La rodilla de Mbappé aumenta las intrigas y sospechas en la guerra de los servicios médicos del Madrid

La rodilla de Mbappé aumenta las intrigas y sospechas en la guerra de los servicios médicos del Madrid

En el Real Madrid hay conflictos que a veces no salen del vestuario. Peleas internas entre jugadores, entre compañeros, entre departamentos... Lo que podría suceder en cualquier club o empresa. «Lo normal», insisten en Valdebebas. Pero en los despachos de la ciudad deportiva del conjunto blanco hay una guerra silenciosa que ha terminado por estallar: la de los servicios médicos. El error en el diagnóstico inicial de la lesión de rodilla de Kylian Mbappé en diciembre ha sido la última trinchera del conflicto.

Para analizar la guerra primero hay que descubrir a los protagonistas. El nombre principal es Niko Mihic, médico croata que llegó al Madrid en el verano de 2017 por recomendación directa de Florentino Pérez. Su aterrizaje en Valdebebas coincidió con la salida del doctor Jesús Olmo, que finalizó su vinculación tras varias diferencias con Ramos o Cristiano, poniendo de manifiesto que la relación entre los futbolistas, especialmente las estrellas, y los médicos no siempre es ideal. Casi diez años después y a pesar de los distintos protagonistas, la realidad no es muy diferente.

Para saber más

Mihic fue jefe de los servicios médicos entre 2017 y noviembre 2023, cuando fue relevado de su puesto después de varios casos que causaron revuelo en la ciudad deportiva y debilitaron al croata. Primero las diferencias con Benzema durante varios meses en los que sufrió lesiones musculares y después, el principal, por el tratamiento de la lesión de rodilla de Arda Güler, fichado en verano y al que la rodilla le dio problemas durante el tramo inicial en Valdebebas. Desde 2021, al lado de Mihic estaba Felipe Segura, antiguo jefe médico del Granada, que ocupó puesto de máxima responsabilidad cuando Mihic fue apartado en 2023.

Durante estos dos años en los que Mihic ha estado ausente, aunque seguía actuando como asesor, el Madrid ha seguido sufriendo el drama de las lesiones, tanto musculares como articulares, elevando el grado de desconfianza entre el vestuario y los médicos y entre los diferentes actores que rodean a los futbolistas en el día a día: médicos, preparadores, readaptadores, fisioterapeutas, empleados de Sanitas, entrenadores personales de los jugadores... Entre tanta lesión, las culpas han volado de un despacho a otro.

Profesionales de confianza de los jugadores

Los futbolistas, que sólo se rodean de gente de su máxima confianza, tienen dentro del club sus propios empleados afines. De nuevo, es algo que sucede en todos los clubes y es una situación que a la larga, por la amistad que surge entre jugadores y fisios, genera recelos en aquellos que no alcanzan esa intimidad. Y esa tensión termina en discrepancias de criterios. Preparadores, muchos amigos de jugadores, y médicos no siempre coinciden en los tiempos de carga de trabajo, en plazos o en los protocolos de regreso al césped.

Y todo nos lleva a Mbappé y a diciembre. El error en el diagnóstico tras su primera resonancia, equivocando la imagen de la rodilla izquierda con la derecha, ha levantado mucho revuelo interno en Valdebebas, suavizado después de que el jugador dijera que "no es verdad", aunque el club no lo ha negado.

No ha habido despidos, pero el regreso de Mihic en enero coincidió con la salida de al menos un profesional del departamento médico, según pudo confirmar este periódico. La vuelta del croata no cayó del todo bien en algunos sectores de los servicios médicos. Felipe Segura, sustituto de Mihic en 2023 y jefe médico cuando se cometió el error, sigue como responsable médico del primer equipo, pero el croata actúa ahora como jefe a todos los niveles.

Fue Mihic quien contactó con Bertrand Sonnery-Cottet para pedirle si podía recibir a Mbappé porque el francés, tras casi dos meses jugando con dolor, estaba desesperado y enfadado tras haber jugado tres partidos sin saber la lesión que tenía y tras forzar en enero por petición expresa del club en mitad de la crisis de resultados que vivía el equipo después de la salida de Xabi Alonso. «Sentí frustración», dijo el lunes, en unas declaraciones que coincidieron con la información sobre el error en el diagnóstico.

Esa exclusiva está haciendo daño a la imagen de Segura, jefe hasta la vuelta de Mihic, y del Madrid, pero el club se mantiene en silencio a la espera de que amaine el temporal.

Mbappé: "Puede que yo tenga algo de responsabilidad, cuando no comunicas hay rumores"

Mbappé: “Puede que yo tenga algo de responsabilidad, cuando no comunicas hay rumores”

Kylian Mbappé ha vuelto a hablar durante la concentración de la selección francesa en Boston, ciudad de Estados Unidos donde el combinado galo jugará varios partidos amistosos, el primero este jueves ante Brasil. En la previa de ese duelo, el delantero del Real Madrid actuó como portavoz y capitán de su equipo y valoró las últimas informaciones sobre su rodilla.

