Flick alza la voz contra el arbitraje: "No entiendo para qué tenemos el VAR"

Flick alza la voz contra el arbitraje: “No entiendo para qué tenemos el VAR”

Actualizado

Pau Cubarsí se vio abocado a ponerse en la piel de Araujo en uno de los momentos más tristemente célebres del uruguayo con la elástica azulgrana. En este caso, el de aquella roja trascendental que vio en la vuelta de los cuartos de final de la Champions 2023-24 frente al PSG, que puso al conjunto francés en bandeja la remontada (1-4) tras la derrota encajada en la ida (2-3) y el pase a unas semifinales en las que se verían, a su vez, eliminados por el Borussia Dortmund.

Su expulsión, la segunda desde su estreno con el primer equipo barcelonista, supuso ponerle las cosas muy cuesta arriba a un Barça que, finalmente, cayó por 0-2 ante el Atlético.

"No estoy seguro de si lo toca lo suficiente", deslizó Hansi Flick tras el duelo en Movistar. Para el alemán, en cambio, sí fue más clara una acción de Pubill que, como sus jugadores y la grada, reclamó como penalti. "En la situación en la que ellos tocan el balón con la mano en el área, no entiendo por qué no entró el VAR. Es normal cometer errores, pero en este tipo de situaciones, ¿para qué lo tenemos si no? Debería haber sido penalti, segunda amarilla y, por tanto, roja", se quejó.

EFE

"Se centraron mucho en la expulsión y no entiendo por qué esto no lo han pitado. Lo tendrán que explicar, pero las cosas son como son y hay que aceptarlo. Mejor no hablo más del árbitro. Mejor para mí y para ellos", ahondó el germano.

"No vi la jugada de la expulsión"

En el caso de Cubarsí, hasta este duelo frente al Atlético, solo había sido expulsado una vez desde su estreno con el primer equipo azulgrana. También con roja directa. Fue el curso pasado, en la ida de los octavos de final frente al Benfica, que se saldó con triunfo de los azulgrana por 0-1.

"No vi la jugada de la expulsión, así que no puedo opinar, pero este equipo tiene capacidad para remontar. Estoy convencido: lo hicimos muchas veces en el pasado. En su campo será muy difícil, pero, si hay alguien capaz de hacerlo, somos nosotros. Iremos a por ello", arengó por su parte también en Movistar Araujo, quien lamentó que su equipo no lograra anotar al menos un gol.

AntoineGriezmann, mientras, evitó dar el pase por hecho. "Nos vamos contentos con la victoria, pero queda mucho por hacer. La semifinal está todavía muy lejos", apuntó el francés, quien concedió que Simeone no iba a estar muy contento con el despliegue de los suyos. "Está un poco caliente con nuestro juego. A ver qué nos dice en el vestuario", zanjó el ariete.

El choque no estuvo exento de tensión. Como ya ocurrió en la Copa, el autocar del Atlético fue recibido con una lluvia de objetos que provocó la rotura de dos lunas, pese al férreo dispositivo policial que acordonó la zona de acceso al estadio para ambos equipos.

Un despliegue que, sobre todo, desesperó tanto a los aficionados más tranquilos como a los vecinos de la zona, obligados a apelotonarse hasta el agobio y a ceder el paso como pudieron a quienes más lo necesitaban.

Adiós de Europa del Barça, otra vez

Adiós de Europa del Barça, otra vez

Actualizado

El Barcelona es nuevamente un cadáver en la Champions, que siempre es un torneo maldito para los azulgrana. La jugada decisiva del partido fue obra, una vez más, del hijo Simeone. Cubarsí picó cuando era el último defensor. Roja y sablazo de Julián que aniquiló a un Barça que es la mitad del equipo del año pasado.

Flick es un gran culpable del despropósito táctico. El Barça del supuesto gran Lamine Yamal fue una paradoja en los primeros veinticinco minutos. El sistema resultó casi defensivo, porque cuando el Atleti le arrolla padece pánico por recuerdos recientes.

Al Atleti le faltó gas y el Barça se adueñó del partido. Y llegó la tragedia con el despido de Hanckok. De manera inesperada, el gran correcaminos Giuliano se encontró con un balón fenomenal de Julián en velocidad, y el mediocre Cubarsí provocó una roja.

