Se fue Roberto Bautista, eliminado por el argentino Thiago Agustín Tirante, en la que supuso, a los 38 años, su última presencia en el torneo de Madrid, despedido con el lógico cariño por el público y homenajeado en la arena por Feliciano López, ahora director del Mutua y en su momento contemporáneo en el circuito, y Garbiñe Muguruza, codirectora. No llegó, al igual que sucedió el pasado año, Carlos Alcaraz, lesionado en la muñeca. Las esperanzas locales residen en esta ocasión en tres jugadores que acaban de dar el estirón: Rafael Jódar, Martín Landaluce y Daniel Mérida.
Alcaraz tomó de inmediato el relevo de Rafael Nadal, pero España fue perdiendo peso en el circuito tras el final de una brillante generación que se apaga definitivamente, donde aún resisten a base de entusiasmo Pablo Carreño y el propio Bautista, que seguirá hasta que termine el año. La sexta Copa Davis data de 2019, aún con Nadal como líder de un equipo en el que el castellonense tuvo un papel capital.
Hoy España cuenta con cuatro tenistas entre los 50 primeros y ocho entre los cien: Alcaraz, 2º, Alejandro Davidovich, 24º, Jaume Munar, 38º, Rafael Jódar, 42º, Bautista, 93º, Carreño, 94º y Landaluce, 99º. Mérida es el 102º.
Rafael Jódar, quien, tras ganar en el ATP 250 de Marrakech su primer título, alcanzar las semifinales del Conde de Godó y vencer este miércoles en Madrid al neerlandés Jesper de Jong (2-6, 7-5 y 6-4), se ha asegurado el 37º lugar la próxima semana, fue el primero de los tres en comparecer. Campeón júnior del US Open 2024, el madrileño, de 19 años, se estrenó con los debidos honores frente a un público deseoso de caras nuevas con proyección. Nervioso, precipitado, lo pasó mal. No fue capaz de ganar un solo servicio en el primer set, pero aprovechó la quinta bola para llevarse el segundo. Fue atendido en dos ocasiones en el tercer parcial, donde vio cómo su rival revertía su ventaja de 3-1 y saque. Siguió de pie y logró la rotura definitiva en el noveno juego, aprovechando el primer match point. Hace un año era 900 del mundo.
El apoyo de la grada
"Este partido lo he sacado yo y todo el público", dijo sobre la pista. "He empezado con muchos errores. Sabía que había que ponerse duro. En estos partidos se demuestran los verdaderos jugadores. Ahora a recuperar bien y a pensar en el viernes", agregó, en relación con su próximo encuentro, ante Alex de Miñaur.
Martín Landaluce, 20 años, también madrileño, cuartofinalista en Indian Wells, recién incorporado al top 100, jugará este jueves ante el australiano Adam Walton (alrededor de las 19.00 h.). Tras ponerse de largo en los Masters 1000 hace tres cursos, gracias a una invitación del torneo, el campeón júnior en Nueva York en 2022 se presenta ahora con otra impronta, como un jugador más hecho y con lícitas aspiraciones a prosperar en el cuadro, como reconocía el lunes en una entrevista con este periódico.
Daniel Mérida, 21 años, con el mismo origen que sus coetáneos, viene de ganar a Marco Trungelliti en la previa, y curiosamente, volverá a vérselas con él este jueves (alrededor de las 19.00 h.) ya en el cuadro principal, dado que el argentino salió beneficiado como lucky looser, con la fortuna del perdedor en esa fase de calificación. Mérida perdió recientemente su primera final del circuito en el ATP 250 de Bucarest.
Jóvenes, vigorosos y sobradamente preparados, responden al estereotipo de los competidores que exige el tenis actual. Los tres rondan o sobrepasan el 1,90. Van con todo en cada bola y, como demostró Jódar, también saben sufrir, argumentos que alimentan buenas expectativas.
En la sala de reuniones de ELMUNDO, donde cada día se interpretan y jerarquizan las noticias, conversan en la sobremesa del viernes el director y la codirectora del Mutua Madrid Open, que abre este lunes su vigesimocuarta edición. Él, Feliciano López (Toledo, 1981), cumple su octavo año como máximo responsable de la competición. Ella, Garbiñe Muguruza (Caracas, 1993), se estrena en un cargo de nuevo cuño. En el camino hacia la redacción del periódico les llega la noticia de la baja de Carlos Alcaraz, que ya se retiró por lesión del Conde del Godó tras ganar su primer partido. Será el segundo año consecutivo sin el mayor reclamo de un torneo que, no obstante, se encuentra plenamente consolidado.
Garbiñe Muguruza. Es una pena que Carlos no pueda acompañarnos en esta ocasión, más aún con la ilusión que nos hacía contar con él tras la ausencia del año pasado. No obstante, como hemos visto en Barcelona, su retirada responde a la necesidad de priorizar su recuperación. Le trasladamos todo nuestro apoyo. Aun así, el torneo sigue adelante y contará con un espectáculo deportivo de primer nivel.
Feliciano López. Los torneos como Madrid somos privilegiados, porque los jugadores tienen la obligación de disputar los Masters 1000. El problema es que hay cosas que nosotros no podemos controlar, como una lesión. Estas cosas pasan y van a seguir pasando.
Pregunta. ¿Hay un cierto vértigo a pocos días del inicio?
F.L. Las dos semanas previas al comienzo son bastante intensas. Hay muchas cosas que hacer. El montaje se empieza un mes antes. Luego, patrocinadores, firmas...
