El Real Madrid ha hecho oficial en la mañana de este viernes el fichaje del lateral derecho del Liverpool Trent Alexander-Arnold, que se incorporará al club blanco el próximo 1 de junio y firma un contrato para seis temporadas, hasta junio de 2031.
Tal y como informó este periódico, cuando el futbolista dijo adiós a Anfield Road y ya tenía un acuerdo con el conjunto blanco y éste confiaba en que pudiera disputar el Mundial de Clubes. Como Arnold tenía contrato con los ‘reds’ hasta el 30 de junio de este año, el Madrid y el Liverpool debían llegar a un acuerdo económico para que pudiera adelantar su llegada y estar en Estados Unidos, algo que finalmente se ha logrado. El cuadro de Chamartín se hará cargo de la ficha de este mes del jugador y compensará a los británicos, que no participan en el torneo, con una cifra cercana al millón de euros.
El jugador internacional inglés, de 26 años, aterriza en Madrid tras conquistar nueve títulos con el Liverpool: 1 Champions, 1 Mundial de Clubes, 1 Supercopa de Europa, 2 Premier League, 1 Copa de Inglaterra, 2 Copas de la Liga y 1 Supercopa de Inglaterra.
A nivel individual, ha sido incluido una vez en el FIFA FIFPro World 11 (2020), dos en el equipo de la temporada de la UEFA Champions League (2018/19 y 2021/22) y tres en el equipo ideal de la Premier (2018/19, 2019/20 y 2021/22). Además, fue elegido mejor jugador joven de la Premier 2019/20.
La de Alexander-Arnold, que llega para competir en el lateral derecho con Dani Carvajal, es la segunda incorporación que hace el Real Madrid tras la del central español Dean Huijsen. El inglés llega libre y se pondrá, junto al resto de sus compañeros, a las órdenes del nuevo entrenador, Xabi Alonso, el próximo día 9 de junio, antes de viajar el día 14 a Miami.
Los blancos trabajan ahora en la firma del lateral izquierdo español del Benfica Álvaro Carreras, como adelantó este periódico. En la última semana el Madrid ha acelerado las negociaciones para el fichaje del joven de 22 años y en las próximas horas podría hacerse oficial, también con el objetivo de que esté en el Mundial de Clubes.
El himno sonó atronador, pero la escena fue un guirigay al que el Rey asistió impasible, como siempre, desde el palco. Recién llegado del funeral de Papa Francisco en Roma, estuvo acompañado por la vicepresidenta María Jesús Montero, el presidente de la Junta de Andalucía, Juanma Moreno y la ministra de Deporte, Pilar Alegría. Junto a ellos, en la primera línea, el presidente de la Federación, Rafael Louzán, en su primer gran acto institucional.
La megafonía no pudo evitar que la final arrancase con una sonora pitada desde la mitad del estadio poblada por los seguidores azulgrana. Además, en el minuto 17 y 14 segundos, desde el fondo sur de La Cartuja llegó el grito "In, Inde, Independencia". Otro episodio que alteraba la normalidad en el palco, con Felipe VI y Louzán como protagonistas.
Desde la elección de Louzán, el pasado diciembre, la Copa ha deparado cambios. El principal es que ambos clubes sabían que el campeón se llevaría el trofeo a casa para siempre, no sólo por una temporada. Hasta ahora había que ganar tres ediciones para poder lucir la Copa original en las vitrinas. «Es lo lógico que el ganador se la lleve. En el fútbol la evolución es necesaria», reconocía Louzán en los minutos previos al inicio de una final que puede que sea la última en La Cartuja.
Han sido seis ediciones consecutivas con Sevilla como sede, pero ahora la RFEF va a abrir la subasta para que otras ciudades puedan pujar por ser sede. «Vamos a dar la oportunidad a todos los que tengan interés y se presenten, pero tanto la Junta como el Ayuntamiento de Sevilla y la Diputación, que forman el patronato de La Cartuja, ya me han manifestado su interés en que la Copa continúe aquí», reconoció el presidente de la RFEF. Durante seis años han abonado un canon de 1,2 millones de euros y ahora han eliminado la pista de atletismo y ampliado la capacidad hasta los 70.000 espectadores para ser el tercer estadio de España en aforo.
La competencia del Metropolitano
Como contrincante tendrá a Madrid, que quiere que al menos la próxima edición de la final de esta competición se celebre en el estadio Metropolitano. La capital no es sede de una final desde 2018, si bien la había acogido durante tres temporadas consecutivas.
Todos quieren ser sede de la fiesta del fútbol español porque supone llenar de color los estadios y la ciudad durante todo un fin de semana. Y es que, en esta edición, antes de retarse en la acicalada Cartuja, más futbolera que nunca y presidida por dos grandes pancartas que rezaban «¡Hala Madrid!... y nada más» y «125 anys d'història», las dos aficiones lo hicieron en las calles de Sevilla, con terrazas llenas animadas por la temperatura veraniega, pero también algún incidente.
Los 2.000 efectivos policiales que velaron por la seguridad en la capital hispalense tuvieron que hacerse muy presentes durante la mañana en el centro de Sevilla. Intervinieron para dispersar a un grupo de radicales del Barça con material pirotécnico y bengalas y en varias peleas en otros puntos de la zona monumental que se saldaron con cinco detenidos, tres de ellos identificados como seguidores culés y uno madridista. Otro aficionado blanco acabó herido con la nariz rota.
La Copa del Rey llega, de manos de un SkySurfer en La Cartuja.AFP
La fiesta blanca, además de en la fan zone junto al estadio, estuvo en la Alameda de Hércules, punto de concentración del madridismo que fue llegando a la ciudad a cuentagotas para teñir de blanco el fondo norte de La Cartuja rivalizando con el azulgrana que pobló la grada sur. Sonaron los himnos de los dos equipos, coreados por unos y silbados por los rivales.
Pero el momento estelar fue cuando el estadio se apagó para recibir el trofeo, que llegó al centro del campo desde el aire en una tabla voladora antes de que, un joven aficionado del Athletic, el último campeón, la depositó en el centro del campo. Un láser dibujó las alineaciones sobre el césped y, de nuevo, el joven athletizale escoltado por un chaval del Barça y una joven del Real Madrid, la condujo hasta la bocana del túnel del vestuarios para que presidera la salida de los dos equipos. Se desplegaron entonces las pancartas en los fondos. El Madrid con su lema «Hasta el final, vamos Real» y el Barça recordando que, con 31 títulos, es «el Rey de Copas».