Un eficaz Valencia condena al Sevilla al sufrimiento

Un eficaz Valencia condena al Sevilla al sufrimiento

Quién está más lejos de lo que fue y quién más aclimatado a su realidad, por triste que sea. Esa era la respuesta que iba a dar el partido entre quienes tocaron la gloria y ahora están expulsados del paraíso. El Sevilla aún no lo ha asimilado. Sangra por la herida. El Valencia ya tiene cicatriz y, hasta por momentos, sabe cómo tratarla para que no duela. Por eso buscó dos zarpazos, de Hugo Duro y Ramazani, para enterrar a un rival sin constantes vitales, incapaces y jugando a nada a tres puntos del descenso. [Narración y estadística: 0-2]

El duelo ponía en problemas a quien lo perdiera y eso pesó como una losa al inicio. Los valencianistas quisieron ser intensos, pero el primer movimiento en ataque lo hizo el Sevilla con Vargas. Al remate lateral del suizo, buscando puerta o rematador, respondió bien Unai Núñez como lateral derecho de emergencia. Se fueron haciendo los andaluces con el control, pero sin saber qué hacer con él. Plano, sin ideas y sin poder llegar con peligro al área. Si era cuestión de coger ritmo, los dos parones por dos golpes en la cabeza de Gayà en pugna con Juanlu se lo rompieron. El capitán tuvo que salir del campo en el minuto 24 porque no veía bien y fue trasladado al hospital para someterlo a pruebas rutinarias. Antes, su equipo ya se había estirado y Guido probó a Vlachodimos en una buena recuperación a Almeida ante Vargas y con Ramazani culebreando en el área para habilitar el disparo del argentino en la frontal.

No reaccionaron los sevillistas, que solo buscaban a Vargas para generar zozobra. Y cada error encogía el corazón de la grada. Almeida filtró un pase de nuevo para Ramazani, pero se le fue el control y encaró forzado al meta griego. No había forma de detectar al belga, libre para aparecer por todo el ataque. Si ya le costaba al Sevilla, con la lesión de Azpilicueta se le complicó todo más. La decisión del Almeida sancionado y en la grada sobre cómo suplir la baja del navarro desorientó a su equipo. Y descolocados, vieron caer los goles.

El primero, en un error en la salida de balón del veterano Alexis. Se lo robó Unai para entregársela a Hugo Duro que, de tacón, asistió a Ramazani, pero su golpeo seco lo repelió Vlachodimos y lo cazó, de cabeza sin dejarla botar, el 9 del Valencia. Vuelta a la titularidad de Hugo Duro para marcar otro tanto más, el noveno en Liga.

Que el Valencia se adelantara descompuso al Sevilla... y la grada, harta de ver cómo su equipo se va cayendo en la tabla y puede meterse en problemas. Aún visualizaron más ese temor en el tiempo añadido de la primera parte cuando, a trompicones, el Valencia armó una jugada desde Dimitrievski hasta que la pelota cayó en las botas de Javi Guerra para abrir a Rioja que, casi desde la línea de fondo, trazó un centro al segundo palo que Ramazani solo tuvo que empujar. El Sánchez Pizjuán estalló en una protesta que había amasado viendo que su equipo ni remató a puerta.

Algo tenía que hacer el banquillo del Sevilla para reaccionar y buscó a Isaac Romero, Mendy y Carmona, a ver si conseguían, aunque fuera a empujones. Solo fueron capaces de inquietar con un potente disparo lejano de Isaac desde el pico del área. Eran los dueños de la pelota, con el Valencia replegado, pero la llevaban de orilla a orilla sin inquietar.

Buscó Corberán estirar a su equipo buscando la pólvora de Sadiq y el pulmón de Beltrán, a lo que el Sevilla respondió con Oso y Castrín para evitar una derrota que se asomaba ya peligrosamente. Eran incapaces de crear ocasiones para no irse del duelo sin disparar entre los tres palos. Un tiro de Isaac a las manos de Dimitrievski les libró de esa estadística.

Casi nada más cambió en el césped en los últimos 20 minutos, salvo un tiro de Mendy en el añadido que hizo estirarse al portero macedonio. Al Valencia no le hizo falta arriesgar. Fue sólido durante muchos minutos porque tuvo la victoria en el bolsillo ante un rival ofuscado y una grada que se incendió contra el palco.

El Valencia hace crack ante un colista Oviedo que gana vida

El Valencia hace crack ante un colista Oviedo que gana vida

La necesidad siempre obliga más que la ambición. Al menos al Valencia. No es que el equipo esté a salvo, pero sacar el cuello y respirar invitó a que en Mestalla aflorara el recuerdo de las viejas fotos europeas. El deseo, el anhelo, la ilusión... todo a lo que Carlos Corberán llamó ruido y que pudo servir de coartada a una plantilla que no entendió en 55 minutos qué se jugaba en Oviedo. Para el valencianismo, el ruido no es soñar con poder empujar a su equipo a pelear por las plazas europeas, y no por la supervivencia. El ruido son los años perdidos, los frenazos, la insatisfacción de ver cómo el colista te quiebra dos veces esta temporada. El Oviedo, con mucho más peso en los tobillos, quiso ganar y compitió desde el inicio del partido. Y lo hizo. Por necesidad de ganar vida en Primera. Por ambición. [Narración y estadísticas: 1-0]

Los carbayones saltaron al campo a morder en la presión mientras los valencianistas, reactivos, se iban atrincherando, un libreto que la parroquia puede recitar de memoria. Pese a las últimas porterías a cero, el error siempre aparece y penaliza mucho. Fueron los locales quienes rondaron sin cesar la frontal del área y, en la primera ocasión que el Valencia, sin contundencia, se quiso sacar el balón de encima y los rebotes no le favorecieron, Thiago recortó a Guido y buscó la escuadra. Era un aviso de lo que iba a ser toda la primera parte.

