El belga, excelentemente protegido por Van der Poel, impone su velocidad en una jornada en la que el pelotón se tomó un descanso activo durante 100 kilómetros.
Philipsen, a la izquierda, gana la cuarta etapa del Tour 2023.M, DivisekEFE
Repetición de jugaba en un sprint caótico con tres caídas en el último kilómetro en el circuito de Nogaro. Jasper Philipsen, otra vez magníficamente lanzado por Van der Poel, se anotó su segunda victoria consecutiva. La segunda plaza fue para el australiano Caleb Ewan.
El belga volvió a frustrar las opciones de triunfo de Mark Cavendish de superar el récord de Eddy Merckx. El británico estuvo más ligero que en la jornada anterior y se metió en la pugna final. Misión imposible para el velocista de la Isla de Man en la víspera de la primera cita con los Pirineos.
Una conclusión repleta de intensidad para una jornada decepcionante. La etapa tuvo un desarrollo infame durante los primeros 100 kilómetros. Los corredores avanzaron agrupados, a 37 km/h, charlando, bromeando… El pelotón, a un ritmo indigno, pasó junto al santuario Notre-Dame des Cyclistes, en la región de Aquitania, donde se veneran maillots, gorras y bicicletas de Merckx, Coppi, Hinault… También de Luis Ocaña, el señor de Mont de Marsan, por donde también pasó la prueba. Philipsen cruzó el primero el sprint intermedio de Notre-Dame des Cyclistes, sumó 20 puntos y se convirtió en el líder del maillot verde. El belga estaba empatado a puntos con Lafay. Eso fue lo mas relevante en el ecuador de la jornada.
Más de la mitad de la etapa fue desperdiciada. Descanso activo antes de afrontar las primeras rampas de los Pirineos. Nada digno de mención hasta que a falta de 85 kilómetros para la meta de Nogaro, los franceses Benoit Cosnefroy (Ag2r) y Anthony Delaplace (Arkea) decidieron mover el manzano. Pronto tomaron un minuto de ventaja sobre un grupo encabezado, sin ganas, por el Alpecin de Philipsen. Los fugados fueron neutralizados a falta de 24 para la conclusión. Y ese momento comenzó el baile de Alpecin para lograr su segunda conquista consecutiva.
Este miércoles llegan los Pirineos, con una etapa de 163 kilómetros entre Pau y Laruns, que incluye tres ascensiones: Soudet (categoría especial), Ichère (tercera) Marie Blanque (primera).
En el rosado macizo de Jabel Jais, el fenómeno inauguró su casillero sólo tres días después del estreno de su temporada. Tadej Pogacar, en su primera ascensión del curso, volvió a imponer su eléctrica velocidad en subida, sumó su victoria 89 en su palmarés y envió un mensaje intimidador a sus enemigos.
Fiesta en Emiratos Árabes con la nueva exhibición de su estrella. El esloveno, a medio gas y dosificando esfuerzos, venció en la pétrea montaña de Omán, con 20 kilómetros de longitud y un 5% de pendiente media, surcada por una carretera de cuatro carriles con un asfalto perfecto. Una ascensión prolongada, sin paredes, en la que el UAE impuso un ritmo de desgaste. Pogacar sólo cedió los primeros puestos del pelotón a falta de cuatros kilómetros. No atacó de lejos, como en otras ocasiones, sólo le bastó con un sprint a falta de 200 metros. Segundo fue el británico Oscar Onley (Picnic PostNL). Iván Romeo (espléndido) fue séptimo y Pablo Castrillo, octavo. Pogacar, que es el nuevo líder de la carrera, invirtió en la subida un tiempo de 41 minutos y 36 segundos, pero el récord de ascensión fue para el colombiano Einer Rubio, con 41.07, que sufrió un percance mecánico al comienzo del puerto y que tuvo que escalar prácticamente en solitario, sin apenas ayuda de sus compañeros del Movistar, para reengancharse al grupo de los mejores.