"Nunca me arrepiento, miro al presente y al futuro inmediato. Ahora mismo me siento bien, especialmente de ambas rodillas, que es algo importante para mí. También gracias a mi club, que ha cuidado bien de mí. Estoy en plenas condiciones", recalcó sobre su situación física de cara a los amistosos de su selección.

En la rueda de prensa ante los medios de comunicación, Mbappé negó el error del Madrid. "La información de que me revisaron la rodilla equivocada es falsa", dijo sobre la exclusiva que dio RMC. "Quizá yo tenga algo de responsabilidad indirecta, porque cuando no comunicas se generan rumores, así es el juego". Además, recalcó que la comunicación con el Real Madrid "siempre es bastante clara", y elogió el nivel de sus compañeros durante su ausencia.

"Estamos en un momento clave de la temporada y el equipo ha ganado partidos mientras yo no estaba, es muy positivo. Cuando me lesioné a principios de enero, muchos pensaban que yon era la única solución del club, pero no es así", reflexionó.

Siendo el capitán y uno de los jugadores destacados del Mundial, valoró su fama en Estados Unidos: "Aquí desde luego no soy un desconocido, ya lo he notado con lo difícil que fue salir del hotel. Es una cultura distinta a la nuestra y también es interesante aprender de todo eso. Pero sinceramente, ser la estrella del Mundial no es algo que me preocupe, eso no te da títulos", repitió.

Mbappé jugó todo diciembre con dolor después de que los médicos del Madrid diagnosticaran la rodilla equivocada

Mbappé jugó todo diciembre con dolor después de que los médicos del Madrid diagnosticaran la rodilla equivocada

La crisis médica del Real Madrid no cesa, con un nuevo episodio que tiene a Kylian Mbappé como protagonista. El delantero francés estuvo jugando durante todo el mes de diciembre con dolor en su rodilla izquierda después de que los servicios médicos del conjunto blanco se equivocaran en el diagnóstico inicial, tal y como adelantó RMC Sport y ha podido confirmar este periódico. Ese error calamitoso se resume en que se diagnosticó la rodilla equivocada. El jugador tenía molestias en la pierna izquierda, pero las imágenes que se estudiaron tras la resonancia fueron las de la derecha.

Todo eso ocurrió en la semana del 8 de diciembre. Mbappé se lesionó el domingo 7 contra el Celta y pasó las pertinentes pruebas médicas, que oficialmente revelaron que no tenía ninguna lesión importante. A pesar de eso, el galo se perdió el duelo de Champions contra el Manchester City, clave en la fase de liguilla y que terminó con derrota madridista.

El entrenamiento del 30 de diciembre

Lejos de alargar su tiempo de baja, Mbappé, con el diagnóstico de los servicios médicos del Madrid sobre la mesa, disputó los 90 minutos de los siguientes tres encuentros ante Alavés, Talavera y Sevilla. Siempre con molestias. Y llegó la Navidad. Los futbolistas del Madrid se fueron de vacaciones y regresaron en los últimos días del año a Valdebebas, donde se celebró un entrenamiento a puertas abiertas el día 30 de diciembre. Esa mañana, Mbappé mostró gestos de dolor y el 31, sin confiar en sus sensaciones, volvió a pasar pruebas médicas. En este caso, el resultado fue diferente: esguince en la rodilla izquierda.

Sin despidos

Fuentes del Real Madrid consultadas por este periódico aseguran que no ha habido despidos en el departamento médico, pero justo después de ese parte médico de Mbappé Niko Mihic regresó como jefe de los servicios médicos del primer equipo. Mbappé confió de nuevo en el diagnóstico y recuperación de los médicos del Madrid y volvió a jugar en la final de la Supercopa de España, acumulando varias semanas de enero y principios de febrero con sensaciones incómodas en su rodilla. No terminaba de estar a gusto.

Por eso buscó una segunda opinión médica en París, concretamente en la consulta del doctor Bertrand Sonnery-Cottet, con el que contactó Mihic cuando Mbappé no mejoraba. Realizó el viaje a principios de marzo y el Madrid comunicó que "se confirma el diagnóstico de esguince en la rodilla izquierda y la idoneidad del tratamiento conservador que se está siguiendo. Pero este lunes, en la capital gala, Mbappé aseguró que "me he recuperado al 100% y he tenido la suerte de encontrar el buen diagnóstico al llegar a París", rechazando en sus palabras ese diagnóstico en diciembre y pasando en París una semana entera para recuperarse.

"Comienzo a jugar poco a poco, sin saltarme las etapas de recuperación. No saber lo que me pasaba me ha generado mucha frustración y enfado. Hasta hace poco no he tenido un diagnóstico. A partir de ese momento todo lo que se ha dicho antes es falso. He oído muchas cosas, que si una operación, que si no voy a poder jugar la Copa del Mundo... El diagnóstico lo he tenido en una fecha concreta y todo lo que se ha dicho antes no es verdad", criticó el galo en un acto este lunes.

