El último cruce de cables de Sergio García le cuesta una "advertencia" en Augusta

El último cruce de cables de Sergio García le cuesta una “advertencia” en Augusta

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Cuando Sergio García era un niño de verdad -pecoso, desafiante y divertido- apuraba los fines de semana en el Club de Campo Mediterráneo, en Castellón, ganando coca-colas a los socios en el putting green. Por allí pululaba desde el amanecer hasta el último rayo de sol mientras su madre, Consuelo García, atendía la tienda del club y su padre, Víctor García, impartía clases de golf. Entonces le llamaban coloquialmente McEnroe, por los rizos, las pecas y un espíritu competitivo tan indómito como el del tenista que acabaría confesando haber roto cerca de 300 raquetas a lo largo de su carrera.

Sergio lleva instalado en la élite del golf mundial desde 1999, cuando plantó cara a Tiger Woods y el mundo se enamoró de un chico de 19 años, rebosante de desparpajo, al que bautizaron como El Niño. Desde entonces acumula cerca de 40 victorias profesionales en todos los continentes, ganó el Masters de 2017 y es el jugador con más puntos en la historia de la Ryder Cup. A sus 46 años, asentado como capitán de los Fireballs en el LIV Golf, García acapara hoy más portadas por sus recurrentes ataques de ira que por sus éxitos sobre los campos.

El Masters de 2026 ha sido el último capítulo de una historia que parecía escrita de antemano. Desde el primer día se intuía que algo terminaría sucediendo. El sábado, tras un mal drive, se enzarzó con unos arbustos en la salida del hoyo nueve, golpeando con furia el driver contra el suelo sin lograr su propósito. Durante la ronda final del domingo aprovechó una mala salida en el hoyo dos para destrozar primero una de las marcas de salida y, segundos después, partir su propio palo contra una de las neveras de bebidas situadas en el tee. La imagen se viralizó en cuestión de segundos. "Obviamente no estoy muy orgulloso de ello, pero a veces sucede", se justificó.

La respuesta ante la prensa estadounidense que aguardaba a García tras completar los 18 hoyos no ayudó, sino que echó gasolina al incendio. Su actitud, calificada por muchos como altiva y prepotente, encendió aún más los ánimos.

En el propio campo, tras el incidente, Geoff Yang, presidente del Comité de Competición del Masters, se acercó para advertir al español por su comportamiento en el tee del hoyo 4. "No te lo voy a decir", respondió Yang cuando otro periodista le preguntó por el contenido de la conversación. "Siguiente pregunta, gracias", zanjó ante un nuevo intento. Ni disculpa ni atisbo de autocrítica.

El problema es que no se trata de un hecho aislado. García es reincidente y ha demostrado a lo largo de su carrera una incapacidad persistente para controlar la ira en el campo de golf. En su primer año en Wentworth, en 1999, ya acaparó titulares tras lanzar un zapato al público; en 2007 escupió dentro de un hoyo; ha roto putters y drivers, los ha arrojado a lagos -como sucedió en 2012 en Tailandia- o los ha enterrado en arbustos; se ha encarado con el público y en 2019 fue incluso descalificado en Arabia Saudí tras dañar hasta cinco greenes. "Como fruto de la frustración he dañado un par de greenes y pido disculpas por ello", llegó a escribir entonces en un comunicado.

A lo largo de su carrera se ha ensañado con micrófonos ambientales, marcas de salida, bunkers y todo lo que se cruzara en su camino. Una actitud difícilmente justificable en un profesional que aspira a ser referente para futuras generaciones. En Estados Unidos, parte de la prensa reclama hoy un castigo más ejemplar para El Niño, que a sus 46 años debería haber dejado de serlo, aunque sus actos sigan diciendo lo contrario.

Rory McIlroy gana el Masters de Augusta y se ubica en la cima del golf europeo

Rory McIlroy gana el Masters de Augusta y se ubica en la cima del golf europeo

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Ni una sola gota de agua, muchos gnomos y un campeón aclamado por las masas. Rory McIlroy lo ha vuelto a hacer. Llegó y se irá vestido de verde. Tuvo que esperar casi 15 años para ponerse la chaqueta en 2025 y, de paso, completar los cuatro grandes. Ni doce meses han pasado desde aquella hazaña y Rory lo celebra repitiendo victoria e igualando a Nick Faldo como el mejor europeo en majors con seis triunfos. Además, se convierte en el cuarto jugador en defender con éxito la victoria en el primer major; antes lo hicieron Jack Nicklaus (1965-66), Nick Faldo (1989, 90) y Tiger Woods (2001-02).

El desenlace fue un domingo made in Augusta National. Hace ya algunos años, el Masters dio con la fórmula para que los domingos en Augusta sean aún más festivos. Una combinación de banderas accesibles con una preparación del campo en su justa medida daba el resultado de una jornada final repleta de sobresaltos, donde el público no dio abasto para celebrar los tiros a las banderas o las bolas cogiendo caídas, rodando generosamente hacia el hoyo; en definitiva, un festín siempre con el respeto debido al Amen Corner.

