El Madrid no es capaz de evitar que el agua del gol se le escape entre los dedos. Y ahí está, justo, cómo cae en ese sumidero que ha construido Carlo Ancelotti, donde se escapan las aguas de la Supercopa, la Liga y casi la Copa.
Es el tercer partido c
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El Madrid, silbado por su afición en el partido del pasado jueves ante el Celta, goleado por el Barça en Arabia Saudí y rodeado por las críticas durante las últimas semanas, es ahora líder de LaLiga con dos puntos más que el Atlético y siete por encima del conjunto azulgrana. Así es este fútbol loco, exprimido al máximo por un calendario incansable, en el que uno puede estar en crisis por la noche y en racha por la mañana. Lo sabe Carlo Ancelotti, reivindicativo, otra vez, en sala de prensa. Y lo sabe Mbappé, haciendo suyo el escudo en Copa y ayer en Liga. Y lo sabe Florentino Pérez, en calma a pesar de la derrota en el clásico, y reelegido presidente hasta 2029 al no haberse presentado otra candidatura.
«El fútbol es así, pero estoy un poco confundido. He oído que jugamos mal, pero lo que veo es que somos líderes, así que seguiré estudiando a ver quién se equivoca», contestó el técnico italiano en la primera pregunta de la rueda de prensa. Directo y al grano. Sin esperar al desarrollo de la tarde en los pasillos del Bernabéu. Tenía ganas.
Y claro, su respuesta aceleró las cuestiones sobre las críticas al equipo. «No voy a decir que somos los que mejor jugamos, pero... He escuchado que 'jugamos muy mal', que 'el equipo no está trabajado'. Y hombre... A veces jugamos mejor, a veces no, a veces no hay equilibrio, a veces no tenemos mucho compromiso, nadie es perfecto. Pero no veo que los grandes equipos jueguen un futbol fantástico», reflexionó Ancelotti.
El entrenador no se guardó nada y admitió que «los pitos del Bernabéu son una crítica que duele», pero insistió en lo necesario de los mismos: «Ese toque de atención ha sido útil para el equipo».
La reivindicación continuó en el vestuario, donde Mbappé, autor de dos goles, explicó su gesto del pasado jueves, cuando negó con el dedo y señaló el escudo del equipo al marcar, en referencia a los pitos de la afición. «Todos los jugadores somos líderes. Simplemente creo que debemos estar unidos, porque afrontamos muchos retos. Queda casi todo. Es lógico que la gente no se fuera contenta el jueves, normal, porque el Madrid tiene que ganar todos los partidos. Pero creo que debemos seguir unidos», aseguró.
Otro que estuvo reivindicativo fue Dani Ceballos, el mejor del partido junto al delantero francés, que contestó a las palabras de Simeone en rueda de prensa, donde se refirió a las supuestas ayudas arbitrales al conjunto blanco. «Yo creo que aún no ha superado las dos finales de Champions perdidas con el Madrid. Ellos tienen sus opiniones y tenemos que seguir», dijo.
El andaluz confirmó que se queda en el club hasta final de temporada y que está «aprovechando mi momento». «He trabajado y he esperado mi momento. Creo que es el partido más completo del año», admitió el centrocampista, ovacionado por el estadio.
Desde que obtuvo la nacionalidad española por carta de naturaleza, el 11 de mayo de 2021, Aymeric Jean Louis Gerard Alphonse Laporte (Agen, Francia, 30 años), que así se llama en un DNI interminable, ha sido titular siempre que el equipo tenía algo en juego. Bueno, siempre no. Hubo un día en el que no fue titular y no por su rendimiento deportivo, sino porque estaba castigado. Fue en el tercer partido de la fase de grupos del Mundial de Qatar, ante Japón. Laporte, el tipo duro, el hombre fuerte del vestuario de la selección española, vio desde el banquillo aquel choque porque, dos días antes, en la Universidad de Qatar, en el campo base del equipo, se atrevió a enfrentarse a Luis Enrique.
