Pascal Sergent: el loco romántico del ciclismo que custodia y repone los adoquines de la París-Roubaix

Pascal Sergent: el loco romántico del ciclismo que custodia y repone los adoquines de la París-Roubaix

Una cuadrilla con palas, azadas, escobas y carretillos sale del Café Chez Françoise, en Troisvilles, en dirección a Roubaix para inspeccionar los 60 kilómetros que albergan los 29 sectores adoquinados de la clásica más tremenda. Ellos son los pavimentadores que moldean joyas singulares, miembros de la asociación Les Amis de Paris-Roubaix, fundada en 1989 y dedicada a la preservación de la legendaria prueba ciclista, que este domingo celebra su 123 edición. Tadej Pogacar busca su primer triunfo en el único de los cinco Monumentos que falta en su palmarés.

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Una treintena de altruistas reparan las icónicas zonas de pavés de la carrera más dura. Estas piedras cortadas, con un peso que ronda los 20 kilos, proceden de las canteras de Lessines y a finales del siglo XIX se clavaron en los caminos para facilitar el paso de carruajes en un terreno siempre embarrado. Ahora, esos bloques grises se degradan por el transito de tractores que recolectan remolacha en los meses de otoño. Cada año, Les Amis de Paris-Roubaix, con la ayuda de varios institutos de horticultura, reparan los tramos dañados. Sin ellos, esas impagables imágenes del Bosque de Arenberg, Mons en Pévèle o Carrefour d l'Arbre serían imposibles. Al mando de ese atípico ejército figura Pascal Sergent (Roubaix, 1958), ex ciclista aficionado que desde 2025 ejerce como presidente de esa asociación y que ahora explica para EL MUNDO la labor y la filosofía de los guardianes de los adoquines.

Se entiende que el mantenimiento de las calzadas de adoquines supone un enorme esfuerzo humano y organizativo.
Para mí, la París-Roubaix es una dedicación constante durante todo el año desde hace décadas. Tengo 68 años, con ocho asistí por primera vez a la llegada de la carrera, en 1966, y desde entonces sólo he faltado a la edición de 1999, ganada por mi amigo Andrea Tafi. Tengo el honor de presidir la asociación Les Amis de Paris-Roubaix. Nosotros consideramos un deber preservar los tramos de adoquines para garantizar el futuro de esta carrera emblemática.

¿Cuántas personas integran su grupo y de qué nacionalidades son?
Contamos con cerca de 300 miembros, repartidos por todo el mundo, aunque quienes trabajan directamente en la conservación de los adoquines son principalmente franceses y belgas. Estas personas dedican entre 20 y 30 días al año a las labores de restauración. Junto con ASO (organizador de la carrera) definimos las prioridades de intervención en los distintos sectores.
¿Reciben ayudas públicas o donaciones de aficionados y ciclistas?
Efectivamente, contamos con el respaldo financiero de ASO y de diversas instituciones públicas, en particular de la Región Hauts-de-France. Las cuotas de los socios también contribuyen a financiar los trabajos. Además, publicamos entre tres y cuatro números anuales de nuestra revista, Le Haut du Pavé, que se distribuye entre los miembros.
¿La París-Roubaix supone muchos sacrificios personales o familiares?
. Para mí no es un sacrificio, sino una elección plenamente consciente, aunque exija una dedicación considerable. También invierto mucho tiempo en la investigación y recopilación de archivos históricos. Soy autor de alrededor de 60 libros, de los cuales cerca de 15 están dedicados a la París-Roubaix. Es una labor exigente, pero impulsada por la pasión.
Usted es uno de los últimos románticos del ciclismo. ¿Qué le aporta y qué valores transmite este deporte?
¿Romántico? No sabría decirlo, pero lo cierto es que el ciclismo y su historia me apasionan. Es un deporte que transmite valores fundamentales, como respeto, esfuerzo o exigencia personal.
Dos especialistas repone un tramo de la París-Roubaix.

Dos especialistas repone un tramo de la París-Roubaix.LES AMIS DE PARIS-ROUBAIX

Les Amis de Paris-Roubaix también gestionan un museo, situado en el emblemático velódromo de final de la carrera, con bicicletas, maillots, libros, trozos de adoquines y fotos de históricos ganadores, como Eddy Merckx, Fabian Cancellara o Johan Museeuw. La prueba, nacida en 1896, sólo se dejó de disputar en ocho ediciones debido a las dos guerras mundiales y la pandemia de covid. El récord de victorias (cuatro) lo comparten los belgas Tom Boonen y Roger De Vlaeminck. Este domingo, Mathieu van der Poel pretende igualar ese registro y convertirse en el primero en sumar cuatro triunfos consecutivos.

