Antes del partido, un empleado del Newcastle publicó un video en sus redes sociales, enseñando el laberinto que tenían que recorrer los jugadores para llegar desde el vestuario visitante hasta el verde y, cuando por fin llegaron, ya perdían 1-0. Los goles a favor siempre han sido uno de los grandes males de la historia del Barça, especialmente en Champions. El equipo nunca está preparado para pasar la eliminatoria, ni siquiera para jugar la ida, sino para ganar el título. Incluso el presidente en funciones, Rafa Yuste, no dudó en hablar de la felicidad que le supondría ganar la orejona, y aún no había entrado al restaurante de la comida de directivas. Todo mal.
Cada vez que se ponía por delante en el marcador, el Barça se dejaba embaucar por una estadística que dice que aún no ha perdido ningún partido en el nuevo estadio, obviando otra que decía que Lewandowski no había marcado nunca con una máscara. Y lo que es peor, que sin ella sus estadísticas no eran mucho mejores.
Hace meses que el Barça se habla de la imposibilidad de ganar la Copa de Europa sin un 9, y ya no digamos ganarle al Atlético. Sin embargo, las estadísticas también dicen que las segundas partes del Barça de Flick siempre son las buenas. Algo les suelta el alemán en el descanso que no entienden 45 minutos antes, porque los jugadores son los mismos. Y lo que en el descanso es un debate sobre el 9, se acaba convirtiendo en la tercera vez en la historia que el Barça marca siete goles en Champions. La primera sin Messi.
El domingo, durante la celebración de su victoria electoral, Laporta aclamó a gritos a Hansi Flick, antes de aclamar a la sala de fiestas Luz de gas, lo que indica el nuevo orden de prioridades del presidente. El entrenador es el verdadero artífice de la resurrección de este Barça mucho antes de lo que auguraban las auditorías. Incluso podría permitirse hacer suya la frase del gran Brian Clough, quien acabó ganando dos Champions con el Nottingham Forest, que siguen sumando más que sus ligas: "Roma no se construyó en un día... pero yo no estaba a cargo".
Hansi Flick lo tiene muy claro: en cuanto acabe su etapa en el Barcelona concluirá también su etapa como entrenador. "Este será mi último club y mi último trabajo", aseguró el técnico, de 61 años, en la previa de un duelo tan importante como la vuelta de los octavos de final de la Liga de Campeones ante el Newcastle. Tras el empate a uno registrado en St James' Park, los azulgrana están obligados a apuntarse un triunfo en el Spotify Camp Nou para asegurar su pase a los cuartos de final. Quizás, por eso mismo, Joan Laporta, vencedor de las elecciones del pasado domingo, se pasó por el entrenamiento para desearles la mejor de las suertes.
"Creo que es importante tener una estructura, porque eso es lo que te da estabilidad. Todo el mundo está contento de que haya venido y nos ha deseado suerte para el partido", apuntó el alemán sobre la visita de Laporta antes de dejar caer su particular bombazo. "No pienso en irme a otro lugar. Y eso es algo que me hace muy feliz", aseguró un Flick que, pese a que el presidente electo dio por hecha la ampliación de su contrato en un particular tour por las dos emisoras principales de Cataluña, RAC1 y Catalunya Ràdio, no quiere por ahora adelantar acontecimientos.
"Está claro que me gusta trabajar aquí, pero también me gusta ser independiente, tengo una gran familia con la que quiero hablar primero y mucho apoyo. Esto es fútbol, intento dar lo mejor al equipo, pero ya veremos. Aún hay tiempo para ir hablando de ello», aseveró.
En cuanto al encuentro con el Newcastle, sabe muy bien que no será precisamente sencillo eliminar a los ingleses. Sus futbolistas, desde luego, están más que avisados de ello. "Espero un partido distinto, pueden presionar arriba y defienden bien. Será duro, ya se lo he dicho a los jugadores. Físicamente son fuertes y en transición son rápidos, así que habrá que hacer un partido perfecto, y eso es precisamente lo que intentaremos", recalcó el técnico barcelonista, quien confía también plenamente en las opciones que tienen los suyos de alzarse con un trofeo que se le resiste al club desde 2015.
Necesidad de progresión
"En el fútbol pueden pasar muchas cosas. Hay que ser positivos, porque tenemos calidad y somos capaces de ganar esta Champions, pero hay que mejorar, recuperar a jugadores que ahora no están por lesión y lograr que todos jueguen a su mejor nivel", arengó el entrenador alemán, que incidió en la necesidad de recuperar las mejores versiones de Ferran Torres y Robert Lewandowski para poder competir por todo.
En cuanto al polaco, que termina contrato el 30 de junio, Laporta aseguró en RAC1 que la intención es ofrecerle también la renovación. "Nos gustaría que siguiera, pero dependerá de lo que él quiera. Vino en un momento difícil, nos ha ayudado mucho y queremos que siga", aseveró el presidente electo, que no tomará posesión de su cargo precisamente hasta el arranque de la temporada que viene, el 1 de julio.
