Dos fogonazos, uno de Mbappé y una genialidad de Modric, salvaron al Real Madrid de una derrota muy tóxica. El equipo de Ancelotti siempre puede jugar peor, sea cual sea el enemigo. Y sólo se salvan los grises-morados con un par de destellos. El Madrid actual es una calamidad.
A veces, me pregunto si este equipo es el campeón de Europa. Es imposible. Es una blanca palidez del año pasado. Cada vez más perjudicado por los estúpidos inventos de Ancel
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El segundo hat-trick más rápido en la historia de la Champions League revivió al Real Madrid en el infierno griego de Atenas. Lo hizo Kylian Mbappé, claro, en seis minutos y 42 segundos, 30 más lento que Mo Salah (6:13 en 2022 contra el Rangers). Los goles del delantero francés descruzaron los brazos de Xabi Alonso, inmóvil después del inicial de Chiquinho para el Olympiacos. "Me quedo con los tres puntos y con las cosas que han pasado dentro del vestuario, con la unión y la implicación de los jugadores", admitió el técnico tolosarra.
Durante 14 minutos, entre el ocho y el 22, el conjunto blanco perdió en Grecia, ampliando su crisis de resultados y sensaciones y situando a este proyecto al borde del precipicio. Ahí surgieron los futbolistas. Arda Güler, Fede Valverde y Vinicius trataron de animar a sus compañeros, aplaudiendo, pidiendo calma y reclamando más combinaciones.
En unos minutos, el estadio Georgios Karaiskakis fue testigo de la reacción madridista, digna de un equipo que, a pesar de las críticas de los últimos días y de las dudas y problemas que han ido surgiendo estos meses, no se dejó llevar. Vinicius, en una de sus mejores versiones, Güler y Camavinga asistieron a Mbappé y el proyecto de Alonso resistió.
"Debemos estar juntos"
"Yo veo bien al equipo, pero claro que hay cosas que mejorar. Cuando juegas en un club como el Madrid es normal que la gente hable. Los jugadores tenemos que proteger al entrenador. Debemos estar juntos", reflexionó Mbappé en el césped del estadio. A unos metros, Camavinga también defendió a su entrenador: "Estamos más unidos que nunca. Haremos todo por ganar y por ayudar al míster. El resto son cosas de la prensa".
El Marriot de Atenas acogió a la expedición del Madrid, sin Florentino Pérez pero con José Ángel Sánchez, director general, al mando. Era un viaje demasiado largo para el presidente, que ya no se suma a vuelos de larga distancia en fase de grupos, pero la llamada admitida por Xabi Alonso en la previa descubrió un punto de apoyo hacia el técnico.
Todavía en el hotel, las molestias de Jude Bellingham en el sóleo dejaban un ataque con menos colapso que otras veces. Alonso apostó por Tchouaméni, Camavinga, Valverde y Vinicius, suplentes todos contra el Elche, y aunque el inicio fue un tanto dramático, los futbolistas más vigilados dieron un paso adelante, algo que también pedía el club durante esta semana. "Es su momento", se repetía desde el Marriot.
Camavinga, ante Podence, en el Georgios Karaiskakis.EFE
Así fue. Xabi recuperó a Ferland Mendy, que disputó su primer partido desde el pasado 26 de abril, cuando se lesionó en los primeros 10 minutos de la final de Copa contra el Barça.
La segunda parte dejó el susto del 2-3, pero el duelo se sentenció con el cuarto de Mbappé, su primer póker en la Champions y el sexto en la historia del Madrid. El francés va a la sombra de otras leyendas del conjunto blanco, como Alfredo Di Stéfano o Ferenc Puskas, que lo consiguieron dos veces, o como Cristiano, que lo logró en una ocasión. "Para los rivales es una pesadilla defender a Vini", elogió sobre su compañero, diferencial.
El brasileño asistió al galo en el cuarto de la noche y fue felicitado por Alonso en la celebración del tanto, en su sustitución y al final del encuentro. Tres abrazos de paz después de las polémicas de las últimas semanas y de su suplencia, la cuarta del curso, en Alicante.
El Madrid es el líder de la Liga y Xabi Alonso ha llegado para ser el líder del Madrid, el líder del juego, se entiende, no el líder máximo. La primera crisis del equipo blanco, porque de ese modo se califica en el Bernabéu a una serie de dos partidos sin ganar, no es tanto la del líder que todavía manda en la tabla como la del líder que pretende ser su entrenador. La atonía del Madrid en Anfield y en Vallecas apuntan a una acelerada descompresión del conjunto que propuso con fuerza el sorpasso en el fútbol español tras dominar el clásico ante el Barça.