Pogacar, que esta temporada, quiere alcanzar los 100 triunfos, es el gran favorito para conquistar la ronda del país que patrocina su equipo y que finaliza el próximo domingo, con otra subida en alto: Jebel Hafeet.
Pogi asusta mientras sus rivales comienzan a desperezarse. Este miércoles, Jonas Vingegaard y Primoz Roglic levantaban el telón en la Vuelta al Algarve en una primera etapa ganada por Filippo Ganna. El italiano se aprovechó de un error de la cabeza del pelotón, que tomó una trazada equivocada poco antes de la meta en Lagos.
La jornada se completó con el arranque de la Vuelta a Andalucía, con una etapa de cinco puertos, ganada por el belga Maxim Van Gils (Red Bull-Bora-Hansgrohe). Enric Mas (Movistar) y Tom Pidcock (Q36.5) son los principales reclamos de una prueba que celebra su centenario.
«¿Usted fuma? Es que me he quedado sin tabaco». El pionero, que se apoya en un andador para moverse por su casa en el casco antiguo de Orihuela, recibe al reportero rodeado de centenares de fotografías y de trofeos cosechados en su gloriosa trayectoria. «Ahí estoy con Fausto Coppi. Para mí, siempre fue el mejor». El próximo miércoles, Bernardo Ruiz cumplirá 100 años. Podría irse con sus hijos, pero prefiere vivir solo. Hasta hace cuatro años paseaba a su pequinés y acudía diariamente al casino de su pueblo para «echar la mañana», leer la prensa y tomar un café, pero tras someterse a una operación de vejiga, y permanecer 10 días en la cama de un hospital, apenas sale a la calle. En invierno se queda en casa, donde le cuidan dos chicas, una por la mañana y otra por la noche. No sale para evitar el frío, la gripe y el covid.
Bernardo Ruiz fue el primer ciclista español en ascender al podio del Tour de Francia, en 1952. Fue tercero tras Coppi y el belga Stan Ockers. También fue el precursor en las victorias de etapa en el Giro de Italia: en 1955 estrenó palmarés en una jornada con salida y llegada en Roma. Fue el primer español en conseguir dos triunfos en un mismo Tour (1951), en las metas de Brive y de Aix-les-Bains. En su curriculum figuran la Vuelta a España de 1948 y tres campeonatos nacionales de ruta (1946, 1948 y 1951). Está considerado el primer ciclista profesional de España.
El Pipa ha perdido la audición, pero conserva una fecunda memoria. Explica con detalle cada una de las imágenes que reposan en las mesitas o adornan las paredes de su casa. «Esta foto es de la Vuelta a España, aquella en la que gané 17.000 pesetas. La última etapa terminó en el recién estrenado estadio Santiago Bernabéu. Para mí, la Vuelta siempre ha sido más divertida que el Tour», sostiene mientras recalca que aún sigue las carreras por televisión. «No sólo ve las pruebas en directo, sino también los resúmenes y los reportajes que emiten después», añade su hijo Bernardo, un farmacéutico que lleva trabajando 44 años en Orihuela. Él es una ayuda fundamental para encauzar la conversación con el periodista, porque nadie conoce e interpreta al pionero mejor que él.
Ruiz, con una portada del Marca, en su casa de Orihuela.CARLOS GARCIA POZO
El próximo día 8, en la casa del centenario se reunirán sus cuatro nietos y dos bisnietos y el resto de la familia de su hijo y de su hija Margarita, abogada. No estará el tercer hijo, Miguel, un sacerdote que fue misionero durante 30 años en Perú y que ahora se encuentra en Guerrero (México), colaborando en la construcción de un hospital.
