sin que esta vez cazara la bola el noruego Aursnes.

Antes de recibir más latigazos, el Barça se estiró buscando la igualada. Pedri filtró un pase a Lewandowski para que entrara en juego, pero fue un pisotón de Tomas Araujo a Balde lo que provocó que, de penalti, el polaco lograra el empate con un lanzamiento impecable. Era el minuto 11 y el partido parecía que iba a asentarse después de un arranque frenético. El equipo culé quiso manejar y el guardameta Trubin tuvo que sacar una mano para evitar que Gavi enviara al fondo de su portería el rebote que, por instensidad, se llevó ante Antonio Silva. El crecimiento del Barça lo frenó en seco uno de sus propios jugadores.

Los errores de Szczesny

Había apostado Flick por darle la titularidad a Szczesny en la portería y, desde el minuto 22, debió de arrepentirse. Primero porque abandonó el área para cazar un pelotazo larguísimo a la espalda de la defensa y que también perseguía Balde y acabó arrollando a su lateral y dejando el balón franco para que Pavlidis marcara su segundo gol de la noche. Sin tiempo para asimilar el mazazo de tener que nadar contra corriente, de nuevo se lanzó a los pies de Aktürkoglu. Tocara balón o no, el colegiado neerlandés no lo dudó y el VAR tampoco: penalti que lanzó el héroe griego de la noche. Pavlidis, que sólo había marcado un gol con el Benfica esta campaña, se convirtió en el primer jugador que le hace un hat trick al Barça en Europa en apenas medida hora.

La remontada se antojaba complicada para un equipo al que le costaba jugar y no dejaba de acumular desgraciados errores. Pero aún había tiempo. Mucho tiempo. El Benfica iba a fiar el resto del partido a armar contras, a correr por los costados para sorprender una vez más. Ante eso, el Barça intentó llegar al descanso con presión alta y robos en la salida de pelota, y tuvo sus ocasiones. Primero Lamine Yamal, que no enganchó al segundo palo un centro de Raphinha desde el costado izquierdo. Después fue el propio capitán quien armó a bote pronto un disparo tras una recuperación de Lewandowski de los pies de un central. No parecía infalible el Benfica, pero tantas fueron las facilidades que, en muchos momentos, lo pareció.

No tuvo más remedio el Barça que intentar recomponerse, a pesar de que los lisboetas volvieron a inquietar, como en la carrera que Cubarsí le ganó a Aursnes. Buscó Flick a De Jong para darle el mando y liberar a Pedri y el colmillo de Fermín. Antes probó Lamine desde la frontal a la grada y Pedri hizo pasearse una pelota por el área pequeña que no acertó a empujar Lewandowski. Hasta se animó el canario al disparo viendo que no había manera de acortar distancias.

El malentendido entre Szczesny y Balde que dejó en bandeja el 2-1.

El malentendido entre Szczesny y Balde que dejó en bandeja el 2-1.AP

Entonces Trubin devolvió parte de los regalos de su compañero en la portería contraria. Un saque de puerta cómodo se le quedó bajo y acabó en la cabeza de Raphinha para espolear al Barça... unos segundos. Porque un centro lateral de Schjelderup lo empujó Araújo antes de que llegara a atraparlo Szczesny.

Todo en este partido era sobreponerse a la desgracia. Y el Barça lo hizo. Encontró otro penalti, esta vez de Carreras a Lamine, que marcó Lewandowski para estrechar el marcador y un testarazo inapelable del recién incorporado Eric García al perfecto centro de Pedri que pareció salvar un punto. Entonces emergió Raphinha para, en una contra, obrar la proeza y colocar al Barça entre los ocho que avanzan directamente a octavos.

Trifulca en el túnel

La efervescencia del partido no acabó con el pitido final. Antes vio una tarjeta roja Cabral en el banquillo del Benfica y, ya en el túnel, Raphinha fue protagonista de un enfrenamiento con jugadores locales en el que tuvo que intervenir la policía.

"Al salir del campo me han insultado y yo devolví los insultos, aunque sé que no se debe hacer. Soy una persona que no se lleva nada para casa y si me dicen, también va a escuchar. Al final nos calentamos todos", explicó el capitán, en declaraciones a Movistar Plus, antes de reconocer que esta temporada está siendo la mejor de su carrera.