En su opinión, ¿cuál ha sido la victoria más épica, emocionante o espectacular en la París-Roubaix?
La respuesta no es única. Desde una perspectiva histórica, ha habido grandes campeones y ediciones memorables. Puedo mencionar a Charles Crupelandt, único vencedor local (ganador en 1912 y 1914), Fausto Coppi, Rik van Looy, a De Vlaeminck o Merckx. En lo personal, destacaría la llegada de 1966, cuando yo tenía ocho años y junto a mi padre vi ganar a Felice Gimondi. Recuerdo las victorias de Franco Ballerini, un amigo muy cercano, en 1995 y 1998, y de Andrei Tchmil, otro amigo, en 1994. La París-Roubaix está llena de momentos profundamente emotivos. Ese es, precisamente, su encanto.
El último reto emocional de Van der Poel: ganar el Tour de Flandes justo 40 años después de la íncreíble hazaña de su padre

El último reto emocional de Van der Poel: ganar el Tour de Flandes justo 40 años después de la íncreíble hazaña de su padre

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Con 10 años recolectó fresas y judías para comprarse su primera bicicleta. El barro, la arena y los adoquines moldearon al neerlandés Adrie van der Poel (Bergen op Zoom, 1959) para convertirse en un ciclista total. Profesional durante dos décadas, campeón de ruta y ciclocross, entrenador, director, organizador, conductor, auxiliar, mecánico... Es el padre de Mathieu, el fenómeno que se pelea con Tadej Pogacar en esta frenética primavera.

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Adrie fue uno de los clasicómanos de referencia de la década de los 80. Vencedor del Tour de Flandes, la Ronde van Vlaanderen, el Monumento de los brutales muros de pavés. Ganó la edición de 1986, y ahora su hijo, 40 años después, pretende rendirle tributo cabalístico con una victoria. Es la recompensa a tanto esfuerzo y dedicación. Él fue quien le llevó por primera vez a una carrera, cuando sólo tenía seis años. Fue su entrenador hasta los 24 años, el que le moldeó para imponerse tres veces en Flandes (2020, 2022 y 2024). Este domingo, Mathieu espera frenar a Pogacar, que busca su tercera victoria consecutiva.

La edición del Tour de Flandes conquistada por Adrie van der Poel (6 de abril de 1986) fue terrible. Un suplicio de 275 kilómetros, con frío y viento, que duró mas de siete horas y 10 minutos. De los 200 valientes que tomaron la salida en Sint-Niklaas, sólo 40 llegaron a la meta de Meerbeke. Las rampas empedradas de Oude Kwaremont, Eikenberg, Koppenberg, Brendries y Kapelmuur destrozaron el pelotón. A falta de 30 kilómetros para la meta, después de una ofensiva inútil de Greg Lemond, se marcharon el belga Eddy Planckaert y el canadiense Steve Bauer. Contra pronóstico, el rodador del Panasonic desfalleció y el norteamericano se quedo solo en cabeza.

A ocho kilómetros de la llegada, ya en el tramo llano y sin pavés, saltaron del pelotón el irlandés Sean Kelly y el belga Jean-Philippe Vandenbrande. Poco después se unió a ellos Van der Poel. El trío neutralizó a Bauer y el cuarteto avanzó impulsado por la potencia de Kelly, que destacaba por el luminoso color amarillo del maillot del Kas.

Mathieu van der Poel, ganador el pasado lunes en la E3 Saxo Classic.

Mathieu van der Poel, ganador el pasado lunes en la E3 Saxo Classic.EFE

Sean Kelly era el gran favorito, dos semanas atrás se había impuesto en la Milán-San Remo. El irlandés y el generoso Vandenbrande hicieron todo el trabajo. Van der Poel viajó a cola de grupo, sin dar un relevo, reservando energías. Por detrás apretaba un grupo de lobos, con Claude Criquelion, Van Holen, Hennie Kuiper, Yvon Madiot, Bruno Leali, De Wolf y Eric Vanderaerden, a menos de un minuto. Los cuatro fugados consiguieron mantener la renta y se presentaron en la recta final con un margen de 30 segundos. Kelly no abandonaba la punta de lanza. A falta de 400 metros, Van der Poel se colocó a la estela del poderoso irlandés, que sprintó pegado a las vallas, por la derecha de la calzada. A falta de 100 metros, Van der Poel le superó por la izquierda y le batió ante el asombro de todos.

El neerlandés, que el año anterior se había impuesto en Clásica de San Sebastián y en la Flecha Brabanzona, se exhibió en su prueba predilecta, la que siempre soñó ganar cuando se compró aquella bici recogiendo los frutos del campo. Fue el triunfo de la inteligencia táctica. «No era el más fuerte en las subidas, así que esperé mi momento. Sabía que si llegábamos en un grupo pequeño, podía ganar al sprint. Los favoritos se vigilaban demasiado, y eso me dio mi oportunidad», explicó el hijo del granjero.

La conquista de la Ronde van Vlaanderen sirvió como rampa de lanzamiento de una sobresaliente carrera como sprinter y rodador, con medio centenar de triunfos en sus 20 años como profesional, desde 1981 hasta el 2000. Tras vencer en Flandes, en enero de 1987 conoció a Corinne, la hija de Raymond Poulidor, en una discoteca de Martinica. Poco después se casaría con ella y tendría dos hijos, David (nacido en junio de 1992) y Mathieu (junio 1995).