El implacable disparo de Julián Álvarez ejecutó al despistado Joan Garcia, víctima de la propaganda catalana. Fue la clave de este partido de Champions y un ejercicio que envió al Barça al patíbulo europeo.

Tengo muchas razones para explicar por qué el Barcelona es un pobre tonto en la Copa de Europa. Piensen en la jugada de Cubarsí con un árbitro español. Ni borracho, el árbitro hubiera señalado la roja a Cubarsí.

Así que el Barcelona se confirma como un equipo de naciones español y es un cero a la izquierda en Europa, porque no cuenta con los Negreira boys. Siempre muere por intoxicación publicitaria nacionalista. No es más que un club, por más que lo prediquen.

La segunda parte del Atlético

No me gustó ese Atlético acomodándose al iniciar la segunda parte. Pero ya sabemos que con un gol a favor, Simeone se convierte en el 'avaro' de Molière. Es cierto que el Barça lo jugó todo en los primeros minutos, pero no tuvo ocasiones, se cansó y dio el partido por perdido. Mientras, el alemán Flick comía cerillas. Porque esto es un fracaso europeo más.

El Atlético no se cansó, naturalmente. Un centro a la zona de Sorloth y el noruego, un témpano, fue el verdugo de la eliminatoria. No entiendo la depresión de Simeone con Sorloth.

Ha demostrado mil veces que es un goleador implacable. Pero la frialdad nórdica le pone de los nervios al muy 'latino' Simeone. Sorloth fue quien llevó a la tumba en Europa al Barcelona enfermo de Flick. Esta vez no llegan ni a las semifinales.

Una vez más el Barça es un fiambre en Europa. Solo había que fijarse en la imagen de Laporta en el palco, entre el pasmo y la tragedia.

Doué y Kvaratskhelia tumban a un Liverpool que salió temeroso y reaccionó tarde en el Parque de los Príncipes

Doué y Kvaratskhelia tumban a un Liverpool que salió temeroso y reaccionó tarde en el Parque de los Príncipes

Pegada de campeón para decidir el primer asalto de unos cuartos de final de la Champions con aroma a revancha. El PSG, merced al acierto goleador de Doué y Kvaratskhelia, derrotó al Liverpool que acudió con temor al Parque de los Príncipes y que cuando intentó desprenderse de sus angustias ya resultó tarde.

En la víspera, Luis Enrique advirtió de que una de las claves de la cita sería controlar la posesión, manejar el tempo del partido. Para ello debía dominar el centro del campo, con Vitinha desbrozando el camino y cerrando las salidas de pase de Szoboszlai y Wirtz en la zona de tres cuartos. Así lo hizo en el inicio del encuentro.

El PSG abrió el campo para la facilitar las maniobras de Kvaratskhelia por la izquierda, de Dembélé por el centro y de la pareja Hakimi-Doué por la derecha. El arranque fue efectivo para los parisinos. A los 11 minutos, en la primer acercamiento a la portería rival, Doué abrió el marcador con un lanzamiento parabólico desde el borde izquierdo del área.

El Liverpool salió temeroso. Arne Slot tenía la obligación de cambiar una tendencia negativa (venía de perder 4-0 con el Manchester City en los cuartos de la FA Cup y de poner en peligro su clasificación para la próxima Champions), pero apostó por ser precavido, dejando en el banquillo a Salah y presentando una defensa con tres centrales y dos carrileros.

El Liverpool, en la visita al campeón, se auto motivó apelando a una doble revancha. Ekitiké quería saldar cuentas pendientes con un club que le traspasó tras apartarle de la actividad diaria y con Luis Enrique, que sólo contó con él durante ocho minutos en el primer partido de la liga francesa 2023-24. En la pasada temporada, los reds fueron eliminados por el PSG en los octavos de final tras ganar 0-1 en París y luego perder en su feudo en la tanda de penaltis. Aquella victoria cambió la historia del equipo parisino y dejó muy lastimado al inglés.

Unas heridas que anoche Slot intentó cicatrizar con un planteamiento cauto, con una defensa muy poblada, descolgando sólo a Ekitiké. Szoboszlai ponía las gotas de calidad. El húngaro hacía la competencia a Kvaratskhelia en el reparto de versatilidad y dinamismo.