La continuidad del ex delantero del Bayern, no implicaría que el club cerrara las puertas a incorporar a un posible refuerzo para la punta de ataque, si bien Laporta aseguró que, entre Lewandowski y Ferran Torres, la posición estaría en principio más que bien cubierta. Además, dejó caer que se intentará incorporar definitivamente a Rashford, quien llegó en calidad de cedido por el Manchester United el verano pasado, y que se trabajará en ampliar el aforo del Estadi Johan Cruyff hasta unos 16.000 espectadores, en previsión de que pueda acoger partidos del primer equipo con vistas al arranque de la temporada 2027-28, cuando se estará trabajando en la instalación de la cubierta del Spotify Camp Nou.
Huérfano de poder institucional en Cataluña, donde lo ocupa y lo gestiona casi todo el PSC de Salvador Illa; con ERC y Junts enfrentados entre sí, sin un liderazgo político claro -ya que la ultra Sílvia Orriols sigue siendo vista por el establishment como un fenómeno pueblerino-, y un gran vacío emocional por llenar tras el fracaso del procés, el nacionalismo encontró en Joan Laporta una figura redentora. El paraguas azulgrana donde reagruparse, darse mimos y rearmarse moralmente a base de goles, a la espera de tiempos más favorables para su causa -como hizo tantas veces en su historia-, recuperando y actualizando el símbolo del Barça cual club-Estado y ejército desarmado de Cataluña que planta cara al «palco del Bernabéu» y el Madrid DF (Distrito Federal) de Florentino Pérez e Isabel Díaz Ayuso.
La contundente victoria de Laporta ante Víctor Font, un tipo robótico y con alma de director de oficina provincial de La Caixa, consagra el regreso del nacional-barcelonismo, espoleado además por las victorias deportivas de la brillante Generación Lamine.
Aunque sin la efervescencia independentista de sus años de juventud y delgadez, Laporta entendió la importancia de las emociones y los símbolos para una parte significativa de la sociedad catalana, que otorga al Barça una dimensión espiritual y conectada a la propia existencia de Cataluña. Razón por la cual, Laporta cultivó ese perfil de gamberro tocanarices -mitad Berlusconi de la Barceloneta, mitad boixos nois otoñal-, que se enfrenta sin complejos a «la caverna madrileña», con su «inventado caso Negreira», y otros «poderes fácticos» del maligno deep state español.
Un relato conspiranoico que raya la parodia, pero que le ha permitido a Laporta, bajo el lema de resonancias trumpistas «Defensem el Barça» -la apelación a un club asediado por enemigos externos-, conectar con el estado de ánimo del socio culé. Tapando así todas las sombras de corrupción y de dudosa gestión económica durante su presidencia: además de por el caso Negreira, está siendo investigado por su implicación en una presunta estafa de 4,7 millones de euros a una familia en relación con negocios en China y el club Reus Deportiu.
Ninguno de estos procesos, ni el divorcio con Messi, rebajaron el apoyo de los socios y de un independentismo político que en todo momento dejó claro que su candidato era Laporta. Una de las primeras llamadas que recibió tras ganar las elecciones fue la de Carles Puigdemont. La relación de Laporta con el fugado de la justicia, con el economista Xavier Sala i Martín haciendo de puente, siempre ha sido muy estrecha.
En 2020, en la anterior campaña electoral, Laporta se entrevistó con Puigdemont en Perpiñán y recibió su aval como «candidato de país». Otro apoyo decisivo para Laporta ha sido el del magnate de la comunicación Jaume Roures, fundador de Mediapro y uno de los cerebros en la sombra del procés, quien en 2022 salvó al club de la bancarrota con la compra del 24,5% de Barça Studios a través de una de sus empresas (Orpheus Media) a cambio de 100 millones de euros.
Durante la última campaña electoral y en diferentes declaraciones, Laporta tampoco rehuyó la cuestión política y esa etiqueta de candidato indepe: «la independencia de Cataluña siempre la tenemos que tener presente». Y solventó con la facilidad del tahúr con años de mili en el casino del fútbol la contradicción que supone tener como asesor áulico -sin cargo oficial- y mandamás a su excuñado Alejandro Echevarría, otrora miembro de la Fundación Francisco Franco, con valores catalanistas de los que hace gala la institución. Le bastó decir el Barça «no es sectario» para cerrar el tema.
Aún así, para quien el factor Echevarría podía suponer reparos éticos o retortijones patrióticos, la fotografía de Laporta junto al ex presidente de la Generalitat Jordi Pujol -otra figura recuperada y rehabilitada- despejó toda duda sobre la vinculación de Laporta con la causa nacional y abrió el camino a su incontestable victoria sobre Font. Incluso el ministro de Cultura, el colauista Ernest Urtasun, fiel a la herencia soberanista del PSUC y de la izquierda caviar de Sant Gervasi, se fotografió con Laporta rompiendo la imparcialidad que se espera de un miembro del Gobierno en unas elecciones de un club tan importante.
