«¿A qué no tienes cojones de salir y ganar la etapa?». Un preparador del UAE desafiaba a Isaac del Toro en la salida de la segunda etapa del Tour Down Under de 2024. Cuatro horas después, el chaval (entonces 20 años y debutante en una prueba UCI World Tour) se imponía a Corbin Strong y Biniam Girmay en la meta de Lobethal. «A un mexicano nunca le digas que no tiene cojones», exclamó el fino corredor al técnico que le había provocado con la intención descubrir si atesoraba coraje y gen ganador. «En ese momento comprendí que Del Toro estaba hecho de una pasta especial», recuerda el auxiliar, que ahora se congratula con la progresión y el fenomenal inicio de temporada del escudero de Tadej Pogacar.
Isaac del Toro se anotó este domingo la general de la Tirreno-Adriático, ronda en la que también conquistó la etapa reina. Un triunfo que se une al conseguido en el Tour de UAE (general y dos jornadas). Nadie supera al mexicano en este curso. Con 22 años y cuatro meses ya acumula 26 victorias, un registro sólo al alcance de los privilegiados. A su edad, Pogi tenía 21.
«Ha aprendido rápido en el espejo de Pogacar», dicen los preparadores de UAE. El mexicano, que perdió el último Giro de Italia por un error de juventud, crece como nadie. Escala con soltura y es veloz en finales en rampa, fue tercero en la última Strade Bianche. Se parece al genial esloveno, a quien auxiliará el próximo sábado en las ascensiones a la Cipressa y al Poggio de la obsesiva Milán-San Remo. En La Classicissima volverá a vigilará a Van der Poel, ganador de dos etapas en Tirreno-Adriático y que este domingo agitó al pelotón un ataque a falta del 90 kilómetros para la meta. El neerlandés, que el pasado mes se anotó la Omloop Niewsblad, es el gran adversario de Pogacar en esta primavera de esprines, rampas y adoquines.
Del Toro cautiva por su descaro y polivalencia. En la ronda de los dos mares supo controlar los contragolpes de Matteo Jorgenson (segundo) Giulio Pellizzari, (tercero) y Primoz Roglic. Marca tendencia y desconoce sus límites. Quizás debería seguir adornando su palmarés lejos de la sombra de Pogacar, que se anotó su primera Trirreno-Adriático en 2021, con 22 años y seis meses (60 días más que el mexicano).
En la clausura de este domingo nunca perdió la compostura a pesar de las acometidas de una rivales que intentaron buscar la debilidad del líder del UAE en los últimos kilómetros de la meta de San Benedetto del Tronto, donde el italiano Jonathan Milan impuso su punta de velocidad. Del Toro quedó cortado en el último tramo por una caída de varios corredores, pero no le contaron tiempo perdido debido a que el incidente se produjo en la zona de seguridad de los últimos tres kilómetros.
Cuando Giancarlo Fisichella cruzó primero la línea de meta en el Gran Premio de Malasia de 2006, ni él ni ningún tifosi podía imaginar que el siguiente vencedor italiano en la Fórmula 1 aún no había nacido. De hecho, pasaron casi seis meses hasta que un matrimonio boloñés, Marco y Verónica, grandes amantes de las carreras, dio a luz a un niño al que llamaron Andrea y al que, por razones que nada tienen que ver con Räikkönen, pusieron de segundo nombre Kimi.
Veinte años después, ese niño ha ganado su primer Gran Premio de Fórmula 1 y se ha convertido en el piloto más joven de la historia en lograr una pole y en el segundo más joven en ganar una carrera. Y, por supuesto, ese niño lloró, porque los pilotos de hoy ya no ven las lágrimas como un signo de debilidad. Son igual de rápidos sin necesidad de mostrarse duros, arrogantes o perfectos. Son capaces de llorar, pedir perdón o reconocer errores.
