Una maravilla de Yamal obra la remontada ante Francia y conduce a España a la final

Una maravilla de Yamal obra la remontada ante Francia y conduce a España a la final

En una semifinal de Eurocopa, contra el equipo más poderoso del mundo en lo físico, finalista en los dos últimos Mundiales, España salió, vio cómo le metían un gol, se sacudió el polvo de los hombros, silbó, aceleró para marcar dos goles, remontar, y luego decidió que allí, en una semifinal de Eurocopa, con una hora por delante, ya no iba a pasar nada más. Como si fuera su potestad elegir los caminos de los partidos, también los de una semifinal de Eurocopa, como si dispusiera de un mando a distancia para darle al play, y luego al pause, y luego hacia delante, y luego hacia atrás, y luego al stop. España, en una semifinal de Eurocopa, gobernó la noche como le dio la gana, decidió lo que ocurría y lo que no, y agarrada al maravilloso descaro de un niño de 16 años, dueño de un gol estratosférico, le dio la vuelta al tanto francés y echó la persiana. Hasta aquí, dijo. Y hasta ahí. Luis de la Fuente y su muchachada han llevado a España a su quinta final continental, a las puertas de un título impensable hace no mucho, posible, probable, hoy. En una semifinal de Eurocopa, hizo lo que quiso, como quiso y cuando quiso. Esta es España. [Narración y estadísticas (2-1)]

Para saber más

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Una España nacida de la desconfianza, forjada en la ignorancia, cuando no en la mofa, de una parte de la afición, que miraba con displicencia a un grupo de jugadores que permaneció callado, cabizbajo, rumiando, eso sí, algo parecido a una venganza, agarrados todos ahí dentro a la esperanza de darle la vuelta a todo y poner al país a sus pies, un país obligado hoy a reconocer el trabajo y el talento de un grupo humano que, más allá de lo que ocurra en la final, se ha ganado el respeto que hasta ahora no tuvo. Honor para España, finalista de la Eurocopa. Y honor para Lamine Yamal, el niño de 16 años, hijo de inmigrantes, que personifica esta nueva realidad española, tan diferente, tan cambiante, tan rica.

A estas alturas de torneo, los jugadores no entrenan. Ni españoles ni franceses habían hecho nada desde el viernes, cuando obtuvieron el billete a la semifinal. De hecho, se intuía un partido calmo, con los dos midiendo muy bien sus esfuerzos y los del rival. Sin embargo, en este juego de detalles que es el fútbol, y más llegados a este punto del torneo, Francia se puso por delante poco después de que lo hubiera podido hacer España. Fabién envió alto un cabezazo que parecía fácil, pero Kolo Muani sí acertó. No habían pasado ni 10 minutos y Francia estaba por delante casi sin haberse desperezado, y además Jesús Navas con amarilla por frenar una contra con pinta de 2-0.

Como quien se levanta de la siesta

Era la segunda vez que la selección estaba por detrás en el marcador. La otra vez fue contra Georgia. Y claro, Francia no es Georgia. O sí, porque lo que ocurrió desde ese momento es muy difícil de explicar. Cuando encajó, España mantuvo la calma. De hecho, tardó bastante menos en empatar, y no necesitó ni de coraje, ni de empeño, ni de suerte, ni de una jugada maravillosa. Bastó que un crío que acaba de aprobar la ESO cogiera la pelota, levantara la cabeza y pusiese en órbita un disparo maravilloso. Lamine Yamal es un niño, un puñetero niño que juega como un mayor, que levanta la cabeza, que pasa, que centra y que, sí, también regatea, pero que, ante todo, juega al fútbol como los dichosos ángeles.

La parábola de su disparo, inalcanzable en diez vidas de Maignan, catapultó a España, un equipo en trance que, cinco minutos después, se adelantaba porque Dani Olmo hizo un quiebro delicioso a Upamecano cazando el rebote de un centro. Su tiro, que iba a portería, lo desvió Koundé por si acaso, como para asegurarse de que entraba sí o sí. Había remontado España como quien se levanta de la siesta. Aguantó a pie quieto los intentos franceses, que no fueron pocos en la primera parte. El equipo de Deschamps trató de hacer daño a España en dos facetas: los cambios de orientación y las jugadas a balón parado.