La victoria de Laporta también se vio favorecida por la renuncia del PSC a articular una candidatura alternativa que permitiera alejar al Barça de Junts y el independentismo. La falta de un candidato de garantías -pensaron en Jordi Roche, ex presidente de la Federación Catalana de Fútbol-, la conexión íntima de Laporta con el sentimiento más primario de la afición culé, los éxitos deportivos desde la llegada de Flick y la inauguración del remodelado Camp Nou desbarataron el proyecto de Illa.
Otro factor clave fue el fichaje de Álvaro Echevarría -hermano del cuñadísimo- como director de la Oficina del presidente de Telefónica, Marc Murtra, militante del PSC y amigo de Illa. Esto habría reconducido la relación con los socialistas de esta familia tan influyente y decisiva en la suerte del laportismo y el Barça. El resultado es que un presidente de dudosa solvencia gestora y ética arrasó en las urnas y regala a un independentismo a la baja algo más que una victoria moral.
Joan Laporta logró una victoria más que contundente en las elecciones a la presidencia del Barça de 2026. Quizás, incluso, más que lo esperado de antemano. Con 32.934 votos, un 68,18%% del total de 48.480 emitidos tanto en Barcelona como en las sedes habilitadas para tal efecto en Lleida, Girona, Tarragona y Andorra, lo que dejó la participación en un 42,34% del censo, superó a un Víctor Font que sumó 14.385 apoyos, un 29,78% del total de votos emitidos.
Fue, de hecho, el cuarto triunfo de Laporta en unas elecciones a la presidencia del Barça, en un periplo por la presidencia del club que arrancó en verano de 2003, se prolongó a partir de 2006 sin que siquiera hubiera comicios, dado que nadie logró reunir las firmas necesarias para ello y que, tras perder frente a Josep Maria Bartomeu en 2015 (en gran parte, gracias al triplete conquistado en la temporada 2014-15 de la mano sobre todo de Leo Messi), arrancó de nuevo en marzo de 2021 y que se prolongará ahora, de acuerdo con los actuales estatutos del club, hasta el final de la temporada 2030-31.
A lo largo de toda la jornada, de hecho, Laporta supo moverse en el escenario electoral como solo él sabe hacerlo, sin dejar de lado incluso su perfil más populista. Por mucho que el anfitrión, oficialmente, fuera el encargado de tomarle el relevo una vez presentada su dimisión, un Rafael Yuste que fue en su anterior mandato su vicepresidente primero y máximo responsable del área deportiva, quien acompañó sin paños calientes a todos y cada uno de los VIPs que se acercaban a depositar su voto en la carpa habilitada para tal efecto en los aledaños del Spotify Camp Nou fue el propio Laporta.
Así, a lo largo de la mañana, apareció en la foto junto con Jordi Pujol, Aitana Bonmatí, Danny Cruyff, Sergio Busquets o el actual ministro de Cultura, Ernest Urtasun. Víctor Font, mientras, insistió en hacer cola para votar, pese a que podría haberse ahorrado tal trámite, y no supo explotar esa faceta descarada, en el buen sentido, a la que tanto juego sabe sacarle el de nuevo máximo dirigente barcelonista.
Acaparando el foco
Por la tarde, una vez acabado el partido, Laporta supo estar perfectamente atento para buscar nuevas instantáneas y vídeos con los que, unos minutos antes, habían sido los protagonistas sobre el césped y el banquillo por parte del bando barcelonista. Por un lado, varios jugadores, entre los que estaban Dani Olmo, Raphinha, Pedri, Pau Cubarsí o Ronald Araujo. Incluso, celebró al bote con algunos de ellos lo que parecía que, más que el triunfo del equipo por goleada ante el Sevilla, era el propio en las urnas. Algo que fue recibido con profundo malestar por parte de la candidatura encabezada por Font.
Pero, sobre todo, destacó la imagen buscada al lado de un Hansi Flick que, pese a escudarse por prudencia en el secreto del voto para evitar desvelar su preferencia, no dudó a la hora de darle su firma a Laporta. E, incluso, aunque después daría un pasito para atrás, llegó a deslizar que no se veía en el banquillo si no era con él en la cúpula.
Con solo la mitad del escrutinio, la derrota de Font parecía ya un hecho tan inamovible que el propio candidato saltó a la palestra para dar su valoración de la jornada. "Obviamente, quiero felicitar a Joan Laporta, el presidente electo, por la victoria incontestable en las urnas. En segundo lugar, quiero agradecer también su participación a los más de 40.000 socios que se han movilizado y han demostrado que tenemos aún la suerte de poder decidir quién está al frente de la institución, especialmente a los que nos han dado su apoyo", apuntó.