En Italia corren hoy ríos de tinta especulando con la posibilidad de que Antonelli obre el milagro y sea el elegido para terminar con una sequía de títulos legendaria. Pese a la pasión por las carreras y la presencia constante de un equipo italiano poderoso en la Fórmula 1, ningún piloto italiano ha ganado el campeonato del mundo desde 1953. Giuseppe Farina y Alberto Ascari encendieron la llama a principios de los cincuenta, pero después ese fuego se apagó y nunca volvió a encenderse. Antonelli ha vuelto a coger ahora la antorcha. Mercedes lo lleva preparando desde que tenía 11 años para convertirlo en una estrella. Toto Wolff ha tomado decisiones controvertidas para precipitar su llegada a la Fórmula 1 y a un equipo grande y, ahora, en su segundo año, compite con el coche más rápido, ha ganado su primera carrera y es segundo en el campeonato.
No quisiera echar un jarro de agua fría sobre el entusiasmo de Wolff y de los seguidores italianos, pero hoy poca gente en el paddock apostaría por Antonelli para la victoria final. Su triunfo en China fue la consecuencia de múltiples factores. Por supuesto, el principal fue su velocidad; pero también influyeron el fallo técnico en el monoplaza de George Russell el sábado en clasificación, que los Ferrari se intercalaran entre él y su compañero en la salida, un coche de seguridad que colocó monoplazas entre él y sus únicos rivales directos, o la larga batalla de Russell con los Ferrari. Pese a la victoria del joven italiano, Russell es el favorito: conduce a un nivel extraordinario desde hace tiempo y este debería ser su año.
Mercedes se ha llevado todas las poles y todas las victorias, pero Ferrari ha puesto la emoción. Su ventaja en las salidas aporta la cayena necesaria para que disfrutemos de algo que hacía tiempo no veíamos en la Fórmula 1: alternativas, cambios de posición y batallas que perduran. Los nuevos coches permiten duelos en lugares imposibles, en rincones del circuito donde antes ni se contemplaba la posibilidad de un adelantamiento. La batalla a tres entre Lewis Hamilton, Charles Leclerc y Russell fue el mejor antídoto contra el sueño y el madrugón de China.
Otro aliciente fue comprobar la resurrección de Lewis Hamilton. No sé cómo ni por qué, pero el Ave Fénix más carbonizado que se ha visto en la Fórmula 1 en mucho tiempo ha resurgido de sus cenizas de forma sorprendente. Ha recuperado el hambre, la ambición; vuelve a divertirse, a mostrarse inteligente, calculador y, sobre todo, rápido. Leclerc ya ha probado en sus carnes la nueva versión del viejo campeón, y estoy convencido de que no le gusta. El año pasado vivía más tranquilo cuando Lewis decía públicamente que era un piloto inútil y Leclerc era capaz de derrotarlo casi con una mano. Le endosó un 19-5 en clasificación para hacer más doloroso su calvario. Este año no será igual y, aunque en China las chispas fueron moderadas, esta batalla está llamada a ser una de las grandes del año.
Y hasta aquí las buenas noticias. Mercedes y Ferrari acaparan los titulares positivos. También algunos modestos insolentes como Olli Bearman o Pierre Gasly, que se llevaron un gran botín de puntos. El resto, un desastre.
McLaren ni siquiera comenzó la carrera. Por primera vez en su historia, no fue capaz de disputar un Gran Premio con ninguno de sus dos coches. No cuento Indianápolis 2005 porque fue una decisión previa y solidaria, no algo sobrevenido por un fallo de fiabilidad. Tampoco Bélgica 1966, porque McLaren solo tenía un coche. El campeón del mundo, Lando Norris, es sexto en el mundial, y su compañero Oscar Piastri, duodécimo. No ha tomado la salida ni en Australia ni en China.
Alonso, Sainz...
No fueron los únicos en fallar. Cuatro coches abandonaron antes de arrancar y otros tres se sumaron a la epidemia de retiros ya en carrera: Max Verstappen, Lance Stroll y Fernando Alonso.
Lo de Aston Martin, más de lo mismo. El objetivo era terminar y Alonso solo aguantó 33 vueltas. Las vibraciones eran tan intensas que se le dormían las manos y los pies, y seguir rodando último no tenía sentido. Motor poco fiable, impotente y con la velocidad punta más baja, con diferencia, de la parrilla. Pocas soluciones a corto plazo y, como dijo Fernando, el vaso está vacío.