La terapia de Arbeloa en el Madrid, el "hermano mayor" de un vestuario resucitado

La terapia de Arbeloa en el Madrid, el “hermano mayor” de un vestuario resucitado

«El fracaso está en el camino hacia el éxito. Esta derrota me va a hacer mejorar a mí y nos va a hacer mejorar a todos». Dos meses después de una de las noches más humillantes de los últimos años, superado en la prórroga por un equipo de Segunda División, Álvaro Arbeloa predijo en la sala de prensa del Carlos Belmonte de Albacete el futuro a corto plazo del Real Madrid. Lo hizo con convencimiento en mitad de las dudas que rodeaban al vestuario, al club y a su propia figura, elevada a entrenador del primer equipo tras varios años en el Juvenil y seis meses en el Castilla. Parecía poco bagaje, pero el salmantino aterrizará en abril tras haber ganado a Mourinho, Guardiola y Simeone y todavía vivo en la pelea por la Liga y la Champions.

«Los jugadores no se esperaban a alguien tan preparado», aseguran a este periódico fuente cercanas a la plantilla del conjunto blanco. El equipo venía de unos meses de frustración, acumulando la impotencia del último tramo de Carlo Ancelotti, las polémicas internas y mediáticas de la etapa de Xabi Alonso y las necesidades de una plantilla que era un puzle sin completar. No parecía tener una solución fácil y en Valdebebas se veía a Arbeloa como una respuesta de emergencia. Casi un tiro al aire. Un parche temporal antes de la llegada de un entrenador con mayor peso.

17 partidos más tarde, la sensación es otra, especialmente después de un mes de marzo que puede ser clave en el proyecto del entrenador novato. La derrota en Albacete en Copa, en Lisboa en el último encuentro de la fase liguera de la Champions League y ante Osasuna y Getafe en Liga parecían torpedear por completo la temporada de los blancos, pero en las últimas semanas el técnico y el grupo han reaccionado. Cada uno a su manera.

La charla del cambio

Cuerpo técnico y vestuario tuvieron una charla de grupo después de caer ante el Getafe, con José Ángel Sánchez, director general del club, también presente. Esa conversación fue importante para abrir en canal los problemas del equipo, pero la clave ha estado en Arbeloa. Aprovechando la desgracia de las lesiones de Bellingham y Mbappé, el entrenador ha creado un Madrid comprometido y sólido. Un bloque construido sobre Rüdiger, Tchouaméni, Valverde y Vinicius y que ha tenido en Huijsen, Güler o Brahim a secundarios de lujo. Además, la apuesta de Arbeloa por Thiago Pitarch ha servido de estímulo para parte del vestuario, que ha visto en la valentía del técnico con la cantera una advertencia gigantesca.

«Habla con ellos como un hermano mayor, como si les conociera de toda la vida», explican en la ciudad deportiva de Valdebebas. Ese famoso «sofá gris» que Arbeloa ha mencionado en varias ruedas de prensa ha servido de psicólogo grupal. Por ahí han pasado Vinicius, Valverde o Brahim, este último hace sólo un par de semanas, para tratar de reconectar al grupo con la realidad. Tres nombres vitales para el vestuario que se han hecho grandes en marzo. «Es directo y muy claro con ellos. Y a nivel futbolístico explica las cosas de forma muy sencilla. Se lo hace fácil», insisten voces cercanas al vestuario.

Lo más comentado ha sido cómo Arbeloa ha tratado de acercarse al grupo a través del elogio público, a veces desmesurado, pero todas esas declaraciones han calado en una plantilla que ha demostrado que reacciona mejor ante el cariño. «Tengo un equipazo. Cuando están tan implicados como están ahora, cuando tienen esa mentalidad... Quiero que se demuestre el poder de la amistad. Antes tenía la sensación de que salíamos a jugar dependiendo del talento, de lo que se le ocurriese a cada uno. Tenemos que tener una idea y un estilo», reflexionó el domingo tras ganar el derbi.

Del fracaso en Albacete a un marzo extraordinario hay dos meses y un Madrid totalmente diferente gobernado ahora por el «hermano mayor» Arbeloa.

Simeone y la Champions, historia de una obsesión

Simeone y la Champions, historia de una obsesión

Simeone, que entiende los códigos emocionales del Atleti como si los hubiera escrito él, sacó el once que exigía el derbi y no el que proponía la lógica. Hizo bien. Por más que la situación, tras el sobreesfuerzo europeo y preparándose para un abril demencial, pidiera saltar al Bernabéu con el filial, ningún aficionado rojiblanco perdonaría no intentar reventarle la Liga al Madrid teniendo la oportunidad.