Rory, que partía en la jornada empatado en -11 con Cameron Young, sufrió como siempre, quizás lo que tocaba. Ya en el hoyo cuatro, un doble bogey con un tripateo desde apenas tres metros le hizo perder el liderato. A partir de entonces, el Masters fue una preciosa locura, con Justin Rose, Russell Henley, Tyrrell Hatton o Scottie Scheffler apurando sus opciones. Rose, Young y el propio McIlroy llegaron a liderar el torneo en el transcurso de la última jornada. Hatton protagonizó, con 66 golpes, la ronda más baja del día, que le sirvió para terminar con -10, empatar en la tercera posición y defender el honor del LIV Golf como único representante entre los 10 mejores. El Amen Corner hizo añicos las ilusiones de Haotong Li, que durante un tramo del día soñó con ser el primer chino vestido de verde. Triple bogey en el 12 y quíntuple bogey (10 golpes) en el 13. Justin Rose, segundo tres veces, tendría que conformarse con la tercera plaza.

La contienda pareció quedar para el número uno, dos y tres del mundo. Scheffler, segundo en solitario con -11, se dio una oportunidad final con un birdie antológico en el 15: mala salida a los árboles, segundo golpe que impacta en una rama, tercero desde el rough a 160 metros de la bandera y un putt de nueve metros. Atacó con un nuevo birdie en el 16 y se le escapó por milímetros en el 17. Rory, en el mismo Amen Corner que el año pasado lo torturó con saña, sacó dos birdies en el 12 y 13 y aguantó el sufrimiento con muy buenos pares, especialmente en el 17 y el 18, con una última espantada de salida que tensó más de la cuenta el final. El bogey en el 18 le sirvió para volver a emocionarse, cayó de rodillas como lo hiciera hace un año pero ya como doble campeón del Masters de Augusta.

El golf español, sin opciones La jornada fue completamente insulsa para los nuestros, que se citaron a las 9:30 horas para compartir partido con un resultado de partida de +5. Jon Rahm consiguió mejorar el sabor amargo del primer major con un -4, aunque su balance sigue siendo negativo en una semana de dudas con su juego. Un puesto 38 que no ayuda a mejorar su confianza en las grandes citas. Mucho más complicado fue el día de Sergio García, y no solo por el +3 de su resultado. En el hoyo dos, el ganador de 2017, víctima de la frustración y la ira, golpeó, tras un mal driver, una de las marcas de salida de Augusta National, que destrozó, para segundos después ensañarse con una nevera y partir su palo, que ya no pudo utilizar el resto de la ronda. Un par de hoyos más tarde, el español fue amonestado por uno de los árbitros del torneo. "Obviamente no estoy muy orgulloso de ello, pero a veces sucede". No se disculpó García por el incidente y su trato con la prensa volvió a ser desafiante. No es la primera vez que Sergio protagoniza un incidente en un campo de golf y veremos si, en un torneo tan especial como el Masters, la salida de tono del jugador no tiene consecuencias en el futuro.

Un día como un 'patron' más en el Masters de Augusta, el club más hermético del mundo del deporte: móviles prohibidos, gnomos de 10.000 dólares y sándwichs de pimiento y queso

Un día como un ‘patron’ más en el Masters de Augusta, el club más hermético del mundo del deporte: móviles prohibidos, gnomos de 10.000 dólares y sándwichs de pimiento y queso

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Faltan todavía un par de horas para que amanezca en Augusta y cientos de aficionados caminan como zombies en la oscuridad a lo largo de Washington Road, uniformados con bermudas, gorra de béisbol y, sobre todo, mucha ilusión. El Masters de Augusta es uno de los acontecimientos más exclusivos. Y su lotería, donde cada año se reparten entradas, es uno de los misterios que envuelve al torneo. Lo cierto es que la inmensa mayoría de los 40.000 espectadores que acude cada año tiene que conseguir su entrada en el mercado negro y someterse a las restricciones, normas anacrónicas y tradiciones del club más hermético del mundo. Este año EL MUNDO ha querido ser uno más, un patrón, como se denomina aquí a los espectadores, y vivir la experiencia.

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Para empezar, si este año hubiéramos querido conseguir una entrada, su precio ha oscilado entre los 3.000 y 6.000 dólares, dependiendo del momento. Los tickets se dispararon a su pico máximo cuando Tiger coqueteó con la posibilidad de acudir al torneo y finalmente se estancaron en alrededor de 4.500 dólares por día, cuando se produjo la renuncia definitiva del californiano. Cuatro días de torneo supondría un gasto de alrededor de 18.000 dólares, solo el acceso al campo.

La organización es quirúrgica. Hay dos entradas para el gran público con un gran parking gratuito. En los primeros controles de seguridad llegan los primeros obstáculos. Todavía hay mucha gente que va al torneo sin saber que Augusta National es el único reducto en el mundo donde los teléfonos móviles no son bienvenidos. Que se lo digan este año a Mark Calcavecchia, ganador de The Open en 1989 con un historial de 18 participaciones en Augusta; el martes, un operario de seguridad le identificó consultando su teléfono móvil y fue expulsado del campo. Augusta dispone de cabinas de teléfono gratuitas en diversos puntos del recorrido para que los patronos estemos conectados con el mundo exterior.

Un patron con un bolso del típico sandwich de pimiento y queso.

Un patron con un bolso del típico sandwich de pimiento y queso.MADDIE MEYERGetty Images via AFP

Minutos antes de las 7 de la mañana, el horario de entrada del público, se produce una curiosa imagen donde, a un lado del control de seguridad, los propios empleados del club se arengan ante una nueva edición del torneo, mientras el público, al otro lado, responde a la euforia con cánticos y gritos de celebración; serán los últimos del día, ya que Augusta regula hasta el comportamiento de sus aficionados. Con puntualidad precisa, pasamos el control y una hilera de cinco miembros de seguridad contiene a la ordenada masa, que inicia una procesión regulada por la entrada del club. Son unos 300 metros de caminata al amanecer donde nadie da un paso más largo que el otro.