P. ¿Cómo ha sido su aterrizaje, Garbiñe?
G.M. Muy bueno. Es un torneo muy familiar. Conozco al staff de los años que he jugado. Me han recibido muy bien. Es fácil trabajar con Feliciano, nos conocemos desde hace muchos años. Me han dado una buena bienvenida.
P. Siempre hubo sintonía entre ustedes. Coincidieron incluso en alguna pretemporada.
F.L. Sí, cuando entrenabas con Conchi [Conchita Martínez] coincidimos un año en Marbella. Yo tengo 44 años. Aunque no seamos de la misma generación, hemos coincidido durante bastante tiempo en el circuito. Siempre hemos tenido afinidad y cuando surgió la opción de poder contar contigo, no sólo por mi parte sino por la de todo el equipo, tuvimos claro que era lo mejor, que era un lujo: una española, doble campeona del Grand Slam, en un torneo que siempre le ha encantado. Reúnes todos los requisitos. Garbiñe ha sido lo mejor que nos podía pasar.
P. Y también con la experiencia como directora de las WTA Finals...
G.M. Sí, en un torneo muy prestigioso pero de otras características, más pequeñito. Este es mucho más grande, mixto. Ya sabes, Feli, que te pido consejo constantemente, dado que llevas muchos años en el cargo.
P. A pesar de haber tenido algunas finales recientes fantásticas, como las dos protagonizadas por Aryna Sab alenka e Iga Swiatek, tal vez aún le falte impulso al torneo femenino.
G.M. Es posible. Hay buenas jugadoras españolas, como Paula Badosa, que se está recuperando, o Cristina Bucsa, pero esperemos que con el tiempo podamos situar a alguna top ten que alcance las últimas rondas y amplíe el interés de los aficionados.
P. ¿Qué es lo más difícil para los dos de ponerse a trabajar fuera de la pista?
F.L. Cuando estás en activo, supongo que estarás de acuerdo, Garbiñe, sólo piensas en jugar y en entrenar, estás en tu partido, en tu mundo, y no tienes ni idea de lo que hay detrás. Cuando pasas al otro lado, te das cuenta de muchas cosas. A veces los tenistas nos volvemos un poco egoístas sin querer. Ahora nos toca gestionar las expectativas de los jugadores, las peticiones. Ni tú ni yo, Garbiñe, hemos sido muy exigentes en ese sentido. El tenis va cambiando. Antes viajabas solo con tu entrenador y ahora un jugador te viene con seis personas. Todo eso repercute en el torneo. En 15 años ha cambiado todo muchísimo.
P. Tiene algo magnético el tenis. Ambos desarrollan también una labor como comentaristas.
G.M. Es un mundo bonito, aprender a observar y a trabajar en el tenis behind the scene.
F.L. Es el camino natural poder trabajar en la industria que conoces. Hay gente que tira por el coahing. Mi relación era muy buena con Gerard [Tsobanian, presidente y consejero delegado del torneo] y con Ion Tiriac [ex propietario del torneo] cuando aún jugaba. Fue un paso difícil, pero pensé que era el momento de subirme a ese tren porque me iba a ayudar a hacer la transición después del tenis.
P. Hablaba, Feliciano, de coaching. ¿Se ven a medio plazo entrenando?
G.M. A nivel individual, como entrenadora full time no, porque al final lo único que te falta es salir a jugar. La vida es tan absorbente como la que llevábamos antes. Quizás en un futuro, en la Billie Jean King o algo parecido, sí podría verme
F.L. Ha habido algún jugador que me ha tanteado en este tiempo...
P. ¿Quién? ¿Se puede saber?
F.L. No, no [risas]. Algún extranjero, pero ahora mismo mi vida familiar, entre este torneo, lo que hago en la tele, la Copa Davis... no me permite viajar ni involucrarme con un jugador ni siquiera part time. Me encanta la enseñanza, como con la academia que hemos abierto ahora en Madrid, pero me falta tiempo.
Feliciano López y Garbiñe Muguruza, codirectores del torneo de Madrid.MUNDO
P. ¿Qué se busca con la figura de una codirectora?
F.L. Es importante contar con gente que no sólo conozca bien el tenis sino que tenga cierta cercanía con las jugadoras, como es tu caso, Garbiñe, que te has retirado hace poco. Y ya vienes con experiencia en este tipo de tareas. No buscábamos lanzar un mensaje de igualdad, aunque sea el único torneo codirigido por una mujer y un hombre. Queríamos dar un paso más y ofrecer a los jugadores la mejor experiencia posible. He tenido la suerte durante estos años de haber sido jugador y como director es más fácil empatizar. Se trataba contigo, Garbiñe, de replicar esa figura en el circuito femenino, con alguien que cumple todos los requisitos. Los torneos por un lado y los jugadores por otros, a veces con intereses distintos. Una figura como ella o como yo es positiva y facilita el entendimiento.
P. ¿Qué recuerdos tienen del torneo en su etapa en activo?
F.L. Yo era un crío cuando Manolo Santana [primer director del torneo] me invitó a jugarlo por primera vez y es el torneo que me hizo darme cuenta de que podía competir con los mejores. Fue en 2002, en el Madrid Arena, y llevaba poco tiempo en el circuito. Perdí contra Andre Agassi, que fue el campeón. Aquel partido ante Agassi fue un punto de inflexión en mi carrera, entonces me di cuenta de que podía competir contra los mejores. Estaba la pista llena, nunca había vivido un ambiente así.
