Guardiola ya ‘juega’ contra el Madrid, cancela el entrenamiento del City y da libre a sus jugadores: “Hay bastantes más desgracias en el mundo que caer eliminado”

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Pep Guardiola ya está jugando el partido de este martes contra el Real Madrid. El Manchester City necesita remontar el 3-0 de la ida en el Santiago Bernabéu y el técnico catalán decidió cancelar el entrenamiento de su equipo en la previa del encuentro. "Prefiero que se queden en casa", dijo. A su lado, Bernardo Silva, acompañante en la rueda de prensa oficial de UEFA. Ahí sí aparecieron los representantes del conjunto británico, pero no en el césped, a donde saltarán, según su entrenador, el mismo martes por la mañana, unas horas antes del duelo decisivo ante los blancos.

"Entrenamos mañana martes. Tengo claro cuál será mi once. Si juegas bien, te sientas bien mentalmente... Si pierdes, al revés. La semana pasada estábamos en Madrid, viajamos tarde... No pudimos dormir. Luego fuimos a Londres para jugar contra el West Ham, llegamos ayer y hoy hay que recuperarse. No hay tiempo para entrenar y prefiero que los jugadores se queden en casa. Ya lo he hecho dos o tres veces esta temporada", explicó Guardiola, que repitió esta decisión antes del duelo ante el Borussia Dortmund en la liguilla. El resultado, 4-1 para el City. Un marcador que este martes le llevaría a la prórroga contra el Madrid.

En su discurso ante los medios, Guardiola evitó hablar de "fracaso" en caso de caer derrotado contra los blancos. Evitó dramas, grandes decisiones después del partido o grandes problemas. "Hay bastantes más desgracias en el mundo que caer eliminado", insistió. "Hemos hecho eliminatorias extraordinarias contra el Madrid y otras veces hemos quedado fuera, ¿es fracaso? Lo que ustedes digan", cuestionó a la prensa.

"Vosotros lo calificáis cada vez que pasa como la gran decepción pero, ¿cuánto dura el titular? ¿un día? ¿dos noches? Cuatro balas por aquí, cuatro balas por allí... Pues se sigue, el sol va a salir y hay bastantes más desgracias en el mundo que caer eliminado", repitió. Y puso el foco en el Madrid: "¿Cuántas Champions ha ganado el Madrid? 15. ¿Cuántas ha jugado? 100, pues ha perdido más que lo que ha ganado. La Quinta del Buitre es el mejor equipo que yo he visto hasta el Dream Team del Barça y no la ganó, pero hizo un gran bien al fútbol español. ¿Es un fracaso? Yo le diría que no, que hicieron un gran bien al fútbol".

Sobre el duelo, reconoció que "no tengo un plan específico". "Hay que hacer un partido perfecto los 90 minutos. Somos capaces de marcar cuatro goles, ese no es el problema. En los primeros 15/20 minutos de la ida llegamos mucho... y ellos marcaron tres goles en tres oportunidades. Es difícil lidiar con algo así. Hay que seguir porque nunca se sabe".

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Dani Carvajal, Fran García y el joven Thiago Pitarch, de 18 años, salieron en el once inicial. En el minuto 58 le tocó el turno a Gonzalo García y a Dani Yáñez, en el 61 a Diego Aguado y en el 63 a Manuel Ángel y César Palacios. En total, ocho canteranos, siete a la vez sobre el césped, y seis de ellos con 21 años o menos y nacidos en España. Esto último por primera vez en la historia del Madrid en Liga. Y todo mientras Arda Güler se coronaba con el gol más lejano de la historia del torneo. El 4-1 ante el Elche tuvo de todo.

"Creo que me puedo morir tranquilo después de una noche como la de hoy. Hablaba con Yáñez y Aguado ahora, que fueron los primeros jugadores a los que entrené cuando tenían 13 o 14 años, y poder darles la oportunidad de jugar en el Bernabéu es un sueño cumplido para mí", reconoció el técnico, cuyo primer paso en Valdebebas fue hacerse cargo del Infantil A en 2020. En ese equipo estaba, entre otros, Yáñez y Aguado.

De hecho, Yáñez se ha convertido a sus 18 años y 351 días en el segundo español más joven en dar una asistencia en Liga para el Madrid en el siglo XXI, después de Javi García en 2004. Un dato que habla de su precocidad, como la de Pitarch o Aguado, los tres nacidos en 2007. En el caso de Manuel Ángel, Palacios y Gonzalo son de 2005.

