Si buceamos en la hemeroteca deportiva de Eurocopas y Mundiales, hubo un gol en 1966 que cambió el rumbo de la final que medía las fuerzas de la Inglaterra de Bobby Charlton y la Alemania de Beckenbauer. El marcador estaba igualado a dos goles y, en la prórroga, el futbolista inglés Geoffrey Hurst anotó un gol que dio en el larguero pero que nunca llegó a entrar en la portería. Ese tanto hizo que la selección inglesa se adelantara y finalmente se alzara con el título de campeona del mundo, el único que tiene en su haber.
Resulta obvio decirlo pero esto no habría ocurrido de contar con el aclama
Hazte Premium desde 1€ el primer mes
Aprovecha esta oferta por tiempo limitado y accede a todo el contenido web
Cuando a Xabi Alonso le preguntaron por el taconazo de Vinicius a Valverde, dijo que la jugada le pareció «muy buena», pero que, «con todo el cariño», como suele decir su presidente, se quedaba con el de Guti en Riazor, que presenció en directo. Aquella jugada de la que se benefició Benzema ha pasado a la videoteca de las excelencias en el área, por lo que no debe extrañar la preferencia del tolosarra. Pero la declaración de alguien que mide muy bien todo lo que dice, carga otra intención: la equidistancia con el elogio excesivo que alimenta los egos. El de Vini es proporcional a su calidad. Inmenso.
Fue, pues, una declaración de tacón, sutil, pero que marca el terreno. A Laporta lo despejó con otro taconzano, a propósito de la libertad y la democracia, aunque cuando ha querido lanzar un libre directo, Xabi no ha dudado: «Defendemos todos». No es cualquier declaración en un Madrid donde, al menos dos, Vinicius y Mbappé, estaban liberados de servicio con Ancelotti. El Madrid está ya en otra pantalla, en la que se corre la bomba.
Aunque es pronto, empiezan a observarse algunos esbozos tácticos del nuevo entrenador. Güler asumió dotes de mando en tierra del mediocentro ante el Pachuca y Tochuaméni contribuyó a la formación de tres centrales ante el Salzburgo. Una fórmula que ha sido anatema en el Madrid, pero preferida por el técnico como demostró en Leverkusen. Si tus laterales son Alexander-Arnold y Fran García o el esperado Carreras, con más razón, puesto que atacan mejor que defienden. Busca con ello más control, más preción, pero necesita más coordinación. Eso es tiempo.
El debut ante el Al Hilal dejó un aroma decepcionante por continuista, aunque con una novedad: la alineación de Gonzalo por la baja de Mbappé. Una circunstancias adversa que abrió una puerta a la cantera, en lugar de a otro futbolista adaptado al puesto, y constató una certeza, y es lo bien que le sienta siempre al Madrid un delantero puro de área, porque en su idiosincrasia está el vértigo, el torbellino ofensivo y, si se puede, el tacón.
Parecía llamado a dominar la futura banda derecha del Real Madrid y a ser la puerta millonaria del club hacia el tan deseado mercado asiático, pero Takefusa Kubo (Kawasaki,, 2001) sigue sin pasar el umbral del vestuario local de Chamartín y cada vez está más lejos. Por él, cansado de esperar desde su fichaje en 2019, y por el propio conjunto madridista, confiado su carril diestro a Rodrygo, Brahim y Güler. Hoy vuelve a visitar la Castellana con la Real Sociedad, dueña de sus derechos federativos y del 50% de lo que genere la plusvalía de una futura venta. El otro 50% es del Madrid, que lo vendió por seis millones a los txuri-urdin y se guardó esa opción, esperando ahora un ingreso millonario cuando alguien se acerque a los 60 millones de su cláusula.
A sus 23 años, Kubo volverá al Bernabéu con el mismo ánimo de revancha y la misma rabia acumulada de siempre, amenazando futbolísticamente al equipo que un día llamó a Japón y le recuperó para el fútbol español después de haber abandonado las inferiores del Barça.