Nunca pinchaba
El aniversario se completará con una exposición del artista Miguel Soro en la lonja de Orihuela, en la que se exhibirán retratos de un corredor que abrió sendero y rompió moldes. Ruiz no respondía a los cánones de los ciclistas españoles: pequeños y escaladores. Él era robusto, alto para la época (1,75 metros), fuerte y muy sólido en las subidas y en el llano. Decían que casi nunca pinchaba y que guardaba un secreto: inflar los tubulares nuevos, colgarlos como chorizos en su casa y dejarlos curtir durante dos años. Su primera bici profesional, una Alcyon, la compró en 1941 con las 500 pesetas (una fortuna) regaladas por su hermano Tomás, que combatió en Rusia con la División Azul.
Bernardo era un tipo duro hecho a sí mismo. A los nueve años faenaba en el campo y a los 11 le sorprendió la Guerra Civil. Cuando era un chaval fortaleció sus piernas y carácter dedicándose al estraperlo. Tiempos de hambruna. «En casa teníamos que trabajar para comer. Mi padre era campesino. Yo iba con mi bicicleta desde Orihuela a Cartagena cargado con aceite, cereales, tabaco, harina, pan... Llevaba 50 kilos por malos caminos, evitando a la Guardia Civil. Un día y medio para ir y volver». La vida dura de un niño que ha presenciado tres reinados (Alfonso XIII, Juan Carlos I y Felipe VI), una República, una Guerra Civil, una posguerra, una dictadura y una democracia. Decidió dedicarse al ciclismo cuando, siendo un chaval, ganó una carrera de aficionados y le premiaron con 25 pesetas, el triple de lo que ganaba su padre en un mes.
Bernardo Ruiz.CARLOS GARCIA POZO
«Nunca lo he tenido fácil, pero disfruté mucho con el ciclismo. Es un honor haber sido el primero», señala un corredor que fue rival de Federico Martín Bahamontes (el toledano también se dedicó al estraperlo), que debutó a nivel nacional en 1945 y se retiró en 1959 para dedicarse a la dirección de equipos. Dejó la bicicleta y empezó a fumar. «Sigue con sus cigarros, aunque se los controlamos un poco. Es que se pone a toser y no puede dormir», advierte su hijo.
Ruiz dirigió al equipo Faema de España (una prolongación de la escuadra belga liderada por Eddy Merckx). Fue el maestro de Angelino Soler, el vencedor más joven de la historia de la Vuelta a España (21 años, en la edición de 1961). «Me decían que estaba loco porque cuando casi nadie le conocía yo le hice un contrato de 100.000 pesetas. Cuando ganó la Vuelta, todos tuvieron que callarse. También di la primera oportunidad a Julio Jiménez... Creo que tuve buen ojo como director». Luis Puig le ofreció, sin éxito, ser seleccionador nacional. No aceptó porque las condiciones económicas le parecían insuficientes. Para el ex presidente de la Federación, sólo Miguel Poblet y Jesús Loroño estaban a la altura de los conocimientos de Bernardo Ruiz.
Vendedor de motos y bicicletas
El Pipa, tras dejar la dirección técnica de los equipos, regresó a Orihuela, donde regentó un establecimiento de venta de motos y bicicletas. Fue delegado de Moto Vespa en Alicante. Tras jubilarse, se dedicó a cuidar un pequeño huerto. Hace 10 años, la organización de la Vuelta le homenajeó por el 80º aniversario de la carrera. Entonces, el abuelo del ciclismo español comentaba a este periodista lo absurdo que resulta comparar el ciclismo de entonces con el de ahora: «Dicen que los ciclistas de antes no teníamos estilo, pero ¡cómo íbamos a tenerlo si las carreteras eran de tierra y estaban repletas de baches! Entonces no había equipos, participábamos en grupos de selecciones y peleábamos todos contra todos. Era un ciclismo individual, no había gregarios. Todos éramos rivales y atacábamos cuando nos parecía».