"Es obvio que no hemos alcanzado los resultados que esperábamos, pero quiero remarcar que nos habría gustado que la participación fuera más alta de lo que ha sido. Esperamos que sea la última vez que el proceso sea así, hay que modernizar la institución", dejó caer, en referencia, más que posiblemente, a que se produzca con vistas a los próximos comicios la implementación de un voto correo que sí existió en 2021, de manera excepcional a causa de la pandemia de Covid-19.
Para Víctor Font, lo que explica la victoria de Laporta fue, ante todo, el buen momento deportivo que vive la entidad. "Es evidente que la pelotita y los resultados deportivos cuentan mucho. Eso y la vuelta al Camp Nou ha estado muy por encima de otras cosas de las que los socios, según nos consta, no están satisfechos", apostilló, muy poco antes de que el propio Laporta acudiera a interactuar de manera cordial con él, en un momento que fue capturado por los medios que siguieron una jornada que había arrancado casi a primera hora de la mañana de este domingo.
García Márquez escribió que la música de Pérez Prado era como un «golpe de Estado contra la soberanía de los ritmos conocidos». El músico cubano afincado en México era ya calificado como el Rey del Mambo, el mayor divulgador de una suerte de sincretismo musical, porque el mambo es, al igual que la santería, una manifestación de la herencia africana en el Caribe. Joan Laporta no ha dado un golpe de Estado. Todo lo contrario. Aferrado al mástil del proyecto deportivo, renueva su mandato en un club que tiene todas las virtudes y vicios de las viejas democracias: participación y debate, pero también cainismo, rencor e intrigas. Todos quieren al Barça con la misma intensidad que se odian entre sí. Entre las miradas de la sala de baile del Camp Nou nadie se mueve como Laporta, pese a los kilos de más y sus 63 años. Quizás no sea el mejor presidente, pero era el mejor candidato, capaz de adaptarse a cualquier melodía y mandar en la pista sobre su pareja, sea Negreira, Xavi, Messi, Víctor Font o Florentino Pérez. Es el Rey del Mambo.
Estamos ante el Laporta más Laporta, más transparente en lo personal, aunque esa transparencia sería de desear en algunas de las operaciones realizadas por el Barcelona. Como en las antiguas empresas con deudas, y la del club azulgrana es colosal, hay que hacer muchas pelotas. Ahora le llaman palancas, pero es lo mismo: adelantar ingresos, hipotecar el futuro. Ello no implica necesariamente que se cometan ilegalidades, aunque pueden vulnerar las reglas de los reguladores, Liga y UEFA.
Javier Tebas miró hacia otro lado con las primeras palancas, porque necesita al Barça para dos equilibrios: el económico y el institucional en esta interminable guerra del fútbol. No se puede estar contra todos, salvo si eres Florentino. Ni siquiera, pero hay monarquías donde nadie le dice al rey que va desnudo por palacio.
La UEFA, por su parte, ya ha advertido y multado al Barça, aunque con rebajas. El no a la Superliga es el pago. Veremos si con esa decisión se costea también lo último del caso Negreira, ya que cuando acabe el proceso penal con condenas, por nimias que sean y aunque no afecten a Laporta, la sentencia llegará a Nyón.
Una campaña llena de minas
El reelegido presidente ha sorteado una campaña electoral llena de minas. Acostumbrado a atacar, como buen cruyffista, ha tenido que defenderse, fuera de Negreira, de Xavi y hasta de un socio anónimo que puso una querella en la Audiencia Nacional por varios delitos económicos, entre ellos blanqueo de capitales. Un asunto escabroso, sucio, con detectives implicados por ambas partes y muy peligroso en dos direcciones: para los acusados y para los que acusan. Si fuera cierto el rastro que se pretende establecer desde la firma New Era Visionary Group, con sede en Dubai, hasta el entorno del presidente, este mandato sería el de Laporta el breve; si no lo es, que se siga la pista del origen de los papeles.
Cómodo en el populismo que le lleva a saltar en la grada y hacer una butifarra (corte de mangas), lo mismo que a cocinar macarrones, subirse a un tractor o ayudar a un deteriorado Jordi Pujol en la urna, Laporta señala a Madrid cuando se siente acosado, del mismo modo que Donald Trump hace con los ayatolás. Crea una amenaza y tendrás prietas las filas. Eso funciona. Hasta Florentino le ha copiado, con un ejercicio de laportismo en la última Asamblea del Madrid, en la que cargó contra el arbitraje, la Liga y la UEFA, como si existiese una confabulación judeomasónica contra uno de los equipos más queridos y admirados del mundo. Con ese maniqueísmo ninguno intenta proteger a su club, sólo a su gestión, a sí mismos.