Olmo festeja el 2-1 en Múnich.

Olmo festeja el 2-1 en Múnich.AFP

Mbappé, sin máscara, fue menos Mbappé que Dembélé. El ex futbolista del Barça molestó a ratos a Cucurella, y Nico Williams tuvo que ayudar lo suyo ahí. Navas, entretanto, en el duelo que se presumía tan desigual, se mantuvo con bastante más que dignidad hasta su lesión. Al equipo, en algún momento, le costó llegar a la presión porque las piernas están como están, y eso permitía a Francia encontrar alguna vía, sin éxito.

Jugar a que no pase nada

De modo que España, la España donde De la Fuente se limitó a poner a los suplentes de los sancionados y lesionados, ni más ni menos, llegó al descanso por delante y confiada, consciente, más que nunca, de la diferencia física con su rival. Era el momento de no ir al choque. Había que jugar a otra cosa. Había que jugar, por ejemplo, a que no pasara absolutamente nada.

Eso fue lo que hizo España a la vuelta del descanso, buscando trastear con la paciencia, y el físico, del rival, y al rival, claro, cuando le toca proponer, suda tinta. No pasaba nada, ni bueno ni malo, así que Deschamps quitó del campo a Rabiot y a Kanté para meter a Griezmann y a Camavinga. Mbappé ya era delantero centro, porque también se fue Kolo Muani para dar paso a Barcola, que se instaló en la izquierda. Para desgracia de Deschamps, siguió sin pasar nada.

España jugó toda la segunda parte como si fuese el tiempo de descuento. No hizo mucho por atacar, pero como tampoco le hacían daño, fue dejando pasar el tiempo en un ejercicio de madurez algo inquietante. Tanta tranquilidad en una semifinal de una Eurocopa asusta. De la Fuente debió pensar que no fueron tan buenos los cambios contra Alemania, y sí, metió a Merino y Oyarzabal, pero dejó en el campo a Nico y a Lamine por si acaso. Deschamps echó mano de Giroud como quien reclama al Cid, pero allí seguía sin pasar nada. En una semifinal de Eurocopa, hasta España pitó el final del partido.

Europa, a los pies del golazo de Lamine: “No pienso, sólo intento divertirme”

Actualizado Martes, 9 julio 2024 - 23:15

No hay dato que no haya fulminado Lamine Yamal ni espectador que permanezca impasible al talento de este jugador que aún no tiene 17 años. Sea de la nacionalidad que sea. No tiene edad de trabajar en Alemania pero la ha conquistado. Por su botas ha pasado el gol de España aunque haya tenido que esperar a la semifinal para conseguirlo y, con él, otro récord de precocidad que permanecerá durante muchos años. "Intento no pensar, sólo disfrutar. He intentado meterla donde la he metido y ya está", aseguró el jugador, elegido MVP.

Lamine llevaba buscando ese gol todo el torneo, pero no por egolatría, sino porque no concibe otra manera de jugar. Había probado gasta 14 veces a los distintos porteros y había entregado tres a sus compañeros, lo que ya le convertía en le mejor asistente del torneo. Pero le faltaba rematar para poder vacilarle a su bro Nico, que estaba seguro de que llegaría. Y lo hizo justo en el momento en que España más lo necesitó.

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Envió el balón al fondo de la red en el minuto 21, cuando Francia ya tenía un tanto a favor. Y no lo hizo de cualquier manera. Pisó área, no vio claro la asistencia para el gol, la que hubiera la cuarta en estos seis partidos, y eligió recortar a Rabiot. El francés fue el espectador de lujo y se tragó sus palabras. «Si quiere jugar una final necesita hacer más», le dijo. La respuesta se la dio en el césped armando un zurdazo desde 25 metros a 102 kilómetros por hora que acabó dentro de la portería de Maignan rozando la escuadra derecha. Hasta Pedri, en la grada por su lesión, no puedo evitar el gesto de asombro ante el golazo de su compañero.