Con el paso de los minutos, el Liverpool fue estirando las líneas, pero sin eficacia. En la primera parte sólo inquietó la portería de Safonov con un lanzamiento de Frimpong. Esa apertura facilitó los contragolpes de Dembelé y Duoé. El chaval de 20 años, poco después de la media hora, pudo marcar de nuevo pero fue superado por Mamardasvili en un duelo directo.

Luis Enrique se encontraba cómo con un dominio posicional que continuó en el segundo episodio. Dembélé erró una excelente ocasión con una lanzamiento dentro del área a los 10 minutos de la reanudación.

El Liverpool sostenía la figura con actitud combativa, presionando y robando el dominio. Mac Allister apretaba en la media punta y lograba conectar con el dinámico Ekitiké. A la hora de partido, los reds se desprendiendo de sus miedos, pero cuando parecía que iban a despegar llegó, en el minuto 65, el gol de Kvaratskhelia, tras recibir un pase de Joao Neves, y demostrar, una vez más, sus virtudes regateadoras dentro del área. Cinco después, el árbitro español Sánchez Martínez evitó la sepultura del Liverpool al anular, tras petición del VAR, un penalti de Konaté.

El último cuarto de hora fue agónico para los reds. En ese momento, Arne Slot, por fin, se acordó del banquillo, pero se olvidó de Salah. Introdujo cuatro cambios: Curtis Jones, Isak, Gakpo y Robertson para voltear la situación, pero todo resultó inútil. La vuelta volverá a ser complicada para los británicos.

Julián Álvarez se aclimata al Camp Nou y Dios pone fecha a su venta

Julián Álvarez se aclimata al Camp Nou y Dios pone fecha a su venta

Aún no había empezado la comida de directivas y el presidente del Atlético de Madrid, Enrique Cerezo, ya estaba poniendo fecha a la marcha de Julián Álvarez al Barça. "Yo soy Dios, y hasta que no le diga que se marche, no se va a marchar", anunció a los periodistas. Su nombre suena tanto en el Camp Nou que su golazo de falta a Joan García pareció en propia puerta. Y se da la casualidad de que los culés llevan el mismo tiempo sin ver golazos de falta que sin ver a Dios.

Ya se ha dicho que una eliminatoria de Champions es cuestión de momentos, que en el caso del Atleti a veces duran unos segundos, y ni siquiera suceden en el campo. Simeone suele pedir al cuarto árbitro una media de 23 expulsiones por partido. A veces le dan la razón, y a veces incluso son. La de ayer de Pau Cubarsí, el mejor defensa de España, y casi siempre del Barça, resucitó el fantasma de Araújo, solo que enfrente estaba el Atleti que, con un gol a favor, suele recular tanto que a sus rivales le sobran dos o tres jugadores.

A Flick le está costando entender esta temporada que si sus dos nueves no están bien, y el que quiere juega en el otro equipo, lo mejor es no poner a ninguno. Con eso y con la expulsión el Barça mejoró muchísimo. Lamine celebraba los goles en fuera de juego, los que no entraban, y habría celebrado un penalti a favor, si el árbitro hubiera aplicado esa vieja norma que impide a los defensas, e incluso a Pubill, coger la pelota con la mano dentro del área. La presencia del VAR es lo está impidiendo a los árbitros ver las manos clarísimas.

Las celebraciones privadas de Lamine, y sus no celebraciones públicas, han sido elevadas a debate futbolístico, especialmente por los poco simpatizantes del Barça, que vienen a decir que da igual que sigan ganando partidos porque nunca encontrarán la felicidad. Y ya no digamos si los pierden. El mejor Barça coincidió con el segundo del Atleti en su tercer tiro a puerta de todo el partido. Los de Flick se están pareciendo cada vez más a los mejores años de Guardiola, cuyo preciosismo en el City le tiene en casa desde los octavos.

La semana que viene Atlético-Barça. Otra vez. La sexta esta temporada. Y ni tan mal.

Cuidado: nunca hay que dar por vivo al Atleti

Cuidado: nunca hay que dar por vivo al Atleti

Sospecho de la gente que disfruta del fútbol. No es de fiar. No lo entiende. Serán turistas.