Laporta es uno de los presidentes que pagó a Negreira y esa pregunta le perseguirá siempre. A todo ha vuelto a responder el dirigente en su nuevo libro, Así salvamos el Barça (Now Books, 2026), presentado durante la campaña. «Invito a todos aquellos que nos acusan de corrupción arbitral con tanta ligereza y frivolidad a que especifiquen el partido, el gol, la jugada o el acto sospechoso de favoritismo como resultado de este asesoramiento técnico. Durante setenta años, los socios, ex jugadores o ex directivos del Madrid nombraron a los árbitros que debían impartir justicia en cada uno de los partidos. ¡Ese fue el mayor escándalo de la historia del fútbol español!», explica en el libro, donde defiende la contratación de la constructora turca Limak, entre otras razones, para no crear tensiones "políticas" con la elección de una española. Curioso.
Laporta y Hansi Flick, en las urnas.EFE
Del despido de Koeman, de la era Xavi o hasta del no regreso de Messi habla en sus páginas: «¿Soy tu entrenador?», dice que le preguntó Koeman. «Y yo le digo: 'Ronald, para mí eres una leyenda; yo lloré en Wembley, pero tengo que decirte que no lo eres'. No se lo tomó nada bien. (...) 'Lo que pienso hacer -añadí- es decidir el entrenador que quiero', que era Hansi Flick, pero entonces estaba entrenando a Alemania y no podía ser. Por eso, finalmente, lo mantuvimos: 'Si no puede ser él, ya está bien que continúes'».
Tampoco lo era Xavi, que, vinculado de nuevo a Font en esta campaña, tildó de mentiroso a Laporta en una entrevista en La Vanguardia. Xavi bajó del altar a las cloacas del barcelonismo, un viaje innecesario, dado su colosal legado como futbolista. El rencor es siempre un mal consejero. El mediocentro también atacó a Laporta por la supuesta dependencia de su ex cuñado, Alejandro Echevarría, muy influyente en las decisiones del club sin ostentar cargo. La realidad es que nadie como Xavi atendió a los consejos de Echevarría en el pasado. Menos una vez. «No vengas», le dijo cuando Mateu Alemany y Jordi Cruyff lo tentaron en Qatar. Sabía Echevarría que Xavi, como Koeman, no era el entrenador del presidente. Si le hubiera escuchado se habría ahorrado un periodo autodestructivo para su figura, que no colma una Liga.
Xavi, tras votar en las elecciones.EFE
La realidad es que después de la salida de Xavi y la llegada del Flick, todo cambió. El instinto de Laporta volvió a acertar en lo que más importa al soci, como había sucedido en el pasado con Fran Rijkaard o Pep Guardiola.
A Laporta también le han vuelto a preguntar por la vinculación que su ex cuñado tuvo con la Fundación Francisco Franco. «En el Barça caben todas las formas de pensar», dijo en TV3, en un regate más difícil que el de Negreira, porque llega desde dentro, y porque le sitúa frente a su propia contradicción: no ha habido mayor centralismo que el franquismo.
Echevarría no tiene que dar ninguna explicación, fiel a su pragmatismo y capacidad para relacionarse, y a observar el fútbol con cierto relativismo y lejos de la pasión arrebatadora del presidente. De las pasiones de forofos están hartos los futbolistas, razón por la que acabaron por acercarse y escuchar al cuñado. Xavi, Iniesta y Messi, entonces, como ahora Lamine Yamal. El día que apuñalaron a su padre, Echevarría auxilió a su familia, y el día de la jornada de reflexión, la estrella que personifica el éxito deportivo actual ligado a la Masia, puso una foto suya con Laporta y dos corazones. Esa influencia no se logra con un mambo.
Un hat trick de un Raphinha que parece haber recuperado su mejor forma justo a tiempo, impulsado por dos penaltis provocados por un Cancelo que redondeó otra destacada actuación defensiva con un gol, fueron al final determinantes para que el Barça se deshiciera del Sevilla a pocos días de jugarse el todo o nada con el Newcastle en la Champions. [5-2: Narración y clasificaciones]
Dani Olmo, en la recta final del primer tiempo, se encargó de poner el momentáneo 3-0 para los de Hansi Flick, que reservó durante un buen rato a Lamine Yamal en el banquillo y le dio la titularidad en la zaga al joven Xavi Espart, mientras que Oso y Sow, por su parte, marcaron los tantos visitantes. El retorno a los terrenos de juego de Gavi, quien recibió el alta médica el sábado, fue también una excelente noticia para los barcelonistas en una jornada marcada también por las elecciones a la presidencia del club.
Los de Flick echaron tierra de por medio muy pronto. Gracias a dos penaltis con Cancelo como protagonista y transformados por un Raphinha que no dio opción a Vlachodimos. El primero, a lo Panenka. El segundo, con un disparo prácticamente pegado al poste derecho de la portería sevillista. La segunda pena máxima, eso sí, precisó de la intervención del VAR, después de que el contacto en la mano de Carmona pasara inicialmente inadvertida para Martínez Munuera. Dani Olmo, a asistencia de Bernal, pondría en la recta final del primer tiempo un 3-0 que Oso, en el añadido y sin marca, en el único error de Espart en el lateral derecho barcelonista, se encargó de convertir en el 3-1 con el que se llegó al descanso.