El precedente del Europeo sub-17

No era la primera vez que batía a un portero francés con un cañón al borde del área. En 2023, en el Europeo sub-17 en Hungría ya lo hizo. Este tanto era vital para España y le pone en la historia de la Eurocopa. Yamal no es sólo el jugador más joven en disputar una Eurocopa, sino también el goleador más precoz con 16 años y 362 días, porque los 17 los cumplirá el próximo sábado. "Me pido ganar, ganar y ganar. El objetivo era llegar a mi cumpleaños en Alemania y lo he conseguido", confesó. El jugador del Barça ha pulverizado la marca fijada por el suizo Johan Vonlanthen en la Eurocopa de Portugal de 2004 cuando marcó con 18 años y 141 días. El tercero en este podio de precocidad es el inglés Wayne Rooney.

Antes del descanso llegó también el tanto de Dani Olmo, con la colaboración de Koundé, que volteó el marcador e hizo que Vicente Del Bosque, en el palco, mostrara su confianza. «He visto unos minutos complicados al principio y luego el equipo ha mostrado su identidad», analizó el ex seleccionador, tan asombrado como cualquier aficionado con el rendimiento de Lamine Yamal. «Esta mañana me he encontrado con su padre, encantador. Él es un chico muy joven pero con una gran madurez que demuestra en el campo. Y ha marcado un golazo que me hace ser razonablemente optimista», confesó.

Del Bosque compartió palco con ex jugadores como Fernando Llorente o Karembeu o con el director deportivo del Barça, Deco, que se frota las manos ante la perla que han encontrado en la cantera y que está asombrado a todas Europa. Lo mismo pensaron el ministro de la Presidencia, Félix Bolaños, y la ministra de Deportes, Pilar Alegría, que disfrutaron del juego de España en un palco donde también estaban Pedro Rocha, presidiendo el partido junto a Alexander Ceferin y el presidente de la Federación francesa, y un grupo de presidentes territoriales que acompañaron al equipo.

Pitos a Cucurella y lesión de Morata

Cerca, en la grada, estaban los familiares de los jugadores. Sufrió Claudia, la mujer de Cucurella con los pitos que acompañaron al lateral todo el partido. En el Allianz Arena había diez mil españoles, otros tantos franceses y el resto eran alemanes que 'castigaron' al catalán por la mano en semifinales que, para ellos, fue penalti pero no para los colegiados. Fue una penitencia que Cucurella pagó con gusto.

También estaba en la grada Alice Campello, la mujer de Morata, el protagonista de la semana por sus confesiones a El Mundo, junto a sus cuatro hijos. Papá no marcó, pero se fajó sin cesar contra la contundente defensa francesa y acabó con una desgraciada dolencia: un seguridad lo arrolló y puede sufrir daño en la rodilla.

Complicado tuvo el partido Jesús Navas, que también se convirtió en el futbolista más veterano en jugar unas semifinales de la Eurocopa. Otro dato para la historia que dejará la España de Luis de la Fuente. Su duelo con Mbappé le desgastó y el seleccionador optó por escorar a Nacho y dar entrada a Vivian. Sus padres y su novia pasearon por Múnich y, en una confesión a este diario, mostraron su convencimiento de que el central tendría minutos ante Francia. Tanto como que nos encontraríamos en Berlín.

Lamine Yamal, el Mbappé que viene

Lamine Yamal, el Mbappé que viene

En el país de los enfrentamientos, eso no ha cambiado, un grupo de futbolistas vuelve a sacar a la gente a las calles sin señalarse. Ha pasado poco tiempo desde que otros lo consiguieron, porque 12 años no es nada, pero olvidamos pronto lo bueno para revolcarnos en la ciénaga. Esta selección no se parece a aquella. No imprime estilo, no la dirige un líder moral, no es dependiente del duopolio Madrid-Barça, por mucho que en su mascarón de proa rum

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La “decepción” de Mbappé en la caída del muro francés: “Necesito descansar”

Actualizado Martes, 9 julio 2024 - 23:05

Francia había encajado un gol en los 500 minutos que había disputado en esta Eurocopa, ninguno durante las eliminatorias de octavos y cuartos (prórroga incluida) contra Bélgica y Portugal, y España, entre Lamine Yamal y Dani Olmo (y el pie de Jules Koundé) le marcó dos en cinco. Una remonta tan contundente como inesperada para los galos, que se había erigido como la mejor defensa del torneo. Fue su gran hundimiento.