Cerca estuvo de lograrlo, pese a jugar al trote, pero los errores propios, un Vinicius que recordó que cuando se centra en jugar es decisivo y las cosas que pasan en ese estadio (nunca antes se vio a un árbitro dar tantas explicaciones a los afectados por una roja, quizás recordaba Munuera que la última vez que echó a un madridista casi lo exilian) le abocaron a una derrota sin secuelas. Lo serio llega ahora.

Tras el enésimo coitus interruptus por las selecciones, el Atleti decidirá su destino en dos semanas: cuartos de Champions y final de Copa. Es lo que tiene ser un estudiante tirando a vago, incapaz de acumular buenas notas en el día a día de la Liga y que acaba jugándoselo todo en un par de exámenes finales. Si los clava, puede cerrar un curso memorable y con el Cholo reforzado para otros diez años. Si patina, a mediados de abril estará discutiendo el futuro del técnico. No hay punto medio.

Ganar la Copa ya validaría la temporada, por supuesto, pero no es lo que tiene Simeone en mente. Desde hace unos años está obsesionado con la Champions. Lo disimuló durante un tiempo, pero ya ni siquiera hace ese esfuerzo. No es que la quiera ganar, cosa obvia, es que está convencido de que puede. Racionalmente, es una locura. No lo logró con equipos mucho mejores y, según lo que cada uno piense del Madrid, cinco o seis de los siete rivales que quedan vivos son superiores, pero le da igual. Está obcecado y ahí muero con él.

Para cualquier atlético, lograr ese maldito torneo es quedar en paz con el fútbol, olvidar torturas y llantos, querer más a tu padre, sentirte más tranquilo por el legado que pasas a tus hijos. Ganar la Champions, tirar la copa al río, cerrar el club y morir felices. Por eso, todos somos Simeone en esto. ¿Lo va a lograr? No, seguramente no. ¿Merece la pena hipotecar una vida estable por perseguir esa hazaña imposible? Cada día. Cada maldito día. Ya habrá tiempo para no creer, pero no es ahora.

La fe del Madrid que personifica Valverde, poseído y expulsado, decide un derbi de explosiones

La fe del Madrid que personifica Valverde, poseído y expulsado, decide un derbi de explosiones

Las analogías bélicas son siempre peligrosas, y más en estos tiempos, tristes tiempos, pero la realidad es que el Bernabéu fue como ese lugar señalado por dos artillerías enemigas. Se castigaron con dureza y precisión en un derbi que, finalmente, sujetó el Madrid como se sujeta la Liga. No es ya la guerra del Atlético, pero dio guerra y la va a dar en otros frentes. Seguro.

Fede Valverde, Nahuel Molina, Lookman, Vinicius y hasta quienes no lo consiguieron, como Julián Álvarez, provocaron explosiones continuas sobre el campo, después de un inicio en exceso contemplativo del Atlético, pero en el que supo ponerse por delante en el marcador gracias a Lookman, uno de esos felices hallazgos. La superioridad numérica en la que concluyó el choque por la rigurosa expulsión de Valverde no le dio, en cambio, para igualar el marcador en un derbi parejo. Esto sólo se equilibra de un modo.

Valverde, poseído

Valverde juega como un futbolista poseído, alguien en cuyo interior se hubiera obrado un misterio. No hay exorcismo que pueda detenerlo, no por ahora. Lo hizo el mismo, nadie sabe si por sus propios demonios, con la entrada a Álex Baena, con el que tuvo lo que tuvo, cuentas pendientes.

Para ese exorcismo no hay nadie como Simeone, sin sotana pero de negro riguroso, como si no se concediera alegría alguna, capaz de aplacar cualquier demonio en un campo de fútbol. Con Valverde no pudo hasta su expulsión. Incluso vio cómo uno de sus principales ángeles de la guarda fracasaba, reducido a su condición humana, con la llegada del madridista al área. De uruguayo a uruguayo, Valverde sometió a Giménez y marcó el segundo gol del Madrid. Habría podido hacer el primero cuando el marcador no se había movido, pero su disparo se estrelló en la madera después de una arrancada de fuerza y fe, como un templario a caballo.

Valverde es un síntoma de las cosas que han mejorado en el Madrid, donde tiene la libertad de explorar el área gracias a una fórmula con cinco centrocampistas. En la necesidad encontró Arbeloa la solución y no la tocó pese al regreso de Mbappé. Todo indica que no en plenitud, pero la realidad es que arrancó el francés en el banquillo en un compromiso de altísima exigencia. Cuando saltó al terreno de juego, el Madrid ya había corregido la situación en un derbi subido a la montaña rusa. A partir de ahí, resistir.

Penalti absurdo

La primera corrección fue de penalti, absurdo porque Brahim ya se había escorado, pero Hancko le tocó donde no debía. Mala cosa. Vinicius y el Madrid se agarraban de nuevo al derbi y a la Liga cuando acababan de regresar del descanso.