El Valencia cayó totalmente en su trampa, sin saber cómo salir de esa telaraña que le dejó en las estadísticas ninguna sensación de peligro y solo una ocasión, que ni siquiera cogió portería. Una conducción de Javi Guerra, pase a Ugrinic pisando área y asistencia a Ramazani, que buscó ajustarla al palo y se le fue un palmo. Habían pasado 24 minutos en los que los hombres de Corberán solo perseguían a los de camiseta azulona.

No era difícil que todo el Tartiere pensara que, aunque sin fortuna en las últimas jornadas, una clara iban a tener. Parecía que iba a ser en un centro raso de Javi López que despejó a córner Eray Cömert. Saque en corto para Thiago, ante la pasividad de Danjuma y, ahora sí, encontró a David Costas, solo en el área, para que armara el remate perfecto. El Oviedo se había puesto con ventaja en media hora ante un Valencia sin colmillo, obligado a ir a remolque.

Quiso reaccionar antes del descanso con un centro de Guerra que Sadiq remata sin orientar su cabezazo hacia la portería de Escandell, pero se encontró con que de un córner dejó nacer una contra que acaba con Dimitrievski sacando con el pie otro tiro con veneno de Thiago.

Costas celebra el gol de la victoria del Oviedo.

Costas celebra el gol de la victoria del Oviedo.EFE

Si intentó resetear Corberán a su equipo en el descanso, no se notó, porque otra vez el portero macedonio salvó un testarazo picado de Fede Viñas aprovechando un perfecto balón colgado al punto de penalti de Nacho Vidal. No encontraba el Valencia cómo contener, y sorprender, a un Oviedo serio que le encontraba las grietas en defensa y no le dejaba correr en ataque. Por eso, la sensación era que, si el marcador se movía, sería en el casillero local. Lo pudo lograr Ilic, pero su zurdazo se le marchó alto, como el disparo de Alberto Reina, hábil aprovechando un error de Thierry, que no enfiló la escuadra como era su intención.

El partido era del Oviedo y al campo mandaron a Hugo Duro, Rioja y Almeida. No era la tarde de Danjuma ni de Sadiq y el Valencia necesitaba a Almeida para jugar. Las escaramuzas no eran suficientes, aunque Gayà inquietara a Escandell con un centro-chut que rozó puerta.

Ganaba metros el Valencia y Ramazani, con un zurdazo en el 68 lamiendo el poste, volvió a poner a prueba la resistencia del colista. Cuando parecía que tenían alguna oportunidad de remontar el partido, llegó el segundo con un saque de esquina de pizarra que Colombatto telegrafió a Antonio Reina en la frontal del área. Controló con la zurda y armó un misil con la derecha a la red rozando el travesaño. Se salvaron los valencianistas porque el VAR avisó de un fuera de juego antes del extraordinario golpeo.

Como si la ambición se midiera por decisiones alocadas, Corberán retiró del campo al capitán Gayà, en su partido 400, para poner en juego a Lucas Beltrán, tras dos semanas de lesión. Un grito desesperado en el 82 que provocó una reacción estéril, de dominio estéril que se tradujo en más saques de esquina que en ocasiones entre palos. Nada evitó que el colista le ganara los dos partidos de Liga.

El Valencia sobrevive a Quique con una remontada de dos goles en la locura del tiempo añadido

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Quique Sánchez Flores es un recuerdo amable del valencianismo, pero Mestalla, que durante muchos minutos pensó por qué no estaba en el banquillo local, acabó celebrando que su equipo le sobreviviera. Al Valencia le tocó remontar en dos minutos del añadido, con un gol de Cömert y un penalti de Hugo Duro un duelo en el que el Alavés, con su orden, le puso contra las cuerdas. [Narración y estadísticas: 3-2]

Mestalla apenas acabó de ovacionar al entrenador visitante cuando el colegiado José Guzmán, armado con cámara y micrófono en una jornada experimental, señaló el punto de penalti por un leve pisotón de Guido a Toni Martínez. 30 segundos había estado la pelota en juego y, sin que el VAR interviniera, Lucas Boyé puso en ventaja al Alavés.