Decía Didier Deschamps en la previa de la semifinal que Kylian Mbappé iba a tener que «adaptarse durante meses a llevar la máscara durante los partidos». Así de claro. El delantero no pudo confirmar la afirmación porque no compareció en rueda de prensa, pero 24 horas después de las palabras de su entrenador se presentó sin ella en el Allianz Arena de Múnich. Durante los tres partidos que ha disputado tras sufrir el percance en su nariz, el delantero del Real Madrid había calentado sin la protección y luego, una vez saludado al equipo rival y al trío arbitral, se la había puesto. Contra España no fue así.

22 días después del golpe recibido ante Austria, y tras temer por su continuidad en el campeonato, Mbappé jugó sin la máscara. «Me impide tener una visión normal», había admitido durante estos días. Y sus estadísticas lo corroboraban. Sólo había anotado un gol, y de penalti, y apenas había participado en el ataque de su equipo, la peor ofensiva de un semifinalista de Eurocopa en todo el siglo XXI.

Quizás por eso la rabia con la que celebró el 0-1 fue mayor. El capitán galo puso un centro perfecto a Kolo Muani para que éste adelantara a Francia. Primer gol de jugada de los galos tras dos en propia puerta y uno de penalti, y primera asistencia de Mbappé.

Caos francés

A partir de ahí, el caos francés, el apagón de Mbappé y la caída del muro galo. Una concatenación de aciertos españoles y errores defensivos que hicieron encajar en cinco minutos más goles que en los 480 anteriores. Sumando los 20 que tardó España en anotar el primer tanto, sería 500 minutos de Francia recibiendo sólo un gol.

En la primera parte contra España, no detuvo ninguno de los dos, porque aunque Koundé se metió en propia puerta el disparo de Olmo, el balón ya había superado a Maignan y encaraba las redes galas. Deschamps estaba desesperado. Llamó a Tchouaméni a la banda aprovechando la pausa por una falta y le estuvo dando indicaciones con mucha intensidad durante unos segundos. Cuando volvió al césped, el centrocampista del Madrid estuvo hablando un minuto con Kanté. No sirvió de mucho porque siguieron sufriendo.

Sin reacción

De hecho, sorprendió a los periodistas franceses el paso atrás de su equipo una vez hechos los cambios. Griezmann se dedicó a bascular detrás de Mbappé en la presión y casi no tocó balón el día que cumplía un récord para su país. Se convirtió, con 36 partidos, en el que más veces ha jugado con Francia en una gran competición por delante de Lloris (35).

La entrada de Barcola fue lo único que levantó a su selección, provocando las mejores ocasiones. Pero Mbappé, y esta Francia, no estaban en su mejor nivel, con la estrella enviando alto un remate bastante cómodo. No ha sido su torneo, justo antes de presentarse ante el Bernabéu.

Francia sufrió su segunda derrota contra España en un gran torneo (Eurocopa o Mundial), después del triunfo ibérico en los cuartos de final de la Eurocopa de 2012. Los galos se llevaron la final de la Liga de Naciones de 2021, el duelo mundialista de 2006 y dos de los primeros enfrentamientos en una Eurocopa (1984 y 2000). En 1996, empate.

España, imperial, se va a Berlín y Francia de vuelta a Clairefontaine. "Necesito vacaciones", admitía Kylian Mbappé en zona mixta. "Es una decepción muy grande, es necesario reaccionar. Tenía la ambición de ser campeón de Europa, pero España merece ir a la final. Ahora necesito descansar, irme de vacaciones y recuperar para volver fresco", explicó.

