El sueco Armand Duplantis, la superestrella del salto con garrocha, mejoró este domingo su propio récord mundial con una marca de 6,23 metros en la final de la Diamond League en Eugene (Estados Unidos). En la misma reunión, al atleta Gudaf Tsegay batió el récord del mundo de los 5.000 metros.
El vigente bicampeón mundial y olímpico superó así el anterior mejor registro de 6,22 metros, establecido en Clermont-Ferrand (Francia) el pasado 25 de febrero.
Duplantis, de 23 años, ha batido ya siete veces el récord mundial de la disciplina. Cinco de esas marcas se establecieron en pista cubierta mientras las dos al aire libre ocurrieron en la pista del Hayward Field de la pequeña ciudad de Eugene (estado de Oregón).
‘Mondo’ Duplantis, el genio nacido en Lafayette (Luisiana), se volvió a superar a sí mismo en el país donde se crio.
Un año atrás, el sueco se había apoderado en este mismo escenario del oro mundial, el único gran título que faltaba en su ya extraordinaria carrera, con un salto de 6,21m que entonces era también nuevo récord mundial.
17 victorias consecutivas
Este domingo, Duplantis superó primero los 6,02m y después aprovechó las magníficas condiciones de Eugene, bajo un radiante sol y una temperatura de alrededor de 27 grados, para volar por encima de los 6,23 m en su primer intento y correr a festejarlo con el público. Gran prodigio de la disciplina, Duplantis encadena 17 competiciones invicto esta temporada.
Desde su eclosión a los 18 años en el Europeo de Berlín en 2018, ganado con un salto de 6,05 m, el sueco se ha apoderado de tres coronas mundiales (una de ellas en pista cubierta) y el oro olímpico en Tokio-2021.
Tras batir en febrero de 2020 el récord del francés Renaud Lavillenie (6,17m frente a 6,16m), Duplantis viene mejorando su registro centímetro a centímetro en una legendaria carrera bajo la guía técnica de sus padres.
Día de ausencias en Apeldoorn de algunas de las superlativas figuras que, pese a todo, esta arrinconada, amenazada por doquier Europa mantiene, que no son pocas. Flotaban en el aire, livianas, melancólicas, en el triple salto, las sombras de Jordan Díaz, campeón olímpico, y Pedro Pablo Pichardo, subcampeón. Un español y un portugués de Cuba. Y, en el salto de altura, la alegre, la expresiva, tan italiana, de Gianmarco Tamberi. Todas ellas precursoras de, espesa, dolorosa, la dominical de Armand Duplantis, nuevo-viejo plusmarquista mundial de salto con pértiga, con esos 6,27 conseguidos el 28 de febrero en Clermont-Ferrand, seis días después de que Jordan Díaz cumpliera 24 años.
No estaban, pues, Díaz y Pichardo. Pero sí otro Díaz: Andy. De nombre completo Andy Díaz Hernández, tercero en París, italiano de La Habana, azzurro desde el 23 de febrero de 2023. El podio olímpico pareció el Campeonato de Cuba. Sin sus ex compatriotas, Andy, favorito lógico, ganó con una gran marca: 17,71. Un capicúa líder mundial del año. Un registro mejor que el que le dio el bronce en los Juegos (17,63). Segundo fue el fornido alemán Max Heb, un nombre ahorrativo, resuelto en dos sílabas, con 17,43. Y tercero, Andrea Dallavalle, italiano de Piacenza, con 17,19. Sólo ellos pasaron de los 17 metros.
Tamberi depositó el honor de Italia en Matteo Sioli, un chaval de 19 años y breve formato para un saltador de altura, aunque con una capacidad de impulso vertical más que notable, y Manuel Lando, de 24. Sioli accedió al bronce con 2,29. Sólo se inclinó ante el checo Janick Stefela, también con 2,29, y el tallo ucraniano (1,97) Oleh Doroschuk, excelente con sus 2,34, líder mundial del año en una disciplina alejada hace mucho de los 2,40 y protagonista de un concurso impecable. Ni un nulo. Hubo ausencias destacadas, pero, ya se ve, también presencias elogiables porque en una gran competición, y un Europeo indoor lo es, nunca faltan. Buena marca (4,80) para la suiza Angelica Moser. Poco antes los heptatletas habían prestigiado el Campeonato con, hermanadas, la emoción y la calidad.