"Sumados a Carvajal, canterano por antonomasia, así como a Fran, Thiago, César, Gon... es algo indescriptible. Muy feliz y orgulloso. No es sólo ponerlos, sino cómo han jugado. Les he enseñado bien porque han demostrado muchísimo talento, calidad y personalidad. Es una noticia fantástica. Y todos son un gran ejemplo", reflexionó Arbeloa, que fue el primero en mencionar a la Quinta del Buitre, la generación icónica de la cantera del Madrid.

"Me ha recordado a lo que era el Madrid de la Quinta, seguro que Emilio (Butragueño) estará orgulloso. Es un día para recordar para todo el madridismo", insistió Arbeloa, que asegura que cada canterano "es diferente" y que no todos necesitan salir cedidos para luego volver.

"Lo que yo he podido vivir es salir y volver. Pero tenemos el caso de Nacho. El de Carvajal, que se fue y volvió. Cada caso es diferente. Dar ese paso en la élite ayuda a desarrollarse y a tener minutos, que aquí es complicado. Lo importante es que haya canteranos en la plantilla, son necesarios, aportan talento y ADN, transmiten a los que vienen de fuera. Ojalá en el futuro siga habiendo, esté quien esté en esta silla", aseguró.

El otro protagonista de la noche fue Arda Güler, que dejó uno de los mejores goles de la historia de la Liga. El más lejano: 68 metros. Según 'Misterchip', es la mayor distancia de un gol junto a la de Antonio José, del Numancia, contra el Sevilla en 2004. Y recordó, además, al de Lasa ante el Sevilla en 1995, un tanto que se rememoró en los pasillos de Chamartín en la noche del sábado. Ese había sido el último gol de un madridista desde campo propio en Liga.

Y no es la primera vez que el turco intenta algo así. En Pamplona, ante Osasuna, su disparo desde el centro del campo se estrelló en el larguero. "Una vez dio al larguero contra Osasuna y hoy la ha enchufado. Tiene ese golpe maravilloso... un golazo", reconoció Brahim. "Hay que traer un marco y ponerlo en un cuadro. Es una cosa insólita. Maravillosa. He visto a todos llevarse las manos a la cabeza, yo también. Merece la pena haber pagado una entrada, o dos o tres, por ver lo que ha hecho", señaló Arbeloa, al que Güler se abrazó después de celebrar el tanto con sus compañeros del banquillo.

El turco se acercó corriendo hacia el área técnica e hizo una piña con Rüdiger, Valverde, Vinicius y la mayoría de integrantes madridistas antes de abrazar a su entrenador. "Vi al portero, que no estaba en una buena posición, así que lo intenté y marqué...", aseguró Güler en los micrófonos de Real Madrid Televisión.

Valverde vuela y Güler se inventa un gol histórico en el festival del 'baby' Madrid de Arbeloa

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En unos años nos acordaremos de aquella semana de marzo en la que Fede Valverde fue el mejor futbolista del mundo. Después de los tres tantos al Manchester City, el uruguayo mantuvo la flecha para arriba con el golazo que sentenció al Elche en el Bernabéu. El segundo de los blancos tras el de Rüdiger para volver a situarse a un punto del Barça. Un triunfo cómodo para este 'baby' Madrid con el que terminó Arbeloa, con hasta ocho canteranos en total y con Güler anotando desde su campo un gol histórico. El cuarto de los suyos.

No le importó al técnico el esfuerzo del miércoles o lo decisivo del duelo del martes en Manchester para decidir su once inicial. Quiso mantener la inercia positiva de su columna vertebral evitando demasiadas rotaciones a pesar de las diez bajas. Ahí estaban Rüdiger, Tchouaméni, Valverde y Vinicius junto a Brahim, Thiago o Huijsen. Las únicas novedades fueron Carvajal, Fran García y Camavinga. El resto, los del City. Porque a pesar de que la Champions estaba en juego en 72 horas, el Madrid y Arbeloa quieren aprovechar el empujón continental para insistir en la carrera por la Liga.

El ambiente, eso sí, no fue igual. El equipo notó la pausa tras el delirio, la marcha menos del campeonato doméstico con respecto a la Copa de Europa. Menos adrenalina, menos ruido. Enfrente, el Elche quiso proponer, guiado por un Sarabia imparable en la banda, enérgico, quizás demasiado. Los alicantinos dominaron la posesión pero sin meter miedo a Courtois. Un dominio estéril, más táctico que punzante. El Madrid compró el desarrollo del duelo. Le gustó. Aguantó atrás, presionó cuando vio opción y corrió cuando el partido lo necesitó. Al descanso lo tenía sentenciado.

