Las claves del prodigio en la rodilla de Diakhaby: dos meses de ingreso, el cirujano de Ibrahimovic y su genético optimismo
«En estas lesiones, lo primero que hay que buscar es que el paciente pueda volver a andar». Estas palabras impactaron en Mouctar Diakhaby (Vendôme, 1996) apenas unas horas después de haberse retirado de Mestalla con la pierna derecha colgando. El 2 de marzo de 2024, en el minuto 89 del partido ante el Real Madrid (2-2), Tchouameni se cayó sobre la rodilla del espigado central y se llevó por delante los ligamentos cruzados anterior y posterior. Se temió que tuviera dañados el sistema cardiovascular y el nervio. Fin a la temporada y carrera entre paréntesis. 11 meses después, 337 largos días, el defensa volvió a jugar en Mestalla e incluso tuvo una ocasión de gol ante el Celta de Vigo. Había visto «alguna vez» la jugada de la lesión, pero lo que quería era volver a escuchar desde el césped cómo Mestalla coreaba su nombre. Volver a sentirse jugador de fútbol, un prodigio que ha logrado. Por eso su reacción fue: «Guau, hemos llegado».
Diakhaby es la sonrisa permanente y, ni en los momentos más duros, la perdió. Eso sí, iba a luchar contra ese pronóstico que ponía en duda hasta que pudiera volver a caminar. Se puso en manos del mejor especialista, el cirujano ortopédico Bertrand Sonnery-Cotte, que había tratado a Ibrahimovic, Ansu Fati y aconsejado a Neymar o Agüero. En Lyon se sometió a una operación que desveló que ni los nervios ni los vasos sanguíneos estaban afectados. Diakhaby puso tranquilizar a su familia con que podría andar. ¿Y jugar? El pronóstico del especialista fue de nueve a 12 meses y la esperanza la puso que de los tres últimos casos similares, los tres habían vuelvo a jugar a su mejor nivel.
Todo quedaba en manos del cuerpo del defensa y de sus tesón. Y en eso a Diakha no le gana nadie. El primer gesto fue que, en lugar de estar dos semanas, se pasó dos meses ingresado en la clínica en Lyon para estar a diario bajo la supervisión directa del equipo que le había operado.
Allí comenzó a extraer lecciones. «He aprendido a tener paciencia y control sobre la gestión de mi cuerpo», ha comentado el futbolista en estos días de regreso. De hecho, esta noche ante el Barça Carlos Corberán le volverá a dar minutos. «Está disponible y en proceso de competición. Si inicia el partido, habrá que observar hasta qué minuto tiene ritmo», se limitó a desvelar el técnico, que quiere ver en Mestalla un Valencia «más competitivo» que el que salió goleado 7-1 hace una semana. Eso sí, sin perder de vista que el duelo vital será el domingo ante el Leganés.
Por eso Diakhaby entra en las rotaciones. Desde el club, su vuelta se percibe como el mejor fichaje de enero, aunque no lo esperaban. Ha sido el propio jugador el que ha apretado los dientes para recuperarse justo en la mitad del plazo que estimó el cirujano francés. Para eso, se sacó «todas las cosas negativas de la cabeza». Encontró fuerza en el vestuario, donde después de siete años es líder y capitán, en el apoyo de su familia, en su genético optimismo y en su fe. Incluso en sus orígenes. Antes de la lesión fue elegido embajador de Buena Voluntad por la Organización Internacional para las Migraciones (OIM) y ha desarrollado su labor en su país de origen, Guinea, compatibilizándolo con su recuperación.
Madurez a base de golpes
A Diakhaby, con 28 años, le ha tocado ser fuerte muchas veces porque el fútbol no siempre se lo ha puesto fácil. Este reto ha sido grande, pero ha habido otros. El francés llegó a Mestalla con 21 años, 192 centímetros y un aire desgarbado. El Valencia pagó 15 millones al Lyon, lo que le convirtió en el tercer central más caro de la historia del club. Con Marcelino creció al lado de Paulista o Ezequiel Garay y se confiaba en una progresión que tuvo momentos amargos. Una sanción de cuatro partidos en la Copa de 2019 por enzarzarse con un rival, los dos penaltis en 45 minutos ante el Atalanta en el último partido que jugó el club en Champions, en marzo de 2020 y, pasado el confinamiento, el regreso fue igual de oscuro: otro penalti por mano que provocó que Celades lo señalara. Se aireó entonces su falta de carácter para soportar la crítica, pero no era otra cosa que una muestra de responsabilidad ante el fallo.
La personalidad de Diakhaby se tuvo que agigantar cuando el 4 de abril de 2021, en el Nuevo Mirandilla de Cádiz, denunció haber recibido un insulto racista durante el partido por parte de Juan Cala. El Valencia se fue del campo y fue 'amenazado' con la pérdida de los puntos si no volvía. No había protocolo antiracismo y LaLiga abrió una investigación a la que dio carpetazo con celeridad, lo mismo que el Comité de Ética de la RFEF. Casi nadie protegió al francés. Por eso, cuando dos años después Vinicius comenzó a ser víctima y proliferaron las pancartas contra el racismo, Diakhaby huyó de ellas. Aquello también fue un aprendizaje. Su filosofía es sencilla: «El fútbol te da mucho, pero a veces te toca esto. Hay que estar feliz también».