Y es que la historia de Kubo en la capital es la de la espera y el rechazo. Un «no» constante que ha condicionado la primera etapa de su carrera. Aterrizó en el verano de 2019, formando parte de una camada adolescente que era vista en la cúpula como la heredera de la época dorada. Por ahí estaban Vinicius y Valverde, firmados en 2018, más Brahim, Rodrygo y Kubo, cuyos fichajes llegaron en 2019 junto a Militao y Mendy.
El ejemplo de Odegaard
De todos ellos, sólo Kubo se ha quedado en la carretera, compartiendo con Martin Odegaard el foco de los proscritos. En su momento, el noruego decidió que no iba a esperar y el club le vendió al Arsenal por casi 40 millones, previo paso brillante por la Real Sociedad. Lo suyo fue rápido y ahora es el capitán de los gunners.
En el caso de Kubo, todo ha sido diferente. Una situación peculiar limitada desde el principio por su pasaporte extracomunitario. La acumulación de extranjeros en el Madrid, especialmente brasileños, obligó al conjunto blanco a elegir desde 2019 a varios descartes, y Rodrygo siempre le ganó la partida a Kubo en el extremo derecho. Mientras el brasileño crecía junto a Vinicius en el ataque madridista, el japonés vivía temporadas complicadas entre Mallorca, Getafe y Villarreal. Cuestión de elecciones y de destino.
Así que el Madrid ganó la Champions 2022 con Rodrygo como héroe de la eliminatoria contra el Chelsea y el City en el momento en el que Kubo terminaba su segundo paso por Mallorca. Antes, había pedido dejar el Villarreal a mitad de año porque Unai Emery no contaba con él, y acabó unos meses en el Getafe de José Bordalás. Un camino de espinas que le revolvía el estómago, presionado mediáticamente en Japón y con la obsesión de brillar en Europa.
Kubo, rodeado de jugadores del Valladolid, el sábado en el Reale Arena.EFE
De blanco sólo le hemos podido ver en una pretemporada, la de 2019, cuando fue uno de los protagonistas por la ilusión que despertaba su fichaje. Se fue a la gira americana con Zidane, tuvo minutos y volvió para ponerse a las órdenes de Raúl en el Castilla, donde compartió algún amistoso con el propio Rodrygo. Un casting que terminó ganando el brasileño, que aceptó jugar varios partidos oficiales con el filial.
El japonés, mientras, observaba la elite con ansia. «Era cabezota. Tenía mucha personalidad y muy claras sus decisiones», recuerdan en Valdebebas fuentes consultadas por este periódico. «Me estresaba muchísimo en cada entrenamiento porque quería demostrar mi valía», admitió hace unos meses en una entrevista.
No llegó a debutar en partido oficial con el Madrid porque salió cedido al Mallorca justo antes del inicio de aquella temporada. Una decisión que el club veía bien para su formación, pero que quizás llegó demasiado pronto y el foco, lejos del Bernabéu, se fue apagando. No volvió a jugar de blanco. La pandemia en 2020, los Juegos en 2021 y su fichaje definitivo por la Real en 2022 lo impidieron.
Retraso en las nacionalizaciones
En esa operación, el Madrid se guardó una opción preferencial para recuperarle y el 50% de la plusvalía de una futura venta a cambio de seis millones. Seguía gustando en Valdebebas, pero el retraso en las nacionalizaciones de Militao, Rodrygo y Vinicius lo alargaba todo. Tres años después, todo parece haber cambiado. El japonés renovó con la Real hasta 2029, aunque mantuvo la cláusula en 60 millones, una decisión que desliza la intención de una futura venta.
El Madrid tiene hueco para extracomunitarios, nacionalizados ya los brasileños, pero la nueva zurda joven se apellida Güler y el nombre de Kubo se ve más como fuente de ingresos que en la espalda de la camiseta, esperando en Valdebebas ese salto definitivo en la carrera del talento asiático. Hoy, en la vuelta de semifinales de Copa, nueva reválida.