La primera media hora fue de siesta, casi sin ocasiones claras. Algún acercamiento tímido del Elche, algún disparo lejano del Madrid, el cambio de Pedrosa por Sangaré tras el choque de éste con Camavinga y poco más. No había runrún en Chamartín y todo se jugaba en un espacio de 50 metros, mucho centro del campo, mucho fútbol control de Sarabia, robótico y sin chispa.

El Madrid empezó a conectar con Brahim, el más activo en el primer tiempo, y el andaluz hizo daño a la espalda de los centrocampistas visitantes, que le pararon en falta en varias ocasiones. Una de ellas la aprovechó Fede Valverde para poner en aprietos a Dituro, que rechazó mal hacia el centro del área y el balón acabó en la bota derecha de Rüdiger. El alemán, casi desde el punto de penalti, voleó con fuerza para anotar el primero.

El tanto hizo daño al Elche, que se vio por debajo sin haberse acercado a la portería madridista. En el horizonte del descanso, llegó otro puñal. Valverde recibió de Fran García en la frontal, recortó a Chust y coló la pelota por la escuadra izquierda de Dituro, que no llegó.

El Madrid, que temió un sábado problemático, encontró pronto oxígeno en un duelo cómodo, algo que aceleró las ganas de Arbeloa de «dar valor a la cantera», como había advertido en la previa. «Ellos saben que tienen una gran oportunidad, que el entrenador del primer equipo les conoce mejor que nadie. Saben de la exigencia del Madrid y saben que cuento con ellos», dijo en su primera rueda de prensa tras la salida de Xabi Alonso. Dos meses después, ha cumplido.

Brahim perdonó el tercero justo en la reanudación, eligiendo mal al final de una contra cuando tenía a Vinicius desmarcado para empujar la pelota. Definió con la derecha alto, pero Arbeloa corroboró ahí la superioridad de su equipo. Tocaba rotar.

Sin cumplirse la hora de partido, el técnico salmantino retiró a Vinicius, Valverde y Tchouaméni y dio entrada a Güler, Gonzalo y Dani Yáñez, que debutó en Girona en diciembre de 2024 pero no había vuelto a tener minutos. Un minuto después, fue Diego Aguado quien tuvo su oportunidad al sustituir a Rüdiger. El canterano había debutado en la pasada Copa del Rey, en enero de 2025, ante el Club Deportivo Minera, pero en Liga no había tenido oportunidad.

Por si fuera poco, Arbeloa siguió agitando el árbol de La Fábrica, entrando Manuel Ángel y Palacios, que ya vieron césped en Balaídos, por Brahim y Pitarch. El Madrid disputó media hora con siete canteranos, contando a Carvajal y Fran García, 'rara avis' en el conjunto blanco.

En una de las primeras jugadas, Huijsen cabeceó a la red un gran centro de Yáñez y terminó de definir un partido visto para sentencia antes del descanso. Manuel Ángel, en propia puerta, hizo el del honor del Elche tras un error de Camavinga y Güler dejó un tanto extraordinario desde su propio campo, a unos 60 metros de la portería de Dituro.

El sábado terminó con el Madrid a un punto del líder y con la ilusión de una nueva quinta de jóvenes que puedan aportar al primer equipo.

Álvaro Rodríguez: "Con 18 años no estaba preparado mentalmente para asimilar lo que me estaba pasando en el Madrid"

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El joven delantero del Elche, nacido en Palamós e internacional con Uruguay, vive su mejor momento con cinco goles. En la memoria, el debut con el Madrid siendo todavía un niño. «Raúl es el mejor entrenador que he tenido, se merece entrenar al primer equipo», cuenta a EL MUNDO.

La "trampa" del '8' de Kroos y los focos de la capitanía, dolor y gloria de Fede Valverde: "Se puso una presión extra él mismo"

La “trampa” del ‘8’ de Kroos y los focos de la capitanía, dolor y gloria de Fede Valverde: “Se puso una presión extra él mismo”

La histórica primera parte ante el Manchester City le dio la vuelta a la temporada de Fede Valverde. Y quién sabe si a su carrera en el Real Madrid. El uruguayo ha vivido unos meses complicados en Valdebebas, autoexigido por el dorsal número 8 heredado de Toni Kroos, por la responsabilidad del brazalete que dejó Luka Modric y del que se ausentó Dani Carvajal por lesión, y condicionado por un nivel deportivo del equipo que provocó disputas internas y cambios de entrenador. Todos esos ingredientes explotaron en la coctelera del uruguayo, que terminó ante el City conquistando su gran noche en Chamartín.