¿No pasarán? Ya hemos pasao

¿No pasarán? Ya hemos pasao

Incurrió L'Équipe en la temeraria provocación de titular con el "No pasarán" y a España no le quedó más remedio que empecinarse en pasar. Para hacer historia al equipo de Luis de la Fuente solo le faltaba la rabia, la vieja furia española que parece erradicada del fútbol contemporáneo.

Hoy el talento y la táctica se presuponen pero el carácter no se enseña: se demuestra. Aflora en edades tempranas y se aloja en el corazón, no en las piernas. El g

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Jasper Philipsen supera a Girmay y termina con su maldición en el Tour

Jasper Philipsen supera a Girmay y termina con su maldición en el Tour

Final de la maldición y nuevo integrante en la fiesta de los sprinters. El belga Jasper Philipsen, por fin, pudo anotarse su primera victoria de etapa en esta ronda y terminar con su permanente frustración. El velocista del Alpecin superó al eritreo Biniam Girmay (el más eficaz en esta edición, con dos triunfos) y se olvidó de sus desagradables momentos: en la sexta etapa fue descalificado por cerrar a Van Aert y fue segundo en la quinta y octava.

El compañero de Van der Poel fue el más afortunado en un día de charleta, de intercambio de confidencias. Jornada sin apenas historia, la primera etapa plácida de este Tour.

La cita posterior a la jornada de descanso suele ser peligrosa por la dificultad de algunos para adaptarse al cambio de biorritmos. Un entrenamiento inadecuado o un exceso de inactividad han acarreado dolorosas facturas en otras ocasiones. Este martes, el pelotón alertado por esos precedentes y pensando en los próximos desafíos, con entrada en el Macizo Central y luego visita a los Pirineos, se tomó la etapa con tranquilidad hasta el tramo final.

Ayuso, Aranburu y Lazkano

Ni siquiera, los aventureros de turno se lanzaron a ganar cuota de pantalla. Un ejercicio de transición para Tadej Pogacar, que mantiene su puesto de privilegio en la clasificación general, y Jonas Vingegaard, muy satisfecho tras haber superado el primer tercio de la carrera con sólo 75 segundos de desventaja respecto al esloveno.

La llegada a la meta de St. Amand Montrond también fue la clausura de un encuentro sin sobresaltos para Juan Ayuso, Alex Aranburu y Oier Lazkano, que celebraron su elección para los Juegos de París. El compañero de Pogacar doblará, al afrontar la prueba en línea y la contrarreloj.

A por el Macizo Central

Eso sí, fue un día muy señalado por el noruego Jonas Abrahamsen (Uno-X) que igualó el récord del belga Ludo Peeters, datado de 1984, al portar el maillot de líder de la clasificación de la Montaña durante las 10 primeras etapas del Tour.

Este miércoles, una etapa complicadísima, con desgaste permanente. Única excursión en el temido Macizo Central. Serán 4.350 metros de desnivel en 187 tortuosos kilómetros. La parte más dura se concentra en los últimos 50 km, con los ascensos al Col de Néronne (3,8 kilómetros al 9,1%), el Puy Mary Pas de Peyrol (5,4 km al 8%) y el encadenado final al Col de Pertus (4,4 km. al 7,9%) y el Col de Font de Cere (3,3 al 5,8%) previos a la meta en Le Lioran. Nueva criba en el top ten de la carrera.

