El mayor de los Espargaró firma su fin de semana ideal llevándose el GP de Cataluña. Aparatosísimo accidente Bagnaia en el arranque
Espargaró, durante la carrera.JOSEP LAGOAFP
“Estoy sin palabras. Me alegro mucho de que al final no haya pasado nada en la primera salida y, además, me han dicho que Pecco está bien. Esta victoria quiero dedicársela a él”. La preocupación por el estado de Bagnaia, vigente campeón del mundo, fue lo más importante en el podio del Gran Premio de Cataluña.
Aleix Espargaró culminó su fin de semana perfecto sumando el triunfo del domingo a la victoria conseguida en la sprint race con un gran adelantamiento a Maverick Viñales, que acabó segundo.
La caída de Bagnaia fue de esas que hiela la sangre a cualquiera. Justo después de que Bastianini, quien sufrió además una fractura en el maleolo derecho, provocara un primer incidente que acabó con varios pilotos en el asfalto, al líder del mundial le hizo un extraño su montura, salió despedido y, por si fuera poco, Binder pasó por encima de sus piernas.
Que una ambulancia tuviera que recogerlo en la misma pista para trasladarlo al centro médico del circuito, por mucho que los sanitarios levantaran el pulgar para tratar de tranquilizar a propios y extraños, no era un buen presagio. Que, varios minutos después, se decidiera trasladar al italiano, quien permaneció consciente en todo momento, al Hospital General de Catalunya para llevar a cabo más pruebas no hizo más que invitar a pensar que a Bagnaia, hasta ahora líder intratable del mundial, se le iba a complicar muchísimo la opción de repetir el campeonato alcanzado el año pasado.
El doctor Charte, no obstante, dejó entrever un casi inesperado hilo de esperanza: a Bagnaia no se le detectaron fracturas en el centro médico del circuito, pero había que hacer un TAC para comprobar que todo estuviera realmente bien. Por ahora, se mantiene a la cabeza de la tabla, si bien Jorge Martín, tercero en Montmeló y segundo en el campeonato, ha conseguido colocarse a cincuenta puntos de distancia.
Era el día del plebiscito. El último. El inmediato a la histórica y esperpéntica rueda de prensa de Florentino Pérez, en el que anunciaba las elecciones a la presidencia del Real Madrid, en marcha desde este mismo jueves. Previa de puente, la asistencia al duelo ante el descendido Oviedo fue la que fue. Ni 63.000 almas. Pero los pitos se oyeron, más para unos, Mbappé, que para otros. No ha gustado al público del Bernabéu este final de temporada tan aciago con un clásico lleno de impotencia blanca.
Ni la atronadora megafonía consiguió apagar el descontento de los asistentes, que se elevó cuando finalizó el himno de la Décima. Tronó en la cubierta cerrada, aunque la pitada no fuera unánime. Varios decibelios menor que ante el Levante. Cambió incluso el Madrid el paso del speaker para evitar males mayores.
El primer aviso fue en el calentamiento, pero los pocos asistentes que había en el interior del estadio provocó que los pitos que oyeron los jugadores blancos en su salida al calentamiento fueran pocos y no unánimes. Tuvieron suerte, además, de que los aplausos a los jugadores del Oviedo en su salida de vestuarios, al ser casi simultánea, apagaran también la crítica a la segunda temporada sin títulos importantes para la plantilla blanca.
Entre los titulares no estaba Kylian, dos duelos ausente el francés de la disciplina blanca por una lesión. Los goles, 41 este curso, no han sido suficientes para que la grada le aguantara sus desaires y se llevó el galo la mayor pitada de los jugadores del Real Madrid.Potente cuando le mencionó el speaker y atronadora cuando saltó al campo en lugar de Gonzalo. Vinicius, en cambio, tuvo división de opiniones.
Florentino Pérez, por su parte, saludaba a los aficionados desde el palco de honor como si nada hubiera ocurrido en estas últimas 48 horas. Con las elecciones ya en marcha, el máximo mandatario apareció con la confianza del que sabe que puede repetir tras 26 años en el cargo y hasta departía con los asientos cercanos, con algún gesto más airado que otro. Pese a que no recibió ningún cántico en su contra, la seguridad del Bernabéu retiró un par de pancartas que ponían "Florentino culpable" y "Florentino vete ya".
Florentino Pérez saluda al Bernabéu.OSCAR DEL POZOAFP
Antes, con 10 minutos para las 20.00 horas, había llegado el autobús del Madrid oculto bajo el sol. Circulando por Concha Espina menos escoltado que nunca. Los pocos asistentes que quisieron recibir al equipo mezclaron los silbidos con los aplausos. Pocos de lo uno y de lo otro. El del Oviedo lo había hecho cinco minutos por delante. Recorriendo una vacía y triste calle del Padre Damián. Ya les quedan pocos duelos en Primera a los asturianos y muchos se vieron en cambio por los alrededores del estadio blanco.
Pancartas ultras
Unos alrededores en los que destacaban dos pancartas en la tradicional zona de los ultras. La calle Marceliano Santamaría era de las que no votaría, precisamente a su presidente. Mezclados con los centenares de aficionados que bebían en las afueras de los bares, dos mensajes. "Disfruta de tu Barza fuerte", ponía el primero con una imagen de Florentino vestido con la camiseta blaugrana y levantando un trofeo. En el muro de al lado, otra lona mucho mayor que rezaba: "Club arruinado, club secuestrado, club robado, próximamente..." con la imagen del máximo mandatario blanco y su nuevo consejero Anas Laghrari.