Pero vayamos por partes para entender la gran liberación que supuso el hat-trick del miércoles para el de Montevideo. «En este año ha madurado mucho», admiten a este periódico los que mejor le conocen. Fede Valverde siempre había sido un complemento. Uno extraordinario, pero un complemento. El cuarto centrocampista al lado de un tridente icónico como el formado por Casemiro, Kroos y Modric, el comodín para todos los entrenadores, el futbolista que hacía grupo a nivel interno, el chico lejos de los grandes titulares. Sin focos.

Todo eso cambió después de la Copa de Europa lograda por el Madrid en Wembley. Kroos dejó su '8' y se lo otorgó a Valverde. Un número y una gran responsabilidad. «Se puso una presión extra él mismo, fue un poco trampa», reconocen en Valdebebas. La ausencia del alemán, el ocaso de Modric y las necesidades del Madrid cargaron la espalda de Valverde, obligado a dar un paso adelante en un centro del campo que no funcionaba igual.

La polémica de Kazajistán

Llegaron las comparaciones, las críticas externas y la reflexión interna en casa con su familia y amigos. Más presión. Y llegaron las lesiones. Y Valverde un día fue mediocentro, otro día extremo y otro día lateral derecho. Y llegaron las ruedas de prensa. Y las frases equivocadas en el momento equivocado sin la explicación ni el contexto adecuado. «No nací para ser lateral», dijo en Kazajistán, en septiembre. Y más críticas. Y llegó el runrún con Xabi Alonso. Y los rumores. Y el foco, junto a Mbappé, Vinicius y Bellingham, para el uruguayo, convertido ya en capitán. «No se puede decir que me niego a jugar», aseguró en un comunicado después de ser suplente, no calentar en la previa y no disputar ni un minuto en Almaty.

En ese momento, Valverde se encerró en terreno propio. Trabajó con su círculo más cercano en cómo darle la vuelta a la situación deportiva, mental y mediática, y encontró premio. «Llevas el '8', pero no tienes que ser Kroos», fue una de las reflexiones finales. El uruguayo lo terminó de entender y la ayuda del entorno, compañeros y cuerpo técnico le empujó a su mejor momento. El City.

De Xabi a Arbeloa

Para Alonso, Valverde era clave, pero las lesiones le obligaron a ponerle de lateral, donde defensivamente sufría a pesar de que con el físico lo compensaba todo. La llegada de Arbeloa y la vuelta de Trent y Carvajal han empujado a Valverde de nuevo al centro del campo, escorado en una banda derecha desde la que puede correr, presionar, apoyar en corto, desmarcarse en largo, llegar al área, defender... Lo hace todo, como en épocas anteriores. «Es el Juanito del Siglo XXI», se empeña en repetir Arbeloa, enamorado del uruguayo.

«Hemos tragado mucha mierda y hemos pasado por momentos malos, creo que bien merecidos, que al final nos han hecho cambiar y madurar», admitió hace dos semanas en zona mixta. Lo decía por el vestuario y por él, que el miércoles ante el City volvió a disfrutar «como hace tiempo que no disfrutar». «Realmente estoy triste», admitió en Kazajistán en septiembre.

A sus 27 años, la crítica a su esfuerzo le dolió más que la futbolística. Pero todo eso parece superado ya por los tres goles al City. De camino, su tercer hijo, otro premio a una temporada que empezó con curvas y puede terminar consolidándole todavía más en el club.

El Madrid de Arbeloa rompe su "Día de la Marmota": "Se crea un ambiente un poco tóxico, se nos ha faltado al respeto"

El Madrid de Arbeloa rompe su “Día de la Marmota”: “Se crea un ambiente un poco tóxico, se nos ha faltado al respeto”

En la previa del partido contra el Manchester City, Álvaro Arbeloa le habló al vestuario del Real Madrid sobre la película 'Atrapado en el tiempo', también conocida como 'El día de la marmota'. En ella, y en un modo muy resumido, el personaje interpretado por Bill Murray repite sin cesar el mismo tipo de día hasta que consigue romper el fenómeno actuando de manera diferente a cómo lo estaba haciendo. Arbeloa notaba que su Madrid estaba repitiendo demasiados defectos en demasiados partidos y contra Guardiola no se lo podía permitir. Funcionó en el ejemplo, aunque la plantilla del conjunto blanco era demasiado joven para conocer el film.