Southgate y Koeman, la gloria y el drama de los 90: una noche mágica como revancha por no haber jugado el Mundial

Southgate y Koeman, la gloria y el drama de los 90: una noche mágica como revancha por no haber jugado el Mundial

Wembley brillaba con un hechizo único aquella noche de martes. "El ambiente era increíble, por el colorido en las gradas y los cánticos de nuestra gente. Aquel día pensamos que podíamos ganar la Eurocopa", recordó Alan Shearer. El 18 de junio de 1996, los aficionados ingleses se animaron incluso con el Swing Low Sweet Chariot, el himno reservado al rugby en el templo de Twickenham. Muchos se frotaban los ojos ante semejante despliegue de juego. Al primer toque, con un fútbol vertiginoso y los dobletes de Teddy Sheringham y Shearer, Inglaterra había aniquilado 4-1 a Holanda, una de las favoritas. Su único momento de zozobra llegó poco antes del descanso, tras un despiste de la defensa. La norma que impedía ceder el balón al portero con los pies acababa de estrenarse en el torneo, así que muchos centrales aún no habían desarrollado los automatismos. De modo que David Seaman tuvo que corregir ante Dennis Bergkamp con la mejor parada del partido. El compañero que había querido entregarle el balón con un errático cabezazo se llamaba Gareth Southgate.

Por entonces, el actual seleccionador de Inglaterra era un prometedor defensa del Aston Villa, de 26 años, que disputaba su sexto partido con los pross. Una semana después del debut ante Suiza (2-0), cuando formó en la posición de líbero, Terry Venables quiso encomendarle la misión más delicada. Southgate debería hacerse cargo de Bergkamp. Sus condiciones físicas se adaptaban mejor al delantero del Arsenal que las de Tony Adams, cicerone durante su primera temporada en Highbury. Durante más de una hora, la intensidad de Southgate en cada salto, en cada balón dividido, abrumará a Bergkamp. El único destello del '10' se hizo esperar al minuto 79, con una deliciosa asistencia a Patrick Kluivert. De no ser por ese remate, Holanda hubiese caído eliminada en favor de Escocia por la diferencia de goles.

"Debemos admitir que nos han dado una lección en todos los aspectos", admitió Guus Hiddink, cuyo 3-4-3 se vio muy debilitado por las bajas de Edgar Davids, apartado por sus constantes indisciplinas, y el lesionado Frank de Boer. "Tuvimos suerte de marcar uno, porque el partido fue para 5-0 o 6-0", admitió su hermano Ronald. El talento de la Oranje, con cuatro titulares de aquel Ajax que venía dominando la Champions League, nada pudo hacer ante el torrente desatado por Venables. La acción del 3-0, iniciada por Steve McManaman y Paul Gascoigne, aún se celebra entre los analistas, por la generosidad con la que Sheringham cedió el balón para que Shearer ajusticiara a Edwin van der Sar.

"Dale las gracias por ello"

El vapuleo suponía todo un desquite para algunos veteranos como Seaman, Adams, Shearer o Paul Ince, privados del Mundial de 1994 tras un duro 2-0 en Rotterdam. Ronald Koeman, autor de un gol de libre directo y exonerado de la expulsión pese a un clamoroso derribo sobre David Platt, compartió protagonismo con Graham Taylor. El seleccionador inglés, objeto de innumerables críticas en la prensa, protagonizó una curiosa conversación con el juez de línea: "Sólo le estoy diciendo a su colega que el árbitro me ha ehado. Dale las gracias por ello, ¿quieres?"

La llegada de Venables, el técnico que había conducido al Barça a la final de la Copa de Europa de 1986, supuso un revulsivo para la FA y su complejo entorno, siempre acuciado por de las urgencias históricas. De hecho, tras el citado 4-1, las casas de apuestas empezaron a considerar muy seriamente a Inglaterra como candidata al título. Había eludido a Francia en cuartos para proseguir camino en Wembley, donde condenaría a España tras los errores de Fernando Hierro y Miguel Ángel Nadal en la tanda de penaltis.

Sin embargo, la dicha desde los 11 metros se agotaría frente a Alemania, con un error de Southgate en el sexto turno, iniciada ya la muerte súbita. Desde aquella fatídica semifinal hubo que esperar 22 años, hasta marzo de 2018, para ver a The Three Lions ganar de nuevo a los neerlandeses. Curiosamente, aquel 0-1 en el Amsterdam Arena, ya con Southgate a los mandos, fue el primer partido de Koeman como seleccionador neerlandés.