A la altura del campo de prácticas hay los que toman un camino a la izquierda para ir directamente al campo de golf o los que seguimos la hilera de la derecha, que conduce a la gigantesca tienda. Allí las colas de la mañana suelen ser de 90 minutos. La culpa la tiene un enanito de 45 centímetros, el famoso gnomo del Masters, una tradición implantada desde 2016 que se ha descontrolado en las últimas ediciones. Hace solo unos meses uno de los gnomos originales de 2016 se llegó a subastar por 10.000 dólares, y el de este año ya se ofrece en preventa en el mercado negro por cantidades que oscilan entre los 700 y 1.500 dólares. El motivo del encarecimiento es que se dispararon los rumores de que podría ser el último año que el popular gnomo se pusiera a la venta. "No es trivial, he preguntado en los últimos años sobre esta cuestión y honestamente no sé qué va a pasar", contestó ayer en rueda de prensa el máximo dirigente de Augusta National, Fred Riley. Los productos del Masters solo pueden comprarse siete días al año y en la tienda de Augusta National, de ahí son muchos los que aprovechan su entrada para intentar hacer su 'agosto 'en pleno mes de abril.

Aficionados durante una de las jornadas del actual Masters de Augusta.

Aficionados durante una de las jornadas del actual Masters de Augusta.EFE

La ansiedad crece en la cola para acceder a la tienda, algunos preguntan a los empleados dónde están ubicados los famosos gnomos, de los que solo se ponen a la venta mil unidades diarias que suelen agotarse pasadas las 9 de la mañana. Augusta solo permite una unidad por patrón. Un par de horas más tarde de civilizada espera, objetivo cumplido, ya tenemos nuestro gnomo. Los días de torneo tampoco se permite entrar en el campo con cámaras o similar, así que si quiero inmortalizar este momento, solo tengo una opción: esperar otra hora de cola para inmortalizarme en la foto oficial en la entrada al club. Este servicio es gratuito, como la comida del campo, casi regalada, los icónicos sándwiches de pimiento y queso cuestan aquí dólar y medio. Como se trata de seguir las tradiciones, me como mi sandwich mientras llega mi turno para la foto, que por su puesto me hago con mi nuevo amigo.

Rafa Nadal cumple uno de sus sueños: ver el Masters de Augusta

Rafa Nadal cumple uno de sus sueños: ver el Masters de Augusta

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El inicio del Masters de Augusta ha traído un regalo muy especial, la presencia del ganador de 22 majors y leyenda del tenis, Rafa Nadal. El tenista español apareció por Augusta National alrededor de mediodía invitado por Ana Patricia Botín, presidenta del Banco Santander y única socia española en la exclusiva nómina de cerca de 300 chaquetas verdes.

Botín conversaba animadamente bajo el gigantesco roble de la casa club con Rafa y su buen amigo Rafa Tomeu. Volaron este jueves desde Madrid en el avión de la presidenta tras unas horas en la capital de España, donde Rafa aprovechó para hacerse un fitting de palos de golf en el Centro Nacional gestionado por la Real Federación Española de Golf.

Resultaba curioso descubrir cómo el mejor deportista español de la historia, con todos los reconocimientos y galardones posibles, estaba visiblemente emocionado ante su nueva experiencia. "Es la primera vez en el Masters, en activo era complicado cuadrar el calendario y me resultaba imposible", nos comenta, incidiendo en que el año pasado visitó el Augusta National fuera de la semana del torneo para jugar 36 hoyos en un día.

De nuevo entonces, Ana Patricia Botín, como socia del club, fue su anfitriona. Nadal llevaba el polo y gla orra edición especial de Augusta, que solo se puede comprar en la tienda del club con acceso limitado a los socios. Compartió el español charla con Sir Nick Faldo, se fundió en un abrazo con Sergio García justo antes de que el golfista de Castellón saliera a jugar y vio su salida en el hoyo 1.ç

Luego fue a ver los golpes en el hoyo 10 de Tommy Fleetwood y Patrick Reed, para minutos más tarde trasladarse hasta el hoyo 18 para ver terminar a José María Olazábal. Como un niño en la mañana de Reyes Magos, Rafa se encaminó a continuación a buscar el partido de Rory McIlroy, para seguir unos hoyos a su buen amigo. Eso sí, la leyenda española se quedará con las ganas de ver a Tiger Woods. "Es una pena, estaba convencida de que vendría", le dice Ana Patricia, a lo que Rafa asiente expresando la ilusión que le hubiera hecho ver competir al que Nadal considera uno de sus ídolos en el deporte.

Rafa Nadal tiene previsto quedarse todo el fin de semana en Augusta y seguir disfrutando de su deporte favorito con las principales estrellas del golf.

El día que Seve Ballesteros reinventó el márketing con una visera de Nike en Augusta

El día que Seve Ballesteros reinventó el márketing con una visera de Nike en Augusta

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Han pasado 40 años desde uno de los finales más crueles para el golf español en Augusta National. Seve Ballesteros salió a los últimos nueve hoyos del domingo con tres golpes de ventaja, pero el mejor jugador de todos los tiempos, Jack Nicklaus, terminaría arrebatándole la tercera chaqueta verde al español para colocarse él mismo la sexta, un récord jamás logrado en el Torneo de Maestros.

Pero, más allá del triunfo y la derrota, también se cumplen 40 años del gesto que espontáneamente hizo Seve el viernes por la noche, que todavía se estudia en las escuelas de marketing deportivo.