El suizo Simon Eahmmer y el noruego Sander Skotheim, plusmarquista europeo, se jugaban el oro en la última prueba, los 1.000 metros. Skotheim se impuso con unos formidables 2:32.72, la mejor marca obtenida en un Europeo. Sus 6.558 puntos suponían el nuevo récord continental. Eahmmer, un soberbio saltador de longitud de talla mundial, amarró la plata con 6.506 puntos. En el heptatlón nadie echó de menos a ningún ausente.
A la hora del patio en la escuela primaria de Cheukta, un pequeño pueblo de Kenia, Sabastian Sawe se escondía en la cocina del colegio porque los otros niños organizaban carreras fuera y no quería participar. «Era muy tímido y rapidísimo y, como sabía que ganando llamaría la atención, se ocultaba», recuerda Julius Kemei, el profesor que convenció a Sawe para que corriera: «Le dije: ‘Correr no es sólo tu talento, es tu futuro’». El pasado domingo aquel niño inseguro se convirtió en el primer humano capaz de completar un maratón en menos de dos horas y resquebrajó todas las barreras del deporte.
¿Podemos correr 100 metros en nueve segundos? Seguro que sí. ¿Y saltar nueve metros? Por supuesto. ¿Nadar 100 metros en menos de 46 segundos? ¿Meter más de 100 puntos en un partido de baloncesto? ¿Ganar 30 Grand Slam de tenis? ¿Marcar 100 goles en un año? ¿Completar un salto quíntuple en patinaje sobre hielo? Ahora todo es posible. En cualquier rincón del planeta puede haber un niño escondido en la cocina de su colegio que sólo necesita confianza para salir y romper con todo. Bueno, confianza y alguna cosa más.
Cada vez más jóvenes
«Uno de los cambios más importantes que está habiendo y que puede ser decisivo en el futuro es la rápida detección y profesionalización de talentos en la mayoría de países del mundo. Incluso en lugares con la tradición de Kenia, antes el talento surgía de manera espontánea y sólo llegaban los dos o tres mejores de cada generación. Ahora, en cambio, a los 10 o 11 años ya se les programan planes de entrenamiento. Eso aumenta mucho la base y multiplica los candidatos a batir los récords», analiza Pedro L.Valenzuela, investigador de la Universidad de Alcalá y editor de la revista Fissac, que sabe de ejemplos más extremos.
Mucho mejores. En el récord de Sawe las zapatillas mágicas, unas Adizero Adios Pro Evo 3, se llevaron todo el protagonismo y fueron importantes, sin duda. El efecto rebote de su placa de carbono combinada con su ligereza -97 gramos- otorgaron al keniano una ventaja respecto a los maratonianos de hace 20 años. Pero quizá no fueron la ayuda más decisiva. «Las zapatillas tienen efecto y mucho marketing detrás, pero los avances en nutrición son un elemento más potente. Sawe pudo ingerir 115 gramos de carbohidratos por hora y, lo que es aún más importante, durante sus cuatro o cinco meses de preparación en Kenia contó con lo último. Eso generó ganancias y eficiencias clave en su récord», apunta Aitor Viribay, que fue responsable de nutrición y fisiología del equipo ciclista INEOS y ahora se ocupa de los atletas de Salomon.
Ian WaltonAP
La innovación en material puede ser muy específica del maratón, pero todos los deportistas del mundo pueden comer mejor -en competición y fuera de ella- de lo que comían las estrellas de antaño. Y eso evolucionará de manera infinita. Los estudios -de las propias marcas o de instituciones públicas- continúan y continúan. El propio Viribay, por ejemplo, plantea que en un tiempo los deportistas se suplementarán con ácido láctico, que hasta ahora se veía como el demonio, el culpable de la fatiga muscular, y ahora se antoja, como dice, como la «próxima generación de combustible». Todo llegará.