Mientras ves un partido importante de tu equipo, todo lo que sucede te va mal. Las dos horas de este Barça-Atleti fueron una experiencia insana. Los del Cholo salieron valientes, presionando arriba, arriesgando en la salida y asumiendo el intercambio de golpes, así que miles de atléticos padecieron 20 minutos en los que sólo podían pensar en el inevitable error que estaba por llegar, en que recogidos estamos más guapos, en que ver a Lamine Yamal con tanto verde es una autopista hacia el ictus. Mal. Todo mal.

Entonces, como estabas pidiendo y empujado por la presencia de Pedri y la ausencia de Barrios y Cardoso más que por su deseo, el Atleti reculó, llevando tu estado de ánimo a un buen rato de mensajes apocalípticos con tu amigo Miki, más rojiblanco que Wally. "Ya estamos". "Siempre igual". "Convendría salir del área". "Hay que ser valientes, coño". Si tu yo del minuto 10 conoce a tu yo del minuto 30, acaban a tortas. Todo mal, de nuevo.

De golpe, roja a Cubarsí. Buena noticia, ¿no? En absoluto. Kovács odia al Atleti y no se la quería sacar, va a compensar seguro, el Barça nota menos la inferioridad que el resto, no vamos a saberlo aprovechar... Todo mal, ya saben, pero... ¡Golazo de Julián! "Ahora sí que estarán contentos", pensará el turista ese que disfruta del fútbol. Ignorante. ¡Es demasiado pronto para adelantarse! ¡Nos vamos a confiar! ¡Seguro que no rematamos! En fin, mal la roja y peor el gol. Miki lo resume con la genialidad de la noche: "Nunca hay que dar por vivo al Atleti". En el descanso, antiacido y lexatín. Ojalá ser canadiense y seguir el hockey.

En la segunda parte, absolutamente hundido porque tu equipo va ganando en el Camp Nou, la cosa no mejora. Sufres porque ves que van a echar a Koke, pero cuando lo quitan, te aterroriza un centro del campo con Baena y Griezmann de interiores. Te molesta que el Atleti no busque el segundo, pero gritas a la pantalla cada vez que alguien se da una alegría. Marca Sorloth el 0-2 y temes que se confíen para la vuelta. Quieres soplar y sorber, todo el rato. Sólo deseas que el suplicio acabe.

Y acaba, y el resultado es fabuloso, y no lo has pasado bien ni un segundo. Y en seis días otra vez. Puta vida. Bendita vida. Sospecho de la gente que disfruta del fútbol, pero todavía más de a quien no le gusta.

El Atlético toma el Camp Nou tras dos picotazos y jugar una parte contra diez

El Atlético toma el Camp Nou tras dos picotazos y jugar una parte contra diez

La liga es regularidad, pero la Champions son detalles. Y no nimios. El primer nivel hace que el aleteo de una mariposa cambie las apuestas y el futuro. O no. Pero este primer envite partió de un error doblemente castigado con una roja y una genialidad de un superhéroe. La Araña, deseada en la Ciudad Condal, presentaba su candidatura. El quinto combate fue suyo. También del dios noruego, al que se le da bien el Barça. Y del Cholo, que nunca había ganado en el Camp Nou. Los suyos quisieron enjugarle las lágrimas que soltó al despedir a Griezmann. [Narración y estadísticas, 0-2]

Divertía una lucha de poder a poder que nadie hubiera imaginado antaño. Seis disparos en 10 minutos, tres por bando, demostraban que la defensa no es la disciplina preferida de ambas escuadras. Ni siquiera para la del Cholo. Apenas costaba transitar por el medio, el balón iba como una flecha de área a área. Bueno para el público, no tanto para los entrenadores. Quizás un poco más claras las ocasiones iniciales de los culés.

El problema de defensas laxas es que se prioriza el toque y la precisión y, de los 22, hay un tal Pedri que de eso anda sobrado. Pese a que Griezmann le hacía la primera vigilancia, y Llorente, la segunda, el canario terminaba por encontrar espacio entre líneas para habilitar a sus compañeros. Especialmente bueno fue un pase quirúrgico que dejó sólo a Lamine Yamal para que diera el pase de la muerte a Rashford. No hizo falta el VAR, el propio juez de línea anuló el tanto por un fuera de juego justito.