Al Valencia le tocaba jugar contracorriente y empezó a hilvanar el mejor juego de ataque de toda la temporada, con un Ramazani eléctrico entre líneas y conectado con Sadiq, que no tenía su noche. Todo el bagaje ofensivo que generaba el Valencia moría, de una u otra manera, en el nigeriano, torpón y desacertado. No cazó un centro perfecto de Thierry, que se coló hasta la línea de fondo sentando a JonnyOtto a base de recortes. Favoreció, eso sí, un disparo de Ugrinic que salvó la defensa babazorra. Quique había pedido calma a su equipo, que se arropó para contener y buscar sus opciones en contras como la que armó Ángel, cuyo centro al segundo palo no pudo rematar Otto. No se sintió intimidado el Valencia, que comenzó a buscar a Sadiq... y el nigeriano a fallar. Era capaz de desquiciar a los centrales y robarles la pelota, pero las piernas se le liaban cuando encaraba a Sivera, para desesperación de todo el estadio. Eso, cuando no caía en fuera de juego.

Por eso empezaron a pisar área Ramazani o Javi Guerra, con un tiro que taponó Tenaglia. Quizá persiguiendo a Sadiq se rompió Protesoni, lo que obligó a Quique a reordenar a su equipo y, desde ese momento, comenzó a inquietar más a un Valencia tan dominador como impreciso. Como el mal control de Guerra cuando se quedaba mano a mano con el meta del Alavés.

Se desquitó el joven centrocampista al inicio de la segunda parte en otro ataque elaborado que nació en un centro de Rioja que rechazó Sivera, cazó Ugrinic obligándolo a repeler por segunda vez y que Sadiq recuperó para servir el golpeo al canterano. No falló Guerra para poner el empate.

Se había engrasado el Valencia y veía Quique desde la banda cómo a sus jugadores les costaba superar la línea del centro del campo. Sin embargo, reaccionaron con sus cambios y aprovecharon los nervios de los locales, desesperados porque la falta de puntería les estaba arrebatando dos puntos cuando el partido habían logrado dominarlo.

El Alavés se agarraron a Sivera, que salvó un disparo seco de Ramazani, y a Lucas Boyé, que empezó a aparecer. El primer testarazo lo falló por cruzarlo en exceso, el segundo, no. En el 70 tenían la victoria en el bolsillo y en la grada, se encendió la traca del «Coberán, dimisión». Hasta pudieron marcar el tercero si Mariano no hubiera errado de manera inexplicable cuando estaba solo ante Dimitrievski.

La reacción del Valencia era imprescindible y la activó el banquillo mandando al césped a toda la artillería: Danjuma, Raba, Almeida y Hugo Duro para acorralar al rival. Y tuvo efecto en los ocho minutos de tiempo añadido que marcó el colegiado. Dieron la vida... a balón parado.

Unai Núñez remató un saque de esquina escupido por el palo que cazó de volea Cömert para poner el 2-2 en el 90+5. Aún quedaban tres minutos y, entonces, Pacheco impidió que Hugo Duro saltara a rematar un centro larguísimo desde la orilla izquierda y vio la roja por ello. El partido empezó con un penalti y acabó con otro en el 90+7 que el goleador valencianista transformó para cerrar una remontada que hizo explotar a Mestalla.

El Valencia se impulsa en la alegría de Ramazani y Sadiq

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El fútbol es un juego con el que se persigue la diversión entre amigos. Esa esencia casi no se percibe en ningún estadio de Primera. La industria, el espectáculo, la responsabilidad han devorado la alegría de los jugadores, que cargan con las ilusiones de toda una afición y la cuenta de resultados de los clubes que los convierten en millonarios. Si, además, lo que se intenta es huir de un descenso, la sonrisa desaparece. En Valencia hay dos futbolistas que parece que no se olvidan eso. Ramazani y Sadiq, amigos, caóticos, locuelos, siguen jugando como en el patio y su alegría feroz está resultando decisiva para endulzar la amargura de Mestalla. La victoria ante Osasuna que aleja el abismo la construyeron ellos. [Narración y estadísticas: 1-0]

No fue un partido virtuoso y las ocasiones fueron muy pocas. Los valencianistas, creciendo bajo la batuta en el juego de Javi Guerra y el equilibrio de Guido Rodríguez, buscaron por dónde hacer daño a los navarros, y la pareja Sadiq-Ramazani pronto se adivinó como la mejor arma. Las recuperaciones del menudo atacante, siempre buscando dar ventaja al nigeriano, fueron un quebradero de cabeza para la defensa rojilla, que apenas tenía control de la pelota. Ahora bien, tampoco sufría. Los locales mandaban, pero no eran capaces de probar a Sergio Herrera. Faltaba lucidez y acierto en el último pase.

Tampoco Osasuna podía contragolpear. Ni Víctor Muñoz ni Raúl Moro crearon problemas a una defensa donde Unai Núñez es cada día más líder y Cömert no se equivoca. Hasta Thierry, de vuelta, cumplió con su cometido. Budimir anduvo perdido por el césped y Rubén García tampoco emergió. No era su tarde más inspirada, pero se mantenía vivo buscando su momento.

En la segunda parte, el duelo tenía que abrirse. Si Osasuna buscaba acercarse a Europa, para el Valencia este duelo y el que tendrán frente al Alavés son finales por la salvación. Y así lo interpretaba Sadiq, ligero de carga, a quien Javi Guerra lanzó a la espalda de Herrando y en el mano a mano con Sergio Herrera, el portero lo tumbó. No hubo duda alguna sobre el penalti, que iba a tirar su amigo. Ramazani se ha convertido en el especialista y no lanzó uno, sino dos. El primero, que fue gol, hubo que repetirlo porque Gayà, como una exhalación, entró en el área antes de que golpeara. No dudó el belga: por el mismo sitio y con el mismo amago. Es su sello, como la acrobática voltereta de la celebración.

