El temor a su lesiones, el respeto a Benzema, la espera de Mbappé y las promesas de Guardiola alejaron a Florentino Pérez de la puja por el jugador que asusta en la Premier con poder goleador
De Romario dijo Jorge Valdano que era un futbolista de dibujos animados por habilidades que resultaban impensables para los mortales del fútbol. El argentino era uno de ellos. Las huracanadas llegadas de Erling Haaland al área no evocan, en cambio, a
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Es bueno sentir miedo, identificarlo en nosotros, porque es el primer paso para enfrentarlo. Quienes dicen no padecerlo, mienten. El Barça lo sentía, como demostró en una puesta en escena titubeante, imprecisa, de la que el Madrid se aprovechó, ya que nadie juega como el equipo blanco en el desfiladero de las dudas. Mbappé ponía nombre por dos veces al martirio de Montjuïc. No era un nombre cualquiera, era un nombre que da miedo. El hat trick del francés, en cambio, ya no provocó el mismo. Todo había cambiado por aquello que decía Umberto Eco, y es que nada da más valor al miedo que el miedo de los demás. [Narración y estadísticas, 4-3]
A ese otro miedo se empleó el Barça con una carga colosal, poseídos sus futbolistas por una determinación que ya habían exhibido ante el Inter, pero el Inter es un grandísimo equipo y el Madrid es un equipo que se sostiene de pie sobre las ruinas gracias a su orgullo. A Xabi Alonso corresponde la reconstrucción, porque el Año I de Mbappé, pese a este buen epílogo del francés, ha sido el año del derrumbe. Hansi Flick ha llevado a cabo la del Barcelona en una sola temporada para ganar los cuatro clásicos a su rival, al que ha marcado 16 goles, y levantar la Supercopa y la Copa, a la espera de aupar la Liga de los valientes, sentenciada en Montjuïc. Los valientes no niegan el miedo. Lo enfrentan.
Ancelotti y Flick.LLUIS GENEAFP
El liderazgo de Lamine Yamal
Valientes y jóvenes, dos características que personifica Lamine Yamal. Dueño de un acto de liderazgo, personalidad y madurez en los dos duelos frente al Inter, volvió a ser decisivo ante el Madrid con el gol de un empate que devolvía la línea de flotación al Barcelona. Un golpeo preciso, colocado, teledirigido por una mente privilegiada y un pie humano calibrado como un pie de rey, la herramienta de las pulgadas. Lo utiliza en los goles como en los pases, horizontales o verticales, siempre al lugar sensible.
Necesitaban los azulgrana esa aparición después de las apariciones en el área contraria de Mbappé. Es el duelo que viene, en los clásicos, en el Mundial del próximo año y hasta en el Balón de Oro. Para el francés, el Pichichi que lidera con sus tres tantos en Montjuïc únicamente sirve para redimirle numéricamente. El año más esperado ha sido un mal año en un mal Madrid, caído con estrépito en la Champions, cuya final disputara el PSG. El destino siempre nos reserva sorpresas, a veces macabras.Es caprichoso.
Mbappé, abatido, en Montjuïc.LLUIS GENEAFP
Mbappé fue objeto de penalti, lo marcó y resultó mortal al contraataque, antes de la reacción del Barcelona. En el tercero, el decorado había cambiado, con los azulgrana por delante en el marcador y en el campo. Eso gol, sin embargo, sirvió para ofrecer otro final de thriller a un clásico, con manos polémicas, de Tchoauméni y Fermín, y el no gol que soñaría todo canterano. Lo falló Víctor Múñoz, un catalán de blanco.
Más no se le podía pedir a Mbappé en un duelo clave. No siempre fue así. No basta con llenar de goles el granero, sino saber que hay días que se deben abrir sus puertas de par en par. Lamine parece tenerlo claro, aunque el Inter superara su calidad con un mejor planteamiento colectivo. El Barça se equivocó ese día al señalar al árbitro. Se había hecho grande en el campo, pese a la derrota, y se hizo pequeño en la sala de prensa o en el palco del presidente. Laporta tuvo el acierto de escoger a Flick, no se le puede negar. Ahora lo mejor es estar calladito. Ante el Madrid, el Barça volvió a hacerse grande, campeón. Una victoria ante el Espanyol, el jueves, le daría el título, con independencia de lo que haga el Madrid.
