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"Soy un chico normal de Liverpool cuyo sueño se hizo realidad". La frase sigue gobernando el mural gigante que la afición 'red' le hizo a Trent Alexander-Arnold, presentado ayer como nuevo jugador del Real Madrid. Durante su discurso, Florentino Pérez elogió e insistió en las ganas que el futbolista británico había mostrado de jugar en el conjunto blanco, siempre respetando el legado que deja en Anfield Road. Y es que no ha sido un paso sencillo para el defensa. Su camino a las orillas del Merseyside se remonta a los seis años de edad y a una suerte del destino: un papel sacado de una gorra.
Los ojeadores del Liverpool se plantaron en diversos colegios de la ciudad a invitar a los niños a unas pruebas que iban a hacer para entrar en las categorías inferiores del club. Entre ellos, el elegido fue el colegio del joven Trent. Cuando los trabajadores 'reds' preguntaron qué niños querían participar, todos los de la clase levantaron la mano, así que pusieron sus nombres en varios papeles y retiraron seis de ellos de una gorra. "Trent", se leyó en uno.
Los ojeadores sólo necesitaron diez minutos sobre el césped para acercarse a la madre de Trent, Dianne, y decirle que querían que el niño entrenara con ellos. Alexander-Arnold tenía seis años y comenzó ahí un camino de 12 temporadas hasta el primer equipo del Liverpool. Lo recorrió todo, casi como Dani Carvajal, su compañero en el lateral derecho, en Valdebebas.
Al lado de Trent en el pabellón de baloncesto donde Florentino le dio la bienvenida estaban sus dos hermanos, Tyler, cuatro años mayor, y Marcel, tres años menor. El primero es también su agente, un detalle que explica la intensa relación familiar en el entorno del futbolista. En palabras de Trent, Tyler tuvo que dejar de perseguir su sueño de ser futbolista para acompañar a su hermano mediano a los entrenamientos con las inferiores del Liverpool. Su padre trabajaba en Londres y su madre no podía hacerse cargo de todo. "Él quería jugar con su equipo, pero se sacrificaba para que yo fuera a entrenar", explicó el defensa.
Alexander-Arnold, junto a Florentino Pérez.EFE
A los 26 años, Alexander-Arnold se convirtió en uno de los futbolistas más importantes de su generación y terminó diciendo adiós a Liverpool después de 20 temporadas en la organización, nueve de ellas en el primer equipo y tras haber ganado dos Premier, dos Copas de la Liga, una FA Cup, una Community Shield, una Champions, una Supercopa de Europa y un Mundial de Clubes.
Su extensa carrera en Anfield Road provocó que con el paso del tiempo comenzara a observar otros horizontes y retos. Y ahí aparecen Jude Bellingham y el Real Madrid. El centrocampista del conjunto blanco ha sido uno de los grandes culpables del fichaje de Trent por el cuadro de Chamartín. Ambos son inseparables en las concentraciones de la selección inglesa, pero especialmente en la Eurocopa esa relación se fortaleció todavía más. El verano en Alemania, justo después de esa gran primera temporada de Bellingham en el Madrid, sirvió para que el el defensa del Liverpool comenzara a interesarse por un hipotético futuro en el Bernabéu.
Dicho interés se cruzó con el del conjunto blanco, que tanteó el mercado de futuros agentes libres y observó que Alexander-Arnold terminaba contrato en junio de 2025. Lo que podría parecer imposible por una cuestión de fidelidad eterna al Liverpool se convirtió en algo accesible gracias, en parte, a las palabras de Bellingham.
El Madrid tanteó su fichaje en el mercado de invierno por la lesión de Carvajal, pero la negativa 'red' dejó todo pendiente para el verano. Trent aceptó el futuro como madridista y aún así tocó negociar con el Liverpool, porque los blancos querían al lateral para el Mundial de Clubes y como su contrato no terminaba hasta julio han tenido que pagar cinco millones a los de Anfield Road para disfrutar un mes del futbolista.