Con el marcador a favor en el minuto 67, el Valencia tenía otro reto: aguantar el marcador. Entonces apareció Dimitrievski, como un central más cuando el equipo lo necesitaba, cazando todos los balones laterales que Osasuna, por empuje, conseguía colgar. Apretando los dientes, sin conceder ni una ocasión clara, la portería se quedó a cero y Javi Guerra tuvo en el añadido un disparo lateral que hubiera dado la tranquilidad, que no les hizo falta.

El Villarreal se sacude al Valencia de dos zarpazos y se sostiene en el podio de LaLiga

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Al Villarreal puede que le cueste hacer el partido perfecto y completo con el que sueña Marcelino, pero da zarpazos que despedazan a sus rivales y le agarran a la tercera plaza de LaLiga. El Valencia puede cimentarse y convertirse en un equipo capaz de amenazar, pero le cuesta infringir a su rival algo que no sean arañazos. Complicó al conjunto amarillo en el derbi autonómico, aunque no lo suficiente para salir de La Cerámica con puntos en el bolsillo. Se los quedaron los groguets tras remontar el tanto de penalti de Ramazani con los goles de Comesaña y Gueye, también de pena máxima. [Narración y estadísticas: 2-1]

Apenas hubo orden en el duelo que comenzó enloquecido, aunque no de área a área, sino jugado en el medio campo valencianista. El Villarreal encerró al equipo de Corberán y le avisó del bombardeo de centros laterales que le esperaban. El primero, de Nicolas Pepe -con la cabeza vendada por una brecha en la ceja que sufrió sin romper a sudar-, de rabona tras sentar a Luis Rioja y teledirigir la pelota a la cabeza de Ayoze, al que se le adelantó Gayà. A ese claro aviso pudo responder el Valencia. El recurso cuando el equipo necesita fortificarse es buscar la velocidad de Sadiq, y el nigeriano sacó oro del exceso de confianza de Pau Navarro. El joven lateral creyó haberle ganado la posición en un balón en largo y pensó más en evitar el saque de esquina, frenando al delantero ante la salida de Luiz Junior. Entre los dos, especialmente el guardameta, lo cazaron y, aunque Gil Manzano no lo vio, el VAR marcó el penalti.

Fue Ramazani quien lo lanzó para poner al Valencia en ventaja en el minuto 27, un tesoro que apenas le duró, porque no es fácil no cometer errores cuando el Villarreal despliega su vendaval ofensivo. Esta vez fue un centro de Gueye al segundo palo a Ayoze, que intenta salvar Copete pero se la deja franca al remate de Comesaña para el empate. Vuelta a empezar sin que ninguno se arrugara en exceso.

Pudo embocar Ramazani la pelota que se sirvió Gayà al primer toque desde el carril zurdo, pero remató en el pecho del portero brasileño. Después fue la mano de Dimitrievski la que emergió en medio de una maraña amarilla para atajar una falta envenenada al corazón del área pequeña. Hasta Copete tuvo que salvar bajo palos un testarazo de Pepe que remató a bocajarro otro balón lateral entre las piernas del portero macedonio.

El Villarreal tenía el control y el peligro mientras los valencianistas, el día que Corberán le dio el mando a Guido y Javi Guerra, solo podían ser reactivos. Ordenados, equilibrados, pero con las diabluras de Ramazani y Sadiq, muy lejos del área, como único argumento. Tan lejos como en área propia, por eso el menudo extremo belga cortó con la mano otra pelota centrada de los hombres de Marcelino. Gil Manzano tampoco vio penalti, pero el VAR, sí. Y Gueye no falló para cerrar la remontada antes del descanso.

Sin puntería

Quisieron los locales mantener la intensidad al inicio de la segunda mitad, pero la salida del campo del campeón de la Copa África con molestias hizo que el partido se durmiera, algo que mantuvo con vida al Valencia. Seguía sin amenazar lo suficiente, pero empezó a aparecer Javi Guerra encontrando huecos en una defensa grogueta a la que Marcelino, a gritos, trataba de espabilar. Más cuando aparecieron en el campo Danjuma y Hugo Duro. De hecho, el neerlandés tuvo el empate en sus botas, lanzado por Sadiq, en una clarísima ocasión que estrelló en Luiz Junior. El mismo mano a mano lo repitieron dos minutos después con el mismo resultado: balón para el cancerbero brasileño.

El Valencia había logrado crecer aunque, para desordenar por completo y sorprender al Villarreal, necesitaba una velocidad extra a la que no llegó. Un instante la tuvo el Villarreal, con Pedraza a la carrera por el carril diestro para dejar a Mikautadze ante Dimitrievski y el georgiano fallara. Ni quiso ni pudo hacer el Villarreal más daño.