En Flandes fue tercero en 1988 y en ese mismo año se anotó su segundo Monumento, la Lieja-Bastoña-Lieja. Fue primero en la Amstel-Gold Race de 1990, en la París-Tours de 1987 y en el Campeonato de ruta de su país de 1987. Ganó etapas en el Tour de Francia (dos, fue líder en la cuarta etapa de 1984), París-Niza, Tirreno-Adriático, Dauphiné o Vuelta a Andalucía. En 1996, con 37 años, ya siendo yerno y padre de corredores, se anotó el Campeonato del mundo de ciclocross. El ciclista absoluto al que ahora su hijo quiere homenajear y cerrar el círculo en el lugar donde comenzó todo hace 40 años.

Tadej Pogacar alarga su leyenda y vence en la Milán-San Remo, la clásica que le obsesionaba

Tadej Pogacar alarga su leyenda y vence en la Milán-San Remo, la clásica que le obsesionaba

Sólo los genios transforman lo cotidiano en extraordinario. Sólo los prodigios rompen la barrera de lo imposible. Tadej Pogacar es una bendición para los sentidos, un héroe de lo ilógico. El esloveno derrotó este sábado a sus fantasmas y se impuso en la Milán-San Remo, el primer Monumento de la temporada, la clásica que siempre le frustó. La carrera que preparó como nunca, la que le obsesiona. ''Prefiero ganar una Milán-San Remo a seis Tour de Francia'', había declarado en la víspera.

Una victoria memorable cimentada en un una extraordinaria labor de desgaste de sus enemigos y también con pincelada épica. A 32 kilómetros de la meta sufrió una caída, lastimándose el costado izquierdo. Una contrariedad que no impdió que ejecutara uno de esas acometidas antológicas que todos los rivales temen y encandilan al público. Atacó el fenómeno en la subida de la Cipressa y sólo le aguantaron Tom Pidcock y Mathieu van der Poel, a los que luego castigó en un final frenético.

La Classicissima, como no podía ser de otra forma, arrancó a toda velocidad, con una escapada suicida generada a 288 kilómetros, en la que se metieron David Lozano (Novo Nordisk), Martin Marcellusi, Manuele Tarozzi (Bardiani CSF 7 Saber), Lorenzo Milesi, Manlio Moro (Movistar), Andrea Peron,Alexy Faure Prost (Picnic PostNL), Dario Igor Belletta y Mirco Maestri (Polti VisitMalta). Nueve aventureros que tuvieron una máxima renta de siete minutos. En ese comienzo vertiginoso, Pogacar perdió a uno de sus escuderos más cualificados, Jan Christen, por una caída.

Caídas y damnificados

Fuegos de artificio hasta que, a falta de 40 kilómetros, el pelotón, comandado por el UAE y el Alpecin, incrementó el ritmo con una intensidad asfixiante. Un nervisionismo que provocó una nueva caída, con Kwiatkowski y Pidcock entre los damnificados, y otra que atrapó a Pogacar a 32 kilómetros de la meta.

Entonces saltaron todas las alarmas, pero Pogacar se recompuso y ordenó a su equipo acelerar para así eliminar a rodadores y velocistas en el tramo final. Ahí apareció la figura de Isaac del Toro abriendo huecos en cabeza y lanzando a Pogi en el ascenso a la Cipressa (5,6 kilómetros al 4,1% de desnivel). Allí el esloveno apretó como lo ha había hecho en los entrenamientos en solitario y tras moto con tres ataques demoledores. Sólo le siguieron Pidcock y Van der Poel. En su ímpetu, Pogacar batió el récord de la subida a la Cipressa, con 8.47 minutos.

En el descenso mantuvo la intensidad, en el llano, camino del Poggio (tres kilómetros al 3,7% de desnivel), dejó descolgado a Van der Poel (último ganador). En la bajada hacia la Via Roma de San Remo no pudo desprenderse de Pidcock. Pero en un sprint de coraje y poderío superó al británico y saldó una deuda con la historia y consigo mismo.

Pogacar rompe esquemas. Ésta era la clásica más complicada para él, porque su perfil no era lo suficientemente duro como para provocar la eliminación de los rivales más veloces.

Involvidable momento

"No es la victoria más bonita de mi carrera porque tengo que curarme las heridas...Estoy muy feliz de estar aquí, de haber ganado. Tengo muchas emociones ahora mismo", declaró Pogacar tras imponerse en la llegada de Via Roma.

"Nunca sabes qué puede pasar después de una larga carrera. Parecía que Pidcock estaba en gran forma todo el recorrido. No tengo muchas experiencias en esprint y menos contra él, sabía que iba a ser difícil... quiero felicitarle a él y a su equipo... Necesito un momento para darme cuenta de esto", dijo emocionado.

Una victoria que lleva aparejada una gran carga emotiva e histórica. El triunfo se produce 50 años después de la última exhibición de Eddy Merckx en la clásica italiana, el preludio de la despedida del belga. También se cumplen 80 años del primer éxito de Fausto Coppi en la Classicissima, en 1946, la primera edición tras el paréntesis provocada por la Segunda Guerra Mundial.

Pogacar venció con el maillot arcoiris del campeón del mundo, algo que antes sólo lo habían conseguido Alfredo Binda (1931), Eddy Merckx (1972 y 1975), Felice Gimondi (1974) y Guiseppe Saronni (1983) .

Ya suma 11 Monumentos, es el segundo del ránking histórico, empatado con Roger de Vlaeminck. El líder es Merckx, con 19.