G.M. ¡Ay! Este torneo siempre se me resistió. Nunca pude llegar a la final ni a las semifinales. Sufría mucho. Creo que también era la autoexigencia que me ponía por jugar en casa. Con Carla Suárez disputé dos finales de dobles en un estadio donde no había nadie que no nos apoyara. Pensaba: 'tenemos aquí a 8.000 personas que están todas con nosotras'.
F.L. La manera de involucrarse del público de Madrid es especial. Aquella final de Rafa [Nadal] con Ljubicic [2005, victoria del español tras remontar dos sets], fue asombroso cómo le empujó la gente. La semifinal con Novak [Djokovic] en la Caja Mágica [2009, victoria de Nadal en el partido elegido como el mejor de la historia del torneo]. Diría que el público de aquí es más parecido al del sur de España, por mi experiencia allí en eliminatorias de Copa Davis.
G.M. En general el público español entiende de tenis. Sabe leer el momentum del partido, está familiarizado con el juego.
P. ¿Qué es lo más difícil de gestionar, Feliciano?
F.L. Sobre todo, algo que supongo que a ti también te pasará, Garbiñe, cuando existe el riesgo de que colisione la amistad con un jugador con un tenista con el rol de director del torneo. Tienes que saber poner un poco de freno: 'yo soy tu amigo, te aprecio, hemos compartido muchas cosas, pero ahora me tienes que ver con una persona con otra responsabilidad'. El tema de los wild cards es complejo, porque hay mucha gente que los merece. Desgraciadamente, no somos los dueños del torneo. Tú y yo, Garbiñe, somos españoles y nos gustaría que nuestro tenis siempre fuera el más beneficiado, como lo fue durante toda la época de Ion Tiriac. Ahora los dueños son otros y tienen unas obligaciones contractuales con clientes a los que representan. No obstante, tendremos tres españoles invitados en el cuadro masculino y otras tres españolas en el femenino.
P. ¿Qué echan de menos en el tenis en relación con la época en la que comenzaron a competir?
G.M.El circuito ha mejorado mucho en relación a como era antes, en todos los sentidos
F.L. Es mil veces mejor. Hace 20 años ibas a jugar un 250 en determinados sitios y decías: 'a este torneo le falta mucho'. Ahora eso no pasa. Antes había menos dinero y estaba todo menos profesionalizado.
P. Y en el terreno, digamos, sentimental.
F.L. Antes te relaccionaba más. No había plataformas ni redes sociales. Quedábamos los españoles en el lobby del hotel a las nueve de la noche y nos íbamos a cenar juntos. Eso ya no pasa. Son otros tiempos, se vive de otra manera y hay que aceptarlo así. Los jugadores tienen unas cosas que antes nosotros no teníamos, y su forma de ser, de pensar y de vivir es diferente.
P. Supongo que cuando empiece la competición será algo distinto, pero, ¿cómo es, Garbiñe, una jornada cotidiana en su nuevo desempeño?
R. Por la mañana nos reunimos con las novedades y hacemos un guion de cómo afrontar el día. Luego, durante el día se trata de comprobar que todo el estadio está tomando forma, y de que se hagan bien las cosas nuevas que se implementan. Ahora, a esperar que vayan llegando poco a poco más jugadores y cumplir también labores de protocolo, como darles la bienvenida.
P. ¿Ven en el horizonte algún jugador que pueda incorporarse al mano a mano que ahora mantienen Alcaraz y Sinner?
F.L. No. Creo que la distancia se está ampliando cada vez más entre ellos dos y el resto, como demuestran los torneos más recientes. Tenísticamente son buenísimos, al igual que física y mentalmente. Y además, con la voluntad de seguir mejorando. No veo a nadie listo para plantarles cara de verdad. El tenis es imprecedible, quién sabe si en un par de años surgirá alguien.
G.M. Soy de la misma opinión. No veo un competidor capaz ahora mismo de entrometerse en esa rivalidad. Habrá momentos puntuales en los que algún jugador podrá elevar su nivel y ellos no estarán al máximo. En el cuadro femenino, pese al dominio de Sabalenka, el circuito se encuentra más abierto.
No estará Alcaraz, pero sí Jannik Sinner, que competirá por primera vez en Madrid como número 1 del mundo, rango recuperado gracias a su victoria ante el español en Montecarlo, donde logró su título más importante hasta la fecha sobre tierra batida. Será la cuarta participación del italiano en un torneo donde su techo está en los cuartos de final de 2024, cuando no pudo disputar por lesión la antepenúltima ronda ante Felix Auger-Aliassime.
Sinner presenta una secuencia intimidatoria en torneos Masters 1000. Desde que el pasado 5 de octubre, víctima de severos calambres, se retiró ante Tallon Griekspoor en la tercera ronda de Shanghai, suma 22 victorias consecutivas, las que corresponden a los títulos de Paris-Bercy, en 2025, y de Indian Wells, Miami y Montecarlo en la presente temporada. Desde 2015 nadie había ganado los tres primeros Masters 1000 de la temporada.
Tras descansar la pasada semana, en la cuidada administración de energías para llegar con todo a Roland Garros, donde en 2025 dispuso ante Alcaraz de tres pelotas para hacerse con el torneo, Sinner buscará corroborar su potencial en la superficie, en unas circunstancias muy distintas a las del Principado.