Sadiq y Ramazani dan oxígeno al Valencia a costa de hundir más al Levante en un derbi con más tensión que fútbol

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No era un derbi libre de amarras, de esos donde la valentía de aplastar al rival da alas a los jugadores. En el Ciutat de València, a los 22 les lastraba el miedo. En zona de descenso, cualquier error tiene una penalización en la tabla y en el ánimo. Por eso Levante y Valencia se tantearon con más tensión que amenaza... hasta que en la segunda parte aparecieron dos futbolista descarados, a quienes no le pesan estos lastres. Ramazani y Sadiq quebraron la defensa del Levante y dieron con sus goles oxígeno al Valencia que se sigue agarrando a Primera mientras los granotas se hunden. [Narración y estadísticas: 0-2]

Arrancaron los dos equipos verticales, buscando a Ryan y a Dimitrievski sin lograrlo de otra forma que no fuera a trompicones y sin verdadero peligro. Los incesantes pitos e insultos a Pepelu, por cómo rompió su amor por el Levante para cruzar al estadio del otro lado del Turia, y la factura que la grada le tenía guardada a Hugo Duro por su chilena en Mestalla y su pique con Matías Moreno, fueron lo más destacable de una primera parte insulsa. Los valencianistas, chotos en este estadio, manejaban hasta los tres cuartos de campo, con una sala de máquinas alimentada por un engrandecido Pepelu y el incombustible Ugrinic, pero ahí se abría un abismo cuando había que encarar área. Por los costados, ni Rioja se soltaba de Manu Sánchez ni Ramazani ponía en problemas al jovencísimo debutante Nacho Pérez. Y así era imposible asustar. Cuando se cumplía el primer cuarto de hora, con el Valencia más estirado, se escapó Gayà por la orilla pero Lucas Beltrán no acertó a rematar su asistencia.

Hacia la otra portería lo intentaba también Tunde, porque a Iker Losada lo tenía bien vigilado Unai Núñez, de improvisado y excelso lateral derecho. La mejor ocasión granota fue un testarazo de Iván Romero a un balón que, con su zurda enguantada, le puso Carlos Álvarez en un saque de falta. El remate lo salvó Dimitrievski y el rechazo lo mandó a la grada de Orriols Matías Moreno. Tuvo el delantero sevillano otra clara oportunidad con una contra mano a mano con Gayà y el portero macedonio fuera de la portería, pero optó por una vaselina imprecisa.

Ya no se asomaron más en toda la primera parte, donde reinó el centrocampismo, sobre todo por la incapacidad del equipo de Corberán de encontrarse en ataque. Se sostenía sin sufrir y se estrellaba contra un muro a la hora de dañar.

En la segunda mitad, quiso el Levante crecer y pudo tener premio con un cabezazo de Dela a un falta servida por Carlos Álvarez. También armó la zurda Tunde en la frontal, pero su remate de perdió. Creía Pablo Martínez en el centro del campo y, con él, los granotas. Eso lo detectó Corberán y echó carbón a la caldera con Sadiq, Javi Guerra y Guido Rodríguez en el minuto 60. Cuatro minutos después, el Valencia hilvanó la mejor jugada del partido comandada por el nigeriano, que se la puso de tacón a Rioja para colocara un centro medido que Ramazani recibió para fusilar a Ryan. Primer tiro a puerta y ventaja en un derbi que ya nunca dejó de tener cara. Incluso pudo repetirse asistente y goleador un instante después, pero esta vez Rioja no estuvo preciso.

Luis Castro también inyectó energía a su once, con Etta Eyong, buscando juego más directo, pero todo se truncó cuando Guido cazó a Pablo Martínez en la frontal y el capitán levantinista se dañó la rodilla. Ese varapalo en el minuto 78 dejó frío al Levante, aunque Manu Sánchez desperdició solo ante Dimitrievski la ocasión más clara para el empate. De ahí nació un despeje a la carrera de Sadiq mano a mano con Matías Moreno que ganó el nigeriano para poner el segundo tanto en el marcador mientras todo el Ciutat reclamaba una falta que Ortiz Arias, ni el VAR, apreció.

Los jugadores del Levante, hundidos tras la derrota.

Los jugadores del Levante, hundidos tras la derrota.ANA ESCOBAREFE

No acabó la grada contenta con el árbitro, y aún se encendió más cuando mostró una amarilla a Arriaga y, al aplaudirle en la cara, le mandó al vestuario. Antes ya le había mostrado una roja directa a Vicente Iborra, ayudante de Luis Castro, por protestar dos disputas de Tárrega con Etta Eyong.

Con dos disparos a puerta, el Valencia se llevó el derbi y, por primera vez en la historia, venció al Levante dos veces en una misma temporada. Pero fue un duelo tenso hasta después del pitido final. El central suizo Cömert fue a celebrar la victoria al córner donde se concentraba la afición valencianista y cogió el banderín para ponerle la camiseta. Para impedirlo, se lanzaron empleados y jugadores granotas, hubo lanzamiento de decenas de botellas desde la grada y mientras el jugador se marchaba al túnel de vestuarios. Gesto feo del defensa que, desde el Levante se interpretó como una falta de respeto, y mala respuesta de una grada que se enfrentará a una multa.

El Madrid, en manos de un técnico que era defensa

El Madrid, en manos de un técnico que era defensa

El Madrid sigue la estela del Barcelona. Lo malo es que su juego no progresa. Al nuevo genio de Valdebebas se le ocurrió una alucinación. Jugar con un solo delantero, porque Gonzalo nunca existió. Ante un semi colista sólo un delantero y tres medios, más un medio defensivo. Más los cuatro defensas. La alineación de Arbeloa fue como una luz negra de pesimismo.

