Tanto Iglesias Villanueva, que el miércoles está designado para el partido liguero entre Real Betis y Getafe, como cinco árbitros más de VAR dejarán su puesto, según informaron a EFE fuentes de la RFEF
Polémica en el campo de juego por una acción entre Hugo Duro (i) delantero del Valencia y Vinícius Júnior (2d) delantero brasileño del Real Madrid durante el partido correspondiente a la jornada 35 de LaLiga Santander que disputan Valencia CF y Real Madrid este domingo en Mestalla (Valencia). EFE/ Kai ForsterlingKai FORSTERLINGEFE
La Real Federación Española de Fútbol ha acordado con el Comité Técnico de Árbitros prescindir de Ignacio Iglesias Villanueva tras lo ocurrido en Mestalla, cuando desde el VAR solamente se mostró al colegiado el golpe de Vinícius Junior a Hugo Duro y no el agarrón previo del cuello al brasileño, en una acción que se suma a una larga lista de quejas de clubes.
Tanto Iglesias Villanueva, que el miércoles está designado para el partido liguero entre Real Betis y Getafe, como cinco árbitros más de VAR dejarán su puesto, según informaron a EFE fuentes de la RFEF.
El Real Madrid criticó en un comunicado la acción de la expulsión de Vinícius en Valencia e instó a la RFEF a tomar medidas. “La gestión que se hizo por parte de los árbitros y del VAR no lo percibimos como algo aislado, sino como algo que se viene repitiendo en muchos de nuestros partidos. Nunca se puede hacer responsable del delito a la víctima que lo sufre”.
La reacción de la Federación ha sido inmediata y según apuntan fuentes federativas a EFE, la dirección arbitral del colegiado De Burgos Bengoechea fue inmejorable, la forma en la que manejó los insultos racistas a Vinícius, y fue conducido al error en la expulsión porque se le ocultó una parte de un vídeo.
De esta manera, la RFEF ha reaccionado de inmediato con sus decisiones para el VAR, en el que no podrán continuar tras cumplir los dos años máximos que se puede estar en el puesto José Luis González González y Xavier Estrada Fernández.
Al acabar, JoelEmbiid bailaba solo en mitad de la pista el Freed from Desire para provocar el abucheo del público de la Arena de Bercy, miles de aficionados franceses que le detestan porque abandonó a su selección para irse a jugar con Estados Unidos. El Dream Team hacía como si no hubiera pasado nada, gestos triunfantes, golpes en el pecho, gritos, muchos gritos, pero en realidad había vivido su peor trance en unos Juegos Olímpicos desde las finales que le enfrentaron a España. En las semifinales de París 2024, Serbia empujó al conjunto yankee ante el precipicio a base de triples y para salir de allí éste tuvo que trabajar, que sudar, que ponerse a currar (95-91).
LeBron James, que vivió el gran desastre en aquellas semifinales de Atenas 2004 ante Argentina, estuvo cerca de pasar por lo mismo: un fracaso en su debut y otro en su despedida. Pero esta vez está mucho mejor acompañado. Pese a que su desventaja llegó a ser de 17 puntos, pese a que entró en el último cuarto 13 puntos por debajo, Estados Unidos defendió con uñas y dientes en el tramo final y sacó adelante la situación. Quedarán en el recuerdo los 35 puntos de Stephen Curry, tirador superlativo -nueve de 14 en triples-, pero fue incluso más importante como leyendas como él mismo, James o Kevin Durant encogieron a un rival crecidísimo.
Los triples de Serbia
No era el plan porque nunca es el plan. Las estrellas yankees no vienen a los Juegos Olímpicos a esforzarse como si estuvieran disputando unas finales de la NBA y sólo lo hacen si están obligados. Como siempre, Estados Unidos salió a jugar un All-Star: sin defensa, sin una idea de juego, espectáculo, puro espectáculo. Lo ofreció Curry, con 17 puntos en los primeros ocho minutos y algún baile de los suyos. Al quinto triple, de hecho, se giró antes que entrara para chocar la mano a sus compañeros del banquillo. "¡Oooooooh!", se asombraba la afición parisina, que iba contra el USA Team, pero que no podía dejar de maravillarse con alguno de sus movimientos. El problema para el firmamento NBA era que delante tenía un equipo de verdad.
PAUL ELLISAFP
Desde la seriedad atrás, Serbia fue construyendo una ventaja que llegó a los 17 puntos (25-42, min.14) a base de mucho acierto exterior. Era una idea brillante, otra más de su entrenador Svetislav Pesic: sólo Nikola Jokic podía chocar por dentro que Embiid o Anthony Davis así que todo iba por fuera. Triples, triples y más triples, de Bogdan Bogdanovic, Aleksa Avramovic, de cualquiera. Al descanso, Serbia se fue con un 10 de 19 desde la línea de 6,75 metros y en consecuencia con una ventaja considerable (43-54). Desde la primera línea de sillas, Pau Gasol miraba el partido con su mujer, Catherine McDonnell, y su hija, Elisabet Gianna, y posiblemente pensaba: "Esto ya lo he vivido yo".
El despertar yankee
Estar por delante de Estados Unidos en cualquier momento no garantiza el éxito, pero el conjunto balcánico sostenía y sostenía la distancia (63-76 al final del tercer cuarto). Con su carácter, tan propio -Bogdanovic pasó todo el partido encarándose con LeBron James-, mantenía su plan hasta el final. Si Curry volvía a entrar en trance, ningún problema. Si Embiid empezaba a hacerse fuerte en la zona, ningún problema. Serbia incluso resistía al mareo de su líder, Jokic, que apenas encontraba el camino al aro. Para seguir con la racha en los triples, siempre alrededor del 50% de acierto, aparecían Vasilije Micic, Marko Guduric o Ognjen Dobric y así se llegaba al último cuarto.
Después todo cambió. En los últimos 10 minutos, los mitos se hicieron terrenales y empezaron a aislar, a empujar, a frenar a los tiradores balcánicos. Con los veteranos en la cancha, James, Durant y Curry, Estados Unidos, ¡Qué defensa! Serbia, que hasta el momento había sido letal, dejó de meter los triples y estuvo tres minutos sin anotar (del 77-84 al 84-84). Ahí ya lo tenía muy difícil. Ahí ya lo tenía imposible. Sus dos referentes, Jokic y Bogdanovic, lo intentaron, pero con 93-91, Curry sentenció con dos tiros libres. Después todos los jugadores estadounidenses vacilaban y Embiid lo llevaba más allá, bailando en mitad de la pista, pero el susto había sido serio.