"Esto matará aquello", escribió Víctor Hugo en Nuestra Señora de París. Un Vitor Hugo, apellidado Roque Ferreira y nacido en Timóteo, Brasil, en 2005, pasó melancólicamente por el Fútbol Club Barcelona y busca ahora en el Real Betis acabar con sus propias sombras. Reencontrarse con el gol. Sentirse útil sobre el rectángulo de hierba. Desquitarse de aquellos seis meses de azulgrana con una temporada de verdiblanco donde, de momento, está teniendo protagonismo. El peor rival de un futbolista siempre será la expectativa que depositaron en él.
Manuel Pellegrini confía en Roque. Aunque lo hace a su manera. Fueron sintomáticas unas declaraciones sobre el ariete: "Cuando le trajimos sabíamos que era un jugador en formación. Si hubiera metido las ocasiones que ha tenido estaríamos más arriba en la tabla, pero quizá él tampoco estaría aquí. Está formándose y confiamos en sacar su potencial".
Pese a sus palabras, un tanto agridulces, el técnico chileno le ha dado el doble de minutos al brasileño que a su alternativa en la plantilla, el congoleño Cédrick Bakambu. Hoy se enfrentará a su ex equipo en el Benito Villamarín como titular. Frente a los culés, que siguen siendo propietarios de sus derechos, el delantero quiere dejarse ver. Reivindicarse. Con ese suave rencor que cobijan en el pecho todos los cedidos cuando se enfrentan contra sus clubes. "Si Dios quiere, marcaré, porque para eso estoy trabajando toda la semana". Aunque, no se sabe si por respeto a los papeles o al corazón, dijo que "si les marco un gol, no lo celebraré".
A Vitor Roque le llaman Tigrinho. A él le gusta su mote, porque, según defiende, define su fútbol agresivo, directo y perseverante. Pero el nombre le viene heredado de su padre, al que sus amigotes llamaban Tigrao, sin que nadie sepa exactamente por qué.
La carrera del ariete comenzó en las divisiones juveniles del América Mineiro, un club célebre por desarrollar grandes talentos. En 2019 fue fichado por el Cruzeiro donde debutó como profesional a los 16 años. De ahí dio al salto al Athletico Paranaense, consolidando su fútbol y consiguiendo escaparate internacional. Con el Furacão, como se conoce al equipo rojinegro, y pese a su juventud, disputó 81encuentros, marcando 28 goles y dando 11 asistencias. La llamada de Europa no tardó en llegar.
Vitor Roque fichó por el Barça en el verano de 2023. La idea era dejarlo jugando en Brasil, al menos, durante esa temporada, pero el errático desempeño del club obligó a adelantar su llegada. Con Xavi Hernández a los mandos, y Lewandowski por delante en el plantel, el brasileño jugó apenas 300 minutos. Un goteo de oportunidades que se cerró con dos goles. No fue el sueño esperado, más bien un toque de atención y un aprendizaje severo.
Vitor Roque es un delantero versátil que puede desempeñarse tanto como nueve clásico como segundo delantero o extremo, aunque en el 4-2-3-1 de Pellegrini, ocupa exclusivamente la punta. "Reconozco que a veces tengo ansiedad de cara al gol, pero estoy trabajando para solucionarlo", contó hace poco. Mucha presión, muchas ganas por demostrar su valía y un equipo que ha dejado de fluir en ataque.
El jugador del Betis celebra un gol ante el Atlético.EFE
Ante la pregunta de que si quiere demostrarle al Barcelona esta tarde que se habían equivocado con él, dijo: "Mi única motivación es ayudar al Betis". Y confesó su admiración por dos futbolistas hoy rivales: Raphinha y De Jong.
El Betis conserva una opción de compra de 25 millones por el 80% del pase del jugador al término de esta temporada, 27,5 millones si se ejerciera en una hipotética segunda campaña. "Estoy feliz de estar aquí", dice el futbolista. "Vitor tiene ganas. Es muy joven. Va a cometer errores, pero veremos también muchos aciertos", dice su entrenador.
Un delantero sólo se hace grande en los partidos grandes. Y, frente al club que apostó con firmeza por él, al menos económicamente, tiene Roque la oportunidad de recuperar el brillo que le catapultó en Brasil. En Sevilla tendrá una temporada y muchos minutos por delante para saber si se mirará en el espejo de los Oliveira y los Edu o en la de los Tardelli, los Baptistaos, los Sobis o los Leandro Damião.
EMILIA LANDALUCE
Actualizado Lunes,
17
julio
2023
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