Seve acababa de firmar un contrato con Nike, una de las primeras incursiones de la multinacional americana en el mundo del golf; la marca ni siquiera tenía terminada su producción de viseras. Viendo el español —que se había comprado una visera en el club con el logo del Masters— que llegaba al fin de semana con opciones de victoria, decidió regalar a su nuevo patrocinador una dosis extra de visibilidad, así que decidió recortar el logo del polo y pegarlo en su visera para tapar el que llevaba del torneo.

El problema llegó cuando se dio cuenta de que el logo de Nike no terminaba de cubrir por completo el original de la visera; así que decidió recortar un nuevo logo de otro polo y poner los dos, uno encima del otro. Cualquier gurú de marketing se habría llevado las manos a la cabeza, pero Seve salió el fin de semana con una histórica reinvención de su nuevo patrocinador.

"Papá siempre entendía el momento y era muy creativo", dijo su hijo Javier, presidente de la Fundación Seve Ballesteros. "Nike acababa de ficharlo y él quería representarlos correctamente, especialmente sabiendo que estaría en la pelea durante el fin de semana. No había una visera preparada, así que simplemente creó una él mismo. Ese era papá: instintivo y creativo. Cuarenta años después, sigue siendo un recuerdo especial, no solo por la visera, sino por cómo afrontaba todo".

Para conmemorar los 40 años de esta curiosa historia, Nike ha lanzado un número limitado de viseras "Nike Double Swoosh", y el número uno del mundo, Scottie Scheffler, luce el curioso doble logo en sus zapatos esta semana.

Rahm y el Masters de Augusta: diez años de satisfacciones

Rahm y el Masters de Augusta: diez años de satisfacciones

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Desde aquella primera ronda en Augusta National de 71 golpes en condiciones ventosas, Jon Rahm fue consciente de que algún día terminaría vestido de verde. Cinco años más tarde cumplía su sueño con la sexta victoria española en el Masters de Augusta. Solo Estados Unidos nos supera en triunfos en el torneo más icónico. Impresionante.

Otros cinco años más tarde Rahm celebra su primera década aquí, en nueve participaciones, donde nunca ha fallado un corte y cuenta con cinco finales entre los 10 primeros. Este año su nombre vuelve a sonar con fuerza, probablemente nunca ha dejado de hacerlo, pero desde que el de Barrika se fue al LIV Golf, la popularidad del español no ha salido demasiado reforzada. Segundo, primero, quinto y segundo es la mágica secuencia de los cuatro torneos en los que ha tomado parte en 2026, todos del LIV, donde acumula un resultado de 79 golpes bajo el par. "Me ha venido muy bien estar fuera tres meses, me ha dado tiempo a pensar en qué mejorar, cómo se sentía mi swing y qué necesitaba para mejorar, y sigo trabajando en ello", comentaba Rahm en la ya clásica rueda de prensa de los martes en Augusta.

Después de atender a los medios, Rahm, junto a Sergio García, José María Olazábal y el mexicano Carlos Ortiz, ha jugado los segundos nueve hoyos de Augusta National. Sergio, que aparenta mucha incomodidad en este primer major del año, decidió acortar el entrenamiento y en el hoyo 15 enfiló directamente el camino hacia el 18. Por mucho Masters de Augusta que sea, había partido importante del Real Madrid.

"No sé si cambia mucho, la verdad, pero yo contento jugando cuatro vueltas. No sé si te prepara más o menos, pero yo, para competir, prefiero tener cuatro vueltas", comentaba Rahm en referencia al cambio de los 72 hoyos que el LIV ha incorporado este año, y que parece que ha sentado muy bien al español, su juego está en mejor forma que nunca.

También habló Jon de sus negociaciones con el DPWT, que esperan lleguen a buen puerto. Sus palabras son siempre de agradecimiento al Tour europeo, al que "siempre defenderé y llevaré con orgullo la bandera del DPWT". Es inevitable que en cada rueda de prensa que doy siempre haya una o dos preguntas al respecto. Ya estoy acostumbrado y no me altera psicológicamente. Estamos negociando, seguimos hablando y espero que para septiembre tengamos una solución buena para los dos. Hay torneos del circuito europeo que me encantaría poder jugar, como Wentworth, Francia, Dubái y, por supuesto, España. Y no quiero ni pensar en que no podré jugar el Open de España", explicó el ganador del Masters de 2023, que se mostró optimista de cara a su participación en la Ryder Cup del año próximo.

Rahm tiene en su haber dos majors (Masters 2023 y US Open de 2021) y espera irse esta semana con el tercero, aunque es consciente de que repetir victoria en Augusta está solo al alcance de unos pocos privilegiados. "No es fácil ganar un torneo de Grand Slam; no es fácil ganar un Masters, pese a que cada año jugamos en el mismo

escenario; pero aún más difícil es ganar dos Chaquetas Verdes. En ausencia de Tiger y Phil Mickelson, solo tres jugadores están en Augusta este año y uno de ellos es José María Olazábal. Para mí sería un orgullo estar entre ese exclusivo club de dobles ganadores".

Rahm comenzará el torneo el jueves desde las 19:08, hora española, junto al norteamericano Chris Gotterup, ganador de dos torneos este año, y la estrella sueca Ludvig Åberg.