Ponga un Lookman en su equipo. Pasarán cosas, y es muy posible que pasen donde no pasa nada. No era el caso del derbi, movido en su arranque, pero básicamente por el movimiento del Madrid, con esa energía que ofrece el convencimiento. Es el primer logro de Arbeloa, logro de entrenador, aunque no evitara el padecimiento. Los apuros en los partidos de entreguerras también los sufre el Barça, aunque frente al Rayo sujetara lo fundamental. La diferencia de cuatro puntos se mantiene, pero a falta de nueve jornadas, el torneo esá vivo, muy vivo.

Lookman es como el regreso al principio. Al principio del fútbol. A veces es necesario, porque tendemos a complicar lo sencillo. Como dicen los británicos, en momentos de duda, back to basics, volver a lo básico. Lookman es como el regreso al regate, a la esencia, a la calle, después de tanto Excel, scouting y otras palabras impronunciables que han llegado a esto para mejorarlo. O eso dicen. El acierto ha sido del Atlético.

El rol de Griezmann

Parapetado, demasiado cerca de Musso, el equipo de Simeone necesitaba caminos para explorar todo el Bernabéu. Encontró inicialmente tres, la habilidad de Lookman, el cabalgar de Marcos Llorente, como un purasangre, y la sabiduría de Griezmann. Después, se añadió Julián Álvarez. El francés apareció en la titularidad, junto al nigeriano y el argentino, y lo hizo por algo. Ya no es capaz de protagonizar las transiciones y finalizarlas a toda velocidad, pero es el mejor para distinguir los vértices que esa transición necesita. Es el sabio de Simeone en un Atlético que echa de menos a Pablo Barrios, lesionado.

En el gol con que adelantó a los suyos, Lookman no se distinguió por su desborde, solo frente a dos piezas, como por sus decisiones y movimientos. Esperó la llegada de Ruggeri, que se tragó la banda izquierda y centró suave. Giuliano correspondió a esa suavidad con un toque de espuela y Lookman entendió dónde tenía que llegar para acabar la acción coral con la misma sutileza.

El descanso daba coartada a Simeone, pero tanta defensa en la salita de estar se paga. Más o menos riguroso, el penalti llegó con todo el tiempo para este Madrid que cree. Después lo hizo el que cree más de todos, Valverde. Nahuel Molina lo imitó con un misil, antes de que el uruguayo se fuera del campo, y Vinicius trazó su línea preferida para volver a poner al Madrid por delante. Un Madrid sufriente, en inferioridad, que acabó el partido como un penitente que no deja de creer en la Resurrección. Ninguno lo hace como Valverde, poseído, entre el gol y la ira.

Una roja y varias cuentas pendientes entre Valverde y Baena: "Luego la vas a ver"

Una roja y varias cuentas pendientes entre Valverde y Baena: “Luego la vas a ver”

«Luego la vas a ver», le repetía Álvaro Arbeloa a Munuera Montero. «Le doy de lado, le doy de lado», le insistía Fede Valverde. «Escúchame. No juega balón. Va por detrás y no juega balón, con la intención de derribarlo con fuerza excesiva», le explicó el colegiado al técnico. La expulsión del uruguayo puso el derbi patas arriba e inclinó el tramo final sobre la portería de Lunin, con un Atlético volcado buscando el empate, pero el Madrid aguantó el triunfo.

Un Fede Valverde omnipresente hasta ese momento. Incisivo en la presión, en la posesión y en ataque. Infatigable el uruguayo, que en ese duelo charrúa con Giménez quiso más el balón y terminó marcando el 2-1. El centrocampista de Montevideo llevaba un marzo sensacional en el que acumulaba seis goles. Uno al Celta, tres Manchester City, uno al Elche y otro al Atlético, un impulso gigante a una temporada irregular hasta el invierno. Su paso adelante había sido una marcha más para un Madrid necesitado sin Bellingham. Y había cumplido con sobresaliente hasta esta roja.

Una entrada fuera sobre Álex Baena que el colegiado no dudó en sancionar como expulsión. Consideró el árbitro que el uruguayo no quería disputar el balón. En la memoria, los encontronazos entre Valverde y el español. En enero de 2023, en un partido de Copa entre el Madrid y el Villarreal, Baena le hizo un gesto de lloro y se enzarzaron. Semanas más tarde, en el Bernabéu, el español denunció que Valverde le había dado un puñetazo en el parking del estadio y el uruguayo le acusó de haber mentado a su hijo no nacido. Desde entonces, cada vez que se cruzan en un terreno de juego saltan chispas, con esta roja como nuevo episodio.

Vinicius rompe su sequía

Al lado de Valverde, Vinicius Júnior, que en 19 derbis contra el Atlético sólo había visto puerta una vez, en el 3-1 de los cuartos de Copa del curso 22-23. Los rojiblancos eran un rival incómodo para él y lo volvieron a ser durante los 45 primeros minutos del Bernabéu, donde pasó desapercibido. En la segunda, eso sí, asumió la responsabilidad de un penalti decisivo y se inventó el tercer tanto. Vinicius marcó su segundo tanto al Atlético y dio inicio a la remontada de los blancos, clave en la pelea por el título de Liga.