Su presencia será el mayor atractivo de un torneo que cuenta con sobrados reclamos para el público madrileño. Rafael Jódar aparece como brillante semifinalista del Conde de Godó después de conquistar su primer título en el ATP 250 de Marrakech. Martín Landaluce lo hace como cuartofinalista del Masters 1000 de Miami.
La baja de Djokovic era previsible. En el que parece claro que será su último curso en activo, el ganador de 24 títulos del Grand Slam pasará de puntillas por la tierra batida, en busca de apurar sus remotas opciones de añadir un major a sus incomparables registros en Wimbledon o el Abierto de Estados Unidos. Su derrota de entrada ante Matteo Arnaldi en la pasada edición quedará como la despedida de un torneo que ganó en tres ocasiones: 2011, 2016 y 2019. Hoy se presenta el torneo y se sortean los cuadros, con la presencia de los dos defensores del título: Casper Ruud y Coco Gauff, además de José Luis Martínez- Almeida, alcalde de Madrid, y de Feliciano López y Garbiñe Muguruza, codirectores de la competición.
En los días previos al US Open de 2024, Elena Rybakina despidió a su entrenador, Stefano Vukov, y este se dedicó a perseguirla por los pasillos de su hotel en Manhattan, a escribirle decenas de mensajes y a intentar llamarla más de cien veces. Buscaba otra oportunidad, aseguraba. Pero su acoso obligó a Rybakina a presentar una denuncia y a desvelar que durante los entrenamientos la llamaba «estúpida» o «retrasada». «Me decía que sin él todavía estaría recogiendo patatas en Rusia», afirmó.
El circuito WTA intervino para inhabilitar a Vukov, pero el episodio extremo recordó una evidencia: las relaciones entre los tenistas y sus entrenadores son muy, muy, muy complicadas. La ruptura entre Carlos Alcaraz y Juan Carlos Ferrero antes del presente Open de Australia es solo una más dentro de una larga tradición de desacuerdos, separaciones amistosas y, en casos extremos, traumas. A lo largo de la historia ha habido muy pocos jugadores que hayan mantenido al mismo técnico durante toda su carrera, y así seguirá siendo. Es una unión que siempre tiende al divorcio.
Asanka Brendon RatnayakeAP
«Estas relaciones nunca son fáciles. Pagas a alguien para que te diga lo que debes hacer. Es una situación extraña. En el tenis lo vives desde niño, te acostumbras desde las clases particulares que contratan tus padres, pero aun así es raro. Genera rifirrafes y el equilibrio es muy delicado. Si pensamos en los grandes de la historia, incluso las relaciones de Rafa Nadal con su tío Toni o de Novak Djokovic con Marian Vajda tuvieron un final», escribe en este periódico Garbiñe Muguruza, quien a lo largo de su carrera mantuvo un esquema clásico de cambios de entrenadores: de quien le ayudó en la formación -Alejo Mancisidor- a quien la acompañó en sus Grand Slam -Sam Sumyk-, hasta llegar a quien la mantuvo en la élite -Conchita Martínez-. De uno necesitaba una cosa y de otro, otra. De ahí la dificultad para que las relaciones sean duraderas.
La imprescindible conexión
Cada tenista exige algo distinto y, además, sus requisitos evolucionan: los técnicos tienen la imposible tarea de adaptarse a toda velocidad. Contaba el reputado Patrick Mouratoglou que cuando dejó de entrenar a Serena Williams y empezó a dirigir los pasos de Simona Halep descubrió que no podía seguir la misma metodología. Williams quería mandar y Halep quería que alguien le mandara. Para que Mouratoglou lo entendiera, la rumana tuvo que sufrir un ataque de ansiedad en pleno partido durante el Roland Garros de 2022.
WILLIAM WESTAFP
Al final, es esencial establecer una conexión, y para ello hay dos caminos. Está el tenista que abraza a un técnico y lo mantiene durante muchos años para construir ese vínculo, como Aryna Sabalenka con Anton Dubrov. Y está el tenista que va saltando de preparador en preparador en busca de una magia que nunca acaba de llegar, como Emma Raducanu. La británica, ganadora del US Open de 2021, ha trabajado ya con una docena de coaches -el último, Francis Roig, ex de Rafa Nadal- y su carrera aún no despega.
Un 5% de 'prize money'
«Eso puede ocurrir y es muy ingrato para el entrenador. Durante tres o cuatro meses le ofreces todo tu conocimiento a un tenista y, de repente, decide cambiar. Pero no es lo habitual. Todo el mundo sabe que una relación entrenador-jugador requiere de un tiempo mínimo para dar resultados. Nuestro trabajo es muy bonito, pero muy difícil», define Marc López, también ex técnico de Nadal, que ayudó a Jasmine Paolini y ahora aconseja a Marie Bouzková.
«Es un trabajo que también exige muchos sacrificios, sobre todo a nivel de viajes», comenta López, hoy comentarista de HBO Max y Eurosport -la plataforma que emite el Open de Australia-, que por eso no ve a Nadal en el banquillo de algún jugador próximamente: «Me cuesta verlo, ahora quiere otra vida». Aunque algunos técnicos se pierden ciertos torneos, sí es una rareza que un entrenador principal solo acuda a los Grand Slam y a algún torneo más, como proponía Ferrero. El acompañamiento del jugador a lo largo de la temporada es un requisito básico, aunque por supuesto está recompensado.
