Giorgian de Arrascaeta, jugador clave de la selección uruguaya de fútbol, se lesionó este martes durante un entrenamiento y su presencia en la Copa del Mundo está en el aire.
Uruguay es el principal rival de España por el Grupo H, que los medirá en la última fecha del grupo el 26 de junio en la ciudad mexicana de Guadalajara.
“De Arrascaeta sufrió un fuerte dolor en el gemelo de una de sus piernas y le están realizando estudios”, señaló el diario uruguayo El Observador, que se refirió a un posible desgarro.
El centrocampista ya había sufrido una fractura en la clavícula derecha el 29 de abril durante un partido por la Copa Libertadores. El Flamengo, el club en el que juega, aceleró la operación para el día siguiente el partido, pero el jugador continuaba esta semana en entrenamientos de recuperación.
El argentino Marcelo Bielsa, entrenador de la selección uruguaya, había anunciado este lunes que De Arrascaeta comenzaría a entrenar ya con balón el viernes previo al debut mundialista del 15 de junio, ante Arabia Saudita. El nuevo problema físico abre serias dudas sobre la presencia del jugador de 32 años en el Mundial.
Ignacio Alonso, presidente de la Asociación Uruguaya de Fútbol (AUF), intentó insuflar optimismo: “No sabemos si es un desgarro, más allá de que confiamos en que no va a ser obstáculo para que esté en el Mundial; ojalá que así sea, pero todavía no tenemos la confirmación”.
Alonso pidió “no hablar sobre hipótesis de una situación negativa. Creo que va a estar todo bien y va a poder estar“.
Cuando corren, tampoco. Es la conclusión fácil para abrir la base del cadalso sobre el que han situado a Xabi Alonso, con la soga anudada al cuello. La conclusión tiene una trampa, y es que no es lo mismo correr contra el Celta que contra el City. Un Madrid atónico, lento y errático frente a un Madrid intenso, presionante, veloz y sufriente. Un Madrid de jugadores dimitidos en una derrota sin perdón contra un Madrid de futbolistas entregados en una caída con honra ante un grande de Europa. La pregunta es cuál de los dos pertenece a su entrenador y cuál a la idiosincrasia desnuda que anida, como una musa, en el Bernabéu. En la respuesta está la solución: Xabi Alonso, si; Xabi Alonso, no. Ese es el dilema. [Narración y estadísticas (1-2)]
A Florentino Pérez le toca resolverlo, pero hacerlo de verdad, en una u otra dirección, no con la indefinición que sucedió al numerito de Vinicius en el clásico. Que Xabi Alonso es un buen entrenador lo dice el mercado, su brillante pasado reciente en Alemania. Que Xabi Alonso es o no un entrenador idóneo para el Madrid lo tienen que decir los resultados, hasta ahora irregulares, pero en el top-8 de la Champions y a cuatro puntos del líder en la Liga. Jamás podrá serlo, sin embargo, sin la autoridad debida, algo que no siempre ha sentido bajo un fuego que puede ser tan peligroso como el fuego del City. Es el fuego amigo.
La entrega de los futbolistas desde la salida del vestuario tampoco es la más indicativa de si están a full con su entrenador, porque la Champions invoca siempre algo especial en el Bernabéu, algo que trasciende las batallitas familiares, incluso las cuentas pendientes, en una atmósfera de eucaristía colectiva. Rodrygo las tiene, con el técnico y consigo mismo, pero apareció como si hubiera soltado todo el lastre, camino de su primer gol en nueve meses. Pasó del ostracismo a ser lo mejor del Madrid, frente a un Vinicius desenfocado y un Mbappé quebrado en el banco. Después del tanto se abrazó a Xabi Alonso en la banda. O el brasileño es un actor de primera o se trata de un gesto difícil de entender en un contexto de guerra soterrada contra el entrenador.
Sobrehumano Courtois
Rodrygo concluyó una contra sacada del álbum de fotos del Madrid, un prodigio en el que intervinieron la presión, la velocidad y la precisión. Carreras robó a Bernardo Silva, Gonzalo fue el vértice en la transición y Rodrygo cruzó lejos de la envergadura del gigante Donnarumma.
Era el arranque que siempre se espera del Madrid, a fuego, pero de un Madrid mermado, globalmente en defensa y especialmente por la ausencia de Mbappé, el mástil del equipo en este arranque de temporada. Al Madrid, al menos, le quedaba la quilla. Courtois volvió a sostener a los suyos, con intervenciones sobrehumanas, como una doble parada ante Haaland y Cherki, cuando llegó la ola del City, contemplativo y pasivo primero, pero persistente y profundo después, con Doku como un cuchillo en su izquierda. El fútbol de los ingleses es como un caldo, empieza a fuego lento, a veces demasiado lento, más de lo que le gustaría a Guardiola. Sólo había que ver cómo gesticulaba en la primera parte.