Algo parecido ocurre en Williams. Carlos Sainz sumó los primeros puntos, pero con un coche que no los merece. De no ser por los abandonos, el tope de Williams habría sido alrededor del puesto 15. En China eran el noveno equipo, y en Japón la historia será muy similar.
La cancelación de Baréin y Arabia Saudí es una mala noticia para todos, pero también supone dos grandes premios menos para arrastrarse. Treinta y dos días sin carreras cuando termine Japón, tiempo suficiente para ver si en las fábricas de Williams y Aston Martin llegan por fin las soluciones que tanto necesitan.
Vladímir Putin ha tenido recientemente un par de alegrones de dispar calibre, pero significativos cada uno en lo suyo. Como consecuencia de la situación en el Estrecho de Ormuz, Donald Trump autorizó el viernes, aunque se trate de una "medida limitada y a corto plazo", la compra de petróleo ruso. Pocos días antes, Varvara Voronchikhina se convertía en el primer deportista ruso, hombre o mujer, que, después de 12 años, y desde un podio, miraba ondear la bandera de su país y escuchado su himno. La joven de 23 años se colgó el oro en el eslalon supergigante, categoría de esquí de pie, en los recién clausurados Juegos Paralímpicos de Milán-Cortina.
A partir de los Juegos de Invierno de Sochi2014, la corte de Putin cayó en desgracia. A causa del dopaje de Estado y, más tarde, de la invasión de Ucrania, los deportistas rusos (y bielorrusos) dejaron de ser considerados como tales para pasar a competir en calidad de neutrales, sin bandera ni himno propios.
El himno y la bandera rusos son los mismos que los de la fenecida Unión Soviética. Sólo se cambiaron algunas partes de la letra del himno, en las que fueron eliminadas las referencias a Lenin y el comunismo. Cuando se desplomó la URSS en 1991, no se convirtió Rusia en un país nuevo. En la nostalgia y la rabia siguió siendo el viejo. No tan grande como para reproducirlo, pero sí lo suficiente como para imitarlo.
El Comité Olímpico Internacional (COI) mantiene el veto a una nación tramposa y agresora. El Paralímpico, en cambio, la acoge en su regazo, con la bendición del Tribunal de Arbitraje Deportivo. Un contraste derivado en contrasentido y rematado en contradicción. El COI impidió, en los Juegos "normales", a un piloto ucraniano de skeleton competir con un casco, llamado "de la Memoria", en el que figuraban imágenes de 24 compatriotas deportistas muertos en una guerra que dura ya cuatro años. No quiso politizar el evento en atención a la regla 50 de la Carta Olímpica, que prohíbe ese tipo de gestos. El Comité Paralímpico sí lo ha hecho al blanquear, siquiera temporalmente y en una competición "especial", a un país al margen del orden internacional.
El oro de Voronchikhina, que nació rusa y no soviética, fue muy celebrado en los propagandistas medios estatales y oficiales. También se lo colgó Putin, que nació soviético y soviético morirá.
Después de los Juegos Olímpicos y antes de las finales de la Copa del Mundo, en la zona de Lillehammer (Noruega), los próximos 21, 22, 24 y 25, Mikaela Shiffrin obtuvo, en el eslalon de Are (Suecia), su 109º triunfo en la Copa del Mundo. La estación de Are le es muy propicia. En ella ha obtenido ocho victorias (siete en eslalon) y dos oros mundiales.
Dos días después de cumplir 31 años, la estadounidense nacida en Vail (Colorado), en las Montañas Rocosas, certificó de nuevo su condición de reina histórica del esquí mundial. Antes de la prueba, ya era matemáticamente, por novena vez, la ganadora del Globo de Cristal de la disciplina. Luego de su victoria, aumenta, por otra parte, su ventaja sobre la alemana Emma Aicher en la general absoluta de la Copa del Mundo.
Pero la suerte no está echada. Shiffrin tiene 1.286 puntos, 140 más que Aicher. Sin embargo, la joven alemana (22 años) practica todas las modalidades y quedan 400 máximos puntos en juego: los 100 que se atribuyen al vencedor en cada disciplina.