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Al contrario que en el fútbol o el baloncesto, en el tenis el salario base no es lo más importante: lo fundamental es el porcentaje de los premios. Lo normal es que un entrenador de un tenista del Top 10 se lleve un 5% del prize money y que los jugadores más modestos cedan más, hasta un 10%. En la ecuación pueden entrar muchas variantes, pero es clave establecer en los contratos todos los condicionantes del empleo. Por ahí se rompió la relación entre Ferrero y Alcaraz, aunque antes ya se había tensado. Es una unión que siempre tiende al divorcio.
Cuántos se estrellaron antes que él por la mentira de que si quieres, puedes. A veces quieres y no puedes. Y no pasa nada. De hecho, reconocerlo puede ser lo mejor que te pase en la vida.
Alejandro García Cenzano quería ser tenista profesional. A los 12 años dejó el fútbol para centrarse en la raqueta, empezó a echarle horas en su club, el Club de Tenis Chamartín de Madrid y a los 17 estaba donde debía estar: jugando torneos Futures. En Portugal, por ejemplo, se enfrentó a Carlos Taberner, coetáneo suyo, hoy el 139 del mundo, eliminado el viernes en segunda ronda del Masters 1000 de Roma. Durante tres años, entre 2014 y 2016, peleó todo lo que pudo en numerosos torneos, pero nunca pasó de tercera ronda. Al final aceptó sus limitaciones.
«Me costaba muchísimo ganar partidos, veía el nivel del resto y sabía que no iba a llegar a ser profesional», reconoce quien entonces, antes de cumplir los 20, trazó un plan. No sería jugador, sería entrenador y aquí viene lo extraño. En los banquillos del circuito sólo hay ex tenistas o preparadores de larga trayectoria y él no era ni una cosa ni la otra. Necesitaba estar en los torneos, aprender y darse a conocer así que decidió empezar desde abajo: durante varias temporadas, García Cercano fue sparring. Iba a un Grand Slam o un Masters 1000 y se ofrecía como ayudante en los entrenamientos de los tenistas, como un rival simulado.
Nadal daba el 100% incluso peloteando
¿En qué consistía ese trabajo?
Iba a los campos de entrenamiento, la organización me decía con qué jugadores me tocaba ese día y les ofrecía mi ayuda. Lo normal era que me pidieran que imitara el juego de su próximo rival. He hecho sesiones de dos horas de revés cortado emulando a Roger Federer o golpeando con altura como Rafa Nadal. Recuerdo que cuando alguna tenista se enfrentaba a Monica Nicolescu me pedían que cortara la derecha, que es algo raro.
¿Cómo empezaste?
En un Mutua Madrid Open. Había sido recogepelotas del torneo, me ofrecieron ser sparring y vi que era una puerta de entrada perfecta al tenis profesional. Había estudiado para ser entrenador, incluso para ser árbitro, pero nadie me conocía. Haciendo de sparring podía aprender y, al mismo tiempo, darme a conocer. Por eso empecé a viajar a torneos por el mundo. Mi primera gira fue en Estados Unidos y México en 2017 y en allí, en el Masters 1000 de Cincinnati, ya pude entrenar con Rafa. Fue una experiencia que nunca olvidaré. Era alucinante cómo daba el 100%, aunque sólo estuviera peloteando.
¿Le pagaban?
En la mayoría de torneos no pagan. De hecho yo era el único que viajaba porque normalmente se tira de voluntarios locales. Algunos organizadores me ayudaban con el hotel o los gastos, pero la mayoría de veces me lo montaba con lo que ganaba entrenando a niños en mi club, el Chamartín, y alquilando algún Airbnb barato. Tenía claro que lo hacía como inversión de futuro. La única remuneración que recibía era cuando algún jugador o alguna jugadora me contrataba como sparring privado para un torneo, una gira o una pretemporada. Eso lo hice con Garbiñe Muguruza, Ons Jabeur o Bianca Andrescu.
Ellas trabajan más con sparrings.
Es lo más normal. Los jugadores suelen entrenar entre ellos o cuentan con algún amigo como sparring, como Carlos Alcaraz, que tiene la ayuda de su hermano Álvaro. Las jugadoras suelen tirar más de sparrings. He trabajado con siete números uno, Wozniacki, Azarenka, Pliskova, Garbiñe, Halep, Barty y Swiatek, y sólo dos número uno, Rafa y Carlos, con el que estuve toda la semana de Indian Wells de 2022. Me queda la espina de Federer. Un año, en Cincinnati, tenía sesión con él, pero luego prefirió entrenar sin sparring.
Su salto a los banquillos
En el pasado Mutua Madrid Open, García Cenzano todavía ejerció como sparring de Alejandro Davidovich, pero lo hizo como ayuda porque en realidad ya no lo necesita. El guion se ha cumplido. Después de muchos entrenamientos como ayudante, de muchos viajes pagados de su bolsillo, la paraguaya Verónica Cepede, que llegó a ser la 73 del ranking WTA, le pidió consejo y estuvo a su lado como entrenador durante cuatro años. Luego vinieron Tamara Zidansek, Peyton Stearns y últimamente Olga Danilovic, la actual número 33 del mundo, a quien acompañó como asistente la pasada temporada.
Ahora trabaja con promesas esperando alguna llamada de una de las mejores del mundo, pero el objetivo ya está cumplido: en el circuito ya le conocen, ya vive del tenis. Entender tus límites puede ser lo mejor que te pase en la vida.