El próximo objetivo es la conquista de la París-Roubaix (12 de abril), el último Monumento que falta en su insigne colección. En el Tour de Flandes ha vencido en dos ocasiones; en la Lieja-Bastoña-Lieja, en tres; y en el Giro de Lombardía, en cinco. Los únicos que se han impuesto en las cinco grandes clásicas han sido Merckx, De Vlaeminck y Rick Van Looy. El mágico trío belga, al que ahora se quiere unir el prodigioso esloveno.

Milán-San Remo: la obsesión de Pogacar que 'resucitó' a Merckx hace 50 años y encumbró a Coppi con una epopeya irrepetible

Milán-San Remo: la obsesión de Pogacar que ‘resucitó’ a Merckx hace 50 años y encumbró a Coppi con una epopeya irrepetible

La gran obsesión del nuevo prodigio del ciclismo es la Milán-San Remo. La Classicissima frustra a Tadej Pogacar. Dos veces ha sido tercero y este sábado persigue terminar con la maldición, para ello se ha preparado como nunca con entrenamientos grupales, tras moto e individuales en las cotas de Poggio y Cipressa. Unas subidas en las que imprimirá un ritmo diabólico para desprenderse, tras completar un recorrido de 298 kilómetros, de los velocistas y presentarse en solitario en la meta de Via Roma.

Esa estrategia de eliminación la ha desarrollado en las dos últimas ediciones, pero fracasó ante la resistencia de Mathieu van der Poel -el fenómeno neerlandés persigue su tercera victoria-, Filippo Ganna, Jasper Philipsen y Michael Mattheus.

Pogacar se ha obcecado con el primer Monumento de la temporada, destinado al lucimiento de sprinters y rodadores. Un escalador de tronío quiere demostrar que es capaz de imponerse en terreno hostil y para ello ha trabajado tozudamente. Tiene memorizado cada curva, bordillo, bache y pendiente del Poggio y Cipressa, a 22 kilómetos de la llegada. Algunos de sus rivales creen que podría ataca en Capo Berta, un ascensión a falta de 40 kilómetros. Una temeridad. .

Milán-San Remo y París-Roubaix (más adecuada a sus características) son los únicos Monumentos que faltan en su espléndido palmarés. El esloveno suma dos Tour de Flandes, tres Lieja-Bastoña-Lieja y cinco Giros de Lombardía.

La cita que obsesiona a Pogacar marcó el destino de Eddy Merckx (espejo en el que se mira) y de Fausto Coppi.

Eddy Merckx, ganador de la Milán-San Remo de 1976.

Eddy Merckx, ganador de la Milán-San Remo de 1976.EM

El belga (el sprinter que mejor ascendía y el escalador más veloz) se anotó la Milán-San Remo en siete de las 10 ocasiones en las que participó. Récord absoluto de triunfos. Ganó en las ediciones de 1966, 1967, 1969, 1971, 1972, 1975 y 1976. La última, hace justo 50 años, fue inolvidable para El Caníbal. Se presentó a la salida con la intención de ratificar que su ciclo no estaba finiquitado. En el Tour de 1975 había fracasado en su objetivo de sumar la sexta victoria. Claudicó ante el francés Bernard Thévenet en una ronda en la que se cayó y sufrió la agresión de un espectador.

Esta semana, en la Gazzeta dello Sport, recordaba su postrero éxito en San Remo. «Entonces quise demostrar que no estaba acabado. Desde luego, mucha gente no esperaba mi triunfo. Lamenté que muchos periódicos escribieran: 'Merckx está acabado. Merckx ya no existe'. Demostré que aún no estaba muerto, a pesar de los problemas físicos que sufrí tras el accidente y las fracturas del Tour de 1975». Aquel 19 de marzo fue la última vez que ganó una clásica. Se retiró en 1978.

La Milán-San Remo nació el 14 de abril de 1907, con 290 kilómetros de recorrido. Sólo terminaron 14 de los 62 inscritos. Venció el francés Lucien Petit-Breton en una jornada infernal de frío y lluvia. La edición más cruel fue la 1910: sólo llegaron a la meta siete corredores, adheridros por el frío y la nieve, luego tres de ellos fueron descalificados por hacer trampas. Ganó el francés Eugène Christophe.

Coppi, vencedor de la Milán-San Remo de 1949.

Coppi, vencedor de la Milán-San Remo de 1949.GETTY

La gran gesta la firmó Fausto Coppi en 1946, la primera carrera tras el paréntesis provocado por la Segunda Guerra Mundial. En una Italia deprimida por la contienda bélica, el ciclismo suponía un nexo de unión y rearme moral. Coppi, junto a otros cuatro corredores, atacó a 200 kilómetros de meta. A Falta de 147 km se quedó sin compañía. Durante cuatro horas pedaleó en solitario y se presentó en la meta con 14 minutos de ventaja sobre el segundo. Aquella heroicidad de Il Campionissimo impulsó la reconstrucción anímica del país.

La Milán-San Remo, una clásica de epopeyas que obsesiona a Pogacar, coleccionista inagotable de hazañas.