"Hablaba con ellos de 'El día de la marmota' y nadie sabía lo que era. Es que soy una generación diferente. Nadie había visto 'Atrapado en el tiempo'. Asencio me decía que la habían estrenado 10 años antes de que él naciera. La cuestión es que quiero que crean que son muy buenos, pero que tenemos que ser un muy buen equipo, pensando colectivamente. Está claro que hay duelos contra tu par, pero esto va de ser un equipo e igual que el otro día en Vigo dimos un gran paso, ojalá esto sea un punto de inflexión. Veremos el sábado, ante un rival que ha tenido mucho tiempo para preparar su partido y nosotros mucho menos", reflexionó el entrenador salmantino, muy contento con la imagen de su equipo.

Ese 'Día de la marmota' madridista se ha repetido demasiadas veces en la última temporada y media. Un equipo plano, sin ideas, lento con y sin balón y sin una pizca de tensión competitiva. Ante el City fue todo lo contrario. Sin Mbappé, Bellingham, Rodrygo, Ceballos, Militao, Carreras ni Alaba, el Madrid presionó la salida de balón rival, fue vertical con balón, intenso en los duelos individuales, generoso en el esfuerzo... Lo tuvo todo. Y el Bernabéu se lo premió con una de las grandes ovaciones de la temporada.

"Hemos ganado un partido y aquí no celebramos victorias, celebramos títulos. Si nos relajamos, nos lo harán pagar", admitió Arbeloa, que insistió en que "hemos sido un equipo con mayúsculas". "Somos el Real Madrid. Dije que les íbamos a mirar a los ojos y lo hemos hecho. Se ha demostrado que puedo tener razón", señaló el entrenador.

"No hay excusas"

En los pasillos del estadio, los jugadores del Madrid sacaron pecho por el esfuerzo realizado. "Cuando trabajamos juntos podemos hacer grandes cosas", reconoció Valverde, "el jugador más infravalorado del mundo", según su compañero Alexander-Arnold. "No hay excusas cuando juegas en el Madrid. Tenemos que ganar todas las competiciones y da igual a quién tengamos delante", insistió el inglés.

Más duro y reflexivo fue Thibaut Courtois, que nunca se esconde ni negocia sus palabras. El belga pasó por la zona mixta del estadio y repasó las últimas semanas y los últimos meses, muy duros a nivel mediático para el equipo.

"En mi primer año aquí estábamos mucho peor y para mí no había este ambiente un poco tóxico, entre comillas. Que cada cosa está fatal y horrible, y cuando se pierde se toca el fondo. Es verdad que estamos teniendo una temporada de altibajos, pero para mí donde se falta más al respeto es al vestuario es cuando se dice que no somos profesionales, que pedimos no jugar en Albacete, que mandamos más que el míster... Eso me parece mal, porque nosotros somos profesionales y hacemos lo que nos pide el míster", resumió el portero, que no evitó los temas más polémicos de este curso: "Nosotros no estamos ahí diciendo 'bueno, hoy no nos apetece salir a entrenar'. Obviamente no existe eso, somos el Madrid y esas cosas aquí no pasan, pero a veces salen esas cosas y se crea un ambiente tóxico con los aficionados que piensan que nosotros hacemos lo que nos apetezca", repitió, y dejó claro que "nosotros no le hemos hecho la cama a Xabi Alonso". "Que no nos gusta ver vídeos, la táctica... Soy un profesional, si me tengo que ver un vídeo de una hora lo veo, no hay problema. En la NFL ven vídeos todo el día y no hay problema", comentó.

Courtois volvió a ser capital en el triunfo del Madrid con una excelente parada ante un disparo de O'Reilly y con el pase del 1-0 a Valverde. "Saben que tengo un gran golpeo en largo. Muchas veces la gente dice que no juego bien con los pies. Sé que no soy Ter Stegen, pero tengo un buen golpeo, sobre todo en largo. Hoy ha salido bien", finalizó.

Creo en Dios y en el Real Madrid

Creo en Dios y en el Real Madrid

El increíble equipo del Santiago Bernabéu vivió otra de las hazañas históricas. Como siempre en la Champions. Ganarle por incomparecencia al millonario Mánchester City por tres a cero y que pudieron ser cuatro si Vinicius ejecuta el penalti es otro de los proféticos estigmas del club blanco.

Por velocidad, por convicción y buen juego aplastó al equipo de Guardiola. El técnico catalán ya sabe que muchas veces el Bernabeu puede ser su cementerio perpetuo. Su equipo casi no tuvo ocasiones de gol y se le veía depauperado. Era un City rendido, hundido y con complejo de inferioridad ante un Real Madrid resucitado.