El fin de la maldición de Rory, el abrazo a su hija, Poppy, y las lágrimas sobre Augusta: "Fueron 14 años de gestación"

El fin de la maldición de Rory, el abrazo a su hija, Poppy, y las lágrimas sobre Augusta: “Fueron 14 años de gestación”

Actualizado Lunes, 14 abril 2025 - 16:08

Gene Sarazen, en 1935, fue el primero que completó el Grand Slam tras vencer en el Masters. Ben Hogan, con 40 años, fue el más veterano en lograrlo tras su victoria en el Open Championship de 1953. Gary Player tenía 29 años cuando, en el US Open de 1965, se convirtió en el tercer jugador en conseguir esta gesta. Un año después, Jack Nicklaus lo logró en el Open Championship de 1966 con solo 26 años y Tiger Woods entró en la historia del golf en el año 2000 con su victoria en el Open Championship con apenas 24 años, el más joven en la historia.

La épica de lograr, en un deporte individual, triunfar en los eventos referenciales y más importantes esta reservado a un puñado de privilegiados. Hasta el domingo, en golf solo cinco jugadores en la historia de este deporte lo habían logrado, ninguno de ellos lo hizo en una misma temporada.

Rory cerró el domingo un capítulo más de la historia de este deporte, lo hizo con 35 años, aunque el norirlandés nunca hubiera pensado que el camino iba a ser tan complicado. Un total de 11 tentativas ha tenido desde julio de 2014, cuando logró su tercera victoria en un major. Hasta entonces, todo había ido a velocidad supersónica.

En 2011, gana su primer major, el US Open de Congressional, con 8 golpes de ventaja. Un año después, conquista el PGA Championship con otra cómoda renta de ocho impactos y, dos años más tarde, en 2014, gana el Open por delante de Sergio García y Ricky Fowler. Estas victorias le posicionan, con solo 24 años, como candidato a sumar su nombre a la exclusiva nómina de jugadores que han triunfado en los cuatro majors al menos una vez. Ese mismo año, además, volvería a ganar el PGA Championship, sumando su cuarta gran victoria.

Desde entonces, para Rory solo existía una obsesión: el Masters de Augusta. "Voy a ir a Augusta el año próximo con 25 años y la posibilidad de ganar el Grand Slam, ni siquiera yo pensé que fuera posible", dijo hace algo más de una década en la sala de prensa del Open en Royal Liverpool.

Lo que tampoco podría sospechar entonces Rory es que el camino iba a ser tan largo y tortuoso, y que terminaría obteniendo el objetivo en la undécima tentativa. "Empezaba a preguntarme si alguna vez llegaría mi momento. Creo que llevo los últimos diez años viniendo aquí con la presión del Grand Slam sobre mis hombros y tratando de lograrlo... Sí, ahora me pregunto de qué vamos a hablar todos de cara al Masters del próximo año. Pero me siento absolutamente honrado, emocionado y muy orgulloso de poder llamarme campeón del Masters", eran las palabras del nuevo y emocionado triunfador.

McIlroy junto a su familia con el trofeo.

McIlroy junto a su familia con el trofeo.Getty

Todo parecía perfecto hace 14 años para que Rory, con solo 21 años, desbancara a Woods de la historia como el más rápido en lograrlo. Durante los tres primeros días de Masters, impuso su ley y llegó al domingo con una sólida renta de cuatro golpes de ventaja. Nadie dudaba de que aquel iba a ser un día histórico en Augusta. Su compañero de ronda entonces fue Ángel Cabrera, el mismo que tras pasar casi tres años en prisión, volvía al Masters este año y quiso acordarse de Rory. "Me encontré una nota en mi taquilla de Ángel Cabrera deseándome suerte antes de la ronda", desveló el domingo.

Cabrera fue testigo de excepción del sufrimiento aquel domingo de 2011, un calvario que comenzó con un triple bogey en el 10, bogey en el 11 y un doble más en el 12. Rory terminó su primera tentativa con 80 golpes y la más cruel lección de toda su carrera. El analista de la CBS, Peter Kostis, tuvo el mal trago de hacerle la primera entrevista tras la debacle. "Necesito un abrazo", recordó que Rory le dijo al oído antes de empezar. No era más que un chico de 21 años que admitía tener decorada las paredes de su habitación familiar en Hollywood (Irlanda) con pósters de Tiger Woods en el Masters de 1997.

Redención

Aquella fue la oportunidad más clara que a Rory se le presentó hasta el pasado domingo de ganar el Grand Slam. Desde entonces, desde el PGA Championship, su currículum de frustraciones ha ido creciendo. Se escapó el Open de 2022 en St. Andrews, fue segundo en el US Open de 2023 por detrás de Wyndham Clark, y el desenlace más dramático llegó en el US Open de Pinehurst en 2024, donde falló en los últimos tres hoyos dos putts de poco más de un metro para dejar escapar una nueva victoria.

"Sí, creo... yo diría que fueron catorce años en gestación, desde aquella vez en 2011 que salí con cuatro golpes de ventaja y sentía que podía lograrlo. Sí, había muchas emociones acumuladas que simplemente salieron en ese green del 18", ha explicado McIlroy. Emociones que se desbordaron con el abrazo a su hija Poppy después de haberse derrumbado sobre el green del 18 en el Augusta Nacional. "Un momento así hace que todos los años y todas las ocasiones en las que estuve cerca hayan valido la pena", sentenciaba Rory.