A veces, tanta velocidad causaba atropellos y había numerosos jugadores con antecedentes de amarilla. Multitud en el Atlético y dos muy importantes, Yamal y Fermín, en el Barcelona. Koke no era uno de ellos y decidió embestir a Olmo para parar una salida del Barça, pero Kovacs, un árbitro con el que nunca ha ganado el equipo rojiblanco, le perdonó la amarilla. Se la sacó poco después tras patear otra vez al egarense. Así que mediada la primera parte, el equipo blaugrana decidió templar más el juego y cambió el vértigo por el control. Flick respiraba tranquilo.

A Simeone, en cambio, le llevaban los demonios. Hancko se lesionó en un salto y el cambio de Pubill se demoraba demasiado por burocracias. Intercambio entre los mejores centrales rojiblancos, pero se perdía la salida de balón del eslovaco. Gastar una ventana en media hora es algo que se puede llegar a sufrir en un campo como el Camp Nou, en el que hay que estar al 110% cada minuto.

Al 200% debían estar Molina y Ruggeri porque el duelo contra Rashford y Lamine era complicado de mantenerse. La suerte del italiano es que el de Rocafonda estuvo más impreciso en el pase de lo que acostumbra. Las diagonales regateando a tres y hasta cuatro rivales, en cambio, eran pura adrenalina. El inglés, por su parte, es menos habilidad y más velocidad, pero qué velocidad. Se lanzó a un centro largo de Eric, que si pilla a Musso despistado, le clava el primero.

Expulsión de Cubarsí.

Expulsión de Cubarsí.EFE

La polémica llegó al filo del descanso, como en el de la liga. Un balón largo cogió a la defensa del Barça dormida y Giuliano, el más listo, apareció por ahí para provocar a Cubarsí como último hombre. Kovacs necesitó del VAR para expulsar al central cuando su posición era clamorosa. Julián castigó doblemente la torpeza blaugrana clavando la falta en el ángulo. Se le ponía cuesta abajo la eliminatoria al Atlético y más después de que los cambios de Flick fueran Pedri y Lewandowski. No por que los que entraban, Fermín y Gavi, no fueran buenos peloteros, pero el canario es diferencial.

Pero aún quedaba en el campo Lamine Yamal. Y, cuando el campo se venía un poco abajo por la inferioridad numérica, un pase milimétrico a Rashford puso al inglés el empate. Lo falló, pero al menos se volvió a conectar el Camp Nou. Poco después casi emboca, en cambio, una falta similar a la que anotó Julián, pero Musso intervino con ayuda del larguero. Casi devuelve el favor el Atlético al Barça con un saque de puerta que Pubill, inocente, toca con la mano pensando que el balón no estaba el juego. Afortunadamente, Kovacs pensó lo mismo que el defensa.

La pausa de Baena

El juego, en contra del número de contendientes, lo manejaba el Barça. Y las ocasiones, también. Sacó el Cholo a Koke del campo para evitar igualar jugadores e ingresó Baena para recordar a los suyos que el fútbol se juega con balón. Y lo cierto es que el de Roquetas dio la pausa que necesitaban los rojiblancos para jugar contra diez y, gracias a eso, en la primera jugada trenzada del segundo tiempo llegó el segundo del Atlético con un gran remate de Sorloth a centro de Ruggeri.

El gol relajó al Atlético, mal hizo. El Barça es un equipo de vendavales y capaz es de generar una tormenta en el Metropolitano. Era mejor llevar más ventaja. Pero la primera batalla se decidió con dos picotazos. Suficiente. Las estadísticas están para romperlas y el Cholo puso una pica en semis. En una semana se volverán a ver las caras. Esta vez once contra once, lo que duren...

¿Habrá milagro en Múnich?

¿Habrá milagro en Múnich?

Actualizado

El Real Madrid no mereció perder. Y la pregunta que flota en el misterio del fútbol es si el Madrid será capaz de lograr una hazaña en Múnich, como si se tratara de una película del calibre de Los cañones de Navarone.

Puede parecer una quimera, una misión imposible sin Tom Cruise, pero con el Madrid en la Champions, todo es posible.