''¿A qué no tienes cojones?'', la provocación que despertó a Isaac del Toro antes de vencer en la Tirreno-Adriático y superar en precocidad a Pogacar

”¿A qué no tienes cojones?”, la provocación que despertó a Isaac del Toro antes de vencer en la Tirreno-Adriático y superar en precocidad a Pogacar

«¿A qué no tienes cojones de salir y ganar la etapa?». Un preparador del UAE desafiaba a Isaac del Toro en la salida de la segunda etapa del Tour Down Under de 2024. Cuatro horas después, el chaval (entonces 20 años y debutante en una prueba UCI World Tour) se imponía a Corbin Strong y Biniam Girmay en la meta de Lobethal. «A un mexicano nunca le digas que no tiene cojones», exclamó el fino corredor al técnico que le había provocado con la intención descubrir si atesoraba coraje y gen ganador. «En ese momento comprendí que Del Toro estaba hecho de una pasta especial», recuerda el auxiliar, que ahora se congratula con la progresión y el fenomenal inicio de temporada del escudero de Tadej Pogacar.

Isaac del Toro se anotó este domingo la general de la Tirreno-Adriático, ronda en la que también conquistó la etapa reina. Un triunfo que se une al conseguido en el Tour de UAE (general y dos jornadas). Nadie supera al mexicano en este curso. Con 22 años y cuatro meses ya acumula 26 victorias, un registro sólo al alcance de los privilegiados. A su edad, Pogi tenía 21.

«Ha aprendido rápido en el espejo de Pogacar», dicen los preparadores de UAE. El mexicano, que perdió el último Giro de Italia por un error de juventud, crece como nadie. Escala con soltura y es veloz en finales en rampa, fue tercero en la última Strade Bianche. Se parece al genial esloveno, a quien auxiliará el próximo sábado en las ascensiones a la Cipressa y al Poggio de la obsesiva Milán-San Remo. En La Classicissima volverá a vigilará a Van der Poel, ganador de dos etapas en Tirreno-Adriático y que este domingo agitó al pelotón un ataque a falta del 90 kilómetros para la meta. El neerlandés, que el pasado mes se anotó la Omloop Niewsblad, es el gran adversario de Pogacar en esta primavera de esprines, rampas y adoquines.

Del Toro cautiva por su descaro y polivalencia. En la ronda de los dos mares supo controlar los contragolpes de Matteo Jorgenson (segundo) Giulio Pellizzari, (tercero) y Primoz Roglic. Marca tendencia y desconoce sus límites. Quizás debería seguir adornando su palmarés lejos de la sombra de Pogacar, que se anotó su primera Trirreno-Adriático en 2021, con 22 años y seis meses (60 días más que el mexicano).

En la clausura de este domingo nunca perdió la compostura a pesar de las acometidas de una rivales que intentaron buscar la debilidad del líder del UAE en los últimos kilómetros de la meta de San Benedetto del Tronto, donde el italiano Jonathan Milan impuso su punta de velocidad. Del Toro quedó cortado en el último tramo por una caída de varios corredores, pero no le contaron tiempo perdido debido a que el incidente se produjo en la zona de seguridad de los últimos tres kilómetros.

Van der Poel, las dudas del "mejor de todos los tiempos" tras su octavo Mundial: "Cuando el resto está entrenando con el sol de Benidorm, sin estrés, él está aquí pegándose palos, pasando frío y caídas"

Van der Poel, las dudas del “mejor de todos los tiempos” tras su octavo Mundial: “Cuando el resto está entrenando con el sol de Benidorm, sin estrés, él está aquí pegándose palos, pasando frío y caídas”

En el barro holandés de Hulst, a apenas 40 kilómetros de Amberes y el Kapellen natal de Mathieu van der Poel -neerlandés él nacido en Bélgica, residente gran parte del año en el pueblo alicantino de Moraira y de ilustre abuelo francés, Raymond Poulidor- no hubo resquicio a la duda. El ciclocross presenció la constatación de quien lo dominó como nadie. Fue otra victoria sin emoción, la 51 consecutiva (gana todo lo que corre desde enero de 2024), la 12ª de esta temporada, la que le coronaba como campeón del mundo por octava vez. La que le hacía superar al único que le discutía la honorífica corona de mejor de todos los tiempos.

Para saber más

Erick De Vlaeminck, fallecido hace 11 años, era el rey, el pionero. «Todos somos sus hijos», pronunció quien le sucedió después. El mismo Sven Nys que ahora se rinde a la evidencia, al rival de su propio hijo, tercero Thibau el domingo: «Habría que amputarle una pierna a Van der Poel para que perdiera este Mundial». «Sólo nos queda disfrutarlo. La gente nos dice: 'Sales a no ganar'. Pero es que es el mejor corredor de la historia. Yo podré decir: competí contra el mejor de todos los tiempos», reconoce a EL MUNDO Felipe Orts, heroico y meritorio séptimo puesto el suyo después de sufrir días antes de la prueba un virus estomacal y de tener que remontar varias posiciones tras una complicada salida.