Valverde y el brasileño fueron los dos protagonistas del Madrid en un encuentro donde fue titular Dani Carvajal, que volvió a ser titular en un partido de envergadura con el Real Madrid seis meses después. Lo había sido ante Osasuna y Elche, pero el lateral de Leganés esperaba un duelo importante en el que sentirse clave para el equipo. También en los despachos del club, donde hay debate sobre renovar o no al defensa. Y llegó el derbi. Mismo rival que hace seis meses. En el medio, semanas en la enfermería, en el hospital, en la sala de fisioterapia de Valdebebas y en el césped para tratar de estar a punto para un momento así. Y el duelo dejó una sensación algo agridulce.

El derbi sirvió también para ver el regreso de Bellingham después de un mes y medio lesionado. El inglés entró en el segundo tiempo y tuvo que trabajar en un Madrid que aguantó con uno menos los últimos minutos. Una nueva opción, «un bendito problema», para Arbeloa en la pelea por la Liga.

200 segundos de pájara, 10 años sin victorias en el Bernabéu y un penalti sin señalar: "No creo que no ganáramos por eso"

200 segundos de pájara, 10 años sin victorias en el Bernabéu y un penalti sin señalar: “No creo que no ganáramos por eso”

Fueron 200 segundos. Ni uno más. En los que el Atlético tiró por la borda todo el esfuerzo que había hecho en el encuentro pese a que intentó restablecerse con un obús de Molina. Hancko y Gimenez, dos defensas serios y veteranos, cometieron dos errores infantiles que provocaron la derrota de su equipo, pese a que al principio del encuentro, los rojiblancos soñaran con hacer historia. No pudieron aprovechar su superioridad numérica. "Pudimos haber hecho más, controlar el partido de otra manera después del 1-0, no cometer errores, gestionar mejor y tenemos rivales importantes y que juegan bien y ante la menor oportunidad te van a hacer daño", expresó el entrenador rojiblanco.

Hacía 10 años que el Atlético no ganaba en el Bernabéu. Una década de la que, en el césped, sólo quedan Griezmann, Koke y, claro, el Cholo que dirigía su derbi número 50. El argentino se llevó la gran pitada de la noche por la afición madridista cuando el speaker le nombró en las alineaciones iniciales. Pero luego saltó como loco cuando Lookman, tras un taconazo inmenso de su hijo, inauguró el marcador y enmudeció el estadio blanco.

La renta pudo haber sido doble, pero Munuera decidió no pitar un penalti sobre Llorente tras haber sido arrollado por Carvajal. "No creo que el tema de no haber ganado sea por eso. Tuvimos la oportunidad de aprovechar las ocasiones buenas que se generaron y no fuimos capaces de hacer ese paso hacia adelante", apuntó Simeone.

Era el renacer del jugador nigeriano, absolutamente invisible desde su meteórica aparición ante el Betis en la Copa del Rey. Antes había avisado con un eslalon monumental que terminó por cerrar Rüdiger. Estaba el partido para apariciones individuales, para diagonales y para caos controlado. Su presencia en el once era una apuesta propia de su entrenador. Nico, más solidario defensivamente, parecía una opción más plausible y quizás adecuada. Pero el Cholo quería filo y en las bandas puso dos puñales que le dieron el primer tanto del encuentro.

Contundencia, repite incansablemente el Cholo. La tuvo el Atlético que, salvo por un disparo de Llorente, había pisado poco el área de Lunin. En la otra costa, Musso no podía relajarse ni un minuto porque los blancos rondaban su área con un Valverde hiperactivo. El argentino sólo pudo mirar cómo le remató al palo en su primer mano a mano, pero después tuvo intervenciones de mérito como ante un disparo de Carvajal desde el borde del área. Era su presencia una nota nada discordante ya que su rendimiento ante la ausencia de Oblak había sido siempre sobresaliente. Nada pudo hacer sin embargo ante el penalti de Vinicius, que valió el empate del Madrid.

Tampoco ante el gol de Valverde cinco minutos después. La pájara de Giménez fue un error imposible de enmendar por el argentino. El Atlético vio cómo en apenas dos jugadas se esfumaba su ilusión inicial de romper una racha de una década. Pesa la historia, pesan los errores y vuelve a sonar esa palabra del Cholo: contundencia.

En la misma estaba el capitán derbi, Koke, el futbolista que más ha jugado con 45, que apuntaba que "hay que cuidar más los detalles". "La derrota duele igual, un derbi es un derbi", explicó el rojiblanco sobre los objetivos diferentes entre el Atlético y el Real Madrid en liga. "Estamos en el momento que queremos estar en champions y en copa, en liga no hemos sido regulares", añadió el futbolista que dice que ahora su mente ya está preparada en el triple duelo ante el FC Barcelona antes de la ilusionante final de Copa del Rey.