El enemigo no era el Arsenal. Ni siquiera el Benfica. Era un equipo enfermo que ha cogido la carrera hacia el precipicio de la Segunda División. Peter Lim se ha cargado ya un equipo histórico de la Liga.

Pero es un laberinto mental, dado que Tchouaméni, Camavinga e incluso Valverde en teoría eran tres defensas. Ese era el ficticio centro del campo. Un galimatías tratar de descubrir la ecuación estratégica de la alineación.

Creo que Arbeloa estaba muerto de miedo. Pánico a perder. Esa fue la razón visceral de salir como un equipo acomplejado, sin fútbol y a la espera de algún milagro de Mbappé.

Naturalmente, el Valencia no tenía ni juego, ni moral, ni sistema. Era como un barquito a la deriva en el puerto. Así que la primera parte fue insufrible. Horrible. Entre dos equipos con miedo a perder.

Nada cambió en la segunda parte. Arbeloa creyó que algún gol se pescaría como un fallero mayor por el área che. Y ocurrió el extraño prodigio. Apareció Carreras, que es zurdo, penetró en el área como un cuchicheo y con toda la suerte del mundo, con la derecha, se topó con el gol.

Pues no crean que empezó el baile de los cambios. No. Siguió peor el sermón de Arbeloa. El Madrid se protegía del 0-1 como si fuera el oro de El Dorado. Inaudito. Y, por supuesto, el Valencia pudo empatar. Lucas Beltrán, su mejor futbolista, disparó y Courtois tuvo a su palo derecho como amigo. Pero era el empate.

Los cambios no llegaron hasta el minuto 75. Por fin pudimos vera a un Trent que con los ojos cerrados es mejor que todos los que jugaban, a excepción de Mbappé. Y llegó su gol, tras un contragolpe y el pase mortal de Brahim, que durmiendo es mejor que Gonzalo.

Y sonrió el fenómeno francés. Ya tenía el golito de cada partido. En realidad, Mbappé no estuvo a la altura de su categoría. Pero es que con tanto defensa no recibía ni una sola vez en condiciones. Se quejó hasta de Arda Güler, porque no le filtraba el pase mortal. Estuvo hasta desquiciado.

Y quitó a Güler, como siempre, pero esta vez, antes de que el turco se cabreara, Arbeloa se abalanzó para apretarle en un abrazo. Más falso que el beso de Judas.

El resumen es que el Madrid sigue aburriendo. Y hemos descubierto que un defensa está manejando los millones de un equipo enfermo, sin brillo, sin fuste. Incapaz de hacer jugadas de calidad, ni ante un rival medio muerto.

El rescatador Carreras y el eterno Mbappé sostienen al Madrid en la persecución por LaLiga

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Un rescatador inesperado y el héroe de siempre. El Real Madrid no necesitó mucho más para seguir firme en el mano a mano con el Barça por la Liga. Le bastó acelerarse un poco mediada la segunda parte y soltar a Carreras por la única grieta que dejó un Valencia tan serio y voluntarioso como plano. Si el fútbol tiene memoria, en Mestalla solo vive en la grada. Con el marcador en contra y la parroquia encendida contra su entrenador, solo era cuestión de tiempo que Mbappé se encontrara con un buen asistente como Brahim para cerrar un duelo que fue gris pero provechoso. [Narración y estadísticas: 0-2]

Le costó mucho al Real Madrid hallar cómo hincarle el diente a un rival cuya principal preocupación era que la noche se le viniera encima. Corberán no quería una humillación y amuralló a su equipo tras una presión alta y líneas muy ordenadas que nadie en las filas blancas salvo Mbappé tenía claro cómo agrietar. Se movió el francés por todo el frente de ataque buscando las cosquillas en una misión compleja. Unai Núñez, Cömert y Copete le vigilaron y, sin veneno desde los costados y con Güler asfixiado, no era fácil generar peligro.

El Valencia intentaba estirarse buscando a Courtois pero, sobre todo, se esforzó en hacerse espeso y en morder los tobillos, aprovechando cada duda de Camavinga cuando cogía el mando. Aun así, el Madrid soltó dos zarpazos en dos minutos. Güler con un disparo ajustado al palo y otro de Mbappé que salvó Dimitrievski a bocajarro. Al francés lo había encontrado en boca de gol por primera vez Valverde y se asomaba otro partido en el que se presentaba como salvador. Antes tenía que derribar el muro o facilitar, como así hizo, que probara a hacerlo el joven canterano David Jiménez en su única incorporación al ataque.

No era fácil con Danjuma y Gayà amenazando, Beltrán multiplicado castigando cada error y Hugo Duro en perpetuo duelo con Asencio y Huijsen. Mestalla, volcado en empujar las piernas de sus jugadores, sabe lo que les cuesta marcar goles, porque se asoman al área, pero sin letalidad. Por eso sobrevivió el equipo de Arbeloa durante toda la primera parte, sin mostrar chispa, anclado en ataques tan estáticos como estériles. Sin verticalidad, quizá echando de menos a Vinicius.