«Es que es el mejor en todo», insiste el de Villajoyosa. «Es el más fuerte, es el más técnico, es el más rápido... No se le puede meter mano por ningún sitio. Incluso con averías nos ha ganado... No tiene un punto más, tiene dos o tres. Está completamente a otro nivel. Se acaban los calificativos», sigue, recordando lo que sucedió hace unos días en la carrera de Maasmechelen. Van der Poel pinchó hasta dos veces. Pero también ganó.

Desafíos más extremos

Es cierto que todavía hay un reto que Mathieu no ha superado en esa especialidad en la que se forjó desde niño. Su compatriota Marianne Vos también presume de ocho coronas mundiales. Aunque la cuestión ahora, deslizada por él mismo -«quizás no sea mala idea saltarme un invierno porque estar aquí siempre supone el primer pico de mi temporada, no sólo a nivel físico sino también mental»-, es si su hambre se mantendrá o si aparcará, por un año o para siempre y por primera vez, sus pujas en el ciclocross. Porque los desafíos llegan más allá del barro y cada vez son más extremos.

Casi sin tiempo de transición, acuden las clásicas, el territorio donde también presume de ser único pero en el que le ha surgido el peor rival posible. A Tadej Pogacar le apetece más, por ejemplo, estrenarse en Roubaix que ganar su quinto Tour. «Si tuviera que elegir...». Y «cuando el resto de los ciclistas están tranquilamente entrenando con el sol de Benidorm, sin estrés, él está aquí pegándose palos, pasando frío y caídas», pone de manifiesto Orts, que le desliza un consejo: «Lo que yo haría en su caso, para que no se le alargara la temporada, sería rebajarlo. Intentaría correr las últimas carreras y asaltar el Mundial cada año».

Del Grosso, Van der Poel y Nys, en el podio del Mundial.

Del Grosso, Van der Poel y Nys, en el podio del Mundial.AFP

Van der Poel necesita un triunfo más en Roubaix para alcanzar a Tom Boonen y Roger De Vlaeminck (hermano de Erick) en el palmarés. Pero, después de tres victorias consecutivas, siente como la amenaza de Pogacar en los adoquines es cada vez más intensa y mayor su preparación. ¿Le hubiera derrotado hace un año de no ser por esa caída del esloveno? En el Viejo Quaremont, en Flandes, Poggi le aplicó una cura de humildad al neerlandés (igualado con tres coronas con seis ciclistas más: Cancellara, Boonen, Museeuw, Leman, Magni y Buysse). Y en la Milán-San Remo, quizá la más difícil de todas para él, tampoco el del UAE estuvo lejos.

«Siempre pienso en dos cosas: intentar llegar en la mejor forma posible a estos Campeonatos del Mundo y, además, que la temporada de ruta ya está cerca. Me estoy acercando más al final que al principio de mi carrera. En el fondo, pienso en Flandes y Roubaix. Esas son las carreras en las que también podría escribir historia. Todavía me quedan un par de años, así que haré todo lo posible para que funcione», declaró Mathieu antes de Hulst.

Entre un invierno al sol en el Mediterráneo o con frío y barro en centro Europa. Entre celebrar en los carteles de los pueblos españoles durante los entrenamientos con el «Siuu de Ronaldo» o hacerlo haciendo (más) historia en el ciclocross. Al tirano Van der Poel le empiezan a surgir dudas cumplidos los 31.

La tiranía de Van der Poel: conquista su octavo mundial de ciclocross

La tiranía de Van der Poel: conquista su octavo mundial de ciclocross

Por si no estaba suficientemente claro durante todos estos años, Mathieu van der Poel justificó con su octavo entorchado mundial, cuarto consecutivo, su título oficioso de mejor corredor de ciclocross de la historia. Superaba así a otra leyenda de la especialidad, Erik de Vlaeminck, que se enfundó siete veces el arcoíris. Tibor del Grosso, su compatriota neerlandés, y el belga Thibau Nys completaron el podio.

El circuito de 3,3 kms., en Hulst (Países Bajos), se las traía con un inusual desnivel acumulado de 40 metros, numerosas zonas de pateo, pontones, puentes, tablones y un tramo de escaleras con 22 peldaños. Dos ascensiones empinadas complicaban los descensos y, sobre todo, los ascensos, que obligaban a veces a poner pie a tierra. El terreno estaba algo pesado, aunque en absoluto pegajoso. La lluvia empezó a caer cuando la carrera concluía y manchó a los corredores con esas máculas de barro que gusta ver en las rudas pruebas de ciclocross.

La carrera, como se preveía, fue un concierto para una sola nota con un único instrumentista. En el comienzo de la segunda vuelta, Van der Poel soltó a Del Grosso y Nys. El trío se había despegado casi en el acto del resto de los participantes, entre ellos Felipe Orts, que, conscientes de quienes mandaban, los tres máximos favoritos, ya sólo pensaban en hacer un top-10.

...Y no hay mucho más que decir... Van der Poel hacía su victoriosa vida por delante de los de los demás. Ausente Van Aert, cuando él corre se sobreentiende que sólo un accidente en forma de caída o avería mecánica, puede privarle del éxito. No se produjo y -un canto a la genética- el ilustre nieto de Raymond Poulidor e hijo de Adrie van der Poel abrochó el triunfo, el decimotercero en 13 carreras de una temporada en la que se ha mostrado imbatible.