La resistencia toma Mestalla: el Valencia se pone en pie con una victoria ante la Real

Actualizado Domingo, 19 enero 2025 - 23:16

El Valencia tiene un eslabón centenario que le une a Primera: Mestalla. Es arropado por su pueblo donde ejerce su resistencia. Lo hizo hace dos años y se ha conjurado para repetirlo. Es la misión de una grada que lleva en la piel la lucha contra el dueño que les abandona, pero no olvida su misión. Ante la Real Sociedad, en todos los momentos en que el equipo comenzó a temblar, emergió como escudo protector para ayudar a sumar una victoria, la tercera, la primera de Corberán y el paso al frente hacia una tarea titánica. [Narración y estadísticas (1-0)]

El Valencia necesitaba gestionar su angustia, algo que va más allá del fútbol. Temblaba el equipo cuando además de al rival tenía que sobreponerse a sus propios demonios. Saben todos los jugadores, y se lo recuerda todo un estadio, que el escudo de defienden sostiene una historia que no pueden manchar con un descenso. Pero son últimos y cada jornada es una menos de vida para intentar resucitar. Hay que ganar partidos, sumar puntos, recuperar el fútbol olvidado y hacerlo sin que la responsabilidad lastre las botas.

Contaba la Real con ese aliado para tratar de llevar el duelo a la agonía que siempre acaba penalizando. Desahogados y con más armas, la opción de desesperar al Valencia fue la suya al inicio. Alguacil confió en que, con la Europa League en el horizonte, le bastaría sin Kubo o sin Oyarzabal. Por eso sufrió.

La necesidad como combustible

No podía permitirse el Valencia otra cosa que no fuera empujar y empujar a la Real al área de Remiro. Por los carriles, con Foulquier sacando los colores a Pacheco y Javi López. Por ahí apareció Javi Guerra para, en cuatro minutos, poner un centro al punto de penalti que Diego López cabeceó cruzando el exceso. Habían detectado un punto débil que volvería a aprovechar Guerra para buscar a Hugo Duro en el corazón del área, aunque el madrileño la dejó pasar imaginando la incorporación de Rioja al segundo palo. Había perdonado dos veces y Mestalla farfullaba sin dejar de alentar porque la parroquia se siente involucrada en la faena de la salvación.

La necesidad se ha convertido en combustible que Corberán trata de canalizar hacia al juego y lo logró. El Valencia apretó con orden a la Real ahogándolo de manera que no tejió dos pases. Su medular se volvió transparente, tanto por el trabajo de Barrenechea como por el crecimiento de Javi Guerra, que volvió a dar destellos del jugador que emergió hace dos temporadas. Zubimendi no podía sostener el equilibrio, Brais no aparecía y Sergio Gómez, sin pelota, ni existió.

Ahora bien, sus ocasiones aparecieron a la carrera. La más clara la creó Becker tumbando a Mosquera a la altura de su banquillo para poner un centro a Öskarsson, solo en la media luna, que inexplicablemente envió al lateral de la portería de Mamardashvili.

Zubeldia, ante Luis Rioja, el domingo en Mestalla.

Zubeldia, ante Luis Rioja, el domingo en Mestalla.EFE

Ese fallo espabiló al conjunto donostiarra, que fue creciendo siempre de la misma manera: con velocidad a la espalda de los centrales y de Gayà. Era una forma de intimidar y, a la vez, de neutralizar las escapadas del capitán valencianista. Justo en ese momento, en el minuto 25, el Valencia asestó el golpe.

Acertado en la brújula Javi Guerra buscó de nuevo la derecha, por donde progresó Foulquier para sacar un centro chut raso al segundo palo para la aparición de Hugo Duro, que fusiló a Remiro. El resto fue apretar los dientes para sostenerse hasta el descanso, porque la Real tuvo el empate en una rocambolesca jugada con múltiples remates en la que el Valencia, como un equipo de alevines, defendió por acumulación. La gestión de las ventajas es una asignatura pendiente.

El mando de Brais

Lo que se intuyó fue una evidencia al regreso del vestuario. La Real se desató bajo el mando de Brais e hizo dudar a los locales, sometidos y sin encontrar cómo volver a estirarse. Más madera buscó Alguacil con Take Kubo y Barrene y retrucó Corberán buscando la seguridad de Pepelu para volver a pisar área. Todo el estadio empujó al equipo a una reacción y empezó a enseñar el colmillo.

Fue Rioja el que, tras la peinada de Hugo Duro, encaró la portería donostiarra y, en lugar de soltar un zurdazo, optó por buscar la entrada de Fran Pérez. La segunda fue aún más clara. Gayà, como si jugara al billar, colocó la pelota entre los centrales para que la ganara Hugo Duro, pero estrelló el remate en el cuerpo de Remiro. Entró en efervescencia la grada y el banquillo de la Real se removió. Refrescó Alguacil y ya no pudo prescindir más de Oyarzabal. Acababan los donostiarras con todo su talento en el campo mientras Corberán remendaba por las lesiones de Diego López y Luis Rioja.

Poco más ocurrió porque el Valencia tocó arrebato. Se empeñó en cerrar el partido agarrándose a ese gol de Hugo Duro, apretando los puños y los dientes, achicando agua y sostenido por un Mestalla convertido en el jugador número 12 que explotó recordando que sí, se puede.