Si alguien pensaba en sepultar a este Valencia sin que opusiera resistencia, se equivocó. Regresó del vestuario en la segunda parte dispuesto a asustar. Seguía sin juego, pero sí intensidad para que el Madrid no se sintiera cómodo. Encaró dos veces Danjuma, una para que Lucas Beltrán probara con un tímido disparo de espuela, y otra para encadenar dos quiebros más vistosos que efectivos. Fueron diez minutos que obligaron al Real Madrid a espabilar, al menos en la intensidad con que atacaba el castillo construido por Corberán si no querían dejarse media Liga en Mestalla. Lo entendió Carreras, que se escapó por el carril izquierdo que vigilaba Rioja buscando el área. Un quiebro, dos y un tercero a trompicones ante el mar de piernas para armar un disparo que sorprendió a Dimitrievski. Un destello que ponía en ventaja al equipo de Arbeloa. Un goleador inesperado que le tiene tomada la medida a este rival, al que ya golpeó en el Bernabéu.

Lejos de bajar los brazos, el Valencia siguió con su plan y Beltrán mandó un centro de Ugrinic a lamer el poste de la meta de Courtois. Había intención, pero faltaban fuerzas. Arbeloa buscó más colmillo con Brahim, Trent y Mastantuono, mientras Corberán deshizo su defensa y trató de insuflar aire a su equipo cuando toda la grada le pedía la dimisión por mandar a Beltrán y a Ugrinic, la sala de máquinas, al banquillo. El único que la parroquia veía necesario era Sadiq.

Con el partido roto, Mbappé puso la sentencia y al Valencia, plano, ya no le quedaron ni carreras alocadas que encendieran a una afición hastiada que fue perdiendo la fe en la remontada.

El Valencia refuerza la figura de Carlos Corberán en el banquillo pese a la presión del descenso e insiste en que el equipo vive “una transición”

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Hay dos ideas claras que el hombre que más manda en la parcela deportiva del Valencia, el CEO de fútbol, Ron Gourlay, tiene muy claras a pesar de la crisis de resultados que tiene al equipo en la pelea por eludir el descenso y apeado de la Copa del Rey por el Athletic. Son simples y se convirtieron casi en un mantra durante su comparecencia durante una hora para tratar de diagnosticar qué le pasa al equipo.

La primera es la fe ciega que el hombre que propone a la familia Lim los cambios, en el banquillo y en el vestuario, tiene en Carlos Corberán. "Carlos es el entrenador", repitió una y otra vez. Ni la posibilidad de verse en puestos de descenso ni la "presión" de una afición desconectada con el técnico le hacen cambiar de opinión. "Tengo fe en él y en el equipo, y hemos reforzado posiciones en este mercado. Tenemos que buscar estabilidad y eso no se consigue cambiando al entrenador de manera constante. Es el objetivo fácil, pero confío en él y en los 25 jugadores, que nos harán escalar", argumentó, con estas y otras palabras similares.

No está en la mente de Gourlay el relevo de Corberán, como tampoco ha detectado -y dijo que acude cada día a los entrenamientos- que haya un problema de falta de conexión con el vestuario. Para el CEO, este camino de espinas que atraviesa el club es parte de la "transición" que debe hacer para llegar al 2027, al Nou Mestalla, con un equipo con capacidad de volver a Europa. Esa es la segunda idea que intenta transmitir.

"No hay varita mágica en el fútbol y hemos hecho numerosos cambios. El verano pasado fueron 23 transacciones y lo que ocurre forma parte del proceso. Requiere tiempo y puede ser complicado, pero la transición está en marcha. Veo los cambios cada día, pero no voy a mentir y decir que veo la foto final, solo que llevará tiempo. El club necesita estabilidad", advirtió de nuevo. Ese tiempo no quiere imaginarse que se prolongue tanto que el club acabe en Segunda División. Esa es la segunda cosa que tiene clara: no ve al equipo descendiendo.

"La posibilidad de descenso es algo en lo que no pensamos cada día en el club. Miramos hacia arriba, como dijo Guido. La realidad de hoy es que hay batalla entre 12 -14 clubes y tenemos que luchar. Tengo fe en este equipo, pero al mismo tiempo debemos planificar el futuro. Los 25 jugadores tienen que estar a la altura y son los que permitirán que el club siga creciendo", dijo el CEO mirando a la plantilla que ha reforzado con Guido, Sadiq y Unai Núñez. "Hemos invertido 10 millones en esta ventana de enero, que es difícil, y los tres jugadores que han venido van a mejorar al equipo", se mostró convencido.

Gourlay hizo dos anuncios en su rueda de prensa. Fue tajante a la hora de explicar que no necesitará hacer ventas en junio y confirmó que el Valencia ha firmado al central neerlandés Justin De Haas, un "jugador top" que llegará libre en junio, y que "entre 30 y 60 días" incorporará a un director deportivo con dominio del mercado español, un "cargo intermedio" entre el CEO y la secretaría técnica que remodeló en noviembre para "captar talento antes de que sean estrellas, porque no nos podemos gastar millonadas".