El error principal fue que Álvaro Arbeloa interpretó el partido como si el Bayern fuera el City. No lo es. Es un equipo bastante inferior. Y la estrategia de Arbeloa, una vez más, resultó equivocada. ¿Por qué despreciar tanto al Madrid y jugar como si fuera un equipo vulgar?

No lo entendí. Pero la estúpida corriente generalista en el madridismo actual sostiene que hay que correr. ¿Correr cómo? ¿Como un pollo sin cabeza? En efecto, Vinicius Júnior defendió mucho, pero por su zona llegaron los dos goles muniqueses. Y Kylian Mbappé bajó en exceso en la primera parte. No podía marcar ni aunque fuera un ángel. Correr mucho, sin atacar, es imposible.

La cantidad de balones perdidos fue alarmante precisamente porque no había nadie en posiciones ofensivas. Arbeloa parece creer todavía que dirige al Castilla. No se puede jugar con una táctica tan cobarde. Esto es el Real Madrid.

Con el mejor jugador del mundo convertido en esclavo defensivo, los muniqueses se creyeron durante un rato que se enfrentaban a otro rival alemán más.

A los veinte minutos de juego descubrieron que el Madrid, aun acurrucado atrás, no era un equipo menor. Mbappé tuvo una ocasión clara, lo intentó como un poseso, pero no tuvo fortuna: no cuenta con dos muslos al viejo estilo. Poco después llegó el gol del Bayern.

Trent Alexander-Arnold le dio el pase de gol y Mbappé no falló. Hizo todo lo que pudo —y más—, pese a las torpezas de Vinicius de cara a portería. Incluso logró provocar que el Bayern jugara con un hombre menos.

De repente, un gol del mejor jugador del mundo hizo creer que el hundimiento del Madrid era imposible. Y no lo fue: el equipo firmó un segundo tiempo soberbio, quizá el mejor de la temporada. No tuvo suerte y perdió, también condicionado por el arbitraje del inglés Michael Oliver, que siempre me ha parecido un colegiado alineado con la doctrina de la UEFA. Y ya sabemos que, ahora mismo, el Bayern pesa más que el Madrid.

El Madrid golpeó con fuerza al Bayern, pero esta vez lo salvó Manuel Neuer, que para desgracia del madridismo estuvo extraordinariamente brillante. El Bayern demostró en el Bernabéu que no es para tanto.

Aunque la plantilla madridista sea un cuadro de Picasso, con las piernas en la cabeza, el cuerpo quebrado y el pie hacia arriba; aunque no haya un entrenador sólido ni una plantilla bien ejemplarizada, el Madrid tiene futbolistas como Mbappé, Federico Valverde, Aurélien Tchouaméni, Trent, Arda Güler y Thibaut Courtois. El belga, por desgracia, no pudo jugar en esta derrota madridista.

La lágrimas del 'dernière danse' de Griezmann ante uno de sus peores rivales: "Era el mejor momento para decirlo"

La lágrimas del ‘dernière danse’ de Griezmann ante uno de sus peores rivales: “Era el mejor momento para decirlo”

«Había llegado al límite mentalmente, buscaba excusas cuando no me salían las cosas, probé, pero a los meses me di cuenta de lo feliz que era». Es Antoine Griezmann el que pronunció esta frase sobre La Decisión justo después de convertirse en el máximo goleador de la historia del club rojiblanco. La Decisión del francés, hoy con 211 goles como colchonero, fue buscar nuevos retos en el Barcelona al lado de Messi en 2019, pero aquella aventura de dos años no funcionó ni para él, ni para su familia, ni para el club culé. Tenía 28 años.

Con 35 le ha llegado la oportunidad de otro cambio de rumbo. Una oportunidad que apareció en enero, cuando el jugador era un buen sexto hombre, pero sin el peso que el futbolista atesora en el club y sin la importancia que merece en el juego del Atlético de Madrid. "En septiembre fue algo más difícil de gestionar. Pero con el vestuario que hay y la familia en casa se ha ido trabajando y buscando lo que necesitaba el Cholo. Lo entendí e intenté hacer lo mejor posible", apuntó el jugador

La oportunidad se la brindó el Orlando City con una petición inicial muy difícil para el francés que era que llegara en la ventana principal del mercado de la MLS que concluía el 26 de marzo. Entonces llegó la enésima explosión del francés. Dando exhibiciones, primero partiendo del banquillo y luego como titular.