Fede Valverde jugó el partido de su vida. Hizo muchas cosas cercanas a la genialidad y además hizo los tres goles. Su pasión, su velocidad y su remate fueron fulminantes. El Madrid buscaba un líder y creo que inequívocamente es Valverde, que además es el capitán.

Guardiola ha despreciado a Arbeloa desde que supo que su continuo exterminador le había tocado otra vez. En esta ocasión, en octavos, muy lejos de ganar la Champions. Pero, su minivalorado Arbeloa le metió un rejón de muerte. Sería otra hazaña dantesca que el City pudiera darle la vuelta en Manchester. Despellejó Arbeloa tácticamente a Guardiola. Seguro que no contaba que Valverde jugara de extremo y lateral y centrocampista, que se recorriera el terreno de juego como si fuera tan pequeño como el del fútbol sala.

Además, algo vital para el Madrid es que su entrenador dispusiera que Thiago Pitarch fuera la sombra de Rodri, la pesadilla, el eje del City. El sumo creador se quedó como un jugador más. Sin brújula, ni sentido vertical.

Buena apuesta de Arbeloa, que le salió como un gran jugador, aunque Rodri ya no sea el de antes. Ha perdido dinamismo, es más lento y ya no baja tanto. A Guardiola nunca le han gustado los defensas. Solo posesión, posesión, toque- toque e inutilidad ofensiva. Algo más anticuado que una película muda. Hasta ha dejado a Haaland como un monstruo al que le han dado veneno.

Hace dos días, Guardiola le decía al Daily Mirror que en cualquier momento puede llegar su fin, en un respiro, en un suspiro. A lo mejor este no es el momento decisivo. Pero este fracaso le va comiendo como la carcoma.

El Madrid fue un huracán y el City un ahogado. Ahogado en tristeza, en súltil envejecimiento y que no conecta con estos tiempos.Todos o casi todos dábamos por muertos al Real y, de repente, de improviso, aparece el increíble Real Madrid de las Champions. Por eso creo en Dios y en el Real Madrid.

Queremos once 'thiagitos' y once 'federicos'

Queremos once ‘thiagitos’ y once ‘federicos’

En el primer minuto de partido Thiago Pitarch había robado un balón, le había caído un rebote, había hecho una apertura a banda de exterior y encendido al Santiago Bernabéu con una conducción hacia atrás. Ya no podía pensar en otro eslogan: queremos once thiagitos. Corajudos, raulistas y populistas en el esfuerzo, de cabeza erguida y orgullo primario. Cuando el estadio iba a recordar al original ito, Juan Gómez, Doku pilotaba su monoplaza contra el muro de la fe blanca. Daban ganas de no mirar, o mirar por una rendija entre los dedos, cada encontronazo de ese extremo diabólico con Trent. El propio Trent se perfilaba de espaldas, como para no ver tampoco él. En una de esas le pudo hacer penalti Thiago, en otra salvó el milagro Valverde. Después obró otros tres. Y Courtois salvó que un error camavinguico del canterano no fuera gol del City. Lo perdonamos todo: mientras llegan los once thiagitos, tenemos once federicos.

El capitán, cuestionado tanto en el inicio de temporada, fue ayer las noches europeas del Madrid, los 90 minuti y todo el refranero junto. Arbeloa planteó un equipo sin delantero, desnortó a la UEFA, que en el grafiquito del partido colocó de nueve a Arda Güler. Ese espacio en realidad no lo ocupó nadie, nunca, Gonzalo no jugó un minuto. Y en ese camaleón blanco, que el gol llegara mediante asistencia del portero era consecuencia casi lógica. A ella escapa la posterior definición con la izquierda en el segundo y el truco de magia en el tercero. Pero son ya momentos para la historia del club que justifican su brazalete.

Valverde metió al Madrid en un estado de autoconfianza imparable y ahí lo asentó Mendy, nuestro policía de Los Ángeles. Amado Ferland: no te vayas nunca mientras puedas regalarnos estos 45 minutos cada 12 meses. La entrada de Fran García fue un temblor colectivo, se había roto el muro, pero también él estuvo vallejiano cuando el penalti fallado de Vinicius condenó a aguantar. El estadio, obediente, no se acordó de Guardiola, que en general no hizo nada para que nadie reparase en él. Llegó con aroma sobrado y se fue con un revolcón de Arbeloa. El fútbol. Pero queda mucha eliminatoria: cabeza, cabeza.