El técnico alemán tomó una decisión que era un mensaje a su equipo, al escoger el mismo once que en el Giuseppe Meazza. Ni una duda sobre los elegidos, pese a la interinidad de los laterales, Eric García y Gerard Martín. El primero repitió el guion, al marcar el primer tanto de los suyos después de recibir dos. Tras el exilio en Girona, Eric García se ha ganado un rol en este Barça gracias a su polivalencia y competitividad. El remate, a bocajarro, llegaba en la zona de los centrales, a la que no le había bastado que Valverde se convirtiera en uno más en posición defensiva, junto a Tchouaméni y Asencio. En Montjuïc fue, como en tantos otros lugares, la zona cero del Madrid.
Presión frenética
La frenética presión tras pérdida del Barcelona, un síntoma que conecta a este equipo con el que edificó Guardiola en el Camp Nou, resultó insostenible para el Madrid, que no pudo alcanzar siquiera el descanso con el empate. La dinámica llevó a errores, como el de Ceballos y Mbappé, que dejó a Raphinha en vertical. La combinación con Ferran Torres, perfecta, ofreció el gol a brasileño, que volvió a ampliar la ventaja antes de irse al vestuario.
Ancelotti había optado por un 4-4-2 para insertar a Güler, el futbolista de las dos caras. En Montjuïc ofreció de nuevo la peor, superado por la atmósfera y, posiblemente, por el sometimiento de su propio equipo. El turco es un talento que pide un entrenador que lo entienda. Veremos si es Xabi Alonso. Güler cayó en el descanso, como Ceballos, para dar entrada a Modric y Brahim. El croata siempre hace mejor el lugar por donde pasa, facilitado por un Barça que se tomó un respiro. Eso siempre es peligroso ante el Madrid, que en una contra volvió a presentar a Mbappé ante la portería de Sczcesny. El polaco perdió ese duelo para permitir el hat trick al francés, pero ganó el siguiente. Una buena forma de acabar después de empezar con un penalti que pudo gestionar de otro modo.
Vinicius dio el último pase a Mbappé antes de irse lesionado. Nada más que reseñar en su haber, en un pobre e irregular año. Los cantos de Arabia han sido como los de las sirenas para este Ulises del área. Mal asunto. Necesita volver al principio, mientras Mbappé necesita que este final sea su principio en un nuevo ciclo que debería empezar en el Mundial de clubes, si el Madrid convence a Xabi Alonso. En la cita no estará el Barça, aunque nadie vestido de azulgrana, hoy, lo lamenta, salvo por la caja del club. El esplendor está en la hierba.
La llegada de inversores a un sector tan identitario como el fútbol a menudo genera rechazo, y más si se observan adónde han llevado aventuras como la de los Al Thani en Málaga o Peter Lim en Valencia. En Mallorca, en cambio, el estado de opinión acerca de los inversores estadounidenses es distinto, ocho años después de la llegada al club que, el sábado, vuelve a una final de Copa, 21 años después de ganar su único título ante el Recreativo. Andy Kohlberg (Nueva York, 1959) es el rostro principal de la propiedad, en la que también se integran personajes como la ex estrella de la NBA Steve Nash.
Kolhberg fue también deportista de élite, especialista en dobles en los años 70 y 80, que llegó a vencer en torneos ATP a parejas en las que se integraban Ivan Lendl o John McEnroe. «También jugué contra Emilio [Sánchez Vicario] y Sergio Casal. Gran pareja», añade. El proyecto empresarial, pues, no ha perdido de vista el criterio deportivo, algo que también ha llevado a cabo en los Phoenix Suns, donde es vicepresidente y donde captó a Nash. Ambos estarán en el palco de la Cartuja.