Especialmente memorables fueron las de Copa del Rey ante Betis en cuartos y FC Barcelona en semifinales. "Parece tan ligero... Es como si estuviera bailando", calificó Hansi Flick al francés su habilidad para jugar entre líneas, girarse y, especialmente, lanzar los contraataques del conjunto colchonero. Esos partidos han colocado a su Atlético de Madrid en la final de Copa y en los cuartos de Champions ante su ex equipo. "Ojalá que sí la juegue. Se la merece más que nadie. Su calidad y talento lo va a mantener toda la vida. Qué puedo agregar más. Lo quiero mucho, quiero siempre lo mejor, ojalá pueda jugar esa final", pidió el Cholo.

Mientras, su entrenador y compañeros como Koke y Llorente hablaban de esa duda. "No sé qué va a pasar" decían sus amigos. "Tenemos unos objetivos en la vida y unas sensaciones y hay que respetarlas", añadió el 14 del Atlético sobre el galo. Pero el francés, callaba. Su situación inicial de la temporada a nivel individual había cambiado y, a nivel colectivo, el equipo tenía un título a tiro y la final de Champions, el mayor objeto de deseo de la historia del Atlético de Madrid, a cuatro partidos.

Lo cierto es que el futbolista nunca llegó a tomar una decisión definitiva y su entorno tuvo claro que la opción de quedarse hasta final de temporada era la más lógica. Había una parte sentimental tras un adiós difícil y feo al FC Barcelona y una reconciliación larga, lenta y muy trabajada. Y una deportiva que se fundamentaba en la posibilidad de ganar títulos con el Atlético de Madrid toda vez que él jugador se perdió la segunda liga del Cholo por estar en el FC Barcelona y sólo pudo conquistar, a nivel nacional, una Supercopa en 2014. "Siempre pienso en el equipo y creo que lo mejor para estar tranquilo y que no haya duda es que el cielo esté despejado y que era el mejor momento para decirlo", reveló el francés.

El peor enemigo

Precisamente el Barça se vuelve a interponer en el camino de sus sueños. Lo intentó antes en 2016 también en cuartos, pero el galo les ajustició a la vuelta con un doblete, después de perder 2-1 en el Camp Nou en la ida. Y no es precisamente el conjunto culé uno de los favoritos del francés. Nunca le ha marcado en liga con el Atlético y apenas le ha anotado seis tantos en 31 partidos de los que sólo ha ganado tres.

"Si Dios quiere vamos a jugar cinco partidos más en Champions". Era Simeone el que auguraba o deseaba lo que sería el dernière danse del francés. Un jugador, "de los mejores que ha entrenado" al que le dedicó un emotivo discurso de despedida para su sorpresa. "Gracias por lo que nos diste, nos das y seguís dando", apuntó el técnico en la rueda de prensa previa para luego recordar al jugador que primero es su entrenador y luego su amigo. "Te quiero mucho, pero soy tu entrenador y sabes que si no corres vas afuera", se despidió.

Estábamos equivocados: el problema no es Mbappé

Estábamos equivocados: el problema no es Mbappé

No hay un madridista, ni en la Tierra ni en la cara oculta de la Luna, que no tuviese la certeza de que la primavera de ilusión duraría hasta que emergiese Mbappé. Y pese a ello no hay mucho que reprocharle al francés. Hizo persecuciones defensivas hasta la frontal del área, conducciones explosivas a la contra, buenos desmarques y Neuer le sacó tres balones nivel Courtois y casi le para el del gol. La posibilidad de que sea gafe existe, pero más allá de eso no hubo leña para quemar a Kylian en la hoguera de la frustración del hincha. Al contrario.

El ojo entrenado en la Copa de Europa detectó las turbulencias cuando Olise cogió la primera bola y al paso no le salió Mendy, sino Güler y Carreras. El lateral sacó una bajo la línea como aquella de Ferland contra el City, pero no era lo mismo. Se produjo un milagro para no castigar con gol un fallo monumental de Pitarch, idéntico al de los octavos de final. Pero no era lo mismo. En otro tiempo, habríamos visto destellos de decimosexta hasta cuando el árbitro se inventó una amarilla a Tchouameni que empezaba a poner los cimientos de una exhibición redentora de Camavinga en la vuelta en Münich.