Ese City sin profundidad, en cambio, consiguió equilibrar el partido en una acción que señala al trabajo de Xabi Alonso y a la plaga de lesiones en la defensa, a la que se ha unido la del mejor en la zona, Militao. Mal defendido el balón parado, Gvardiol cabeceó y O'Reilly remató desde la salita de estar de Courtois sin que el portero tuviera visión. Cuando el Madrid necesitaba el descanso, Rüdiger agarró a Haaland con disimulo, pero no hay disimulo posible en el VAR, que nada más empezar sacó un penalti a Vinicius fuera del área. En ambas acertó.
Rodygo, ante Bernardo Silva, el miércoles en el Bernabéu.AFP
Ser objeto de la pena máxima y acertar en el lanzamiento fue toda la contribución del ogro noruego, suficiente para cualquier delantero, pero escasa para lo que se espera de un personaje de su talla. Con mucho tiempo por delante, Guardiola lo sustituyó, al refrescar todo su ataque, puesto que también se marcharon Foden y Cherki.
Xabi Alonso lo hizo por necesidad en una segunda parte de riesgos, no había otra. Si en el once había prescindido de Güler en favor de Ceballos, llamó entonces al turco, como también a Brahim o hasta Endrick, que estaba en el último estante del armario para el tolosarra. Suya fue la mejor ocasión del partido, salvo el gol de Rodrygo, en un remate al larguero.
Cambios que llevaban el mensaje de la carga ante un equipo al que el Madrid no podía dominar, ni al principio ni al final, porque no tiene la madurez colectiva ni el juego necesario. El primero que lo sabe es Xabi Alonso, por eso decidió esperar y salir a la contra en el primer tiempo hasta que la desventaja le hizo descoserse a la desesperada ante un City que jamás se exprimió. A la desesperada espera, hoy, decisiones para saber si, como dice Guardiola, puede mear en el Madrid con la suya.
Al borde del abismo continúa un entrenador que trabaja para recuperar la unión del grupo. Un futuro incierto aguarda a Xabi Alonso. El vasco se encuentra en el precipicio y este domingo acude en su auxilio Kylian Mbappé, ausente en el último de examen del desconcertante Real Madrid en el estadio Bernabéu. El francés va recuperándose de sus problemas físicos y estará en Mendizorroza para pelear contra el Alavés y conseguir una victoria que sostenga al preparador tolosarra.
Mbappé regresó a la dinámica de grupo en el entrenamiento matutino del sábado en Valdebebas. El goleador francés (25 tantos en este curso) realizó varios ejercicios para fortalecer su rodilla izquierda, en la que sufrió un fuerte golpe en el partido contra el Celta. Después, tras una suave carrera, participó sin problema en ejercicios con balón y podría ser titular en el partido de Vitoria, informa Efe. Xabi Alonso también recupera Huijsen, que se ha perdido los cinco últimos partidos. La presencia del central alivia ligeramente la angustia por las numerosas bajas: Dani Carvajal, Trent Alexander-Arnold, Mendy, Alaba y Camavinga. Tampoco viajan los sancionados Carreras, Fran García y Endrick. Sin los tres laterales izquierdos, podría debutar el canterano Víctor Valdepeñas, polivalente defensa del Castilla de Álvaro Arbeloa. Tiene 18 años, es fuerte, alto (1.88 metros), con buen lanzamiento desde larga distancia. En la convocatoria del expedicionarios que viajan a Mendizorroza también figuran otros tres jugadores del equipo nodriza: el central Joan Martínez (18 años) y los centrocampistas Jorge Cestero (19) y Thiago Pitarch (18).
Como no podría ser de otra forma, en la sala de prensa de Valdebebas se preguntó a Xabi Alonso sobre la posibilidad de ser destituido si no vence al Alavés, una cuestión que respondió apelando a la propia naturaleza del fútbol: «Llevo muchos años en el fútbol. No me sorprende nada de lo que puede suceder. Son cosas normales, cosas que han sucedido, cosas que pasarán en el futuro. Hay que afrontarlas con la responsabilidad del cargo y de lo que representamos».
También subrayó que la relación con los directivos del Real Madrid sigue siendo buena. «Desde el inicio hemos tenido una comunicación constante con el presidente... Estamos todos juntos desde la confianza, el respeto, el cariño y la responsabilidad en el objetivo común. Siempre es buena la comunicación», dijo.
Asimismo, a Xabi le preguntaron sobre la posibilidad de que Arbeloa le puede relevar en el banquillo, una cuestión que no pareció incomodarle. «Álvaro en un futuro podrá ser entrenador del Real Madrid», exclamó.
Alonso, que sólo suma dos partidos ganados en los últimos ocho, advirtió: «Ahora toca trabajar para revertir la situación. Queremos cambiar la dinámica de resultados... En el vestuario tenemos comunicación todos los días, trabajamos juntos en momentos buenos y en los no tan buenos. Sabemos que ahora estamos pasando dificultades y que podemos crecer si superamos estos momentos difíciles».
«Si revertimos la dinámica, dentro de unas semanas podemos mirar atrás y ver cómo hemos crecido. Es un proceso de un vestuario en el que hay gente con bagaje y poder para tomar decisiones», agregó.
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LUIS NÚÑEZ-VILLAVEIRÁN
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