Por detrás de él, Nys y Del Grosso alteraban las posiciones en función de un titubeo aquí, una pequeña debilidad allá, una curva mal trazada o un resbalón. Nys casi se va al suelo en plena pugna con su compañero de fatigas, y el Del Grosso aprovechó para alejarse y atrapar el segundo puesto a 35 segundos de un Van der Poel que había bajado el pistón para no exponerse a un percance de última hora. Nys fue tercero a 46. Felipe Orts, que se había retrasado en la salida, terminó en séptima posición, a 1:04 de Van der Poel. Es más o menos el puesto que le corresponde en la corte del rey Mathieu.

Un Van der Poel inabordable: récord de 51 victorias en la Copa del Mundo de ciclocross

Un Van der Poel inabordable: récord de 51 victorias en la Copa del Mundo de ciclocross

Mathieu van der Poel tenía un interés especial en ganar en Hoogerheide, en la Copa del Mundo de ciclocross. La carrera llevaba el nombre de su padre, Adrie. Pensado y hecho. Mathieu dominó con su suficiencia crónica la prueba. Esperó, tranquilo, a la tercera de las nueve vueltas para pegar el hachazo de rigor y abandonar el grupo que, enfilado, serpenteaba por el circuito.

Como siempre, hubo dos carreras. La primera, con un solo hombre. La segunda, con todos los demás y con los nombres habituales peleando por el podio en, esta vez, una infrecuente aglomeración. Una curiosa estampa en el ciclocross, que se caracteriza por la diseminación de los corredores.

En homenaje a su padre, Mathieu se esforzó especialmente. Lo habitual es que, conseguida una sustancial ventaja, se relaje un poco al final. En esta ocasión, mantuvo un ritmo altísimo y terminó con 1:20 de ventaja sobre Tibor del Grosso, Niels Vandeputte y Thibau Nys. Felipe Orts pasó por meta en la sexta posición.

Van der Poel, inabordable durante toda la temporada, obtuvo su duodécimo triunfo de la campaña y, de paso, un récord de 51 victorias en la Copa del Mundo. Se apresta, además, a apropiarse de otro récord. El próximo domingo perseguirá su octavo título mundial. Su condición de favorito es absoluta.

Van der Poel derrota a Van Aert en su primer duelo en la Copa del Mundo de ciclocross

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Llegó el día esperado con impaciencia por el aficionado: el primer duelo entre Mathieu van der Poel y Wout van Aert en la temporada 2025-2026 de ciclocross. Ha sido en Amberes (Antwerpen), en la quinta escala de la Copa del Mundo. Era un enfrentamiento, no obstante, desigual. Van der Poel venía de ganar, en su estreno en la Copa, hace una semana, en Namur, y Van Aert no se había subido en competición a la bicicleta desde finales de septiembre.

Así los precedentes, en un circuito sin barro, pero sí con pantanos secos de arena, VDP tomó la iniciativa desde la primera de las ocho vueltas programadas. Formó un trío con sus compatriotas Tibor del Grosso y Joris Nieuwenhuis. Poco a poco, a su ritmo, los fue dejando atrás, mientras la prueba, lejos de él, allá en el remoto horizonte de las curvas y las cuestas, experimentaba sus propios y continuos cambios. Pasaron algunas cosas relevantes. Entre ellas que Van Aert pinchó la rueda delantera cuando iba tercero y retrocedió hasta el noveno lugar.

También que Thibau Nys, el líder de la Copa del Mundo, sufrió muy pronto un enganchón que, en medio de la barahúnda general del comienzo de este tipo de carreras, lo descabaló. Acabó mandándolo, pese a sus esfuerzos, al puesto 23, a 3:23 de un Van der Poel que, fuerte y técnico, aunque pinchó en la rueda de atrás, alzó los brazos en la meta tras cambiar de máquina.

Los belgas Laurens Sweeck y Émiel Verstrynge habían ido ganando puestos como hormiguitas y terminaron, respectivamente, segundo y tercero. Sweeck pasa a liderar la Copa del Mundo. Van Aert, séptimo, por delante de Felipe Orts, duodécimo, ofreció buena imagen. Ha vuelto al combate y es de esperar que ofrezca resistencia a Van der Poel en las próximas carreras. Coincidirán en cuatro más: el día 22, en la categoría X20, en el Trofee Hofstade. También en X20, el 29, en el Trofee Loenhoot. El 2 de enero, en el Exact Cross Mol. Y, por último, de nuevo en la Copa del Mundo, el 4 en Zonhoven.

Aparte de esos encuentros, cada cual hará su propio calendario. Van der Poel todavía no ha decidido si acudirá a la cita de la Copa del Mundo con Benidorm, el 18 de enero. Van Aert, en principio, no lo hará. Van der Poel sí será de la partida en el Campeonato del Mundo, el 1 de febrero, en Hulst. Van Aert duda. Probablemente lo decidirá a tenor de cómo le vaya la temporada.

La Copa del Mundo reúne esta campaña 12 carreras. Comenzó en Tabor el 23 de noviembre y concluirá el 25 de enero en Hoogerheide.