Rory McIlroy sobrevive al dramático desenlace del Masters para ser leyenda del golf

Rory McIlroy sobrevive al dramático desenlace del Masters para ser leyenda del golf

Euforia, gritos, maldiciones, risa nerviosa, llantos, congoja. La última jornada del Masters podría resumirse con una sucesión de sentimientos, un recorrido de onomatopeyas que fueron del "ohhh" al "ahhh", pasando por el aplauso a la decepción o de la tristeza a la euforia. Un cóctel de emociones que haría más justicia a la hora de describir lo sucedido durante algo más de cuatro horas del domingo en Augusta. Ni los periodistas más veteranos de la sala de prensa recuerdan un desenlace así: "Quizás el de 1986", apuraban de memoria en un corrillo, o más cercano en el tiempo, el de 2011, de aciago recuerdo para Rory McIlroy, héroe de esta edición, pese a haber coqueteado con la tragedia durante varios momentos de la jornada. Ya deberían estar haciendo la edición especial del gnomo para el Masters 2026 con la cara de Rory.

El Augusta National, el campo más correcto del planeta, se desquició por completo en lo que ya debería ser un domingo que ocupe un lugar en la cúspide de la historia del golf, a la altura del duelo al sol, el milagro de Medinah o las gestas más heroicas de Tiger Woods.

Muy pronto empezaron las emociones. Ya en el hoyo 1, Rory, que salía con dos golpes de ventaja a los últimos 18 hoyos, falló su salida al bunker y encadenó una serie de errores que lo llevaron al doble bogey. Bryson DeChambeau, solvente, sacó adelante un par que igualaba el torneo. Lo habíamos venido como algo más que un duelo, Europa contra Estados Unidos, LIV Golf frente al PGA Tour, las dos principales personalidades del golf se medían en el último partido del Masters. Rory cargaba con una mochila repleta de fantasmas del pasado. "Voy a dejar el teléfono a un lado y quizás vea el segundo capítulo de la tercera temporada de los Bridgerton, me quedé dormido anoche", apuntillaba el aspirante al Grand Slam.

recuperación imposible

El birdie en el hoyo 2 de Bryson le puso por primera vez por delante en el torneo, aunque reaccionó rápido el norirlandés para restar un golpe en el 3, mientras el norteamericano cometía el primer error del día. McIlroy recuperaba la iniciativa en el marcador. Volvía a afianzar el irlandés su liderato con un doble hoyo (birdie-bogey) en el 4, tres de ventaja para Rory. El primer hoyo donde ambos salvaron el par fue el 5. En el 7, el irlandés falló a los árboles de la izquierda e inventó una recuperación imposible por arriba, aunque no culminó con birdie.

Sin embargo, sí remató en los hoyos 9 y 10 con dos birdies más, especialmente importante fue de este hoyo 10, donde en 2011, siendo líder, cometió un triple bogey que fraguó una de las debacles más crueles de la carrera del norirlandés. No sería la última. Aunque hace 14 años, Rory terminaría perdiendo el Masters con una ronda final de 80 golpes.

Para entonces, DeChambeau ya se había condenado con un doble bogey en el hoyo 11 a ser una pieza decorativa en el desenlace, y el inglés Justin Rose se había reivindicado con seis birdies en los últimos ocho hoyos. El inglés, que ya perdió el playoff del torneo con Sergio García en 2017, había recuperado siete golpes de desventaja. A estas alturas, el torneo parecía cosa de dos jugadores, más bien de McIlroy y sus fantasmas. Lo intentó Patrick Reed, que terminó con -9 después de embocar un eagle desde la calle en el hoyo 17.

El festejo de McIlroy tras imponerse a Rose en el 'playoff'.

El festejo de McIlroy tras imponerse a Rose en el 'playoff'.AP

Scottie Scheffler, número uno, terminó la semana cuarto con -8, y una ronda de 69 golpes, que confirma la mejoría lenta del defensor de la chaqueta verde. El sueco Ludvig Åberg, segundo el año pasado en su primera participación, iba camino de algo más, pero terminó con bogey en el 17 y triple bogey en el 18, para confirmarse con una séptima plaza en -6.

Rose encendía el hoyo 18 con un birdie final desde casi siete metros para firmar con 66 golpes la mejor ronda dominical y presionar a su compañero de Ryder Cup con un -11.

El drama ya se estaba cebando entonces con McIlroy, que inexplicablemente tiró su bola al agua de tercer golpe en el hoyo 13 con un sandwedge. Había pasado de 14 bajo par y un cómodo colchón de cuatro golpes de ventaja a perder tres golpes en tres hoyos y afrontar el Amen Corner en -11. Un nuevo bogey en el 14 le dejaba contra las cuerdas en -10. El murmullo del campo parecía ir fabricando un nuevo relato de la enésima debacle de Rory en los majors, la última tan reciente como el US Open del año pasado en Pinehurst, donde Rory se dejó dos putts de un metro para perder el torneo.

Gesto de incredulidad

Pero el norirlandés se tenía guardado un soberano hierro en el 15 para una oportunidad de eagle de poco más de metros que no pudo convertir. Hizo birdie en el 15 con dos putts y falló otro clamoroso en el 16. Otra vez las manos en la cabeza de incredulidad por otra oportunidad perdida, pero una nueva reacción en el 17, dejando la bola dada de dos con otro explosivo golpe desde la calle. El birdie le daba un golpe de ventaja sobre Rose con el 18 a jugar. La salida fue perfecta en el golpe más complicado del hoyo final, pero de nuevo el drama. Rory tiró su bola al bunker con el wedge en las manos, y otro putt de dos metros para par que se iba al limbo de los fracasos. La sala de prensa, el campo, todos enmudecieron, con un silencio condescendiente que hacía temerse un nuevo y cruel final. Rose le esperaba para un desempate.