Molina, el cañonero

Pero para contundente, el zurriagazo de Molina. Está el argentino acostumbrándose a encañonar desde cualquier parte como demostró ante el Getafe. Mal rollo con los vecinos. Lunin sólo pudo embellecer la foto y el Cholo mejoró la celebración, trotando por la banda desbocado.

No pudo seguir celebrando el argentino al final. Vinicius le amargó la fiesta. Tenía el Atlético a mano arruinar la liga a su vecino, pero no pudo aprovechar la roja de Valverde por patear a Baena de muy malos modos. Julián lo intentó, pero la escupió el palo. Mateu Alemany quiere otro derbi en la final de Champions. No debe de tener memoria el director deportivo rojiblanco.

Hancko, un general sin mili en el ejército de Simeone: 3.458 minutos de juego, fichado por un plantón y goleador inesperado

Hancko, un general sin mili en el ejército de Simeone: 3.458 minutos de juego, fichado por un plantón y goleador inesperado

Parece mentira que un plantón fuera el culpable de que Diego Simeone consiguiera por fin a David Hancko (Prievidza, Eslovaquia, 1997) tras varios intentos infructuosos. Pero tuvo que dejarle el Al Nassr tirado en el hotel Saalfelden, lugar de concentración del equipo árabe en Austria, sin alojamiento y sin posibilidad de que entrenara con ellos, para que el acuerdo de 40 millones que existía por su traspaso del Feyenoord se rompiera el pasado verano.

Así que Carlos Bucero, director de Fútbol del Atlético de Madrid, consiguió pescar en río revuelto y traerse al central eslovaco por 10 millones menos y dejó al equipo holandés quejándose por la maniobra del equipo de Cristiano, pero satisfecho por haber obtenido una recompensa por su jugador. A ojos del futbolista, el plan B había resultado mejor que su primera opción y más teniendo en cuenta su aterrizaje en el Metropolitano.

David Hancko entró enseguida por el ojo de su entrenador y no ha salido de él. Es el futbolista con más minutos de toda la plantilla del Atlético de Madrid con 3.458, 100 más que Oblak, que es el segundo, y 300 más que Giuliano, el tercero. Aunque comenzó como suplente en Champions, su titularidad en Liga ha sido casi incuestionable. En este último tramo, además, su pareja con Pubill es lo que ha dado estabilidad a la defensa rojiblanca.

Una estabilidad no exenta de eficacia. Hasta el duelo liguero frente a la Real Sociedad del pasado 7 de marzo, Hancko era el único defensor que no había recibido amarilla en las cinco grandes ligas europeas, 3.208 minutos, concretamente. Además, y comparado con el resto de sus compañeros de la línea defensiva, les supera por un amplio margen en conducciones y pases progresivos, intercepciones y en unos contra uno ganados. Sofascore le sitúa entre los 10 jugadores con mejor nota media del Atlético este curso. Parece mentira que fuera su padre el que le tuviera que convencer que su futuro estaba de central y no de delantero, como le gustaba jugar en su infancia.

Nacido en la pequeña localidad de Prievidza, en el corazón de Eslovaquia, Hancko fue un jugador de desarrollo tardío. Su carácter sobrio no fue un aliado a la hora de tener mayor protagonismo en clubes como el MSK Zilina, donde comenzó y alternó con el segundo equipo, y la Fiorentina, primer club europeo que le fichó tras comenzar por fin a despuntar en su país. Así, una cesión que terminó siendo compra al Sparta de Praga, fue el motivo de su despegue. El futbolista aprendió checo nada más llegar para acelerar su adaptación y terminó, tras cuatro años, como uno de los capitanes extranjeros más jóvenes en la historia del club centroeuropeo.

Su rendimiento le valió la llamada del Feyenoord, donde fue indiscutible su liderazgo y su progresión gracias a los consejos de Arne Slot, hoy entrenador del Liverpool, que le sugirió iniciar los ataques con conducciones rompiendo líneas. Y el doble enfrentamiento en la fase de grupos de la Champions en la 2023/24 ante el Atlético, en el que llegó incluso a marcar un gol aunque su equipo perdiera los dos duelos, terminó por enamorar a un Simeone con el que se le ha visto más de una vez departiendo en los entrenamientos del Cerro del Espino. "Ante el Betis también fue a domicilio. Me encantaría marcar en el Metropolitano, sólo he marcado ahí con el Feyenoord, nunca con el Atlético", apuntó el eslovaco tras el duelo ante el Tottenham, donde hizo el gol de la tranquilidad para los rojiblancos.