Primero fue la baja, no por temida tras los problemas físicos padecidos en el Conde de Godó menos dolorosa, de Carlos Alcaraz. Al día siguiente, por su recurrente lesión en la espalda, se borró Paula Badosa. Novak Djokovic, que regresaba a Madrid después de tres años, se despidió en el debut, ante Matteo Arnaldi, confirmando que su tiempo empieza a quedar atrás. El domingo, pese a realizar un partido notable, Alejandro Davidovich perdió en tercera ronda contra Alexander Zverev. El torneo se quedaba así sin representación española en los cuadros individuales de octavos de final, algo insólito en cualquier evento tenístico disputado en nuestro país. Zverev, doble campeón del torneo y primer cabeza de serie, fue fulminado en octavos este martes por el argentino Francisco Cerúndolo (5-7, 3-6), para dejar el cuadro aún más descapitalizado.
Y este lunes, el apagón.
El taquillaje está vendido para toda la competición, al igual que los derechos televisivos. Los palcos rebosan, incluso ajenos al derrumbe energético durante las horas críticas, y las cuentas salen. Los patrocinadores se frotan las manos y hay vigor consumista en el área de tiendas de elite. El Masters de Madrid parece inmune a la sucesión de contrariedades, pero el espectáculo se resiente, algo que viene sucediendo desde que la competición se amplió hasta las dos semanas, como también sucede en Roma, que comienza el lunes. Algunos jugadores ya han manifestado su incomodidad con la exigencia del calendario.
"Estoy de acuerdo con Carlos [Alcaraz] respecto a la longitud de los Masters 1.000 y el deseo de que volvieran a ser de una semana porque para nosotros es muy cansado y fatigoso estar dos semanas fuera de casa y luego ir a otro torneo, y si lo haces bien estás mucho tiempo fuera", ha dicho Davidovich.
Bueno para el negocio
"Dos semanas en modo competición son muchas, se genera un considerable estrés", comenta a este periódico Garbiñe Muguruza, ganadora de dos títulos del Grand Slam, ex número 1 del mundo y hoy embajadora de Tennis Channel. «Para el business es bueno. Creo que están probando, pero si los jugadores se quejan ya veremos cómo lo hacen en un futuro».
Diez hombres han dejado el torneo por lesión o enfermedad, el último de ellos Matteo Berrettini, que se retiró ayer tras perder el primer set ante Jack Draper.
El derrumbe energético fue un episodio asumido con serenidad por los jugadores. Grigor Dimitrov se clasificó para octavos de final al imponerse a Jacob Fearnley, pese a dejar pasar una bola de partido el lunes, minutos antes del apagón. «Momentos como esos suponen una experiencia más, te demandan un plus mental. He perdido partidos tras contar con match point, así que tampoco me ha pesado en exceso durante la noche. Afronté el encuentro como si fuera nuevo, sin poner presión alguna sobre mi juego», comentó el decimosexto favorirto en tono relajado en la zona mixta de la Caja Mágica.
«Recuerdo que en Wimbledon llegué a jugar un partido durante tres días. Después de tantos años, he aprendido a gestionar muchas cosas. Lo del lunes es una demostración más de cómo todo puede cambiar en tan sólo un segundo. Algunas personas estuvieron colgadas diez horas limpiando ventanas. En una gran pantalla, lo que sucedió aquí no es nada. Pudo ser difícil volver al hotel, pero es lo mismo para todos. Cuando sucede algo así, hay que pensar en quien está limpiando cristales en lo que ocurre en los hospitales o en los aeropuertos", agegó.
Nadie puede con Mirra Andreeva, que a sus 17 años ganó ese domingo en Indian Wells su segundo título WTA 1000 consecutivo, tras imponerse la pasada semana en Dubai, y suma 12 victorias seguidas. Ya es la número 6 del ránking. La rusa que entrena Conchita Martínez dejó atrás una tras otra a las dos mejores del circuito. Antes de vencer en la final a la bielorrusa Aryna Sabalenka, número 1 del mundo, por 2-6, 6-4 y 6-3, había superado a Iga Swiatek (a la que ya derrotó en su camino hacia el título en Dubai). Sólo Tracy Austin, quien, a los 16, derribó a Martina Navratilova y Chris Evert para llevarse el US Open de 1979, logró algo semejante a menor edad.
«Está sorprendiéndonos a todos los fans del tenis con su madurez y sencillez, rodeada de profesionales a los que conozco y que son adecuados para el talento que ella posee», comenta a este periódico Garbiñe Muguruza, ganadora de tres títulos del Grand Slam y de las WTA Finals. «Tiene un talento aún con mucho por pulir, pero desde ya estamos viendo a una campeona. Conchita es la persona perfecta para moldearla hasta convertirla en la próxima número 1. Es un portento físico y una jugadora muy resiliente. Es humilde, pero segura de sus armas», agrega.
Estamos ante la gran sensación del tenis femenino, un fenómeno adolescente que ya se ha ganado analogías con otras tenistas de aura precoz. Andreeva es la tercera jugadora más joven en ganar Indian Wells, tras Martina Hingis en 1998 y Serena Williams en 1999. «Todo mi equipo me protege mucho. Tengo una entrenadora con mucha experiencia que me ayuda mucho, me da consejos, me dice cómo jugar y tácticas para no desperdiciar la energía», comentó la campeona después de su victoria.