Pero tocó la versión del Rory bueno en la continuación y mejoró un buen golpe de Rose. El putt no llegaría a los dos metros, y sí, esta vez terminaría dentro. Un final feliz para un cuento donde las hadas y los monstruos se daban de garrotazos. Rory, caía de rodillas en el green del 18, lloraba como un niño. La victoria más especial y la que lo lleva a la categoría de leyenda. Ya tiene su colección de los cuatro grandes y entra en el olimpo restringido donde solo Gene Sarazen, Ben Hogan, Jack Nicklaus, Gary Player y Tiger Woods han entrado. El último fue el Tigre en el año 2000.

Por su parte, Jon Rahm logró maquillar el torneo con un buen fin de semana que lo deja en el puesto decimocuarto. Cerró el español con 69 golpes a las puertas del top-10. "Me daría un seis y medio", se puntuaba el de Barrika, que ya espera ansioso al PGA Championship en pocas semanas.

El Masters de Augusta y las restricciones del evento más rígido del mundo

El Masters de Augusta y las restricciones del evento más rígido del mundo

Actualizado Domingo, 13 abril 2025 - 22:26

Cuando hay una delgada línea entre la tradición y lo anacrónico, el Masters de Augusta siempre defiende su política: el que quiera que venga y el que no, que se quede en su casa. Una sentencia tan rotunda como plausible. Dicho en otras palabras, en su torneo y hacen lo que les viene en gana.

Para saber más

La noticia del alivio fisiológico de Josele Ballester en el Rae Creek corrió como la pólvora y muchos medios americanos titulaban sus informaciones con el orín más famoso en la incipiente carrera del amateur de Castellón. Desde su entorno, no dan crédito al revuelo, pero los más veteranos saben cómo le ha podido sentar a Augusta National la confesión de Ballester.

"No te puedo creer, no te creo", comentaba José María Olazábal, cuando se enteraba del incidente del compatriota. "Si hace falta, te metes en mitad de las azaleas. Anécdota de novato, el próximo año que mire bien dónde están los servicios, si quiere se lo voy diciendo", decía entre risas. "Es solo una anécdota, no creo que le vayan a llamar la atención por eso", concluía Olazábal. "No lo vi y no voy a hablar de eso", zanjaba Sergio García sobre 'el alivio de Ballester'.

Ha sido una semana agitada para Josele. El lunes, su coach de Arizona State, Matt Thurmond, fue animado a abandonar el campo por ir en bermudas y volver cuando se pusiera unos pantalones largos. Es una de las normas que compete a actores del Masters que en algún momento vayan a estar entre cuerdas, no así al público, que, sin embargo, tienen prohibido correr por el campo, gritar, exhibir banderas o pancartas, o recostarse en el suelo.

Las normas de cortesía llegan a tal extremo que es habitual ver a los guardias de seguridad obligando a los patronos que llevan la visera de la gorra al revés a ponérsela en su sentido normal. Por supuesto, los teléfonos móviles son radicalmente prohibidos para todos, al igual que las cámaras o cualquier aparato de reproducción.

Tras la victoria del Masters en 2012 de Bubba Watson, Clayton Baker, un fanático que había vivido la experiencia de su vida acudiendo al torneo, quiso dar un paso más allá y decidió que el mejor recuerdo sería llevarse un poco de la famosa arena de cuarzo de uno de los bunkers. La ocurrencia le salió muy cara, ya que fue esposado y detenido con una multa de 20.000 dólares.

Lenguaje de la prensa

La prensa también tiene que medir sus pasos y palabras, hay un lenguaje específico que debemos utilizar, el público no es público, son patronos, y así un glosario de palabras con las que Augusta quiere referirse a su campo y torneo. A lo largo de la historia, varios periodistas fueron vetados e invitados a devolver su acreditación por comentarios que los rectores de Augusta consideraron inapropiados. Nombres como Frank Beard, Jack Whitaker, Bob Costas o Gary McCord, uno de los últimos que se despidió del Masters al comentar que la dureza y rapidez de los greens era tal que parecían segados con crema depilatoria para las ingles. No captaron su sentido del humor.

Para acceder a trabajar en el campo y torneo más importante, tienes que pasar una serie de test psicológicos interminables y firmarás un contrato de confidencialidad que cubrirá los 10 años posteriores a tu salida del campo. A pesar de tanto control, alguna oveja negra ha salido a la luz este año, como el caso de Richard Globensky trabajaba como ayudante de almacén en Augusta National y durante años estuvo desviando material de merchandising para revenderlo en el mercado negro. La avaricia le llevó a dar un paso más y llegó a colocar a un coleccionista de Chicago las chaquetas verdes de Ben Hogan, Gene Sarazen y Arnold Palmer. Cuando el FBI descubrió el delito, Globensky había ganado más de cinco millones de dólares y creado una estructura con almacenes y camiones de reparto. La sentencia le llevará a pasar un año en prisión y restituir al club casi 3,5 millones de dólares.

Augusta no solo te exige disciplina y orden dentro del campo de golf, también fuera de él. Un comportamiento ejemplar, y si no, siempre quedará la opción de no venir al mejor torneo del mundo.