Valverde sueña despierto y abre en canal al Manchester City con tres goles de videoteca

Valverde sueña despierto y abre en canal al Manchester City con tres goles de videoteca

Fede Valverde despierta por la mañana. Ha tenido un sueño. Es el sueño de un niño que marca tres goles en el Bernabéu en la Copa de Europa, la Champions, pero no unos goles cualquiera. No. Unos goles de los que se sueñan, con los autopases de Cruyff, los controles en carrera de Maradona o el sombrerito del adolescente Pelé en la final del Mundial de Suecia. Esas cosas no pasan. Se sueñan. [Narración y estadísticas, 3-0]

Valverde despierta y mira el móvil. Pone la radio. No puede ser. Lee su sueño, lo escucha, incluso mejor de lo que es capaz de recordarlo. Un hat-trick con el que el Madrid vence al Manchester City de Pep Guardiola, nada menos, al anticristo del Bernabéu.

El relato que escucha está cargado de adjetivos en los que jamás piensa, sólo corre, como un antílope en el Serengueti, para dejar que piense su cuerpo, que decida el instinto de un futbolista difícil de clasificar. Quizás eso explique que se sintiera extraño en la clasificación pretendida por Xabi Alonso y, en cambio, explote en este caos que tan bien le sienta al Madrid. El caos, en realidad, es un orden distinto que te permite estar en todas partes, y eso es lo que hace el uruguayo, en defensa y en ataque, en el área propia como en la contraria. No es un desconocido para el gol, en absoluto, pero eran goles distintos, explosiones de su propio físico. Estos goles son otra cosa. Se sueñan.

Convertirlos en reales no depende únicamente de la determinación y el deseo. Necesitan de una atmósfera, de una fuerza telúrica. Sólo la combinación de ambas puede convertir en una noche a un gran jugador en la sombra chinesca de los mejores de la historia. El control y el autopase a Donnarumma en el primer tanto y el sombrero sobre el defensor en el tercero son propios de lo mejor que se puede encontrar en las videotecas, en blanco y negro o tecnicolor. A esos añadió Valverde el disparo del segundo, certero pero más propio de su condición humana. Por algo, el destino le escogió también a él para esa suerte.

Es cierto que hubo errores del rival, de O'Reilly y el propio Donnarumma, malas mediciones en el primer gol, y que un rebote lo habilitó en la acción del segundo. Nada de eso, sin embargo, resta mérito y mística a lo hecho por el uruguayo.

Valverde logra el primer gol.

Valverde logra el primer gol.OSCAR DEL POZOAFP

Los goles llegaron pronto, dos antes de la media hora y los tres antes del descanso, para rearmar moralmente a un Madrid ajado por las bajas, con Mbappé como un turista histérico en la grada vip después de su polémica estancia en París para recuperarse de una lesión. Guardiola olió el rastro de la sangre y salió con todas sus baterías. Incluso demasiadas. Se empachó. La sobrepoblación de delanteros apartó al técnico y a su equipo de su estado preferido, de las largas posesiones de su centro del campo. Rodri no parecía el Rodri renacido, sino un guardia urbano en la rotonda de Cibeles de madrugada. Cuando el técnico quiso corregirlo, con la entrada de Reinjders, ya iba tres abajo, ya jugaba sobre el desfiladero.

Guardiola buscó el talón de Aquiles del Madrid, la espalda de Trent, con insistencia. Lo hizo con Doku, un diablo. Las acometidas provocaron vértigo en el Bernabéu, miedo por lo que se venía, pero entonces Courtois tomó una decisión a contraestilo. Lanzó un balón larguísimo para la carrera de Valverde. Todo lo demás pasó en sus sueños.

Guardiola observa a Arbeloa.

Guardiola observa a Arbeloa.THOMAS COEXAFP

En el Bernabéu eran tan reales que acabaron por cambiar la realidad. El gol activó todavía más a un Madrid que había arrancado intenso, aunque no dominante. A partir de ahí, se comió el partido, con ayudas incesantes para auxiliar a Trent, fueran del propio Valverde o de un Thiago Pitarch estajanovista, de un lado a otro, imparable. El esfuerzo y despliegue físico del jugador de la cantera justifica la elección de Arbeloa como titular por delante de Camavinga, que salió en la segunda mitad. Uno llega con el compromiso que el Madrid, hoy, necesita. Hoy y siempre. El otro está detenido. El único error de Thiago Pitarch encontró la pierna salvadora de Courtois, el ángel de la guarda en el portal el Madrid.