Humildad y paciencia

"Ha llegado como lo imaginábamos, la temporada pasada ya habíamos pensado en él y no había podido llegar", destacó Simeone sobre su rendimiento y resaltó su "humildad" y su "paciencia para trabajar". "Necesitamos tenerlo de esta manera, es un chico que tiene una gran responsabilidad por lo que hace", añadió. Tanta acumula y tanta le ve capaz de aguantar el argentino que le ha brindado un privilegio raro de encontrar en este Atlético como es una confianza sin mili. Es el hombre fuerte del Cholo ante el derbi descafeinado de esta noche en una defensa para la que Giménez ha perdido peso así como Le Normand.

El regreso de Bellingham y el "bendito problema" para Arbeloa que ni Ancelotti ni Alonso pudieron solucionar

El regreso de Bellingham y el “bendito problema” para Arbeloa que ni Ancelotti ni Alonso pudieron solucionar

Vuelve Jude Bellingham y vuelve un «bendito problema» para Álvaro Arbeloa. Así responde cuando se le pregunta por la situación que se le avecina. El técnico del Real Madrid ha encontrado en ese cuarteto formado por Tchouaméni, Fede Valverde, Thiago Pitarch y Arda Güler el mediocampo ideal para su equipo y así lo demuestran las cuatro victorias consecutivas, dos de ellas ante el Manchester City en el Bernabéu y en el Etihad. Pero el regreso del inglés, hoy en el banquillo de Chamartín para el derbi y en adelante titular y pieza capital en el proyecto madridista, sitúa de nuevo en el centro de la conversación su posición, su rol dentro del equipo y a qué futbolista deberá dejar Arbeloa en la banda para hacer hueco al inglés. Dónde y cómo utilizar a Bellingham es ese «bendito problema» para el técnico.

Y es que no está siendo una temporada fácil para el centrocampista británico. De hecho, el de Stourbridge lleva un año y medio, también en el último curso de Ancelotti, sin terminar de encontrarse, casi como el Madrid. Después de un primer año extraordinario, levantando la Liga y la Champions, marcando 23 goles, dando 13 asistencias y acabando como tercero en el Balón de Oro, desde el verano del 2024, con la llegada de Mbappé, el futbolista deja una sensación agridulce. Terminó el curso pasado con 14 tantos, 15 pases de gol y momentos de gran fútbol, pero también otros en los que a través de él, de su posición anárquica, el Madrid se rompió. Vinicius y Mbappé descolgados en ataque y el inglés más cerca de ellos que de Tchouaméni, Valverde y Güler en un conjunto que fracasó en España y en Europa en los momentos clave del curso.

Bellingham, lastrado por su lesión en el hombro y jugando con un aparatosa protección desde noviembre de 2023, mantuvo su producción estadística, pero no recuperó las sensaciones del inicio y decidió parar después del Mundial de clubes. Se operó el hombro y se perdió los cinco primeros partidos de la temporada, todos triunfos para el Madrid de Xabi Alonso. Siguió dos encuentros en el banquillo y fue titular por primera vez, curiosamente y para su desgracia, en el 5-2 del Metropolitano ante el Atlético.

También salió en el once titular en la derrota en Liverpool, en los empates en Vallecas, Elche y Girona y en los duelos perdidos ante City y Celta en el Bernabéu y más tarde en la final de la Supercopa contra el Barça, que finiquitó el proyecto de Alonso. También estuvo en Lisboa en el 4-2 ante el Benfica que dejó al Madrid sin Top-8. Como él, muchos jugadores disputaron esos encuentros, pero llama la atención cómo la presencia de Bellingham junto a Vinicius y Mbappé, a medio camino el inglés entre un falso delantero y un centrocampista ofensivo, termina condicionando la ocupación de espacios del Madrid. Nada de eso se ha solucionado en año y medio.

La explosión de Thiago Pitarch

Durante los 10 partidos que se ha perdido Bellingham, con ocho victorias y dos derrotas para el Madrid, la entrada de Thiago Pitarch le ha dado al equipo un extra de compromiso defensivo y de reparto de roles que lo ha mejorado todo. Por eso ayer, en la rueda de prensa previa al derbi, Arbeloa rechazaba que la vuelta de Bellingham significara la salida de Pitarch. El salmantino necesita del trabajo del canterano. «Pueden jugar juntos. Tienen que entender lo que han entendido en los últimos partidos, que atacamos y defendemos todos. Debo encontrar su mejor posición y rol, pero si no trabajamos los once da igual el rival que tengas delante, vas a sufrir», explicó el técnico, con un mensaje claro y repitiendo eso de «bendito problema». «Que pongan todo su talento al servicio del colectivo», insistió. Sentar a Güler parece la opción más probable cuando el inglés coja ritmo.

Entre la operación de hombro y los problemas musculares del último mes y medio, Bellingham sólo ha podido jugar 1.974 minutos. Se ha perdido 16 partidos, con 14 victorias y dos derrotas para el Madrid. Esta noche regresa al banquillo del Bernabéu con la necesidad de acelerar el ritmo, de asentar su rol en este nuevo Madrid de Arbeloa y de apuntalar su posición dentro del vestuario de Inglaterra de cara al Mundial.