El jugador de baloncesto ucraniano de 17 años Volodímir Yermakov ha muerto en Düsseldorf al ser apuñalado este sábado junto con un compatriota que también jugaba en el equipo sub-19 del club ART Giants de esta ciudad alemana, según explicó la Federación de Baloncesto de Kiev en un comunicado.
“En la víspera de su próximo partido los jóvenes jugadores de baloncesto fueron atacados con cuchillos en la calle simplemente por el hecho de ser ucranianos”, se lee en el comunicado, en el que se explica que el otro jugador atacado, Artem Kozachenko, está en cuidados intensivos.
Los compañeros de equipo de los dos menores ucranianos pasaron la noche en el hospital, donde los médicos no pudieron salvar a Yermakov, según la fuente.
La nota de la federación explica que la Policía alemana está investigando el apuñalamiento.
Yermakov nació en 2006 y jugó con la selección sub-16 de Ucrania el Europeo de Baloncesto celebrado en Bulgaria en 2022.
La Federación de Baloncesto de Kiev ha enviado sus condolencias a sus padres y ha empezado una colecta para enviarles ayuda económica a través de una entidad bancaria ucraniana.
Según el portavoz del Ministerio de Exteriores ucraniano, Oleg Nikolenko, las autoridades alemanas han detenido a una persona como responsable del ataque. Nikolenko ha agregado que la vida del ucraniano herido no corre peligro.
Se suponía que Mateo Retegui (Buenos Aires, 1999) debía ser olímpico con la selección argentina de hockey hierba. Su padre Carlos había sido internacional y llegó a ser seleccionador del equipo femenino, y su madre, María de la Paz, fue campeona del mundo júnior. Lo llevaba en la sangre. Y lo más importante: tenía el talento para serlo. Pero a Mateo también le gustaba el fútbol. No siempre como primera opción, pero tenía cualidades para los dos deportes. El tiempo ha confirmado parte de las sospechas, porque Retegui es el Capocannoniere de la Serie A con el Atalanta y hoy se mide al Real Madrid. Eso sí, a nivel de selecciones no defiende a su país, sino a Italia, convencido por la Federación y olvidado por su país.
El niño Retegui entró en las categorías inferiores de River Plate, a las que llegó por su deseo infantil, y por el paterno, de triunfar en el mundo del fútbol, pero terminó dejando el club cuando su chip adolescente cambió para centrarse en el hockey hierba. Parecía destinado a labrarse un futuro lejos del balón, pero un día su padre se encontró en la playa con un ojeador de Boca Juniors y su carrera dio un vuelco para siempre. Porque sí, Retegui, que ha terminado cambiando Argentina por Italia, antes había cambiado River por Boca. Así es la vida.
Después de haber jugado al hockey durante dos años, su reinicio futbolístico, y en plena adolescencia, en Boca no fue fácil. Incluso lo quiso dejar de nuevo. «Vino a despedirse, y mientras su madre esperaba en el coche, le dije que era un cobarde», contó a ESPN, Diego Mazzilli, uno de los responsables de la cantera xeneize. Aquella frase le volvió a cambiar el chip.
Retegui, que era centrocampista, pasó a ser delantero centro. Marcó goles y aunque no debutó con el primer equipo, llamó la atención de otros clubes. A los 20 años, se fue cedido a Estudiantes, luego a Talleres y con 22 le fichó el mexicano Tigre. Ahí explotó. 19 goles en 26 partidos y la llamada de la Federación Italiana y de Roberto Mancini para olvidarse de Argentina y representar al país transalpino.
Un delantero argentino, jugador del Tigre mexicano, que casi deja el fútbol por el hockey hierba y que nunca había jugado en Europa, convertido en delantero estrella de la selección italiana de fútbol. La historia es de película. Y la razón, los abuelos maternos de Mateo, naturales de Canicattì, un pueblo de Sicilia.
Así que mientras su hermana Micaela saboreaba la medalla de plata conseguida un par de años antes en el torneo de hockey hierba de los Juegos Olímpicos de Tokio, Mateo aceptaba el reto italiano de Mancini. «Me recuerda a Batitstuta cuando era joven», dijo el técnico en su momento. Casi nada.
Retegui debutó con Italia el 23 de marzo. Lo hizo en el estadio del Naápoles y contra Inglaterra, por si fuera poco. Y marcó el único gol de su selección a los diez minutos de saltar al césped. Demostró lo que Italia necesitaba: gol y hambre.
En verano de 2023, el Genoa puso sobre la mesa del Tigre 15 millones de euros y Retegui cruzó el charco. Su evolución futbolística ha sido constante y contundente. Marcó siete goles en su primera campaña en la Serie A y Spalletti le llamó para la Eurocopa, convirtiéndose en el primer canterano de Boca Juniors en disputar el torneo europeo.
En Alemania, Retegui fue suplente en tres partidos, incluido el que le enfrentó a España, y titular en uno. No marcó, pero mostró virtudes. Tantas que el Atalanta se decidió a pagar 22 millones de euros por él tras la grave lesión de su delantero titular, Scamacca, que también era clave en la selección.