Si el Sevilla aspiraba a meterse en el partido con ese tanto, sus esperanzas se desvanecieron pronto. Seis minutos después de que arrancara el segundo tiempo, Raphinha, con un remate afortunado, remachó su particular hat trick para dejar el duelo prácticamente visto para sentencia llevando al marcador un 4-1 que Cancelo, diez minutos más tarde, se encargaría de ampliar con el 5-1. Casi dos años después de su último gol como azulgrana. Con el partido solventado, Flick incluso pudo permitirse contentar la unánime petición de la afición para que Gavi, que volvía a una convocatoria tras pasar por el quirófano en septiembre, tuviera minutos sobre el césped. Incluso, llevando el brazalete de capitán, después de que Araujo, que lo había recibido de Raphinha, se lo cediera. Sow, al límite del tiempo reglamentario, maquillaría un poco el resultado con el definitivo 5-2.
Joan Laporta o Víctor Font. O, dicho de otra manera, el presidente saliente, quien encararía de esta manera su cuarto mandato al frente de la entidad, tras acumular dos seguidos entre 2003 y 2010 -y presume de haber resucitado a una institución moribunda en lo económico y golpeada por varios reveses deportivos-, contra un candidato que afronta por segunda vez el asalto a la presidencia convencido de que su propuesta es lo mejor para el futuro de la entidad.
O el uno, o el otro. Algo que no ocurría en el club azulgrana desde hace prácticamente 20 años, cuando Joan Gaspart, vicepresidente de un Josep Lluís Núñez que se apartaba de la cabeza del club tras haberlo dirigido desde 1978, se impuso como opción continuista a un Lluís Bassat que acudía a los comicios como decidida opción rupturista.
A lo largo de esta campaña, arrancada técnicamente con una validación de firmas en la que Marc Ciria acabó quedándose fuera de la recta final de la carrera electoral, por mucho que hasta ese momento unos y otros fueran deslizando sus líneas maestras, Laporta ha podido presumir de haber revitalizado a un club cuyos números habían quedado tocados de muerte en la etapa final de la presidencia de Josep Maria Bartomeu, la construcción de un nuevo Spotify Camp Nou con un final definitivo de las obras que, ahora mismo, apuntaría incluso al verano de 2027 o el arranque de una nueva etapa exitosa en lo deportivo de la mano de Hansi Flick. Obviando, en este último caso, que su apuesta previa por traer a Xavi Hernández al banquillo del primer equipo barcelonista fue de hecho una fugaz montaña rusa teñida de éxitos y fracasos.
El ex capitán y ex técnico barcelonista, precisamente, ha sido quizás la cara más conocida del barcelonismo que ha apostado sin tapujos por Víctor Font. Incluso, rompiendo su silencio mediático de los últimos años para destapar su decepción con Laporta y dejar caer que Leo Messi no volvió al club en 2023 por decisión expresa del abogado. La marcha del argentino y la necesidad de recuperarlo como patrimonio del club, aunque sea lejos del césped, de hecho, ha sido uno de los puntos en los que Font ha querido hacer más hincapié. Incluso, dedicándole un spot televisivo. El argentino, desde Miami, ha preferido en cambio mantener un más que prudente silencio. Laporta, mientras, no ha dudado tampoco a la hora de asegurar que tanto esas declaraciones de Xavi, quien le acusó además de haber dejado el club en manos de su cuñado, Alejandro Echevarría, como la denuncia de irregularidades ante la Audiencia Nacional por parte de un socio que recuperó su condición justo antes de llevarla a cabo han sido, de alguna manera, auspiciadas por el propio entorno de su rival desde las sombras.
En el cuerpo a cuerpo, Laporta se mueve como pez en el agua. Algo, tal vez, inherente a su bagaje como abogado. Font, pese a haber ganado varios enteros en estas lides desde un perfil más apocado, se ha visto demasiado avasallado, incluso, en el último debate, celebrado el pasado jueves en TV3. Una cita en la que Laporta le afeó que buscara un golpe de efecto en los últimos días una opción preferente por Erling Haaland negociando con el City. Algo no muy alejado, de hecho, de lo que hizo su propia candidatura en 2003 con un David Beckham que, de hecho, tenía ya cerrado su aterrizaje en el Real Madrid. El hecho, no obstante, de que la pelea por la presidencia se haya convertido en un cara a cara puede beneficiar a un Font que, en 2021, en unos comicios en los que participó también Toni Freixa, se quedó muy lejos de Laporta. Entonces, logró 16.679 votos por 30.184 de Laporta, mientras que Freixa obtuvo 4.769. El desgaste de los últimos años, unido al estallido del caso Negreira, ha multiplicado aparentemente las voces críticas contra Laporta. Este domingo, veremos si suman o no lo bastante como para apartarlo de un nuevo mandato que el propio abogado prácticamente ha dado por hecho en los últimos días.