La primera manga ya había coronado provisionalmente a Shiffrin, con Aicher segunda a 51 centésimas y la austriaca Katharina Truppe tercera, a 57. Diferencias notables en un deporte que se rige cronométricamente por pestañeos. Pero no tranquilizadoras: el esquí, y quizás especialmente el eslalon, también está sembrado de trampas en cada metro del recorrido.
Shiffrin no cayó en ninguna en la segunda manga. Cuando tomó la salida, Aicher había realizado el mejor tiempo conjunto. Y la suiza Wendy Holdener, cuarta en la primera manga, el siguiente. Tenía presión Mikaela. La soportó admirablemente. Segura, elegante, esquió en la mejor de sus líneas. Y no de un modo conservador: hizo el segundo mejor tiempo de la manga. El podio lo completaron Aicher, a 94 centésimas, y Holdener, a un segundo.
Shiffrin ha ganado esta temporada, incluido el olímpico, todos los eslalons menos uno. Sólo cedió ante Camille Rast en Kranjska Gora.
La Finalissima, el duelo entre los campeones de Europa y América que tendrían que haber disputado España y Argentina en Lusail (Qatar) el próximo 27 de marzo, ha sido cancelada al no haber acuerdo entre la UEFA y las Federaciones de España y Argentina sobre la fecha del partido y la sede.
Según informó este domingo la UEFA, no se logró consensuar ninguna de las soluciones que se barajaron una vez que el organismo europeo y las autoridades de Qatar constataran la imposibilidad de que el partido se pudiera jugar en el en el estadio que albergó la final del Mundial 2022 a causa del conflicto bélico que afecta a Oriente Medio.
La UEFA subraya que exploró "varias alternativas viables", pero "todas ellas resultaron finalmente inaceptables para la Asociación de Fútbol Argentino (AFA)".
La primera era celebrar el partido en el estadio Santiago Bernabéu de Madrid en la fecha prevista, con un reparto al 50% de los aficionados, pero Argentina se negó, según el máximo organismo del fútbol europeo.
La segunda opción era que la Finalissima se celebrara a doble partido, con la ida en el Santiago Bernabéu el 27 de marzo y la vuelta en Buenos Aires en una ventana internacional antes de la Eurocopa y la Copa América de 2028.
La UEFA ofreció igualmente una distribución de hinchas al 50% para el partido en Madrid, pero esta opción también fue rechazada.
El siguiente paso fue solicitar a Argentina el compromiso de que, si se encontraba una sede neutral en Europa, el partido pudiera celebrarse el 27 de marzo o en la fecha alternativa del 30 de marzo, pero la AFA volvió a negarse.
Argentina presentó una contrapropuesta para que el partido se aplazara después del Mundial de Estados Unidos, México y Canadá de este verano, pero, "dado que España no dispone de fechas disponibles", esa posibilidad tuvo que descartarse, según la UEFA.
El siguiente movimiento de la AFA fue expresar su disponibilidad de jugar "exclusivamente" el 31 de marzo, "una fecha que resultó inviable", añaden las fuentes.
La UEFA expresa su agradecimiento al Real Madrid, al comité organizador y a las autoridades de Qatar por "su apoyo y cooperación en el intento de organizar" el encuentro intercontinental.
Según el organismo que dirige Aleksander Ceferin, en el caso del Real Madrid, "sus esfuerzos se realizaron con un plazo de preaviso extremadamente corto".
También agradece a la Federación Española de Fútbol su "flexibilidad para adaptarse a todas las opciones propuestas a lo largo del proceso".
La UEFA asume que a pesar de "las comprensibles dificultades" para reubicar el encuentro con tan poca antelación, su determinación era que se hubiera podido celebrar al ser un evento que se introdujo como "parte de la estrecha colaboración" entre la UEFA y la Confederación Sudamericana de Fútbol (Conmebol).
La Finalissima reúne a los campeones de Europa y Sudamérica y su primera edición la ganó Argentina en 2022, el mismo año en que ganó el Mundial, tras derrotar a Italia por 3-0 en el estadio de Wembley, en Londres.