El señalamiento que hizo el presidente de los ultras como uno de los enemigos del club y suyos propios en su última comparecencia ha agrandado una herida que supura desde su expulsión en 2013 del estadio blanco. Pocos votarían al mandatario en unas hipotéticas elecciones de haber más candidaturas válidas en los próximos diez días.
Apoyo al presidente
Sin embargo, no piensan igual algunos aficionados que, junto a sus hijos, se dirigían poco antes del inicio del choque, a sus puertas de acceso al coliseo blanco. Tanto Antonio Pérez, como Álex Acedos y Manuel Gómez votarían de nuevo a Florentino Pérez como presidente de la entidad que son socios. "Lo haría hasta que dejara de presentarse", apuntaba a EL MUNDO Manuel Gómez.
Tampoco comulgan con la crítica a través de pitos a su equipo pese a que su temporada fuera "una vergüenza". "Nunca pito a mi equipo", explicó Pérez con sus 45 años de edad y los mismos de socio a este periódico. "¿Pitar? No", respondía por su parte Álex Acedos, mientras que Manuel Gomez mantenía que "nunca había pitado a los jugadores" y que tampoco lo haría a su presidente.
Pero dentro del estadio muchos no pensaron como ellos. El resultado ante el Real Oviedo era lo de menos. Sin nada en juego, el Bernabéu era un juicio y los juzgados estaban en el césped y en el palco. Los jugadores, sin lugar a dudas, fueron declarados culpables y Mbappé, condenado sin paliativos. El partido, por cierto, lo ganó el Madrid.
Cuarenta años y seis finales después, el Athletic busca de nuevo la Copa del Rey, un torneo al que ha intentado poner cerco en las últimas temporadas sin lograr el éxito que se le niega desde el 5 de mayo de 1984, cuando el equipo de Zubizarreta, Goikoetxea,Dani y compañía, dirigido por Javier Clemente, figura medular en los primeros ochenta, se impuso al Barcelona de Maradona y Schuster para lograr la vigesimotercera.
Tampoco en esta ocasión lo tendrá fácil. Detrás del decimoquinto clasificado de la Liga, sólo seis puntos por encima de los puestos de descenso, se esconde un Mallorca de lija, capaz de dejar atrás al Girona, la gran sensación del curso, y a la Real Sociedad, ganador del torneo en la edición de 2020. Con todo, en esta ocasión el conjunto que entrena Ernesto Valverde parece tener el título más a tiro que en las recientes balas perdidas. De las seis finales que se le escaparon, cuatro las disputó frente al Barcelona, una ante la Real y otra, ya muy lejana, en 1985, contra el Atlético de Madrid.
En su segunda temporada en esta tercera etapa al frente del equipo vizcaíno, Valverde dirige un grupo en continuo crecimiento, en el que, como ha comentado en más de una ocasión, muchos jugadores han dado un paso adelante. Como sucediera en 2022, cuando dejó en el camino al Real Madrid y al Barcelona antes de varar en semifinales con el Valencia, el Athletic se deshizo de nuevo de los azulgrana para liquidar después, ya a doble partido, al Atlético de Madrid, con quien litiga por una plaza en la próxima edición de la Liga de Campeones.
Avalancha de aficionados
El Athletic rock and roll prometido por Jon Uriarte cuando tomó la presidencia ha tardado una temporada en llegar, tras un curso de discreta transición, pero aquí está, acompañado por cerca de 70.000 seguidores, 30.000 de los cuales habrán de conformarse con seguir el encuentro desde la fan zone habilitada fuera de La Cartuja. En Sevilla sólo se ven banderas rojiblancas y seguidores bilbaínos ataviados con toda la parafernalia propia de estas ocasiones. Resulta difícil dar con algún hincha mallorquín, cuya representación se estima más de tres veces inferior.
Javier Aguirre se siente cómodo en el papel que le corresponde a su equipo, sin renunciar al que podría ser el mayor triunfo de su dilatada carrera en los banquillos. «Del Athletic me preocupa su velocidad; al espacio son letales. Te equivocas en una salida de balón y te matan. Son muy dinámicos y cualquiera te la puede liar. Es el equipo de primera división que más balones roba y que más daño hace cuando lo consigue», comenta. «No basta con la ilusión. Hay que hacer un partido casi perfecto».
Con la única probable baja de Yeray, lesionado en el último encuentro de Liga, en el Bernabéu, el Athletic tratará de marcar pronto para obligar a su adversario a ser más propositivo de lo que acostumbra. La victoria del Athletic por 4-0 en el último partido de Liga entre ambos equipos resulta excepcional en una secuencia reciente que arroja tres empates, dos de ellos a cero. Con el vértigo de los Williams y la inteligencia de Guruzeta, que suma 15 goles esta temporada, el Ahtletic, que destaca por el equilibrio en todas sus líneas, tratará de buscarle la vuelta al Mallorca. Ahora bien, deberá gestionar la ansiedad, el ferviente deseo de volver a surcar la gabarra después de cuatro décadas
En el plano institucional, será una final marcada por las turbulencias en la Federación Española de Fútbol. Tras la dimisión de Pedro Rocha y la convocatoria de elecciones para el 6 de mayo será Rafael del Amo, presidente de la junta gestora, quien se siente en el palco. Ahí estará Rafael Nadal, dos días después de anunciar que tampoco estará listo para reaparecer en el Masters 1000 de Montecarlo.