El Real Madrid suma dos derrotas seguidas en la Liga española, está a cuatro puntos del Barcelona y puede acumular hasta 11 bajas en su duelo de esta noche en Vigo, clave en la pelea por el torneo doméstico antes de enfrentarse al Manchester City en los octavos de la Champions. Una crisis deportiva y médica que ha llenado de sospechas y desconfianza la ciudad deportiva de Valdebebas. Una desconfianza futbolística por las dudas que ofrece el equipo a estas alturas de la temporada y una desconfianza física, tema matriz de este curso, que sigue latente. Según ha podido saber EL MUNDO, la dirección del conjunto blanco ha pedido a Niko Mihic, jefe de los servicios médicos, y a Antonio Pintus, jefe de la preparación física, los dos hombres de máxima confianza de Florentino Pérez en esas parcelas, revisar los planes de entrenamiento que tienen los jugadores en la ciudad deportiva y con sus respectivos entrenadores personales en casa.
Esa relación entre los preparadores de Valdebebas y los individuales es totalmente normal en un equipo de este nivel y en un mundo del fútbol en el que los jugadores ya han asumido la necesidad de entrenar varias veces al día, pero el mensaje desde el Madrid es de evidente preocupación y quieren analizar si algo se está haciendo mal en el día a día. Son siete roturas de cruzado desde agosto de 2023 y demasiadas molestias musculares en los últimos meses, una circunstancia que ha lastrado al equipo en momentos clave del curso. Y para el club, el apartado físico lleva meses siendo un dolor de cabeza.
Cuando Xabi Alonso todavía estaba al mando del primer equipo, en las oficinas de Valdebebas ya se pensaba que la decisión de apartar a Pintus del mando de la preparación había sido una mala idea. Alonso llegó con sus hombres de confianza, y a la mínima que los resultados no acompañaron, las dudas sobre el físico de la plantilla salieron a flote.
Dudas con las decisiones
Dos meses después del cambio de entrenador, vuelven a aparecer los mismos nubarrones y la misma desconfianza, aunque en esta ocasión las sombras van en diferentes direcciones. Fuentes cercanas al vestuario madridista aseguran a este periódico que varios futbolistas han dudado de las decisiones que se toman desde el área médica, tanto en los diagnósticos como en los plazos de recuperación.
Le sucedió a Arda Güler en sus inicios en el Madrid, sufriendo distintos problemas en el menisco y buscando fuera de Madrid opiniones diferentes a las que encontraba en Valdebebas. Y les pasa ahora a Jude Bellingham y a Kylian Mbappé, que están ahora mismo en Londres y París buscando segundas opiniones sobre sus lesiones y sus procesos de recuperación. Situaciones que en el Madrid describen como «normales» y que, según el club, están supervisadas y son ideadas por Mihic, que ha acompañado a Bellingham.
En el vestuario, sin embargo, hay voces que aseguran que la primera idea nació de los futbolistas, preocupados por no llegar en forma al tramo final de curso y al Mundial.
El caso Mbappé
El caso de Mbappé es el más llamativo y donde ha surgido mayor debate. El galo tiene molestias desde principios de diciembre, cuando se lesionó ante el Celta y no pudo estar en el duelo vital de la liguilla contra el Manchester City. Después de eso, disputó los 90 minutos contra el Talavera, el Alavés y el Sevilla. Un detalle que se entendía por su interés en igualar el récord de Cristiano Ronaldo y en la necesidad que vivía en ese momento el equipo con Xabi Alonso.
Pero llegó el año nuevo y Mbappé paró ante el Betis tras resentirse en el entrenamiento del 30 de diciembre, abierto al público, donde se tocó la rodilla en varias ocasiones. No viajó a Arabia para la semifinal y sí lo hizo, en un viaje exprés, para jugar un rato en la final.
En Valdebebas hay voces que no entienden que no parara por completo y el francés, con el tiempo, parece arrepentirse de ello. Ha ido ausentándose según sus sensaciones. Ahora el Madrid ha anunciado un tratamiento «conservador» para lo que llaman «un esguince de rodilla», pero el jugador, que no termina de encontrarse bien, sigue sin estar convencido.