También confesaba que añoraba la diversión de antaño: «El ciclismo de mi tiempo era más entretenido, ahora en el Tour sólo hay tres etapas de montaña en los Alpes y otras tres en los Pirineos. El llano es monótono. Había más emoción». Este pionero vaticinaba que después de las retiradas de Alberto Contador, Alejandro Valverde y Purito Rodríguez se producirá un gran bajón en el ciclismo español. Un visionario sabio que cumple 100 años. La memoria de España.
Un prolífico legado deportivo y artístico guía al velocista neófito y más de moda del Giro de Italia. El neerlandés Olav Kooij (Numansdorp, 2001) es un chaval con heterogénea formación que ya vence a lobos en sprints suicidas. Otro adalid de una nueva generación de corredores distinguida por la osadía y la precocidad.
El aventajado debutante de la Corsa Rosa presume de genealogía. Olav es hijo de Johan Kooij, un ciclista que participó en pruebas nacionales e internacionales. Su madre Anna van der Berg también se dedicó al deporte. El abuelo paterno, Pieter Kooij, fue un destacado ciclista amateur. La abuela paterna, Margot de Vries, fue una tenista con triunfos en categoría nacional. Por parte materna, el abuelo Dirk van der Berg fue futbolista. Su abuela Maria Bakker se alejó del deporte y se dedicó al arte, a la pintura.
En su casa, Olav se tropieza con bicicletas, balones, raquetas y patines. Y es que al joven e inquieto corredor del equipo Visma también le encanta el patinaje artístico y el esquí de fondo.
La pasión por el deporte y su versatilidad distinguen a este sprinter que se curte en el Giro y que el domingo firmó su primer triunfo. Con 22 años y en su debut en la ronda italiana se atreve a desafiar a tipos tan experimentados como Tim Merlier, Caleb Ewan, Fabio Jakobsen, Phil Bauhaus, Fernando Gaviria o Jonathan Milan. En las dos primera etapas resueltas al sprint fue sexto y cuarto. En la de miércoles, con cuatro fugados en meta, concluyó noveno. En Nápoles dio en el centro de la diana, y eso que ha acudido a la carrera italiana sin su tutor. La ausencia del damnificado Wout van Aert es irreparable. No hay mejor lanzador que el belga, como demostró el pasado año en el Tour de Gran Bretaña, donde puso en bandeja cuatro triunfos consecutivos a Kooij. Aquella fue puesta de largo del talentoso neerlandés, que saltó todos los plazos en el equipo de desarrollo del Visma. Debutó en el primer equipo en febrero de 2021, ese año consiguió la medalla de bronce en la prueba en ruta del Mundial sub'23. Tiene contrato hasta 2025.
Kooij es un velocista que podría terminar siendo un notable clasicómano, según aventuran los técnicos del Visma. Este año también ha sumado etapas en París-Niza (dos), Tour de UAE y Clásica de Almería. En 2023 brilló en el Tour de Polonia y Cuatro Días de Dunkerque. En su palmarés ya figuran 33 triunfos.
Merijn Zeeman, director deportivo del Visma, dijo antes del comienzo del Giro: «Olav es uno de los mayores talentos del WorldTour. Es muy rápido y está haciendo una temporada fantástica. Tiene un talento increíble y vamos a ayudarle en todo lo que podamos».
Olav Kooji agradeció los elogios pero lamentó la ausencia de Van Aert. «Es frustrante no poder contar con Van Aert, pero es lo que hay. En el equipo también hay otros corredores con gran experiencia», señaló el neerlandés, que preparó el Giro en Denia (Alicante), junto a sus compañeros el italiano Edoardo Affini, el belga Cian Uijtdebroeks y el francés Christophe Laporte (abandonó la carrera en la primera semana por una caída). «Sin Laporte, tengo que improvisar los movimientos en el sprint. En los dos primeras llegadas mavisas del Giro no estaba al 100% y me sentí inferior a los otros velocistas. Ahora, no», dijo el joven y veloz neerlandés tras ganar en Nápoles y que este lunes disfrutó de su primer día de descanso en el Giro.