Más que a enfrentarse, a decirle a la cara que el equipo debía tener un Plan B para cuando las cosas no salieran bien. Al entrenador asturiano, admirador de sí mismo y de su estilo, no le sentó bien. Era la primera vez, y fue la última, en cuatro años, que un futbolista se atrevía a decirle a la cara lo que muchos, la mayoría, pensaban. Así que Laporte fue suplente contra Japón. Y España perdió, por cierto.
El episodio define muy bien a un tipo, Laporte, Ayme para todo el mundo en la concentración, que desde su debut, el 4 de junio de ese 2021, justo antes de la Eurocopa, ha ido labrándose su propio papel en España. De entrada, hoy ante Dinamarca cumplirá su partido número 40 (dos goles). Es, ya de lejos, el jugador nacionalizado que más veces se ha puesto esta camiseta, muy por delante de Alfredo Di Stéfano (31 partidos), Marcos Senna (28), Rodrigo Moreno (27) y Diego Costa (24). Su llegada no fue fácil. En una rueda de prensa en Las Rozas en aquellos días de 2021, se enganchó con un periodista a cuenta de su sentimiento de pertenencia a España. Ahí empezó una difícil relación con la prensa que continúa hoy, y de hecho, durante la pasada Eurocopa, fue el cabecilla del equipo en su rebelión contra una emisora de radio donde, pensaban en el vestuario, alguien les estaba faltando al respeto.
Ascendencia sobre Gavi
Laporte no se calla. Con un toque altivo si no deja a su interlocutor acercarse, es alguien con una personalidad muy marcada. «No voy a depender de lo que pueda pensar la gente para tomar decisiones en mi vida. Si tomo esas decisiones es porque creo que es lo mejor para mí. Puedo acertar o no, pero hay que respetar», decía el pasado miércoles en una entrevista en la Cadena Ser. Por eso, pese a los muchos reproches que encontró en los micrófonos, dejó el Manchester City hace un par de temporadas para fichar por el Al Nassar saudí. Se especuló mucho entonces sobre si el ritmo de competición de una liga tan débil le podía perjudicar para seguir viniendo a la selección, pero siempre ha sido un indisctubile, también para Luis de la Fuente.
Aymeric Laporte.PABLO GARCÍARFEF
En la caseta, cuando Ayme habla, los demás escuchan. Especialmente los jóvenes, sobre los que tiene una ascendencia innegable. Y dentro de los jóvenes, Gavi. El centrocampista del Barcelona, que lleva un año fuera de la selección lesionado, es con quien mejor ha conectado el central, hoy en boca de todos porque en enero podría haber noticia. El Real Madrid tiene su nombre encima de la mesa en caso de que se decida a fichar después de la lesión de Eder Militao. A Carlo Ancelotti le vuelve loco, pero quien tiene que soltar el dinero que presumiblemente pedirían los saudíes no lo tiene tan claro. Él, por su parte, se deja querer sutilmente, asumiendo que su ficha en Arabia, por encima de los 20 millones, no sería posible en el Bernabéu.
No se va a poner nervioso, en todo caso, por eso. Es alguien que sabe esperar. De hecho, su pasaporte español llegó en 2021, cinco años después del primer intento, con Julen Lopetegui en el banquillo, en 2016. En aquella ocasión, un par de pesos pesados de aquel vestuario, alineados con un alto cargo de aquella Federación, consiguieron pararlo. Finalmente la unión entre España y Laporte llegó, y llegó hasta el punto de ganar la Eurocopa -«es lo mejor que me ha pasado en la vida», reconoce- y, el pasado mes de octubre, en Murcia, convertirse en el segundo jugador nacionalizado que porta el brazalete de capitán, después de Ladislao Kubala. Hoy, ante Dinamarca, donde un punto le da a España matemáticamente el primer puesto del grupo (ya está clasificada) volverá a ser referencia.