La UEFA también lamenta que el partido no se pudiera disputar en Qatar, del que subraya que es "un país que ha demostrado una y otra vez su capacidad para organizar eventos internacionales de primer nivel en instalaciones de vanguardia"
La etíope Fotyen Tesfay, que debutaba en la distancia, destrozó este domingo el récord femenino del Maratón de Barcelona con un tiempo oficial de 2 horas, 10 minutos y 53 segundos.
Tesfay rebajó en casi nueve minutos la anterior plusmarca de la prueba, al detener el cronómetro más de ocho minutos por debajo del récord que poseía la keniana Sharon Chelimo, vencedora de la edición de 2025 con un registro de 2 horas, 19 minutos y 33 segundos.
Además, durante buena parte de la carrera la atleta etíope llegó a amenazar el récord del mundo que mantiene la keniana Ruth Chepngetich desde el Maratón de Chicago 2024, con una marca de 2 horas, 9 minutos y 56 segundos.
Finalmente, acusó el esfuerzo en los últimos kilómetros y cruzó la meta a 57 segundos de esa plusmarca, firmando aun así la segunda mejor marca mundial de todos los tiempos.
Caminaba cabizbajo el rugby español, aún deprimido por la última descalificación de un mundial, cuando en verano de 2023 la selección masculina sub20 se clasificó para el de su categoría. El éxito no sólo consistía en esa plaza en la élite, sino sobre todo en la oportunidad de elevar el nivel de los canteranos más prometedores. Desde entonces ha mejorado la preparación y el número de jóvenes que se abren camino hacia la selección absoluta.
Álvaro García era el capitán de aquella selección sub20. Hoy, con 22 años, es profesional en Francia, además de titular y uno de los capitanes del XV del Léon. Como en el campo, en la videollamada entra directo. "Ha sido un accidente, no estamos en ningún tipo de crisis, estamos en una buena línea", responde sobre la reciente derrota (28-7) ante Portugal en la semifinal del Campeonato de Europa, el escalón siguiente al Seis Naciones.
Una derrota que supuso un revés no tanto por el resultado como el pobre juego, porque la mejoría bajo la dirección de Pablo Bouza había alimentado las expectativas y porque las finales se celebran este domingo en el estadio Ontime Butarque de Leganés. España luchará (16:00) por el tercer puesto frente a Rumanía, Georgia y Portugal disputarán (18:45) la final, pero se ha roto el sueño de unas gradas llenas. Tras la decepción, la Federación ratificó en un comunicado su apuesta por el staff, la plantilla y la línea de trabajo. "No vi necesidad, pero no me voy a meter", dijo el viernes el seleccionador sobre ese mensaje.
Frente a esa difusa percepción de crisis, Álvaro García apunta a una mala actuación aislada. "Portugal supo aprovechar muchísimo mejor cada oportunidad y nos castigó muy duro, un exceso de confianza pudo ser uno de los factores, pero no lo es todo", explica el jugador. Alude a los minutos de posesión sin fruto, a oportunidades desaprovechadas. "La defensa de Portugal fue increíble, sin golpes de castigo, se va generando una frustración y se intentan cosas que no están dentro de lo que entrenamos". En nombre del equipo transmite el deseo de "pasar página".
La primera página de Álvaro García en este deporte se escribió, cuenta sonriendo, "por error o por casualidad". Tenía 9 años, ninguna relación con el rugby, se había cansado del tenis y su madre quería apuntarle a atletismo. Se metió en el local equivocado, del club Sant Cugat, y allí le convencieron para que el chico probara con el balón oval. "Un mes más tarde estaba a tope, enganchado", recuerda.
No hubo más casualidades. Despuntó en la cantera, debutó en División de Honor con la UE Santboiana y, animado por un compañero, miró a Francia. Sin agentes, de manera artesanal. Hizo un vídeo con sus mejores jugadas y lo mandó a los correos que había rastreado en las webs de los principales clubes. "Envié unos 20 ó 30 y sólo me respondieron tres, dos me dijeron que ya tenían talonadores, y la tercera respuesta, al fin positiva, fue la de Stade Français". El acuerdo fue rápido. "Cada año reciben unos 200 mails como el mío, les llamó la atención mi perfil".