La mente entra en juego
Y mientras lo hace, los prodigios del mañana se preparan en cuerpo y, cada vez más, en alma.Victor Wembanyama, quizá el jugador que supere el récord de 100 puntos de Wilt Chamberlain, cuenta que desde pequeño trabaja su mente porque «es igual de importante que el físico». Mide 2,24 metros y es capaz de correr, botar y lanzar como un base: algo de eso sabe. «Antes sólo se acudía a nosotros cuando había problemas en la edad adulta, pero ya trabajamos con niños y adolescentes desde edades muy tempranas. Sin duda eso influye en el rendimiento. Desde pequeños podemos trabajar la motivación, la concentración, la activación, la gestión de emociones… El ser humano ya no es tratado como una máquina y eso es lo que nos faltaba para cerrar el círculo en el deporte», expone Josefina Cutillas, psicóloga que trabajó conCarlos Alcaraz hasta los 15 años.
THOMAS COEXAFP
A tan corta edad, el hoy número dos del ranking ATP ya decía que quería ser el mejor de la historia y está en ello, pese a su reciente lesión de muñeca. Si Novak Djokovic alcanzó los 24 Grand Slam, él puede soñar en conquistar 25. La humanidad avanza así: alguien lo hizo antes, alguien lo puede superar. «La inspiración funciona así, sirve cuando es tangible. No es soñar con algo, es perseguir un objetivo posible porque otro deportista ya lo ha conseguido», añade Cutillas, que sin duda conoce los obstáculos.
¿Existen los límites físicos?
Una cosa es imaginarlo y la otra hacerlo. De hecho, pese a asombros como el provocado por Sawe en el maratón de Londres y pese a los muchos avances, en determinadas disciplinas se cree que se ha llegado al límite humano. En el béisbol, por ejemplo, el lanzamiento registrado a mayor velocidad fue del cubano Aroldis Chapman, que alcanzó los 172 km/h en 2010, y desde entonces no se ha superado. Según un estudio de cuatro investigadores de las universidades de Harvard y George Washington y del Tata Institute de Bombay publicado en la revista científica Nature, nadie le batirá jamás porque un ligamento del codo clave llamado ligamento colateral ulnar no se puede forzar más. Es imposible, asumen. El cuerpo no da para más. Sólo el tiempo dirá si es verdad. Pero es cierto que cuanto más puro es el movimiento, cuanto menos influyen factores externos, más difícil es ver progreso.
Como ejemplo, el salto de longitud. Hace 35 añazos Mike Powell saltó 8,95 metros y todavía no ha aparecido un portento capaz de superarle. Del récord anterior, de Bob Beamon, 8,90 metros, ya han pasado 58 años. Saltando progresamos poco a poco. «El salto es natural, no hay tanta incidencia de factores externos. Además, como se decía en el Watergate, hay que seguir el rastro del dinero. Cada año se venden millones de zapatillas de running para maratonianos aficionados, pero muy pocas zapatillas de saltadores. Ahí no interesa tanto la evolución tecnológica. Tiene su lado negativo y su lado positivo, porque así se mantiene más la esencia», subraya Ramón Cid, ex triplista y ex seleccionador español de atletismo, que apunta que lo que no ha cambiado mucho son los métodos de entrenamiento.
Se han afinado cargas, ahora se controla más la fatiga, pero tampoco hemos cambiado tanto en eso. «Los récords me recuerdan a la paradoja de Aquiles y la tortuga. El ser humano cada vez se acerca más a su límite, pero nunca lo alcanza. Saldrá alguien que correrá más rápido que Bolt, quizá el récord de los 100 metros baje a 9.50 segundos o incluso a 9.40, pero no me imagino a un ser humano corriendo los 100 metros en ocho segundos. El límite existe, sólo que no sabemos dónde está», concluye Cid.