El martes por la noche recibieron una visita muy inesperada en St James Park. Se trataba de un joven de 25 años, vestido con ropa de montaña y con una enorme mochila a la espalda. El joven se acercó tímidamente a los stewarts con su teléfono en la mano para mostrarles la entrada. Quedaba poco para que comenzara el partido y la afición ya recorría nerviosa los aledaños del estadio. Entonces, el sudor frío. "Perdona, pero aquí no vas a ver el Newcastle - Barcelona", le dijeron en la entrada al español.
El teléfono de este aficionado del Barça mostraba un ticket para el partido que su equipo jugaba frente al Newcastle en St James' Park que no el St James Park. Un pequeño apóstrofe hace la diferencia. Esa diferencia son 600 kilómetros: los que hay entre la ciudad del norte del país donde jugaban Lamine Yamal y compañía y la del condado de Devon, en el sur, donde lo hacía el Exeter City. También en los propios estadios, mientras el St James Park del Exeter puede acoger a 8.000 aficionados, en el del Newcastle, con apóstrofe, caben 52.000.
Así, cuando el stewart sacó de su error al aficionado este se quedó "devastado". "Se le vio muy asustado, perdido y muy solo", comenta a este periódico Josh Denman, un aficionado del Exeter que presenció toda la escena. Dice que al principio pensó que era una broma que le habían hecho sus amigos o que se trataba de algún vídeo para Tiktok o Youtube. "Yo ya estaba esperando ver aparecer las cámaras", añade.
Apunta que el joven tenía un inglés bastante pobre y que había cogido un tren desde la estación de Paddington en Londres y que había terminado aquí con su entrada deseando ver a su equipo, que terminaría empatando frente a las urracas en el verdadero encuentro. Entonces, los stewarts avisaron a Adam Spencer, Supporter Experience Officer del Exeter City Football Club, de lo que había ocurrido y mandaron al joven a hablar con él.
Este le repitió la historia como pudo y le contó que había pagado 100 libras (116 euros al cambio) por una entrada que ya no podría disfrutar. El responsable de los aficionados del Exeter, al principio incrédulo y luego ya apenado por la situación del aficionado decidió invitarle al partido que se disputaba esa misma noche en el St James Park sin apóstrofe. Jugaba el Exeter City frente al Lincoln City, partido perteneciente a la jornada 36 de la tercera división inglesa, lo equivalente a la Primera RFEF española.
Spence, intentando animar al aficionado culé, le dijo que él prefería "ver a Reece Cole que a Lamine Yamal". Cuenta a este periódico que el chico se sentía muy avergonzado y que no quiso que se conociera su nombre ni consintió hacerse una foto para contar su historia. Lo que sí hizo fue entrar al estadio, al menos a ver el primer tiempo entre ambos equipos. "En el segundo ya no le vi, quizás se fue a un hotel a ver la segunda parte del Barça por la televisión", explica Spence y se ríe de que suelen que "el verdadero St James Park es el nuestro".
Decepción paralela
La historia termina con que ninguno de los dos equipos logró el resultado deseado. Mientras el Exeter fue derrotado por un solitario gol de Tom Hamer en el minuto 32, el Barça salvó el empate en el último suspiro del encuentro con un penalti transformado por Lamine Yamal. Drama en los estadios y en el viaje de este joven aficionado que nunca podrá ya olvidar la diferencia de nombre entre ambos estadios. "Yo creo que llegó siguiendo el teléfono y se confundió", explica Josh.
Nadie se pudo enterar si este fan del Barcelona voló a Londres y ya se perdió en la estación de tren o si ya vivía en Londres, aunque lo segundo, a juzgar por su capacidad de comunicación, parece más improbable. Tampoco se sabe si consiguió volver a su destino después de esa equivocación. Al menos, la vuelta del partido de Champions entre Barcelona y Newcastle es en el Camp Nou. Malo será que el joven termine en un partido entre el Sabadell y el Europa.
Dice el dicho que "cuando se cierra una puerta, otra se abre". Lo que pasa es que mientras que la frase significa el consuelo que se espera tras un infortunio o una oportunidad perdida, en el Atlético hace referencia a la continuidad de sus dos grandes estrellas. En la misma noche, la parroquia rojiblanca asintió atónita a cómo Antoine Griezmann confirmaba que se quedaría en el club, al menos hasta final de temporada, mientras que escuchó a Julián Álvarez, autor de un doblete frente al Tottenham, plantar la duda sobre su futuro el curso que viene.