Los secretos de Pogacar, el corredor sin límites: metabolismo prodigioso, exhibiciones sublimes y correr contra sí mismo y contra la historia

Los secretos de Pogacar, el corredor sin límites: metabolismo prodigioso, exhibiciones sublimes y correr contra sí mismo y contra la historia

«La superioridad de Pogacar radica en su prodigioso metabolismo. Cuando sus adversarios van a 8.000 revoluciones, él sigue a 3.000, por lo que le quedan más marchas que al resto. Su actividad mitocondrial, la que produce el lactato y da la energía al músculo, es extraordinaria. Yo no he visto a nadie con esos parámetros», el preparador y fisiólogo Iñigo San Millán apela a la ciencia para explicar el asombroso rendimiento de un ciclista de época. «Tadej es buenísimo, muy completo, pero lo más sobresaliente es su fortaleza mental. Siempre busca nuevos retos para motivarse», el técnico Joxean Fernández Matxin recurre a la psicología. «Cuando se retire, será recordado como el mejor de todos los tiempos», el ganador del Tour, Óscar Pereiro, señala la ambición. «Él está a otro nivel. No he visto a nadie igual», aporta el ciclista Pello Bilbao.

No existe un único secreto para entender la abrumadora supremacía del esloveno, que ya sólo corre para ser leyenda. Es el ciclista más soberbio del siglo XXI y lucha contra la referencia de Eddy Merckx. El Caníbal se antoja invencible en la acumulación numérica de trofeos: 279. Pogacar (27 años) suma 108. El belga cuenta con 11 triunfos en las tres grandes rondas (cinco Tours, cinco Giros y una Vuelta) y 64 etapas; el líder del UAE, cinco generales (cuatro Tours y un Giro) y 30 etapas.

Pero batir el récord de victorias no es el objetivo de Pogacar. Su misión es firmar las exhibiciones más sublimes. No se trata de ganar, sino de hacerlo de la forma más memorable, creando estilo y haciendo lo que nadie hizo: ganar un Mundial atacando a 100 kilómetros de la meta, sumar más triunfos consecutivos en el Giro de Lombardía (último Monumento del año), subir al podio en todas las cinco grandes clásicas en una temporada, brillar en adoquines y sterrato... En 2025 ha sellado su mejor curso, con 20 victorias, y ahora planifica nuevos desafíos para 2026.

«Todo el mundo se puede sentir único. Yo estoy muy satisfecho, porque he hecho mi mejor temporada, de largo. Para ello ha sido fundamental la ayuda de mi equipo», advierte Pogacar, un ciclista superlativo que, además, pertenece a un grupo arrasador. El UAE ha batido en esta campaña la plusmarca de victorias: se encuentra a sólo seis de las 100.

Repartir las migajas

Los rivales de Pogacar ya se han acostumbrado a compartir las migajas que él deja. Remco Evenepoel asume su condición de escolta en las pruebas de fondo. En este mes, el belga fue derrotado en las pruebas de ruta del Mundial y del Europeo y en la maravillosa última edición del Giro del Lombardía. El campeón del mundo de contrarreloj sabía cuándo y dónde iba a atacar Pogacar, pero fue incapaz de seguirle, como sucedió tantas veces. Para Remco, terminar segundo ya supone una victoria, así lo reflejó en la celebración del segundo puesto en la llegada a Bérgamo del pasado sábado.

Pogacar acumula una extensa y versátil nómina de récords de precocidad, de ataque lejanos y de ascensiones imbatibles. El sábado, en la zona en la que desprendió de sus enemigos, a 36 kilómetros de la meta del Giro de Lombardía, se superó a sí mismo. En la subida al Passo di Ganda, aclamado por un público extasiado, invirtió 21 minutos y 20 segundos, a 26 km/h. Mejoró en casi dos minutos sus tiempos en las ediciones de 2021 y 2023. Los analistas dicen que fue su mejor escalada del año y que fueron los 20 minutos más impresionantes de siempre.

Pogacar arrasa inventando dinámicas y estrategias. Con su precocidad (ganó su primer Tour con 21 años) instó a directores y preparadores a apostar con decisión por los jóvenes. A su estela han salido Evenepoel, Juan Ayuso, Isaac del Toro, Paul Seixas...

También crea escuela. Pogacar no sólo prescinde de esa táctica de atacar a tres kilómetros de la meta, sino que rompe con la tradición de los escaladores bailarines, que suben poniéndose de pie sobre los pedales. El esloveno también ataca sentado, cuestión de aerodinámica y cadencia de pedaleo. La geometría como aliada de un corredor que controla milimétricamente su nutrición y que aprende a combatir consigo mismo. Mientras que Merckx, Bernard Hinault o Fausto Coppi contaban con unos competidores de rango superior, Pogacar apenas dispone de contrincantes de altura, por eso necesita reinventarse y marcarse nuevos retos, como conquistar los dos Monumentos que le faltan (París- Roubaix y Milán-San Remo) y batir a rivales fisiológicamente más dotados para esos objetivos. En semejante ámbito, hasta Van der Poel se rinde ante Pogi: «Es realmente impresionante, todo lo hace fácil. No es Merckx, es Pogacar».

Tadej, un extraterrestre que carece de límites y que a todos encandila.