Explicó también el CEO por qué Guido Rodríguez solo ha firmado por cinco meses, en la misma línea que apuntó el jugador: "Fue muy complicado y había que hacerlo muy rápido. Sentíamos que no teníamos el tiempo suficiente para negociar. Tendremos que sentarnos con su gente para hablar de un contrato más largo. Sabemos que quiere quedarse. Nosotros queremos que esté por un largo tiempo, pero tendremos que verlo en un par de meses", advirtió.

También dejó abierta la puerta a la renovación de Dimitrievski -el club tiene la opción de prolongar su contrato una temporada- y Thierry, que acaba su vinculación en junio. "Sin entrar en detalles, estamos hablando con los agentes de los dos jugadores", se limitó a decir Gourlay, dispuesto a mantener al mando a Corberán como capitán de esta travesía por el desierto.

Los hermanos Williams hielan Mestalla para llevar al Athletic a semifinales y Oskarsson rescata a la Real Sociedad en Vitoria

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Dicen que a Nico el pubis le lleva a maltraer, que le merma y condiciona su juego y que a Iñaki le cuesta hacer goles, tanto como que solo había marcado uno. Se dibujaba una temporada gris, con pocos fogonazos de los Williams. Sin embargo, en Mestalla, les bastó un destello para mandar a la lona al Valencia y al Athletic a semifinales. Apenas jugaron media hora, porque Valverde les mandó al campo de la mano, pero fue suficiente. El pequeño centró y el mayor rebañó para marcar el 1-2 en el 90+5 que daba la victoria a los rojiblancos.

Mientras, en Vitoria, a la Real Sociedad también le tocó rehacerse ante un contestón Alavés que le tuvo contra las cuerdas hasta el minuto 88. Fueron los donostiarras siempre a remolque, con Oyarzabal igualando el gol tempranero de Abde, con Remiro parando a Toni Martínez el segundo penalti que le tiraba, porque el primero lo marcó el murciano. Fue Guedes quien empató para darles vida en el 76 y Oskarsson quien heló Mendizorroza con el 2-3 porque se les habían escapado las semifinales.

En Mestalla, la grada se había vestido de gala y no cesó recordarle a su equipo que quería la Copa. Valverde parecía haber renunciado desde el once, sin un titular y con el debut de Iker Monreal junto a Laporte en el centro de la defensa. Para pareja para bailar con Sadiq, un chaval y un veterano recién salido de lesión. La parroquia se relamía esperando, con paciencia, que el Valencia, que no tardó en buscar el primer balón en largo al nigeriano, engrasara su ataque. Mientras veía cómo Luis Rioja se iba convirtiendo en un problema para Lekue en la orilla derecha. Era incapaz el capitán de frenarle y encima el fuerte viento le jugaba malas pasadas. Permitió que el sevillano se le escapara para pisar área y cruzar un disparo que salvó Padilla.

La respuesta del Athletic fue solo una entre los tres palos en toda la primera parte y llegó por la incapacidad de los valencianistas para despejar un balón que el Athletic pudo sobar rondando el área hasta que Nico Serrano soltó un latigazo que obligó a Dimitrievski a sacar los puños.

La sensación era de que el Valencia estaba más cerca de abrir el marcador en cuanto Sadiq se afinara. Y lo hizo, pero en la portería que no tocaba. Una falta que Robert Navarro, desde casi la línea de banda, la cabeceó el delantero, solo en el pico del área, como si fuera el goleador del Athletic. Nadie entendió qué cortocircuito le llevó a perpetrar ese testarazo. Como si se hubiera quedado grogui, poco después falló en el remate de un centro de Rioja a un metro de la meta de Padilla. Sin embargo, se sacudió la culpa y lo enmendó cuando vio que Rioja -siempre Rioja- probó con un tiro desde el carril derecho que al meta del Athletic, en su intento por embolsarlo, se le escapó. Apareció como un rayo el nigeriano para rebañarla y poner el empate.

La igualdad espoleó al equipo de Corberán que se instaló en el área bilbaína, con Danjuma intentando castigar por la izquierda y Rioja siendo una pesadilla en la derecha. El Athletic solo intentaba estirarse para, al menos, llevar con vida al descanso. Esa estrategia le permitió tener el partido en la mano.

Valverde mandó a los Williams, a Nico y a Iñaki, al césped y Corberán respondió sacando a Sadiq, tras enviar alta una asistencia de Pepelu, y recompuso su defensa por la lesión de Copete. Creció y mucho el Athletic, que pudo marcar con un remate de media volea de Nico Serrano que estrelló en el lateral del área. Enlazó otra ocasión el extremo antes de que Foulquier, silbado todo el duelo, estirara al Valencia hasta la línea de fondo para estampar su tiro en el palo. Hasta ahí se mantuvieron los valencianistas en los cuartos de final. Y eso que Dimitrievski paró un penalti a Jauregizar que el VAR vio por mano de Tárrega. Ni Ramazani, ni Diego López, ni Hugo Duro ni Guido Rodríguez sacaron a su equipo del atasco, cada vez más romo y más parecido al que sufre mucho en Liga.

En el añadido, cuando se visualizaba la prórroga, apareció Nico Williams por el carril derecho para, desde el pico del área, regalarle a Iñaki un balón que solo tuvo que rebañar para llevar al Athletic a las semifinales de la Copa.