Antonio HerediaEL MUNDO
El perfil deportivo de Álvaro es el de un jugador muy fuerte (1,78 y 107 kilos), seguro en las fases estáticas, sobre todo en el lanzamiento de touche, y que gana metros con el balón bajo el brazo. Del personal destaca un dato: el español recién llegado se convirtió también en capitán del equipo de promesas de un club francés fundado en 1883. "Supongo que es un poco innato", comenta. "Tenemos varios líderes", añade sobre la selección española. Esboza un apunte sobre su estilo. "Se juega mucho con el corazón y la cabeza, diría que es casi más importante estar centrado que a lo mejor sobreexcitado. A este nivel es más importante la parte técnica y táctica, por supuesto con un poquito de chispa".
Su veloz evolución no siempre ha sido fácil. "Llego a París, mal tiempo, entrenamientos durísimos, la primera vez que vivía solo, me pilló un poco de sopetón y me lo iba guardando todo". Acudió a un psicólogo deportivo, experiencia que recomienda. "Me ayuda a organizar la cabeza, a encontrar mis sistemas de escapatoria si siento que estoy empezando a ir mal, es una herramienta muy importante".
Hace unos meses, tras debutar con el primer equipo en el Top 14 y en la competición europea, Stade Français anunció el contrato como profesional de Álvaro García. Ahora alterna un club de máxima exigencia y una selección en crecimiento. "En el club los que tienes al lado son tus compañeros de trabajo. No digo que no tenga amigos ni que sea un ambiente frío, pero en la selección se siente un ambiente especial, hay un grupo muy unido, no hay pequeños clanes".
Pese a su juventud, este delantero forma parte, junto a compañeros de selección más consagrados como el primer capitán Jon Zabala y Joel Merkler, del exclusivo club de españoles que compiten en la primera división francesa. "Somos afortunados de vivir de un deporte en el que lo pasamos bien", admite. En paralelo, avanza con los estudios, le falta algo más de un curso para licenciarse en ADE. "El deporte no dura para toda la vida, hay que preparar esa transición para presentarte en la vida real y es bueno conocer gente fuera".
Al rugby le agradece muchas cosas. "Desde pequeño me dio un grupo de amigos". El esfuerzo compartido. "Estás poniendo tu cuerpo al límite y eso une mucho". Y una mirada colectiva. "El sacrificio, estar un poco al servicio de los demás".
Tras un lunes "duro, con un poco de sentimiento de angustia" por la derrota en Lisboa, la selección española se reencuentra este domingo con Rumanía. Un conjunto que, según el seleccionador, presentará "una melé fuerte, un muy buen maul" y, en la tres cuartos, jugadores "grandes, frontales, que buscan el uno contra uno". Álvaro García espera que los aficionados respondan. "No jugamos tantos partidos en España, nos gusta tenerlos pegados a la oreja y animando". Y anima a quienes nunca han asistido a un partido en directo. "El rugby es chulísimo de ver".
Los habituales de Montmeló todavía recuerdan a aquel Max Verstappen imberbe, adolescente, el más rápido de todos con 18 años, el ganador más joven de la historia de la Fórmula 1. Justo una década después ha encontrado sucesor. Otro talento precoz, Kimi Antonelli, celebró este domingo su primer triunfo en el Mundial a los 19 años y, como entonces el neerlandés, se prometió una estrella, un campeón, un referente.
En la segunda carrera del año, el Gran Premio de China, Antonelli lo hizo casi todo como debía para imponerse por delante de su compañero de equipo en Mercedes, George Russell, y de los dos pilotos de Ferrari, enfrascados en una discusión interna. Si Mercedes va a dominar la temporada y va a sumar un doblete detrás de otro, al menos que sea así: con dos candidatos al éxito, que no esté todo decidido de antemano.
En el circuito de Shanghai se confirmaron alegrías para los aficionados a la Fórmula 1 que temblaron con el rarísimo estreno del nuevo formato en Australia. La posible alternancia entre Russell y Antonelli es una, pero hay más. La segunda escudería en discordia, Ferrari, podría rendirse ante su desventaja e imponer un orden a los suyos, pero ha decidido lo contrario: el espectáculo está asegurado. Otro motivo para sonreir.