Bajo las órdenes de Gasperini, Retegui se ha convertido en el mejor goleador del campeonato italiano. Suma 12 goles en 15 partidos de Liga y dos tantos en los cinco disputados en Champions. El Atalanta es líder en Italia y en Europa y ya nadie se acuerda de Scamacca. Con la selección, ha marcado dos goles en los cuatro encuentros celebrados en los parones de este curso y apunta a titular en el futuro a corto y medio plazo. A sus 25 años, Retegui busca subir un nuevo escalón en el fútbol mundial. De River al hockey hierba, del hockey hierba a Boca, de Boca a Tigre, de Tigre a Europa... Y veremos.
El eje norte-sur sostiene al Madrid. El norte es Mbappé; el sur es Courtois. El primero marca los goles y el segundo valida el valor de esos goles, al impedir que el contrario los iguale. El la periferia del eje crecen algunos jugadores y decrecen otros. Crece Trent, convertido en lo más parecido a un kicker del fútbol americano, un pateador que siempre encuentra el norte, pero un norte en movimiento. La lesión que se produjo el inglés es un contratiempo en el peor momento, para sí mismo y para el equipo. Veremos. Decrece Güler, suplente en San Mamés en una situación extraña, como extraño fue su cambio en Girona. La diferencia es el resultado, un marcador contundente en un lugar difícil, menos hoy que en otras ocasiones, seamos claros. La victoria es una prueba de vida para Xabi Alonso, escondida todavía en el norte y el sur del Madrid. [Narración y estadísticas (0-3)]
Nada hay que reprochar al técnico, después de un ejercicio de dominio de los suyos, de los que mandan, porque el Madrid fue lo más jerárquico posible. Estaba Valverde, y estaba donde le gusta jugar, salvo por las necesidades del desenlace. Estaba Vinicius y estaba Bellingham, un paso adelante por la inclusión de Camavinga junto a Tchouaméni, y estaba Rüdiger, que ha regresado de su larga lesión sin contar los minutos. Camavinga desplazaba a Güler, uno de los pocos futbolistas que alumbran los espacios frente a defensas en formación, pero el tanto del francés carga el argumentario del técnico. No hay debate que se resista a los goles, aunque la lesión del francés, otra, devolverá protagonismo al turco.
Es posible que Xabi Alonso quisiera más físico frente aún rival que siempre propone duelos a cuerpo, pero la realidad es que esté Athletic no está para proponer muchas cosas, lejos de las mejores versiones que ha ofrecido con Ernesto Valverde. La impresión es que la exigente Champions lo ha desgastado y descolocado, y eso se paga siempre en la Liga.
opacado por el depredador
La debilidad defensiva, con muchas dudas, fue una prueba y quedó de manifiesto en los dos primeros goles del Madrid, con independencia de los méritos de Mbappé, que sorteó rivales como se sortean puertas de esquí para batir a Unai Simón. Trent lo habilitó en el espacio justo, por lo que algunos madridistas se fueron a felicitar al inglés, pero a partir de ahí los movimientos de Mbappé fueron inaccesibles, como si se evaporara, para culminar uno de los mejores tantos desde que está en el Madrid, aunque no el gol en el que haya tenido mayor oposición.
La defensa del Athletic estuvo contemplativa, tibia, y su portero no hizo un imposible. Antes y después, en cambio, evitó Unai Simón que los males fueran mayores, ante el propio Mbappé o en un mano a mano ganado a Vinicius, activo en el arranque, pero irremediablemente cada vez más opacado por el depredador que tiene a su lado. Es inevitable. El día que toma la iniciativa, como sucedió en Atenas, Mbappé logró cuatro goles. Continúa.
El segundo gol de los blancos, obra de Camavinga, con dos cabezazos en el área ganados por los visitantes, y el tercero, en el que Mbappé tuvo tiempo para mirar, medir y disparar, sin que Vivian pusiera la cabeza donde debía ponerla, ahondaron en la debilidad local.
El cabezazo de Camavinga que valió el 0-2 en San Mamés.EFE
En ataque, asimismo, le faltaron al Athletic tramos de alto ritmo de juego, aunque cazó acciones aisladas, gracias a segundas jugadas, en las que Courtois resultó fundamental, frente a Guruzeta, Berenguer o Jauregizar, en momentos importantes, sin que el marcador tuviera todavía la claridad del desenlace. Nico Williams tampoco consiguió poner en valor su explosión y ganar duelos individuales.
Zurcidos tras las lesiones
Ernesto Valverde intentó poner más agresividad tras el descanso con el recurso de Unai Gómez, pero no le sirvió para cambiar el escenario. Militao, Tchouaméni, Carreras o Camavinga eran ganadores de los duelos individuales, una especialidad habitual del Athletic debido a la intensidad que suele imponer en San Mamés. Ahora no está para eso.
El segundo gol de Mbappé, tercero del Madrid, tranquilizó a Xabi Alonso, que hasta entonces había tenido que zurcir al equipo por las lesiones. Primero al colocar a Asencio en el lateral derecho, por Trent, y a Güler por Camavinga. A partir de ahí, llegó el momento de pensar en lo que viene, el Celta y, especialmente, el City de Pep Guardiola, en el Bernabéu. Entre los que se fueron estaban Vinicius, Mbappé y Militao, jugadores indispensables.
En el caso del brasileño, además, quizás para evitar males mayores, ya que Vini hizo un feo gesto a la grada, al mostrar tres dedos en señal de la goleada. Se retiró de San Mamés al grito de «¡Tonto, tonto!». Tan feo como lo que había hecho. El Madrid lo necesita en su mejor versión, porque lo de San Mamés es sólo una prueba de vida. Si tiene dudas, que pregunte a Mbappé.