Los goles continuaron para inflamar el alma blanca, con un tercero preciosista, en el que Brahim hizo un primer sombrero para que Valverde realizara el segundo y el remate definitivo. El malagueño fue un recuperado para la causa, después de llegar algo deprimido de la Copa de África. En la plaga bíblica que sufre el Madrid, su regreso es como el agua.

Tampoco para el City lo que pasaba era real. Era una pesadilla, con un ataque estéril, Haaland aislado, como un farero en un islote, y Guardiola con las manos en la cabeza. Le espera el rincón de pensar. Vinicius, en el punto de penalti, falló la estocada, aunque con este Madrid y este City quizás no sea necesario llevar el estoque a Manchester.

La noche "soñada" por Fede Valverde en la peor visita de Guardiola al Bernabéu: "Habíamos entrenado mucho los saques de puerta"

La noche “soñada” por Fede Valverde en la peor visita de Guardiola al Bernabéu: “Habíamos entrenado mucho los saques de puerta”

El Real Madrid necesitaba un gol de Fede Valverde porque la estadística decía que nunca perdía cuando marcaba el uruguayo: 32 victorias y dos empates. Necesitaba uno, pero el «Bombazo», así le llaman en el vestuario, se atrevió a marcar tres en 45 minutos al Manchester City. Una actuación histórica que lleva el nombre de pocos jugadores en la historia del fútbol: sólo Messi, Lewandowski y Haaland había anotado tres goles en un partido eliminatorio en Copa de Europa. Ni siquiera Cristiano Ronaldo, Rey de Reyes europeos en Chamartín. Valverde hizo suyo lo impredecible.

En la historia del Madrid, sólo tres jugadores habían marcado tres goles en una primera parte de Champions, aunque ninguno en la fase del K.O: Rial contra el Amberes en 1957, Puskas ante el Benfica y el Feyenoord en 1962 y 1965 y Mbappé ante el Olympiacos esta temporada. Nadie más hasta Valverde, que nunca había marcado un hat-trick.

"Uno sueña con noches así. Seguro que es mi mejor partido, sobre todo en goles. Disfruté mucho hoy, hacía bastante que no disfrutaba un partido de esta forma. Estoy contento, estoy alegre pero sobre todo por el triunfo del equipo. Si todos trabajamos juntos podemos conseguir grandes cosas. Gracias a la gente que nos apoya aunque sea una temporada difícil", reflexionó el uruguayo.

Fue una primera parte apoteósica en la que el Madrid salió a morder siguiendo los dientes de Thiago Pitarch. «Es un niño, pero muerde», admitían el martes fuentes del conjunto blanco a este periódico. Esas carreras constantes del canterano contagiaron a un equipo que parecía muerto en las últimas semanas e impulsaron el mejor partido del Madrid en toda la temporada.

Los goles de Valverde fueron la consecuencia de la presión y la verticalidad del Madrid de Arbeloa, que sentó a Gonzalo y a Camavinga para dar entrada a Brahim y a Pitarch. «Thiago no se va a esconder, va a querer el balón», avisaba el técnico antes del duelo.

"Habíamos entrenado bastante los saques de puerta, que ellos iban a presionar uno a uno. Somos rápidos arriba y lo aprovechamos bien", admitió Valverde.

Enfrente, Guardiola, que había prometido una alineación «sin sorpresas», apostó por cuatro delanteros para atacar más que defender. Y lo pagó. El Madrid se hizo grande mordiendo en transiciones.

Ahí apareció Valverde, al espacio en los tres goles, celebrando con rabia hacia el público cada uno de ellos, agitando los puños en tres ocasiones, como siempre hace, y repitiendo los hat-tricks de Benzema en 2022, los únicos de un futbolista con el brazalete al hombro en el Madrid.

En el descanso, Mendy se quedó en los vestuarios por unas molestias. «Un calambre», aseguraban en el conjunto blanco, que unido al tiempo sin jugar hicieron que Arbeloa no tomara riesgos.

Durante el tramo final, Tchouaméni y Valverde sintieron distintas molestias, pero aguantaron sobre el césped mientras Guardiola trataba de seguir vivo en la eliminatoria. El catalán agitó los brazos cuando Donnarumma detuvo el penalti de Vinicius y se los llevó a la cara cuando Courtois evitó el gol de O'Reilly. Desesperado, terminó quitando a Haaland y se llevó su peor derrota del Bernabéu en 13 visitas.

Desde 2020, el Madrid ha conseguido eliminar al City en tres de cinco cruces. Veremos si en una semana llega el sexto.