EFE
Por detrás de Antonelli, Lewis Hamilton y Charles Leclerc se enzarzaron en una guerra civil que duró vueltas y más vueltas y levantó a todos los presentes de sus asientos. Que venciera Hamilton, un piloto que el año pasado parecía al borde la retirada, fue el final perfecto. Habrá 'show' con el sistema eléctrico, quizá incluso gracias a él.
Si en el circuito de Albert Park los adelantamientos fueron artificiales, difíciles de aplaudir, en China la gestión de las baterías fue parte del juego. A sus 41 años, Hamilton, por ejemplo, demostró que saber utilizar los nuevos motores genera maniobras emocionantes e inesperadas. Quizá haya que darle una oportunidad a esta Fórmula 1.
Todo depende de cómo se mire. El nuevo formato es un desastre para los McLaren, que no pudieron ni correr, o para Max Verstappen, que tuvo que retirarse, pero hay que saber adaptarse. Entre el desastre de Aston Martin, que obligó a Fernando Alonso a retirarse por las vibraciones del motor Honda, apareció Carlos Sainz para hacerse con dos puntos con su Williams.
Un Medvedev inspirado acabó con la racha de imbatibilidad de Carlos Alcaraz en 2026. No habrá triple corona del murciano en Indian Wells ni final inédita en el desierto californiano frente a Jannik Sinner. El ruso salió convencido de que podía vengarse de las dos finales perdidas en este mismo escenario y lo logró con un tenis rotundo, ahogando mental y físicamente al número uno del mundo en dos sets(6-3 y 7-6).
Salió combativo y agresivo Medvedev, con un alto nivel de confianza con su derecha frente a un Alcaraz fallón que no terminaba de dominar los puntos y que pronto se vio con un 4-1 abajo. Los 34 grados sobre la pista central tampoco ayudaban, un factor que en ocasiones ha pasado factura al de El Palmar, con calambres y bajones de intensidad.
"Irás a más", le animaba desde la grada su entrenador, Samuel López, mientras su pupilo se refugiaba en su servicio para mantenerse en el set. "Si alguien puede eres tú". Pero Medvedev parecía imperturbable en su plan. Ya había dicho en la previa que esta podía ser la suya, con dos títulos en las alforjas en 2026 (Brisbane y Dubai) y cerca de su mejor nivel de juego. El objetivo era borrar de la memoria las heridas del pasado, esas dos derrotas en las finales de 2023 y 2024. El ruso sólo ha conseguido vencer a Alcaraz en dos ocasiones, la última hace dos años y medio, en semifinales del US Open.
Confiaba Medvedev en que esta vez le favorecieran las condiciones un poco más. "Siento que la pista es un poco más rápida que las dos veces que me he enfrentado a él", decía en la previa del encuentro. "Las pelotas son diferentes. Así que siento que es una buena oportunidad para intentar mostrar mi mejor tenis ante él".
Y así fue. El ruso alcanzó un nivel de golpeo y control excelso con su derecha, dejando sin opciones de un Alcaraz que dejaba chispazos brillantes pero insuficientes para revertir la situación. Medvedev le endosó un 6-3 contundente en la primera magna, anticipando un choque difícil para el número uno mundial.
Alcaraz había hablado de calma a principios de semana para salir de situaciones complejas. La fue encontrando en los primeros compases del segundo set hasta encontrar el hueco por donde romper el estoicismo de su rival. El 3-1 arriba parecía indicar ese cambio de paradigma que andaba buscando, pero su rival le fue cerrando los caminos de la remontada con un ejercicio sobresaliente. Ni siquiera titubeó con su segundo servicio, llevándose la mayoría de los puntos.
Sufría el murciano ante la avalancha de juego del número 11 del mundo. Mantener su servicio suponía un esfuerzo titánico, mermado por el desgaste y el calor. Pero incluso en esa situación extrema estuvo a punto de empatar el encuentro, con dos bola de set con 5-4. La fuerza mental del murciano ya es legendaria.
Esos dos bolas le dieron un oxígeno que parecía agotado. "Hay que seguir, que tú ya estás mejor", le arengaba López. Se notaba en su lenguaje corporal y en su sonrisa. Se vio saliendo del agujero, aunque en el tie-break se volvió a desplomar.