Conchita Martínez, ganadora de Wimbledon en 1994 y con una brillante trayectoria al lado de Muguruza, a quien dirigió hacia el triunfo en el All England Club en 2017, lleva algo menos de un año en su rincón. Lo que empezó siendo una colaboración puntual se ha prolongado después del buen papel de la rusa en el Mutua Madrid Open, donde se plantó en cuartos, y de su crecimiento progresivo. El año pasado ganó la plata olímpica en París junto a Diana Schnaider y se hizo en Iasi con su primer título individual.
Mayor agresividad
Como ha reconocido Andreeva, su entrenadora trabaja en hacer de ella una tenista menos defensiva, que incorpore a su inteligencia táctica y a sus buenos argumentos desde el fondo de la cancha golpes de otras características. Rápida e inteligente, la joven nacida en Kranoyarsk y residente en Cannes, donde se trasladó desde Moscú en 2022, posee una gran capacidad para neutralizar a adversarias de mayor pegada, como es el caso de Sabalenka, a quien ya había sorprendido en la última edición de Roland Garros, en cuartos de final.
Andreeva ganó en el verano de 2022 en El Espinar, torneo de categoría ITF. «Hoy se pega mucho y se piensa poco. Ella tiene otras armas», valoró Vivi Ruano, directora del torneo, que cuenta con 10 títulos del Grand Slam en dobles y dos platas olímpicas, asombrada también por su aplicación y metodicidad. «Me encanta cuando en la entrega de premios siempre se auto felicita. Qué bien que entienda desde tan pronta edad que todo está en sus manos», apunta Garbiñe, hoy embajadora de Tennis Channel, tras corroborar en Indian Wells su magnífica impresión.
Andreeva viajó este lunes a Miami, donde aspira a convertirse en la quinta jugadora capaz de suscribir el Sunshine Double: alzarse con el triunfo en Indian Wells y Florida, algo que lograron Steffi Graf, en dos ocasiones (1994 y 1996), Kim Clijsters (2005), Victoria Azarenka (2016) e Iga Swiatek (2022).
A penas un año después de anunciar su retirada, la tenista española Garbiñe Muguruza, campeona de dos títulos de Grand Slam y ex número uno del tenis mundial, ha sido presentada como embajadora de Tennis Channel, la multiplataforma global de televisión dedicada al tenis que será la nueva casa para ver los torneos de tenis femenino del WTA Tour en España en 2025.
Muguruza, de 31 años, será la imagen del canal de televisión con el que colabora desde hace unos meses como comentarista. La laureada tenista española, que también ganó el torneo de Maestros en 2021, ya ejerció de comentarista el año pasado, y esta temporada ampliará su rol a embajadora, para ayudar a ampliar reconocimiento de la marca Tennis Channel en España. Además, actuará como presentadora de contenidos exclusivos.
Este año Tennis Channel se convierte en la casa oficial del WTA Tour en exclusiva en España, lo que significa que en su plataforma se podrá seguir en vivo toda la cobertura de los torneos de la WTA, excluyendo el Madrid Open, e incluyendo las WTA Finals de Riad. Este año Garbiñe debutará como comentarista en el WTA 1000 de Doha que se disputa esta semana. Tennis Channel España también ofrecerá en vivo todos los torneos del ATP Tour Challenger, así como eventos especiales como los Six Kings, Battle of Legends, entre otros. Además de tener disponible para sus abonados de todos los contenidos exclusivos que produzca el canal como documentales, entrevistas en exclusiva y series originales, como Iceland, protagonizada por Paula Badosa y Stefanos Tsitsipas.
"A lo largo de mi carrera como jugadora he podido ver el nacimiento y crecimiento de Tennis Channel en Estados Unidos. Me acompañaron en momentos muy especiales. Estaban cuando gané Roland Garros, Wimbledon o las WTA Finals en México. Son parte del circuito de tenis mundial y ahora me hace especial ilusión que hayan pensado en mi para su llegada a España. Somos un país de grandes campeones, y de grandes aficionados al tenis, por lo que espero que con la llegada de Tennis Channel podamos presentar el deporte que tanto me ha dado de una forma más actual, más cercana. Estoy segura de que, con nuestros contenidos exclusivos, los aficionados podrán conocer más de cerca las tripas del tenis profesional", apuntó Garbiñe. "Es una oportunidad espectacular y tengo muchas ganas de ponerme a ello".
Muguruza comentará los partidos decisivos de más de 10 torneos y la veremos entrevistar en exclusiva a las grandes estrellas del deporte. Además, participará como co-presentadora de un podcast que se presentará en breve.
"Tras trabajar con Garbiñe el año pasado, no podríamos sentirnos más honrados de ampliar nuestra colaboración con ella y presentarla como embajadora de Tennis Channel", afirmó Andy Reif, vicepresidente sénior de Tennis Channel International. "Es una gran campeona que sabe cómo ganar en los escenarios más importantes del tenis y es generosa compartiendo esa visión en sus comentarios durante los partidos. Pero, más que eso, su curiosidad, su perspectiva y su pasión por el deporte son muy atractivas para los aficionados de todo el mundo y estamos encantados de ver que hará entrevistas y otras actividades dentro de su rol en el canal", añadió.
Tennis Channel España se puede ver por suscripción a través de la plataforma www.tennischannel.com y en streaming gratuito en Samsung TV Plus, LG y Orange.