Rory McIlroy, a 18 hoyos de ser leyenda en el Masters de Augusta, el único 'major' que le falta

Rory McIlroy, a 18 hoyos de ser leyenda en el Masters de Augusta, el único ‘major’ que le falta

Actualizado Domingo, 13 abril 2025 - 01:27

Caminaba Jon Rahm cabizbajo tras un mal final con dos bogeys consecutivos cuando Augusta National comenzó a rugir como nunca antes lo había hecho en este Masters. Con todos los jugadores ya en el campo, la primera hora de golf de Rory McIlroy quedará en los libros de récords, cinco bajo el par en cinco hoyos, la primera vez que un jugador consigue arrancar con seis treses consecutivos. Tras un drive gigantesco en el hoyo uno pasando el bunker de la derecha arrancó con birdie, la salida en el dos fue descomunal, de 370 yardas, para rematar en el green con un approach de eagle; el campo estaba ya patas arriba. Bryson DeChambeau respondía con un birdie desde 13 metros.

Seguía Rory en racha: birdie en el 3 y en el 5; el griterío seguía sobrecogiendo hasta a los patrones que transitaban alrededor de la casa club, allí Rahm departía amablemente con Ana Patricia Botín, única socia española vestida con su chaqueta verde. "Te he visto hoyos muy buenos hoy", consolaba la presidenta del Banco Santander al de Barrika, que cerró con 70 golpes (-2), una ronda que empezó muy bien con tres birdies consecutivos y terminó peor, con dos bogeys en el 17 y 18.

Entre medias, un juego sólido desde el tee, muy deficiente con los hierros y estratosférico con el putter, solo necesitó el ganador del Masters en 2023 de 27 putts para completar los 18 hoyos. Su resultado de par le deja entre los 25 mejores, pero sin ni siquiera opciones de intentar una heroica remontada dominical.

"Errores mentales"

"Un poco más cómodo en general, ayuda ver que los dos primeros putts han entrado, aunque la sensación ha sido parecida a la de los dos días anteriores. Los errores han sido mentales míos. Una pena no aprovechar el 13 y el 15", comentaba el español en referencia a los dos últimos pares cinco del recorrido.

Gracias al fulgurante inicio, Rory pasó de estar dos por detrás de Justin Rose a líder destacado con cuatro de ventaja. El show McIlroy había comenzado y se barruntaba una cifra para el escándalo. El juego 'A 'del norirlandés es probablemente el mejor de la historia del golf, el único problema es que muy pocos tienen el privilegio de verlo. Hoy la racha se prolongó durante 7 hoyos. En el hoyo ocho par cinco, tras una salida al bunker, llegó el primer error del día, falló el birdie en el nueve desde tres metros y un nuevo bogey en el 10 devolvía la emoción al torneo.

Con los ojos como platos, disfrutaba del espectáculo la leyenda del baloncesto español Rudy Fernández: "Espectacular. Poder vivir esto ha sido una gran oportunidad. Lo que más me ha sorprendido es cómo mantienen las tradiciones, y es lo que le hace especial al torneo, es mi primer evento y creo que he puesto el listón muy alto". Rudy, que empezó a jugar al golf gracias a la insistencia de su amigo Pau Gasol, también agradecía la desconexión del teléfono en estos días. "Me quedaría hasta el final, pero mi mujer me mata", bromeaba ya rumbo a Madrid donde disfrutará de su nueva afición en el campo de golf de La Finca con amigos como el ex futbolista del Real Madrid, Raúl González Blanco.

Rahm, el sábado, en un bunker del hoyo 17.

Rahm, el sábado, en un bunker del hoyo 17.EFE

A tiempo, Rory volvió a conectarse con el birdie en el 13 y majestuoso hierro en el 15 que convirtió en eagle para llegar a -12 y poner un parcial de seis bajo el par en su ronda y de nuevo recuperar los cuatro golpes de ventaja, que finalmente se quedarían en dos con Dechambeau. Lo intentaron sin acierto el número uno,Scottie Scheffler (par), que en ningún momento consiguió despegar, o el líder tras los dos primeros días, Justin Rose (-6), que no pudo mejorar una tarjeta de +2.

Los únicos capaces de seguir el ritmo de McIlroy fueron Corey Conners (-8) con unos meritorios 70 golpes bajo presión, Ludvig Åberg con -3 en la jornada y seis bajo el par en el acumulado, mismo resultado que Patrick Reed y sobre todo DeChambeau (-10) con una ronda de tres bajo el par, culminada en el 18 con un putt de 14 metros que levantó de nuevo toda una explosión en Augusta National. Salió Bryson del hoyo 18 como una estrella de rock and roll antes de un concierto, inyectado de euforia, arengando a cada paso a las masas que aclamaban al nuevo héroe americano en la antesala de un duelo de tintes épicos.

LIV Golf vs PGA Tour

El domingo compartirán el partido estelar, los dos jugadores más carismáticos del momento, las mayores personalidades que ofrece hoy en día este deporte y que se reparten la mayor porción de fanáticos. El mejor emparejamiento posible enfrentará a dos mundos contrapuestos: el de LIV Golf, representado por DeChambeau, y el PGA Tour, con Rory como máximo exponente.

Solo cinco golfistas en la historia, Gene Sarazen, Ben Hogan, Arnold Palmer, Jack Nicklaus y Tiger Woods, han logrado el hito de triunfar en al menos cada uno de los cuatro majors. Un triunfo incorporaría a Rory a este selecto listado, convirtiéndole en leyenda de este deporte.

El mayor enemigo de Rory ante el Grand Slam son sus propios fantasmas. Hace 14 años, en 2011, salía la última jornada con cuatro golpes de ventaja y terminaría en el puesto 15 tras una histórica debacle.