Pero nada era lo mismo. Vinicius, el antiMbappé, el hombre que sí nos ha dado la gloria europea dos veces, la enterró esta vez con dos balones lamentables al medio que cayeron como dos losas bávaras. Después falló el 1-2 en una jugada que despertó el tenebroso recuerdo continental de Gonzalo Higuaín.

Con todo, hubo arrebato europeo. El equipo nos castiga con la esperanza de la fe. Hubo un buen Bellingham, un apocadillo Bayern, un cambio inexplicable del gran Arda y la sensación de que la eliminatoria no está cerrada. La necesidad, también, de entender que la mística del estadio no existe y que plantillas mejores que la tuya es muy posible que el 99% de las veces jueguen mejor que tú, salvo que tengas a Mendy para frenar a ese demonio llamado Olise. ¿Ficharía el Real Madrid a un extremo del Crystal Palace? Por el mismo precio, fichó a Mastantuono...

Otro puñetazo de realidad al Real Madrid: el Bayern se une a la lista del Liverpool, el Arsenal y el PSG

Otro puñetazo de realidad al Real Madrid: el Bayern se une a la lista del Liverpool, el Arsenal y el PSG

Decía Arbeloa unos minutos antes del inicio del partido que «me sorprendería que el Bayern no viniera a jugar arriba». Y vaya si vino. Acompañado por 4.500 aficionados y por la inesperada lluvia vespertina que acechó la Castellana, los de Vincent Kompany volvieron a dar un puñetazo de realidad sobre la mesa del Real Madrid. Uno más, por si hiciera falta, para reconfirmar el secreto a voces en el que vive el club desde hace dos temporadas.

Desde que ganara la Champions en Wembley, retirándose Kroos y fichando a Mbappé, el Madrid había perdido contra el Milán, el Liverpool (en dos ocasiones), el Arsenal (también dos) y el PSG. Seis resultados en los que encajó 15 goles y anotó sólo 2. Todo sin contar las derrotas domésticas ante Barça y Atlético. A esa lista se sumó este martes el Bayern. De los diez primeros del ranking de la UEFA, sólo ha sido capaz de ganar al City en las dos últimas eliminatorias y a la Juventus en la liguilla de este curso. El resto, cruz.

Esos partidos han dejado una amarga sensación de impotencia en la grada madridista. El partido de ida contra el Bayern, que pudo marcar varios goles en el primer tiempo, recordó al cruce de la pasada campaña contra el Arsenal. Fue un Madrid incapaz, dependiendo una y otra vez de balones largos hacia Vinicius y Mbappé, errático en salida y sin generar fútbol. El brasileño, que prometió su mejor versión en la previa, falló en el inicio de los dos primeros goles del Bayern y se llevó una pitada.

En el banquillo, Arbeloa le pedía a Mbappé y a Vinicius que se pegaran un poco más a Kimmich, principio de todo en el cuadro alemán. El centrocampista germano es el tipo de jugador sobre el que gira todo un equipo. El tipo de jugador que era Kroos y el tipo de jugadores que son Pedri o Vitinha. El tipo de jugador que le falta al Madrid.

La derrota en Mallorca, con la que el conjunto blanco dijo casi adiós a la Liga, fue la gasolina que encendió el tramo final de un encuentro que no tuvo notas positivas para el Madrid. Tchouaméni se perderá la vuelta por acumulación de amarillas, pero la incapacidad de Vinicius y Mbappé, los mejores pagados de la plantilla, de generar alguna ocasión en la segunda parte desesperó al público. Tampoco ayudaron los fallos de los jugadores en controles o pases, fruto del nerviosismo del momento y de una realidad que el Madrid como club debe enfrentar: falta calidad técnica en la plantilla.

El volumen de los pitos a Vinicius aumentó con la clarísima ocasión fallada para poner el 1-2, pero desapareció con el gol de Mbappé y con el intento de asedio final del Madrid, más por corazón que por fútbol, y que demostró en 15 minutos que, al menos de pulmones, puede dar mucho más. En una semana, Múnich juzgará finalmente el proyecto del Madrid.