La fiereza de Usman Garuba: 1.000 tiros al día y una garrafa de agua

La fiereza de Usman Garuba: 1.000 tiros al día y una garrafa de agua

EuroBasket


FINAL: España – Francia

Actualizado

El pívot, que estuvo a punto de no llegar al torneo por una lesión, asombra por su capacidad defensiva en la pista y su espontaneidad fuera. “Sólo quiere entrenar, entrenar, entrenar”

Garuba, durante un entrenamiento de la selección.ALBERTO NEVADOFEB

Usman Garuba se pasea por el Eurobasket con una garrafa de agua de casi cuatro litros marcada con el 16 de su camiseta y con una etiqueta en la que se lee The Beast. Se la entregaron los Rockets, con ese apodo, al comienzo de la temporada y no se separa de ella. Hace unos días afirmó que podía beber 12 en un jornada de partido y tuvo que salir a aclararlo ante la guasa general: «Tranquilos, no me voy a morir ni nada». Su espontaneidad de 20 años, que hace sacar más de una sonrisa a sus compañeros y a los enviados especiales al torneo, se transforma en una fiereza insólita en la cancha.

Usman es el músculo de una selección siempre inferior físicamente a sus rivales, potencia de ébano en la pintura para el reto del oro contra la Francia de Gobert, Poirier, Fall y compañía. El chico de Azuqueca de Henares que asombraba en categorías inferiores, el niño que Pablo Laso hizo debutar con 16 años, al que tuteló Felipe Reyes en la última temporada de ambos en el Real Madrid, es ya un hombre que abruma a los que le sacan una cabeza. Su compañero en los Rockets Alperen Sengun, Valanciunas y Sabonis, Markkanen y hasta Daniel Theis han sufrido el celo defensivo de quien no le tiene miedo a nada. Dennis Schröder acabó felicitándole tras colocarle un estruendoso tapón en las semifinales.

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Porque eso, la falta de complejos, llama la atención de un Usman que estos días andaba preocupado en Berlín buscando un billete de avión para Betty, su madre, quien finalmente no podrá acudir a la final. Ante la cautela general del colectivo, el discurso de Garuba, que ha compartido habitación con Lorenzo Brown en Tiflis y Berlín, es simple y directo. «No tengo mucho que decir. Quiero ganar y llegar a la final», pronunció en la previa ante Alemania. Antes, había desafiado: «Me acuerdo de todos los que dudaban. Ahora se subirán al barco».

Lesiones

El caso es que Garuba no lo tuvo nada sencillo para este Eurobasket, su segundo gran torneo con España tras los pasados Juegos, donde recibió el testigo de los Gasol. Ya acudía de una temporada áspera en Houston, con menos partidos (sólo 24) y más lesiones de las que le hubieran gustado, incluso bajando a los infiernos de la G-League (Rio Grande Valley Vipers). Se rompió la muñeca izquierda, entre otras cosas. Por eso se tomó el verano como algo personal. Quería cumplir con su franquicia y después con la selección, con la que tantas veces había sido héroe en las categorías de formación.

Desde que volvió a España a finales de abril, todo fue trabajo a destajo en el polideportivo La Paz de Azuqueca. «No ha parado. Sólo quiere entrenar, entrenar, entrenar», cuentan desde su entorno. Sesiones físicas y, sobre todo, técnicas junto a su inseparable Dave Serrano, el entrenador que le descubrió. Centrados en el lanzamiento -«hacíamos una rutina de 1.000 tiros al día, bloques en todas las posiciones, catch and shoot, tiros libres…», desvela Dave- y en las nuevas situaciones que le iba tocar afrontar: pick and roll, desbloqueos para buscar la espalda de los defensores, mano a mano… Y, después, entrenos más colectivos con su hermano Sediq y otros amigos como sparrings, muchos de ellos amigos de la cantera del Madrid. Quería regresar a Houston como un toro, listo para mostrar su ambición en la Liga de Verano. Sin embargo, en el segundo entrenamiento con los Rockets, la fatalidad. Otro esguince, en el mismo tobillo que durante el curso, y adiós.

Garuba con Parra, en el partido de semifiales.FILIP SINGEREFE

Esa lesión le hizo incorporarse tarde y en una «condición física lejos de lo aceptable» a la selección, donde inició un trabajo personalizado con el preparador físico Enrique Salinas. Sin tenerlas todas consigo sobre si llegaría al torneo, pero con la promesa de Scariolo de aguardarle lo máximo. Sus primeros minutos no fueron hasta el 16 de agosto y en la primera fase de Tiflis ya se le vio alguna mejoría. Allí, admitió a sus íntimos: «He vuelto a jugar al baloncesto». Para Usman, de la temporada anterior apenas contaban los seis últimos partidos con los Rockets en los que tuvo protagonismo (y cuya estadística avanzada dejó impresionados a sus técnicos).

En el Eurobasket, de menos a más hasta el asombro. Scariolo no duda en mantenerle en cancha pese a la capacidad ofensiva de Willy Hernangómez. Porque todo es novedad para Usman, que a sus 20 años está en plena transformación para convertirse en el center que quieren los Rockets. Creció hasta los 203 centímetros, pero lo que impresiona ahora son sus kilos -aproximadamente cinco más-, que mueve con la misma soltura con la que perseguía a los bases rivales a las órdenes de Laso. Esa movilidad, la intuición y su capacidad reboteadora son una de las claves de la selección. «Nuestra idea era que Lorenzo liderase al equipo en ataque y Usman en defensa. Es un extraordinario defensor. Puede cambiar todo. Tiene un gran corazón. Comete errores, claro, es muy joven, pero confiamos mucho en él», apuntó Scariolo durante el torneo.

Pero Garuba es mucho más. «Ha anotado los cuatro tiros libres del final», destacaba el seleccionador de su gladiador tras la semifinal, hielo en el infierno del Mercedes Benz Arena. Hay otra estadística que habla del conocimiento del juego de Usman, el tipo más joven que hoy pisará la final del Eurobasket. Repartió siete asistencias. «Puede sorprender a muchos, pero ya era un gran pasador», cuentan. Garuba, eso sí, descansará a pierna suelta: “Yo siempre duermo bien, no os preocupéis por mí”.

kpd