Es un privilegio estar en París en el día de la inauguración de los Juegos Olímpicos, por muy incómoda y caótica que se haya vuelto la ciudad, casi en estado de sitio ante la magnitud del acontecimiento. Volver a unos Juegos, ahora como observadora, junto al equipo de Adidas, me trae a la memoria aquellos en los que competí. Siempre preferí quedarme en la Villa Olímpica. A menos que seas Lebron James y estés incómodo por las dimensiones de la cam
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Hijo de la tierra, concebido sobre ella para su explotación y disfrute, Rafael Nadal ha obtenido en esta superficie buena parte de su inmenso patrimonio profesional. El mallorquín irrumpió en arcilla. Primero, en aquella final de la Copa Davis en 2004, cuando fue reclutado por la entonces capitanía colegiada del equipo español para disputar el individual frente a Andy Roddick, en perjuicio de Juan Carlos Ferrero, hoy entrenador de Carlos Alcaraz. Meses después, ya prologadas sus habilidades en la gira europea, Montecarlo, Barcelona, Roma, con la conquista de la primera de sus 14 copas en Roland Garros.
Recién cumplidos los 19 años, dos menos que Alcaraz, Nadal pasó por encima de Roger Federer, entonces número 1 del mundo e indiscutible dominador del circuito, en semifinales, antes de imponerse en la final al argentino Mariano Puerta. Estábamos, estamos, ante un auténtico especialista, un zurdo capaz de revolucionar la pelota hasta el infinito con su drive liftado, de crear ángulos que cuestionaban las reglas de la geometría. Un fajador curtido también en el arte de la defensa. Un danzarín que resbalaba sobre el polvo de ladrillo sin ofrecer flancos vulnerables.
Hay evidentes confluencias entre el flamante campeón del torneo y el hombre que ha establecido un registro tal vez inalcanzable. Les une la explosividad, el ardor mediterráneo, el sentido táctico, una cultura común que ya convirtieron en dominante en otro tiempo, cada una con sus propios matices, raquetas como las de Manolo Santana, Andrés Gimeno, Sergi Brugera, Carlos Moyà, Albert Costa, Ferrero, Arantxa Sánchez Vicario y Garbiñe Muguruza. Pero la génesis, la personalidad y la forma de desenvolverse en la pista de Nadal y Alcaraz es distinta.
Estreno en Nueva York
Alcaraz ganó el primero de sus tres grandes sobre el cemento de Flushing Meadows en 2022. El siguiente lo consiguió un curso más tarde sobre la hierba del All England Club. Ha sido en su cuarta participación en Roland Garros, asimilado el trance de la semifinal perdida en 2023 frente a Novak Djokovic, cuando ha tocado el centro de la tierra. Comparte la formación y el concepto de juego de los españoles, pero tiene mucho de librepensador, se mueve por instinto y cuenta con una versatilidad a partir de la cual se explican los éxitos que precedieron al conseguido este domingo en Roland Garros tras imponerse en la final a Alexander Zverev.
Nadal, poseedor de 22 majors, ganó el primero de sus dos títulos en Wimbledon en 2008, ya con cuatro victorias consecutivas en París. Fue el triunfo de la perseverancia y la capacidad de adaptación. Hasta su llegada, y sobre todo a partir de los años setenta, la hierba había sido mirada con cierto complejo y desdén por parte de los jugadores españoles. No así entre las mujeres, pues ahí están los triunfos de Conchita Martínez y Muguruza y las dos finales de Sánchez Vicario.
Nadal ponderó desde el principio el inmenso valor de un torneo como Wimbledon. Perdió en tercera ronda en 2003 y en segunda en 2005, perdió dos finales consecutivas contra Federer antes de destronarle en el inolvidable atardecer de 2008. Dos años después volvería a ganar el torneo y se haría también, en su octava participación, con el primero de sus cuatro Abiertos de Estados Unidos, en una de las mejores temporadas de su vida. En 2009 había ganado el primero de sus dos Abiertos de Australia.
Sólo cuatro 'intrusos'
Desde la victoria de Nadal hace 19 años y la conseguida ahora por Alcaraz, sólo otros tres jugadores levantaron la Copa de los Mosqueteros: Federer, en 2009, Stan Wawrinka, en 2015, y Djokovic, en 2016, 2022 y 2023. Nadal hizo valer sus aptitudes congénitas sobre la superficie en el momento más deslumbrante de la historia del tenis, en competencia directa con Djokovic, 24 grandes, y Federer, 20. Alcaraz vive en un tiempo distinto, con una rivalidad que se vislumbra intensa y longeva con Jannik Sinner, a quien derrotó en las semifinales del viernes, aún con Djokovic sin haber dicho su última palabra y a la espera de la progresión de otros jugadores que tratan de seguirle el paso, ya a una considerable distancia. Es "demasiado bueno", como apuntaba Stefanos Tsitsipas tras verse sometido una vez más en cuartos, y se puede esperar todo de él.
Nadal creció desde la tierra y forma parte del selecto grupo de ocho jugadores que han conquistado los cuatro grandes: Fred Perry, Donald Budge, Rod Laver, Roy Emerson, Andre Agassi, Federer y Djokovic. Lo suscribió con 24 años y 32 días. Fue el tercero más joven en lograrlo, el primero en la era profesional. Alcaraz podría superar en precocidad incluso a Laver y Budge si conquista el próximo Abierto de Australia. Cumplió los 21 el pasado 5 de mayo.