Dani Carvajal, Fran García y el joven Thiago Pitarch, de 18 años, salieron en el once inicial. En el minuto 58 le tocó el turno a Gonzalo García y a Dani Yáñez, en el 61 a Diego Aguado y en el 63 a Manuel Ángel y César Palacios. En total, ocho canteranos, siete a la vez sobre el césped, y seis de ellos con 21 años o menos y nacidos en España. Esto último por primera vez en la historia del Madrid en Liga. Y todo mientras Arda Güler se coronaba con el gol más lejano de la historia del torneo. El 4-1 ante el Elche tuvo de todo.
"Creo que me puedo morir tranquilo después de una noche como la de hoy. Hablaba con Yáñez y Aguado ahora, que fueron los primeros jugadores a los que entrené cuando tenían 13 o 14 años, y poder darles la oportunidad de jugar en el Bernabéu es un sueño cumplido para mí", reconoció el técnico, cuyo primer paso en Valdebebas fue hacerse cargo del Infantil A en 2020. En ese equipo estaba, entre otros, Yáñez y Aguado.
De hecho, Yáñez se ha convertido a sus 18 años y 351 días en el segundo español más joven en dar una asistencia en Liga para el Madrid en el siglo XXI, después de Javi García en 2004. Un dato que habla de su precocidad, como la de Pitarch o Aguado, los tres nacidos en 2007. En el caso de Manuel Ángel, Palacios y Gonzalo son de 2005.
"Sumados a Carvajal, canterano por antonomasia, así como a Fran, Thiago, César, Gon... es algo indescriptible. Muy feliz y orgulloso. No es sólo ponerlos, sino cómo han jugado. Les he enseñado bien porque han demostrado muchísimo talento, calidad y personalidad. Es una noticia fantástica. Y todos son un gran ejemplo", reflexionó Arbeloa, que fue el primero en mencionar a la Quinta del Buitre, la generación icónica de la cantera del Madrid.
"Me ha recordado a lo que era el Madrid de la Quinta, seguro que Emilio (Butragueño) estará orgulloso. Es un día para recordar para todo el madridismo", insistió Arbeloa, que asegura que cada canterano "es diferente" y que no todos necesitan salir cedidos para luego volver.
"Lo que yo he podido vivir es salir y volver. Pero tenemos el caso de Nacho. El de Carvajal, que se fue y volvió. Cada caso es diferente. Dar ese paso en la élite ayuda a desarrollarse y a tener minutos, que aquí es complicado. Lo importante es que haya canteranos en la plantilla, son necesarios, aportan talento y ADN, transmiten a los que vienen de fuera. Ojalá en el futuro siga habiendo, esté quien esté en esta silla", aseguró.
El otro protagonista de la noche fue Arda Güler, que dejó uno de los mejores goles de la historia de la Liga. El más lejano: 68 metros. Según 'Misterchip', es la mayor distancia de un gol junto a la de Antonio José, del Numancia, contra el Sevilla en 2004. Y recordó, además, al de Lasa ante el Sevilla en 1995, un tanto que se rememoró en los pasillos de Chamartín en la noche del sábado. Ese había sido el último gol de un madridista desde campo propio en Liga.
Y no es la primera vez que el turco intenta algo así. En Pamplona, ante Osasuna, su disparo desde el centro del campo se estrelló en el larguero. "Una vez dio al larguero contra Osasuna y hoy la ha enchufado. Tiene ese golpe maravilloso... un golazo", reconoció Brahim. "Hay que traer un marco y ponerlo en un cuadro. Es una cosa insólita. Maravillosa. He visto a todos llevarse las manos a la cabeza, yo también. Merece la pena haber pagado una entrada, o dos o tres, por ver lo que ha hecho", señaló Arbeloa, al que Güler se abrazó después de celebrar el tanto con sus compañeros del banquillo.
El turco se acercó corriendo hacia el área técnica e hizo una piña con Rüdiger, Valverde, Vinicius y la mayoría de integrantes madridistas antes de abrazar a su entrenador. "Vi al portero, que no estaba en una buena posición, así que lo intenté y marqué...", aseguró Güler en los micrófonos de Real Madrid Televisión.