Alcaraz resiste contra el muro para derrotar a Paul y clasificarse para semifinales de Wimbledon

Actualizado Martes, 9 julio 2024 - 20:09

Carlos Alcaraz no está en el mundo para sufrir. Es un disfrutón. Juega al tenis porque lo pasa bien, se lo goza, incluso en los peores momentos se divierte si un punto se alarga y puede trastear con su rival, ahora aquí, ahora allá, una dejada, un globo. Por eso este Wimbledon está siendo extraño. En su camino hacia semifinales, donde el próximo viernes se enfrentará a Daniil Medvedev, el español ha resistido más que disfrutado y su victoria este martes en cuartos de final ante Tommy Paul por 5-7, 6-4, 6-2 y 6-2 fue un claro ejemplo.

No quedará en el archivo fotográfico toda una colección de grandes celebraciones, puños al aire y sonrisas de oreja a oreja. Para derrotar al estadounidense, como ya le pasó en cuarta ronda ante Frances Tiafoe y en octavos ante Ugo Humbert, Alcaraz tuvo que ponerse el mono de trabajo y aguantar, aguantar y aguantar. "¡Vamos!", gritaba camino al triunfo, pero no era de alegría, era de alivio. No podía ganar al ataque, así que le tocó afinar otras artes.

Ante los golpes larguísimos de Paul que le empotraban contra el muro, le impedían respirar y por supuesto le negaban la posibilidad de juguetear, Alcaraz exageró sus movimientos defensivos y corrió de lado a lado. El desafío le impuso dos prioridades. Por una parte, conservar su saque, cosa que hizo a base de servicios durísimos, como los seis aces que acumuló sólo en el segundo set. Y por otra parte, presionar al estadounidense. Si Paul podía cargar su derecha, buscaría la línea de fondo de inmediato y le haría la vida imposible, pero si también recibía la bola a sus pies, no tendría más remedio que ceder terreno.

Su tenis es otro, más variado, más bonito, más cambiante, pero era lo que tocaba. Pronto lo entendió. En el primer set, aún perdido, se enganchó en intercambios que duraban una eternidad y que demasiadas veces acababa igual: Paul tiraba muy fuerte y muy lejos y el español erraba. Pero a partir del segundo set todo fluyó de otra manera.

Las bolas de break, punto débil

Con la resistencia como máxima, el encuentro se fue más allá de las tres horas, pero podía haber durado menos si Alcaraz hubiera aprovechado más sus oportunidades. Es una constante en su tenis, pero hay partidos especialmente crudos en ese sentido. Más allá de sus desconexiones mentales, que tienen lugar en las primeras rondas y que rara vez le cuestan partidos, seguramente es su único punto débil: la conversión de bolas de break. Ante Paul dispuso de hasta 27 y sólo convirtió ocho, un 30% influido por su mejora al final. En los primeros sets el ratio llegó a estar por debajo del 20%, un número realmente pobre.

Sin alcanzar la barbaridad de Rafa Nadal, el mejor de la historia en esa estadística, con un 45% de puntos de break convertidos, los rivales habituales de Alcaraz, Jannik Sinner, Novak Djokovic y Daniil Medvedev suelen utilizar entre el 44% y el 43% de sus opciones de break mientras él está en un 41% en toda su carrera. Este año, con su Roland Garros triunfal, había mejorado ostensiblemente, pero ante Paul resbaló en la misma piedra.

"Tenía que sufrir"

"Él ha jugado un gran tenis, ha sido un partido difícil. En el segundo y tercer set sabía que tenía que ser fuerte mentalmente, que resistir, que sería un partido largo. Tenía que sufrir para encontrar soluciones y eso he hecho", comentaba el español que ahora repetirá las semifinales del año pasado. Otra vez, ante Medvedev, que este martes se impuso a Jannik Sinner por 6-7(7), 6-4, 7-6(4), 2-6 y 6-3 en un partido en el que hubo de todo, incluso un vahído del italiano.