«Estoy convencido de que el fútbol europeo, el 'soccer', y el baloncesto americano serán los grandes deportes del futuro en los próximos 20 años a nivel de mercado», explica Kohlberg, durante una visita a Madrid, para justificar la razón por la que decidieron invertir en el fútbol. «Vimos clubes -prosigue- en Inglaterra y en España. En algunos casos se trataba del segundo o tercer equipo de la ciudad (Levante), pero preferíamos ser número uno, y eso era más fácil de conseguir en una isla. Mallorca, además, es una marca internacional y recibe 13 millones de visitantes cada año, lo que nos da oportunidades de crecimiento».
100 millones invertidos
En estos ocho años, ese crecimiento ya se ha producido, aunque al llegar se encontraron un club en concurso de acreedores y con una deuda de 30 millones de euros. «Desde que llegamos, hemos invertido 100 millones», dice Kohlberg. El nuevo estadio, con capacidad para 26.000 espectadores e innovadoras zonas VIP, tiene su propio plan de explotación para albergar otro tipo de eventos. Las altas de socios se han disparado, igualmente, hasta 22.000, con un crecimiento de 6.000 en una sola temporada. Lo mismo sucede con los seguidores en redes sociales, que han pasado de 400.000 a 7,4 millones. Hay otros muchos indicadores, como los ingresos en marketing, de 1,2 a 11 millones. En opinión de Kohlberg, «es el resultado de un cambio en la forma de trabajar», con un equipo profesional distinto, al frente del cual está el CEO Alfonso Díaz.
A la pregunta de si aplica en Mallorca los modelos de gestión de la NBA, el estadounidense contesta: «Son contextos y modelos diferentes. Nosotros no pretendemos cambiar el fútbol ni al Mallorca ni a sus fans, que son nuestra base. No queremos modificar la esencia, pero sí podemos complementarla». A la pregunta de si el club es la palanca para realizar otros negocios en la zona, es rotundo: «Nada, sólo fútbol».
NBA, ejemplo frente a la corrupción
Se trata de un sector muy regulado en España, en especial a partir del Real Decreto que regula la venta centralizada de los derechos de televisión y su reparto, pero es también un sector con mala reputación, algo siempre preocupante para un inversor. «La guerra del fútbol español parece el 'far west' (sonríe). No es positiva, claro, como tampoco las denuncias de casos de corrupción. Creo que LaLiga lo hace bien y ha hecho progresos, pero también está la Federación... Para eso los protocolos y roles de la NBA son mucho más claros. Hay que trabajar en la dirección correcta».
A Kolhberg se le observa satisfecho, ya sin los sudores del paso por la Segunda B en el camino de la reconstrucción. «El objetivo es consolidarnos entre los 10 primeros equipos de LaLiga y, ocasionalmente, optar a Europa», afirma. Eso significa un salto en el segmento habitual del Mallorca, que la temporada pasada concluyó noveno y en la actual marcha decimoquinto.
EL VALOR DEL ENTRENADOR
Javier Aguirre, el entrenador que ha llevado al Mallorca a la final de Copa, tiene 65 años, por lo que es difícil pensar en el mexicano como el técnico del futuro, pero Kohlberg cree que ha marcado una forma de trabajar. «Es todo un carácter, tiene una gran mentalidad como técnico y ahora no piensa en el futuro, porque está focalizado en la final y en la Liga».
Mallorca es un lugar ideal para muchos futbolistas y sus familias, pero también tiene los riesgos de ser uno de los destinos premium, en el sentido de la relajación que pueda provocar en los jugadores. «Eso existe y es algo que hemos de combatir con una cultura clara de trabajo y de club», añade Kohlberg. El estilo Aguirre encaja en esa tendencia.
Acerca de las posibilidades del Mallorca ante el Athletic, Kohlberg prefiere no manifestarse. La sensación es que la final tiene ya el valor de un título para el club y su gente, que afrontan el desafío de sacar a más de 20.000 personas de la isla en dos días, algo sin precedentes. La presión será, pues, para el Athletic, algo que maneja a la perfección Aguirre y que provoca una sonrisa en Kohlberg. Cuando jugaba en las pistas de tenis, también lo era para Lendl o McEnroe.