"Yo qué se. No sé, puede ser que sí, que no, nunca se sabe. Yo estoy muy feliz acá como te dije. Me hacían una pregunta que después sale por todos los lados. Yo estoy feliz, pienso en el día a día, trabajo para mejorar y nunca dije nada, ni hablé mal del club". No hay más enigmas en una declaración porque no le dio tiempo al argentino a soltarlos en la zona mixta del Metropolitano tras la victoria del Atlético en Champions.
Para empezar por el final, tiene sentido que no hable mal de un club que, desde que llegó, sólo le ha dado cariño, y especialmente su entrenador, cuando le mantuvo en el once pese a que su rendimiento no era merecedor de ello. "Pasó la temporada pasada con Griezmann que lo ponía, lo ponía, lo ponía y no podía responder. Bueno, son decisiones que uno tiene que tomar y yo las asumo y creo en este tipo de futbolistas porque son muy buenos, tanto Griezmann como Julián, hoy", lanzó Simeone en el momento más bajo del delantero.
No cabe duda de que el jugador sigue trabajando, presionando y esforzándose en los entrenamientos, no sólo porque así lo han deslizado siempre desde el club, sino porque el técnico y su "el trabajo termina pagando", supone que sin esfuerzo no hay mérito. Y es cierto que en cualquier entrenamiento, calentamiento u otro acto del equipo, al argentino se le suele ver sonriente y muy compenetrado en el vestuario. Además, ha recuperado el gol, que parecía haberle abandonado y, con los dos ante el Tottenham, suma 16, a los que suma siete asistencias.
Entonces, ¿por qué dejar esa duda en la noche en la que tu amigo y leyenda del club dice que se queda a cumplir un sueño? En el Atlético de Madrid creen que no existe ningún tipo de intención de salir el año que viene por parte del futbolista e inciden en las veces que ha repetido lo feliz que está. Apuntan a "rumores interesados" que filtran candidatos a "unas" elecciones, en clara referencia a los comicios a la presidencia del FC Barcelona, donde ha salido el nombre del argentino. "Cada uno puede decir lo que quiera. Julián Álvarez es jugador del Atlético de Madrid", respondió con contundencia el presidente del club, Enrique Cerezo, a las intenciones blaugranas.
Interés de Inglaterra
No obstante, hay rumores de que varios clubes británicos también han mostrado interés por contar con los servicios del argentino. Inglaterra es un destino que Julián conoce bien después de estar dos temporadas en el Manchester City de Guardiola quien en alguna ocasión ha deslizado que quizás se equivocó al dejar salir a La Araña. Aunque lo único claro es que el jugador tiene contrato hasta junio de 2030 y una cláusula de rescisión de 500 millones de euros.
Quedan dos objetivos muy vivos en el Atlético este curso, y el club no quiere que la atención se desvíe de ellos. Lo que es seguro es que este curso Griezmann y Julián seguirán de rojiblanco. El que viene ya...
Los jugadores que a Xavi no le llegaban, no se puede decir que a Hansi Flick le sobren. El Barça se dejó la magia en el Matfen Hall Hotel, ese al que al llegar a Newcastle, Gavi creyó estar en Hogwarts, pero sobre todo se la dejó en una temporada que se le está haciendo infinita. Los de siempre ya no dan para más, y los que llegan del descanso de una lesión todavía dan para menos.
Eso de jugar mal y levantar los partidos en el último minuto y de penalti parecía terreno reservado para el Real Madrid, especialmente en la Champions, y al menos a eso se puede agarrar el Barça, que no a su juego. En St. James' Park sólo tiró dos veces a puerta: el penalti y otro tiro que debió ser tan malo que ni me acuerdo.
Sin Raphinha, quien por lo que se ve aún no ha vuelto de su lesión, el ataque del Barça para la vuelta se reduce a que a Lamine se le encienda la rosca o el exterior. Y con Araujo, la defensa del Barça se reduce a que en algún momento acabe de encontrarse a sí mismo, o sino que por lo menos encuentre la marca con la que ayer se le escapó el 1-0.
El que más contento debió acabar con el partido fue Laporta. El resultado bien le sirve para llegar todavía más tranquilo a las elecciones de este domingo. Los comicios del fútbol se diferencian de los de las cámaras de representantes en que en los segundos pocas veces importan los resultados. Los candidatos, que antes ofrecían el fichaje del mejor jugador del mundo, ahora ofrecen el no fichaje de Messi en 2023, prolongando la frase de Valdano de que el mejor jugador del mundo es Messi, el segundo Messi lesionado, y el tercero Messi a punto de ficharse.
Con eso y algo de madridismo sociológico, que debe ser eso que le ha pasado a Ester Expósito, Laporta parece haber armado la reelección. El tema de la relación de la actriz española con Mbappé preocupa tanto a Guardiola que lo ha sacado en rueda de prensa, por lo que pueda pasar especialmente en el partido de vuelta en Manchester. Si Mbappé es capaz de hacer esto lesionado, qué hará cuando recupere, que es lo mismo que se pregunta Ester Expósito.