"Espero que se repita el resultado del año pasado", deseó Alcaraz aún sobre la hierba de la pista 1 del All England Club, antes de abalanzarse sobre la ducha y correr a la casa que tiene alquilada cerca para poder ver las semifinales entre España y Francia en la Eurocopa. "Creo que me voy a poner más nervioso que aquí jugando", finalizó.

La selección española invita a la semifinal de la Eurocopa al aficionado que se hizo viral por su celebración del gol frente a Alemania

La selección española invita a la semifinal de la Eurocopa al aficionado que se hizo viral por su celebración del gol frente a Alemania

Actualizado Martes, 9 julio 2024 - 16:57

La selección española de fútbol se ha reunido con el aficionado Alexander Peatow para invitarle a ver el partido de este viernes contra Francia en Múnich. La razón de ello es la imagen viral que él mismo protagoniza.

La celebración de Peatow por el triunfo de España frente a la Alemania, que permitió el paso a la semifinal de la Eurocopa 2024, captada en vídeo, se volvió en una imagen viral que llegó a recorrer el mundo.

El alemán, rodeado de fanáticos alemanes, aparece haciendo aspavientos bruscos celebrando el gol que metió el centrocampista español Mikel Merino en el partido de este pasado viernes contra Alemania.

Peatow es alemán y ha sido invitado el partido de semifinal que disputarán las selecciones de España y Francia este viernes a partir de las 21:00 en Múnich.

La ‘u’ que causó la ira de Novak Djokovic en Wimbledon: “He jugado en ambientes peores, no me afecta”

Actualizado Martes, 9 julio 2024 - 10:56

"Ruuuuune, Ruuuuune". Mediado el segundo set, el público de la pista central de Wimbledon empezó a repetir el mismo cántico. Novak Djokovic, siete veces campeón aquí, se enfrentaba a Holger Rune y ante el claro dominio del serbio muchos aficionados se volcaron con el joven.

"Ruuuuune, Ruuuuune". Los vítores nacían para animar, simplemente repetían el apellido de Rune, pero tenían un añadido: la 'u' también servía para abuchear a Djokovic. En algunos puntos fue evidente el doble uso pues el cántico aparecía justo después de una celebración del número dos del mundo.

"Ruuuuune, Ruuuuune". Al final Djokovic se mosqueó. Acostumbrado a levantar amores y odios por todo el mundo, el serbio entendió el desagravio y se lanzó a responder como sólo él sabe hacer. Al ganar el segundo set ya colocó los labios como al pronunciar la 'u' y al final del partido explotó.

"Para los aficionados que han sido respetuosos conmigo, buenas noches, y para los que no lo han sido, bueenas noches. Sé que estaban apoyando a Rune, pero eso era una excusa para abuchearme", dijo el humor y la ira. "Bueeeenas" en inglés es "Goooood", que suena 'u' como en el polémico "Ruuuuune, Ruuuuune". "He estado en el circuito más de 20 años y me centro en la gente que me respeta y que paga la entrada para verme. He jugado en ambientes peores que este y no me afecta".

Luego, en la rueda de prensa, el serbio fue preguntado sobre qué debería hacer el Grand Slam londinense en esta situación y él aceptó que la solución es muy complicada: "El torneo no puede hacer nada, no van a echar a parte de la grada o al estadio entero porque me están faltando al respeto".

Un Djokovic perfecto

En realidad, pese al lío, incluso gracias a él, Djokovic completó un partido casi perfecto, con victoria por 6-3, 6-4 y 6-2 y este martes se enfrentará en cuartos de final a Álex de Miñaur. En lo que va de torneo ha cedido un par de sets, pero siempre se le ha visto con los partidos bajo control e incluso a su mejor nivel esta temporada.

Pese a la lesión de rodilla que sufrió en Roland Garros y la protección que luce, sus movimientos sobre la hierba del All England Club son ligeros como siempre lo fueron y sus opciones al título están intactas. De hecho, tras la derrota de Alexander Zverev, su camino hasta la final es a priori el más sencillo de todos los favoritos pues, en caso de ganar a De Miñaur, se enfrentaría con el vencedor del duelo entre Lorenzo Musetti y Taylor Fritz.