La reacción de Xabi Alonso, más allá de sus comprimidas palabras y llamadas a la «mesura», no ha sido suficiente, como si no tuviera un plan B, como si la parálisis hubiera afectado, asimismo, al banquillo. Liverpool y Rayo no recibían al Madrid en su mejor momento. Irregulares los primeros en la Premier, los rayistas acababan de celebrar una remontada ante el Lech Poznan, pero su último resultado en Liga había sido un 0-4 frente al Villarreal en el mismo escenario.
Cualquiera de los dos resultados, derrota y empate, por separado habría tenido coartada, fuera el nivel del rival en el caso de los ingleses, o los antecedentes del Madrid en Vallecas, donde esta temporada también ha empatado el Barça. Los dos resultados encadenados crean, en cambio, una tendencia, mala para Xabi Alonso.
lesiones y cambios
Obligado a realizar cambios por la lesión de Tchouaméni, convertido en la boya del juego posicional que el tolosarra desea, Xabi Alonso retrasó a Güler en Vallecas. El futbolista con mejor visión para el último pase estaba demasiado lejos de la portería contraria, hecho que, además, rompió la excepcional conexión del turco con Mbappé.
El delantero francés estuvo ausente, tanto que únicamente tocó 11 veces la pelota en el primer periodo ante el Rayo. En su caso, no hubo diferencias con el partido que realizó en Anfield, donde estuvo desaparecido. No es casual que en esos dos encuentros el Madrid no consiguiera ni un solo gol, ya que Mbappé ha marcado el 52% de los tantos de los blancos esta temporada, 13 de 26 en Liga, la mitad exacta, y seis de ocho en Champions. En la posición de 9, hablamos de un finalizador que se resiente del mal juego de los suyos, por supuesto, pero al que en los dos últimos partidos se le ha observado desconectado, sin la rebeldía necesaria para generar ocasiones de la nada, como se espera de un futbolista de su jerarquía. Con sus luces y sombras, lo que hace Vinicius.
El brasileño y el entrenador dieron por cerrado el episodio del clásico, aunque con las dudas que generó su comunicado, sin mencionar explícitamente al técnico. Un caldo de cultivo peligroso si la duda acerca de su trabajo germina en el vestuario. Vini, su entorno y buena parte del club no han entendido alguna de sus suplencias y cambios. En definitiva, la pérdida de la condición de titularísimo. Lo mismo siente Valverde, anclado de momento al lateral, con Carvajal lesionado y Trent en el banquillo.
Xabi Alonso, el domingo, en el estadio de Vallecas.EFE
Pese a observar a un Madrid sin gol y con un Mbappé ofuscado, Xabi Alonso no utilizó a Gonzalo, su gran hallazgo en el Mundial de clubes, donde demostró valentía ante las jerarquías, pese a la lesión del francés. Endrick, por su parte, parece olvidado, a la espera de una cesión. En ataque, además, el técnico todavía no ha definido con claridad la banda derecha, en la que su preferencia es Mastantuono, lesionado. En Vallecas apareció Brahim y después Rodrygo. Ninguno funcionó. No es únicamente una definición de hombres, también de sistema.
Bajada de Huijsen
La inclusión de Camavinga en el centro del campo, para pasar de un 4-3-3 a un 4-4-2, funcionó ante el Barça, pero no en Anfield. En Vallecas, el francés sustituyó a su compatriota Tchouaméni, pero Xabi Alonso acabó por llamar a Ceballos, y es que la crecida del Rayo podría haber supuesto algo peor. Lo mismo ocurrió con Militao, que empezó en el banquillo para dar minutos a Asencio y tuvo que entrar debido a la tarjeta amarilla e inseguridad de Huijsen. El central ha bajado en su rendimiento con respecto a su autoritario inicio.
Orden, meritocracia e intensidad en la presión fueron constantes que el Madrid apuntó en el Mundial de Clubes, pese a caer con un PSG mucho mejor, y empezó a consolidar en el arranque del curso. Todo progresaba adecuadamente en busca de un equipo dominante, que presione en campo del rival y tenga el control del juego a través de la posición, con sus centrales avanzados, como quiere Xabi Alonso. Un nuevo Madrid, en definitiva. Sin embargo, la abrupta desconexión en el Metropolitano y en Anfield y Vallecas, con el paréntesis del clásico, abre dudas que escalan hasta la cúpula del club, aunque con mesura, como pide Xabi Alonso, al que esperan dos largas semanas, por el parón, y tres visitas a domicilio: Elche, Girona y Olimpyakos. Después será el turno del revitalizado City de Guardiola en el Bernabéu. Otro grande. Otra prueba.